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Vincenzo VINCIGUERRA: "2 de Agosto de 1980 - 2 de Agosto de 2010"

Vincenzo VINCIGUERRA: "2 de Agosto de 1980 - 2 de Agosto de 2010"

 

La masacre de Bolonia del 2 de agosto de 1980 no representa sólo la matanza más atroz e indiscriminada cometida en nuestro país, sino también la única masacre en la que la magistratura, tras un largo y tortuoso proceso, ha logrado elucidar a los responsables materiales, condenando a cadena perpetua a Valerio Fioravanti y Francesca Mambro, y a 30 años de reclusión a Luigi Ciavardini, menor de edad todavía en el momento de los hechos.

Ninguno de los condenados se encuentra en prisión: Valerio Fioravanti ha descontado, asimismo, la pena y ha quedado libre; Francesca Mambro está en libertad condicional: Luigi Ciavardini, en tercer grado en espera que se complete el período necesario para alcanzar la condicional.

Para la política italiana, para la prensa que la sirve y para el Tribunal de vigilancia penitenciaria de Roma, 85 muertos y 200 heridos, amén de los demás homicidios cometidos por los tres (9 Valerio Fioravanti, 10 Francesca Mambro) son un detalle sin importancia, hasta el punto de que transcurridos tan solo tres años de la ejecución de la sentencia condenatoria por la masacre de Bolonia, la pareja ya disfrutaba de los permisos reglamentarios, a los que luego siguieron prontamente todos los demás beneficios.

Una demostración de fuerza por parte de la clase política, de la prensa y de una parte de la magistratura sensible a los mandatos de la política, para probar, ante la opinión pública que las sentencias de los jueces, relativas a la guerra política italiana, son aceptadas y compartidas sólo si son absolutorias. De este modo, los tres sujetos se han convertido en inocentes, perseguidos por la justicia “roja” y por lo tanto no merecedores de castigo, no sólo por los 85 muertos de Bolonia sino también por los otros 10 asesinados que, evidentemente, para la política y la prensa, son muertos a los que olvidar.

Sobre la masacre de Bolonia existen hoy dos verdades incompatibles entre sí: una verdad política y mediática y otra judicial. Desde hace años se haya en curso el intento de “probar”, incluso sobre el plano judicial, que la masacre del 2 de agosto de 1980 fue perpetrada por los palestinos o por personas vinculadas a alguna facción de la guerrilla palestina, o por los libios, o por terroristas “rojos” alemanes, etc.

Aun siendo sostenidos por la política, por la prensa, por una parte de la judicatura, por los servicios secretos militares, y en la práctica por el Estado y por el régimen político, los elementos para la revisión del proceso contra la pareja [el matrimonio Fioravanti-Mambro, NdT] y su colega Ciavardini, no han aparecido todavía.

Por lo demás, la tentativa de “probar” la inocencia de los tres condenados por la masacre sigue activa y, aún más, en el aniversario de la masacre diríase que goza de buena salud. En realidad, el 2 de agosto de 1980 se ha convertido desde hace mucho tiempo en el día de la proclamación de la inocencia de los Fioravanti-Ciavardini con la puntual entrevista a Emma Bonino que es una de las más encarnizadas defensoras de los tres [masacradores].

La atención proyectada sobre grupos de Oriente medio ha servido para desviar la mirada de la necesidad de ahondar en los vínculos entre la banda de sicópatas, de la cual formaban parte los Fioravanti y Ciavardini, y el grupo véneto de Ordine Nuovo dirigido por Carlo Maria Maggi. Judicialmente, se ha revelado sólo la relación entre Gilberto Cavallini y Carlo Digilio, afirmada por Valerio Fioravanti y Francesca Mambro, que ha sido rápida y desesperadamente negada por sus compañeros de correrías.

El de Carlo Digilio no es nombre de poca monta: no sólo ha sido un confidente de los servicios secretos, como lo había sido su padre de los británicos antes y de los italianos después, sino que fue el técnico de las masacres.

Es natural que Cavallini niegue la verosimilitud de las afirmaciones de sus compinches sobre el encuentro acaecido, precisamente ese 2 de agosto de 1980, en Padua, entre él y Digilio.

El nombre de Carlo Digilio, al igual que su activismo de espía y asesino, remite a otros nombres como por ejemplo Marcello Soffiati, otro confidente de los servicios secretos americanos e italianos. Y la figura de Marcello Soffiati evoca dos episodios concretos: la frustrada matanza de la estación de ferrocarril de Verona, el 28 de agosto de 1970, concebida con metodología prácticamente idéntica a la de la masacre de Bolonia; y la llamada telefónica realizada en nombre de los Nar [Núcleos armados revolucionarios, NdT] el 28 de junio de 1980, al Corriere della Sera, para declarar que el DC-9 de Itavia derribado en Ustica la tarde anterior había explotado a causa de una bomba transportada por Marco Affatigato, cuya identificación fue posible porque portaba en la muñeca un reloj marca Baume & Mercier.

Los autores de la frustrada matanza del 28 de agosto de 1970 siguen siendo desconocidos, el nombre de Marcello Soffiati viene a colación por haberse intentado en Verona, ciudad en que vivía y actuaba.

No es una acusación, sino un elemento de reflexión, considerando concretamente lo que ha sido el núcleo de Ordine Nuovo del Véneto, realidad acreditada y confirmada incluso en sede judicial.

La campaña de prensa orquestada para presentar a la banda de sicópatas sanguinarios de los Fioravanti como compuesta por “espontaneístas” que pretendían romper con el pasado “golpista” y “masacrador” de sus colegas del neofascismo de Estado y de régimen, ha servido para impedir que se emprendieran investigaciones serias y en profundidad sobre los vínculos que establecidos entre ellos y, por ejemplo, Paolo Signorelli, Carlo Maria Maggi, Maximiliano Fachini, etc.

Porque, bien mirado, de “espontaneísta” en la actividad de la banda existe bien poco: desde la participación en los atentados de Roma, en nombre del MRP, hasta la atribución a la extrema izquierda del ataque al distrito militar de Padua, reivindicado en nombre de las brigadas Rojas; la adhesión a una estrategia de la tensión renovada durante el final de los años 70 es evidente.

Vale: se puede incluso creer que Valerio Fioravanti trabajase junto a Sergio Calore, que era el “brazo derecho” de Paolo Signorelli, sin haber llegado a conocer nunca a este último, pero la duda es legítima. Los presuntos “espontaneístas” de Roma poseían referentes de una cierta edad y de mucha experiencia, porque es falso que el nombre de los NAR, Núcleos armados revolucionarios, haya sido inventado por ellos, como pretende hacer creer “Morticia” Mambro, pues en realidad este remitía a una estructura de los Fascios de acción revolucionaria (FAR) creados y dirigidos por Pino Romualdi, como dejó escrito el agente norteamericano Victor Barret en un informe del 10 de junio de 1947.

Si los dos masacradores mienten también sobre el nombre del grupo, reivindicando su paternidad, es porque no desean que se descubran sus vínculos con los hombres del MSI y de Ordine nuovo, siguiendo una táctica defensiva que hasta el día de hoy se ha revelado fructífera.

A treinta años de distancia de la masacre, que se investigue también la pista de Oriente medio es plausible, pero se debería retomar también todos los elementos relegados en este larguísimo lapso de tiempo, para verificar si, en efecto, la de Fioravanti, Cavallini y demás era una banda de sicópatas “espontaneístas” o era otra cosa muy distinta que de espontáneo no tenía nada.

La constante y reiterada proclamación de la inocencia de los dos condenados realizada por Gianfranco Fini por una cuestión de principio, que resulta incomprensible a la luz de su propia admisión de desconocer las actas del proceso, es decir de carecer de elemento alguno de juicio para considerarlos inocentes, puede hallar su respuesta lógica en el hecho de que en la época en la cual la banda actuaba en Roma, el secretario nacional juvenil del MSI era precisamente él, Gianfranco Fini.

También este elemento debería ser valorado e añadido al puzzle a fin de recomponer una verdad sin sombras. Y una contribución a la verdad podría provenir también de los familiares de las víctimas de ésta y de otras masacres, cuando definitivamente se decidan a denunciar ellos los primeros a los representantes de los partidos políticos que se presentan en las conmemoraciones con aspecto conmovido y pesaroso para afirmar que el régimen de Gianfranco Fini y de sus colegas no renuncia a buscar la verdad.

Y ese día, por fin, los muertos podrán descansar en paz



 


Vincenzo Vinciguerra, Opera 3 agosto 2010

 

 

¿SE PUEDE VIVIR DESPUÉS DE HIROSHIMA?

¿SE PUEDE VIVIR DESPUÉS DE HIROSHIMA?

Panel con fotos de las víctimas de la bomba atómica, Hiroshima

 

 

 

«Aquello que odiaba hace veinticinco años [escrito en 1970] continúa sobreviviendo con obstinación, si bien bajo formas levemente distintas. No solo sobrevivió sino que se propagó y se infiltró con enorme virulencia en todo Japón. Se trata del terrible virus de la democracia de posguerra y de la hipocresía que generó.»

Yukio Mishima

 

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Testimonio de una Hibakusha (*)


"El día que cayó la bomba nuclear me encontraba feliz. Días antes había encontrado un trabajo como enfermera en la consulta de un dentista y había empezado a realizarle una limpieza dental al primer cliente de la mañana. Escuché un gran estruendo y bajé rápidamente las escaleras. Abrí la puerta del portal y no recuerdo nada de lo que pasó en los siguientes 20 minutos. Cuando recuperé la consciencia sólo veía gente desfigurada y con partes del cuerpo desgarradas, caminando sin rumbo por la calle.

Me presenté en el Hospital de la Prefectura, donde había estudiado Enfermería, y empecé a asistir a los heridos. No teníamos suficiente sitio para poner a los muertos que llegaban en los camiones del Ejército y mi cometido durante los primeros 10 días se limitó a rociar los cuerpos con gasolina y quemarlos para evitar enfermedades y la propagación de epidemias. La inhalación de los humos me ha provocado desde entonces molestos problemas respiratorios. Los pocos ratos libres los aprovechábamos para ir a buscar agua. Dos meses después, exhausta, caí enferma y me dejaron marchar a mi pueblo natal, a 70 kilómetros de Hiroshima.

Un año después me volvieron a llamar y me reincorporé al hospital para ayudar a las víctimas. He vivido, día a día, hasta mi jubilación, el horror de lo que ocurrió, atendiendo a quienes iban enfermando con cánceres terribles, viendo nacer a niños con malformaciones y reviviéndolo todo como una pesadilla sin fin. Mi vida ha sido la bomba nuclear. Tuve pretendientes, pero siempre temí darles hijos que no fueran sanos. Quiero que la gente sepa que la bomba sólo fue el comienzo de la desgracia para miles de japoneses y que después vino una larga agonía".

 

Kazuko Tarui

 

(*) Término japonés que significa ‘persona bombardeada’ (de hibaku (被爆, ’hibaku’), forma pasiva de baku (爆, bomba o bombardear) y de sha (者, persona)) y con el que se designa a los supervivientes de los bombardeos nucleares a civiles en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945 por parte de la fuerza aérea de Estados Unidos tras la aprobación de su criminal terrorista presidente Harry S. Truman.

 

 

 

 

Testigos Culpan a la OTAN de un Ataque que Mató a 52 Civiles

Testigos Culpan a la OTAN de un Ataque que Mató a 52 Civiles

Supervivientes de un mortal ataque en el sur de Afganistán han acusado a las tropas de la OTAN de matar de forma deliberada a civiles.


El ataque ocurrió el pasado viernes cuando tropas de la OTAN lanzaron un misil que mató al menos a 52 civiles, incluyendo varias mujeres y niños.


El incidente ocurrió cuando varias decenas de civiles se refugiaron en una casa para huir del intercambio de disparos entre tropas de la OTAN e insurgentes en la ciudad de Sanguin, en la provincia de Helmand, en el sur del país. La casa recibió el impacto de un misil.


La OTAN ha confirmado que se produjeron choques armados en el pueblo, pero ha negado haber atacado deliberadamente a los civiles.


Documentos secretos norteamericanos recientemente filtrados muestran que las fuerzas de la OTAN en Afganistán han matado o herido a centenares de civiles en incidentes que no han sido recogidos por los medios.


Los documentos filtrados por el sitio web Wikileads señalan que las muertes de civiles están causadas principalmente por ataques aéreos, pero un gran número de ellas es fruto también de disparos de tropas internacionales contra conductores de motocicletas o de vehículos desarmados.

 

Los documentos, publicados en el New York Times, el periódico británico The Guardian y el semanario alemán Der Spiegel también detallan otros incidentes que dieron lugar a la muerte

 

Fuente: Al Manar

¿COMO HACER LA REVOLUCION EN ESPAÑA?

¿COMO HACER LA REVOLUCION EN ESPAÑA?

En un mundo cada vez más intercomunicado y teledirigido, donde la población se entretiene, y es entretenida, por los medios de comunicación de masas, sin muestras aparentes de rebelión frente a tanta injusticia, surge esta pregunta para cualquier persona con inquietudes políticas antagonistas que se precie:

¿Cómo y con qué métodos sería posible hacer una Revolución en España?

Las revoluciones de siglos pasados se realizaron mayoritariamente por las armas: desde la Revolución Francesa hasta las liberales de mediados del XIX,o la Gran Revolución Soviética.

Tambien hubo revoluciones pacíficas comparadas con las anteriores,en cuanto a la forma de obtener el poder : la alemana de 1933 o la Bolivariana de Hugo Chávez son ejemplos de ello.

Está claro que para tomar el poder primero hay que tener una organización revolucionaria popular: un movimiento,una vanguardia organizada.

Reclutamiento de militancia a través de la propaganda, consolidación de la estructura y acciones tácticas coordinadas dentro de la estrategia a seguir, son los siguientes pasos teóricos para avanzar. 

En España creo que actualmente no existe ningún movimiento o partido revolucionario digno de tal nombre.

Para ser revolucionario de verdad, lo primero es el tener una linea antagonista al sistema político-económico establecido.

De nada sirve querer avanzar proponiendo algo parecido a lo que hay vigente.

El asentar núcleos de militantes constantes y consecuentes con la idea antagonista es la primera misión hoy por hoy del movimiento.

Formar a esos sodalicios militantes mediante la agitación permanente es la función ahora.

Si no hay base y cimientos, el edificio caerá antes o después.

Internet es el medio más eficaz a dia de hoy (junto con el móvil para convocar una acción de protesta y convocar militancia,por ejemplo), para difundir nuestras ideas.

No se deben descartar medios de propaganda a la vieja usanza: carteles,adhesivos,octavillas,etc,en acciones puntuales que sean necesarias; pero es cierto que la propaganda llega a más personas hoy en dia a través de la Red,que mano a mano o encolando paredes en las que nadie se fija.

Internet es nuestro muro de propaganda frente a la antigua pintada callejera.

Una vez asentados los núcleos del futuro movimiento (trabajo árduo y lento a veces donde los haya), éste debe participar en cuantas convocatorias sociales sea necesaria su presencia (la Revolución no se hace evidentemente desde Internet:hay que ganar las calles y estar presentes entre el pueblo para no parecer una secta al margen del mismo).

Se debe colaborar con los grupos extramuros al sistema, siempre que esta relación no desvitúe la linea política del movimiento (la gente tiene que saber claramente quienes somos y qué proponemos mediante mensajes sencillos y directos).

De nada nos vale el ser un grupo terrorista o violento fácilmente localizable,infiltrable e ilegalizable.

El movimiento debe de ser pacífico (no-violento, ndr.) que no pacifista, en sus actuaciones.

El sistema intentará demonizarnos de todas las maneras posibles,pero teniendo poderosos medios para hacerlo, tambien ha creado otro popularísimo y dificil de controlar: Internet.

Las elecciones son un medio y no un fin: presentarse siempre que haya posibilidades de obtener poder, dinero o publicidad gratuita, y los medios lo permitan.

No ser tampoco una máquina electoral (soy de la opinión que el régimen jamás permitirá la llegada pacífica a Moncloa para quitarles las riendas).

Creo que si empezamos poco a poco y nos vamos consolidando(cada dia es más impopular este régimen en general entre la ciudadania y la cosa va a ir a peor claramente en todos los ámbitos de la vida diaria en un futuro próximo),estamos en un buen periodo histórico en nuestra Patria para construir la alternativa socialista y nacional-popular, que pueda tomar seriamente partido en la Historia de España en un par de décadas.

Están la linea política y la base militante.

La Revolución es posible. El que no está es porque no quiere.

 

El pensamiento de Robert Michels en la comprensión del fenómeno oligárquico de las sociedades postindustriales

El pensamiento de Robert Michels en la comprensión del fenómeno oligárquico de las sociedades postindustriales

por Edgar Ortiz Arellano

 

El presente ensayo intenta esbozar líneas generales del pensamiento de Michels y su inserción explicativa en las sociedades del siglo XXI que se caracterizan por tener un amplio discurso democrático que pretende legitimar el poder político dominante, es cierto también que la ciudadanía global se distingue por un amplío descontento hacia lo político como resultado de la imposibilidad y apatía de las élites del poder para resolver los problemas sociales y económicos del mundo global.  

 

Introducción

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial y el posterior arribo de las tecnologías de la comunicación y de la información  se desarrolló una sociedad de masas pero ya no sustentada en la producción Taylorista y Fordista que se caracterizó por la utilización de grandes contingentes de masas obreras que eran utilizadas para incrementar el proceso social productivo que el capitalismo necesitaba para ingresar a su fase imperialista y después global.


A principios del siglo XX aparece el pensamiento de Robert Michels con su obra más importante Los partidos políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna, que pretendía llenar el vacío explicativo sobre el comportamiento de los líderes que se encumbraban en el poder de sus respectivos partidos los cuales se caracterizaban por ser de masas y de izquierda, sin embargo el estudio sociológico que desarrolló superó por demás las expectativas y se convirtió en un referente obligado para comprender la etiología de las élites políticas y sus consecuencias para el desarrollo democrático de las sociedades.

En este sentido el presente ensayo intenta esbozar líneas generales del pensamiento de Michels y su inserción explicativa en las sociedades del siglo XXI que se caracterizan por tener un amplio discurso democrático que pretende legitimar el poder político dominante, es cierto también que la ciudadanía global se distingue por un amplío descontento hacia lo político como resultado de la imposibilidad y apatía de las élites del poder para resolver los problemas sociales y económicos del mundo global.


Ley de hierro de la oligarquía

Las sociedades de masas se caracterizan por una necesidad de generar organizaciones y estructuras que permitan la coordinación armónica de los múltiples agentes sociales para la convivencia pacifica y estable. De la necesidad de organización surgen individuos que se ponen al frente de los diferentes grupos sociales y estos comienzan a especializarse como un fenómeno indispensable de los que ejercen el liderazgo y poder.

Así la historia para Michels es una reiterada separación ineludible entre aquellos que mandan y por otra parte están las grandes masas que sólo obedecen, este acontecimiento es propio de las democracias, donde si bien los gobernantes son elegidos, estos por la especialización administrativa, técnica y de ejercicio propio del poder van separándose de los gobernados, un factor determinante para este fenómeno radica en que las  sociedades de masas necesitan de la división funcional del trabajo, así bajo estas variantes Michels formula su ley de hierro de la oligarquía: “La organización es la que da origen al dominio de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes de los delegados, sobre los delegadores. Quien dice organización dice oligarquía.

Para Michels la organización es una estructura que genera la dominación oligárquica característica de nuestro tiempo. Las sociedades de mediados del siglo XX y principios del siglo XXI dejaron el proceso industrial a un lado y las grandes masas de individuos se distribuyeron en diferentes actividades económicas que hacen que la consciencia de clase se difumine en espacios que se caracterizan por crear condiciones que aumenten la apatía de los individuos y genera ambientes favorables para que las tendencias oligárquicas se acentúen mas, los puestos partidistas viven en la opacidad, los medios de comunicación saturan de información a las personas, las pirámides de mando y liderazgo se vuelven gigantescas, los sistemas electorales se diseñan de tal manera que ya no importa si los partidos tienen seguidores o no, las burocracias partidarias construyen el aparato legal que garantice su permanencia en los escaños parlamentarios y burocráticos con ello aumentando su capacidad para consolidar su posición, así como el ejercicio del poder que les reditúa en más poder.

La masa se deja llevar por el mito de que los líderes son superiores y se sienten mejor cuando son gobernados por otros, pero en los tiempos actuales simplemente no hay interés por saber que hacen los políticos, lo cual les reditúa, ya que las élites se vuelven más cerradas y mejor aun las decisiones escapan de todo escrutinio público.

La ley de hierro de la oligarquía traspasa todas las épocas, tal vez, sea la necesidad inherente de cualquier sociedad humana de requerir un orden mínimo de gobierno así como de tener prioridades básicas para la existencia de la comunidad. La organización democrática se encuentra sustentada en una organización biopolítica que no permite la verdadera representación del electorado ante los órganos de gobierno, dicha tendencia fue observada por Michels al referirse que las democracias necesariamente requieren de funcionarios altamente especializados, que los hace indispensables, de este modo no pueden ser removidos de sus puestos convirtiéndose en una élite que disfruta del poder a perpetuidad.

 

Lucha y reconfiguración oligárquica

En Michels los líderes sociales terminan convirtiéndose en un grupo dominante de sus propios seguidores, las luchas de emancipación social siempre terminan con el encumbramiento de los jefes del movimiento y estos repiten tarde que temprano los abusos cometidos por los viejos oligarcas derrocados.

Las estructuras actuales rebasan las fronteras nacionales, así que la luchas emancipadoras son también un movimiento global, pero estos grupos libertarios son dirigidos por un grupo pequeño de individuos que tienen como característica fundamental que cuentan con los recursos para operar a nivel mundial lo que los convierte en un grupo faccioso que tiende con el tiempo a representar sus intereses personales convirtiéndose en una élite intermedia que lucha por derrocar a los superacumuladores globales que busca también desequilibrar a las estructuras políticas que normalmente son quienes ponen las condiciones para que la oligarquía global opere cuando menos con mínimas garantías para la reproducción del sistema político y del capital.

La lucha contra las oligarquías en la teoría de Robert Michels  que el único desenlace posible es un reacomodo de fuerzas que trae consigo otro nuevo grupo dirigente que se encarga en primer lugar de mantener su poder e influencia y en segunda instancia tratan de construir condiciones para perpetuarse en el poder, esperando que no surja un grupo opositor que pueda poner en riesgo su hegemonía.

En condiciones de pobreza extrema la lucha por el liderazgo político se vuelve aún mas polarizado y exacerbado porque los agentes que participan en ella saben de las ventajas y privilegios que disfrutarán una vez que lleguen al control de la organización social: dinero, recursos casi ilimitados, estatus social entre otras muchas cosas, así los grupos se atacan de manera beligerante, disminuyendo la capacidad de la organización social, ya que las acciones de gobierno son constantemente denostadas y atacadas por las estructuras que aspiran al poder.

 

Conclusiones

En esta primer entrega esbozamos las ideas generales de la “ley de hierro de la oligarquía” de Robert Michels con no otra pretensión más que la de señalar la vigencia del pensamiento de uno de los grandes teóricos del elitismo político.

La teoría elitista se inscribe en un pesimismo por las formas democráticas de gobierno las cuales son simples círculos donde los grupos de oprimidos logran ascender en los laberintos del poder y una vez alcanzado el mismo, de manera irremediable se especializan olvidando las causas por las que luchaban volviéndose contra sus compañeros de lucha.

Leer a Michels ayuda a explicar  el por qué de la  búsqueda del sentido en nuestras sociedades posmodernas que no tienen mas lógica que la predominancia económica y la lucha por el poder, ahora bien este fenómeno no es nuevo, el problema consiste hoy en que las grandes masas están individualizadas, segmentadas y focalizadas en estructuras básicas de convivencia, de este modo, el individuo se encuentra en una dicotomía permanente entre lo virtual y lo real, su lógica de comportamiento ya no es según su origen de clase, los conceptos de izquierda y derecha se van diluyendo en al vorágine de la subsistencia, las oligarquías nacionales son una sombra de los hombres que a nivel global detentan el poder económico que les da a su vez una preponderancia también en lo político. Quizás para entender el ascenso de las oligarquías globales el análisis de Michels sea insuficiente pero es sin lugar a dudas una excelente aproximación que nos puede dictar las posibles líneas de futuras investigaciones.

 

¡"GUERRA SAGRADA" CONTRA EL CRIMINAL-IMPERIALISMO!

¡"GUERRA SAGRADA" CONTRA EL CRIMINAL-IMPERIALISMO!

Corea del Norte amenaza con respuesta nuclear a EE.UU.

Pyongyang busca evitar ejercicio militar de Washington y Seúl

SEÚL | AP, AFP Y ANSA

Corea del Norte amenazó ayer con recurrir a un "poderoso disuasivo nuclear" frente a los ejercicios militares conjuntos surcoreanos y estadounidenses que deben comenzar hoy, aduciendo que constituyen una provocación que suscitará "una guerra sagrada de represalia".

La actual amenaza se produce en medio de crecientes tensiones en la península dividida tras el hundimiento de un barco surcoreano, con 46 muertos, que Seúl y Washington atribuyen a Corea del Norte y que se considera el peor ataque militar desde la guerra de Corea de la década de 1950.

Los jefes de defensa de los aliados anunciaron esta semana que efectuarán los ejercicios para enviar un mensaje claro a Corea del Norte de que debe poner fin a su comportamiento "agresivo". Corea del Norte desmiente enérgicamente que haya tenido que ver y dice que todo castigo que se le aplique desencadenará una guerra.

Ayer, la poderosa Comisión Nacional de Defensa de Corea del Norte -encabezada por el líder Kim Jong Il- intensificó esa amenaza prometiendo una "guerra sagrada de represalia" contra Corea del Sur y EE.UU. por lo que calificó de segunda provocación "imperdonable" después de haberle acusado del incidente de Cheonan.

"El ejército y el pueblo (del Norte) responderán legítimamente con su poderoso disuasivo nuclear los mayores ejercicios de guerra nucleares jamás realizados", dijo la comisión.

 

El Fascismo nace a la Izquierda

El Fascismo nace a la Izquierda

 

por Erwin Robertson

[Reseña del libro "El nacimiento de la ideología fascista" de Zeev Sternhell, Mario Sznajder y Maia Asheri; (traducción de Octavi Pellisa). - 1ª ed. - Madrid : Siglo XXI, 1994, 418 p.]

Que Mussolini fue miembro del partido socialista es un hecho conocido. Hecho problemático, en especial para una de las interpretaciones dominantes del fascismo; a saber, que éste fue la reacción alentada o dirigida por el gran capital contra el avance del proletariado. En tal evento, aquel hecho y la evolución consecutiva debían ser entendidos como oportunismo, incoherencia o, en el mejor de los casos, como una cuestión de conversión que no deja huellas en el pasado de un hombre. La obra de Zeev Sternhell -profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalem- y sus colaboradores ha puesto toda esta materia bajo otra luz. En su interpretación, la comprensión histórica del fascismo no puede disociarse esta ideología de sus orígenes de izquierda.

Desde luego, toda una pléyade de historiadores y filósofos abordó hace ya tiempo el problema del fascismo: cada uno según sus particulares orientaciones espirituales, con sus propios puntos de vista y sus personales prejuicios, pero no sin altura: Ernst Nolte, Renzo de Felice, James A. Gregor, Stanley Payne, Giorgio Locchi, y "last but not least", el joven investigador hispano-sueco Erik Norling, entre otros. No es que la "vulgaris opinio" aludida arriba goce hoy de autoridad intelectual. Pero Sternhell viene a aportar la valorización de fuentes hasta aquí tal vez descuidadas y, con ellas, la novedosa interpretación que es objeto de este comentario. Estudioso en particular del nacionalismo francés (suyas son "Maurice Barrés et le nationalisme français", "La droite revolutionarie" y "Ni droite ni gauche, L´ideologie fasciste en France"), el profesor israelí no se cuida de los criterios de la corrección política. Es notable leer sobre el tema páginas en las que está ausente la edificación moral, en las que no se ha estimado oportuno advertir al lector que se interna en terrenos peligrosos; en los que no hay,en suma, demonización ni tampoco el afán de achacar polémicamente a la izquierda una incómoda vecindad.

¿Qué es, pues, el fascismo en la interpretación de Sternhell? Ni anomalía en la historia contemporánea, ni "infección" (Croce), ni resultado de la crisis de 1914-1918, ni reflejo o reacción contra el marxismo (Nolte). El fascismo es un fenómeno político y cultural que goza de plena autonomía intelectual (p.19); es decir, que puede ser estudiado en sí mismo, no como producto de otra cosa o epifenómeno. Por cierto, y de partida, para Sternhell es preciso distinguir el fascismo del nacional-socialismo (Sternhell dice "nazismo", acomodándose al uso, contra lo cual, sin embargo, se rebela honestamente un Nolte). Con todos los aspectos que uno y otro tienen en común, la piedra de toque está en el determinismo biológico: un marxista puede convertirse al nacional-socialismo, más no así un judío (en cambio, hubo fascistas judíos). El racismo no es elemento esencial del fascismo, aunque contribuye a la ideología fascista. Y unas páginas más adelante el autor apunta que uno de los elementos constitutivos del fascismo es el nacionalismo tribal; esto es, un nacionalismo basado en el sentido de pertenencia, la "tierra y los muertos" de Barrés, la "Sangre y suelo" del nacional-socialismo. Este sentido organicista lo comparte con los nacionalismos desde finales del siglo XIX, germanos y latinos, Maurras y Corradini, Vacher de Lapouge y Treitschke. El mismo Sternhell debilita así la distinción que acaba de hacer (reparemos, de paso, en la delicadeza del adjetivo "tribal": ¿sería poco oportuno por nuestra parte recordar que una traducción de "tribal" es "gentil")

El fascismo entonces es una síntesis de ese nacionalismo "tribal" u "orgánico" y de una revisión antimarxista del marxismo. Sternhell se extiende explicando que a finales del siglo XIX las previsiones de Marx no se han cumplido: el capitalismo no parece derrumbarse, ni la pauperización es la señal característica de la población, mientras que el proletariado se integra política y culturalmente en las sociedades capitalistas occidentales. De aquí la aparición del "revisionismo". Siguiendo el ejemplo del SPD, el partido socialdemócrata alemán, el conjunto del socialismo occidental se hace reformista; esto es, sin renunciar a los principios teóricos del marxismo, acepta los valores del liberalismo político, y en consecuencia, tácticamente, el orden establecido. Mas una minoría de marxistas va a rehusar el compromiso y querrá permanecer fiel a la ortodoxia -cada uno a su modo-; son los Rudolf Hilferding y los Otto Bauer, los Rosa Luxemburgo y los Karl Liebknecht, los Lenin y los Trotsky, todos de Europa del Este. Al mismo tiempo, en Francia y luego en Italia surgen quienes, desde dentro del marxismo, van a emprender su revisión en sentido no materialista ni racionalista, sin discutir la propiedad privada ni la economía de mercado, pero conservando el objetivo del derrocamiento violento del orden burgués: son los sorelianos, los discípulos de Georges Sorel, el teórico del sindicalismo revolucionario, autor de las célebres "Reflexiones sobre la violencia". Las diferencias entre los dos sectores revolucionarios son grandes. Los primeros, casi todos miembros de la "intelligentsia" judía, destaca Sternhell, mantienen el determinismo económico de Marx, la idea de la necesidad histórica, el racionalismo y el materialismo, mientras los sorelianos comienzan por una crítica de la economía marxiana que llega a vaciar el marxismo de gran parte de su contenido, reduciéndolo fundamentalmente a una teoría de la acciòn. Los primeros piensan en términos de una revolución internacional, "tienen horror de ese nacionalismo tribal que florece a través de Europa, tanto en el campo subdesarrollado del Este como en los grandes centros industriales del Oeste... No se arrodillan jamás ante la colectividad nacional y su terruño, su fervor religioso, sus tradiciones, su cultura popular, sus cementerios, sus mitos, sus glorias y sus animosidades" . Los segundos, comprobando que el proletariado ya no es una fuerza revolucionaria, lo reemplazarán por la Nación como mito en la lucha contra la decadencia burguesa y así confluirán finalmente en el movimiento nacionalista.

Tal es la tesis fundamental de Sternhell. En el desarrollo de "El nacimiento de la ideología fascista", el capítulo I está dedicado al análisis de la obra de Sorel: tal vez no propiamente un filósofo ni autor de un corpus ideológico cerrado, su verdadera originalidad, señala Sternhell, reside en haber constituìdo una especie de "lago viviente", receptor y fuente de ideas en la gestación de las nuevas síntesis ideológicas del siglo XX. Nietzsche, Bergson y William James lo marcaron sin duda más hondamente que Marx, con ánimo de juzgar lo que consideraba un sistema inacabado. El autor de "Reflexiones sobre la violencia", de "Las ilusiones del progreso", de "Materiales de una teoría del proletariado", etc., se sublevaba contra el marxismo vulgar (que pone énfasis en el determinismo económico) y sostenía que el socialismo era una "cuestión moral", en el sentido de una "transvaluación de todos los valores". La lucha de clases era para él cuestión principal y, por consiguiente, el saber movilizar al proletariado en la guerra contra el orden burgués.

En un contexto social en el que los obreros muestran un alto grado de militantismo sindical (1906, el año de edición de "Reflexiones sobre la violencia", es también en Francia el del record de huelgas que muy a menudo suponen enfrentamientos sangrientos con las fuerzas del orden), pero también donde una economía en crecimiento permite a la clase dirigente hacer concesiones que aminoran la combatividad obrera, no bastan el análisis económico ni la previsión del curso racional de los acontecimientos.  Sorel descubre entonces la noción del "mito social", esa imagen que pone en juego sentimientos e instintos colectivos, capaz de suscitar energías siempre nuevas en una lucha cuyos resultados no llegan a divisarse. Como el mito del apocalipsis para los primeros cristianos, el mito de la huelga general revolucionaria será para el proletariado esta imagen movilizadora y fuente de energías. Con fervor análogo al de las órdenes religiosas del pasado, con un sentimiento parecido al del amor a la gloria de los ejércitos napoleónicos, los sindicatos revolucionarios, armados del mito, se lanzarán a la lucha contra el orden burgués. Así, a la mentalidad racionalista, que el socialismo reformista comparte con la burguesía liberal, Sorel opone la mentalidad mítica, religiosa incluso. Su crítica al racionalismo que se remonta a Descartes y Sócrates y, contra los valores democráticos y pacifistas, reivindica los valores guerreros y heroicos. De buena gana reivindica también el pesimismo de los griegos y de los primeros cristianos, porque sólo el pesimismo suscita las grandes fuerzas históricas, las grandes virtudes humanas: heroísmo, ascetismo, espíritu de sacrificio.

Sorel ve en la violencia un valor moral, un medio de regenerar la civilización, ya que la lucha, la guerra por causas altruístas, permite al hombre alcanzar lo sublime. La violencia no es la brutalidad ni la ferocidad, no es el terrorismo; Sorel no siente ningún respeto por la Revolución Francesa y sus "proveedores de guillotinas". Es, en suma y en el fondo, contra la decadencia de la civilización que dirige Sorel su combate; decadencia en la que la burguesía arrastra tras sí al proletariado. Y no será sorprendente encontrar a los discípulos de Sorel reunidos con los nacionalistas de Charles Maurras en el "Círculo Proudhon", que lleva el nombre del gran socialista francés anterior a Marx. Tampoco será extraño que en sus últimos años Sorel lance su alegato "Pro Lenin", anhelando ver la humillación de las "democracias burguesas", al mismo tiempo que reconocía que los fascistas italianos invocaban sus propias ideas sobre la violencia.

 

La síntesis Nacional y Social

Estos dicípulos son también estudiados por Sternhell (capítulo II). Son los "revisionistas revolucionarios", la "nouvelle école" que ha intentado hacer operativa una síntesis nacional y social, no sin tropiezos y desengaños. Allí está Edouard Berth, quien junto a Georges Valois, militante maurrasiano (futuro fundador del primer movimiento fascista francés, muerto en un campo de concentración alemán), ha dado vida al "Círculo Proudhon", órgano de colaboración de sindicalistas revolucionarios y nacionalistas radicales en los años previos a 1914. Aventada esa experiencia por la guerra europea, Berth pasará por el comunismo antes de volver al sorelismo. Está también Hubert Lagardelle, editor de la revista "Mouvement Socialiste", hombre de lucha al interior del partido socialista, donde se ha esforzado por hacer triunfar las tesis del sindicalismo revolucionario (por el contrario, en 1902 han triunfado las tesis de Jaurés, que presentan el socialismo como complemento de la Declaración de Derechos del Hombre). Ante la colaboración sorelista-nacionalista, Lagardelle se repliega hacia posiciones más convencionales; pero en la postguerra se le encontrará en la redacción de "Plans", expresión de cierto fascismo "técnico" y vanguardista -en ella colaborarán nada menos que Marinetti y Le Corbusier- y, durante la guerra, terminará su carrera como titular del ministerio de trabajo del régimen de Vichy. Trayectorias en apariencia confusas pero que revelan la sincera búsqueda de "lo nuevo". De Alemania les viene el refuerzo del socialista Roberto Michels, quien, a la espera de construir su obra maestra "Los partidos políticos", anuncia el fracaso del SPD, el partido de Engels, Kautsky, Bernstein y Rosa Luxemburg. Michels observará también que el solo egoísmo económico de clase no basta para alcanzar fines revolucionarios; de aquí la discusión sobre si el socialismo puede ser independiente del proletariado. El ideal sindical no implica forzosamente la abdicación nacional, ni el ideal nacionalista comporta necesariamente un programa de paz social (juzgado conformista), precisa a su vez Berth, quien espera de un despertar conjunto de los sentimientos guerreros y revolucionarios, nacionales y obreros, el fin del "reinado del oro". En fin, la "nueva escuela" desarrolla las ideas de Sorel, por ejemplo en la fundamental distinción entre capitalismo industrial y capitalismo financiero. Resume Sternhell su aporte: "...a esta revuelta nacional y social contra el orden democrático y liberal que estalla en Francia (antes de 1914, recordemos) no falta ninguno de los atributos clásicos del fascismo más extremo, ni siquiera el antisemitismo" . Ni la concepción de un Estado autoritario y guerrero.

Sin embargo, en general, los revisionistas revolucionarios franceses fueron teóricos, sin experiencia real de los movimientos de masas. De otro modo ocurre con el sindicalismo revolucionario en Italia (capítulos III y IV de la obra de Sternhell). Allí Arturo Labriola encabeza desde 1902 el ala radical del partido socialista; con Enrico Leone y Paolo Orano llevan adelante la lucha contra el reformismo, al que acusan de apoyarse exclusivamente en los obreros industriales del norte, en desmedo del sur campesino, y por el triunfo de su tesis de que la revolución socialista sólo sería posible por medio de sindicatos de combate. De Sorel toman esencialmente el imperativo ético y el mito de la huelga general revolucionaria. La experiencia de la huelga general de 1904, de las huelgas campesinas de 1907 y 1908, foguean a los dirigentes sindicalistas revolucionarios, entre los cuales la nueva generación de Michele Bianchi, Alceste de Ambris, Filippo Corridoni. Al margen del partido socialista y de su central sindical, la CGL -anclados en las posiciones reformistas-, los radicales forman la USI (Unión Sindical Italiana), que llegará a contar con 100.000 miembros en 1913. A su vez, los sindicalistas revolucionarios animan periódicos y revistas. Labriola y Leone emprenden la revisión de la teoría económica marxiana, especialmente la teoría del valor, siguiendo al economicista austríaco Böhm-Bawerk; he ahí, dice Sznajder, el aspecto más original de la contribución italiana a la teoría del sindicalismo revolucionario. Ahí se encuentra también la noción de "productores" (potencialmente todos los productores), contrapuesta a la clase "parasitaria" de los que no contribuyen al proceso de producción. Por fin la tradición antimilitarista e internacionalista, cara a toda la izquierda europea, no será más unánimemente compartida por los sindicatos revolucionarios. En 1911, la guerra de Italia con el Imperio Otomano por la posesión de Libia producirá una crisis en el sindicalismo revolucionario: unos dirigentes (Leone, De Ambris, Corridoni), fieles a la tradición socialista, se oponen enérgicamente a esta empresa -y por mucho que les disguste estar junto a los socialistas reformistas-; otros (Labriola, Olivetti, Orano) están por la guerra, tanto por razones morales (la guerra es una escuela de heroísmo) como por razones económicas (la nueva colonia contribuirá a la elevación del proletariado italiano), y así coinciden con los nacionalistas de Enrico Corradini, a quienes los ha acercado ya la crítica al liberalismo político. Mas en agosto de 1914 aun quienes -en el seno del sindicalismo revolucionario- habían militado en contra de la guerra de Libia, están a favor de la intervención en el conflicto europeo al lado de Francia y contra Alemania y Austria; al combate contra el feudalismo y el militarismo alemán se agrega la posibilidad de completar gracias a la guerra la integración nacional y de forjar una nueva élite proletaria que desplazará del poder a la burguesía. En octubre de 1914, un manifiesto del recién fundado Fascio Revolucionario de Acción Internacionalista, suscrito por los principales dirigentes sindicalistas revolucionarios, proclama: "...No es posible ir más allá de los límites de las revoluciones nacionales sin pasar primero por la etapa de la revolución nacional misma... Allí donde cada pueblo no vive en el cuadro de sus propias fronteras, formadas por la lengua y la raza, allí donde la cuestión nacional no ha sido resuelta, el clima histórico necesario al desarrollo normal del movimiento de clase no puede existir..." Nación, Guerra y Revolución...ya no serán más ideas contradictorias.

Hacia el final de la guerra el sindicalismo revolucionario debe ser considerado ya un nacional-sindicalismo, en cuanto la Nación figura para ellos en primer término. Como sea, los nacional-sindicalistas aceptan que la guerra ha de traer transformaciones internas: desde 1917 De Ambris ha lanzado la consigna "Tierra de los Campesinos"; y acto seguido elabora un programa de "expropiación parcial" tanto en el sector agrícola como en el sector industrial, que se dirige ex propósito contra el capital especulativo y en beneficio de los campesinos y obreros que han dado su sangre por Italia. Se trata también de mantener y estimular la producción. El "productivismo" es uno de los factores que lleva a los sindicalistas revolucionarios a oponerse a la revolución bolchevique, que juzgan destructiva y caótica. Frente a la ocupación de fábricas del "biennio rosso" de 1920-21, Labriola, que ha llegado a ser Ministro de Trabajo en el gobierno del liberal Giolitti, presenta un proyecto que reconoce a los obreros el derecho a participar en la gestión de las empresas. Parlamento con representación corporativa, "clases orgánicas" que encuadren a la población, un Estado que sea quien asigne a los propietarios capaces de producir el derecho a usar los medios de producciòn, son, por otra parte, las bases del programa del "sindicalismo integral" que propone Panunzio en 1919. Por fin, el sindicalismo revolucionario vibra con la aventura del comandante Gabriele D´Annunzio en Fiume (1920-21). De Ambris participa en la redacción de la "Carta del Carnaro", ese fascinante documento literario que es la constitución que el poeta y héroe de guerra otorga a la "Regencia de Fiume". No es menos un proyecto político que, en consecuencia con el ideal del sindicalismo revolucionario, quiere resolver a la vez la cuestión nacional y la cuestión social.

En estas luchas de la inmediata postguerra, los sindicalistas revolucionarios han coincidido con los fascistas. Pero la toma del poder por el fascismo acarreará la disoluciòn del sindicalismo revolucionario. De Ambris y su grupo pasarán a la oposición; el primero terminará por exiliarse. Labriola también partirá hacia el exilio, y sólo la guerra de Etiopía lo reconciliará con el régimen. Leone volverá al partido socialista y rehusará todo compromiso con el fascismo. En cambio, Bianchi aparece en 1922 como uno de los quadrumviri que organiza la Marcha sobre Roma, Panunzio se presenta junto a Gentile como uno de los intelectuales oficiales del fascismo, Orano (que era judío) [NdR. posible confusión con A. O. Olivetti] , alcanza altos puestos en el partido fascista, mientras que Michels, antaño miembro del SPD, profesor en la Universidad de Perusa, se inscribe como afiliado en el PNF.

  

La Encrucijada Mussoliniana

 

Señala Sternhell que siempre se ha tendido a subestimar el papel central que Mussolini ha jugado entre todos los revolucionarios italianos. El futuro Duce "aporta a la disidencia izquierdista y nacionalista italiana lo que siempre ha faltado a sus homólogos franceses: un jefe". Un hombre de acción, un líder carismático, pero a su vez un intelectual capaz de tratar con intelectuales y de ganarse el respeto de hombres como Marinetti, el fundador del futurismo, Michels, el antiguo militante del SPD alemán devenido uno de los clásicos de la ciencia política, o aun Croce, representante oficioso de la cultura italiana frente al fascismo. Y Mussolini es toda una evolución intelectual, no el hallazgo repentino de una verdad, ni el oportunismo, ni siquiera la coyuntura de postguerra. Mussolini es ante todo el militante socialista, incluso como líder de los fascistas. De joven se tiene evidentemente por marxista, de un marxismo revisado por Leone y, sobre todo, por Sorel, en quien ve un antídoto contra la perversión socialdemócrata a la alemana del socialismo. Otra influencia decisiva es Wilfredo Pareto y su teoría de circulación de las élites (en cambio, Sternhell no destaca la influencia de Nietzsche, a quien Mussolini ha leído tempranamente en Suiza). El joven socialista se sitúa pues en la órbita del sindicalismo revolucionario, aun cuando discrepa de las tácticas: duda de la virtud de las solas organizaciones económicas y ve en el Partido el instrumento revolucionario.

El joven Mussolini es el líder indiscutible que se opone a la huelga general contra la intervención en Libia, pues cree que el intento burgués de desencadenar una guerra puede generar una situación revolucionaria. En 1912 es el principal líder del partido socialista, imponiéndose sobre los reformistas y haciéndose con la dirección de su periódico oficial, "Avanti!", el líder indiscutido de toda la izquierda revolucionaria italiana, pero al mismo tiempo el más fuerte critico de la ortodoxia marxista. Mussolini publica desde las páginas de Avanti!" su profunda decepción acerca de la aptitud de la clase obrera para "modelar la historia", valoriza la idea de Nación: "No hay un único evangelio socialista, al cual todas las naciones deban conformarse so pena de excomunión". A finales de 1913 Mussolini lanza la revista "Utopia", con la intención de proponer una "revisión revolucionaria del socialismo". Allí reúne a futuros comunistas como Bordiga, Tasca y Liebknecht; futuros fascistas como Panunzio, futuros disidentes del fascismo como su viejo maestro Labriola. En junio de 1914 Mussolini cree llegado el momento de la insurrección, comprometiéndose en la "Settimana Rossa", en contra de la opinión del congreso del partido. Cuando estalla la guerra europea, las disidencias son ya tan palpables que Mussolini es desautorizado oficialmente por el partido, y no duda en romper con sus antiguos compañeros para unirse a los sindicalistas revolucionarios en la campaña por la entrada de Italia en la guerra.

Sternhell señala que el nacionalismo de Mussolini no es el nacionalismo clásico de la derecha. Ocurre que ante las nuevas realidades nacionales y sociales el análisis marxista se ha demostrado fallido, pues las clases obreras de Alemania, Francia e Inglaterra marchan alegremente a la guerra. Mussolini no renuncia al socialismo, pero el suyo es un socialismo nacionalista, obra de los combatientes del frente: "Los millones de trabajadores que volverán a los surcos de los campos después de haber vivido en los campos de las trincheras darán lugar a la síntesis de la antítesis clase y nación", escribe en 1917. Y no será la revolución bolchevique lo que lleve a Mussolini a la derecha, dado que lo esencial de su pensamiento se forjó antes de 1917: ideas de jerarquía, de disciplina, de colaboración de las clases como condición de la producción... Los Fasci Italiano di Combattimento, fundados en marzo de 1919 recojen todas las ideas del sindicalismo revolucionario y se sitúan incluso a la izquierda del partido socialista (sufragio universal de ambos sexos, abolición del senado, constitución de una Milicia Nacional, consejos corporativos con funciones legislativas, jornada laboral de 8 horas, confiscación de las ganancias de guerra... ). Pero con el biennio rosso las filas fascistas se desbordan con la afluencia de las clases medias, especialmente de jóvenes oficiales desmovilizados. El Partido Nacional Fascista, organizado como tal en 1921, va a conocer un éxito (electoral incluso) vetado a los primitivos "Fasci": "Esta mutación no deja de recordarnos la de los partidos socialistas al alba del siglo: el viraje a la derecha constituye el precio habitual del éxito" (p.400). Mussolini, hombre de realidades que antepone la praxis a la teoría, ha visto fracasar la ocupación "roja" de fábricas como la gesta nacionalista de Fiume, decide llevar a cabo la revolución posible. Así, en la perspectiva de Sternhell, la captura del poder por el jefe fascista no es tanto el resultado de un golpe de Estado como de un proceso; es la simpatía de una amplia parte de la masa política, de los medios intelectuales, de los centros de poder, lo que permite a Mussolini instalarse y sostenerse en el gobierno. Para Sternhell es sintomática la actitud del senador Croce quien aun en junio de 1924 dio su voto de confianza al primer ministro cuando el caso Mateotti puso en crisis al gobierno y Mussolini estaba a punto de ser despedido por el rey, porque, pensaba Croce, "había que dar tiempo al fascismo para completar su evolución hacia la normalización".

La idea de Estado, que parece ser sólo característica del fascismo, es, sin embargo, el último elemento que toma forma en la ideología fascista. En todo caso señala Sternhell que toda la ideologìa fascista estaba elaborada antes de la toma del poder: "La acción política de Mussolini no es el resultado de un pragmatismo grosero o de un oportunismo vulgar más de lo que fue la de Lenin" . El jurista Alfredo Rocco, proveniente de las filas nacionalistas, ha "codificado" y traducido en leyes e instituciones los principios fascistas y nacionalistas (visión mística y orgánica de la nación, afirmación de la primacía de la colectividad sobre el individuo, rechazo total sin paliativos de la democracia liberal). Pero es un Estado que, a la vez, se quiere reducido a su sola expresión jurídica y política; que quiere renunciar a toda forma de gestión económica o de estatalización, como anunciaba Mussolini desde 1921. No es, pues, o no es todavía, el Estado totalitario. El fascismo en el poder,en suma, no se asemeja al fascismo de 1919, menos aún al sindicalismo revolucionario de 1910. Pero, se pregunta Sternhell: "¿el bolchevismo en el poder refleja exactamente las ideas que, diez años antes de la toma del Palacio de Invierno, animaban a Plekhanov, Trotsky o Lenin?" Ha habido una larga evolución, sin duda. Y con todo -concluye el autor-, el régimen mussoliniano de los años 30 está mucho más cerca del sindicalismo revolucionario o del "Círculo Proudhon" que lo que el régimen estaliniano está de los fundamentos del marxismo.

 

El secreto encanto del Fascismo

Como conclusión, Sternhell da una mirada a las relaciones entre el fascismo y las corrientes estéticas de vanguardia en el siglo XX. El futurismo, desde luego (futuristas y fascistas han dado justos la batalla por el "intervencionismo", y Marinetti es uno de los fundadores de los Fasci), pero también el vorticismo, lanzado en Londres por Ezra Pound, que es en cierto modo una réplica al futurismo, aun cuando comparte con él rasgos esenciales. "Los dos atacan de frente la decadencia, el academicismo, el estetismo inmóvil, la tibieza, la molicie general... Tienen una misma voz de orden: energía, y un mismo objetivo: curar a Italia y a Inglaterra de su languidez" . De Pound se conoce de sobra su opción política. Sternhell destaca también el papel de Thomas Edward Hulme, antirromántico, antidemócrata en política, traductor al inglés de Sorel [definido como]: "revolucionario antidemócrata, absolutista en ética, que habla con desprecio del modernismo y del progreso y utiliza conceptos como el de honor sin el menor toque de irrealidad" . Hulme es pues, para el autor, un representante de esa rebelión cultural que brota por doquier, antirracionalista, antiutilitarista, antihedonista, antiliberal, clasicista y nacionalista y que precede a la rebelión política.

Las generaciones de los años 20 y 30, que ya conocen la experiencia fascista, rehacen el camino del inconformismo. Así un Henri de Man, en 1938 presidente del partido socialista belga, uno de los grandes teóricos del socialismo en la época, seguido sólo ante Gramsci y Lukacs, reemprende su propia revisión del marxismo y no será ilògico que, cuando su país capitule ante Alemania en 1940 llame a los militantes socialistas belgas a aceptar la nueva situación como un punto de partida para construir un nuevo orden: "La vía está libre para las dos causas que resumen las aspiraciones del pueblo: la paz europea y la justicia social". No muy diferente es en Francia el caso de Doriot.

¿Cómo ha podido surgir el fascismo en la historia europea y mundial? La explicación coyuntural no puede sino desembarcar en trivialidades. Se debe comprender al fascismo primero como un fenómeno cultural. Es, de partida, un rechazo de la mentalidad liberal, democrática y marxista; rechazo de la visión mecanicista y utilitarista de la sociedad. Mas expresa también "la voluntad de ver la instauración de una civilización heroica sobre las ruinas de una civilización  bajamente materialista. El fascismo quiere moldear un hombre nuevo, activista y dinámico". No obstante presentar esta vertiente tradicionalista, este movimiento contienen en sus orígenes un carácter moderno muy pronunciado, y su estética futurista fue el mejor cartel para la captura de intelectuales, de una juventud que se agobia en las estrecheces de la burguesía. El elitismo, en el sentido de que una élite no es una categoría social definida por el lugar que se ocupa en el proceso de producción, sino un estado de espíritu, es otro componente mayor de esa fuerza de atracción. El mito, como clave de interpretación del mundo; el corporativismo, como ideal social que da a amplias capas de la población el sentimiento de que hay nuevas oportunidades de ascenso y de participación, constituyen también parte del secreto del fascismo, porque el fascismo reduce los problemas económicos y sociales a cuestiones, ante todo, de orden psicológico. Y, sobre todo, "servir a la colectividad formando un cuerpo con ella, identificar los propios intereses a los de la patria, comulgar en un mismo culto los valores heroicos, con una intensidad que desplaza al boletín de voto en la urna". Es por todo esto que el estilo político desempeña un papel tan esencial en el fascismo. El fascismo vino a probar que existe una cultura no fundamentada en los privilegios del dinero o del nacimiento, sino sobre el espíritu de banda, de camaradería, de comunidad orgánica, de "Bund", como se dijo en Alemania en la misma época.

Estos valores presentes en el fascismo tocan la sensibilidad de muchos europeos. Poco conocido es que en 1933 Sigmund Freud saludaba a Mussolini como un  "héroe de cultura". Si esto era así, ¿por qué Croce hubiera debido votar contra él en 1924, por qué Pirandello hubiera debido rehusar el asiento que el Duce le ofreció en la Academia Italiana? Las realidades de los países europeos entre las dos guerras no son de una pieza: la cultura italiana está representada por Marinetti, Gentile y por Pirandello no menos que por Croce, y por Croce senador no menos que por Croce antifascista, del mismo modo que por la cultura alemana pueden hablar tanto Spengler, Heidegger, o Moeller van der Bruck tanto como los hermanos Mann, y la cultura francesa es tanto Gide, Sartre o Camus tanto como Drieu la Rochelle, Brasillach o Céline...

Así, "El nacimiento de la ideología fascista" otorga a su objeto una dignidad que no siempre se encuentra en los variados estudios sobre el tema. Ello sólo puede ser saludable para la historia de las ideas. Hagamos por nuestra parte algunas observaciones. Primero, que, como es evidente, Sternhell trata en su obra del fascismo latino, esto es, de las corrientes inconformistas surgidas en Francia y en Italia. Un tema de discusión es ver si el fascismo italiano y el nacional-socialismo alemán son cosas totalmente diferentes (esta es la tesis de De Felice), o bien si el nacional-socialismo es una especie dentro del fascismo genérico (tesis de Payne y Nolte). Del nacional-socialismo se ha discutido si fue "antimoderno" o si presentaba rasgos de una radical modernidad, dado que el innegable que el movimiento desarrolló un radicalismo antiburgués operativamente muy atractivo para los militantes comunistas.

El fascismo nace a la izquierda, a partir de una revisión del marxismo. Este revisionismo se desarrolla y se constituye en una corriente intelectual y política independiente a la cual concurren otras tendencias que cohabitan con el socialismo: Nietzsche, Bergson, James, y el nacionalismo integral. Al respecto es interesante comparar las diferentes evoluciones del marxismo que siguió siendo tal y las diferentes ramas "apóstatas". El fascismo en una revisión del marxismo encontró que todos los partidos socialistas consideraban al marxismo una herencia a la que debían permanecer fieles. Sin embargo, en su evolución reciente todos esos partidos han renunciado a la herencia de Marx, acomodándose a la economía neoliberal. Siguen apegados, desde luego, a la matriz ilustrada, materialista e igualitaria. Al contrario, los fascistas, animados de otra cultura, mantuvieron siempre el espíritu revolucionario de ruptura con el orden burgués.

Sternhell insiste permanentemente en el respeto de los sindicalistas revolucionarios, de los socialistas nacionales, de los fascistas, por la propiedad privada y el capitalismo. ¿No habría que distinguir entre propiedad privada y capitalismo que, después de todo, históricamente no se identifican sin más? Todos los fascismos subrayaron siempre la diferencia entre la propiedad ligada al hombre y el gran capital financiero; entre el trabajo productivo y la servidumbre al interés del dinero (G. Feder). No parece adecuado pasarla por alto. Quizás Payne ha sido el autor más justo en este sentido.

Finalmente, es verdad que una cosa es reconocer el componente irracional de la vida humana y otra hacer del antirracionalismo una política. Sternhell, que durante toda su obra se ha mantenido alejado de toda afección moralizante, al final nos advierte del peligro del irracionalismo: "Cuando el antirracionalismo deviene un instrumento político, un medio de movilización de las masas y una máquina de guerra contra el liberalismo, el marxismo y la democracia; cuando se asocia a un intenso pesimismo cultural a la par de un culto pronunciado por loa violencia, entonces el pensamiento fascista fatalmente toma forma" . La cuestión seria si sólo los valores políticos de la ilustración y del liberalismo son legítimos; si solo el chato optimismo hedonista puede pasar por perspectiva cultural, si las masas han de ser movilizadas sólo en nombre del deporte.

Aquí, obviamente, la ciencia no puede decir nada: estamos en el campo de la opciòn política.

Simón Rodríguez: "Entre el Fútbol y el Burka"

Simón Rodríguez: "Entre el Fútbol y el Burka"

Se acabó el fútbol y los festejos. Aunque en plenas vacaciones, Europa parece volver poco a poco a la normalidad. Una normalidad que provoca ganas de olvidarla y que lamentablemente resalta algunos de los aspectos más negativos manejados por la prensa deportiva, y de la supuestamente informativa y objetiva, durante la transmisión del Campeonato Mundial.

La Asamblea Nacional francesa acaba de aprobar una ley que prohíbe el uso del velo integral, como el burka o el nigab, en cualquier espacio público. La norma prevé una multa de 150 euros para todo aquel que vaya con el rostro tapado en la calle, salvo excepciones justificadas (carnaval, razones médicas...) y hasta de 15.000 euros y un año de cárcel para la persona "que instigue a otro, en razón de su sexo, a cubrirse el rostro".

La norma, según cálculos oficiales, podría a afectar a unas 2.000 mujeres que usan esa prenda de identidad religiosa, y podría ser inconstitucional, según el Consejo de Estado francés, un órgano consultivo de la legalidad de las leyes sancionadas por el parlamento. La norma se aprobó después de meses de debates y agitación en la prensa, y debido al escaso número de mujeres que utilizan el velo integral, y a juzgar por las declaraciones de varios de sus defensores, busca más que nada combatir el islamismo y limitar la movilidad de los árabes en el país. En síntesis, un reflejo del sentimiento xenófobo y racista que se extiende rápidamente en toda Europa.

Y es que las manifestaciones racistas se expresan de diversas maneras en la cultura del llamado viejo continente, autodenominado “cuna de la civilización occidental”.

Por ejemplo, los comentaristas deportivos y presentadores de noticias durante el Mundial de Fútbol, cuando se enfrentaban equipos no europeos con los africanos, promovían la idea de que “sería bueno” para África, y “sus sufridos habitantes” que ganaran algún partido. Antes del partido entre Uruguay y Ghana –última selección africana en competencia- varios diarios europeos se volcaron decididamente a desear el triunfo del equipo africano. El diario de distribución gratuita sueco Metro, y los comentaristas de los partidos de las televisoras suecas, hasta pidieron que los uruguayos no hicieran ningún gol.

En esa actitud, que algunos consideraron era de simpatía para un país y un continente pobre, afloraba antes que nada un profundo racismo.

En primer lugar, si se acepta que todos los hombres y mujeres son iguales, los méritos deportivos no se deben otorgar por su origen de nacimiento. Solicitar una ayuda para que ganen un partido de fútbol, o cualquier otra competencia, es considerarlos inferiores y con menos méritos reales que sus competidores.

Además, esa actitud paternalista, (“pobres, que ganen aunque sea un partido de fútbol”) oculta también el sentimiento de culpa de la sociedad europea por los años de explotación y saqueo a que sometieron a África. Todavía, en el fondo, la siguen considerando una colonia. En ese pedido supuestamente simpático, ocultan la falta real de asistencia al continente africano, donde las empresas europeas aún siguen explotando recursos sin dejar nada a cambio. La única simpatía europea –en general porque hay ciudadanos y organizaciones que tienen otra actitud solidaria- se produjo sólo en un momento, y cuando no afectaba ningún interés regional. No tienen esa misma simpatía cuando expulsan de Europa a miles de inmigrantes que tratan de llegar a las costas europeas en busca de trabajo, ni siquiera para investigar en serio las denuncias del involucramiento de gobierno y empresas europeas en el saqueo de recursos, a veces desplazando por la fuerza a la población, o provocando e incentivando conflictos armados.

Ahora las cámaras ya no están en África, todo vuelve a la normalidad, y las patrullas navales europeas pueden seguir interceptando embarcaciones de africanos que buscan llegar a las costas del Mediterráneo europeo. Quizás cuando los expulsen de nuevo, los guardacostas los feliciten por lo bien que organizaron el Mundial de Fútbol.

simonrodriguez@gmail.com

http://www.aporrea.org/internacionales/a104098.html