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“Frente a los nacionalismos reactivos, nos hace falta un populismo europeo”

“Frente a los nacionalismos reactivos, nos hace falta un populismo europeo”

03 Jul 2010

Versión completa de la entrevista con Etienne Balibar aparecida el 3 de julio de 2010 en Público. Jordi Carmona me señaló las tesis que Balibar puso a circular el pasado 21 de mayo sobre la situación europea tras la crisis financiera griega. Tomás González me echó de nuevo una mano con la traducción.

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Etienne Balibar es filósofo. Referencia de la filosofía marxista europea durante años, actualmente es profesor de la Universidad de París X. Junto a Inmanuel Wallerstein, escribió el clásico Raza, nación, clase. Durante los últimos años ha investigado en torno al desafío de una ciudadanía europea. Su reciente “llamamiento” a pensar cómo reinventar Europa desde abajo ha encontrado eco en medios intelectuales y activistas.

 

Se diría que la crisis es como una tormenta de granizo: por arriba se gestionan los efectos inevitables, por abajo sólo cabe agachar la cabeza y esperar a que pase. La verdadera política queda así neutralizada. Por tanto, reimaginar la crisis es el primer paso para poder intervenir políticamente en ella.

 

Dice usted que la crisis no ha hecho más que empezar.

La crisis financiera griega sólo es el comienzo. Un episodio nuevo y muy importante de la crisis global que se abrió hace dos años con el estallido de la burbuja inmobiliaria americana. La especulación apunta ahora a las monedas y a las deudas públicas. El euro constituye actualmente el eslabón débil de la cadena, y con él Europa. La crisis no se detendrá con las medidas de rigor presupuestario y de austeridad que se han impuesto en primer lugar a Grecia y luego ya veremos. Está llamada a desarrollarse, afectando muy profundamente a las relaciones entre Estados, las naciones y los pueblos europeos. Las consecuencias serán devastadoras.

¿Por qué le parece tan significativa la crisis griega?

Porque revela que en el actual “rescate” de la moneda común, no hay realmente ningún término medio posible entre las dos lógicas que se oponen a propósito de la “regulación” de los mercados financieros. O bien es la potencia pública la que impone reglas de prudencia y de transparencia a las operaciones especulativas. O bien es la exigencia ilimitada de los capitales líquidos, apoyándose en las especulaciones más rentables a corto plazo, la que obliga a una desregulación cada vez más completa. No pueden ser las dos cosas a la vez. La crisis ilumina a plena luz ésta y otras verdades que el discurso dominante se esfuerza en disimular.

¿Por ejemplo?

Me refiero a que hoy en día el conjunto de la economía es política y, al mismo tiempo, el conjunto de la política es económica. Los grandes bancos y los principales fondos especulativos se han convertido en actores políticos, en el sentido de que dictan a toda una serie de Estados, e incluso a los bancos centrales, las condiciones de su política económica y monetaria. Esta situación tiene consecuencias capitales sobre la capacidad de los cuerpos políticos tradicionales (pueblos o naciones de ciudadanos) para determinar su propio desarrollo. Quizá sólo el caso China es distinto, ni siquiera EEUU. Pero no es la única lección que podemos aprender de la actual articulación capitalista entre el Estado y el mercado.

¿A qué se refiere?

Hay una correlación fundamental, a largo plazo, entre la manera en que se distribuyen las desigualdades sociales entre los “territorios” nacionales o en el interior de esos territorios, y las políticas puestas en marcha para incrementar su competitividad desde el punto de vista de la atracción de los capitales internacionales (por la presión sobre los niveles de los salarios o por la bajada de las retenciones fiscales que amenazan inevitablemente las políticas y las protecciones sociales). En esta perspectiva, los Estados podrían recuperar una parte al menos de su capacidad para determinar políticamente las condiciones económicas de la política: por ejemplo, optando por la defensa de un modelo de seguridad social. Pero esto no tiene lugar más que entre límites muy estrechos: por un lado, el que proviene de que, en la economía globalizada, un modelo de desarrollo económico y social sostenido por el Estado no puede ser escogido a voluntad, por una pura decisión independiente de lo que hacen los otros; y el otro límite proviene de que las “elecciones” políticas en materia de desigualdades sociales (y en el límite de exclusión o inclusión de poblaciones enteras) son más o menos soportados pacientemente por los ciudadanos, es decir que se encuentran expuestas a los que antes se llamaba la lucha de clases.

¿Y qué es lo que ocurre en la Unión Europea?

Bajo pretexto de una armonización relativa de las instituciones y de una garantía de ciertos derechos fundamentales, la construcción europea no ha favorecido la divergencia entre las economías nacionales que teóricamente debía unir en el seno de una zona de prosperidad compartida: unas dominan a las otras, ya sea en términos de porciones de mercado o de concentración bancaria, ya sea porque unas transforman a otras en sub-contratistas. Más que un mecanismo de solidaridad y de defensa colectiva de sus poblaciones, Europa es hoy un marco jurídico para intensificar la competencia entre sus miembros y ciudadanos.

Se están empezando a producir protestas, comenzando por Grecia.

La cólera griega tiene buenas razones. Primero, la imposición de la austeridad ha venido acompañada por una estigmatización delirante del pueblo griego, señalado como culpable de la corrupción y las mentiras de la clase política (que ha beneficiado sobre todo a los mas ricos, particularmente bajo formas de evasión fiscal). Segundo, se ha decidido al margen de cualquier debate democrático, revocando todos los compromisos electorales del gobierno. Tercero, se ha visto que Europa aplica, en su propio seno, no tanto procedimientos de solidaridad, como las reglas leoninas del FMI, cuyo objetivo es proteger el crédito de los bancos por encima de todo lo demás, hundiendo al país en una recesión sin final previsible.

¿Es el fin del sueño europeo?

No tengamos miedo de responder: sí, inevitablemente, a mayor o menos plazo y no sin algunas violentas sacudidas, a no ser que consiga reinventarse sobre nuevas bases. Su refundación no garantiza nada, pero le da algunas oportunidades de ejercer una fuerza geopolítica, en su beneficio y en el de los demás, a condición de asumir los inmensos desafíos de una federalismo de nuevo tipo. Este desafío tiene un nombre: potencia pública comunitaria, es decir, algo distinto tanto de un Estado como de una simple “gobernanza” de políticos y expertos; igualdad entre las naciones (frente a la competencia) y renovación de la democracia en el espacio europeo (frente a la “des-democratización actual, favorecida por el neoliberalismo y el “estatismo sin estado” de las administraciones europeas, colonizadas por castas burocráticas). Frente a los nacionalismos reactivos, ahora nos hace falta algo así como un “populismo europeo”.

¿En qué piensa, a qué se parecería ese populismo europeo?

A un movimiento convergente de las masas o una insurrección pacífica donde se exprese la ira de las víctimas de la crisis contra quienes se aprovechan de ella (e incluso la mantienen) y que a la vez exija un control “desde abajo” de las relaciones entre las finanzas, los mercados y la política de los Estados.

Hace mucho tiempo que se tendría que haber admitido esta evidencia: no se avanzará hacia el federalismo que se nos reclama ahora, y que efectivamente es deseable, sin un avance de la democracia más allá de sus formas actuales. Especialmente una intensificación de la intervención popular en las instituciones supranacionales. En cierta forma, es asunto de los pueblos de las naciones europeas, componentes de un “pueblo europeo” virtual, el devolver la vida a la democracia, sin la cual no hay ni gobierno legítimo, ni instituciones duraderas. En primer lugar, expresando vigorosamente su rechazo de las políticas fundadas sobre la perpetuación de los privilegios, e incluso su reforzamiento con ocasión de la crisis. Es lo que yo quiero decir cuando hablo de la necesidad de un “populismo europeo”.

Pero el populismo actual tiene poco que ver con esto, ¿no?

Sí, ahora es un nacionalismo (o regionalismo) agresivamente xenófobo, dirigido no sólo contra los inmigrantes venidos de fuera de Europa, sino también contra los otros europeos. Pero a esos populismos reaccionarios más o menos interconectados, que traducen la desmoralización de las clases populares y de las clases medias, la ausencia de perspectivas post-nacionales para hacer frente a la globalización y la regresión de los movimientos sociales, es totalmente ilusorio oponerles un simple himno moral a las virtudes del Estado de derecho y del liberalismo, porque estos sólo recubren en la práctica la perpetuación de las desigualdades y el dominio aplastante de los intereses de la propiedad y las finanzas.

¿Y entonces?

Hace falta una re-movilización popular cuyo motor no puede ser, al comienzo, más que una protesta. Estas iniciativas comportan ciertamente un riesgo, por eso hay que asociarlas a un compromiso democrático intransigente, a un imaginario “post-nacional” y a una construcción positiva.

Habla usted de una bancarrota de la izquierda.

Sí, la izquierda está en estado de bancarrota política. Ha perdido toda capacidad de representación de las luchas sociales o de organización de movimientos de emancipación. En general, está alineada con los dogmas y los razonamientos del neoliberalismo. Y en consecuencia se ha desintegrado ideológicamente. Los que la encarnan nominalmente sólo son espectadores y, a falta de audiencia popular, ejercen meramente de comentaristas impotentes de una crisis a la que no proponen ninguna respuesta colectiva: nada tras el choque financiero de 2008, nada tras la aplicación a Grecia de las recetas del FMI, nada para “salvar al euro” de otra forma que sobre las espaldas de los trabajadores, nada para relanzar el debate sobre la posibilidad y los objetivos de una Europa solidaria.

¿Cuál es la dificultad para reinventar un proyecto de emancipación?

Las cosas son menos simples y más inciertas de lo que quisieran los esquemas binarios, profundamente anclados en el imaginario de izquierdas. Es extremadamente dudoso que las fuerzas o los campos en las que se libra hoy la batalla política puedan ser definidos como “clases”, o incluso como antítesis entre un imperium capitalista y una “multitud” (o una masa popular) que sería su víctima y que, por ello, no espera más que una propuesta ideológica o un programa de organización para revolverse y abatir la potencia del dinero. Porque la multitud o la masa está implicada en el funcionamiento del capitalismo financiero desde el punto de vista de sus actividades (su empleo precario o estable, sus condiciones de trabajo…), de sus intereses materiales y de su supervivencia. Nada más falso que presentar un capitalismo financiero como un capitalismo parásito o “rentista”. Lo que la crisis de las subprimes ha puesto en evidencia es justo el hecho de que las condiciones de vida más elementales -en primer lugar, la vivienda- de toda la población, sobre todo la más pobre, depende inmediatamente de la generalización de las facilidades de crédito y de su capitalización por los bancos. No hay exterioridad alguna entre los intereses del capital y los de la población.

¿Hace eso imposible entonces el antagonismo?

No, eso significa simplemente que el combate no es entre dos grupos prexistentes (grandes y pequeños, explotadores y explotados, detentadores y víctimas del poder), sino que los antagonismos, las contradicciones y los conflictos atraviesan los modos de vida, los modelos de actividad y de consumo, los intereses y las formas de conciencia de los grupos sociales.

EL FENÓMENO FASCISTA

EL FENÓMENO FASCISTA

ENTREVISTA A ZEEV STERNHELL 

 "No hay razón metodológica para pensar que el fascismo haya muerto en 1945"

 El historiador Zeev Sternhell ha consagrado numerosos trabajos al fascismo que han suscitado agrias polémicas en razón de la tesis principal del autor : « es en la Francia de los años 1885-1914 donde hay que buscar las raíces ideológicas del fascismo ». La siguente entrevista fue realizada (N. Zomersztajn, "Regards") en ocasión de la reedición de las tres fundamentales obras suyas sobre el tema -aún inéditas en castellano- bajo la forma de una trilogía ; "La France, entre nationalisme et fascisme" (Fayard, 2000).

  

Usted piensa que el fascismo no es un paréntesis de la historia y que no correspondería solo al período de entreguerras…

   

Yo concibo el fascismo como la forma extrema de un fenómeno ideológico y cultural que se manifiesta por la revuelta contra la revolución francesa, contra el materialismo y el racionalismo, contra los principios del liberalismo y contra la concepción utilitarista de la sociedad y del Estado. Por otro lado, es necesario precisar que es en Francia donde se encuentran los verdaderos orígenes ideológicos del fascismo. Es el fruto de un encuentro entre el nacionalismo intransigente y la revisión materialista del marxismo que se produce a lo largo de los años 1885- 1914. El fascismo consiste en una ideología de ruptura que se dirige contra el liberalismo y el marxismo, una tercera vía que pretende lanzar las bases de una nueva civilización anti-individualista, única capaz de asegurar la perennidad de una colectividad humana donde estarían perfectamente integradas todas las capas y todas las clases de la sociedad. 

 

¿Cómo explica usted que la revisión anti-materialista del marxismo sea el filón fundamental de la emergencia de la ideología fascista?

 

Es aquí donde interviene George Sorel (1847-1922). Este socialista francés juega un rol esencial en la pujanza de la síntesis fascista en cuanto el es el primero en lanzar una revisión “revolucionaria” del marxismo. El preconiza una revolución fuera de la matriz marxista tradicional. Puesto que el capitalismo no se desmorona y las masas no se mueven a golpes de razonamientos, Sorel reemplaza el contenido racionalista y materialista del marxismo, por el culto de la energía, la intuición y la violencia. Por tanto, el intenta corregir el marxismo introduciendo elementos “irracionales”. La destrucción del régimen de democracia liberal es también un fundamento de la revisión soreliana: es necesario entender bien que esta corriente revisionista se dirige tanto contra el liberalismo como contra el marxismo, porque son los sistemas de pensamiento materialista los que consideran la sociedad como un simple agregado de individuos. Al final, a los discípulos de Sorel no les queda más que remplazar al débil proletariado por la Nación en el combate contra la decadencia democrática y racionalista. Así se lleva a cabo progresivamente la vía hacia el fascismo.

   

 ¿Se puede deducir que el socialismo conduce al fascismo como se escucha a veces en ciertos medios de derecha?

   

El socialismo no conduce al fascismo. Por el contrario, es por la vía de una revisión anti-materialista del marxismo que los socialistas demócratas, como Marcel Déat en Francia y Henri de Man en Bélgica, se deslizan hacia el fascismo. Para de Man, la explotación es concebida como una categoría psicológica y no como un problema económico. En este caso, el individuo es explotado si el se siente explotado. Pero si siente que  está al servicio de una gran causa, al servicio de la patria por ejemplo, el sentirá que forma parte integrante de la comunidad nacional. Desde que se considera, como de Man, que los problemas fundamentales no son económicos, se puede comenzar a pasar hacia el fascismo.

 

  

Trad. Antonio Muñoz /ANTAGONISTAS

 

 

Bibliografía

-Ni droite ni gauche: l’idéologie fasciste en France / Zeev Sternhell:  3e éd. ref. et augm. d’un essai inédit:  [Paris] : Fayard, 2000.

-La droite révolutionnaire, 1885-1914: les origines françaises du fascisme / Zeev Sternhell, [Paris] : Fayard, 2000.

-Maurice Barrès et le nationalisme français  / Zeev Sternhell,  [Paris] : Fayard, 2000.

-(Dir.), L’éternel retour : contre la démocratie, l’idéologie de la décadence, Paris, Presses de la Fondation nationale des sciences politiques, 1994.

-El nacimiento de la ideología fascista / Zeev Sternhell, Mario Szanjder y Maia Asheri, ,Madrid : Siglo Veintiuno , 1994.

Alexandre Douguine: "Un Fascismo Inmenso y Rojo"

Alexandre Douguine: "Un Fascismo Inmenso y Rojo"

Junio 14, 2010 Erráiz 

 

En el siglo XX solamente hubo tres formas ideológicas que pudieron probar la realidad de sus principios en materia de realización político-estatal: el liberalismo, el comunismo y el fascismo. No encontramos en la realidad otro modelo de sociedad que no sea una de las formas de estas ideologías. Hay países liberales, comunistas y fascistas (nacionalistas). Los otros están ausentes. Y no pueden existir.

 

En Rusia, pasamos dos etapas ideológicas: la comunista y la liberal.

Hay un fascismo.

 

1. Contra el nacional-capitalismo

 

Una de las versiones del fascismo, que, parece, la sociedad rusa ya está dispuesta a aceptar (o ya casi lo ha hecho) es el nacional-capitalismo.

No hay duda de que el proyecto del nacional-capitalismo o el «fascismo de derechas» es la iniciativa ideológica de esta parte de la élite de la sociedad, preocupada seriamente por el problema del poder y que distintamente se siente l´esprit du temps.

Sin embargo, la versión «nacional-capitalista», de «derechas», del fascismo no agota, en absoluto, la esencia de esta ideología. Además, la unión de la «burguesía nacional» y los «intelectuales» sobre la cual, según ciertos analistas, se fundará el futuro fascismo ruso, representa un ejemplo brillante de un enfoque completamente extraño al el fascismo como concepción del mundo, como doctrina y como estilo. La «dominación del capital nacional» es la definición marxista del fenómeno fascista. No tiene en cuenta en absoluto la base filosófica específica de la ideología fascista, ignora conscientemente el pathos de base, radical, del fascismo.

 

El fascismo es un nacionalismo, pero no importa qué nacionalismo, un nacionalismo revolucionario, rebelde, romántico e idealista, aludiendo a un gran mito y a una idea transcendental que aspira a realizar en la realidad el Sueño Imposible, dar la luz de la sociedad del héroe y del Suprahombre, transformar y transfigurar el mundo. A nivel económico, para el fascismo son característicos, más que la fraternidad, los métodos socialistas o socialistas moderados, que someten los intereses económicos personales e individuales a los principios del bien de la nación, de la justicia. Y por fin, la mirada fascista sobre la cultura corresponde a la negativa radical del humanismo, de la mentalidad «demasiado humana», es decir de lo que son los «intelectuales». El fascista detesta a la especie intelectual. Ve allí a un burgués enmascarado, a un burgués presuntuoso, a un hablador y a un cobarde irresponsable. El fascista ama al mismo tiempo lo feroz, lo sobrehumano y lo angélico. Ama el frío y la tragedia, no quiere el calor y la comodidad. En otras palabras, al fascismo le gusta todo lo se enfrenta al «nacional-capitalismo». Lucha por la «dominación del idealismo nacional» (y no del «capital nacional»), y contra la burguesía y los intelectuales (y no para ésta o con éstos). La célebre frase de Mussolini define exactamente el pathos fascista: «¡en pie, Italia fascista y proletaria!».

 

«Fascista y proletario», tal es la orientación del fascismo. Obrero, heroico, combativo y creativo, idealista y futurista, una ideología que no tiene nada que ver con garantías de comodidad suplementaria estatal para los vendedores (aunque sean mil veces nacionales) y sinecuras para los intelectuales, parásitos sociales. Las figuras centrales del Estado fascista, la mitología fascista, son el campesino, el obrero y el soldado. Y, como símbolo superior de la lucha trágica con destino y con la entropía espacial[1], el jefe divino, el Duce, el Führer, el Suprahombre que realiza en su persona supra-individual (más que individual, como «suprahombre») la tensión extrema de la voluntad nacional hacia la gesta. Por cierto, en alguna parte en la periferia, hay también un sitio para el ciudadano tendero honrado y el profesor de universidad. Enarbolan también las insignias del partido y van a la fiesta de la reunión. Pero en la realidad fascista sus figuras se marchitan, están perdidos, retroceden al fondo. Ésta no para ellas y no es por ellos por quien se hace la revolución nacional.

 

En la historia, el fascismo puro e ideal fue realizado directamente. En la práctica, los problemas esenciales de la llegada al poder y de la ordenación económica obligaron a los líderes fascistas -Mussolini, Hitler, Franco, Salazar- a aliarse con los conservadores, el nacional-capitalismo de los grandes propietarios y de los jefes de los consorcios. Pero este compromiso acaba siempre lamentablemente para los regímenes fascistas. El anticomunismo fanático de Hitler, capitalismo germánico recalentado, le costó a Alemania la derrota en la guerra frente la URSS, y por creer en la honradez del rey (portavoz de los intereses de la alta burguesía), Mussolini fue entregado en 1943 por los renegados Badoglio y Ciano, metiendo al Duce en prisión y dejándolo así en los brazos abiertos de los estadounidenses.

 

Franco consigue mantenerse más tiempo pero al precio de concesiones a la Inglaterra liberal capitalista y a USA y al precio de negarse a sostener los regímenes ideológicos emparentados con los países del Eje. Además, Franco no era ningún verdadero fascista. El nacional-capitalismo es un virus interior del fascismo, su enemigo, la prenda de su degeneración y de su destrucción. El nacional-capitalismo no es de ninguna manera una característica esencial del fascismo, sino un elemento accidental y contradictorio con su estructura interior.

Así, y en nuestro caso, el del nacional-capitalismo ruso en desarrollo, la discusión no es sobre el fascismo, sino sobre intentar desfigurar por anticipado un avance inevitable. Podemos calificar tal pseudofascismo de «preventivo», de «anticipación». Hay que definirlo antes de que nazca y se refuerce seriamente en Rusia el fascismo, el fascismo original y real, el fascismo radicalmente revolucionario por venir. Los nacional-capitalistas son viejos jefes de partido acostumbrados a dominar y a humillar el pueblo, hechos luego unos «liberales-demócratas» por conformismo, pero cuando esta etapa está acabada comienzan también a afiliarse con celo a los grupos nacionales.

Es probable que los partitócratas, con los intelectuales serviles, una vez transformada en farsa la democracia, se reunieran para ensuciar y envenenar el nacionalismo que nacía en la sociedad. La esencia del fascismo: una nueva jerarquía, una nueva aristocracia. La novedad consiste en lo que la jerarquía es construida sobre principios claros, naturales y orgánicos: la superioridad, el honor, el coraje, el heroísmo. La vieja jerarquía, que aspira a mantenerse en la era del nacionalismo, como en otro tiempo, está fundada sobre facultades conformistas: la «flexibilidad», la «prudencia», el «gusto por las intrigas», la «adulación servil», etc. El conflicto evidente entre dos estilos, dos tipos humanos, dos sistemas de valores, es inevitable.

 

2. El socialismo ruso

 

Es completamente inapropiado calificar al fascismo de ideología de «extrema-derecha». Este fenómeno se identifica más exactamente con la fórmula paradójica de «Revolución Conservadora». Esta combinación de orientación cultural-política de «derecha» -el tradicionalismo, la fidelidad al suelo, las raíces, la ética nacional- con un programa económico de «izquierda» -justicia social, restricción de los elementos del mercado, liberación de «la esclavitud del porcentaje», prohibición de flujos bursátiles, monopolios y trustes, primacía del trabajo honrado-. Por analogía con el nacionalsocialismo, que se llama a menudo simplemente «socialismo alemán», podemos hablar del fascismo ruso como de un «socialismo ruso». La especificación étnica del término «socialismo» en el contexto dado tiene un sentido particular. La discusión se refiere a la formulación inicial de la doctrina social y económica, no teniendo como base dogmas abstractos y teniendo como base leyes racionalistas, pero teniendo como base principios concretos, espirituales, morales y culturales, que formaron orgánicamente a la nación como tal. El Socialismo Ruso: no los rusos para el socialismo, sino el socialismo para los rusos. A diferencia de los dogmas marxistas-leninistas rígidos, el socialismo nacional ruso viene de esta comprensión de la justicia social que es característica de nuestra nación, de nuestra tradición histórica, de nuestra ética económica. Tal socialismo será más campesino que proletario, más municipal y cooperativo que estatal, más regionalista que centralista; son las exigencias de la especificidad nacional rusa, que se reflejará en la doctrina, y no menos en la práctica.

 

3. El hombre nuevo

 

Este socialismo ruso será construido por un hombre nuevo, «un nuevo tipo de hombre, una nueva clase». La clase de los héroes y de los revolucionarios. Los restos de la nomenklatura del partido y su régimen deben perecer como víctimas de la revolución socialista. De la revolución nacional rusa. Los rusos se cansaron de la frescura, de la modernidad, del romanticismo auténtico, de la participación en un gran asunto. Todo lo que les es propuesto hoy es o bien arcaico (los nacionales-patriotas), o bien fastidioso y cínico (los liberales).

El baile y el ataque, la moda y el la agresión, el exceso y la disciplina, la voluntad y el gesto, el fanatismo y la ironía comenzarán a hervir entre los revolucionarios nacionales; jóvenes, malos, alegres, intrépidos, apasionados y sin fronteras. Para ellos, construir y destruir, gobernar y ejecutar las órdenes, limpiar de enemigos la nación y preocuparse tiernamente por los ancianos y los niños rusos. De un paso furioso y alegre, ellos alcanzarán la ciudad gastada, el Sistema que se pudre. Sí, tienen sed de Poder. Saben ordenar. Insuflarán la Vida en la sociedad, precipitarán al pueblo al proceso voluptuoso de la creación de la Histoira. Hombres nuevos. Por fin prudentes y valientes. Así, como hace falta. Percibiendo el mundo exterior como un desafío (según expresión de Golovin).

Ante la muerte, el escritor fascista francés Robert Brasillach pronunció una extraña profecía: «veo que al este, en Rusia, el fascismo vuelve a cabalgar, un fascismo inmenso y rojo».

Observe: no el nacional-capitalismo marchito, marrón-rosa, sino el alba deslumbrante de la nueva Revolución rusa, el fascismo inmenso, como nuestras tierras, y rojo, como nuestra sangre.

 


[1] Es decir, en termodinámica, el grado de caos que puede haber en una fase de la evolución de un autómata. N. del T.



[Traducción de un fragmento de la versión francesa de Tampliery Proletariata, Moscú, 1997 (Les templiers du proletariat). Es castellano: «los templarios del proletariado».]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COMUNICADO DEL "PROYECTO M-20"

COMUNICADO DEL "PROYECTO M-20"

Ante la huelga de los trabajadores del Metro de Madrid, manifestamos:
 
 

El Gobierno autonómico ha mentido con descaro sobre la naturaleza laboral de quie­nes tra­bajan en el metro de la capital. Los asalariados del metro no son funcionarios, sino traba­ja­dores adscritos al Régimen General de la Seguridad Social. Así pues, el argu­mento de Espe­ranza Aguirre de estar afectados por el llamado «zapatazo» de Rodríguez Zapatero es una falacia. Los trabajadores del Metro tienen un compromiso de Convenio, adquirido en nego­ciación a cambio de otras reivindicaciones. Lo que pretende el Gobierno regional es incumplir nada menos que un Convenio Colectivo, hecho que no se había producido en España en los últimos ochenta años.

 

Prácticamente todos los medios de comunicación han cerrado filas en torno al Gobierno Autónomo de Madrid contra los trabajadores del Metro, calificándolos de «salvajes». Lo que apenas han reflejado es que la direc­ción de empresa se negó a negociar las prestaciones mínimas y quiso im­poner servicios no sólo del 50% e incluso del 60%, sino hasta del 80%. Es­to hubiera significado reventar la huelga y desnaturalizar un derecho fun­da­mental, el de huelga, que es lo que pretenden todos ellos, des­de la popular Esperanza Aguirre hasta sus adver­sarios político-mediá­ticos de la izquier­da «progresista» del PSOE.

 

Una vez más, constatamos que la gran prensa del régimen, desde pro­gresistas como La Sexta hasta neoconservadores como Inter­economía, con­­forman cuerpos de un único Ejército Represivo: los Medios de mani­pu­lación al servicio de la CEOE y el Banco de España. Sus campañas de men­tiras y terror tratan de confundir, amedrentar y, sobre todo, dividir y en­frentar a los traba­ja­dores entre sí para conse­guir el gran objetivo: un pueblo su­mi­so y dócil, entregado a soportar las exigencias cada vez más desa­fo­radas del Capital.

 

Ahora, los trabajadores del metro son un ejemplo de unidad y resistencia frente a las abu­sivas pretensiones de sus patrones (Comunidad Autóno­ma de Madrid) y las sucias maniobras de sus voceros y escribas mediá­ticos. Cuando se sobrepasan los límites y se violan tan abiertamente los compro­misos, en la respuesta no caben medias tintas. Cuando se va a la huelga, se va con todas las consecuencias, y se paraliza lo que haya que paralizar. La huelga de los trabajadores del metro es un ejemplo de lo que debe ser una huelga, y lo escanda­loso no es que un sector de trabajadores tenga el coraje de plantarse y defender sus bene­ficios sociales, sino que otros sec­tores sólo siguen siendo unos cobardes incapaces de hacer nada.

 


 ProyectoM20. blogspot. com

 

Vincenzo VINCIGUERRA: "ENTRE MAFIA Y CAMORRA"

Vincenzo VINCIGUERRA: "ENTRE MAFIA Y CAMORRA"

Fuente: Marielenagrill

Traducción: A. Beltrán

¿Qué es lo que distingue a dos organizaciones criminales como la mafia y la camorra?

Básicamente nada, porque una es el espejo de la otra y viceversa.

¿Qué es lo que distingue del Partido de la libertad del Democrático?

Básicamente nada, porque juntos constituyen el partido único que oprime Italia y del cual no ha sido todavía posible liberarse.

Son compadres que, cada poco, disputan por el reparto del botín, pero que, a escondidas, hallan siempre el modo de ponerse de acuerdo. En el fondo, el secretario del Partido democrático, Walter Veltroni, había dejado claro públicamente que él, con Silvio Berlusconi, tenía un “gozoso antagonismo”.

El actual secretario, Luigi Versan, cuando Berlusconi perdió un diente, se precipitó hasta el hospital para visitarle,  expresarle su solidaridad y ofrecer su adhesión al partido del amor fundado, para la ocasión, por el propio Berlusconi.

Hoy, frente a la ley sobre escuchas y las normas que castigan a periodistas y editores, los dos “cicciolinos” disputan: el primero afirma querer proteger la privacidad de los ciudadanos, el segundo se alza como defensor de la magistratura y de la libertad de prensa.

Como siempre, ambos mienten. Resulta demasiado obvio que Silvio Berlusconi y su banda pretenden protegerse a sí mismos y a sus intereses, pero es igualmente evidente que Luigi Bersani y su agrupación defiende sólo sus privilegios y los de sus amigos y de los amigos de sus amigos.

En este País, ha existido siempre una magistratura sometida al poder y una prensa empeñada únicamente en proteger a sus propios amos, no en vano si Italia está como está es precisamente porque ni la magistratura ni la prensa se han enfrentado nunca a la corrupción política.

Tenemos el reciente ejemplo proporcionado por el general de carabineros Giampaolo Ganzer que, imputado por asociación de malhechores para el tráfico internacional de estupefacientes, ha  permanecido en su puesto de comandante del Ros [Grupo especial operativo] por acuerdo, secreto obviamente, entre los gobiernos de centro-izquierda y centro-derecha, los mandos de las Fuerzas armadas y la magistratura. Esta misma magistratura que, cuando le interesa, proclama que los ciudadanos deben ser todos iguales ante la ley.

¿Y la prensa? Ni un balido de protesta se ha elevado desde las redacciones de los periódicos contra lo que es un insulto a la justicia y a todos los ciudadanos italianos.

Y ¿cuántos ejemplos se podrían presentar para denunciar la interesada connivencia entre parte dela magistratura y los periodistas ya de derechas ya de izquierdas?

Tiempo ha, los jueces hablaban sólo mediante sus sentencias, después han descubierto la publicidad personal a mayor gloria de su carrera política.

Si alguna vez hubiera existido, en el mundo periodístico, la ética y la honestidad informativa, Berlusconi no tendría el pretexto para decretar una ley liberticida. Mas por contra, magistratura y prensa han utilizado siempre la libertad con finalidades políticas, a menudo abyectas, masacrando sin escrúpulo alguno la verdad, la dignidad y la honorabilidad de millares de ciudadanos italianos.

La ex magistrado Anna Finocchiaro que, en el Senado, ha hecho gala de una indignación bien declamada, pero no sincera, sabe bien que entre sus senadores, por citar sólo uno, está ese Felice Casson que ha hecho carrera únicamente con entrevistas y con la violación del secreto sumarial en beneficio de aquellos periodistas que le escribían un artículo elogioso, acompañándolo con su fotografía.

¿Y sería éste el campeón que el Partido democrático propone para defender la magistratura y la libertad de prensa?

No se puede ser creíble, tras haber llevado al Senado a un Casson cuya historia personal, si existiera una magistratura seria y una prensa libre, lo conduciría directamente a prisión, entre los escupitajos de los ciudadanos honrados.

Es un enfrentamiento entre malhechores: si el Partido democrático exhibe a Casson, el Partido de la libertad nos muestra a Roberto Farina, ex periodista que hacía carrera publicando, bajo pago, las notas del servicio secreto militar.

En realidad, ya sea el centro-derecha como el centro-izquierda han masacrado desde siempre la justicia, con la complicidad de centenares de jueces, y pisoteado la libertad de prensa y ninguno de ellos tiene los credenciales para defender a la una y proteger a la otra.

¿No han sido jueces los que han concedido a Silvio Berlusconi en seis ocasiones circunstancias atenuantes genéricas hasta conseguir la prescripción de los delitos? ¿No son jueces los que han suspendido el proceso en su contra por razones de oportunidad simplemente porque se había iniciado la campaña electoral, dando recuerdos a la igualdad de los ciudadanos ante la ley?

¿No ha sido el Partido democrático el que ha intentado que se eligiera a Felice Casson para alcalde de Venecia, a pesar de carecer absolutamente de experiencia administrativa, sólo porque debía entrar en política antes de que fuera aprobada la ley que prohíbe a los jueces ser candidatos en los lugares donde han ejercido su actividad profesional?

¿Quién ha hecho un pesebre con la justicia y la libertad, con qué credibilidad se opone al Partido de la libertad, liderado por Silvio Berlusconi?

Entre Renato Farina y Felice Casson no puede existir otra cosa que un “gozoso antagonismo”, siendo así que el centro-izquierda no ha realizado objeciones al ingreso del primero en el Parlamento, y el centro-derecha no ha movido una ceja ante la entrada de Felice Casson en el Senado.

Son ambos los símbolos de la prensa y de la magistratura tal como desean el centro-derecha y el centro-izquierda: un chismoso y un prevaricador.

Para liberarse de ellos y de las agrupaciones a las que pertenecen bastaría con imponer en política el debido respeto a las normas higiénico-sanitarias.

Nunca lo hará, obviamente, este Parlamento porque el suicidio masivo no se acostumbra entre pulgas y piojos, deberá hacerlo el pueblo, si un día encuentra la fuerza para despertarse.




 


Vincenzo Vinciguerra, Opera 28 junio 2010 (Fecha de publicación)



 

 

Vincenzo VINCIGUERRA: "EL PACTO"

Vincenzo VINCIGUERRA: "EL PACTO"

 

Fuente: http://www.marilenagrill.org/

Traducción: A.Beltrán

 

La guerra capitaneada por las potencias occidentales para impedir a los partidos comunistas alcanzar el poder en Grecia, Italia y Francia, se inicia cuando todavía está en pleno apogeo la guerra contra la Alemania nacional-socialista.

Nadie ha contado jamás los muertos, los heridos, los condenados, los encarcelados por esta “cruzada” anticomunista en la que se han integrado también bajo la bandera de los Estados Unidos los vencidos de la Segunda guerra mundial. Una clase política inepta, corrupta, cleptómana no estaba en disposición de restringir la amenaza electoral representada por el Partido comunista italiano (Pci) utilizando medios políticos legales, los únicos que podían llevar a los italianos a volver la espalda al partido de los Togliatti y de los Longo.

Así pues, para ahuyentar la amenaza, la clase dirigente anticomunista puso su confianza en las fuerzas militares que los Estados Unidos, a la sazón bajo la presidencia de John F. Kennedy, habían desplegado para responder a la ofensiva planetaria soviética, dando inicio a una guerra que no ha sido “fría” en ninguno de los países y de los continentes en los cuales se ha desencadenado.

El miedo a ser aplastados por un golpe de Estado político, apoyado por las Fuerzas armadas, llevó a los dirigentes del Pci, a partir de 1969, a la búsqueda de un compromiso con las fuerzas políticas anticomunistas, empezando por la Democracia cristiana (Dc)

La llegada de Enrico Berlinguer al frente del más potente Partido comunista occidental extendió el compromiso también a las fuerzas institucionales, primordialmente las de seguridad y las militares, nacionales e internacionales.

El Pci de Enrico Berlinguer, desde la primavera de 1972, desarrolló una línea política diseñada para acreditarlo como “maduro”  para una democracia occidental, autónomo respecto a la Unión soviética, capaz de integrarse en el área de gobierno sin poner en discusión la permanencia del País en la Alianza atlántica y sin pretender, consecuentemente, implantar una política neutralista.

La primera ocasión de “probar” su recién adquirida madurez la tuvo el Pci en la primavera de 1973, cuando sus dirigentes fueron informados por Pietro Loredan, en estrecho contacto con el grupo informativo y operativo véneto que bajo dirección de los servicios secretos italianos militares y civiles recibía el nombre de “Ordine nuovo”, que se estaba preparando un atentado contra una alta personalidad política en Milán.

Identificar el objetivo no era complicado, porque el 17 de mayo de 1973, el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rumor, se había de trasladar a Milán para recordar, dentro de la Jefatura de policía, la memoria del comisario Luigi Calabresi, en el primer aniversario de su muerte a manos de militantes de “Lotta continua”. Para evitar el atentado habría bastado publicar un artículo en el diario del partido, “L´Unità”, aunque fuera a modo de conjetura.

Pero, para Enrico Berlinguer y sus camaradas la posibilidad de no evitar un atentado mortal contra un elemento destacado de la democracia cristiana debió parecerles demasiado apetitosa como para dejarla escapar, optando así por el camino de los contactos reservados. Es verdad, procesalmente confirmada, que Gian Carlo Pajetta y Paolo Bufalini, encargados de los contactos con el ministerio del Interior, el primero, y con la magistratura, el segundo, se desplazaron inmediatamente a Milán donde se encontraron con un juez cuya identidad no ha sido o no ha querido ser desvelada.

Es igualmente cierto que transmitieron las informaciones en su poder a los mandos del servicio secreto civil, entonces conocido como división de Asuntos reservados, donde estaba destinado Umberto Federico D´Amato que era uno de los referentes de los ordinovistas vénetos. El atentado se cometió. Gianfranco Bertoli, a la sazón confidente del Sid bajo el criptónimo “Negro”, arrojó una granada de fragmentación contra el vehículo de Mariano Rumor, pero erró el blanco matando a 4 personas e hiriendo a otras 46.

La masacre de vía Fatebenefratelli del 17 de mayo de 1973 se podía, por lo tanto, haber evitado o, cuanto menos, se podían haber identificado en el transcurso de algunas semanas a los autores, organizadores y jefes, porque la figura de Gianfranco Bertoli como la de Pietro Loredan circunscribía las investigaciones a un restringido y bien definido círculo.

Antes al contrario, todos optaron por el silencio. Mientras Bertoli declamaba su papel de “anarco-individualista” que habría pretendido vengar a Giuseppe Pinelli, nadie de los muchos que conocían la verdad intervino para dar testimonio de ella.

Un magistrado de la República, destinado en la Fiscalía de Milán, ciertamente una figura relevante por gozar de la confianza de los dirigentes del Pci, ha callado.

Los mandos del servicio de seguridad civil han callado, mientras el ministerio del Interior no se ha personado como acusación particular en la causa contra Gianfranco Bertoli.

La cúpula directiva del Pci y sus cuadros periféricos que conocían la verdad, no han dicho una sola palabra para arrojar luz sobre el suceso.

Un silencio criminal porque dirigir las investigaciones hacia el ámbito ordinovista véneto equivalía a esclarecer tanto la masacre del 17 de mayo de 1973 como la masacre frustrada del tren Turín-Roma del 7 de abril de 1973, que habría de conducir a través de la figura de GianCarlo Rognoni hasta las mismas personas.

Un silencio criminal porque ha servido para asegurar la impunidad de personajes que pretendían una política terrorista a favor del Estado y de carácter anticomunista.

No es descabellado afirmar que si los que sabían hubieran hablado, no habrían sucedido las masacres posteriores, empezando por la de Brescia de 28 de mayo de 1974.

Gian Carlo Pajetta, en Brescia, lloró el día de los funerales por las víctimas de la masacre de la plaza de la Logia [Brescia] porque era consciente de haber favorecido a quien los había asesinado.

Ni esa figura indigna de magistrado, ni los mandos de los servicios de seguridad civiles ni los dirigentes del Pci han confesado lo que sabían.

Al infame pacto entre el Pci y la Dc, entre el Pci y los aparatos del Estado podemos ponerle fecha de aquel mes de mayo de 1973, firmado sobre los cuerpos destrozados de via Fatebenefratelli y de las sucesivas masacres.

Un pacto perverso que, en 1989, a la caída de la Unión soviética le ha servido al Pci para obtener la impunidad más absoluta para sus dirigentes.

De hecho, el indefectible magistrado, esta vez romano, Franco Ionta se ha encargado de negar la existencia de un estructura paramilitar del Pci (“la Gladio roja”), de declarar prescrito el delito de financiación ilegal a partidos por los millones de dólares entregados por Moscú, mediante el Kgb, al Pci y, en fin, de aparentar que este partido no hubo desarrollado nunca actividades de espionaje político, militar e industrial en beneficio de la Unión soviética.

Hoy, Franco Ionta, por voluntad de un gobierno de centro-derecha, es director general de instituciones penitenciarias.

Un régimen, el actual, que se basa en el chantaje mutuo y en el compromiso de impedir, a toda costa, que la verdad salga a la luz, porque ésta es susceptible de hundir a la actual clase política: cada cual guarda sus secretos propios y los ajenos y todos juntos se defienden y protegen, engañando al pueblo italiano.

Será, quizás, una coincidencia que cuando la verdad sobre la masacre del 17 de mayo de 1973 estaba emergiendo, el chacal judicial Felice Casson, notoriamente vinculado al Pci, enviara a odas las fiscalías de la República una nota asegurando que quien esto escribe había intentado entorpecer las pesquisas sobre la masacre cometida por Gianfranco Bertoli. En un sistema judicial  dotado de seriedad y de dignidad el chacal habría de responder por calumnia o, por los menos, habría sido expulsado por prevaricador de la carrera judicial.

Por el contrario, huelga decirlo, es senador en las filas del Partido democrático.

Los parientes de las víctimas de la masacre del 17 de mayo de 1973 no tendrán jamás una medalla de oro. Cuando Giorgio Napolitano ha venido a Milán, ha recordado únicamente al comisario de policía Luigi Calabresi y homenajeado a sus familiares. Los de los muertos del 17 de mayo de 1973, han tenido que recordar a sus muertos durante la tarde, en silencio y alejados de los focos de luces.

¿Habrá que esperar, para hacer limpieza en este País, a que los firmantes del pacto, sus testaferros y sus herederos fallezcan? ¿O se puede comenzar antes, incluso hoy?

No es difícil: no se trata de enviarles a la cárcel encontrando las pruebas de su complicidad en tantos luctuosos episodios italianos.

Para expulsarlos de la vida política, enviándolos al paro y a buscarse el pan trabajando, es suficiente redactar un listado de todos los que desempeñaban por aquel entonces un papel no marginal dentro de los partidos que han dicho siempre que estar estaban, pero que dormían.

Basta con recordar los nombres de Ignazio La Russa en Milán y ordenar todos los sucesos de los cuales fueron protagonistas los activistas de su partido en la capital lombarda para darse cuenta que incluso ni un perfecto imbecil es creíble cuando afirma no haber sabido sido nunca nada y no haber entendido absolutamente nada.

Pero Ignazio La Russa no es un imbecil. Alguna duda tenemos sobre Gianfranco Fini, pero la disipa el hecho de que era secretario nacional juvenil del Msi durante los años en los que Francesca “Morticia” Mambro, su maridito Valerio “Jerry” Fioravanti y sus camaradas hacían la guerra contra los “rojos” (1977-1980), sin ningún “espontaneísmo” que ha sido inventado posteriormente para exonerar a ese partido y a esos ambientes humanos y políticos que les servían de referencia y por los cuales actuaban.

¿Tampoco Gianfranco Fini, Francesco Storace, Maurizio Gasparri, y todos sus demás amigos, dentro de un ambiente en el todos lo sabían todo, son los únicos en no haber sabido nunca nada y no haber entendido absolutamente nada?

Difícil de creer, en especial tras haberlos visto esforzarse de cualquier modo posible, ansiosos e inquietos, para obtener la excarcelación de Morticia y Jerry.

Obligar a estos y a tantos otros a retirarse a la vida privada es un objetivo factible, si todavía en esta País aspiran a existir fuerzas de oposición que intenten también alcanzar la verdad y la justicia

 




 


Vincenzo Vinciguerra, Opera 3 de Junio de 2010



 

 

 

Sayyed Fadlallah... Un Auténtico Defensor de la Unidad y la Resistencia

Sayyed Fadlallah... Un Auténtico Defensor de la Unidad y la Resistencia

“En su escuela, él nos enseñó a defender nuestros argumentos con sabiduría y con una amable prédica, a ser personas de diálogo con los demás, a rechazar la tiranía, a resistir la ocupación, a sentir la certeza de nuestra reunión con Dios Todopoderoso y a ser personas de paciencia, resistencia y determinación, a pesar de todas las calamidades, dificultades y aflicciones a las que tendríamos que hacer frente”

Sayyed Nasrallah

 

 

El Gran Ayatolalh Sayyed Mohammad Hussein Fadlallah no fue sólo una referencia y autoridad musulmana, sino una de las figuras religiosas más prominentes de la época contemporánea en el mundo islámico.


Su gran experiencia en la enseñanza de la Jurisprudencia islámica así como su constante puesta al día con respecto a las últimas tendencias y obras de las principales escuelas religiosas le permitieron lanzar su propia escuela y ser seguido por miles de creyentes musulmanes en Líbano y la región.


Sin embargo, Sayyed Fadlallah no fue sólo notable por su posición y estatus religioso. Su Eminencia fue, de hecho, un intelectual prominente que fue descrito como el líder espiritual de la Resistencia en Líbano y la región.


El conflicto árabe-israelí, la causa palestina, la hegemonía norteamericana, el patriotismo y la defensa del Estado fueron siempre planteados por Sayyed Fadlallah en sus sermones del viernes, conferencias, escritos o discursos.


Sayyed Fadlallah emitió diferentes “fatuas” en las que se llamaba a luchar contra Israel y boicotear los productos estadounidenses, así como se rechazaba la normalización de relaciones con la entidad sionista. Él fue también un auténtico defensor de la unidad islámica a lo largo de toda su vida.


EL YIHAD REFERIDO A LA AUTODEFENSA


Para Sayyed Fadlallah, el concepto de resistencia está vinculado al principio del yihad en el Islam. Su Eminencia creía que el yihad en el islam es el movimiento de lucha que busca impedir que el enemigo imponga su hegemonía sobre la tierra y la población por medio de una violencia que destruya la libertad, extermine a la población, se apropie de las riquezas y recursos e impida a los residentes ejercer su derecho a la autodeterminación. De este modo, el yihad significa aquí el hacer frente a la fuerza con la fuerza de una forma defensiva a veces y preventiva otras.


A la luz de esto, Sayyed Fadlallah concluyó que el yihad no es diferente al concepto de la autodefensa aceptado por todas las civilizaciones humanas. Este concepto expresa la naturaleza innata del ser humano a buscar protección frente a la agresión. En este sentido, el contenido del yihad en el Islam se corresponde con los valores humanos presentes en todas las civilizaciones, señaló su Eminencia.


Sin embargo, Sayyed Fadlallah subrayó que el llamamiento al yihad no suponía una legalización de la fuerza y la violencia contra otras comunidades en ausencia de un ataque de su parte. Su Eminencia cree que la utilización de la fuerza contra otros en cualquier caso supone una agresión ilegal, con independencia de la religión, raza u otros caracteres diferenciales de aquellos contra los que va dirigida. En el Islam, el yihad no se utiliza contra el no creyente, sino contra el agresor que ataca.


De este modo, Sayyed Fadlallah condenó a los atacantes que matan a personas inocentes o aquellos que hacen estallar coches bomba, que matan a mujeres, niños, ancianos y civiles en general, y señaló que tales individuos manchan la imagen del Islam y proporcionan a los no musulmanes una idea errónea acerca de esta tolerante religión y sus seguidores.


LA RESISTENCIA ISLÁMICA LIBERÓ LÍBANO


Según Sayyed Fadlallah, si analizamos la historia de la Resistencia, vemos que la Resistencia Islámica ha sido el único movimiento que jugó un papel decisivo en la liberación de Líbano en 2000 y en el logro de la victoria en 2006.


A la luz de este hecho, Sayyed Fadlallah señaló que no podía entender las acusaciones de antipatriotismo lanzadas por algunos sectores contra la Resistencia. Estas acusaciones plantean muchos interrogantes. “¿Cómo se puede ser patriota? ¿No son aquellos que liberaron la patria y sacrificaron a sus mejores hombres patriotas? Si no lo fueran, ¿quiénes serían los patriotas entonces? ¿Serían aquellos que estaban -antes y durante la guerra civil- colaborando con Israel, en un momento en el que los líderes israelíes, incluyendo a (el ex primer ministro Ariel) Sharon, estaban visitando Líbano para preparar una invasión y el aplastamiento de la resistencia palestina en este pequeño país?,” señaló.


Así pues, las alegaciones de que los shiíes no son “patriotas” carecen de base, enfatizó Sayyed Fadlallah. Según él, los shiíes de Líbano creen y se adhieren a su identidad libanesa y dan prioridad a los intereses de Líbano. Ellos han ofrecido incluso su victoria sobre Israel a Líbano en su conjunto y a los mundos árabe e islámico.

EL RÉGIMEN SECTARIO HA CREADO UN FOSO ENTRE LOS DIFERENTES GRUPOS RELIGIOSOS


Como firme partidario de la unidad en general y la unidad islámica en particular, Sayyed Fadlallah se mostró en contra del sectarismo político.

Su Eminencia creía que el régimen sectario existente en Líbano había creado un foso entre los diferentes grupos religiosos por medio del cual las potencias hegemonistas han intentado infiltrarse y controlar el país. Además, los enfrentamientos armados civiles en Líbano fueron el resultado del sectarismo político, junto con otras complicaciones y problemas. Como resultado, cada grupo religioso buscó el apoyo de un cierto estado extranjero para prevalecer sobre los otros.


Sin embargo, Sayyed Fadlallah dijo que los musulmanes shiíes eran el único grupo religioso que no permitía a ningún estado extranjero penetrar en la esfera política interna de Líbano. Ellos están abiertos a todos los demás grupos religiosos. Las experiencias de Sayyed Musa al Sadr proporciona la mejor prueba de ello. Él permaneció abierto a todos los grupos religiosos y fundó el Movimiento de los Desheredados, en el que había miembros de todas las confesiones.

QUEREMOS UN ESTADO FUERTE, CAPAZ Y SABIO


Para aquellos que hablan sobre el Estado, Sayyed Fadlallah tenía siempre la respuesta apropiada. “Queremos un estado fuerte, capaz y sabio que proteja a su pueblo. Para ello, los amigos del Estado y los amigos de los que están a cargo del Estado deben proporcionar a éste las armas necesarias para hacer frente a cualquier futura agresión de Israel, que continúa amenazando con aniquilar Líbano de norte a sur.”


Según Sayyed Fadlallah, el establecimiento de un estado justo y fuerte en Líbano debería estar basado en ciertas reglas que se fijarían a través de un diálogo interno transparente, especialmente en relación con las amenazas sionistas contra Líbano. Este diálogo crearía elementos de confianza que eran inexistentes en etapas anteriores.

Sin embargo, según Su Eminencia, el concepto de Estado debe ser clarificado: un auténtico Estado debe ser legítimo y legal y debe poner freno a la actuación de los embajadores extranjeros en Líbano con el fin de impedirles que se inmiscuyan en los asuntos internos del país, dañen la convivencia y traten de volver a unos partidos contra otros. Además, debe poner fin a la tutela directa que ha estado siendo prácticada últimamente por la Embajada de EEUU obligando a los embajadores de ese país a respetar las reglas y canales diplomáticos. Esto, añade Sayyed Fadlallah, representa la base primordial sobre la que debemos establecer el Estado, de tal modo que ella dé lugar a una auténtica independencia para el país y lo libere de las garras de la tutela de EEUU y otras potencias hegemonistas.

LA POLÍTICA DE EEUU ES PERVERSA; NO HAY NADA BUENO EN ELLA


El rechazo de Sayyed Fadlallah a la conducta de los embajadores estadounidenses no sólo fue sólo debido a la flagrante injerencia de EEUU en los asuntos libaneses, sino también a sus políticas en la región.

Según Sayyed Fadlallah, la política de EEUU, que aspira a imponer su hegemonía al mundo entero, es perversa y no hay nada de bueno en ella. Esto explica el absoluto apoyo de EEUU al enemigo israelí en sus guerras contra los musulmanes en Líbano y Palestina.

En Iraq, la política de EEUU habla también por sí misma: la guerra estadounidense contra Iraq ha servido a los intereses israelíes porque ha impedido el surgimiento de una potencia en la región con la capacidad de competir con Israel en todos los terrenos. Iraq, con su potencial económico, humano y científico, estaba preparado para asumir esta posición, pero las políticas del dictador iraquí Saddam Hussein dieron a los norteamericanos la excusa que buscaban para destruir todos estos potenciales, explicó Sayyed Fadallah. Además, EEUU quiere poner sus manos sobre el petróleo y gas de la región como un paso fundamental hacia el control de los recursos energéticos del mundo con el fin de obtener una ventaja frente a sus rivales, ya sean Rusia o China, o incluso la Unión Europea o Japón.

TODOS LOS PRODUCTOS DE EEUU E ISRAEL DEBEN SER OBJETO DE UN BOICOT


Dado que EEUU es quien causa la muerte a gran número de palestinos cada día, a través de las manos israelíes, y que Washington jamás piensa en los intereses de los iraquíes, árabes o musulmanes, Sayyed Fadlallah se vio en la obligación de promulgar una fatua en favor del boicot a los productos de EEUU y de Israel.

Según su Eminencia, todos los productos norteamericanos e israelíes deberían ser boicoteados de una forma tal que dañe los intereses de EEUU e Israel, como medio de crear una disuasión en su guerra contra los musulmanes y el Islam, que está siendo llevada a cabo bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo. Este boicot debería convertirse en una tendencia abrumadora que haga sentir a esos dos estados que sus economías están bajo un peligro presente y real.


LA ETERNA ESCUELA DE SAYYED FADLALLAH


En resumen, podemos decir que Sayyed Fadlallah, junto con sus seguidores, iniciaron una escuela de creencia y de pensamiento, una nueva escuela que siempre estará comprometida en la defensa de las principales causas del Islam y que hará frente a todas las amenazas extranjeras contra la región.


Con tales puntos de vista y discurso, el Gran Ayatollah Sayyed Mohammad Hussein Fadlallah continuará siendo una figura excepcional a ojos de todos aquellos que tuvieron la oportunidad de conocerle y sus enseñanzas continuarán pasando de una generación a otra.

 

por Hussein Assi

fuente:  Al Manar

PETARDAS, APOLITICOS Y SÚBDITOS

PETARDAS, APOLITICOS Y SÚBDITOS

Autor: Carlos Ramiro

Fuente: http://orientaciones.blogia.com

Si algún fenómeno podemos destacar en España durante el siglo XX, es la notable sucesión de grandes oportunidades perdidas para cons­truir un proyecto sugestivo de vida en común. Sin em­bargo, el pe­riodo borbónico comprendido entre la Crisis del 98 y la pro­clamación de la II República, se caracterizó, sobre todo, por un pano­rama político mediatizado por la actitud de un monar­ca de­cidido a mantenerse en el trono al precio que fuera; des­pués, en esa II República que suscitó tantas esperan­zas, pre­va­le­cieron la demagogia y el sectarismo, y se desem­bocó en la Gue­rra Civil del 36; la dictadura de Franco se destacó por la me­diocridad, "cua­lidad" que define a la perfección a las clases me­dias, esti­madas por el dictador como su "obra predilecta" y él su princi­pal promotor; y por último la II Restauración borbónica, la Juan­carlista, que podemos resaltar como un compendio de todas las anteriores.

La actualidad española es perfectamente comparable con lo que ocurrió durante la transición. En primer lugar, contamos como jefe de gobierno a un inútil, quien se cree que las palabras, por sí mismas, son capaces de cambiar algo. En segundo lugar, vemos a las distintas facciones del ré­gimen fingiendo debates y que, cuando pelean, la mayoría de las veces lo hacen por insustan­cia­lidades o cuestiones accesorias, y las pocas veces que "se pe­lean en serio", nos revelan su única preocu­pación: la parte de los pre­supuestos del Estado que van a llevarse a sus arcas, ya sean de partido o particulares. Y en tercer lugar, tenemos a los trabaja­dores, desmovilizados y atenazados por el miedo a perder el puesto de trabajo (cada vez más precario y en peores condicio­nes), mientras la CEOE y el Banco de España siguen pidiendo, y van logrando, que se cercenen los derechos laborales que la clase obrera fue conquistando durante un siglo trágico.

Pero en esta ocasión, la situación es más grave que durante la transición, ya que los españoles han sido colocados en una situa­ción de sumisión y desorientación que les impide ver la realidad más básica, al serles negada, de hecho, la condición de ciuda­danos, gracias al mensaje lanzado desde los me­dios de difusión de masas. Ese mensaje es que la política es algo consustan­cial­mente turbio, intrínsecamente oscuro e inevitablemente corrupto, y, por tanto, eso es lo que provoca que los espa­ñoles “pasen de política”. Tal creencia es la piedra funda­mental del régimen juan­carlista.

Por eso, no sólo no es suficiente criticar los engaños de los par­tidos establecidos, denunciar los negocietes privados de los admi­nistradores públicos o clamar contra la co­rrupción de los car­gos po­lí­ticos, sino que resulta, incluso, contraproducente si nos que­da­mos ahí, pues contribuye a sostener la creencia generalizada que, el propio poder, sostiene "oficiosamente":  que el engaño, la suciedad y la corrupción que se perci­be en el panorama nacional son la esen­cia de la política. Por eso es urgente centrar los focos de atención en el llamado "cuarto poder": los grandes medios de difusión de masas. 

Porque estos medios de difusión son los creadores de un mundo virtual, con matrices de opinión perfectamente estruc­turadas para desmovilizar a las personas y transformarlas en masas dóciles. Todos los grupos empresariales, atendiendo a sus propios inte­reses como sociedades económicas, dejan de lado la realidad “real” para acomodarla a sus necesidades financieras, estable­ciendo, de manera tácita, un pacto donde se designa qué es "lo bueno" y qué es "lo malo". Es decir, desde los diferentes (pero co­in­cidentes en lo fundamental) diarios, emisoras y canales de tele­visión, día tras día se desarma intelectual y anímicamente al ciu­da­dano para que éste asuma la "realidad presente" como algo ine­vitable, y de esta forma asista pasivamente a la depredación de sus derechos reales más elementales por parte del mundo fi­nan­ciero y empresarial. 

Así, por un lado, un dis­curso profundamente ideologizado es ca­muflado o es­con­dido por los medios de difusión bajo una máscara de asepsia científica o contable, presentándonos como ciencia lo que no es más que propaganda pura y dura (o dicho de otra for­ma: mu­cho humo repleto de fórmulas ma­te­máticas). Y, por el otro lado, esta industria, que también tiene la función de entre­tener, ha en­contrado la clave para desactivar eficazmente cualquier situa­ción, sectorial, local o general, que pudiera derivar en conflictiva o problemática, mediante la creación, de la nada, de personajes que, en un plató de televisión, pasan horas exponiendo sus mi­se­rias, debatiendo sobre las “hazañas” de alcoba de tal o cual indi­viduo o individua, y, en algunas ocasiones, linchando virtualmente la ideología tal o la marca cual. Y todo esto para insertar, en la realidad “real” o en la "vida cotidiana", aquello que ha sido dise­ñado y planificado en la virtualidad de los consejos de dirección de los variados, que no distintos, "grupos de comunicación". 

Todo esto forja un anillo que atenaza la mente, y que, en su im­placable tarea represora, resulta más eficaz, más barato y más "higiénico" que poner en marcha un servicio policial y paramilitar que vigile constantemente a las per­sonas para evitar que éstas comiencen a cuestionarse todo y pongan en peligro el andamiaje que, con tanto esmero, han puesto ante nuestros ojos aquellos que, en realidad, lo controlan todo o casi todo. 

Por eso es necesario que los españoles vuelvan a la política. Es decir, que los españoles tomen con­ciencia de cuál es su verda­dera situa­ción, qué es lo que el régimen espera de ellos, y cuál es el papel que el sistema les ha asignado: la situación de súbditos co­men­sales destinados a "tragar­se" lo que las diferentes indus­trias ("virtuales, ligeras y pesadas") les "cocinan" o preparan; el pro­pó­sito deli­berado, por parte del régimen, de tener animales "que no entiendan de polí­tica";  y el pa­pel de cuero sujeto a explotación laboral resig­nado a so­portar las crisis provocadas por esos "mer­ca­dos finan­cieros" que desatan los ataques especulativos contra las economías na­cio­nales y encima son quienes deter­rminan las condiciones para "ser cal­mados".

En estos momentos de crisis no es lícito adoptar una pose autista, ni "equidis­tante", ni mirar para otro lado porque "los políticos" sean re­pug­nantes. No es lícito con­sentir dar más poder al poder, ya que este sistema totali­tario esta­blecido, si parece tan sólido, es precisa­mente porque esconde su rostro tras la apariencia de­mo­crática y se asienta, principal­mente, en la apatía o famoso "pa­sotismo" de la gente. El pueblo español, cautivo y desar­mado "apo­líti­ca­mente" por los medios de manipula­ción, no es una na­ción de ciuda­danos sino una masa de súbditos "apolíticos" como la propia clase política espera de ellos, y no existe una "fuerza del tra­bajo" sino consumidores explotables y atomi­zados sin con­cien­cia de clase que tienen, como ejemplos a imitar, a todas las petardas que salen en televisión.