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ANTAGONISTAS

Prohibir la guerra, permitir los bombardeos

Prohibir la guerra, permitir los bombardeos

Bombardeo sobre Gaza

 

 

 

 Santiago Alba Rico
 

Hace pocos días se cumplió un nuevo aniversario -el número 65- de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Lo que pocos saben o pocos quieren recordar es que el 8 de agosto de 1945, dos días después del lanzamiento de la primera bomba atómica y pocas horas antes del lanzamiento de la segunda, las potencias ya victoriosas de la segunda guerra mundial firmaron los acuerdos que establecían un tribunal internacional encargado de juzgar los crímenes cometidos durante la contienda. Lo que pocos saben o pocos quieren recordar es que el famoso tribunal de Nuremberg, acto fundacional del derecho internacional moderno, prohibió la guerra -”crimen supremo que concentra en sí todos los otros crímenes”- al mismo tiempo que legalizaba los bombardeos. En sus conclusiones, en efecto, la sentencia de Nuremberg declaró inocentes a aliados y alemanes por igual, “puesto que los bombardeos aéreos de ciudades y fábricas se han convertido en práctica habitual y reconocida por todas las naciones”. El modelo Auschwitz, el de los perdedores, se convertía así en el colofón de la barbarie humana y en una estremecedora advertencia para las futuras generaciones; mientras que el modelo Hiroshima, el de los vencedores, pasó a convertirse en “practica rutinaria” y “derecho consuetudinario”.

Desde entonces está prohibida la guerra y están permitidos los bombardeos. Antes de 1914, el escritor francés Marcel Proust hablaba de los aviones como de los “ojos” de la Humanidad. Se volaba para ver, no para bombardear. Pero hay ciertos ángulos de visión, ciertos rangos de la mirada, que imponen inmediatamente, como una tentación irresistible, el deseo de destruir lo que se capta visualmente. La prohibición de mirar ciertos objetos, la prohibición de mirar desde ciertos objetos (el ojo de la cerradura o la mirilla del avión) es hoy una cuestión de supervivencia no sólo moral sino material. El modelo Auschwitz -con sus terribles campos de exterminio horizontal- es después de todo humanamente familiar y quizás por eso nos resulta tan fácil escandalizarnos frente a él y rechazarlo. Si, por el contrario, aceptamos con mansedumbre y naturalidad el modelo Hiroshima -el exterminio vertical desde el aire- no es sólo porque forme parte de “la justicia de los vencedores”: es que tiene algo de inimaginable, de irrepresentable, de extraterrestre; está tan fuera de toda medida antropológica que suspende cualquier forma de reacción.

El bombardeo aéreo, en efecto, reúne dos características “incomprensibles” para un ser humano. La primera tiene que ver con el hecho de que ni siquiera “deshumaniza” a sus víctimas antes de matarlas o para justificar su muerte: sus víctimas no son “enemigos” o “animales inferiores” u “obstáculos” sino simples “residuos”. Los cadáveres y las ruinas no han tenido una existencia individual (ni siquiera bajo la forma de un número tatuado en la muñeca) antes de ser “fabricados” desde el B-52. No han sido ni juzgados ni condenados; tampoco despreciados. Son desde el principio sólo “restos”.

La segunda característica del bombardeo es que, si produce “restos”, no permite establecer ningún vínculo entre ellos y la fuente lejana, celeste e inalcanzable, que los ha causado. Las víctimas sólo pueden alzar el puño en medio de los escombros, como ante la ira de Dios; por su parte los verdugos, encerrados en sus cápsulas de cristal, o cómodamente sentados delante del ordenador, no pueden experimentar ningún sentimiento -tampoco odio- por esas existencias que se inclinan y desaparecen bajo un gesto de su dedo. No pueden mirarlas sin que desaparezcan y se las mira precisamente para eso, pero esta desaparición no entraña ninguna emoción ni ninguna tragedia; la acompaña, si acaso, el placer de “no dejar ningún cabo suelto”, la satisfacción de “tachar” todos los puntos que van compareciendo ante nuestros ojos.

Pues bien, curiosamente el modelo del bombardeo aéreo es el que mejor explica la consistencia moral y los efectos materiales del consumo capitalista.

El capitalismo, lo hemos escrito otras veces, no se define por su capacidad para producir riqueza sino para destruirla. Si se recuerda que el 90% de las mercancías que se producen hoy en el mundo dentro de seis meses estarán en la basura se comprende enseguida que el capitalismo no fabrica mesas, coches, ordenadores y lavadoras sino “residuos”, igual que las bombas, y que el ser humano que se empeña -durante seis meses- en usarlos como si fueran mesas, coches, ordenadores y lavadoras es él mismo “residual” frente al objetivo económico de sustituirlas lo antes posible por otras. Para el capitalismo, como para el B-52, las cosas y los hombres son desde el principio “restos” y su verdadero producto -ni televisores ni frigoríficos- es la “basura”.

Todos los días, por ejemplo, llegan de Europa miles de aparatos electrónicos desechados a un barrio de Accra (Ghana) conocido como Sodoma. Allí, miles de menores que no han usado en su vida un ordenador, queman y destripan las carcasas en busca de piezas de metal, absorbiendo durante horas de trabajo infernal más de 60 sustancias tóxicas. Lo mismo ocurre en Karachi (Pakistán), donde 20.000 jóvenes, algunos menores de diez años, muchos de ellos refugiados afganos, reciclan la basura electrónica procedente de Occidente, Dubai o Singapur, manipulando plomo, cadmio o antimonio, materiales que destruyen al mismo tiempo la salud de los niños, la tierra y el río Lyari. El 70% de la basura electrónica del mundo acaba en muladares de Asia, en los que las condiciones de trabajo y la contaminación ambiental convierten la vida misma de la gente en abyectamente “residual”.

Pero el consumo capitalista se caracteriza también por su dificultad para establecer vínculos mentales entre una mirada, un gesto del dedo, un trabajo bien hecho o un placer banal y un paisaje de ruinas, a miles de kilómetros del supermercado, en el que están muriendo niños a los que no odiamos; niños que, al contrario, cuando nos los muestran por la televisión, nos enternecen y nos aturden de compasión. Como el piloto del bombardero, vemos el mundo en las vitrinas de las tiendas y en las pantallas del ordenador y somos antropológicamente incapaces de imaginar ahí ningún efecto negativo o destructivo. Los muertos, las ruinas, los hambrientos, son sólo los “restos” o “residuos” de nuestros placeres más inocentes.

Desde nuestros placeres no podemos imaginarnos a Mohamed Khan, de ocho años de edad, quemando un ordenador en Karachi como tampoco desde el sufrimiento de Mohamed Khan puede imaginarse el uso que hacemos los occidentales del ordenador. ¿Por ejemplo? Más de 24 millones de páginas de Internet son de contenido pornográfico (el 12%) y cada segundo 28.258 internautas están viendo pornografía. Cuarenta millones de estadounidenses visitan regularmente estas páginas web, con un volumen de negocio de 2.350 millones de euros al año (más de 4.000 en todo el mundo). El 25% de las búsquedas en la red y el 35% de las descargas son de carácter pornográfico y todos los días se registran 116.000 búsquedas con el rótulo “pornografía infantil”. El 20% de los hombres reconoce ver pornografía mientras está en el trabajo y la edad media en la que un niño estadounidense comienza a frecuentar páginas de contenido sexual es de 11 años.

Mucho más pornográfica que la pornografía misma es la relación inimaginable entre los que miran el ordenador en Utah o Madrid y los que los queman en Ghana y Karachi.

Desde 1945, sí, está prohibida la guerra y están permitidos los bombardeos.

 

La Calle del medio [Nº 28, agosto 2010]

Zapatero respalda la "causa justa palestina" mientras apoya a Israel

Zapatero respalda la "causa justa palestina" mientras apoya a Israel

 

Gonzalo Sánchez / Tercera Información/08-09-2010

 

José Luis Rodríguez Zapatero se reunió ayer con el primer ministro de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Salam Fayad, para respaldar a la ANP en el diálogo que se está llevando a cabo en Washington, la capital de los Estados Unidos de América (EUA), entre palestinos e israelíes. El presidente español dió su "más firme apoyo" al pueblo palestino apoyando su "causa justa".

Además el líder del ejecutivo español espera que el diálogo impulsado por el presidente Barack Obama, "concluya bien y que cumpla con la justicia histórica para Palestina. Que concluya con unas reglas de convivencia con todos los países y, especialmente, con Israel".

Mientras tanto el gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) dirigido por Zapetero, ha vendido armas a Israel, país que lleva adelante una política de invasión violenta a Palestina, por valor de 4.446.245 euros solo en los años 2007 y 2008. Tanto antes, desde 2003, hasta los últimos datos aportados por el propio gobierno español que datan del año 2009 cada año esta inversión ha superado con creces el millón de euros.

Entre las armas que se vendieron en los años 2007 y 2008 se encuentran fusiles, carabinas, revólveres, pistolas, pistolas ametralladoras, ametralladoras, silenciadores, bombas, torpedos, granadas, botes de humo, cohetes y minas entre otros. Normalmente los destinatarios de este material bélico son las Fuerzas Armadas de Israel, las cuales recibieron más del 94% del armamento que se vendió al país hebreo en el año pasado.

También los activistas españoles que sufrieron el ataque militar israelí a bordo del barco de ayuda internacional con destino a Palestina llamado "La Flotilla" han criticado duramente al gobierno por el mal trato que les dispensó y por no haber actuado con firmeza frente a ese ataque desmedido de Israel, por el que murieron varias personas inocentes y la ayuda no llegó a la población palestina, cercada por el gobierno israelí.

Homenaje a Carlo Terracciano

Homenaje a Carlo Terracciano

Con motivo de cumplirse este pasado día 3 el quinto aniversario del fallecimiento del  escritor y politólogo italiano Carlo Terracciano, al que tuvimos el alto honor de conocer en persona algunos años antes de su muerte y con quien mantuvimos una breve pero intensa colaboración personal, "Antagonistas" quiere rendir un modesto y sincero homenaje reproduciendo aquí un antiguo texto (escrito en 1984) traducido por nosotros y publicado en español en la web de Resistencia.(A.Beltrán)

 

 

 

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Los jardines de Allah 

 

 

 

 

por Carlo Terracciano 

 

 

 "He rogado a Dios para que me iluminara y Él, en su infinita bondad, me ha hecho recordar las caravanas hacia la Ciudad Santa.. Te he visto pueblo mío; mientras preparabas bajo mi mando tu peregrinación (de Ciudadela, CXCIX, de A. De Saint-Exupéry).

 

 

"En nombre de Dios el Clemente y Misericordioso... palabras repetidas desde hace más de un milenio desde lo alto de los minaretes o en el interior de las mezquitas que adquieren hoy nueva vida, corren ligeras sobre las ásperas montañas y las áridas llanuras, traspasando continentes y océanos, atravesando las inútiles fronteras marcadas por la ambición de los poderosos, como un viento casi furtivo al principio, imperceptible, que crece luego y arrecia y prorrumpe al fin; viento furioso de los desiertos que levanta millones de granos de arena durante tanto tiempo inmóviles en el ardor incandescente del verano, en el frío lunar de una noche demasiado larga. Un gigante se despierta de un sueño secular y el grito liberador de todo un pueblo, de millones y millones de hombres y mujeres se funde con el grito furioso del desierto e irrumpe en las inmensas avenidas de Teherán, para gritar al mundo entero, sorprendido y atónito, la buena nueva del más grande acontecimiento histórico de esta segunda mitad del siglo XX que prepara ya la inminente llegada del Tercer milenio para los demás pueblos del mundo: ¡el Islam ha resurgido!

"Allah akbar... se corea ya desde Marruecos a Indonesia, de un extremo a otro del globo. Y lanzando este grito de batalla que es también profesión de fe y reivindicación de una reencontrada identidad total con la propia tradición, millones y millones de combatientes se ponen en marcha, prestos a afrontar con alegría el martirio, para realizar esa Revolución Tradicional, esa restauración de Valores eternos por las que otros millones de soldados de Europa y de Asia inmolaron su vida en el más grande holocausto bélico de todos los tiempos.

La misma meta final, el mismo espíritu de sacrificio que animó y anima a pueblos tan lejanos y diferentes entre ellos.

"¡Judíos! Si pretendéis ser los amigos de Dios, con exclusión de otras gentes, entonces ¡desead la muerte, si sois consecuentes! (Corán, LXII,6).

Y, en fin, los mismos enemigos de siempre, los mismos de todas las gentes durante milenios. Detrás del materialismo ateo y consumista, del modernismo disgregador de las diferenciaciones naturales y especifidades etno-culturales, detrás del Gran Satán del imperialismo monopolista de más allá del océano, el racismo de los hijos de Israel, el Sionismo cosmopolita y mundialista mueve los hilos del complot mundial del oro contra la sangre, de los amos de la tierra contra los pueblos esclavizados por el vellocino de oro. De todo esto, el fanático nacionalismo militar-religioso del "estado israelí" no representa más que la punta de un iceberg que aflora en el mar de arena de una tierra que no les pertenece.

¿Pero cómo ha sido posible toda esta renovación? ¿Quién ha podido conmover los fundamentos de la prepotente arrogancia de los poderosos, derribar tronos aparentemente invencibles, esparcir el terror entre los falsos profetas de la fatalidad y de la sumisión incondicional, quitar la máscara a los viles y a los sátrapas que, agentes mercenarios de los bancos y de los trust internacionales, gobiernan sus respectivas masas embrutecidas por la miseria secular y el modernísimo lujo?

Para bochorno de los "doctos sociólogos y politólogos que peroran sobre el universo mundo eternamente desmentidos por los acontecimientos del día después, a despecho de los intelectuales impotentes e hipercríticos que venden sus servicios a los poderosos de turno para avalar la explotación interna e internacional de sus propios países, una vez más en la historia un hombre se ha hecho portavoz de todo su pueblo, de la Umma, de la comunidad de los creyentes y de la tradición de los antepasados. "Es el jefe quien marca la diferencia entre un pueblo y un rebaño". Una voluntad se ha impuesto tras años y años de cárcel, de exilio, de persecuciones, para guiar a su gente por el camino de la liberación viril, de la toma de conciencia, de la movilización total en la lucha contra la corrupción en la tierra; corrupción occidentalista que había sido el caballo de Troya para penetrar en el país, debilitarlo, encadenarlo al carro triunfal de la american way of life. Él por contra la ha lanzado a la Jîhad, a la Santa Guerra de los Justos contra los opresores del mundo. Guerra exterior e interior, guerra del Hombre Nuevo, renovado por el espíritu e "iniciado por la sangre", guerra total, absoluta, sin tregua ni armisticio hasta la definitiva destrucción del Enemigo físico y metafísico del hombre. Guerra del pueblo, pues, guerra de Dios. Quien ha hecho posible todo esto y ha abierto a la esperanza los corazones de todo el mundo es Rûhollah al-Musavi al-Jomeini, el Ayatollah Jomeini, el Imam del nuevo Irán que preanuncia con su llegada el final de un ciclo profético y la constatación de los textos sagrados de las distintas religiones y de la Tradición Una.

Cuando el 30 de enero de 1979, tras la ignominiosa fuga de un sha que no supo caer en pié abandonando a los hombres que querían salvar su trono de la ira popular, el gobierno fantoche del renegado Bakthiar cedía a la voluntad de la nación y reabría el aeropuerto de Teherán para el regreso de Jomeini, se iniciaba para Irán, la antigua "tierra de los Arios", una gloriosa aventura.

Este pueblo que se diferencia de sus vecinos árabes por la especificidad chíita de su religión y por la pertenencia etnohistórica a la gran familia indoeuropea, se encaminaba hacia su destino sacrificial. Así como un 30 de enero de tantos años atrás otros hombres habían tomado en sus propias manos el destino de la patria oprimida y de toda Europa. Una comunión histórica que resulta todavía más evidente si se piensa solo en lo que representó aquella revolución nacional también para el mundo islámico de entonces, representado por el Gran Muftí de Jerusalem y por las divisiones SS musulmanas así como en la esperanza de los libertadores antiingleses del norte de Africa. Y no es casualidad que ya entonces las potencias occidentales colonialistas, Gran Bretaña y USA a la cabeza, impusieran a la recalcitrante Persia al sha Reza Pahlevi para cortar de raíz los sentimientos pro-Eje de la población, como habían abatido al gobierno iraquí de Rashid Alí.

No es casualidad, tampoco, que los mismos enemigos y sus siervos mercenarios por todo el mundo lancen contra el gobierno islámico de Teherán la "acusación" de fascismo, de exterminio de minorías, de antisemitismo, etc... También la guerra de las palabras tiene sus frentes, sus victorias y sus derrotas; aceptar, por parte iraní, la terminología y las interpretaciones históricas del adversario sería no sólo autolesivo, sino objetivamente una forma de colaboracionismo con el enemigo.

"Y no penséis que quienes han caído por Dios hayan muerto. ¡Al contrario! Están vivos y sustentados junto a su Señor... ( Coran, III, 169 ).

Cuando el 1 de febrero de 1979 el Ayatollah Jomeini descendió del cielo de Teherán en medio del delirio de millones de seguidores, que habían desafiado el enésimo toque de queda para recibirlo tras quince años de exilio, llegó a su término una larga fase revolucionaria, de persecuciones y de masacres por parte del régimen, iniciada en el lejano junio del 63 con 15.000 (!) víctimas cuando el régimen tàghuti [= satánico, ndr.] del sha encarceló y después obligó a exiliarse a Jomeini, primeramente en Turquía, luego en Iraq y en Francia. Transcurrió decenio y medio de silencio, de preparación dentro y fuera del país, de estudios y meditaciones, para llegar a los días gloriosos del 78. Las primeras víctimas habían caído en la ciudad santa de Qom donde el entonces veinteañero Jomeini era seguidor del Ayatollah Haieri, después en Tabriz, en Ispahan y luego por todo Irán. Tras tantos años un nuevo baño de sangre (incluida la misteriosa muerte en Iraq del amado hijo Mustafá) hasta llegar al "viernes negro" de Teherán, aquel 8 de setiembre (¡poderosas coincidencias históricas!) cuando el mundo asistió horrorizado a la matanza premeditada de millares y millares de ciudadanos inermes segados por el plomo de soldados, policías, miembros de la tristemente famosa SAVAK. Los cuerpos ensangrentados de hombres, mujeres y niños cubrieron literalmente amontonados la plaza Zàle, hoy rebautizada en su memoria como Meidàn-e-Shohada (Plaza de los Mártires). Pero cuando la revolución está enraizada en el pueblo ni siquiera las armas más sofisticadas ni las más abierta brutalidad pueden detenerla, y así el 11 de noviembre del mismo año en el día de Ashurá del mes de Moharram -día sagrado para los chiítas que recuerdan con procesiones y autoflagelaciones públicas el luto por la muerte del tercer Imam, Husayn, nieto del Profeta, caído en Kerbala sobre el Eufrates en el 680 d.C. (10 de Moharram del año 61 de la Egira) - veinte millones de iraníes desafiaban al régimen filo-americano al grito de "Allah akbar" ocupando las calles y las plaza de todo el país. En octubre se produce la profanación de la mezquita de Karman y la insurrección popular de Hamedàn con la quema de la sede del partido gubernamental, el Rastàkhiz. En diciembre, la ocupación de la universidad, centro de la resistencia islámica. Se asiste ya a los últimos coletazos de un régimen moribundo: las feroces dictaduras plutocráticas se manchan las manos con la sangre inocente cuando sienten próximo su final.

Irán semejaba entonces un inmenso matadero: de Shiraz a Tabriz, a Mashad, Sanandag, Qazvin y centenares de pueblos y aldeas los combatientes de la fe caían a cientos. Sin embargo, el día de la liberación estaba ya próximo y ni siquiera la tentativa in extremis del renegado Shapur Bakhtiar podía detener el curso de la historia. Desde el retorno del Guía de los Creyentes al seno de su pueblo, hasta los enfrentamientos y ocupaciones del 11 de febrero, la revolución islámica triunfaba (21-22 Bahman del 1357 de la Egira). Era la "Decena de Fajr" (el paso de las tinieblas a la luz), la cisura entre dos épocas, los diez días que transformarán el mundo futuro.

Pero no por ello cesó el martirio, tanto individual como colectivo, entre atentados y agresiones imperialistas, hasta llegar a la invasión militar del régimen bàasista ateo de Bagdad en la "guerra impuesta que dura ya cuatro años [recordemos que este texto es de 1984, ndr.]. Entre los primeros mártires recordemos las muertes violentas del presidente de la República Rajai, del primer ministro Bahonar, de los Ayatollah Dastgheib, Madani y Muttahari. Así hasta llegar al 28 de junio, cuando en la explosión de la sede del Partido de la República Islámica fueron martirizados 72 de los más altos dirigentes de Irán. Todos estos delitos llevaban directa o indirectamente la firma de los sedicentes Mojaheddines del Pueblo, la organización terrorista marxista a las ordenes del imperialismo internacional. Sin olvidar a aquellos intelectuales que ya han sacrificado su vida en Iraq como el Ayatollah M.S. Bagher y su hermana, o los ejecutores de Sadat en Egipto, asesinados tras un proceso sumario y previamente torturados: Khaled Islamboli y sus cuatro compañeros.

La lucha contra el terrorismo interno, contra los enemigos de la revolución camuflados a veces como simpatizantes y dirigentes (es el caso de Bani-Sadr) ha sido dura y todavía prosigue. Desde los ya citados Mojaheddines que disparaban a la gente por las calles de Teherán hasta la secta religiosa Bahài (cuyos estrechos vínculos con el neocolonialismo y con el sionismo internacional están ampliamente documentados), hasta la eliminación del partido filo-ruso Tudeh, sin apoyo popular pero peligrosísimo.

La propaganda pro-occidental y pro-americana que durante los días de la revolución acusaba a Jomeini de hacer el juego a los comunistas y a Rusia, para engañar a las crédulas derechas reaccionarias y conservadoras de Europa y de América, ha callado desmentida una vez más cuando el nuevo Irán nacional y revolucionario ha desenmascarado la conjura comunista del Tudeh en su propio territorio. Ha callado frente a las aplastantes confesiones autocríticas realizadas espontáneamente por el propio secretario del partido comunista Nuroddin Kianuri, por Ben Azin y por todos los dirigentes: espionaje y connivencia con la URSS desde el principio, introducción de armas, conspiraciones secretas, infiltración en el ejército, etc.

Mientras tanto se desarrollaba la lucha por la liquidación de las estructuras del viejo régimen y, en particular, la ocupación de la embajada americana, el "nido de espías de la cual partían todos los hilos conspiratorios a favor de la contrarrevolución capitalista. Desde el 4 de noviembre del 79 los jóvenes estudiantes revolucionarios de Irán apoyados por las masas populares mantuvieron en jaque durante 444 días la arrogancia del ejército más poderoso del mundo, no obstante la fracasada operación en el desierto de Tabas ordenada por Carter y en la que verdaderamente pareció que una intervención no humana había confundido y dispersado a los invasores que se mataban ellos mismos.

Pero la lucha de Irán en todos sus componentes étnico-religiosos no se detiene aquí. El nuevo Irán ha creado las estructuras revolucionarias del Nuevo Orden. Estas, aún en la especificidad de una república islámica chiíta duodecimana (los Doce Imam), son hoy ejemplo para todos aquellos países (islámicos o no) que quieran seguir el modelo de la vía iraní hacia la liberación nacional. La misma Constitución de la República Islámica de Irán, en vigor desde el 30-31 de marzo de 1979, reconoce a todos los pueblos el derecho a la independencia, a la libertad, y a un gobierno justo. En el art. 154, Irán "mientras se abstiene de la intervención en los asuntos internos de otros pueblos, apoya las luchas de todos los oprimidos del mundo". ¿Y acaso no ha sido el propio Imam Jomeini el que ha dicho: "La democracia es Occidente. Nosotros no queremos saber nada de Occidente y de su anarquía"?. Y Occidente está contra Europa como contra el Islam y el mundo entero. El Irán revolucionario ha constituido la Asamblea Nacional y el Sistema de Consejos (de pueblo, de distrito, de ciudad, de provincia, de región); una república de consejos dentro de la fe en Dios. Pero sobre todo la figura del Jefe de la Revolución, de un Faqih, siempre en espera del advenimiento del Mahdi que sella el final de un ciclo y la llegada de una nueva edad de oro, en la interpretación islámica del término. Una "regencia en definitiva en espera del Soberano Universal". A través de los distintos organismos la participación directa del pueblo queda asegurada fuera de la democracia partitocrática y expresamente contra ella.

Es, por tanto, la institucionalización de la única revolución tradicional en la segunda mitad del siglo XX, conducida (para usar la categoría weberiana) por un figura carismática; para tranquilidad también de los papagallos de los mass-media occidentales que espían la salud de Jomeini en la esperanza de que su desaparición hunda al Irán post-jomeinista en el caos y en la abyección del pasado. Porque lo que más temen los imperialista americanos, los neocolonialistas rusos, el sionismo internacional e israelí, los gobiernos corruptos y sometidos de los distintos países árabes y todos los siervos del imperialismo de las multinacionales, de Wall Street y de la City, es el ejemplo que Irán puede representar para todos los pueblos. Porque este país está demostrando día a día con su sola existencia que no sólo se puede vivir libre, sin la "protección americana" para no caer en los brazos del oso moscovita, sino combatiendo a ambos en todas partes. El ejemplo iraní como el de la resistencia afgana es un enfrentamiento cotidiano contra las superpotencias que chantajean al planeta con el terror atómico. Ya el ejemplo de una religión que empuña las armas y se hace etimológicamente revolución, para re-volver a los propios orígenes llevando adelante la lucha contra la conservación del status quo es desconcertante para ellos. El Verbo jomeinista se propaga ya por Oriente Medio, Líbano, Egipto, Africa del Norte y por todo el continente negro. Desborda los mismos límites islámicos como en el caso de la feroz revuelta de los Sijs en la India modernizante y dictatorial de la Gandhi, pone en efervescencia pueblos que parecían haber desaparecido de la historia de la humanidad: Armenios, Kurdos de Iraq y Turquía, los 55 millones de musulmanes sometidos a Moscú en el centro de Asia. ¡Estas son las verdaderas bombas y minas islámicas! El ejemplo creativo del Irán actual es también bien visible en las instituciones que aseguran la continuidad contra el reflujo moderado: nos referimos a organismos como el ejército de los "Guardianes de la Revolución Islámica", la "Movilización de los Desheredados", la "Jîhad de la Reconstrucción", etc.

"A quienes hayan creído y obrado bien hemos de hacer que entren a formar parte de los justos ( Corán, XXIX, 9).

Los ya míticos Pasdarán, los Guardianes de la Revolución que incluso en el nombre evocan el ideal platónico (Maestro conocido y estimado por Jomeini), son la milicia armada que, a las órdenes del Guía de los Creyentes y de la autoridad, representan de forma más directa los ideales revolucionarios, defendiéndolos con las armas en la mano de cualquier agresión interna o externa y difundiéndolos con la enseñanza y el ejemplo de su estilo de vida. El tributo de sangre que, por ejemplo, han tenido que pagar por detener con sus cuerpos la invasión iraquí de setiembre de 1980 ha sido altísimo. Ojos de la revolución, de ellos el Imam ha dicho: "Si no hubiera existido el ejército de los Guardianes, el país tal como es hoy no hubiera existido". El futuro del país está en las manos de este cuerpo de elite militar y político, de estos jóvenes soldados revolucionarios cuya única divisa es una cinta de tela en la frente que hace de ellos, como los kamikazes japoneses de la segunda guerra mundial, los consagrados al martirio. La mano sobre el corazón en el juramento, metralleta a la espalda, ojos fijos en una meta que está "más allá de lo humano, el ejército de la revolución avanza hacia su Destino. Detrás de ellos, la "Movilización de los Desheredados". Con este organismo 20 millones de combatientes y trabajadores, los dirigentes iraníes han puesto en el campo de batalla el más grande ejercito popular del mundo. Pero no es éste su único cometido. Tras las destrucciones bélicas y la dictadura el país está destrozado, desarraigado de las propias tradiciones, debiendo ser reconstruido material y moralmente. No olvidemos que Irán es aún un país fundamentalmente agrícola. La "Jîhad-e-Sazandegi, la Guerra Santa de la Reconstrucción" debe pues abandonar los campos de batalla. Milicianos revolucionarios ayudan a los campesinos en su trabajo, en la irrigación de los cultivos, en los hospitales, en la escuelas de alfabetización de niños mediante el Corán y los textos de la Revolución. Todo el mundo islámico tiene los ojos puesto en estos hombres. El ejemplo es siempre más válido que muchos discursos: ¿no decía José Martí que "el mejor modo de decir es hacer"?.



Si el pueblo no abandona la Revolución sino que la defiende y la vive día a día con el trabajo y el sacrificio, si la figura de los mártires es el ideal supremo de la nación, el gobierno no abandona tampoco a sus mejores y más queridos hijos. La "Fundación de los Mártires" ayuda moral y materialmente a aquellas familias privadas de sostén por la desaparición de los combatientes o por la invalidez permanente que hace de ellos "mártires vivientes". Así, estos pueden estar seguros que su muerte no reducirá a la miseria a sus padres, mujeres e hijos. Aun cuando en ciertas ocasiones se debe obligar a los familiares a aceptar dichas ayudas; como demuestra el ejemplo de aquella madre que, aun dentro de la pobreza de una familia obrera y con el dolor de un hijo muerto en la guerra, quería a toda costa donar su pulsera, uno de los escasos bienes que poseía, a Jomeini (cuyo ascetismo de vida es quizá caso único en un jefe de estado viviente).

"Pero los creyentes y las creyentes son amigos unos de otros. Ordenan lo que está bien y prohiben lo que está mal. Oran y dan limosna y obedecen a Dios y a Su Enviado. De ésos se apiadará Dios. Dios es poderoso, sabio. ( Corán, IX, 71 ).

Una madre, una mujer iraní que habría honrado a las mujeres de la antigua Esparta. Sí, porque uno de los mayores éxitos del gobierno iraní ha sido precisamente el de la liberación de la mujer. Esas mujeres que han contribuido no poco a la revolución misma siguiendo y a veces precediendo a sus hombres ante las bocas de los fusiles de la dictadura, a menudo con sus pequeños en brazos. Jóvenes o ancianas, cultas o analfabetas, mujeres del campo o de la ciudad, magníficas mujeres del Irán moderno que con su cotidiana abnegación, con la educación impartida a sus hijos, desmiente en los hechos la vergonzosa campaña propagandista de los occidentales. Mucho se ha ironizado (y se comprende con que intención) sobre el châdor así como sobre los castigos islámicos frente al libertinaje. Pues bien, para las mujeres iraníes el châdor se ha convertido en una bandera de lucha revolucionaria, una auténtica bandera de libertad dentro de la tradición. Quedan muy lejanos los días de las "nenas occidentalizadas", de las putas de lujo de los barrios altos de Teherán, de la riquísima burguesía compradora sometida a los intereses extranjeros que tenía como ejemplo a las mujeres y a las concubinas del Shá y de sus altos dignatarios. Mujeres maquilladas como ridículas meretrices callejeras, vestidas con sedas preciosas, con joyas cada una de las cuales había sido labrada a fuerza del sudor y de la sangre de las mujeres y de los hombres de Irán. Estas modernas nenitas tenían como ejemplo las varias Soraya y Fara-Diba o Ashraf, traficante internacional de drogas, la poderosa hermana gemela del Shá más conocido en las crónicas mundanas de la jet-set que en las páginas de una historia plurimilenaria que precisamente él ha contribuido a enterrar. La nueva mujer iraní de hoy ha arrojado a la basura (en el caso de haberlos tenido y usado) los lápices de labios, las cremas, los vestidos de moda. Se ha endosado el châdor nacional como un uniforme militar, y ha salido a las calles, a menudo con el fusil en bandolera, al lado de los hombres (¿y quién no recuerda las imágenes de la revuelta chíita en Beirut con las mismas mujeres con châdor y metralleta?); apresurándose hacia las fábricas, los hospitales, oficinas, embajadas, escuelas, en los campos, en cualquier parte en que se requiera su presencia. La nueva mujer iraní ha escupido sobre las falsas libertades ofrecidas por el modelo societario extranjero: la libertad de drogarse, la libertad de abortar, la libertad de prostituirse el cuerpo y el alma, la libertad de deber escoger entre la cadena de montaje y el prostíbulo para no pasar hambre. Sus modelos ideales son Khadigé, Fátima, Samiye la primera mártir del Islam. Su carácter es duro como el de las antiguas romanas o como el de la madre del último rey de Granada que apostrofó a su lloriqueante hijo por la pérdida de la ciudad: "¡Haces bien en llorar como mujer lo que no has sabido defender como hombre!. Châdor, metralleta y computadora: tradición y auténtico progreso, revolución y restauración de los valores de la vida dignos de ser vividos. Sólo una plurisecular desinformación y la mentira pueden hacernos creer a los europeos que no sea ésta la solución para el futuro del mundo. Y hoy la familia iraní es la más unida y feliz del mundo porque está cimentada por la praxis revolucionaria cotidiana, por un único ideal de vida y de lucha, por una fe unívoca y total en el Islam revolucionario y en su Guía.

Mientras tanto los capitalistas mundiales babean de rabia impotentes y temen por el futuro. De hecho, han perdido un gran mercado potencial para sus productos de consumo y de lujo, para su publicidad salvaje, para empujar a las mujeres primero y después a toda la familia a la adquisición de productos que han transformado en esclavos voluntarios a miles de millones de personas. ¿Y si el ejemplo de la mujeres iraníes se difundiera? ¡Sería su final! La guerra revolucionaria se combate también arrojando al basurero las joyas y la Coca-cola. Rechazando igualmente, además, otras seducciones más directamente mortíferas. De la droga al alcohol, de los juegos de azar en casinos para multimillonarios jubilados que disipan en una noche sobre el tapete verde la vida de centenares de trabajadores, a la difusión de una seudocultura hecha de música negroide americanizada, de moda americanizada, de filmes y espectáculos televisivos americanizados , de pornografía y depravaciones de cualquier especie, todo ello impuesto por el Gran Satán de allende el océano para envilecer y desvirilizar los pueblos a dominar. De todo esto el gobierno islámico del Imam Jomeini ha creado un memorial, un museo de los horrores para diversión y enseñanza de futuras generaciones. Los planes previstos en Los Protocolos de los Sabios de Sión parecían ya completamente realizados, pero la rebelión de un pueblo solo a trastornado a los hijos de Israel y a puesto todo en causa.

Entonces, si el dinero, la corrupción, la impiedad nada pueden, el imperialismo y el sionismo, como en 1939-40, pasan al terreno de la acción directa. Utilizan naciones enteras como fichas de un rompecabezas y a gobernantes enfermos de ambición como marionetas movidas por hilos invisibles. ¡Y es la guerra!

"Los creyentes combaten en el camino de Dios, y los infieles en el camino de Tagut. Combatid, pues a los partidarios de Satán y sus estratagemas serán impotentes (Corán, IV, 78).

La tarde del 22 de setiembre de 1980 el régimen baasista de Irak invade con doce divisiones el territorio de la República de Irán después de que una serie de bombardeos terroristas tipo "alfombra" hayan sembrado de muerte muchas ciudades iraníes. Saddam Hussein pretende realizar un paseo militar hasta Teherán y califica su invasión de "batalla de Quadsiye", en recuerdo de aquella de 636 que, con la de Basora en el 656, abrió a la invasión árabe las puertas de Persia. Pero se equivoca.

No obstante el acuerdo político-militar que liga a Hussein con la Unión Soviética, y el apoyo americano, no obstante las armas francesas y el dinero y el petróleo de todos los países árabes, no obstante los planes sionistas para detener la avanzada islámica hacia Jerusalem, no obstante la hipocresía de la ONU y el poder ilimitado de las multinacionales, no obstante todo y todos, el ejército y el pueblo de Irán, guiados por las vanguardias revolucionarias y por el ejemplo de los mártires, han sabido frenar la invasión, dar la vuelta a la situación y cuatro años después de aquel día se combate hoy sobre suelo irakí, ya no es la guerra de agresión de Hussein y su camarilla de Takrit por cuenta de los hegemonistas mundiales, sino la guerra de liberación del pueblo musulmán de Irak (cuya mayoría es de orientación chiíta ), además de serlo por la liberación de los lugares santos del chiísmo en aquel país árabe. El camino hacia Jerusalem pasa por Bagdad.

De nada le han servido a los irakíes los pertrechos más sofisticados: de las armas químicas utilizadas contra toda convención internacional, a los misiles franceses exocet, a los Super-Etandard, a los bombardeos de petroleros en el Golfo Pérsico para justificar la implicación internacional en la guerra y la salvación del régimen de Bagdad. Un pueblo que ha sabido crear jóvenes que se lanzan a través de los campos de minas colgada al cuello una llave simbólica que abre las puertas del Paraíso no podía perder. "Se mate o se muera, de cualquier modo, nosotros venceremos", ha dicho Jomeini; "A nuestra arma, ´Allah akbar`, ninguna otra arma en el mundo se puede oponer".

Semejante pueblo no puede ser derrotado: de hecho ha vencido ya, demostrando una vez más en la historia que una pequeña nación unida logra mantener en jaque a las naciones más poderosas de la tierra. Los amos del mundo, los gobiernos imperialistas y sus sicarios conocen bien esta lección, pero nunca lo bastante como para no intentarlo de nuevo. ¡La infección iraní - dicen - no debe difundirse!. Hay más en juego que el régimen de un Saddam Hussein, Y es en efecto la primera vez, desde la derrota de la Alemania nacionalsocialista en 1945, que todas las superpotencias mundiales, los plutócratas y los marxistas de todo el mundo, reyes y presidentes, dictaduras y democracias están de acuerdo en detener la marcha triunfal del Irán de Jomeini. Los sionistas y los hebreos de New York y Tel Aviv, de Londres y de Moscú saben ya que el Imam ha proclamado el último viernes del mes de Ramadán como "jornada mundial de Quods", de Jerusalem libre finalmente. Por lo demás, "desde el principio" el movimiento islámico es atormentado por los hebreos, que pusieron en marcha su acción hostil inventando falsedades acerca del Islam, atacándolo y combatiéndolo, Esto ha continuado hasta nuestros días (Jomeini).

Los capitalistas yanquis han experimentado ya sobre su propia piel la ira del pueblo islámico de Irán y del resto de los países musulmanes. La aventura libanesa costó tan cara al pueblo americano que debería darse cuenta ya que la época del colonialismo de las cañoneras, habitualmente enmascarado, ha terminado para siempre. Los conductores suicidas de Beirut que se inmolaron en coches-bomba, la sonrisa en los labios como jóvenes kamikazes, se unen idealmente a los jóvenes inmolados sobre el frente irakí. Por ello, los americanos prefieren ahora utilizar también tropas coloniales europeas, en Beirut como en Suez. En este triste mercado de carne humana el gobierno colaboracionista de Italia está en primera fila para suministrar carne de cañón a la política exterior de USA, garantizándose con tal moneda de cambio la supervivencia política y física a la sombra de las bayonetas americanas.

Más aún: ¡si Washington llora, Moscú no ríe! Desde el Caucáso al Asia Central cerca de 55 millones de musulmanes (con una tasa de natalidad del 2,8% frente al 0,8 del resto de la población) miran hacia Teherán, a la que le ligan vínculos religiosos e históricos. El tiempo trabaja a su favor y en contra de los nuevos zares rojos del Kremlin. Pero allí donde el enfrentamiento está ya en acto desde hace años, en Afganistán, los rusos degustan como aperitivo una guerra religiosa y de liberación nacional. Los Muyahiddin afganos, escasamente armados, a veces solo con viejos mosquetones del siglo XIX, pero con una fe increíble, mantienen en jaque a un ejército más numeroso y pertrechado y los pocos soldados que todavía no han desertado de los distintos gobiernos fantoches marxistas mantenidos en pie por Moscú. Un millón de afganos han encontrado refugio y protección dentro de las fronteras de Irán. Esfuerzo sobre el cual la prensa internacional calla cuidadosamente (como ya calló las primeras derrotas iraquíes). Y todo ello, no se olvide, en un país empobrecido ya de por sí y en guerra sobre su frente occidental. La solidaridad islámica ha empezado a funcionar y dará bien pronto sus frutos. Amargos frutos para los colonialistas viejos y nuevos.

Demasiado a menudo el marxismo mundial ha instrumentalizado en beneficio propio las justísimas ambiciones a la independencia y a la libertad nacional del llamado tercer mundo y sólo para imponer a aquellas gentes una dictadura más brutal aún que la precedente apenas recién caída ésta. ¡Llegó la hora del ajuste de cuentas! El apoyo moscovita a la guerra de Saddam Hussein puede aplazarla un poco solamente. El imperio ruso, verdadero gigante con pies de barro, siente crujir cada vez más el muro de esas cárceles de los pueblos levantado durante casi 70 años. Sólo la connivencia-concurrencia con el imperialismo hermano de los salvajes civilizados, de los bestias americanos, puede dotar aún de munición a la propaganda mercenaria camuflada de ideologismos.

Una vez más todavía los dos vampiros que se han repartido los despojos de Europa y del mundo en Yalta, se sostiene mutuamente y se autojustifican en un bien planificado juego de las partes.

Pero es precisamente con relación a esto que la experiencia acumulada por la revolución islámica de Irán puede resultar preciosa para nosotros europeos, y para todos los pueblos amantes de la libertad y de la paz, y de la libertad más que de la paz. Para todos aquellos que en suma han comprendido de qué manera USA y URSS, bancas y multinacionales, partidos y sindicatos con las bendiciones papales, están empujando al mundo al borde del abismo para salvarse ellos mismos. Irán, ese Estado de Platón del siglo XX, representa cada vez más un punto de referencia obligado. Tampoco el chantaje nuclear "rinde" ya como antes; al contrario, empuja a los pueblos a escapar del papel de carne de matadero al cual las dos superpotencias los han destinado. Los viajes propagandísticos de los diferentes papas y las llamadas a la moderación (es decir, a la conservación) de todas las iglesias hacen cada vez menos mella, mientras que cada vez es más claro el cinismo que contienen. "La moderación es otra de esas palabras que gustan usar los agentes del colonialismo, que son moderados como todos los que tienen miedo o que piensan traicionar de alguna forma. El pueblo no es para nada moderado, decía Ernesto "Che" Guevara. Y si ciertos moderados "pastores de almas" en vez de intervenir en defensa de los intereses americanos en Irán hubieran actuado en su propio país de origen con la misma determinación que el Imam Jomeini en el suyo, hoy otro pueblo estaría en condiciones de recoger del fango la bandera nacional de la cruzada contra el ateísmo marxista y la ocupación extranjera.

¿Puede entonces ser exportada la experiencia iraní? La eterna pregunta de la historia se repite, ¿Qué hacer?

Es cierto, no nos hacemos ilusiones sobre el hecho de que un país no musulmán (y ni siquiera...cristiano) como es el nuestro, pueda seguir la enseñanza de Jomeini y el ejemplo de los mártires de la fe. Otras latitudes, otra fe, y sobre todo, ay de nosotros, otros pueblos...! Y sin embargo si se discrimina la enseñanza de esa revolución de sus contingencias y de su propia especificidad, subsiste todo cuanto basta para orientar en la dirección justa los esfuerzos de las vanguardias revolucionarias. Irán ha abierto el tercer frente; el frente de aquellos pueblos que, lanzados al reencuentro de las propias raíces étnicas y culturales, han sabido fundir tradición y revolución, han re-descubierto la sustancial unidad de éstas en una Revolución Tradicional planetaria que tiene escaso parangón en la historia del hombre.

En otro sitio habíamos trazado las líneas esenciales, tácticas y estratégicas, de política interna e internacional que nos proponíamos como modelo. Será suficiente subrayar aquí la importancia que reviste para nosotros la superación de los vacuos ideologismos que los extranjeros del este y del oeste nos han impuesto para dividirnos y someternos mejor. El materialismo, marxista o consumista americano, es una misma moneda con dos caras: si la moneda es falsa, y lo es, una de las dos caras vale tanto como la otra, y las dos sirven para engañar la buena fe de quien la usa en su nombre enriqueciendo a los falsificadores y explotadores de todo el mundo.

Pero primeramente la guerra revolucionaria se combate desde el interior, entre el pueblo, movilizándolo en torno a temas reales y vitales, y no como condescendiente retaguardia sino como vanguardia consciente. Ni detrás ni demasiado adelante a fin de no perder el contacto con las masas populares y la realidad mucho antes aún la Gran Guerra Santa debe librarse, con el ejemplo cotidiano, en nosotros mismos. "El auténtico individualismo significa todo el individualismo al servicio absoluto de una comunidad". Es siempre Ché Guevara quien nos lo recuerda. ¿Y acaso no es éste el ideal del hombre integral alabado ya en Platón por boca de Sócrates? "La más grande lucha, enseña el platónico Jomeini, es aquella que trata de romper las cadenas que nos atan al mundo, matando en nosotros el amor por las cosas terrenales"... Los agentes del imperialismo tienen miedo al Hombre, en la verdadera acepción de la palabra.

Así pues, para combatir al imperialismo es preciso antes de nada convertirse en hombres; hombres totales, esto es hombres que aun luchando en este mundo, estén ya más allá con el deseo y la voluntad. Sólo quien haya sabido matar verdaderamente el mundo en sí mismo podrá conquistar la Tierra entera.

Si el "poder" es el objetivo estratégico sine qua non de las fuerzas revolucionarias y todo queda subordinado a esta gran tarea, Guevara añade que "el soldado guerrero debe ser un asceta". Y no es solo una singular coincidencia que lo que uno de los más grandes guerreros-ascetas de la historia moderna ha teorizado y vivido personalmente, la revolución iraní lo viva y lo practique cotidianamente. Esto es válido siempre y bajo todos los cielos. Quien no tiene ya deseos personalistas, ambiciones materiales y mundanas, quien no teme la muerte ni, peor aun, la vida ¿qué puede perder en la lucha si no las cadenas propias y ajenas? ¿Cómo hacerlo? Nos lo dice también Che Guevara. "Nuestra libertad y la acción cotidiana que la sostiene tienen el color de la sangre y están repletas de sacrificio". Nuestro sacrifico es consciente, es la cuota que pagamos por la libertad que construimos. El camino es largo y en parte desconocido; conocemos nuestros límites. Haremos el hombre del siglo XX: nosotros mismos. Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica. La personalidad tiene el papel de movilización y dirección, porque encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa del camino correcto. Quien abre la columna es el grupo de vanguardia, los mejores entre los buenos, el partido. La arcilla básica de nuestra obra es la juventud; en ella está puesta nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera.

Nuestra lucha será ciertamente larga como larga fue la preparación y la espera del Imam Jomeini. Esa venganza que no es más que la Justicia de los pueblos es un plato que se sirve frío: "Oh Señor mío, ¿cuán feliz seré/ viendo la venganza que, amarga,/ vuelve dulce la ira de tu secreto? " (Dante, Purgatorio XXXIII, 43-45). ¡Aunque fuera todo el tiempo que transcurrió hasta que la casa de Francia pagara por el suplicio en la hoguera de los Templarios a manos de Felipe el Hermoso, nosotros realizaremos el juramento de Joaquín Murrieta bajo los azotes de los americanos que torturaban su cuerpo: "Diez de los vuestros por cada latigazo recibido"!

La guerra de los desheredados de la Tierra ha sido declarada; es total y sin remisión. Será continental o no será. A quién nos objete que nada tenemos que compartir como europeos con esas gentes y sus problemas, les podremos responder con U. Martí que "todo verdadero hombre debe sentir sobre su propia mejilla la bofetada dada en la mejilla de otro hombre". Por lo demás, a quien no haya todavía comprendido, después de tanto tiempo, que en la sociedad planetaria de la civilización materialista, del capitalismo cosmopolita , del internacionalismo marxista y del sionismo mundialista no se puede combatir con la óptica miope del pie en casita, que el revolucionario del mañana estará en su patria en cualquier parte donde se luche por su idea del mundo, que nada sucede en el más remoto ángulo de las antípodas de la tierra que no tenga una más o menos inmediata consecuencia para nosotros; a quien no tenga conciencia de esto no vale la pena responderle. La vileza pasotista conoce los más retorcidos razonamientos y autoconvencimientos para permanecer pasotista y vil.

Para nosotros la lucha del pueblo iraní hoy es nuestra misma lucha, Irán es el destacamento avanzado del frente común; del mismo modo que nuestra lucha política deberá ser la suya algún día, hasta fundir nuestras banderas en el símbolo del tulipán de los mártires. ¡Hoy somos todos iraníes!

Los intelectuales mercenarios de la burguesía en el poder, hablando y escribiendo para defender con los intereses de sus amos sus propios intereses (el mendrugo cotidiano y la existencia individual y de "casta"), nos han dicho siempre que aquel que ha querido crear el paraíso en la Tierra terminaba reduciéndola a un infierno. Nosotros, que hemos conocido el infierno de este mundo, el reino de la democracia y el embrutecimiento del materialismo y la persecución en sus distintas formas, podemos finalmente combatir, aquí y ahora, para conquistar nuestro paraíso. Y si conseguimos ser soldados dignos de la Grande como de la Pequeña Guerra Santa, solamente entonces podremos entrar en los "Jardines de Allah". Pero los Jardines de Allah, es notorio, florecen sólo a la sombra de las espadas...

¡Allah Akbar!

Hasán Nasralá el indomable

Hasán Nasralá el indomable

En el 4º aniversario de la criminal guerra de agresión sionista al Líbano

y de la heroica Resistencia del Partido de Dios

     
 

René Naba

A Beirut, el Vietnam de Israel, la madre de todas las ciudades de la narrativa de la resistencia árabe, en su doble versión: Beirut oeste (1982) y sur de Beirut (2006) (1).


Este hombre pesa sus palabras y sus palabras, que valen su peso en oro, son interpretadas inmediatamente por todos los exégetas de la filosofía, la semántica y la lingüística, tanto los académicos como los diplomáticos, los estrategas y los especialistas de la guerra psicológica, los «arabizantes» modernos y los orientalistas tradicionales.

La burbuja política-mediática occidental corre el riesgo de ahogarse en su propia cólera, igual que sus aduladores árabes, ante semejante afirmación que, sin embargo, corresponde a la realidad: Sayyed Hasán Nasralá (2), líder de Hizbulá, el movimiento paramilitar chií libanés, no es un charlatán. Sus actos son acordes con su discurso y su discurso con sus actos. En resumen, lo opuesto a un charlatán, y sus palabras resuenan tanto como sus sentencias.

Sus declaraciones no son fanfarronadas, y no es la propaganda la que le confiere su credibilidad. Ésta la confirman, de hecho, los principales periodistas de habla árabe de Israel de quienes el firmante de este texto recogió la confidencia: «Al Manar», la cadena de Hizbulá fundada por Hasán Nasralá en persona; la cadena del movimiento chií libanes eliminada del espacio europeo por instigación de Francia en plena guerra israelí de destrucción de Líbano en 2006, la cadena de referencia del desarrollo de las hostilidades, a la par con la cadena transfronteriza árabe «Al Yazira», y no la televisión israelí.

En una zona donde la demagogia es una forma de gobierno, Nasralá es un hombre sobrio despojado de cualquier teatralidad, como cuando hizo la espectacular demostración, cierto domingo de mediados de julio, al ordenar en pleno discurso político, desde su tribuna televisiva ante cientos de miles de telespectadores boquiabiertos, la destrucción de un barco de guerra israelí que recorría con insolencia las costas libanesas. Apenas dada la orden el proyectil libanés dio de lleno en su objetivo lanzando el barco israelí más allá del horizonte envuelto en una nube de humo negro, señal indiscutible de la herida del enemigo acorazado y marcando con esa actuación, en el orden simbólico, el fracaso israelí en ese duelo a distancia entre el monje soldado del Islam moderno y sus asaltantes, la avanzadilla de la hegemonía israelí-occidental sobre la esfera árabe.

En un país donde la instrumentalización del martirologio sostiene una auténtica industria floreciente hasta el punto de constituir una renta de situación, este hombre jamás ha intentado sacar ventaja de la muerte de su hijo, Hadi, en el campo de batalla en una operación de asedio israelí en el sur de Líbano. Muerto en combate a los 18 años en Jabal al Rafei en 1997, en la frontera libanesa-israelí, y no en un ajuste de cuentas entre facciones rivales por el reparto del botín de los que la guerra de Líbano ha dado numerosos ejemplos, en particular dentro de las Fuerzas Libanesas, la milicia cristiana libanesa.

[Miembros del Hizbulá rezan frente a una imagen de Hadi Nasralá]

En una zona gangrenada por una religiosidad estúpida, este religioso de lenguaje culto y verbo rico donde se entremezclan las expresiones religiosas y profanas, lo coloquial y lo literario, es un tribuno en cuyo tono discursivo resuena plenamente la temática nacionalista árabe más exigente. Un tono laico que rompe con el aparente rigor de algunos de sus detractores. Lejana reminiscencia de una convicción filial de un padre miembro activo de un partido laico nacionalista y pansirio, este chií libanés y patriota formado en Nadjaf, la ciudad santa del sur de Iraq, ciudad refugio del Ayatolá Ruhollah Jomeini, líder de la revolución iraní, está considerado como el artífice de la síntesis del chiísmo árabe e iraní, del islamismo y el nacionalismo árabe, de la cara occidental de Líbano y su pertenencia al mundo árabe.

Nativo de Bourj Hammoud, en la populosa periferia de Beirut, Hasán Nasralá vio la luz en la zona de ebullición por excelencia de los abandonados de la sociedad de la abundancia y de la cohorte de los pueblos sin tierra, refugiados palestinos, minorías kurdas y chiíes desfavorecidas reprimidas en el sur de Líbano. Un lugar de nacimiento casual que le ha configurado tanto como su región de origen. El líder de Hizbulá es originario, en realidad, de una zona geográfica predestinada al combate: la región del sur de Líbano en la zona fronteriza libanesa-israelí, una zona objetivo de la artillería y la aviación israelíes desde hace medio siglo, que los militares israelíes querían que sirviera de zona-tapón y que después, paradójicamente, sería la punta de lanza de la lucha antioccidental, el trampolín de Hasán Nasralá hacia la gloria militar.

En efecto, la cabeza de partido de la zona natal de su familia, Bazouriyeh, es una localidad situada cerca de Bint Jbeil, el gran pueblo del sur de Líbano que infligió dos bofetadas militares a los israelíes, la primera vez en 1982 con la destrucción del comando israelí establecido allí en el marco de la «Operación Paz en Galilea». La segunda vez un cuarto de siglo después, en 2006, en la memorable batalla de tanques que precedió al alto el fuego israelí-libanés que transformó Bint Jbeil en el cementerio de los Merkava y se saldó con la destrucción de una treintena de vehículos blindados israelíes.

Por otra parte, la invasión israelí de Líbano tuvo el efecto de desencadenar su toma de conciencia política. A los 22 años, este padre de familia de nueve hijos, se enroló en Hizbulá, en la época un vago grupúsculo bajo la férula de los Guardianes de la Revolucion iraní, donde subió rápidamente todos los escalones para convertirse diez años después, en 1991, con 31 años, en su secretario general después de que los israelíes asesinaran a Abbas Musawi. Una promoción democrática, una ascensión por méritos sin golpes de fuerza ni golpes de Estado, que le puso en posición de formar parte del juego político libanés, en 1992, en concomitancia con la llegada al poder del multimillonario libanés-saudí Rafic Hariri, el otro peso pesado de la política libanesa, induciendo una nueva ecuación en el sistema político confesional libanés, marcado desde entonces por la preeminencia de dos grandes comunidades musulmanas –suní y chií- en detrimento de las comunidades históricas fundadoras de Líbano, maronita y drusa.

Procedente de la comunidad libanesa más despreciada de la época y la más abandonada por los poderes públicos, la comunidad chií, dirigida entonces por señores feudales de clanes, traficantes de drogas y aliados privilegiados del Sha de Irán y de Occidente, especialmente la familia Kazem al Khalil de Tiro, pariente por matrimonio del iraquí Ahmad Chalabi, el agente por excelencia de la invasión estadounidense de Iraq, Hasán Nasralá la convirtió en la punta de lanza del combate antiisraelí, en la dignidad del país y su columna vertebral, al conseguir la retirada militar israelí de Líbano sin negociación ni tratado de paz, en 2000, propulsando a su país a la función de cursor diplomático regional, y en la historia del conflicto israelí-árabe llevó el modelo libanés a la categoría de ejemplo por el gran choque que aquella hazaña causó en la memoria colectiva árabe, un impacto psicológico de una importancia comparable a la destrucción de la línea Bar Lev durante el paso del canal de Suez en la guerra de octubre de 1973.

Reincidente, ocho años después puso en marcha, frente a la potencia de fuego de su enemigo y con la hostilidad casi general de las monarquías árabes, un nuevo método de lucha, con la creación de un conflicto móvil en un campo cerrado, una innovación en la estrategia militar contemporánea combinada con una audaz respuesta balística, con gran consternación de los países occidentales y sus aliados árabes.  

La crisis del modelo occidental de guerra limitada de alta tecnología.

«A pesar del despliegue de los ejércitos de tierra y aire, los israelíes no lograron derrotar a unos miles de hombres atrincherados en un rectángulo de 45x25 kilómetros, un resultado táctico sorprendente, probablemente anunciador de un fenómeno nuevo, el fin de una era de guerras limitadas dominadas por la alta tecnología occidental. El ejército de Israel descubrió entonces que sus adversarios están perfectamente preparados frente al fuego aéreo israelí, Hizbulá ha desarrollado una versión «de baja tecnología», del sigilo, con la combinación de redes subterráneas, fortificaciones y, sobre todo, la mezcla entre la población. Hizbulá, ligeramente equipado, dirigiendo perfectamente su arsenal, especialmente los antitanques, llevó a cabo un combate descentralizado, a la manera de los finlandeses frente a los soviéticos en 1940. Además practica una guerra total, tanto por la aceptación de los sacrificios como por la estrecha integración de todos los aspectos de la guerra en el corazón de la población. Frente a él el ejército israelí se empeñó en un resultado de «cero muertes» y fracasó. En resumen Israel perdió 120 personas y 6.000 millones de dólares, es decir, casi 10 millones de dólares por cada enemigo muerto, y eso sin llegar a vencer al Partido de Dios. «A ese precio, sin duda, hubiera sido tácticamente más efectivo ofrecer varios cientos de miles de dólares a cada uno de los 3.000 combatientes profesionales de Hizbulá para que se exiliaran en el extranjero», consideró un estratega francés del Centro francés de enseñanza del empleo de las fuerzas (ejército de tierra), encargado de revisar las experiencias de las operaciones francesas y extranjeras en la zona Asia/Oriente Medio (3).

Y a la vista de esta hazaña singular en la historia poco gloriosa del mundo árabe contemporáneo, la protesta unánime contra un clase política arcaica reformateada en el feudalismo moderno y resultado del oportunismo, hará vibrar la fibra comunitaria en una zona atrapada en el integrismo, en un país que ya ha sufrido bastante, apresado en la desesperanza de una población en camino de un empobrecimiento creciente, apresado en la amnesia de las víctimas de las antiguas torpezas, apresado en la cólera de una juventud rebelde contra cualquier forma de tutela, apresado en la indigencia intelectual y moral de una parte de la élite, apresado, en fin, en el enanismo de los gigantes de la política libanesa vinculados en una alianza contra natura con los ex «señores de la guerra» y su principal patrocinador.

Apostando implícitamente por la derrota de Hizbulá, el trío pro occidental -Saad Hariri, Walid Jumblatt y su aliado maronita Samir Geagea, el ex compañero de viaje de Israel de la guerra civil interlibanesa- se lanzó desde el fin de las hostilidades, más allá de cualquier decencia, a enjuiciar a la milicia chií al grito de «Al-Haqiqa» (la verdad) en vez de buscar la condena de Israel por violar el Derecho Humanitario Internacional y destruir las infraestructuras libanesas. Un grito de guerra curiosamente popularizado por la fugaz pasionaria de la escena libanesa, la Ministra maronita Nayla Mouawad, paradójicamente más preocupada por desenmascarar a los asesinos de Rafic Hariri que a los de su propio esposo, el antiguo presidente René Moawad, asesinado en un atentado el 22 de noviembre de 1990, el día del aniversario de la independencia de Líbano. Lamentable e infame espectáculo.

Nasralá se retiró demostrando su clemencia hacia los colaboracionistas del ejército israelí enrolados bajo la férula de un general traidor, Antoine Lahad, exonerándolos del crimen de traición y ahorrándoles el «suplicio del alquitrán» reservado a los colaboradores franceses del régimen nazi. Soslayó esta trampa demagógica por su alianza con la jerarquía militar cristiana, los dos ex comandantes en jefe del ejército deseosos de frenar los impulsos mortíferos del orden miliciano cristiano. El presidente Emile Lahoud, «un resistente por excelencia» en palabras de su aliado chií, y el general Michel Aoun, jefe de la más importante formación política cristiana, le garantizaron una cobertura diplomática internacional «transconfesional», una cámara de seguridad con el fin de romper claramente una nueva división islámica-cristina, punto de inflexión hacia una nueva guerra civil de connotación religiosa.

Según la confesión de los propios responsables estadounidenses, desde 2006 Estados Unidos, a través de la USAID y la Middle East Partnership Initiative (MEPI) ha soltado más de 500 millones de dólares para neutralizar a Hizbulá, la principal formación paramilitar del Tercer Mundo, regando a más de setecientas personalidades e instituciones libanesas con una lluvia de dólares «para crear alternativas al extremismo y reducir la influencia de Hizbulá en la juventud» (4). A esa suma hay que añadir la financiación de la campaña electoral de la coalición gubernamental en las elecciones de 2009, del orden de 780 millones de dólares, es decir, un total de 1.200 millones de dólares en tres años, a razón de 400 millones de dólares anuales. En vano.

Auténtico estado dentro del Estado, principal queja de sus adversarios, el movimiento de Nasralá ha suplido durante treinta años la ausencia de un poder de Estado ampliamente vaciado antes de su sustancia por el orden miliciano depredador y parásito, en todo caso mucho antes del nacimiento de Hizbulá, colaborando estrechamente con los servicios de un Estado en desherencia, dando comienzo a una cultura de lucha y resistencia en un país de hábitos terriblemente mercantiles.

Principal formación político militar libanesa, cuyo desmantelamiento reclama Estados Unidos, Hizbulá dispone de una representación parlamentaria sin comparación con la importancia numérica de la comunidad chií, sin comparación con su contribución a la liberación del territorio nacional, sin comparación con su prestigio regional, sin comparación con la adhesión popular de la que disfruta sin buscar ventajas. Tanto en el ámbito de la democracia numérica como en el de la democracia patriótica, el lugar que ocupa Hizbulá es un puesto escogido. Una posición insoslayable para disuadir a cualquiera que pretenda usurpar el lugar que no le corresponde. En las discusiones bizantinas a las que los libaneses son tan aficionados es saludable que se recuerde esta verdad evidente, y los contratiempos del tándem Hariri-Jumblatt están ahí para atestiguarlo.

Walid Jumblatt y Saad Hariri hicieron una enmienda honorable después de una serie de contratiempos y retomaron el camino de Damasco, sin jactarse demasiado, mientras Nayla Moawad fue derrotada en las elecciones legislativas y su hijo Michel, la esperanza del relevo maronita de los neoconservadores estadounidenses que financiaban el culto a la memoria de su padre y su propia carrera política a través de la National Endowment for Democracy, fue obligado a expatriarse en América Latina para rehacer su salud financiera a falta de un rigor moral.

El Primer Ministro socialista francés Lionel Jospin, que calificó de «terrorista» a Hizbulá, pagó el precio por ello desencadenando el apedreamiento más famoso de la época contemporánea y acabando miserablemente su carrera política abrasado sin remedio. Jacques Chirac, que preconizó «medidas coercitivas» para frenar a Hizbulá, reconsideró su postura tras el fracaso israelí enviando una escuadrilla francesa para proteger el espacio aéreo libanés durante el desfile de celebración de la «victoria divina», por el temor de que el mínimo obstáculo a la llegada de Nasralá desencadenase como represalia la erradicación política y física de la familia de su amigo Rafic Hariri, asesinado en febrero de 2005, y en particular de su heredero político, Saad Hariri, escondido en el extranjero lejos de la capital de la cual es diputado y del país en el que ostenta la jefatura de la mayoría gubernamental. La «bella» Condoleeza Rice, secretaria de Estado estadounidense, el más firme sostén del equipo israelí, después ha sido reenviada a sus queridos estudios, igual que la ex agente del Mossad, la «bella» Tzipi Livni, su colega israelí. Dan Halloutz, jefe de la aviación israelí que ordenó los vuelos destructores sobre Beirut fue despojado de sus funciones y devuelto a su casa por maquinaciones financieras, igual que su Primer Ministro Ehud Olmert.

Vencedor incuestionable de una prueba de fuerza contra una coalición pro occidental que añadió a todos los antiguos señores de la guerra de Líbano, que pretendían debilitar la autonomía de su red de comunicaciones, el nervio de su guerra contra Israel, el 7 de mayo de 2008 el dignatario religioso adquirió entonces una nueva dimensión, la de un peso pesado en el orden internacional iniciador de la retórica de las represalias y de la paridad de los terrorismos. Su feudo del sur de Beirut sustituye al oeste de Beirut en la conciencia árabe como foco de la contestación panárabe, marcando definitivamente el alejamiento del sunismo militante en la lucha contra Israel, excepto en el caso del Hamás palestino en Gaza.

Nasralá, que sería el primero en conceder su apoyo a Bachar Al Assad por la falta de garantías a su autoridad cuando sucedió a su padre, mientras que sus rivales libaneses calculaban las posibilidades de supervivencia política del joven presidente, recibió a su vez el pago del sirio, que le convirtió en su principal interlocutor en Líbano. Suprema consagración, Hasán Nasralá ya tiene adjudicada la misión de servir de garantía patriótica a los ex niños prodigio de la política libanesa como, por ejemplo, el jefe druso Walid Jumblatt, oveja descarriada en el cenagal político libanés que volvió al redil bajo los auspicios del líder de Hizbulá, su garantía ante el poder sirio.

Esta medida, insólita, revela sin embargo el grado de fiabilidad del personaje, una medida de precaución que pone de manifiesto el nivel de las sospechas que alimentan los sirios y sus aliados libaneses frente a su lugarteniente Marwane Hamadé, ex Ministro de Telecomunicaciones que dirigió el proyecto de neutralización de la red de comunicaciones de Hizbulá. La inculpación, iniciada en julio de 2010, de un responsable que ejercía funciones delicadas en una empresa estratégica de telefonía móvil por «inteligencia con el enemigo» a posteriori ha dado la razón a Hizbulá en su determinación de preservar su autonomía, tanto con respecto a su red de telecomunicaciones como a sus vías de avituallamiento. Al mismo tiempo ha justificado la desconfianza de los sirios sobre el entorno de Walid Jumblatt, dada la evidencia de su connivencia pro occidental. El inculpado, Charbel Qazzi, desde hace catorce años en su puesto de telecomunicaciones, está acusado por la justicia militar de haber conectado la red de la telefonía móvil de su empresa, Alpha, a la red de los servicios israelíes, transmitiendo el conjunto de su lista de abonados y las coordenadas personales y profesionales de éstos, incluidas las bancarias, así como por sus comunicaciones a un país oficialmente en guerra con Líbano que no ha cesado en sus incursiones militares contra el país.

Mientras que en Líbano resuena regularmente la conmemoración de los «mártires» Bachir Gemayel, el jefe de las milicias cristianas y presidente efímero de Líbano, septiembre de 1982, y de Rafic Hariri, el multimillonario libanés-saudí ex proveedor de fondos de la guerra entre facciones libanesas y ex Primer Ministro suní de Líbano, Hassan Nasralá lleva un luto silencioso por su hijo, muerto en combate hace trece años, sin mencionar jamás ese íntimo dolor y absteniéndose siempre de cualquier conmemoración; el mismo comportamiento que observa con respecto a otra prestigiosa figura de Hizbulá, Imad Fayed Moughnieh «Al Hajj Radwane», la pesadilla de occidente, el director de las operaciones antioccidentales en Oriente Próximo desde la década de 1980, fundador de la estructura militar de Hizbulá y por capilaridad militante del movimiento palestino Hamás en Gaza, artífice de la retirada militar israelí del sur de Líbano después de 22 años de ocupación, asesinado en un atentado en Damasco el 12 de febrero de 2008.

Ni palacio ni limusina, incorruptible en un mundo que chorrea petrodólares, esta emblemática figura del mundo árabe-musulmán exige el respeto de sus interlocutores por la contención de su comportamiento, su sentido del humor y una credibilidad a toda prueba, su marca de fábrica, su pasaporte para la eternidad. «Al Wahda al-Sadeq», la «promesa sincera» será una promesa cumplida. En 2007 aportaría la demostración más deslumbrante de su fiabilidad al conseguir la liberación del decano de los presos árabes en Israel, el druso libanés Samir Kintar, durante la mayor operación de intercambio de prisioneros que desembocó, por otra parte, en la restitución de los restos de Dalal Moughrabi, una resistente palestina asesinada durante una operación de comando dentro del territorio israelí.

Ni puerto ni aeropuerto, ninguna calle ni autovía, ni la menor calleja o callejón rinden homenaje a aquél que lleva en sí una parte del destino de Líbano y del mundo árabe, un líder esencial del orden regional. Ningún monumento, ninguna obra humana para inmortalizar el paso por la tierra de ese hombre. Ningún rastro, ninguna otra huella que la que la historia reservará a este hombre cuyo exitoso paso de las Termópilas en el verano de 2006 en el sur de Líbano en el campo del honor de la resistencia insufló el resuello al mundo árabe en la reconquista de su dignidad. El ocho por ciento de los suyos perecieron ese verano, con las armas en las manos, para que Líbano viva en su integridad territorial y su soberanía nacional y mantiene viva la reivindicación nacional palestina de un Estado independiente.

Pacatos occidentales, no os extraviéis una vez más en vanas búsquedas: «el Islam ilustrado» es él y no la corte de gerontócratas petromonárquicos oscurantistas del Golfo.

Pacatos occidentales, no me malinterpretéis: «El Islam moderno» es él y no esa comitiva de dictadores burocráticos de tendencias dinásticas.

Él, el nuevo líder de un nacionalismo árabe resucitado que vosotros intentáis desmantelar desde hace medio siglo; él, ese chií minoritario en un mundo árabe mayoritariamente suní, el digno heredero del suní Nasser.

Él, y no ese «bufón real», auténtico títere de la farsa del asunto afgano, Osama Bin Laden, celebrado por vosotros durante todo un decenio como «combatiente de la libertad» por haber malversado 50.000 combatientes y 20.000 millones de dólares para dar el golpe de gracia a los rusos en Afganistán a miles de kilómetros del campo de batalla principal, Palestina.

Él, el ídolo de los jóvenes y menos jóvenes, de Tachkent a Tamanrasset, de Toubrouk a Tombuctú; él, el teólogo de la liberación sin un sucesor predestinado; él, Hasán Nasralá, el indomable, el hombre que nunca ha pactado con sus enemigos, ni con los enemigos de sus enemigos; él, cuyo único punto de mira es Israel, del cual no alejará la vista ni el gatillo por otros de vuestros espejismos dudosos, por otros de vuestros objetivos inciertos, por ningún otro objetivo, ningún otro fin que la liberación del suelo nacional y la afirmación del espacio nacional árabe.

 

Para saber más:

Du Grand Moyen Orient au Nouveau Proche-Orient ou le conte d’une folie ordinaire , Roger Naba’a, profesor y filósofo libanés, en «Liban: chroniques d’un pays en sursis», en colaboración con René Naba, Cygne, 2007.

 

 

Referencias

 (1) Los periodistas franceses, en este caso especialmente ignorantes de las realidades locales, imaginan que Hasán Nasralá habita en otro planeta diferente de la capital libanesa y califican su lugar de residencia como «Dahiyeh». En realidad, en árabe «Dahiyeh» significa «barrio», por abreviación de «Dahyeh al jounoubiyah», el barrio del sur de Beirut, lo que demuestra, al contrario, que el líder de Hizbulá reside, sin ninguna duda, en el barrio sur de Beirut y no en una concentración urbana distinta de la capital libanesa.

(2) Sayyed Hasán Nasralá significa literalmente en árabe «bella victoria de Dios» El título Sayyed, que a su vez significa literalmente en árabe «señor» o «maestro», es un título honorífico que se da a los musulmanes de alto rango descendientes del profeta Mahoma a través de su hija Fátima Zahrah y su primo y cuñado Ali ibn Abi Talib.

Hasán Nasralá nació el 31 de agosto de 1960 en el distrito de Bourj-Hammoud (Beirut este). Es el mayor de una familia de nueve hermanos que no era especialmente religiosa. Su padre, Abdel Karim, tendero de profesión, era miembro del Partido Social Nacionalista sirio. Nasralá comenzó sus estudios teológicos en la escuela pública de Sin el Fil, un barrio donde cohabitan cristianos y musulmanes al este de Beirut, lo que le permitió conocer a los cristianos libaneses. En 1975, cuando estalló la guerra civil en Líbano, su familia se vio obligada a regresar a su pueblo de origen, Bazourieh, cerca de la ciudad de Tiro (sur de Líbano). Fue allí donde Nasralá decidió unirse al movimiento Amal (Esperanza), una organización chií política y paramilitar presidida entonces por el Imán Moussa Sadr, jefe espiritual de la comunidad chií, que desapareció misteriosamente en 1978 durante un viaje a Libia.

Nasralá estudió teología en la ciudad santa de Nadjaf, en Iraq, donde conoció al que sería su predecesor al frente de Hizbulá, Abbas Musawi. Su adhesión se hizo bajo los auspicios del Imán Mohamad Bakr al Sdar, fundador del partido ad-Daawa y pariente del Imán Moqtada Sadr, el jefe de la revolución antiestadounidense en Iraq. La intensificación de la represión del Gobierno de Sadam Husein contra los religiosos chiíes en Iraq, así como la guerra de sucesión que estalló en el Amal libanés tras la desaparición del Imán Moussa Sadr en Libia, le obligaron a regresar a Líbano en 1978 para integrarse, con su amigo Abbas Musawi, en Hizbulá. Hasán Nasralá está casado y es padre de tres hijos de los cuales el mayor, Hadi, murió combatiendo al ejército israelí en el sur de Líbano, en Jabal al-Rafei, en 1997.

Los dos predecesores de Nasralá no poseían ni su carisma ni su sentido de la organización. El primero, el jeque Sobhi Toufayli, aparecía como un jefe radical que ignoraba las relaciones de fuerza regionales; el segundo, Abbas Musawi, fue asesinado sin que le diese tiempo a imprimir su marca en el movimiento.

Al gran ayatolá Mohammad Hussein Fadlallah, que murió el domingo 4 de julio de 2010, se le ha considerado durante mucho tiempo el mentor del partido pro iraní Hizbulá. Lo mismo que el actual líder de Hizbulá, Hasán Nasralá, Fadlallah está inscrito en la lista estadounidense de «terroristas internacionales» establecida en abril de 1995. En los años 80 los medios de comunicación de EE.UU. le acusaban de estar en el origen de los secuestros de rehenes estadounidenses en Líbano por parte de los grupos radicales vinculados a Irán. En 1985 fue el objetivo de un atentado que mató a 80 personas, una operación organizada por la CIA con tres millones de dólares procedentes de fondos de las petromonarquías del Golfo. Su guardia personal de la época no era otro que Imad Moughniyeh. Personalidad muy influyente del Islam chií en Líbano, en Asia central y en el Golfo, Fadlallah utilizaba sus sermones de los viernes para denunciar la política de Estados Unidos en Oriente Medio. Promulgó dos fatwas (decretos religiosos) prohibiendo los denominados crímenes de honor y la ablación. Autor de varias obras teológicas, era conocido por su apertura con respecto al desarrollo científico y su audacia en la interpretación de los textos de Islam. El carismático dignatario de barba blanca y rostro sereno fue célebre por sus tolerantes opiniones religiosas, en especial en relación con las mujeres.

(3) « Dix millions de dollars le milicien, La crise du modèle occidental de guerre limitée de haute technologie», Michel Goya, revista Politique étrangère 1/2007 (primavera), p. 191-202. Lugarteniente-coronel y redactor en el Centro de Doctrina de Empleo de las fuerzas (ejército de tierra), es el encargado de revisar las experiencias de las operaciones francesas y extranjeras en la zona Asia/Oriente Medio. Es el autor de La Chair et l’Acier (París, Tallandier, 2004) relacionado con el proceso de evolución táctica del ejército francés durante la Primera Guerra Mundial.

(4) Declaración de Jeffrey D. Feltman, asistente de la secretaria de Estado estadounidense y responsable de la oficina de asuntos de Oriente Próximo, y de Daniel Benjamin, coordinador de la oficina de lucha contra el terrorismo, ante una comisión del Senado estadounidense el 8 de junio de 2010. Véase al respecto el periódico libanés As Safir de 29 de junio de 2010, en la pluma de Nabil Haitam, que afirma que «una lista de 700 nombres de personas y organizaciones se benefició de la ayuda estadounidense que circulaba», y que algunos recibieron sumas comprendidas entre 100.000 y dos millones de dólares. El periodista se pregunta: «¿Qué cláusulas del código penal han violado esos grupos o personas? ¿Acaso contactar o actuar con un Estado extranjero y trabajar con dicho Estado a cambio de dinero en una campaña dirigida contra uno de los componentes de la sociedad libanesa –una campaña que podría haber desestabilizado la sociedad- es legal? (…) Y Haitam también se pregunta por qué Feltman ha entregado esa información pública dado que ésta corre el riesgo de comprometer a los aliados de Estados Unidos en Líbano. Según Haitam la embajada estadounidense en Beirut ha tranquilizado a sus aliados asegurándoles que Feltman simplemente quería mostrar al Congreso que Estados Unidos actúa en Líbano y que no es cuestión que ellos revelen los nombres». A la suma de 500 millones de dólares se añade la financiación de la campaña electoral de la coalición pro occidental.

Por su parte el diario estadounidense New York Times acusó a Arabia Saudí y Estados Unidos, en un artículo titulado «Elecciones libanesas: las más caras del mundo», de injerencia en el proceso electoral de las pasadas elecciones legislativas de junio de 2009, revelando que las fuentes próximas al Gobierno saudí admitieron la financiación de candidatos opuestos al movimiento chií Hizbulá, la financiación del viaje de expatriados libaneses, e incluso la compra de un voto colectivo de comunidades enteras a favor de sus aliados locales. Así, según el New York Times, varios cientos de millones de dólares (700) se habrían transferido a Líbano no sólo para participar en la campaña electoral, sino también para corromper los votos. El diario añade que para Arabia Saudí se trataría de limitar la influencia iraní en Líbano y apoyar a sus aliados para hacer presión sobre Teherán. Por el lado estadounidense, siempre según el mismo periódico, el International Republican Institute, famoso por tratarse de un lobby próximo al partido republicano, habría abierto las oficinas en Beirut para ayudar a los dirigentes de la mayoría actual así como a los medios afines en la campaña electoral. Así, dicho lobby habría abierto las oficinas cerca de los diversos partidos pertenecientes a la colación pro occidental del 14 de marzo, como las Fuerzas Libanesas de Samir Geagea, la Corriente de Futuro del diputado Saad Hariri, el Partido Falangista de Amine Gemayel y del diputado druso Walid Jumblatt (New York Times, 24 de abril de 2009, «Elecciones libanesas: las más caras del mundo»). Dos días antes de estas revelaciones Hillary Clinton, la secretaria de Estado, efectuó una visita sorpresa a Beirut para homenajear la tumba de Rafic Hariri, el ex Primer Ministro asesinado, y preconizó, sin miedo al ridículo, elecciones libres de cualquier injerencia… a excepción sin duda del dinero saudí y estadounidense.

(5) El juez del Tribunal Especial para Líbano (TSL) ordenó el miércoles 20 de abril de 2009 la inmediata puesta en libertad de los cuatro generales libaneses pro sirios detenidos desde 2005 en el marco de la investigación sobre el asesinato del ex Primer Ministro Rafic Hariri. El atentado con bomba causó un total de 23 muertos el 14 de febrero de 2005 en Beirut. Los generales Jamil Sayyed, Ali Hajj, Raymond Azar y Mustafá Hamdan, únicos sospechosos, fueron detenidos el 30 de agosto de 2005. No habían sido inculpados oficialmente. El juez Daniel Fransen ha seguido a los procuradores que consideraron el dossier demasiado inconsistente para mantener en prisión a esos hombres. Fuegos artificiales celebraron en Beirut el anuncio de su liberación.

 

fuente: Rebelión / trad. Caty R.

La falsa retirada de Irak

La falsa retirada de Irak

“La desoladora realidad después de siete años de guerra de ocupación, de haber gastado 1 billón 100.000 millones de dólares, de haber asesinado a 1 millón 370.000 iraquíes, de haber desplazado a 3 millones que tuvieron que mudarse o exiliarse y de haber sacrificado 4.734 de sus soldados, es apabullante” 

 

Francisco Valderrama Mutis (MOIR)

 

Presionado por las necesidades electorales y ante el creciente descontento con las guerras que libra, Obama adelantó el retiro de las ’’fuerzas de combate’’ de Irak, cuya última unidad salió a través de la frontera de Kuwait. Este retiro anunciado con bombos y platillos por la prensa mundial no es más que una cortina de humo que pretende restarle importancia a que en Irak quedan un poco menos de 50.000 soldados estadounidenses instalados en 94 bases militares, conformando una tenaza que muestra los dientes todos los días para obligar al gobierno iraquí a cumplir con sumisión su papel de administrador colonial.

La otra cara de la moneda es el aumento sustancial de 7.000 nuevos mercenarios contratados por las corporaciones privadas de la guerra y el de 2.400 funcionarios del Departamento de Estado que se instalarán en el búnker de la zona verde donde se encuentran las instalaciones de la embajada gringa para continuar la coadministración del país. Con los primeros se llega a la descomunal cifra de 70.000 mercenarios involucrados en la guerra de Irak, encargados de tareas que van desde la vigilancia de las instalaciones claves, pasando por los interrogatorios a los ciudadanos presos que incluyen métodos de tortura de los cuales no se hace responsable el gobierno norteamericano, hasta tareas de combate.


Por otra parte, los objetivos que le fueron asignados a la guarnición dejada para mantener la ocupación del país son muy reveladoras de su fin último. Estas tropas deberán ’’desarrollar actividades contra el terrorismo’’, adelantar tareas de reconstrucción en las provincias y entrenar las fuerzas de seguridad iraquíes. Para el primero de estos las tareas de combate serán realizadas conjuntamente con las fuerzas iraquíes. Por lo tanto, es falso que la última unidad de combate haya salido del territorio.


¿En qué situación queda Irak después de este falso retiro norteamericano? La desoladora realidad después de siete años de guerra de ocupación, de haber gastado 1 billón 100.000 millones de dólares, de haber asesinado a 1 millón 370.000 iraquíes, de haber desplazado a 3 millones que tuvieron que mudarse o exiliarse y de haber sacrificado 4.734 de sus soldados, es apabullante. Según la BBC hay un 60% de desempleo. Además, el 50% de la población no tiene acceso a agua potable, el 80% vive sin alcantarillado, el 70% carece de acceso a servicios de salud, el 70% no tiene acceso a la educación, y el 53% tiene que vivir en chabolas improvisadas sin acceso a los servicios públicos. Es decir, que el arrasamiento de la economía en Irak fue completado a conciencia.

Los objetivos de esta guerra de agresión en 2003 fueron el derrocamiento de Hussein, la destrucción del partido baatista en el poder y la conversión de Irak en una neocolonia de Estados Unidos. Sus principales activos, especialmente las segundas reservas de petróleo del mundo, deberían pasar a control de las corporaciones occidentales, verdadero objetivo último del ataque en el cual se coludieron Estados Unidos y sus socios europeos. Las empresas públicas fueron privatizadas y los iraquíes sometidos al vendaval arrasador del libre comercio.

El cumplimiento de estas metas sin embargo lo mantendrá atrapado en Irak. En primer lugar, porque las profundas contradicciones étnicas, religiosas y políticas que atraviesan este país no les ha permitido conformar un gobierno estable seis meses después de que las elecciones se realizaran el 7 de marzo pasado. En segundo lugar, porque si se produce el retiro real de todas las tropas a finales de 2011 como está programado, el peligro, desde el punto de vista norteamericano, de que Irán influya decisivamente en Irak a través de la mayoría chiíta, a la cual respaldó históricamente contra la persecución de Hussein, es un factor real inaceptable para las fuerzas de ocupación, que verían paradójicamente que su aventura militar habría coronado a los iraníes como el más influyente poder en el Golfo Pérsico. En tercer lugar, porque las demás minorías sienten que quedarían inermes frente al poderío chiíta si no tienen la sombrilla protectora de los estadounidenses. En cuarto lugar, porque el predominio mundial de Estados Unidos depende de su control de las riquezas petroleras y mineras de Asia Central y sin la utilización de bases permanentes en Irak su posición se debilitaría.


Pero, por último, y esto es lo más peligroso, porque su retiro puede desatar fuerzas nacionalistas multiétnicas que podrían rescatar la economía iraquí del desastre en que la ha sumido la ocupación norteamericana y sus políticas colonialistas de privatizaciones, favorecimientos a sus empresas multinacionales y libre comercio.

 

fuente: TeleSUR

 

Ruralizar la economía

Ruralizar la economía

 

 

Gustavo Duch

 

Dice Susan George en su último libro, Sus crisis, nuestras soluciones, que “todas estas crisis proceden de las mismas políticas neoliberales establecidas por los mismos actores (…). Podríamos gozar de un mundo limpio, verde, rico y justo, donde todos y todas pudiéramos vivir dignamente. A su lógica, debemos oponer la nuestra. No es tan complicado si comenzamos por invertir los términos”. Por ejemplo, y ya se ha presentado en estas páginas, frente al paradigma del crecimiento permanente como supuesto motor de desarrollo, hagamos de esta crisis la oportunidad para retroceder unos pasos del camino andado y reprogramar un decrecimiento (no forzado, como el actual) saludable para un planeta caliente.

Bajo esa misma lógica nuestra, ¿qué pasaría si volteáramos –al menos en parte– el esquema dominante que ha llevado al sector primario de la economía de encabezar hasta los años sesenta y setenta las cifras del empleo y de contribución al Producto Interior Bruto a un papel casi residual en las llamadas economías modernas? ¿Qué pasaría si se promoviera ruralizar la economía? O, tomando una propuesta concreta, ¿qué sucedería con el empleo si cuestionáramos las políticas clásicas a favor de la agricultura intensiva en petróleo, por una agricultura ecológica intensiva en mano de obra?

Para ofrecer un pequeño análisis de lo que esta propuesta significaría, tengamos en cuenta unas cifras y unos indicadores.

Cifras. Como sabemos, la población en paro está ascendiendo hasta superar el temido 20%. Mientras, la población activa agraria está en sus niveles más bajos, sin llegar al 5% en el Estado, lo que genera un vacío de pueblos y territorio muy visible por todos nosotros. En los últimos 40 años la población de los municipios de menos de 10.000 habitantes ha pasado de ser el 57% de la población española a sólo un 23%.

Indicadores. Según datos de la organización Amigos de la Tierra, el Gobierno nos demuestra qué modelo de agricultura está diseñando para el futuro: en el año 2008, en España, se dedicaron 54,3 millones de euros a la investigación en biotecnología agraria y alimentaria (por ejemplo, la de cultivos transgénicos) y 60 veces menos a la investigación en agricultura ecológica, con sólo 0,9 millones.

Más allá de los demostrados inconvenientes que tiene el modelo de agricultura tecnológica e industrializada (contaminación ambiental, riesgos sanitarios, competencia desleal con los países empobrecidos del Sur, etc.) veamos bajo la lógica –como dice Susan George– de generación de puestos de trabajo y de producción de alimentos los resultados de cada una de estas agriculturas. Si la comparación la hacemos entre la agricultura ecológica y la convencional (industrializada pero no transgénica) la primera demuestra –según diversos estudios internacionales– un 32% más de capacidad para generar empleo. Por ejemplo, algunos estudios han estimado que la transformación de la producción agraria de Inglaterra y Gales a ecológica supondría un 70% más de empleo en el medio rural. Los datos demuestran que la agricultura campesina y ecológica todavía genera más empleo y tejido económico si se compara con la transgénica. Mientras la agricultura transgénica en España –después de 12 años de fuertes inversiones en el único país europeo donde se permite el cultivo de transgénicos a gran escala– ha generado en torno a 1.950 puestos de trabajo (sumando los generados en las empresas biotecnológicas más los de los agricultores que utilizan maíz transgénico), la agricultura estrictamente ecológica ha generado 14.310 empleos en las empresas del sector más 35.407 productores que nos proveen de alimentos bajo este modelo respetuoso con el medio ambiente.

Es decir, el Gobierno invierte 60 veces más en un modelo de agricultura que genera 25 veces menos empleo que el que demuestra generar la agricultura a pequeña escala y ecológica. Como sabemos, además, el modelo ecológico atrae a gente emprendedora y joven hacia un medio rural despoblado, envejecido y masculinizado.

Considerar otro modelo agrario favorece también las capacidades de nuestro país de suficiencia alimentaria, disminuyendo las dependencias de alimentos importados (la Unión Europea es importadora neta de productos básicos, importa alimentos por un valor de 173.000 millones de euros, mientras que exporta alimentos por 127.000 millones de euros, según datos de la Organización Mundial del Comercio), pues como ha sido demostrado por muchos investigadores la capacidad productiva de la agricultura ecológica no es inferior a la de la agricultura química.

Añadamos pues a las bondades de la agricultura a pequeña escala y ecológica la enorme capacidad de generar empleo sostenible y necesario.

Se podrá argumentar que propuestas que vuelvan la mirada al campo, al tejido económico rural y agrario, son sólo idealizaciones. Exacto, lo decía John Berger en el epílogo de su novela Puerca Tierra: “Sin embargo, despachar la experiencia campesina como algo que pertenece al pasado y es irrelevante para la vida moderna; imaginar que los miles de años de cultura campesina no dejan una herencia para el futuro…; todo ello es negar el valor de demasiada historia y de demasiadas vidas…”. Y un poco más allá, es despachar la posibilidad de generar una economía ruralizada, más justa, más dinámica.

 

fuente:  http://gustavoduch.wordpress.com/

Pascual Serrano: Contra la desinformación

Pascual Serrano: Contra la desinformación

Mariló Hidalgo / Fusión



-Puedes leer diariamente los periódicos, escuchar los informativos y en cambio estar desinformado. ¿En qué consiste esta desinformación? ¿Qué mecanismos utiliza?


-Los métodos son numerosos y complejos, no se trata sólo de que existan la mentira -que también-, sino que son más sutiles. Es importante aclarar que se trata de dos tipos de desinformaciones: la estructural, resultado de un formato informativo que simplifica, se entrega a la espectacularidad y la trivialidad y omite elementos de antecedentes y contexto; y la ideológica, que se produce cuando existe una clara intención de deformar una realidad concreta. En mi libro “Desinformación” se explican con más detalle.


-¿Detrás de la desinformación existen motivos ideológicos o económicos? ¿Cómo orquestan los medios campañas para desinformar?


-Depende de qué asunto, conflicto o región se esté tratando en la información. Sobre Africa por ejemplo, se produce un apagón informativo y la presentación tribal de conflictos que tienen detrás intereses del primer mundo. En el caso de América Latina se recurre a la satanización de líderes políticos de izquierda. En Asia, la ausencia de contexto, con el ejemplo más evidente del conflicto palestino-israelí.
 

-Tus artículos y libros ponen dejan patente que te has convertido en un especialista en detectar las trampas del poder en cuanto a lenguaje periodístico se refiere. El caso de América Latina es un ejemplo. ¿Qué está pasando allí y qué se quiere silenciar?


-En gran parte de América Latina se están desarrollando gobiernos de izquierda que han llegado al poder por medio de las urnas y se están poniendo en marcha políticas progresistas que dejan en evidencia las desastrosas políticas neoliberales de las anteriores décadas. Esto es una muestra de que en realidad se pueden cambiar muchas cosas. Eso ha hecho que los grandes grupos de comunicación estén liderando la oposición política a esos gobiernos, y mostrando que la información y la libertad de expresión para ellos, es sólo una coartada para agredir a esos gobiernos y sus políticas de izquierda. El resultado es una agresividad y una manipulación mediática sin precedentes en la historia.

"El ciudadano se está acostumbrando a noticias breves y superficiales en prensa escrita, y espectaculares y vacías en los medios audiovisuales".

-La información, sin relación, sin antecedentes, sin contexto puede ser insufrible, ¿Cómo conseguir esa interacción para que realmente llegue al ciudadano?


-No es fácil, el ciudadano también se está deformando porque se está acostumbrando a noticias breves y superficiales en prensa escrita, y espectaculares y vacías en los medios audiovisuales. Hay que hacerle ver que seguir siendo consumidor de esos formatos no sirve para estar informado. Que compruebe que no tiene conocimiento ni comprende los acontecimientos internacionales, y que ante modelos así, es preferible apagar la televisión y cerrar el periódico para sustituirlos por un libro o un buen reportaje escrito.
 

-Mentalmente asociamos la censura a las dictaduras pero las cosas han cambiado ¿Qué es hoy la censura y qué elementos novedosos se han introducido?

 


-Principalmente lo que yo llamaría ruido mediático. Es decir, paja informativa que impide diferenciar la información valiosa de la superficial, incluso falsa. El resultado acaba siendo tan efectivo para la desinformación como la censura. Si al ciudadano le mezclan la información verdadera con la falsa y no puede diferenciarla, es como censurar la primera.


-Hablas continuamente de la necesidad de cambiar el modelo informativo. ¿Qué papel debería de jugar en todo ello el Estado?


-Su papel es fundamental. Por un lado, mediante el desarrollo de medios de propiedad pública, eso sí, con mecanismos de control y participación democrática que garanticen que no son meros portavoces de gobiernos o partidos. Por otro, apostando desde los poderes públicos al desarrollo de medios alternativos y comunitarios. La ley audiovisual recién aprobada en España que limita el presupuesto de una radio sin ánimo de lucro a 50.000 euros anuales y el de una televisión a 100.000 es un ejemplo de la política contraria.

"El ruido mediático impide diferenciar la información valiosa de la superficial. El resultado acaba siendo tan efectivo para la desinformación como la censura".

-La famosa web Wikileaks publicó hace unos días 92.000 archivos filtrados del ejército de EEUU sobre la guerra de Afganistán -un período comprendido entre 2004 y 2009-. Estos documentos son una especie de diarios de guerra redactados por los soldados que detallan acciones militares y matanzas de civiles, entre ellos niños. Tres medios de renombre se hacen eco de la información: New York Times, The Guardian y Der Spiegel. Con ello quiero plantearte varias cuestiones. La primera, ¿qué supone una filtración de este tipo en estos momento (aseguran que es una de las mayores de toda la historia)?

 


-Sin duda es una aportación a la transparencia. El hecho de que eso haya debido suceder de forma clandestina por parte de militares y violando la ley, muestra que no vivimos una democracia informativa.


-En segundo lugar, la historia nos demuestra que toda filtración es interesada. ¿Qué opinas en este caso?

 


-El que sea interesada no quiere decir que sea negativa. Puede haber un interés por denunciar la ocupación de un país, por defender los derechos humanos de los civiles asesinados, etc... Ahora bien, quiero destacar que esa información ha debido pasar por el embudo de esos tres medios que has dicho, lo que muestra que siguen teniendo en gran parte la llave de la difusión de la información.


-Cambiando de tema. No crees que debería de incluirse en los institutos una asignatura que nos ayudara a despertar la curiosidad, a leer detrás de la información que nos llega, a participar, debatir, reflexionar...

 
-Por supuesto, siempre me ha parecido absurdo que en los colegios e institutos se establezcan actividades como hacer una revista colegial y nunca enseñar a usar los medios de comunicación. Esos niños, en un futuro, no van a hacer revistas, en cambio sí van a leerlas. Encuentro más lógico educarles en lo segundo que en lo primero.

"Siempre digo que lo primero para conocer un medio es saber quiénes son sus dueños. El mero hecho de que sean un grupo de personas sin intereses económicos ya supone un gran aval".

-Eres miembro y fundador de la publicación electrónica Rebelión, un medio alternativo de referencia. ¿Qué es lo que da credibilidad a un medio de comunicación?

 


-En primer lugar, saber que detrás no existe un interés empresarial, ni un objetivo de rentabilidad, ni influencia de la publicidad. Eso es fundamental, por eso siempre digo que lo primero para conocer un medio es saber quiénes son sus dueños. El mero hecho de que sean un grupo de personas sin intereses económicos ya supone un gran aval. Después, hacen falta más elementos a observar, incluido la credibilidad de sus firmas.


-Detrás de lo que escribes siempre hay una invitación al lector para que desconfíe... ¿De qué debe desconfiar?


-Como en todos los ámbitos, en la información se debe desconfiar del dinero. Si un médico gana dinero recetando una medicina, desconfiaremos cuando la prescriba; si un maestro ganase dinero con cada libro que recomendase, tampoco nos fiaríamos de sus sugerencias. Creo que el negocio pervierte todo, por eso, al contrario de lo que afirman los neoliberales, creo que la rentabilidad económica no da independencia, sino que la sepulta.

TAREAS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA PARA LA TRANSICIÓN AL SOCIALISMO (*)

TAREAS DE  LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA PARA  LA TRANSICIÓN AL SOCIALISMO (*)

 

L a t a re a  C e n t r al

La  tarea central de la Revolución Bolivariana es desmontar el poder constituido al servicio de la burguesía y  el imperialismo y  refundar un poder radicalmente distinto,  al servicio del pueblo venezolano  y los demás pueblos del mundo, es decir, la construcción del  poder  popular  y  revolucionario. Todas las tareas políticas están dirigidas a su consolidación como la única garantía de la victoria definitiva de la Revolución Bolivariana.

Las  t a r e a s  Principales

Para cumplir esta tarea  central es necesario que la Revolución Bolivariana lleve adelante, complementariamente, las siguientes tareas principales, que le sirven de soporte a la tarea central: la lucha contra la alienación de la conciencia social y por la construcción de una conciencia revolucionaria; la lucha contra la dominación y opresión política  y por transformar la política en un modo para la vivencia plena, digna y gratificante; la lucha por hacer de la democracia un espacio para la participación y el protagonismo popular, y la lucha contra la explotación del trabajo ajeno y por la humanización y liberación del trabajo.

Para tener éxito en estas tareas es necesaria la elevación de la conciencia política del pueblo, la refundación ética de la política para forjar una nueva cultura política sustentada en nuevas prácticas sociales basadas en valores revolucionarios. Estos valores deben construirse a partir de una nueva visión y formas de conocimiento del mundo y la sociedad (nuevo paradigma epistémico y nueva ciencia), un nuevo comportamiento y nuevas formas de relacionarnos y valorarnos en comunidad (nueva ética de la solidaridad), y una nueva sensibilidad y solidaridad (nueva estética y nuevo arte), como fundamentos del proceso de transformación revolucionaria de la sociedad venezolana.

La garantía de la refundación de la República, la transformación revolucionaria de la sociedad venezolana  y la construcción de un estado de derecho y de justicia social radica en la construcción de  una  nueva ciencia basada  en la verdad,  una nueva ética basada en la justicia y un nuevo arte basado en la belleza, íntimamente relacionados e implicados entre sí, es decir, que sólo lo verdadero y justo puede ser bello, sólo lo bello y lo justo puede  ser verdadero, y sólo lo bello y verdadero puede  ser justo, como fundamento  de  la emergencia de una nueva subjetividad profundamente humana,  sabia y prudente,  que habrá de forjarse al calor de la lucha de clases y la derrota de las ideas y  las costumbres burguesas, oligárquicas e imperialistas. Se trata de derrocar el viejo régimen no sólo en los hechos sino también en las ideas, las costumbres y los valores, tal como advirtió el Ché Guevara al señalar…“no es posible construir el socialismo con las armas melladas del capitalismo”. Aristóteles ya había enseñado en la antigua Grecia  que  las  virtudes morales  e  intelectuales educan  el  carácter;  Simón  Bolívar señaló  que:

…”moral y  luces son los polos de una República; moral y luces son nuestras primeras necesidades.”; Gramsci retomó este planteamiento diciendo que una revolución es una reforma radical en el plano moral y cultural. La Revolución Bolivariana asume plenamente  estas enseñanzas como base de sus objetivos.

Construcción de  una  conciencia  revolucionaria como forma de superar la alienación de la conciencia social propia del capitalismo.

Es necesario refundar las prácticas políticas y sociales dotándolas de un sentido y contenido moral y ético que cuestione radicalmente las instituciones burguesas heredadas y el imaginario social (ideologías, representaciones sociales, prácticas sociales y antivalores)  con base en una nueva escala de valores humanistas, solidarios y críticos  como la responsabilidad  social,  la solidaridad,  la honestidad, el reconocimiento de la dignidad del otro, la participación, la contraloría social, el sentido de comunidad y de vivencia integral.

La transformación de la conciencia social y de aquellas dimensiones que la constituyen más directamente, como la información, la comunicación, la educación y la cultura, en relación con las prácticas sociales y los valores que las sustentan,  es una tarea fundamental para la revolución bolivariana. Ello implica el diseño de políticas y  formas organizativas nuevas para que el trabajo, la comunicación (el lenguaje) y la cooperación al seno de la comunidad, como dimensiones constitutivas del ser humano, sean liberadas del yugo capitalista y, en consecuencia:

1.     El trabajo deje de ser trabajo enajenado y pase a ser trabajo libre y  liberador y  su producto esté al servicio de los trabajadores y la sociedad y aquellos puedan asociarse libremente.

2.     La comunicación  y la información no sean una mercancía ni un mecanismo de manipulación mediática  al servicio del  capital y  el poder constituido, sino una comunicación ínter subjetiva, honesta, argumentativa y crítica al servicio de la conciencia revolucionaria.

3.     La  cooperación sea  solidaria,  al  servicio de toda  la sociedad, y  no coactiva y  al servicio del capital.

4.     La comuna, como forma organizada de la comunidad sea la célula fundamental de la nueva sociedad y del nuevo Estado Socialista.

 

Uno de los esfuerzos fundamentales debe estar dirigido a la superación del consumismo (soporte del egoísmo individualista posesivo) como vía de realización de la vida y de pertenencia social, que debe dar lugar a una práctica de vida trascendente basada en un sentido de identidad, de pertenencia y de responsabilidad social para la construcción de la vida colectiva en armonía con el respeto a la individualidad. En esta dirección juega papel fundamental la recuperación de las expresiones vitales de la existencia humana: nuevas expresiones culturales y espirituales en el plano de la música, la poética, la narrativa, la plástica, el lenguaje, los discursos, las representaciones simbólicas institucionales, liberadas todas de la racionalidad del capital. En suma, se trata de la asunción de la ética como fundamento de la transformación socialista de la sociedad venezolana conforme lo define el Proyecto Nacional de Desarrollo Simón Bolívar.

 

Transformar la política en  un oficio noble para la vivencia vital, plena, digna  y gratificante y la democracia en  un espacio para la participación y el protagonismo popular

Se hace necesario romper los mecanismos tradicionales a través de los cuales el imperialismo capitalista,  la oligarquía y la burguesía han ejercido su poder e impuesto su dominación y opresión política.

El  objetivo central es  el fortalecimiento del poder  popular  que,  en  esta  etapa  de  transición, debe expresarse en la creación de un nuevo espacio público comunal que  permita la construcción de una nueva sociedad democrática, participativa y protagónica, un nuevo estado comunal y socialista que exprese genuinamente los intereses del pueblo venezolano. La sociedad socialista sólo es posible mediante el ejercicio de la soberanía popular y la participación protagónica del pueblo en la dirección de la comuna, la sociedad y el Estado. Es necesario eliminar la falsa dicotomía entre espacio público y privado, pues los aspectos más importantes de la formación del carácter y la escala de valores que sirven de soporte a la dominación política se forjan en el llamado espacio de la “vida privada”, un espacio colonizado totalmente por los aparatos mediáticos del imperialismo y la oligarquía en defensa de la propiedad privada y los valores culturales de la dominación imperial y que, al final, se apropia de lo público, de lo que pertenece a todos en beneficio de unos pocos. Requerimos formar una cultura de respeto a la dignidad y la libertad del otro y la otra.

En este ámbito de la lucha contra la dominación política en la etapa de transición, necesitamos un Estado fuerte que vaya asumiendo progresivamente diversas esferas de la economía y la vida social y cultural. La lucha contra la dominación política requiere del Estado para el apalancamiento del poder popular y garantizar que la nueva institucionalidad se consolide bajo el signo de la participación popular,  de  nuevas organizaciones marcadas  por la comuna y los consejos de los diferentes sectores sociales (trabajadores,  estudiantes,  mujeres,  indígenas, etc.). Surgirá así un nuevo Estado socialista dirigido por y al servicio del pueblo, que terminará por desplazar el viejo Estado burgués.

La lucha contra la dominación política en todas sus manifestaciones es el eje fundamental para la destrucción de la vieja cultura política, la destrucción del Estado burgués y la creación progresiva de un nuevo Estado de carácter comunal y socialista, una nueva institucionalidad, una nueva legalidad y legitimidad que tiene por objetivo permitir el desarrollo pleno de la vida.

 

Humanización del trabajo como condición de vida del hombre y la mujer

Impulsar un modelo económico socialista basado en el desarrollo endógeno sustentable, lo que implica la lucha por la eliminación progresiva de la explotación capitalista del trabajo ajeno y la apropiación individual y privada de sus productos, por un lado, y por el otro, simultáneamente, garantizar que  la apropiación del  producto  del  trabajo  sea social, tanto desde el punto de vista del consumo para satisfacer las necesidades humanas, como de la acumulación social para ampliar la base material de producción de la sociedad. Diseñar e inventar nuevas formas de producción, distribución, circulación y consumo, que tiendan a eliminar la lógica del capital y la intermediación depredadora de los capitalistas; desarrollar nuevas formas de apropiación social y  comunitaria  del  excedente económico y nuevas formas de acumulación comunitaria y social que garanticen la soberanía alimentaria y la satisfacción creciente de las necesidades sociales; desarrollar una nueva ciencia y tecnología al servicio de las nuevas relaciones socialistas de producción y de propiedad, independientes y soberanas.

La lucha contra la explotación capitalista implica necesariamente el manejo del instrumental teórico de la crítica de la economía política formulada por Marx, y la construcción de un nuevo sistema de cuentas nacionales, sustentado en este instrumental teórico, que permita establecer nuevos indica- dores para la planificación  y para la evaluación del desenvolvimiento de la economía en relación con el mejoramiento de las condiciones materiales de existencia de la sociedad y no de la acumulación del capital, para mostrar la superioridad de las nuevas relaciones sociales de producción y de propiedad.

La lucha por la humanización del trabajo plantea la tarea de sustituir el modelo desarrollista rentista de la economía venezolana por un modelo de desarrollo endógeno integral y auto sustentable.  La  utilización de la renta petrolera como principal fuente del gasto social y de la inversión y la acumulación privada, ha configurado  históricamente un  aparato  productivo mono exportador, desarticulado intra e intersectorial y territorialmente dependiente de la importación de tecnología, equipos, maquinarias y capitales, que ha hecho a la economía venezolana sumamente vulnerable debido a la dependencia de la misma de los precios internacionales del petróleo. Para avanzar en la construcción del socialismo es necesario crear una economía productiva y diversificada.

 

(*) Libro Rojo del PSUV;pp 100-109 [los marcados en negrita constan en el documento original, los subrayados y las cursivas son nuestras.]

 http://www.psuv.org.ve