Blogia

ANTAGONISTAS

DESHUMANIZAR A LOS PALESTINOS
por Ali Abunimah



El gobierno israelí aprobó declarar la ocupada Franja de Gaza "entidad hostil", lo que le autoriza a sí mismo a cortar los ya magros suministros de electricidad (que, entre otras cosas, se necesitan para bombear agua), de combustible y de otros suministros básicos que los israelíes permiten recibir a quienes están encerrados en Gaza. La secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, apoyó rápidamente la decisión.


Israel es la potencia ocupante en Gaza, a pesar de haber evacuado a sus colonos en 2005 y transformado la zona, que es el hogar de un millón y medio de palestinos, la mayoría de ellos refugiados, en la mayor prisión al aire libre del mundo a la que Israel asedia y ataca desde su perímetro. Según el derecho internacional, Israel es responsable del bienestar de las personas cuyas vidas y cuyas tierras gobierna.

Apenas ha habido protestas por parte del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, ("Este paso sería contrario a las obligaciones de Israel respecto a la población civil según el derecho humanitario internacional y las leyes de derechos humanos") y d
e la Unión Europea ("La Comisión [Europea] espera que Israel no considere necesario implementar las medidas para las que las decisiones [del gobierno] establecieron ayer el marco").

¿Cómo? ¿Que la UE espera que Israel no considere necesario cortar las necesidades básicas de un millón y medio de personas, la mitad de las cuales son niños?

Estas declaraciones sirven únicamente para subrayar que Israel opera en un contexto en el que la "comunidad internacional" se ha hecho inmune al discurso de exterminio, físico y político del pueblo palestino.

Por ejemplo, Yossi Alpher, ex-director del Centro Jaffee de Estudios Estratégicos en la universidad de Tel Aviv, y en su momento consejero especial del ex-primer ministro israelí Ehud Barak, argumentó fríamente que Israel debería matar a los dirigentes elegidos democráticamente que ganaron las elecciones palestinas en enero de 2006 cuando hizo un llamamiento a "decapitar el liderazgo de Hamas, tanto a militares como a civiles". Es cierto, admitió, que puede haber un inconveniente: "Indudablemente Israel volvería a pagar un precio en términos de condena internacional, especialmente si mueren víctimas civiles inocentes" y porque "es de suponer que Israel tenga que atacar a cargos electos de Hamas que ganaron unas elecciones limpias". Sin embargo, esta condena se olvidará rápidamente, argumentó, "ésta es una forma de represalia y de disuasión cuya eficacia ha sido demostrada" y, por lo tanto, es "una opción que vale la pena considerar".

Alpher incitó al asesinato de politicos democráticamente elegidos no en un periódico de extrema derecha y marginal, sino en el boletín informativo digital subvencionado por la Unión Europea Bitterlemons, que él co-fundó junto con el ex-ministro de la Autoridad Palestina Ghassan Khatib. ¿Qué periódico publicaría un llamamiento hecho por un palestino, o por cualquiera, a matar al primer ministro israelí? Supuestamente a Alpher no le preocupa que le denieguen los visados para viajar a la Unión Europea para dar conferencias o dejar de recibir invitaciones de las universidades estadounidenses. La historia nos enseña que puede tener la tranquilidad de que no sufrirá consecuencia alguna. Es más, ¡en el actual clima político cualquier intento de excluir a Alpher podría incluso ser considerado un ataque contra la libertad de cátedra!
 

Las declaraciones que reducen a los palestinos a la mera vida biológica que puede ser extinguida sin duda moral alguna no son excepciones aisladas. Como informaba The Jerusalem Post en mayo, el ex-jefe rabino sefardí de Israel, Mordechai Eliyahu dirigió un veredicto religioso al primer ministro "de que no hay absolutamente ninguna prohibición moral contra la matanza indiscriminada de civiles durante un potencial ataque militar masivo a Gaza con el objetivo de detener el lanzamiento de cohetes" (Véase "Top Israeli rabbis advocate genocide", The Electronic Intifada, 31 de mayo de 2007). No he encontrado ninguna declaración de ninguna destacada figura israelí condenando este veredicto de Eliyahu.

Y el 6 de septiembre un consejero del esperanzado candidato republicano a presidente de Estados Unidos, Rudolph Giuliani, abogaba en un blog por "cortar a la Autoridad Palestina el suministro de servicios así como una serie de otras medias, como no permitir el trasporte de personas o bienes más allá de las necesidades básicas, implementar la pena de muerte contra los asesinos y arrasar los pueblos desde los que se lanzan los cohetes". Esto, afirmaba el consejero, "impresionaría a los palestinos con el deseo israelí de sobrevivir y así se acercarían su aceptación del Estado judío" (Véase: "Giuliani Advisor: Raze
Palestinian Villages", Ken Silverstein, Harper's Magazine, 14 de septiembre de 2007). Giuliani no se enfrenta a llamamientos de otros candidatos para que despida al consejero por defender crímenes de guerra motivados por razones étnico-religiosas. De hecho, la presencia de esta persona en su campaña incluso podría ser una baza electoral.

La última declaración del gobierno israelí llega en el momento en que los palestinos celebran esta semana el 25 aniversario de las masacres de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila en Beirut, en las que participaron plenamente el ejército de ocupación israelí y los dirigentes
políticos de este país. Podemos pensar que la deshumanización por parte de Israel de los palestinos y de otros árabes, sus matanzas casi diarias de niños, su destrucción de comunidades y su apartheid racista contra millones de personas está tan normalizado que si estas masacres ocurrieran hoy Israel no necesitaría pasar por el elaborado ejercicio de negar su culpabilidad. Puede que, de hecho, la "comunidad internacional" apenas se entere.


Co-fundador de The Electronic Intifada, Ali Abunimah es autor de One Country: A Bold Proposal
to End the Israeli-Palestinian Impasse (Metropolitan Books, 2006).


Fuente: The Electronic Intifada | Rebelión
Traducción Beatriz Morales Bastos

Entrevista al profesor iraní Hossein Nasr

Entrevista al profesor iraní Hossein Nasr

"La democracia es muy valiosa, pero se convirtió en prostituta"

Entrevistas - 19/01/2008 13:50 - Autor: Elisabetta Piqué - Fuente: La Nación
Seyyed Hossein Nasr, en su estudio (Foto de Elisabetta Piqué)
Seyyed Hossein Nasr, en su estudio (Foto de Elisabetta Piqué)

“La democracia es algo muy valioso, pero, por desgracia, en nuestros días se ha convertido en una prostituta.” Con barba blanca y hablar pausado, Seyyed Hossein Nasr, uno de los máximos expertos en ciencia y espiritualidad islámica, tiene el aspecto de un apacible sabio oriental.

Sus palabras, sin embargo, son como lanzas. Este reconocido intelectual iraní que dirige el Instituto de Estudios Islámicos de la Universidad George Washington considera que la democracia se ha transformado en un eslogan. Dice que es democrático quien es bien visto por los poderosos (léase Estados Unidos) y antidemocrático quien no lo es.

Sostiene, además, que hoy, debido a intereses políticos, “se llama terroristas a aquellas personas que lo único que hacen es defender sus derechos”. Agudo, critica duramente la famosa teoría del choque de civilizaciones, de Samuel Huntington, que considera “muy peligrosa”.

Nacido en Teherán en 1933, Seyyed Hossein Nasr, hijo de un médico de la familia real persa, se educó desde pequeño en Estados Unidos. Estudió matemática y física en el MIT, de Boston, e historia de la ciencia y de la filosofía en Harvard. Después de especializarse en ciencias islámicas, regresó a Irán, donde fue rector de la Facultad de Letras y de la Universidad de Teherán, y fue presidente de la Academia Iraní de Filosofía. En 1979, la revolución islámica de Khomeini lo forzó a emigrar a Estados Unidos.

Autor de más de cincuenta libros -publicados también en su país natal-, además de enseñar en Estados Unidos, Seyyed Hossein Nasr viaja por el mundo para enseñar y dar conferencias; fue uno de los 138 líderes musulmanes que les escribieron recientemente una carta al Papa y a los demás jefes de iglesias cristianas para proponer la instauración de un diálogo entre las dos religiones monoteístas.

-Usted es uno de los mayores expertos en el Corán. ¿El libro sagrado de los musulmanes autoriza la jihad , la guerra santa?

-Sí, pero depende de lo que entendamos por jihad . Significa esforzarse por seguir las enseñanzas de Alá. Además, siempre se utiliza en un sentido positivo, en el sentido de tratar de cumplir la voluntad de Alá, de exhortar a alguien a trascender sus propios intereses y ayudar a los demás.

-Desde el 11 de septiembre de 2001, en muchas partes de Occidente los musulmanes son sistemáticamente asociados al terrorismo. ¿Cree que esa percepción está creciendo o disminuyendo?

-Ni una cosa ni la otra. Lo que creo es que esa percepción está ayudando a muchos políticos occidentales a mantener a sus poblaciones sumidas en un estado de miedo. La ocupación de países musulmanes ha dado lugar a muchísimas más muertes que las que provocaron los atentados de Nueva York, Londres y Madrid. En segundo lugar, con frecuencia se llama terroristas a aquellas personas que lo único que hacen es defender sus derechos. Imagínese que alguien atacara Italia y los italianos trataran de contraatacar: según la definición actual, serían terroristas. Ese es el calificativo que se da a la gente del sur del Líbano, a los palestinos y a muchos otros grupos que no están atacando a ningún país, sino que se están limitando a protegerse. A los musulmanes que cometen actos terroristas en Cachemira, en Gaza o en otros lugares se los puede comprender desde el punto de vista psicológico. Pero desde el punto de vista religioso, esos ataques terroristas son inaceptables para la ley islámica.

-Pero no parece que sea casualidad que se cometan esos atentados en nombre del islam y no de otras creencias religiosas, como el cristianismo

-La respuesta es que el islam sigue siendo muy poderoso en el mundo musulmán. Cuando el cristianismo era fuerte en el mundo occidental, todo se hacía en su nombre. Cuando se conquistaba una ciudad o se lanzaba una cruzada, se hacía en nombre de Cristo. Numerosas masacres se cometieron en nombre del cristianismo. Cuando los conquistadores españoles, por ejemplo, mataron a miles y miles de indios sudamericanos, lo hicieron empuñando la cruz. El hecho de que Occidente ya no cometa ese tipo de matanzas en nombre de Cristo se debe a que el cristianismo se ha hecho muy débil, no a que la gente ya no esté interesada en matar. De hecho siguen matando, sólo que en nombre de otras cosas: nacionalismo, petróleo, economía Esos son los nuevos dioses de Occidente.

-¿Qué piensa de la teoría de Samuel Huntington sobre el choque de civilizaciones?

-Me opongo totalmente y considero que es muy peligrosa. Lo positivo de Huntington es que asegura que existen diferentes civilizaciones y que no van a desaparecer. Por muchas hamburguesas que se vendan en Italia, los italianos no van a renunciar a su italianidad, y lo mismo se puede decir de las otras culturas.

-¿Cree que el modelo occidental de democracia puede exportarse a los países islámicos?

-Creo que el modelo occidental de democracia no se puede exportar a ningún lado, porque es algo que tiene que nacer del interior de la sociedad, como ocurrió en Occidente. Estados Unidos no exportó la democracia a Alemania tras el nazismo. Fue la sociedad alemana la que la abrazó, la que aceptó a Eisenhower y el nuevo orden político tras sufrir una dictadura despiadada y una tremenda derrota militar que causó la muerte de millones de alemanes. En la historia no hay un solo caso en el que la democracia haya sido exportada y aceptada.

-¿Pero es compatible la democracia con el islam?

-Depende de lo que entendamos por democracia. En la actualidad la palabra democracia se ha convertido en un eslogan: quien nos gusta es democrático y a quien no nos gusta lo tachamos de antidemocrático. El pueblo palestino, en elecciones libres supervisadas por la ONU, eligió a Hamas para que lo gobernara. Pero Occidente rechazó ese resultando y alegó que era antidemocrático. En Egipto, Mubarak gana las elecciones con el 99,9% de los votos y es obvio que no es democrático, pero dado que es pro norteamericano, nadie dice nada. La democracia es algo muy valioso, pero, por desgracia, en nuestros días se ha convertido en una prostituta. Lamento decirlo, pero es así. Si entendemos la democracia como la participación libre de la gente en su propia vida, creo que es algo que todos los seres humanos desean. No es que a los españoles y a los ingleses les guste y que los birmanos la odien. Eso es una estupidez. Pero para que las instituciones democráticas crezcan, deben hacerlo desde el interior de una sociedad.

-¿Es necesario que un Estado sea secular para que pueda haber democracia?

-No creo que sea necesario. El propio Alá ha permitido a los musulmanes gobernar muchos aspectos de sus vidas. Es verdad que la ley islámica prohíbe comer cerdo, pero no me parece que la democracia se base en poder comer cerdo o no. Los cristianos también tienen sus prohibiciones religiosas y, en teoría, no pueden cometer adulterio.

-Pero la diferencia es que en los países de tradición cristiana el poder político y el poder religioso están separados

-Los países islámicos no tienen por qué secularizarse para ser democráticos, a no ser que por democracia entendamos sólo el modelo occidental.

-¿Cree posible una reconciliación entre Estados Unidos e Irán?

-No hay ningún motivo por el que Irán y Estados Unidos deban tenerse animadversión. Irán no supone ningún peligro para Estados Unidos. Algunos consideran que Irán supone un peligro para sus intereses, no para los propios Estados Unidos, lo cual es muy diferente. Irán no es un país poderoso. Lo que no puedo entender, como iraní que lleva 30 años viviendo en Estados Unidos, es por qué Estados Unidos e Irán no se sientan y discuten sus problemas, como cuando el presidente Nixon lo hizo con China. Yo creo que desgraciadamente se debe a que también en este caso hay ciertos intereses en juego, sobre todo por parte del lobby israelí en Estados Unidos. Odio decir estas cosas y sé que me van a costar muchos ataques, pero creo que es así. Y, en segundo lugar, algunos de los ricos países petroleros tienen miedo de Irán, de su discurso. Pero, más allá de eso, no hay motivo en realidad para que Irán y Estados Unidos tengan malas relaciones. Todo cambiaría completamente si los dos países se sentaran juntos a discutir. No digo que se fuera a resolver el ciento por ciento de los problemas, pero la situación cambiaría. Así que recemos para que se imponga la sabiduría y no haya una guerra. La peor catástrofe sería un ataque de Estados Unidos a Irán. Creo que una acción así supondría el fin de Estados Unidos como superpotencia.

Visiones y Revisiones: Racismo y Supremacismo

Visiones y Revisiones: Racismo y Supremacismo

EL PROBLEMA DE LA SUPREMACÍA DE LA RAZA BLANCA

JULIUS EVOLA

  

Dado el estado actual de la civilización occidental, el problema del origen, de los fundamentos y del porvenir de la hegemonía mundial de la raza blanca es, sin duda, uno de los más relevantes y apasionantes, al margen de suministrar, hoy, para Italia, elementos de un muy especial interés.

A tal problema Wahrhold Drascher acaba de consagrar una voluminosa obra (Die voherrschaft der weissen Rasse, Stuttgart-Berlin 1936), de la que vale la pena ocuparse, con objeto de establecer una base firme en torno a esta temática, tratada demasiado a menudo con dudosa imparcialidad y con fundamentos doctrinales más que insuficientes.

El hecho de que un determinado grupo de pueblos haya logrado someter a su voluntad, durante siglos, al resto del mundo, plegarlo a sus deseos e incorporarlo a sus destinos, constituye para Drascher, no sin razón, un hecho único en la historia universal, al grado de imponer antes de nada un examen sobre las raíces mismas de semejante posibilidad.

La explicación más vulgar es también la más unilateral e insuficiente; esto es, para explicar un hecho de tal calibre no se puede aducir una superioridad puramente material. Si a los Ingleses les ha sido posible controlar con apenas doscientos mil hombres a trescientos millones de hindúes; y si un Cortés y un Pizarro con un puñado de aventureros lograron sojuzgar gigantescos  imperios, esto trasciende cualquier interpretación exclusivamente materialista. Además, muy frecuentemente se suelen extrapolar las fases más recientes de un dominio, organizado a la sazón sobre sólidas bases militares, económicas y técnicas, con las que fueron las formas originarias de la conquista, vinculadas a dotes morales y aptitudes espirituales  bien distintas. En opinión de Drascher, lo que condujo a la raza blanca al dominio del mundo fue un sentimiento de superioridad inscrito en su misma sangre: sentimiento no derivado de fusiles y naves de guerra, y ni siquiera de un “derecho”, pero capaz de ser utilizado según la naturaleza de quien se fabrica todo lo  preciso para sus objetivos. El sentimiento de superioridad fue más bien una determinada expresión de la personalidad, impregnada del espíritu de una época especial, que Drascher denomina “época oceánica”

En lo que atañe al tipo o estilo común esencialmente definido en términos de carácter, Drascher  confiesa que, en el fondo, sólo en este sentido el problemático concepto de “raza blanca” recibe un sentido positivo: incluso cuando los pueblos de dicha raza se enzarzaron en ásperas disputas, aun entonces aparecieron ante otras razas, tanto en su conducta como en su esencia, como una única familia.

Rasgos principales, para Drascher: la más dura voluntad, frialdad, perseverancia, desprecio de la  vida y de la muerte, visión clara.

En un principio, tales aptitudes fueron, por decirlo así, guiadas hacia la aventura, hacia las grandes distancias, por una especie de oscura voluntad de infinito, que, por otra parte se remite al espíritu íntimo del Renacimiento. De suyo, todo esto trasciende cualquier motivación racional, mercantil o utilitaria. El dominio del mundo no fue “organizado”, casi ni siquiera “querido”. Un deseo de distancias, de presa, de pura conquista precedería  a toda colonización, en estrecha conexión con la era de pleno dominio de los mares; pues también desde el aspecto interno del impulso que estamos refiriendo debía recibir la experiencia oceánica su máximo implemento. “El mar, superficie sin medida, que de todo límite está libre. En punto alguno tiene fin: más allá de cualquier horizonte, otro horizonte, siempre igual, empujándote a ir todavía más allá. Su elemento es fluido, inestable. No invita nunca al descanso, a establecerse, siempre te obliga a partir hacia nuevas metas. El mar es, en un sentido superior,  la idea misma de lo ilimitado. Es adusto, poderoso, trágico, es una fuerza adversa que tan pronto parece dominada, se prepara para aniquilarte si no te muestras más fuerte que él”.  En este elemento, y al lado del nuevo impulso hacia lo inmanente característico del Renacimiento, toma forma un nuevo espíritu, el espíritu oceánico, dimanante de los más recónditos estratos de la raza, a fin de conducir a través de las propias rutas del mar, que señalan ya a cualquier parte de la tierra,  a los hombres blancos hacia la conquista del resto del mundo.

Así pues: impulso hacia distancias ilimitadas, espíritu de aventura y sed de oro y de predación, pero en sentido guerrero y todavía no económico o “colonial”, espíritu oceánico, férreas dotes de carácter. A tales elementos, hay que añadir un último factor, el principio cristiano, que predicó una superioridad categórica de las razas blancas en cuanto cristianas, estableciendo una distancia clara e insuperable frente al resto de la humanidad, considerada como bárbara e ignorante de la verdadera fe. Esto es válido especialmente para el ciclo de las conquistas españolas; pero también para el ciclo sucesivo  anglosajón, si bien mucho más solapada, y más apreciable en las consecuencias que en los principios, sigue actuando, sobre todo en el caso del puritanismo protestante, idéntica premisa. Y el protestantismo fue más allá al ofrecer, mediante su teoría de la prosperidad y del éxito como señal divina, un instrumento para el rápido tránsito de la fase “heroica” y “oceánica” de la conquista mundial hacia la propiamente económica y colonial, en la cual el beneficio y el comercio se colocaron en el primer puesto, la supremacía se hizo esencialmente industrial, técnica y económica; y el elemento guerrero y militar asumió el papel de una especie de policía armada protectora del capitalismo occidental en países considerados únicamente fuente de materias primas y mercados de productos manufacturados.

Drascher, que sigue atentamente todas las fases de desarrollo material, geográfico y etnográfico de la expansión blanca, no concede la misma atención a la contrapartida interna referente a transformaciones como la antes apuntada. Por lo demás, el examen que realiza sobre las bases de la hegemonía de la raza blanca, ¿permite verdaderamente justificarla y convertirla en un propio y auténtico  principio? El único punto medianamente sólido, es la referencia al espíritu “oceánico”, que incluso, aparte del nombre, no es siquiera original. En cuanto al resto, Drascher parece concluir en la siguiente evidencia puramente pragmática: una raza se ha creído superior, esta firme creencia le ha dotado de una aptitud, un modo de actuar y de conducirse que le ha conducido efectivamente al dominio, rodeándola, frente a muchas otras razas, de un halo de prestigio y de temor reverencial. Que este sentido de superioridad esté justificado con una superioridad efectiva en términos de pura civilización, Drascher, muy honestamente, lo niega constatando que, con relación a lo que existía en la India, en China, en la misma América precolombina, difícilmente los blancos hubieran podido establecer su derecho de conquista,  incluyendo a la rapiña y a la destrucción, en términos de absoluta preeminencia de civilización. “Lo decisivo no fue un valor superior de nuestra civilización en sí misma –apunta Drascher- sino la fe de sus exponentes en que dicha civilización era la mejor, incluso la única”. Con tal premisa, los conquistadores  mostraron, y aun ostentaron, una incomprensión absoluta y desprecio a priori por todo aquello que se encontraron e, inicialmente, se creyeron con derecho a desencadenar todos sus instintos y ejercer  toda clase de violencia. Así pues, permanecemos en el plano de lo puramente irracional. Y ahí se sigue todavía –añadimos nosotros- y mucho más plenamente incluso, en cuanto se llegó a los tiempos modernos. En tiempos así el argumento fundamental que sostuvo el sentido de supremacía fue la superstición evolucionista, la idea de que la ciencia material y la técnica, acompañadas de un par de hueros mitos social-humanitarios, fueran la última palabra de la historia mundial y dotaran a sus representantes más eminentes, o sea los pueblos blancos, del derecho al dominio del mundo como base para una tarea de universal “civilización”, es decir de conversión de cualquier civilización al modelo iluminista-racionalista occidental.

En realidad, es también en estos terrenos donde nuestro autor termina hundiéndose. Para explicar la originaria presunción de superioridad, incluso como “hecho”, no dispone más que un clave universal hallada al presente en Alemania útil para toda cuestión: el racismo. Pero decir que el sentido de la superioridad es un dato racial, algo innato en la sangre blanca, significa colocar en distintos términos el mismo problema sin avanzar un paso más adelante. Por otra parte, al objeto de cerrar con un balance de resultados la hegemonía de la raza blanca, Drascher anota en el “pasivo”, “crueldad y egoísmo sobre todo”; y en el “activo”, señala la liberación de la miseria, de la esclavitud y de la mortalidad de amplias poblaciones de color, la explotación de ignoradas riquezas naturales, comunicaciones mundiales, prosperidad, comercio, pacificación de  los individuos, etc. Por lo cual,  todo  ello sumado, el activo sería excedentario y el principio de la supremacía europea debería defenderse a toda costa y por cualquier medio, y sobre todo, gracias al primer punto, mediante un nuevo despertar de la conciencia de la raza y una nueva higiene y política racial, siguiendo de cerca las directivas nacionalsocialistas.

Pero las cuentas no salen del todo, y Drascher, como indicábamos, permanece detrás de los pretextos iluministas y evolucionistas antes señalado para las expresiones últimas de la pretensión hegemonista occidental. De hecho, sería fácil demostrar que todos los beneficios de la “civilización” – la del jabón, la radio, la fábrica de montaje y la del cine, ha sido Europa la primera en experimentarlos, con la cual ha sido ella la primera también en experimentar adonde conducen precisamente. No hay razón alguna para admitir que, tras el aparente y fugaz bienestar material, cuyo milagro hemos experimentado ya en el pasado siglo, las diversas ventajas anotadas por Drascher en el activo no conduzcan también a los pueblos así alzados hasta el nivel de la civilización occidental a las mismas crisis y a las mismas destrucciones espirituales contra las que combatimos; algo que, por lo demás ya es evidente aquí y allá en Oriente, lo cual Drascher no puede dejar de constatar, pero que debiera inducirle a situar el problema en otros términos y acabar con muchos mitos y fútiles presunciones

* * *

Distingamos las explicaciones sobre el pasado de la problemática del presente inmediato.

Nosotros mantenemos firmemente que no se puede verdaderamente garantizar la primacía de una raza en el dominio absoluto, cuando no exista la premisa de su superioridad espiritual absoluta.

Acerca del pasado, para entenderlo, debemos ir un poco más lejos del hecho del “espíritu

 oceánico”, considerándolo de este modo, menos un principio que no una consecuencia. A ello se ha aproximado por un instante Drascher, al hablar del espíritu de la época humanista, cambiando sin embargo –como era previsible- el signo negativo al positivo. Cuando la visión humana se distanció de la trascendencia, la ineluctable voluntad de infinito inherente al hombre debía proyectarse hacia fuera y traducirse en una tensión, en un impulso irrefrenable, en una saturación abnorme e insostenible en el domino que se sitúa inmediatamente debajo del dominante el de la espiritualidad pura y de la contemplación, a saber en el dominio de la acción y de la voluntad. De donde, el giro hiperactivista, del cual el “espíritu oceánico”, la perenne insatisfacción “faústica”, el indomable impulso hacia delante, porque ninguno círculo cerrado y ninguna meta temporal son capaces de poder agotar una fuerza de lo alto. La voluntad de infinito, secularizada y traducida involutivamente, en términos ulteriores de pura acción, de conquista, de aventurera expansión comercial, se encuentra en la génesis del dominio de la raza blanca: pero se encuentra, por ello mismo, también en el punto exacto de la primera caída interna de la civilización espiritual occidental (preservada todavía hasta finales del Medioevo)y, verdaderamente, respecto uno de otro, en relación de efecto causa.

A esto se le debería enfrentar – aparte la inferioridad efectiva, en cualquier sentido, de distintos pueblos de color auténticamente salvajes- con una degeneración interna de ciertas grandes civilizaciones extra-europeas, degeneración acaso conforme con las denominadas “leyes cíclicas” y probablemente derivadas del hecho de que dichas civilizaciones no llevaron su desarrollo material en términos de acción a una altura adecuado a su elevado nivel espiritual (especialmente en el caso de la India) donde su estructura se encontró totalmente inerme frente al desencadenamiento occidental de los “conquistadores” e incluso luego, en espíritus orientados especialmente hacia una realidad y un conocimiento no-materiales, el imperativo de reacción no supo asumir una fuerza proporcionada, mientras los elementos inferiores, ante la disgregación y sojuzgamiento de sus estados, pasaron desde un temeroso respeto primero, a una imitación de los blancos después.

Las bases generales de la primera fase de expansión blanca se pueden reducir, más o menos, a los estos términos. “Valor”, en sentido superior, resulta difícil encontrar cerca de ella. Este desarrollo expansivo de la civilización que coincide con su primera crisis posee de forma considerable el sentido de un principio de agitación y perturbación explosivamente esparcido por el mundo entero.

En tal fase, la parte válida permanece en los límites del aventurerismo y de lo novelesco, dotes de carácter,  de coraje, de dura voluntad –es decir, las dotes de la casta guerrera-  son las únicas predominantes.Pasando al periodo siguiente, su examen no puede prescindir de la constancia de una rápida involución posterior de la civilización occidental. Es una ley fatal que cuando un elemento de una jerarquía pierde contacto con lo que su superior, se rebaja, ni siquiera tiene forma de seguir siendo el mismo, tiende a descender de nivel, a caer en el dominio del elemento inmediatamente inferior. Así la voluntad de infinito, proyectada fuera del plano de la espiritualidad pura y de los fines trascendentes, reducida a ser alma de simples empresas de conquista y aventura mundiales no debía tardar en acabar en un nivel todavía más bajo, esto es en el que está más debajo de la propia casta guerrera, en el nivel mercantil, y es así como penetra la segunda fase de la hegemonía blanca, en la cual las distintas compañías comerciales prosiguieron la huella de los antiguos conquistadores [ndt.- en español en el original] y de los navegantes sedientos de infinito, no asumiendo los restos de la sangre guerrera –como dijimos- mas que para su protección, como guardia armada de la economía. Pero en una caída resulta difícil detenerse a medio camino: por lo tanto del mundo del imperialismo mercantil y de la aventura capitalista se debía pasar al de las ideologías mas o menos demagógicas y democráticas, las cuales habrían de terminar lesionando gravemente el principio mismo de la hegemonía europea despojándolo de toda verdadera justificación.Así están hoy las cosas.  Por ello –digámoslo cuanto antes- resulta inútil formular  consignas y lanzar voces de alarma, mientras se descuida la tarea fundamental de reconstrucción interna, la cual, al revés de lo que cree Drascher, va mucho más allá del plano del simple espíritu de “raza” y de solidaridad.

Del peligro que corre la supremacía de la raza blanca, sólo Europa es responsable.

El verdadero enemigo está dentro. Las razas de color, también las de otra civilización, pueden ser todavía mantenidas a raya por el puño de hierro de una tropa de conquistadores. En el mundo de la técnica y de la ideología humanitaria por un lado, nacionalista por otro, toda primacía se torna problemática.La técnica, ante todo. Por su propia naturaleza la técnica es impersonal y transitiva. Que ella sea, en buena parte, una creación de la raza blanca poco importa, puesto que tal creación se vuelve pronto independiente, y es solo cuestión de tiempo que las mejores razas de color –los japoneses lo demuestran- se enseñoreen de la técnica como los blancos; quedando lejos la época en la cual los instrumentos técnicos desconocidos podían infundir un sentimiento de espanto y de místico terror casi, convirtiéndose en símbolos de aparente superioridad. Precisamente al “civilizar” otras razas, al “iluminarlas” y “desarrollarlas”, los pueblos blancos se han cavado su propia fosa.Pero esto era irremediable y, de un modo u otro, el fenómeno siempre habría sucedido. Resulta imposible convertir en monopolio y privilegio una civilización técnica como tal. : repitámoslo, tal civilización es impersonal y transitiva; al no estar ligada a ningún valor cualitativo, queda virtualmente abierta a todos.Los blancos podrán seguir estando siempre en vanguardia del “inventar”; pero ya no podrán conseguir que esos inventos les pertenezcan solo a ellos.Este es el primer punto. La guerra mundial, en la cual Drascher quiere ver la quiebra del prestigio de los pueblos blancos frente a los demás, si ha operado en tal sentido, lo ha sido principalmente por haber acelerado y difundido el contacto, entre algunos pueblos de color, con los instrumentos del poderío técnico de los blancos. El hecho de que también el antagonismo entre blancos haya sido causa del desprestigio, es algo que, viceversa, puede ser válido solamente para las razas más inferiores, negras y asimiladas[1], que no entran de lleno en el problema principal. De hecho resulta obligado reconocer que a ojos de cualquier hindú, chino, japonés de un cierto nivel, incluyendo a los más puros indígenas norteamericanos, dicho prestigio no ha podido caer, por el simple hecho de que éste nunca ha existido: si tales razas han reconocido la superioridad material de los blancos, han estado lejos de reconocer al mismo tiempo una verdadera superioridad espiritual. Mas la misma supremacía se ha vuelto problemática en el momento en que los misterios de la técnica han dejado, más o menos, de serlo.El segundo punto consiste en la difusión de la ideología humanitaria, nacionalista y, finalmente, bolchevique-proletaria. Difundir el dogma de la igualdad fundamental de todo ser dotado de apariencia humana no podía mas que equivaler a la destrucción del presupuesto de cualquier superioridad. También Drascher lo percibe: si solo hay hombres iguales, es naturalmente “injusto” que una raza domine a otra. El dominio, a lo más, será la línea de salida de una libre competencia, en igualdad de condiciones iniciales, y afectará únicamente a lado exterior, es decir material y administrativo.

El efecto más destructivo provocado por la guerra mundial ha sido causado por la ideología puesta en marcha a la sazón contra los Imperios centrales: punto importante que Drascher casi pasa por alto. Se trata de la ideología, mediante la cual la guerra mundial habría consistido en una especie de cruzada contra el “imperialismo agresivo” de los pueblos germánicos y, con la derrota de éstos, habría hecho triunfar, el “principio de las nacionalidades”, de la autodeterminación y de la soberanía de los diversos pueblos, con plena independencia de cualquier principio jerárquico superior. Una ideología semejante es justamente aquello que faltaba para dar un  golpe de gracia también al imperialismo de las razas blancas y para santificar la emancipación de los pueblos de color, su derecho de “paridad”, una vez que, más o menos, se han “civilizado”, es decir europeizados. Un drástico ejemplo de este desatino está muy reciente: a saber, Abisinia promovida, en el contexto de la Sociedad de naciones, al mismo rango que Italia, con derecho a mantener una voz absolutamente igual a la de cualquier nación occidental, siendo Italia señalada como el “agresor”.

El último empujón lo ha dado la ideología bolchevique-proletaria, y es este punto sobre todo que, aun sin suficiente conexión con el resto, Drascher tiene el mérito de haber resaltado. El mito de la solidaridad internacional del proletariado “oprimido” en la revuelta contra el capitalismo “explotador” y su tiranía es precisamente lo que faltaba para que los estratos más bajos de las razas de color se levanten en rebelión a fin de liberarse del yugo de los blancos, transformados, obviamente, más o menos en capitalistas explotadores, conquistando y administrando libremente los instrumentos de trabajo. Cae de esta manera el último halo de prestigio y de la superioridad de los blancos, dando lugar a un odio y a un desprecio, que a menudo la Unión soviética fomenta ideológicamente, sino también con concretas acciones políticas: “Mientras los rusos hacen odiosos a los blancos –dice acertadamente Drascher- los japoneses aparecen como innecesarios.”Empero, llegados a este punto resulta extremadamente importante determinar que los presupuestos de la revuelta de los pueblos de color enlazan en la forma más íntima con su propia degeneración, con su marcha por el camino de nuestra propia decadencia interna. Sobre todo Oriente surge como posible adversario de Occidente solo en el momento en que padece las ideologías más letales e inicuas, desdeñando sus auténticas tradiciones de raza. Es preciso darse cuenta que tras la primera invasión occidental, tras la material, ha irrumpido una segunda invasión, la ideológica, y es sólo ésta  la que está dando lugar al peligro de la emancipación, si no incluso al del contraataque, de las razas de color. La ideología del “principio de las nacionalidades” y de la “justicia social” a la democrática, sus secuelas de economía nacional soberana, junto a los presupuestos generales técnico-mecánicos y racionalistas del tipo que hasta hoy se ha convenido en llamar y se sigue llamando “civilización”, está destinada a generar por doquier tantos facsímiles de naciones occidentales, como tantas otras fuerzas en lucha o competencia, donde no será posible establecer ninguna sólida y auténtica supremacía, por el hecho mismo de que no existirá ya ningún verdadero principio, ningún prestigio intangible, ninguna ley reguladora desde arriba: el cuadro de la crisis y de la quiebra europeo se reproduciría en mucha más grande proporción abarcando a todos los continentes.

Si tal es el verdadero estado de cosas, analizado sin ficciones, colocar el problema de la supremacía occidental y de su defensa en simples términos de raza y de solidaridad racial es obviamente un error; y es también un error basarlo todo en dotes de carácter de voluntad, de tenacidad, de las cuales se ha comprobado que, cuando se lo proponen y concentran su espíritu en tal sentido, pueblos de color como los japoneses y los árabes, son tan capaces como nosotros. El verdadero problema es interno, no externo, es aquel de la reconstrucción de nuestra propia civilización en términos de una nueva civilización espiritual.

Resulta admirable que Mussolini, en pocas palabras, en su discurso a los estudiantes orientales, haya determinado los conceptos esenciales de tal problema. El punto de partida consiste en rechazar la identificación Occidente con esa civilización basada en el capitalismo, el liberalismo y el cientifismo, privada de alma y de ideal, que encarnada especialmente en las razas anglosajonas,  en los siglos precedentes ha agredido al mundo entero, considerándolo como un simple mercado de manufacturas y como una fuente de materias primas, estableciendo con Oriente meros lazos materialistas y de subordinación. Esta civilización está en la base tanto de nuestra crisis interna como de la externa, es decir la que está llevando a la erosión de  la hegemonía occidental y a la rebelión de los pueblos de color. “De los males bajo los que gime Asia, en su desencanto, en sus rechazos –ha dicho además Mussolini- nosotros vemos reflejado nuestro mismo rostro”. Es la consecuencia de la generalización de nuestra “civilización”, de la conversión de las “razas inferiores” a nuestra verdadera civilización. Si no sabemos renunciar a esta civilización o, cuando menos, si no sabemos circunscribirla a un  espacio determinado, reconociendo toda el relativismo de sus valores y de sus “conquistas”, no hay que hacer: a lo más, intentar la aventura de los choques armados intercontinentales de inmensas masas conducidas por nuevos jefes cesáreos, como dice Spengler.

La restauración de nuestra primacía puede venir únicamente mediante un retorno al espíritu, recorriendo hacia atrás los grados de esa involución que se oculta detrás del “progreso” occidental, recobrando el impulso de la “época oceánica”, `pero sin detenerse ahí. Des-secularizar ese impulso, reespiritualizarlo, enderezar en el sentido vertical de la trascendencia la voluntad de infinito desencadenada y progresivamente difundida, a partir del Renacimiento, en los circuitos de la inmanencia y de la exterioridad: tal es la verdadera misión y el principio de toda acción posterior. Si la civilización occidental logra integrarse en tal dirección, la posibilidad de restaurar su primacía mundial pueden ser afirmativas, en función no de consideraciones sentimentales, sino reales, en el siguiente sentido.Nosotros hemos aludido a leyes cíclicas que presiden el desarrollo de la civilización y que, entre otras cosas, se manifiestan por el hecho de que las formas últimas de todo ciclo pierden su originario carácter espiritual, se materializan, se solidifican, y finalmente se disuelven desordenada y “activisticamente”, para posteriormente dar lugar a un nuevo principio organizador. No este el sitio para detenerse en una exposición de dichas leyes, ni para demostrar que ellas, desde hace cierto tiempo, parecen actuar no sobre un pueblo en particular, sino sobre el conjunto de la  humanidad terrestre. Todo ello nos dice, en cualquier caso, que Occidente se halla en el punto más extremado de este general movimiento descendente: en él la crisis está en su plenitud, las consecuencias finales de toda una civilización material y antitradicional son evidentes. Por consiguiente, Occidente se encuentra más adelante – más próximo al final pero también al principio de un ciclo- que cualquier otra civilización, como Oriente, que solo ahora, en su incipiente europeizarse y levantarse, comienzan a entrar en la crisis propia y verdadera, y aun cuando conserven mayores restos de espiritualidad tradicional, pero que, al fin y a la postre, deberán recorrer nuestro mismo calvario. Por lo cual, si a nosotros nos lograra conducir al final de la crisis, si fuéramos capaces de recuperar un contacto con el auténtico espíritu metafísico, propio de Occidente, con ésta su nueva civilización, este se encontraría en una posición de cabeza, mientras las otras razas, tras haber disfrutado del rápido milagro de los beneficios de una civilización técnico-material, se encontraría en el punto de nuestra crisis actual. Y tal será el punto de la restauración de nuestra primacía: de una primacía absoluta, pues será la que posea como presupuesto para cualquier hegemonía el derecho de una sólida, compacta y superior civilización.Y si la Italia fascista, es,  entre las distintas naciones occidentales, la que, en primer lugar, parece haber sabido superar el punto muerto, que ha lanzado el llamamiento para reaccionar contra la degeneración de la civilización materialista, democrática y capitalista, contra el egoísmo del más carente de luces de entre los pérfidos imperialismos occidentales y, por último, contra la ideología societaria, tenemos derecho a suponer, sin sombra alguna de fatuidad chovinista, que Italia se hallará también en  primera línea entre las fuerzas que guiarán el mundo por venir y restablecerán la supremacía de la raza blanca. 

Nota del Traductor.- El presente texto figura como apéndice de la edición de 1979 de “Indirizzi per una educazione razziale” (Padova, Edizione di AR). Se trata de un artículo de Evola aparecido en julio de 1936 en la publicación periódica fascista “Lo Stato”. Léase, pues, tanto en el contexto internacional de la época (Invasión italiana de Abisinia, Sociedad de naciones, conflicto con el imperialismo británico, racismo de Estado alemán, primeras declaraciones “racistas” del régimen de Mussolini, proclamación del “imperio”, etc.) como en el sentido integral, coherente, de la obra evoliana, específicamente dentro de su preocupación por dotar al Fascismo de una amplia y estructurada Doctrina Racial basada en la relectura crítica de la “civilización” occidental moderna desde la Cosmovisión Tradicional propia de Evola. (Trad. A. Beltrán, 2004) 



[1] Nota del Editor italiano- “Por lo que respecta a la presunta incapacidad de las razas negras para dar a luz a cualquier forma de civilización, ampliando su organización social más allá del fraccionamiento tribal, -leemos en una recensión del Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas de A. De Gobineau- se puede comprobar que, en realidad, no existe base seria alguna en la suposición de que el estado originario de los pueblos negros fuera el de la disgregación y el del desorden social; antes bien, existen muchas y muy buenas razones para admitir que condiciones de este tipo constatadas entre ciertas poblaciones sean a menudo el resultado de  una degeneración y de una involución, en los que se puede distinguir todavía los signos de un precedente fundamento espiritual que organizaba sus vidas  Ni se debería olvidar que fue precisamente la brutal intervención de los blancos la que favoreció en última instancia dicha disgregación; piensesé por ejemplo, a comienzos del esclavismo, en hechos menos conocidos pero muy significativos, como el asesinato sistemático  por parte de los alemanes de todas las autoridades políticas locales de Camerún, o la destrucción de un imperio de vastas dimensiones en el Africa suroccidental a manos de portugueses y belgas. Y, por lo demás, una buena ocasión para reflexionar nos la podría ofrecer también una imagen hallada en Angola, que representa al hombre blanco moderno con la boca cerrada, porque ha perdido el Verbo, y que ostenta sobre el pecho, en el lugar del corazón, la  representación de la única luz capaz de concebir: una lamparilla eléctrica” (cf. Jean Servier, L `Homme et l´Invisible, pag. 305). Así pues, pudiera  decirse que, no obstante su degeneración, ciertas poblaciones “inferiores” han mantenido siempre ese mínimo de sensibilidad y discernimiento que les ha  permitido protegerse de esa atrofia de las facultades interiores humanas tan generalizada entre los blancos más desarrollados; mientras que estos últimos, al contrario, en la mayor parte de los casos, ya no se dan ni siquiera  cuenta, haciendo inútil cualquier referencia al respecto” (“Rivista di Studi Tradizionali”, nº 18. Enero-marzo 1966, pp. 43-44) El autor de este comentario reproduce, además en nota a pie de página, el testimonio de los primeros navegantes europeos de finales del Medioevo, tal como han ido resumidas por Leo Frobenius en Storia della civiltà africana, Einaudi, Torino 1950, p. 38. “...cuando arribaron al golfo de Guinea y pisaron tierra cerca de Weida, los capitanes quedaron desconcertados. Calles trazadas con esmero, a lo largo de las cuales se abrían por millares hileras de arboles; durante jornadas enteras de viaje, una tierra cubierta  de espléndidas praderas, hombres vestidos con magnifica telas de confección propia. Más lejos, hacia el sur, en el reino del Congo, multitud de personas ataviadas con seda y terciopelo: grandes Estados bien organizados, con una estructura cuidada al mínimo detalle, señores poderosos, exuberancia industrial... De los relatos de los navegantes de los siglos XV al XVII, se desprende que el Africa negra florecía entonces en el pleno esplendor  de una civilización armoniosamente constituida”

  

Fidel Castro cree que EE.UU. es el responsable del asesinato de Bhutto

El lider cubano declaró que las políticas de la Casa Blanca son las causantes de que Bhutto haya sido asesinada.

Según IRIB, el lider cubano, Fidel Castro, en un mensaje leído en el parlamento nacional de Cuba, afirmó que las políticas de los EE.UU. conllevaron el asesinato de la señora Bhutto, lo cual conllevara la intensificación de la guerra civil en Pakistan.

Castro añadió que el asesinato de la ex primera ministra pakistaní es el resultado del aventurismo de los EE.UU. en el mundo a fin de saquear los recursos naturales de otros paises.

Asimismo agregó que ningún pais en el mundo tendrá inmunidad ante las políticas erróneas de los mandatarios de la Casa Blanca por lo que todos tenemos que estar preparados para las negativas consecuencias de las intervenciones de los norteamericanos.

IRIB

 UN AÑO DE "ANTAGONISTAS"

Se cumple en estas fechas navideñas el Primer Aniversario de la bitácora "Antagonistas" expresión de una Tendencia revolucionaria de Base que ha pretendido seguir manteniendo encendida la llama crítica y política de la experiencia histórica surgida alrededor de la revista y el colectivo "Resistencia".

Durante los doce meses transcurridos, nuestra modesta iniciativa ha conseguido captar la atención de un núcleo consistente y entusiasta de participantes en los debates surgidos de las noticias, comentarios, manifiestos, artículos, etc. que hemos ido colgando en nuestro Blog.

Y aunque el núcleo pudiera parecer numéricamente escaso, el nivel de los debates -en cambio- ha sido bastante elevado, lo cual visto el panorama general dentro de nuestra cultura política nacional-popular es algo positivo y hasta esperanzador.

Indudablemente un progresivo crecimiento númerico de participantes y colaboradores podría provocar también un "salto cualitativo" que llevara a plantearnos objetivos más ambiciosos en un futuro inmediato.

Por nuestra parte haremos todo lo posible para seguir ofreciendo un espacio libre y autónomo, socialista y patriótico, a todos cuantos sigan creyendo firmemente en que mientras no esté todo perdido nada está perdido.

¡BUEN AÑO ANTAGONISTA!

 

EL NEOFASCISMO DE SERVICIO (SECRETO)

Vincenzo VINCIGUERRA

 

El 23 de septiembre, en Berlín, el ministro de Propaganda del Reich, Joseph Goebbels, anota en su diario: “ Indudablemente el viejo Hindenburg tenía razón cuando dijo que ni siquiera Mussolini conseguiría nunca que los italianos fueran otra cosa que italianos”.

Los hechos le daban la razón.

Benito Mussolini había sido defenestrado mediante un golpe de Estado institucional, encomendado a las Fuerzas Armadas, impuesto por Víctor Manuel III y los fascistas no se habían rebelado.

El Duce había sido abandonado y traicionado por su fieles que habían descubierto, por afortunado coincidencia, que antes de la “facción” (el fascismo) estaba la Nación representada por la Casa de Saboya y por el nuevo presidente del Gobierno, el mariscal Pietro Badoglio.

Llegó, después, el 8 de septiembre de 1943.

Los enemigos se convirtieron en “aliados” y los aliados en enemigos a los que arrojar del territorio italiano que “ocupaban” indebidamente, mientras que los primeros de ocupantes pasaron repentinamente a “liberadores”.

La traición cometida por Víctor Manuel III y por los mandos militares dividió Italia en dos mitades, pero en su inmensa mayoría, los italianos permanecieron unidos a la espera de saber quién vencería.

La retórica del neofascismo post-bélico que ha querido ver enrolarse en el ejército republicano a 800 mil hombres, bajo las enseñas de la República social italiana, no resiste al examen de la  realidad de la época, con millares de oficiales que se adhirieron a la RSI para no ser deportados a Alemania y poder embolsarse los sueldos que el gobierno de Mussolini les pagaba.

La verdad afirma que los fascistas, en la República de Salò, fueron una minoría, hostigada y combatida por todos los demás elementos políticos y militares que eran republicanos por necesidad, sólo porque se hallaban más acá de la Línea Gótica.

Y serán estos elementos los que reivindiquen, en la posguerra, su adhesión a la “Salò tricolor” contrapuesta a la “Saló negra”, la de Alessandro Pavolini y la de las Brigadas negras, la de la Legión autónoma “Ettore Muti” y de las tropas destacadas en primera línea en la guerra anti-partisana.

Y la “Saló tricolor” contrapuesta a la “negra” no es más que la nueva propuesta de la “Nación” enfrentada a la “facción”, que había servido ya como pretexto a los fascistas del 25 de julio para ponerse a disposición del mariscal Pietro Badoglio, como Ezio Maria Gray, futuro senador del MSI, entre otros muchos.

La mala fe de aquellos, entre ellos Giovanni Volpe y Alfredo De Marisco, no por casualidad se encontraba este último entre los traidores del 24-25 de julio de 1943 durante la votación del Gran Consejo fascista que determinó la caída de Benito Mussolini, que quisieron separar Italia del fascismo es patente.

Desde el 28 de octubre de 1922 no existió Italia, de una parte, y el fascismo, de la otra. Existió sólo la Italia fascista, la que consiguió unificar a todos los italianos, comunistas incluidos, con la Guerra de Etiopía, aquella que entró en guerra el 10 de junio de 1940 para reivindicar su papel preeminente en la cuenca del Mediterráneo.

Y es el fascismo el que, el 8 de septiembre de 1943, retomó las armas junto a los aliados alemanes para reivindicar el honor de Italia, reorganizando el Estado y las Fuerzas armadas, restituyendo a Italia la dignidad que la monarquía y los mandos militares le habían robado.

Así, la pretensión de que junto a la Saló fascista había convivido una “saló tricolor” apolítica o, incluso, a-fascista o antifascista es falsa, utilizada instrumentalmente por aquellos que el 26 de abril de 1945 se habían pasado rápidamente a los vencedores tomando distancias de los fascistas y del fascismo.

Las traiciones del 26 de abril de 1945 equivalen a las del 25 de julio y del 8 de septiembre de 1943 porque solo hombres sin criterio y sin dignidad personal podían estrechar la mano a los vencedores cuando todavía yacían insepultos los cadáveres de los italianos muertos bajo los bombardeos aéreos y otros continuaban muriendo ante los pelotones de ejecución y ante sus aliados partisanos.

En realidad, la “ Saló tricolor” comprendía a aquellos que durante la República social italiana habían representado los intereses del Reino del Sur y de los aliados como el príncipe Junio Valerio Borghese que se había sumado a la RSI para oponerse a los fascistas hasta el punto de tramar un posible golpe de Estado que arrojase a Benito Mussolini del liderazgo del gobierno republicano.

Los militares que se han sumado a la RSI no han forman parte de un ejercito “apolítico”, después declarado instrumentalmente tal, porque había sido el propio Mussolini, estando presente el mariscal Rodolfo Graziani, en dejarlo claro en el transcurso de una reunión en Gargano el 28 de enero de 1944, con los comandantes regionales:

“La obligación de abstenerse de toda actividad política –había dicho el Duce- no significa indiferencia o agnosticismo. El juramento de fidelidad a la República significa no solo adhesión a la nueva forma política del Estado, SINO ADHESIÓN AL CONJUNTO DE LAS DOCTRINAS DEL FASCISMO, QUE DAN VALOR Y CONTENIDO HISTÓRICO A LA REPÚBLICA. También los signos exteriores tienen su importancia, como indicadores de un orientación precisa.El saludo, manifestación de la disciplina y de la jerarquía, será siempre descubriéndose o no, el romano; los galones serán sustituidos por un gladio romano rodeado de una orla de roble o de laurel”.

Ejército fascista, por consiguiente compuesto de oficiales y suboficiales que se adherían sin reservas al fascismo del que adoptaban incluso los símbolos exteriores: saludo romano y gladio.

Muchos de ellos ingresarán, posteriormente, en las Fuerzas armadas de las República democrática y antifascista y en ellas harán carrera hasta el grado de general de brigada.

Su presencia en las Fuerzas armadas y de policía nacidas con la Resistencia contribuirá a crear en el  fascismo posbélico la ilusión de poder contar con “camaradas” de uniforme, olvidando que precisamente estos habían traicionado jurando primero fidelidad a la monarquía, después al fascismo y por último al antifascismo y cuyo elástico “honor” les hubiera permitido traicionar una cuarta vez  si fuera necesario.

Lamentablemente, para nosotros y para Italia, el Tribunal Supremo rechazó, el 26 de mayo de 1954, la demanda de Junio Valerio Borghese para ser “rehabilitado” y poder ingresar en las filas de la Marina de guerra porque en tal caso habrían tenido una almirante  más y un “subversivo de Estado”  menos, ahorrándonos equívocos y lutos de los que todavía el país paga las consecuencias.

Quienes reingresan plenamente en la vida política y militar de la República nacida del 8 de septiembre de 1943 y del 25 de abril de 1945, no son pues los exponentes del fascismo sino aquellos de la presunta “Saló tricolor” que habían traicionado al fascismo cuando todavía estaba en curso la Segunda guerra mundial.

Son ellos, expertos en el doble juego y en la traición, los que monopolizan e instrumentalizan la base fascista, carente de figuras de prestigio, ilusionándola con una posible revancha gracias al apoyo de los “cuerpos sanos” del Estado contrapuesto a un régimen “corrupto y corruptor”.

Son los protagonistas de la inexistente “Saló tricolor” los que reivindican el patrimonio ideal de la República social italiana y del fascismo, “orden de creyentes y de combatientes”,  para trasformarlo en una vanguardia exclusivamente anticomunista y en la “guardia blanca” de la burguesía temerosa de la embestida comunista.

Son ellos los que entregan a los jóvenes y jovencísimos neofascistas italianos en las manos del Estado antifascista y de sus aliados internacionales para convertirlos en fuerza de choque contra el comunismo nacional e internacional, la “carne de cañón” que enviar al combate bajo las ordenes de los enemigos internos y externos del fascismo.

La necesidad de detener la “marea roja” y de evitar que Italia pueda caer en las manos del comunismo, justifica el progresivo enrolamiento de los jóvenes neofascistas en las estructuras secretas del Estado y la integración del Movimiento social italiano dentro del aparato paramilitar predispuesto por el régimen democristiano y de los servicios de seguridad anglo-americanos de signo anticomunistas.

El Movimiento social italiano nació como grupo de enlace entre ex combatientes, al servicio de los intereses de la Democracia cristiana, de la Confindustria, del Vaticano, de las Fuerzas armadas y de los americanos que serán, en la persona de James Jesús Angleton, los patrocinadores de la aventura missina.

Para subrayar su papel de fuerza “patriótica”, ajena a la ideología fascista, los promotores del Movimiento social italiano truecan el nombre y el símbolo del Movimiento social francés que, precisamente, tiene por emblema una llama tricolor.

Pero en esos tiempos confusos, los jóvenes que formarán la base del nuevo movimiento no están en disposición de distinguir que incluso en el nombre y en el símbolo el Movimiento social no tiene nada que ver con la Italia fascista.

El engaño se torna más sencillo no solo por la particular perfidia de Giorgio Almirante, Arturo Michelini, Biagio Pace y compadres sino también por la obtusa propaganda socialcomunista que lo identifica como movimiento fascista y exige rápidamente su disolución.

Si gran parte de los fundadores del Movimiento social están vinculados a los servicios secretos americanos, los hombres de la Decima Mas, al mando de Junio Valerio Borghese que, desde la prisión, sigue dirigiéndolos como auxiliares del servicio secreto de la marina comandado por el capitán de navío Agostino Calosi.

No produce asombro, por lo tanto, que Sergio Nesi, oficial de la Decima Mas, ya el 25 de abril de 1945 firme con los americanos el compromiso de retomar las armas en el caso de una guerra contra la Unión soviética, ni que Tullio Abelli, también él ex combatiente de la Decima Mas, sea hallado por la policía, en Turín, el 28 de octubre de 1946, “en posesión de un documento emitido por la 315 Field Security section intelligence corps que atestigua su calidad de informador de la policía aliada”.

Abelli será uno de los fundadores del Msi en Turín y llegará a ser vicesecretario nacional del partido.

La prueba que, bajo el máximo secreto, los aliados no consideraran a Pino Romualdi, Junio Valerio Borghese y camaradas como “fascistas”, lo demuestra el hecho de que quien suministra del explosivo a los israelíes para cometer el atentado contra la embajada británica en Roma, el 31 de octubre de 1946, será Pino Romualdi.

Resulta dudoso que los israelíes establecieran contactos con el exvicesecretario nacional del Partido fascista republicano, si no hubiesen tenido respecto a él pruebas suficientes de su lealtad a la causa antifascista, maduradas durante el bienio 1943-45.

Con semejantes referencias no maravilla que Pino Romualdi se convierta en vicesecretario nacional y presidente del Movimiento social italiano- Derecha nacional.

Y será también un oficial de la Decima Mas, Fiorenzo Capriotti, el que hunda en Gaza al buque insignia egipcio “El Mir Farouk”, el 25 de octubre de 1948, al mando de un grupo incursor de submarinistas israelíes  adiestrados por oficiales de la Decima bajo supervisión del capitán de navío Agostino Calosi y de Junio Valerio Borghese, que mantendrá con Israel una relación privilegiada hasta su muerte, el 27 de agosto de 1974.

También Fiorenzo Capriotti era un elemento destacado del Movimiento social italiano.

Florecerán, después, a partir de la primavera de 1946, formaciones paramilitares dirigidas por oficiales de las tres Armas (Ejército, Aviación, Armada) provenientes de las filas del ejército badogliano que consiguen integrar entre sus propias tropas a ex partisanos “blancos” y neofascistas unido por el odio al comunismo.

La más conocida de estas  formaciones es la “Armata italiana della libertà”, fundada en la primavera de 1946 por el coronel de Aviación Ugo Musco, que entregará a la embajada americana el listado de los miembros del comité central de la organización, casi todos ellos generales y almirantes en la reserva y en servicio de impecable currículo antifascista.

Por lo demás, serán los dirigentes del Movimiento social italiano los que pongan [a sus militantes] al servicio del Estado mayor del ejército, el 18 de abril de 1948, quedando encuadrados en el Arma de carabineros como en Milán donde, cuatrocientos de ellos, esperarán dentro de un cuartel el desarrollo de los acontecimientos prestos a intervenir contra los “rojos”.

Tres años después del final de la guerra, los jóvenes combatientes de la República social italiana, engañados por sus jefes y por una propaganda tan obsesiva como falsa sobre el peligro de una revolución comunista en Italia, son llamados a combatir y a morir por el Papa y por Washington, por Israel y la Confindustria, por el oro contra la sangre.

El neofascismo de servicio secreto nació para ellos en la inmediata posguerra cuando, en nombre de una guerra anticomunista que no existiría nunca, entrarán a formar parte de estructuras secretas del Estado antifascista encargadas de defender la existencia de este último y de representar los intereses de los aliados vencedores.

¿Cuántos de estos frustrados combatientes anticomunistas del 18 de abril de 1948 encontrarán posteriormente normal, incluso necesario, continuar colaborando con los servicios secretos militares y civiles, con el Arma de carabineros y la Policía? Muchos, decididamente demasiados vestirán las prendas de informadores y confidentes de los aparatos de seguridad tomando ejemplo de sus jefes que están perfectamente integrados en el sistema desde el día que fundaron un partido de nombre y de símbolo franceses para servir a los intereses americanos, vaticanos e israelíes.

Cuando, tras la aventura de Ferdinando Tabroni, en la primavera-verano de 1960, comience la marginación política del Msi, se obtendrá un ambiente político y humano oficialmente mantenido al margen del gobierno y de los partidos pero perfectamente integrado en el Estado y en su aparato paramilitar y de seguridad.

La duplicidad del Movimiento social italiano, partido de Estado pero no de gobierno, es denunciada por las “fascistas de izquierda”, reunidos en torno a la revista “Il pensiero nazionale”, que se dirigen directamente a las bases missinas:

“Vosotros los sabéis y lo veis: numerosos amigos y camaradas de armas están todavía en prisión o mendigan en busca de un trozo de pan, mientras los Valerio Borghese, los Pino Romualdi, los Almirante, los Lauro, los Cucco engordan a la mesa de los feudalistas y de los atlánticos. Aquellos que deberían pagar se dan aires de héroes y de puros y pretenden engañaros por tercera vez transformándoos en mercenarios de los ingleses y de los americanos. ¿No recordáis los muertos de la guerra contra los angloamericanos? Los mismos jerarcas, como los Borghese, los Romualdi, los Covelli que os deslumbraban con la fórmula de la sangre contra el oro, os empujan  a la guerra del oro contra la sangre. ¿No captáis la falsedad? ¿Y si la captáis a qué esperáis para denunciarla?”

Acusaciones que encuentran confirmación, por ejemplo, en un informe del comisario jefe de Roma, Saverio Polito, de 22 de diciembre de 1951 que se señala la presencia en el comité directivo italiano de “Pace e libertà”, organización atlántica, de Giulio De Marzio, “hermano del conocido Ernesto De Marzio, ex jerarca fascista y actualmente miembro del comité central del Movimiento social italiano”, que resulta ser “propietario y administrador único y director de la ’Agenzia Giornalistica Italia” (Agi), director responsable de la revista “Esteri”, quincenal de política exterior subvencionado por la Erp...Se  indica reservadamente –continua el comisario- que nuevas donaciones han sido Erp se habrían entregado recientemente a De Marzio por el periodista Frank Gervasi, jefe de la sección de propaganda del ente, al cual De Marzio mismo prestó servicios en el pasado”.

Algunos se rebelan. Desde el Piamonte, algunos dirigentes del Msi escriben a Augusto De Marsanich para comunicarle que no reconocen ya su autoridad y la de la dirección nacional del partido y del comité central “en compensación –agregan- reconocemos la habilidad con la cual, con el pretexto de la emergencia, habéis secuestrado el partido oficial y lo estáis transformando en un movimiento de derecha, estrechamente ligado a fuerzas antisociales”.

El Movimiento social italiano habría de convertirse en un partido reaccionario y conservador, exactamente como estaba en la mente de sus fundadores, tanto que el 23 de abril de 1952, Giorgio Pini, redactor jefe de “Il Popolo d´Italia” y subsecretario del Interior durante la República social italiana, uno de los hombres más próximos a Benito Mussolini, dimitió del partido.

Un partido de soplones, al punto que Filippo De Marsanich, hermano del secretario nacional del Msi Augusto De Marsanich, resultará después haber sido integrante de la estructura “Gladio”, la muy secreta organización de la OTAN, que bien sabía cuán lejos estaban del fascismo y de la defensa de los intereses nacionales estos personajes que explotaban a los caídos de la República social italiana y reivindican para sí la herencia política y espiritual.

No se equivocaba Francesco Cosentino, secretario general de la Cámara de diputados, cuando, en junio de 1960, dirá a Robert Mudd, secretario de la embajada americana, que “el Msi no es un verdadero partido fascista y que es cosa de risa considerarlo como tal. El Msi no quiere lo que quería Mussolini y se ha convertido en un partido respetable de la derecha política”.

Pero por razones exclusivamente electorales, los dirigentes del Msi continuarán durante decenios presentándose como los únicos herederos de la República de Salò, y habría que esperar a 1995 para que los herederos de Giorgio Almirante y de Pino Romualdi, se decidan a escupir abiertamente sobre  el fascismo y sobre los fascistas, sobre los muertos y sobre los vivos, para comer el plato de lentejas que les ofrecen Silvio Berlusconi, la embajada americana y la de Israel.

Partido de Estado junto a las organizaciones subalternas (Ordine Nuovo, Fronte Nazionale, Avanguardia Nazionale, Europa Civiltà, Terza Posizione, Nar), el Msi ha representado el vivero del cual los servicios de seguridad han captado centenares o millares de hombre para utilizar en la defensa del “mundo libre” y para combatir la “subversión roja” con todos los medios, incluso los más infames, sin mancharse las manos ni comprometerse directamente”.

Partido de Estado, desde siempre democrático y antifascista, que nació de la Resistencia y de la derrota militar de la Italia fascista, de modo que no se podrá nunca hablar de “subversión negra” en este país, de “terrorismo fascista” que amenaza la democracia, sino de un frente único que ve como el Estado –este Estado- desencadena una “guerra de baja intensidad” para defender los intereses de los Estados Unidos, de la OTAN y de Israel en el Mediterráneo utilizando a su neofascismo que es la pura antítesis del fascismo.

La prueba la encontramos todavía hoy, lejos ya de los trágicos acontecimientos de los años Setenta, cuando los presuntos neofascistas, dignos herederos del Movimiento social italiano y de los grupos dependientes de él, no pierden ocasión para rendir homenaje a los cuerpos autónomos del Estado, empezando por el Arma de carabineros, la policía de seguridad atlántica, la policía política de la que deberíamos exigir en alta voz su disolución por el papel que ha desempeñado en la “guerra de baja intensidad” de la cual posee todos los más innobles secretos.

Publicaremos los nombres de todos los que han desempeñado el papel de informadores y confidentes de los servicios de seguridad y que, aun hoy, muchos consideran  “camaradas” basándonos en el hecho de que el Msi que, por boca de Giorgio Almirante representaba la “alternativa al sistema” ha incluido entre sus parlamentarios hasta a tres directores delos servicios secretos militares: Giovanni Di Lorenzo, Vito Miceli, Ramponi.

Dejamos voluntariamente a esos “camaradas” de con tales hechos, así como a aquellos que a menor nivel han servido a los aparatos de seguridad del Estado antifascista pero que no renuncian, ni siquiera hoy, ni siquiera ante la evidencia de las pruebas, a definirse como “fascistas” ayudados en esto por la mala fe de jueces que insisten en presentar a grupos de confidentes como el véneto como “células negras”, para ganar publicidad y honorarios.

Se siente en cambio el deber de denunciar este licuamen humano y político que, en vez de apartarse en silencio, continua haciendo ruido jactándose de haber realizado la “lucha armada” contra el Estado, favoreciendo así la mentira que se trata de hacer pasar como verdad histórica ya admitida y probada.

Contra este Estado y sus aliados internacionales la única lucha que se tiene el deber de conducir es la que utiliza el arma de la verdad, usándola hasta las últimas consecuencias, cueste lo que cueste.

Después, cuando la verdad se haya afirmado, la luz de un nuevo amanecer iluminará un nuevo País, liberado, redimido.

Y devolver dignidad y verdad al País es nuestra misión y muestra batalla.

 

Vincenzo Vinciguerra
Opera, 15 octubre 2007 

  

La Patria hispánica

La Patria hispánica

Luis Erraiz
www.patriayresurgir.wordpress.com


Somos Conscientes de que la idea de Patria tiene en la actualidad unas connotaciones ideológicas Negativas Normalmente, connotaciones que, por otra parte, son completamente ajenas A su verdadero sentido histórico. De ellas, solo admitiremos una: la defensa de una identidad contra el ataque internacionalista homogeneizador de las Culturas. El resto de nuestras ideas Será fruto de una Afirmación rotunda, de una construcción doctrinal ajena a toda lo arcaico, Retrógrado, anticuado o antirrevolucionario. Defenderemos el dinamismo creativo Frente a el estatismo de la mera supervivencia ideológica.


Constantemente hablamos de que se impone, entre otras cosas, reestructurar la economía, pero eso no seria más que una faceta de nuestra cosmovisión: el socialismo. La otra es el patriotismo y este nos Impone además una Reestructuración territorial y la reconsideración de Ciertas Cuestiones. Nosotros, que nos consideramos herederos de los que veían a "España como problema" Frente a los que veían a "España sin problema" oa los que, directamente, no la veían, buscamos el Ser más profundo de España y pretendemos Mejorar esta Patria Vieja con patriotismo el único posible, es que el crítico.


Sobre España, la Patria y la Nación


La Patria Podría ser definida de muchas formas: en lo territorial, como " República, o Estado, Cuyos Somos miembros " class="MsoFootnoteReference">

¿Qué es España? ¿Es una Patria, una Nación, una Nación de Naciones, nada, ...? Hay que Reformular la definición de España. El documento "Patria" [5] -ya él me remito para < span> buscar la argumentación-Necesaria de Línea Antagonista Trata y el tema es la definición que tomaré como buena de aquí en adelante: " España es una patria plurinacional ". Hablar de Naciones españolas no menoscaba en absoluto la vigencia y realidad de la Patria hispánica y, con Cierta actitud nominalista, podemos hablar de Nación española sin caer en contradicción.


Somos por tanto Patriotas Cuyo patriotismo, revolucionario en la medida en que asume " proyecto sugestivo de vida en común " [ 6] y lo adopta como un quehacer diario-la "gimnasia revolucionaria " de Ramiro Ledesma-, está en la Línea de la definición como espíritu. Aceptamos una como España, pero a la vez la aceptamos como una comunidad que es en tanto que ALBERGA en su seno una Diferentes pueblos.


A la hora de defensor de la idea de España, se nos presenta la duda de la españolidad de determinadas zonas. Que lo que hoy conforma el Estado español es España es indudable. Lejos queda de nosotros Tener que volver a razonar y Demostrar por qué determinadas Regiones de España lo son. Quizá antes la lucha Estaba en el Reconocimiento de las culturas españolas contra el centralismo Catellano cierto, pero hoy está en la defensa de la Existencia de España; Las Naciones Españolas, Regiones o si se prefiere, Ya están en la conciencia de todos.


Más adelante niego toda al Legitimidad Sistema real y al Estado. PREMISA Con esta, realmente no determinadas que importa hoy no hayan sufrido algún Zonas Bajo el Estado Español y cobra sentido la ruptura como forma de llegar a la realización definitiva de la Patria. Las "naciones españolas" [7] , según tesis del futuro jonsista Montero Díaz, Después Deberían separarse para volver a Unirse, esto Porque " no destruiría, ni mucho menos, la unidad hispánica. La robustecería por contrato " [8] . Le doy la razón y por eso no tenemos miedo a la separación jurídica y formal, Porque seguirán Siendo España, siempre que no se siga con la Manipulación constante y diaria de la Historia y de la Cultura desde las cúpulas de gobierno para seguir Obteniendo Beneficios de todo tipo. Y nos reafirmamos Después de ver que los españoles NACIONALISMOS separatistas no quieren su identidad propia defensa, sino la independencia por diferenciación, aunque sea artificial, [9] < / span> . " neofeudalismo no Actúa, en realidad, por la defensa de una identidad" no em Reconocida Suficientemente "(...), sino por la construcción de un Estado propio " class="MsoFootnoteReference"> son Portugal y dos hispanidad Cuya tierras, en el sentido más ibérico del término, es innegable, y que no son parte de nuestro Estado por malas actuaciones de Distintos reinados y Gobiernos. Abogamos, por tanto, por un iberismo Mantenido en el pasado por Latino Coelho y hoy, con muchos matices, por Saramago o el oportunista Günter Grass. Por eso, " hay que dialogar con Portugal. El Imperio hispánico necesita, antes que nada, articular la Península entera " [13] .

En cuanto a América del Sur, DEBE SER La relación de patronazgo político y cultural, en tanto que contrajimos una Obligación histórica Aquellos con pueblos en el momento en que pusimos un pie allí. Ocurre igual con un pueblo abandonado por nosotros ante el peligro, el del Sáhara Occidental. Tenemos la Obligación de una Ayudar A LOGRAR ese pueblo de la Independencia de las "fuerzas invasoras. No son parte de nuestra Patria, pero esta tiene un compromiso con ellos. Tanto el bien como el mal que hayamos Podido hacerles Ya están hechos. Es la hora de la Cooperación, dejando fuera de lugar toda búsqueda de hegemonía imperialista sobre ellos.

Con esto no Estaríamos más que contribuyendo a la Reconstrucción de la Europa de las patrias ya un mundo organizado según los Principios inheridos uno cada pueblo, toda vez que se haya derrocado el Régimen atlantista del tándem UE-EE.UU.. El Apoyo a los pueblos contra el imperialismo real useño , en términos de Pío Moa, va de la mano de la ayuda que nos Debemos Prestar Para alcanzar una Revolución Patriota y Socialista. Actualmente " se estan asociando Paises que No tienen nada más en común que el deseo de Mantener su libertad, soberanía y independencia " [14] . Y esa es nuestra lucha en el ámbito internacional.

Nota sobre el Estado español real

La España de Comienzos del siglo XXI vive inmersa en un sistema político Determinado, nacido de la Constitución Española de 1978, y esa es la realidad de donde Deben nacer las respuestas. Esta, marco jurídico del actual Estado Español, dice fundamentarse " en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles ", garantizando " el derecho a la autonomía de las Nacionalidades y Regiones que la INTEGRAN " [15] .

Pero la visión constitucional de España no se reducir una mera esta fórmula jurídica, sino que se expande a todo el derecho que de ella ha nacido: el Estado constitucional (la "España constitucional" [16] ), que ha conseguido sustituir la idea de España como Patria por la idea de España como ente constitucionalizado o realidad constitucional.

Por lo tanto, la España de la Constitución no es más que la realidad que vemos hoy: un Estado fragmentado en parcelas insolidarias, donado por una élite económica, que ha perdido su identidad y Cuya comunidad no encuentra nexo alguno que la Mantenga Unida. La Patria ha dejado de ser una aspiración para ser la máscara de una clase dominante, es decir, la excusa del poder. Las llamadas al patriotismo o La afirmación de España se hacen " precisamente [] para disimular las Numerosas acciones que le descalifican como gobierno de España " class="MsoFootnoteReference"> [1] Feijoo, Benito Jerónimo. Teatro crítico universal , Tomo tercero, 1729.

class="MsoFootnoteReference"> [3] Quintana, Manuel José. Pelayo , 1805.

class="MsoFootnoteReference"> Las Cuatro Naciones de España ".

class="MsoFootnoteReference">

, El Catoblepas, número 68.

class="MsoFootnoteReference">

Chávez pide una disculpa del Rey ante el mundo

CARACAS (Reuters) - El presidente Hugo Chávez pasó de bromear con medios extranjeros sobre la polémica con el Rey de España a ponerse serio y exigir una disculpa del monarca ante el mundo por mandarle a callar en la Cumbre Iberoamericana, a la vez que advirtió de que podría nacionalizar inversiones españolas en Venezuela.
 
Pese al tono jocoso del que hizo gala en una conferencia de prensa con corresponsales extranjeros en la tarde del martes, riéndose de las bromas que circulan por los medios de comunicación y la red con el "¿por qué no te callas?" que le gritó el rey Juan Carlos I, Chávez se puso serio luego y le acusó de ser el único culpable de la polémica.

"El Rey, que se le fueron los tapones, lo menos que debería hacer es ofrecer excusas y decirle al mundo la verdad (...) fue él que me agredió", afirmó en una entrevista con un canal local de televisión del estado de Lara, retransmitida el martes por la noche a nivel nacional por la estatal VTV.

Aunque horas antes había dicho que no quería "ningún conflicto con el Rey" y atribuyó parte de la controversia a la manipulación informativa de los medios, más tarde exigió una "disculpa" y una "confesión" ante el mundo.

"El (Rey) debería decir: 'Señores del mundo, de Iberoamérica, yo que soy el Rey, yo me confieso, yo me exalté, yo cometí un error. Así que le pido a los demás gobiernos que nadie fije posiciones aquí contra Venezuela, ni contra España'", agregó el mandatario izquierdista.

En un gesto sin precedentes, el monarca increpó al mandatario venezolano en la última sesión de la Cumbre Iberoamericana, exigiéndole que dejara de interrumpir al presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando éste pedía respeto para su antecesor José María Aznar, al que Chávez llamó "fascista".

Además, Chávez calificó de "absurdas" las expresiones de "solidaridad" de otros países, como Chile, Perú y El Salvador, con el monarca español.

"Eso puede alterar las relaciones con Chile y con El Salvador y ¿quién es el culpable? El Rey. Juan Carlos de Borbón es el culpable", exclamó.

/Por Enrique Andrés Pretel/