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“LA PAZ ES LA GUERRA”... Y EL NOBEL, UNA MIERDA

“LA PAZ ES LA GUERRA”... Y EL NOBEL, UNA MIERDA


Como se sabe, este pasado fin de semana el Presidente de los Estados Unidos de América, Barack Hussein Obama, ha sido galardonado con el Premio Nobel de la Paz.
Con sentimientos enfrentados, la “opinión pública” ha recibido la noticia con mezcla de sorpresa y estupor, de conmoción y sarcasmo, de entusiasmo y servilismo; incapaz en su mayoría de encontrar una razón de peso para conceder semejante recompensa a alguien que, independientemente de lo que se pueda pensar de su acción política concreta y de su diplomacia internacional, no ha tenido prácticamente tiempo de sentarse en la poltrona de la Casa Blanca y de encarar los enormes problemas económicos y financieros de su nación; y menos aún de haber conseguido alguno magro logro en sus escasos meses de “liderazgo mundial”.
“Admirable mundo nuevo....”
Un capitalismo en crisis, un imperialismo en retirada, un sistema político y económico en franca decadencia, atragantado en sus propios excrementos plutocráticos, no se suicida: se maquilla.... o se traviste.
“Cambiar todo para que todo siga igual”, como Lampedussa nos advirtiera.
Aun así el Sistema debe seguir siendo fiel a su Monoteísmo de mercado, a su Fetichismo democrático, debe continuar promoviendo títeres políticos de recambio (Obama, Sarkozy, Merkel, etc...) dentro de su sempiterna huida hacia adelante, pues no tiene más alternativa que el caos controlado o la aniquilación total.
Paz.
¿Razones? ¡Para qué!
Obama, el “faraón negro” de la “refundación neo-capitalista” no las precisa. Hechura del Stablishment estadounidense, no es sujeto, sino producto: y como tal ha sido lanzado al mercado político global:
Rezan las agencias:

"Obama, Premio Nobel de la paz por su visión de un mundo sin armas nucleares"
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, es el ganador del Premio Nobel de la Paz 2009 por estimular el desarme nuclear y sus "esfuerzos diplomáticos", en una sorprendente decisión que ha anunciado este viernes el Instituto Nobel de Noruega.

No ha llegado al primer año de su mandato y el nuevo Faraón negro se coloca –igual que los antiguo reyes de Egipto- una segunda “corona”; en este caso más de cartón que la presidencial que ya ostenta, en nombre de una “Paz” que es el comienzo de nuevas guerras, de nuevos crímenes, de más destrucción.
La supremacía norteamericana está en juego. Y hay cosas con las que no se juega.
Poco ha tardado el inquilino de del White House en aceptar un premio tan “prestigioso” que ha recaído en el pasado en notorios y notables terroristas y genocidas del calibre de Menahem Beguim, Kissinger, Rabin, etc. o en personajillos irrelevantes por cuestiones exclusivamente políticas o de marketing, como esa patética “opositora” iraní en 2004 de cuyo nombre mejor no acordarser...
Algo hicieron al menos. Mejor o peor, bien o mal.
Pero éste es un premio nuevo, “sui generis”, de un tipo especial, extraordinario y extravagante como corresponde a la degradación histórica de la Academia Nobel y a la crisis general del capitalismo mundialista de guerra.
Premio prevaricador y precursor, preventivo y premonitorio
Obama es la ultima chance de la desesperación imperialista. Ultimo conejo de la chistera judeoamericana.
Los Devoradores del mundo se han quedado colgados. La Resistencia global de los Pueblos y las contradicciones internas del Capitalismo de Guerra han agotado su impulso.
Hay que resetear el sistema.
El Premio Nobel de la pazzzzz concedido es un “cheque en blanco” geopolítico, análogo al “cheque al portador” geoeconómico otorgado por Wall Street a su hombre en Washington para tapar a costa del presupuesto público de los Estados nacional-imperialistas la GRAN ESTAFA perpetrada por la corrupta neo-economía global liberal-capitalista.
Mensaje recibido:
“En un discurso ofrecido en la Casa Blanca, el mandatario se declaró "sorprendido y honrado" y dijo que acepta el premio como "un llamamiento a la acción".
¿”Acción”? ¿Qué acción?
La acción ahora se sitúa en Afganistán. Y como en Irak, pintan bastos para los “Cruzados” del Nuevo (des)orden mundial.
Empezar desde el principio. No hay otra opción.
El “principio” es el “verbo”. O sea el “lenguaje”. La neo-lengua es monopolio del Poder, del Gran Hermano y de los Sumos Sacerdotes de la Religión Occidental; esa violenta superstición que aúna Democracia liberal y Judeocristianismo: síntesis del odio y del doble-pensar.
Es cuestión de fe, arte de magia y negocios a toca teja. Dios y dólares.

* * *

“Si vis pacem, para bellum”, sentencia el clásico latino.
Pero esto que vivimos, esto que mamamos, lo que somos, no pertenece al Occidente clásico –aunque idiotas reaccionarios y machacas identitarios no falten para argüir lo contrario- ni siquiera a la Europa moderna aunque extraiga de ambos difusos paradigmas culturales y confusos criterios de identidad.
Ahora, tras la centuria orwelliana, “si quieres la guerra prepara -y premia- la paz”; porque la “paz es la guerra” y la guerra es humanitaria, tanto para Bush como para Obama. Igual para Aznar como para Zapatero. Para el Papa como para el Rey.
Sobre la piel de los Pueblos, sobre la sangre de los inocentes la Democracia en Armas escribe su historia como una cantinela de embustes, de rapiña, de exterminio supremacista.
Así, ese atajo de individuo que gobierna este país nuestro en pleno desempleo más conocido como Rodríguez Zapatero, ha ido en genuflexa procesión –exactamente igual que su antecesor en el cargo aquel embrión de “ultimo hombre”, el “Ansar” Aznar- ante el Gran Hermano norteamericano ofreciendo más víctimas en el “Ara pacis” de Obamistán, la nueva Nintendo de juegos de guerra del flamante Premio Nobel de la “Pax americana”.
Literal:
“Zapatero promete a Obama una "importante contribución" en Afganistán”
Casi 90 muertos españoles –el último apenas hace unos cuantos días- son pocos en el expediente presidencial de la “Misión humanitaria” de las Fuerzas armadas españolas.
Poner muertos propios y, sobre todo, ajenos –“terroristas” civiles de tierras lejanas y de costumbres hostiles- en el tabernáculo del Capitalismo de Guerra sale bastante barato.
O al menos candidatos no faltan:
Así según un informe del Washington Post
“Washington va a enviar otros 13.000 soldados estadounidenses de ocupación a Afganistán, además de los 21.000 que anunció el ‘Nobel de la Paz’ Barack Obama en marzo”
Efectivamente el “cheque Nobel en blanco” es todo un “llamamiento a la acción”.

* * *

Pero aunque la “guerra humanitaria” o “paz bélica” se dirima militarmente ya sea en Afganistán o en Irak; ya en Líbano o Palestina - o precisamente por todo ello- el objetivo final no ha cambiado, porque los estrategas y los planificadores siguen siendo los mismos y sirven a los mismos intereses políticos, militares y financieros.
El objetivo no es otro que neutralizar completamente a la República Islámica de Irán: único y último baluarte contra el proyecto hegemonista del judeomundialismo estadounidense.
Las sanciones no sirvieron para nada. La guerra impuesta mediante el títere americano Sadam, sólo trajo muerte y dolor, pero no la derrota de la Revolución Islámica. El terrorismo de baja intensidad se volvió ulteriormente contra la superpotencia yanqui. Los intentos de desestabilización interna (como la mascarada “verde” de MoUSAvi) han sido batidos.
Sólo queda una última posibilidad. El montaje mediático-masónico contra el Programa nuclear pacifico de la República Islámica de Irán: Nación soberana, Estado revolucionario y Comunidad popular libre, creyente y antiimperialista.
Para alcanzar sus objetivos, exigidos por el lobby judeo-sionista, que ha impuesto a la cornuda mayor del Imperio, Hillary Clinton, al frente de la secretaría de Estado, Obama ha tenido que renunciar –de momento- a su iniciativa de cerco militar contra la Rusia putinesca, a cambio –obviamente- de un mayor apoyo y presión por parte del ex imperio soviético frente a Irán.
¡Hasta qué punto puede llegar el poder de la minoría judía en Estados Unidos, por un lado, y el de la Entidad sionista ilegal sobre el Imperialismo estadounidense, por otro!
Al adorado Faraón negro y figurín blanco del nuevo Capitalismo de Guerra bajo tramoya pacifista-progresista, sus verdaderos le han dado no sólo un tan innoble como inmerecido premio; sino –peor aún- le han dado cuerda como a un muñequito de plomo.
Pero es igual.
Los Devoradores del mundo, los Arrogantes del planeta, los Opresores con piel de cordero y alma de lobo no triunfarán.
Su futuro es desde hace tiempo pura cuenta atrás.





"BOMBAS Y MENTIRAS EN TORNO A IRÁN"

"BOMBAS Y MENTIRAS EN TORNO A IRÁN"

por TXENTE REKONDO

Las noticias sobre la existencia de una planta nuclear "secreta" en Irán se ha convertido estos días en todo un bombazo informativo para algunos medios occidentales. Sin embargo, la realidad vuelve a situar a cada uno en su sitio, y una sosegada mirada a los acontecimientos en torno a ese tema nos muestra una cara muy distinta de lo que está aconteciendo en torno a Irán y a su programa nuclear.

Cuando se anunció a bombo y platillo el "descubrimiento" de esa planta nuclear se puso en marcha todo una maquinaria destinada a "reforzar las tesis que apuntaban a la decisión iraní de fabricar armas nucleares". Los datos posteriores, que no han recibido el mismo tratamiento informativo, no dejan en buen lugar a los defensores de esas teorías.

Así, las supuestas fuentes (documentos de determinadas agencias de seguridad) no han podido concretarse ni mostrarse, y un repaso detallado a los documentos citados tan sólo nos muestran "sospechas, pero en ningún caso evidencias reales" sobre las acusaciones vertidas. Además, si tenemos en cuenta que ya en el pasado documentos similares han sido alterados y manipulados fraudulentamente, el primer pilar de las teorías señaladas cae por su propio peso.

Pero además, fue el propio gobierno iraní el que anunció a la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) por medio de una carta la existencia de la misma, cumpliendo los requisitos que internacionalmente se demandan para poner en marcha dichas infraestructuras. Teherán también ha abierto las puertas para que los inspectores de la citada agencia comprueben in situ que Irán no está desarrollando un programa de construcción de armamento nuclear.

La realidad, por tanto, es bien distinta. Existe un importante número de informes de las 16 agencias de seguridad estadounidenses en los que se reconoce, tras un exhaustivo espionaje, que Irán no está construyendo esas armas y que no ha reanudado su programa de desarrollo de las mismas.

Además, Irán "respeta el Tratado de No Proliferación, ha aceptado públicamente no producir armas nucleares, está sometido a un severo control por parte de la IAEA y de todos los servicios de inteligencia de Estados Unidos", ante ello, es imposible mantener un programa de armamento nuclear sin ser descubierto.

Los dirigentes iraníes han manifestado públicamente que están dispuestos a buscar soluciones a través de "un diálogo comprensivo y constructivo", pero dejando claro que no renuncian a defender "los derechos de su país en materia nuclear".

En este contexto resulta muy interesante al término acuñado por el prestigioso profesor y analista Juan Cole, nuclear latency, conocido también como "la opción japonesa", porque el país nipón, con su importante desarrollo científico y su poder económico, podría producir un arma nuclear en un breve espacio de tiempo si su gobierno así lo decidiera. Según esa teoría, Irán trataría de lograr un estado latente en torno a la energía nuclear para conseguir una dependencia energética, consciente de que las reservas petrolíferas se acabarán algún día, y por otro lado esa situación le ayudaría a frenar los intentos de un ataque exterior.

Como bien señala el profesor Cole, esa situación "tiene todas las ventajas de poseer una bomba pero sin las desagradables consecuencias que acarrea su posesión real". Y tampoco conviene olvidar que esa situación tampoco contraviene las directrices del Acuerdo de No Proliferación Nuclear, dificultando los deseos de EEUU y sus aliados de acometer una campaña de castigo contra el régimen iraní.

Los intereses geopolíticos de Estados Unidos son otro de los componentes de la ecuación actual. A nadie se le escapan los deseos norteamericanos para hacerse con el control de las ricas reservas energéticas de la región. La invasión y ocupación de Iraq o la búsqueda de un cambio de régimen en Irán marcan en buena medida la agenda de Washington en la zona.

Desde hace algún tiempo, los asesores de la Casa Blanca y el poderoso lobby sionista estarían presionando para que Obama adopte medidas más duras contra Irán. Tras el fracaso movimiento generado en torno a las recientes elecciones presidenciales, esos actores buscan otras fórmulas para lograr sus propósitos.

La opción de un ataque militar contra Irán no es tan sencilla, ya que tras un análisis de las consecuencias, el panorama que se presenta empeoraría aún más la situación. La apuesta militarista conllevaría una decidida reacción por parte iraní, y sus consecuencias se manifestarían en toda la región (estrecho de Hormuz, Iraq, Afganistán e incluso península arábiga, donde las minorías chiítas son importantes en algunos estados, sin olvidar Líbano o la calle del mundo árabe).

Por su parte, la puesta en marcha de un estrategia de embargo y sanciones, destinada a crear problemas económicos y tensiones sociales a Teherán, no debería obviar las consecuencias directas que debería sufrir la población civil, y el caso del vecino Iraq, sometido a esas medidas entre 1991 y 2003, es un buen ejemplo. En este país, más de un millón de personas, muchos de ellos niños y niñas, murieron en ese período a consecuencia de la falta de alimentos, enfermedades o ausencia de agua potable.

El doble rasero también hace su aparición en este complejo escenario. Todas las acusaciones y mentiras sobre Irán y su supuesto armamento nuclear contrastan con el silencio de esas mismas fuentes ante la actitud de Israel, o de otros aliados de EEUU como India o Pakistán.

A día de hoy, Israel tiene un arsenal de más de 200 armas nucleares, no permite ningún control internacional de la IAEA ni ha firmado el Tratado de No Proliferación (lo mismo que India y Pakistán); además, el gobierno de Tel Aviv ha agredido, invadido y ocupado países vecinos (algo que no ha hecho Irán en la era moderna), y mantiene una política genocida contra la población palestina. Ante todo ello EEUU y sus aliados occidentales optan por el silencio y por seguir apoyando a esos estados, lo que finalmente les confiere a éstos una sensación de impunidad internacional que les facilita su postura intransigente y militarista.

La campaña mediática contra Irán busca, en definitiva, presionar a la actual administración de Obama para que adopte una postura más acorde con los deseos de los halcones estadounidenses y sus aliados sionistas. Y en ese contexto también es interesante repasar lo acontecido hace unos días en Ginebra en las conversaciones entre Irán y el grupo de los seis (EEUU, Rusia, China, Francia, Gran Bretaña y Alemania). En la ciudad suiza, además de producirse un encuentro bilateral entre Irán y EEUU, se ha logrado un principio de acuerdo basado en dos puntos. En primer lugar, Teherán facilitará las inspecciones de la IAEA en la planta cercana a Qom, y en segundo lugar, Francia y Rusia serán los encargados de enriquecer la producción de uranio iraní para fines médicos.

Como señalan los representantes iraníes, el logro de este tipo de acuerdos debe sustentarse en el "respeto mutuo" y no en la imposición unilateral de algunos actores. Abrir un nuevo frente de guerra no producirá más que sufrimiento para la población iraní y tendrá sus consecuencias directas para el resto del mundo. De ahí que la búsqueda de soluciones dialogadas y negociadas sea la fórmula ideal para éste y para otros casos similares en el mundo.

TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN).





Fuente: Rebelión





Vincenzo Vinciguerra: "EL LLANTO Y LA RABIA"

Vincenzo Vinciguerra: "EL LLANTO Y LA RABIA"

Fuente: www.marilenagrill.com
Trad: A. Beltrán
Seis muertos más entre los soldados enviados a Afganistán, no para llevar la paz y la democracia, sino para librar una guerra contra un pueblo que no ha representado jamás una amenaza, y mucho menos ha sido nunca un enemigo.
El aparato mediático del régimen coloca el acento sobre el llanto de las viudas y de los huérfanos, de los padres y de las madres que no volverán a ver más a sus maridos, a sus padres, a sus hijos.
Lágrimas que se confunden con la lluvia de un otoño que nos trae nuevos lutos y nuevos presagios de lutos venideros.
Porque a una guerra no se va sólo para luchar y matar, sino también para morir.
Y para morir hace falta algo más que la paga de un soldado, por muy alta que pueda ser hoy día: hace falta un ideal, una bandera, una razón de honor.
No es suficiente hacer piña en torno a los Alpinos o a los Paracaidistas que mueren a manos de los afganos que luchan por su libertad, por conservar su identidad, por defender su cultura, su fe religiosa, su milenario modo de vida que un Occidente carente de alma, de honor y de dignidad pretende eliminar para siempre.
No bastan las lágrimas. Es necesaria la rabia contra los que envían a nuestros soldados a la muerte, en una tierra lejana y hostil, para defender los intereses de los Estados Unidos y de Israel.
La rabia de ver compungidos ante los ataúdes de los soldados que han enviado a morir, a los responsables políticos de su funesto destino, preocupados no por evitar nuevas muertes, sino al contrario por asegurar a los americanos e israelíes que otros italianos caerán en Afganistán para que Washington y Jerusalén puedan perpetuar su opresión sobre el pueblo palestino.
Porque la verdad, oculta, negada por una clase política anti-nacional es que no existiría “terrorismo islámico”, que no habría existido el atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las “Torres gemelas” de Nueva York, que no existiría un estado de guerra en todo el mundo, si la comunidad internacional obligara al Estado de Israel a respetar el derecho del pueblo palestino a tener su propio Estado en el que vivir definitivamente en paz, sin el infierno de las matanzas de las que es periódicamente víctima por parte de un pueblo judío que no defiende su propia existencia sino que quiere imponer su dominio sobre todo Oriente Medio y ampliar las fronteras de su territorio a fin de crear el Gran Israel sobre los cadáveres de centenares de miles de árabes.
La comunidad internacional, dócil a la voluntad de la potencia hegemónica, defiende los intereses de un Seudo-Estado de 6 millones de habitantes, entre los que no existen más que ciudadanos judíos porque su racismo lo exige, tierra privilegiada solamente para los que son de raza y religión israelita.
Un Seudo-Estado abiertamente racista, dotado de un poderoso ejército, capaz de utilizar las más sofisticadas armas contra los indefensos palestinos de Gaza o del Líbano, provisto de cabezas nucleares que nadie se atreve a verificar, controlar, exigir que sean desactivadas, un Seudo-Estado que puede hacer lo que quiere, cuando quiere y como quiere.
Un Seudo-Estado cuyo poder sobrepasa sus fronteras y el alcance de sus armas por razones que nadie se atreve a explicar, fundado sobre el chantaje, convertido en permanente, por la persecución padecida por parte de la Alemania nacionalsocialista.
No se ha asistido jamás en la historia del hombre al espectáculo de que un pequeño Estado de seis millones de habitantes imponga sus deseos al resto del mundo, con el que rechaza confundirse proclamando descaradamente su superioridad y, en consecuencia, su libertad para torturar, asesinar, masacrar, de hacer todo aquello que a los demás, por convenciones internacionales, les está negado.
¿Deseamos lograr la paz mundial? ¿Queremos que desaparezca la amenaza del “terrorismo islámico”?
¿Queremos que nuestros soldados no pierdan la vida en Afganistán, como en Irak?
Impongamos a Israel que permanezca dentro de sus fronteras bien defendidas por un ejército potentísimo y protegido por sus armas nucleares, dejando que Palestina nazca y que los palestinos vivan.
En esta Italia donde la izquierda no tiene fuerza ya para reaccionar, donde la derecha es un circo de payasos sometidos a los deseos de la Comunidad judía que impone y dispone a placer en nombre y a cuenta de Israel, es preciso que alguien comience a contar la verdad, a enfrentarse al superpoder judío que exige la vida de los italianos para defender su poder en Oriente Medio.
No bastan las lágrimas para llorar a los muertos, se necesita la rabia para pedir que sean éstos los últimos de una lista que se ha hecho demasiado larga por una causa que con Italia, sus intereses, sus necesidades, su política internacional, no tiene nada que ver.
Quede claro: no exigimos que cese de existir el Estado de Israel, realidad ya consolidada e indiscutible, pero que se le obligue a respetar a otros pueblos y a otros Estados, que sea obligado a someterse a las convenciones internacionales, que, cuando fuere preciso, sea llamado a responder ante las instancias pertinentes sobre sus crímenes, que reconozca que no es el Estado “elegido” de un “pueblo elegido” y que tiene el derecho a delinquir, oprimir, masacrar.
Exigimos, en definitiva, que Israel, por primera vez desde su constitución sea un Estado que, dentro de la comunidad internacional, tenga los mismos derechos y los mismos deberes que todos los demás.
Si tal petición es atendida, no se deberá morir ya por Kabul o por Bagdad, no se habrá que seguir viendo un mundo en guerra por los intereses de un Estado que pretende, de modo racista, ser superior a cualquier otro.
Solo así no llorarán más las madres de Italia y se podrá aplacar la rabia que agita las almas y exige justicia.


Vincenzo Vinciguerra, Opera 21 setiembre 2009



Ocho años de invasión: "¿QUE HAY DETRÁS DE LA GUERRA DE AFGANISTÁN?"

Ocho años de invasión: "¿QUE HAY DETRÁS DE LA GUERRA DE AFGANISTÁN?"


Enrico Piovesana
PeaceReporter


Traducido para Rebelión por S. Seguí




¿La minería de uranio? ¿El oleoducto transafgano? ¿La posición geoestratégica? ¿O tal vez el control del tráfico de drogas?

¿Por qué, hace exactamente ocho años, los Estados Unidos y sus aliados invadieron y ocuparon Afganistán? ¿Qué intereses están ocultos detrás de las explicaciones oficiales de esta guerra? Las hipótesis formuladas en estos años son muchas, pero ninguna suficientemente convincente. A excepción de una, aunque muy difícil de probar.

Los recursos energéticos. En informe publicado en diciembre de 2000 en el sitio web de la Energy Information Administration (EIA), organismo de estadística del Departamento de Energía de Estados Unidos (que luego fue retirado), Afganistán se presenta como un país con escasos recursos energéticos (nunca explotados) que, según datos que se remontan al periodo de la ocupación soviética, consisten en unas reservas de petróleo de 95 millones de barriles (concentradas en la zona de Herat), depósitos de gas natural de 5 billones de pies cúbicos (en el Shebergan), más 400 millones de toneladas de carbón (entre Badakshan y Herat).

Recursos demasiado pequeños para justificar una invasión militar cuyo coste hasta la fecha, sólo para los Estados Unidos, es de casi 230 mil millones de dólares.

Muchos en Afganistán hablan de yacimientos de uranio en el desierto de la provincia meridional de Helmand, donde el control y la explotación estarían en el centro de una dura disputa entre fuerzas estadounidenses y británicas. Pero por ahora esta historia no ha tenido ninguna confirmación.

El oleoducto transafgano. Muchos estiman que es la verdadera motivación que llevó a los Estados Unidos a invadir Afganistán en 2001.

El proyecto de construir una conducción de 1.680 kilómetros de largo para transportar gas de Dauletabad , en Turkmenistán, hasta Pakistán a través de Afganistán occidental (Herat y Kandahar) se inició en 1996 por la compañía petrolífera estadounidense Unocal (para la que trabajaban tanto Hamid Karzai como Zalmay Khalizad) en cooperación con el régimen talibán (en 1996, Unocal abrió una oficina en Kandahar y el año siguiente miembros del gobierno talibán fueron recibidos en EEUU).

La idea fue abandonada a finales de los años 90 a la espera de que “la situación política y militar en Afganistán mejore (fuente: EIA, diciembre de 2000). Dada la imposibilidad de abrir el corredor sur de Asia, Occidente optó por el del Cáucaso meridional, y en 2006 se inaugura un gasoducto que transporta gas de Turkmenistán a Turquía a través del Mar Caspio, Azerbaiyán y Georgia (y que a partir de 2015 se conectará al gasoducto Nabuco).

El proyecto de gasoducto transafgano, sin embargo, no se abandona. Los tres países involucrados vuelven a estudiarlo a partir de 2002, y en abril de 2008 firman un acuerdo con India, que prevé la apertura del oleoducto en 2018 (previsión excesivamente optimista, según los analistas en el sector). Para financiar el proyecto (7.600 millones de dólares) se cuenta con el Banco Asiático de Desarrollo (del que Estados Unidos y Japón son los principales accionistas.) Las empresas petroleras interesadas son estadounidenses, británicas y canadienses.

Aunque importante, parece arriesgado identificar con este proyecto –de muy difícil realización y superado por otras rutas– el motivo de la continua ocupación de Afganistán por los occidentales.

La ubicación estratégica. Afganistán tiene la desgracia de estar en el corazón del continente asiático, en una posición estratégica que permite a quien controle el país monitorear de cerca todas las potencias nucleares de la región: China, Rusia, India y Pakistán; y completar el cerco de Irán, país que en caso de guerra con EE. UU. se enfrentaría a un ataque por dos frentes: Iraq y Afganistán.

Sin embargo, según muchos analistas militares, la voluntad estadounidense de controlar Afganistán debe leerse, sobre todo, en clave de contraposición a China, considerada por el Pentágono como la mayor amenaza potencial a la hegemonía militar y económica mundial de Estados Unidos no sólo en Asia sino también en el Oriente Próximo, África y América Latina. Una amenaza que se hizo más real después de la creación en junio de 2001, de la alianza político-militar liderada por China: la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), que reúne a China, Rusia, las repúblicas de Asia Central, y pronto, tal vez incluso Irán. Y que, en el futuro, dada su integración gradual con la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la alianza político-militar liderada por Rusia, podría extender su influencia hasta Europa oriental (Belarús) y el Cáucaso (Armenia), convirtiéndose, a todos los efectos, en una alianza contrapuesta a una OTAN liderada por EEUU. Un Afganistán bajo control americano es una espina en el costado de China, en particular por su proximidad a Xinjang, una región riquísima en petróleo y desestabilizada por el nacionalismo uigur (tradicionalmente sostenido por la CIA).

La importancia geoestratégica de Afganistán es innegable y ha desempeñado ciertamente un papel importante en la decisión de EE. UU. de ocupar el país y establecer bases militares permanentes.

El negocio de las drogas. Pero quizás detrás de la guerra en Afganistán se escondan intereses aún mayores y más inconfesables: los relacionados con el control del tráfico mundial de heroína, uno de los negocios más rentables del planeta, con un volumen de negocio anual estimado en alrededor de 150 mil millones de dólares por año.

No es ningún secreto que el auge en la producción de opio y heroína en los años 70, en el llamado Triángulo de Oro (Laos, Birmania, Camboya), fue dirigida por la CIA, que con el producto de las operaciones de tráfico de drogas financiaba sus operaciones anticomunistas del Sudeste Asiático. El mismo sistema –igualmente bien conocido– fue adoptado por la CIA en los años 80 en América Latina, para financiar, con el producto de la cocaína, la guerrilla antisandinista de la Contra en Nicaragua, y en Afganistán, con los ingresos de la heroína, la resistencia antisoviética de los mujaheddin.

En Afganistán, el negocio continuó también en los años 90 y se incrementó con la llegada al poder de los talibanes, con el conocido respaldo de la CIA. Hasta 2000, cuando el mulá Omar, a fin de obtener apoyo internacional para su régimen, decidió prohibir la producción de opio, que en 2001 cayó a niveles cercanos a cero. Una producción que en el Afganistán "liberado" y controlado por los militares y los servicios secretos de EEUU se reanuda a pleno ritmo desde 2002 (cuando los talibanes aún no habían regresado) pulverizando todos los récords históricos y transformando en pocos años este país de Asia meridional en el principal productor de heroína del mundo (93 por ciento de la producción mundial). Una situación que las fuerzas de EE. UU. presentes en Afganistán se han negado sistemáticamente a afrontar, afirmando que éste “no era su trabajo” y dejándolo en manos del gobierno títere de Kabul.

Según un número cada vez mayor y más heterogéneo de expertos y de personas bien informadas, la CIA habría subcontratado la producción y el procesamiento de la heroína al narco-Estado encabezado por Karzai, protegiendo por su parte las rutas de evacuación por vía terrestre (Pakistán, Irán y Tayikistán) y gestionando directamente los despachos por vía aérea hacia el exterior.

¿Una nueva Air América? (1) Según una investigación realizada por el canal de televisión ruso Vesti, la heroína afgana sale de Afganistán a bordo de aviones estadounidenses de carga militar directamente desde las bases de Ganci en Kirguistán, y de Inchirlik, en Turquía. Y según ha escrito en The Guardian el periodista afgano Nushin Arbabzadah, a menudo oculta en ataúdes de los militares de EE. UU., llenos de droga en lugar de cadáveres.

"Creo que es posible que esto suceda, aunque no puedo intentarlo", comentó diplomáticamente el embajador ruso en Kabul, Zamir Kabulov.

El periodista ruso Arkadi Gubnov, de Vremya Novostei, haciendo pública una información proporcionada por una fuente de los servicios secretos afganos, ha escrito “el 85 por ciento de toda la droga producidas en Afganistán se transporta al exterior por medio de la aviación estadounidense.”

El pasado verano, el general ruso Mahmut Gareev, ex comandante de las tropas soviéticas en Afganistán, manifestó a Russia Today: “Los estadounidenses no hacen nada contra la producción de droga en Afganistán porque les proporciona, por lo menos, 50 mil millones de dólares al año. No es un misterio que los estadounidenses transportan la droga en sus aeronaves militares al extranjero”.

El periodista estadounidense Dave Gibson, de NewsMax, ha citado una fuente anónima de los servicios de inteligencia de EE. UU. al afirmar que “la CIA siempre ha estado involucrada en el tráfico mundial de drogas, y en Afganistán simplemente llevan a cabo su negocio favorito, como hicieron durante la guerra de Vietnam.”

El economista ruso Mikhail Khazin dijo en una entrevista que “los estadounidenses están trabajando duro para mantener el tráfico de estupefacientes en Afganistán a través de las garantías de seguridad que la CIA da a los traficantes locales de drogas.”

“Estados Unidos no se opone al narcotráfico afgano para no socavar la estabilidad de un gobierno apoyado por los principales traficantes de drogas en el país, empezando por el hermano de Karzai”, escribe el famoso periodista norteamericano Eric Margolis en el Huffington Post. “Lo sucedido en el pasado en Indochina y América Central indica que la CIA podría estar implicada en el tráfico de drogas afganas en mayor medida que la que ya sabemos. En ambos casos, los aviones de la CIA transportaban drogas al extranjero en nombre de sus aliados locales, y lo mismo podría ocurrir en Afganistán. Cuando la historia de la guerra se haya escrito, la sórdida participación de Washington en el tráfico de heroína afgana será uno de los capítulos más vergonzosos.”

¿Narcodólares para salvar a los bancos en crisis? Antonio Maria Costa, director general de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), en una entrevista al semanario austríaco Profil declaró: "El narcotráfico es la única industria en crecimiento. Las ganancias son reinvertidas sólo en parte en actividades ilegales, el resto del dinero se coloca en la economía legal mediante operaciones de blanqueo. No sabemos cuánto, pero el volumen es impresionante. Esto significa la entrada de capital de inversión. Hay indicios de que estos fondos también acabaron en el sector financiero, que está bajo presión evidente desde la segunda mitad del año pasado (debido a la crisis financiera mundial, N. del autor).

El dinero del tráfico de drogas es actualmente el único capital líquido disponible para inversión. En la segunda mitad de 2008, la liquidez era el principal problema del sistema bancario, de ahí que este capital en efectivo se haya convertido en un factor importante. Parece que los préstamos bancarios han sido financiados con dinero que proviene del narcotráfico y otras actividades ilegales. Es, obviamente, difícil de probar, pero hay indicios de que algunos bancos se han salvado por estos medios.”

(1) Air America: línea aérea estadounidense establecida en 1946, propiedad de la Central Intelligence Agency (CIA) y gestionada por su División de Operaciones Especiales, responsable de las actividades secretas de la Compañía, desde 1950 hasta 1976. Para más información sobre participación de la CIA y de Air America en el tráfico, véase Alfred W. McCoy: The Politics of Heroin in Southeast Asia, 1972. (N. del t.).

Fuente: http://it.peacereporter.net/stampa/18036

Chávez y Gadafi celebran su visión del mundo socialista y anti-imperialista

Chávez y Gadafi celebran su visión del mundo socialista y anti-imperialista

LÍNEA ANTAGONISTA : EL FRENTE DE LOS PUEBLOS ES IMPARABLE
(Agencias)
"Tengamos todos la conciencia de que aquí estamos escribiendo páginas de una nueva historia, enfrentando el imperialismo, la burguesía, el atraso y el colonialismo", declaró Chávez en un acto celebrado en la isla venezolana de Margarita. "(Venezuela y Libia) tenemos la misma trinchera, el mismo destino, la misma batalla contra un mismo enemigo y vamos a vencer".

Después de participar durante el fin de semana en la II Cumbre América del Sur-Africa que reunió a más de 60 países en Margarita, los dos dirigentes pusieron punto final a la visita de Gadafi entre cánticos tradicionales y vítores de centenares de adeptos al gobierno.

Intercambiando elogios y llamándose "hermanos", los dos líderes subrayaron en esta declaración conjunta su amistad y el deseo de cooperar juntos en diversos ámbitos, voluntad que se traducirá en varios acuerdos que serán firmados próximamente.

"No nos rendiremos ante nadie. Ellos están enfrentándose al renacimiento de la gran fuerza del Sur", clamó Kadafi, primero algo intimidado y finalmente inspirado por las aclamaciones de los participantes. Como símbolo de esta estrecha relación, el presidente venezolano impuso a Gadafi el collar de la Orden del Libertador, máxima distinción que se puede otorgar en este país, y le regaló una réplica de la espada del prócer Simón Bolívar.

"Esta es la réplica de la espada que libertó América hace 200 años. En nombre de nuestro pueblo te la entrego a tí, soldado revolucionario, líder del pueblo libio, de la revolución libia, de los pueblos de Africa y también de los de América Latina", declaró Chávez.

"Es un gran honor para mí tener en el pecho la orden de Simón Bolívar. Nosotros también somos leales a nuestra historia, a nuestros guerreros. Las fuerzas imperialistas no tienen el mismo espíritu que nosotros. Ellos nunca se han sacrificado por nada", respondió Kadafi, que realizó en Venezuela su primera visita a América Latina.

A su vez, el dirigente libio ofreció a Chávez una silla de montar y un atuendo de jinete elaborado artesanalmente y tejido en plata.

En la declaración común, los dos países reiteraron la importancia de contrarrestar el terrorismo en todas sus manifestaciones, incluido el terrorismo de Estado, y de reformar la ONU y la "hegemonía" de su Consejo de Seguridad.

"Hay que rechazar el veto del Consejo de Seguridad. Nunca vamos a aceptarlo, al igual que los asientos permanentes. Les hemos dicho que el mundo ha cambiado (...) O somos iguales en la ONU o no queremos estar", declaró Gadafi, coreado por los vítores de los asistentes que clamaban "Libertad, libertad".

Gadafi elogió a su par venezolano, quien, según él, conduce a su pueblo en la batalla hacia "la libertad". "Todo el mundo conoce a Chávez, al gran héroe", declaró, elogiando sus victorias electorales de su par venezolano y su derecho a permanecer en el poder tras haber reformado, en un referéndum celebrado en febrero, un artículo de la Constitución que impedía la reelección continua.

"Decían que no tienen derecho a elegir a Chávez (...) Eso es lo más ridículo que he oído en mi vida", zanjó el dirigente libio. Seducidos, los presentes repetían: "Uh, ah, Chávez no se va". "Y Gadafi tampoco se va", respondía, divertido, Chávez.

Finalmente, antes de despedir a su huésped, el presidente venezolano aseguró que Simón Bolívar es para los venezolanos "lo mismo" que Gadafi para los libios. "Estamos de júbilo, hermano Muamar, gracias por tu amistad, gracias por tu apoyo que nos honra desde el primer día de nuestra revolución", concluyó Chávez.

«Ahmadineyad dice en la ONU que el capitalismo ha llegado al final del camino, pide suprimir el derecho a veto y acusa a Israel de genocida»

«Ahmadineyad dice en la ONU que el capitalismo ha llegado al final del camino, pide suprimir el derecho a veto y acusa a Israel de genocida»



Septiembre 24, 2009

El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad dijo que el “capitalismo es un sistema injusto” y que ha llegado al final del camino ya que el mundo necesita cambios fundamentales.

Ahmadineyad, en su discurso ante la 64 ª sesión de la Asamblea General de la ONU dijo que, la “Continuidad de las actuales circunstancias en el mundo es imposible”.

Señaló que la condición desfavorable presente en el mundo es contrario a la naturaleza misma de la especie humana y es contrario a la meta detrás de la creación del mundo.

“Ya no es posible inyectar miles de millones de dólares de riqueza irreal para la economía mundial, simplemente mediante la impresión de activos de papel sin valor, o la transferencia de la inflación, así como problemas sociales y económicos a los demás a través de la creación de déficits presupuestarios graves”, dijo Ahmadineyad.

“El motor del salvaje capitalismo con su injusto sistema de pensamiento ha llegado al final del camino y es incapaz de moverse”, declaró el presidente iraní.

“La era del pensamiento capitalista y la imposición de estos pensamientos a la comunidad internacional, destinados a predominar en el mundo en nombre de la globalización, la era de la creación de los imperios ha terminado”, concluyó Ahmadineyad.

Reestructuración de la ONU

El presidente iraní, también ha llamado a la reestructuración de las Naciones Unidas a fin de transformar el organismo mundial en una organización eficiente.

Ahmadineyad, dijo que la reforma en la estructura de la ONU debe girar en una organización “plenamente democrática, capaz de desempeñar un imparcial” papel en las relaciones internacionales.

Ahmadineyad también pidió la reforma de la estructura del Consejo de Seguridad, en particular mediante la supresión de “los privilegios discriminatorios del derecho de veto”.

Palestina y el régimen sionista

El presidente iraní también hizo un llamamiento para la restauración de los derechos inalienables del pueblo palestino mediante la organización de un referéndum y elecciones libres en Palestina. Ahmadineyad también se refirió a las brutalidades del régimen sionista en Gaza”, y acusó a este régimen criminal de “políticas inhumanas”.

Ahmadineyad dijo que el régimen de Israel está cometiendo “genocidio” contra el pueblo palestino.

“¿Cómo puede uno imaginar que las políticas inhumanas en Palestina pueden someter a la fuerza a toda una población de un país fuera de su tierra por más de 60 años y recurrir a la fuerza y la coerción, para atacar con todo tipo de armas e incluso armas prohibidas.?”

Para disgusto de la comunidad internacional, a los ocupantes se les llama “los amantes de la paz”, Ahmadineyad dijo, aludiendo a Israel.

“¿Cómo pueden los crímenes de los ocupantes contra las mujeres y niños indefensos y la destrucción de sus hogares, granjas, hospitales y escuelas con el apoyo incondicional de algunos gobiernos, y al mismo tiempo, los hombres y las mujeres oprimidos ser objeto de genocidio y el bloqueo económico más pesado les niega sus necesidades básicas, alimento, agua y medicinas “, declaró el presidente iraní.

“A ellos (los palestinos) no se les permite reconstruir sus casas que fueron destruidas durante los 22 días de bárbaros ataques del régimen sionista, mientras el invierno se acerca. Considerando que los agresores y sus partidarios engañados continúan su retórica en la defensa de los derechos humanos a fin de poner a otros bajo presión”, dijo Ahmadineyad.

El líder iraní evitó entrar al trapo en la 'negación' del Holocausto. "No voy a entrar en detalles sobre cuestiones históricas, aunque lo cierto es que se está usando el Holocausto como pretexto para la represión de los palestinos", dijo.

Militarismo estadounidense

Ahmadineyad también criticó el militarismo estadounidense: “¿Cómo se puede hablar de amistad y solidaridad con otras naciones cuando estás expandiendo tus bases militares en diferentes partes del mundo, incluida Latinoamérica?”.

La ocupación de Irak y Afganistán

El presidente iraní denunció también duramente “la ocupación militar” de Irak y Afganistán, “donde miles de inocentes han sido asesinados, heridos o desplazados, donde las infraestructuras han sido destruidas y donde todos los que han creado esa situación desastrosa siguen culpando a los otros”.

Rusia y el escudo antimisiles

Ahmadineyad criticó la reciente decisión del presidente Obama de no construir el escudo antimisiles en el este de Europa y de planear a cambio un sistema capaz de hacer frente a los misiles de medio alcance de Irán. “Se trata de una manera respetable de comprar los favores de Rusia” aseguró Ahmadineyad.

AGENCIAS/MGH/RE/IRAN PRESS



Fuente: Guerra sionista

"CAPITALISMO DE GUERRA Y MONOTEISMO DE MERCADO" por Roger GARAUDY

"CAPITALISMO DE GUERRA Y MONOTEISMO DE MERCADO" por Roger GARAUDY


« Todo esto esconde la realidad central y el drama de nuestro tiempo: vivimos una despiadada guerra de religión.
No entre católicos y protestantes, ni entre musulmanes y cristianos, sino entre una religión que no se atreve a decir su nombre y que reina de hecho en todas las relaciones sociales y en las relaciones internacionales: el monoteísmo del mercado que cubre varias idolatrías.»

«Es en la conciencia de los hombres donde comienzan todas las grandes transformaciones de la humanidad.»




¿Tiene el mundo un alma, es decir, unidad y sentido?
Vivimos en un mundo dividido entre el Norte y el Sur, entre aquellos que tienen y los que no tienen.
80% de los recursos naturales del mundo son controlados y consumidos por el 20% de su población. El 20% de los más ricos del planeta, dispone del 83% del ingreso mundial y el 20 % de los más pobres de 1,4 % (PNUD 1992)
El resultado de esta fractura significa que 40 000 personas mueren cada día de desnutrición o hambre.
El modelo de crecimiento occidental le cuesta al Sur el equivalente de un Hiroshima cada dos días.
Y este foso aumenta con los años: en el curso de los últimos treinta años la diferencia entre países pobres y ricos ha pasado de una proporción de 1 a 30, a una proporción de 1 a 150.
Esta fractura es el origen de nuestros problemas. Tres dramas mayores nos acosan: el hambre, la cesantía y la emigración de poblaciones enteras.
Se trata de un problema que arranca de la explotación de los cuatro quintos del mundo. Al mismo tiempo, además de las centenas de millones de cesantes del Tercer Mundo de los cuales no se habla jamás en el G7, hay en los países industrializados, 44 millones de cesantes.
Y sin embargo se habla de exceso de producción, pero ¿exceso de producción en relación a qué?
Al único mercado solvente, con capacidad de poder adquisitivo suficiente, cuando en realidad hay tres mil millones de seres humanos sobre cinco mil millones, que han sido transformados en insolventes por la colonización y luego por la política neocolonial de los dirigentes de los países industrializados, el G7, el FMI, el Banco Mundial, que especulan gracias a la deuda. Una deuda nacida porque las economías de los países dependientes fue desestructurada por el colonialismo. Se les impuso la monocultura y de la monoproducción, transformándolos en apéndices de las economías de las metrópolis, luego con el FMI, de recolectadores de divisas para poder pagar sus deudas.
Los países pobres conocen además el fenómeno de la emigración, que obliga a aquellos que no pueden ya más vivir en la tierra de sus ancestros, a abandonar la zona del hambre para ingresar a la zona de la cesantía.
Los Estados y los partidos políticos de los países occidentales, no abordan nunca estos problemas, puesto que están obsesionados desde hace cinco siglos por el fantasma del crecimiento. Este consiste en producir cualquier cosa de más en más y cada vez más rápido: lo útil, lo inútil o dañino, e incluso lo que es mortal, como la droga o las armas.
En esta perspectiva, el hombre no puede tener otra cosa que una felicidad de supermercado, es decir, ser productor (cuando no está cesante) para poder consumir cada vez más.
Este crecimiento es presentado por los políticos y los medios de comunicación como la panacea para salir de la crisis, en circunstancias que desde 1975 el crecimiento obtenido por un aumento de la productividad -gracias al desarrollo de la ciencia y la técnica- no crea más empleos, sino que por el contrario, los destruye al reemplazar de manera creciente al hombre por la máquina.
El trabajo humano es de esta manera reemplazado por el desarrollo de la informática y por las nuevas tecnologías.
Sería sin embargo absurdo acusar a la ciencia. El problema, es el uso que de ella se hace.
El problema de la cesantía no podrá ser resuelto sólo en el marco de Occidente, sino que considerando las necesidades fundamentales del Tercer Mundo, es decir, los dos tercios del mundo. La satisfacción de sus necesidades puede crear un mercado capaz de reabsorber la cesantía de unos y el hambre de otros. Desde las limitaciones ideológicas del "mercado", la única solución posible es volver a hacer solventes a aquellos que no lo son.
El problema no puede ser planteado de esta manera, encerrándose en la lógica de una "economía de mercado". No obstante, la crítica a ésta no significa que haya que suprimir el mercado por una planificación omnipotente del Estado.
Lo que hoy se llama "economía de mercado", no es una economía en la cual las necesidades surjan en el mercado, tampoco donde la iniciativa individual se oriente a satisfacer estas necesidades. Si así fuera, serían funciones sanas y necesarias.
En su forma actual, la "economía de mercado" es una economía en la cual el mercado es el único regulador de las relaciones sociales, donde todo se compra y se vende, incluso el hombre y su trabajo. Se produce entonces lo que Galbraith llamaba "la inversión de la cadena": no se produce para satisfacer necesidades, sino que éstas se crean (necesidades artificiales o perversas) para lograr una producción en expansión constante.
Una economía como ésta reposa sobre una concepción del hombre considerado únicamente como productor y consumidor. Cada hombre es el rival de su semejante. Durante el período ascendiente del capitalismo, el filósofo inglés Thomas Hobbes dió esta definición lapidaria: "el hombre es el lobo del hombre".
La cuestión decisiva, esencial, aquella de las finalidades últimas del hombre, no puede ser planteada por economistas ni políticos que acepten el postulado de Hobbes, fuente de violencias entre los individuos y las naciones.

Estos problemas -económicos y políticos- reposan en definitiva en un asunto de finalidad, es decir, en un problema religioso.
¿Por qué entonces las religiones institucionales no pueden aportar una respuesta adecuada?
Porque son aliadas del poder y de la riqueza y no cuestionan este estado de cosas.
Han secretado desde hace siglos una teología de la dominación, presentando a Dios como un poder exterior y superior, creando de una vez por todas al hombre, al mundo y a los reyes que deben reinar.
"Toda autoridad ha sido instituida por Dios. Rebelarse contra ella es rebelarse contra Dios", escribía San Pablo (Romanos, 13,1) algunos años después de la muerte de Jesús, en circunstancias que éste había cuestionado el orden establecido.
Igualmente, luego de la muerte del profeta Mahoma, los príncipes omeyas usaron y abusaron del poder y la riqueza. Cuando los musulmanes piadosos protestaban contra esta corrupción del mensaje, la autoridad respondía: "Si tenéis este príncipe es porque Dios lo ha querido. Debéis obedecerle".
A pesar de esta "teología de la dominación", millones de cristianos han vivido como San Francisco de Asís o de acuerdo a las actuales "teologías de la liberación", el mensaje liberador de Jesús anunciado su opción prioritaria por los pobres.
Con Juan XXIII y el concilio Vaticano II se produjo una gran esperanza: una Iglesia abierta al mundo y a sus angustias, un diálogo con todos los hombres de fe.
Pero el peso de la tradición imperial romana cerró rápidamente este paréntesis restaurando el integrismo tradicional de la teología de la dominación. Condenando sólo de palabra las "idolatrías" del poder y del dinero y pactando en la práctica con gobiernos criminales, como el de Pinochet (El 30 de marzo de 1994, el Papa Juan Pablo II, le envió a Pinochet una "bendición apostólica especial"), y otras dictaduras como la junta militar haitiana que se opuso al Padre Aristide, convicto de simpatías por la teología de la liberación.
La misma connivencia con el poder se manifestó en el Islam durante siglos, hasta nuestros días. Desde la época de los omeyas hasta la actual y corrupta feudalidad saudí, que pretende ser la "protectora de los Santos Lugares" y no trepidó en llamar y pagar a una coalición colonialista dirigida por Estados Unidos, la ocupación de los "lugares Santos" durante la guerra del Golfo. Política característica de un Estado que diciéndose musulmán, guarda miles de millones de dólares en los bancos norteamericanos, cometiendo así una falta que el Corán denuncia: el riba, es decir la ganancia sin trabajar.
Todo esto esconde la realidad central y el drama de nuestro tiempo: vivimos una despiadada guerra de religión.

No entre católicos y protestantes, ni entre musulmanes y cristianos, sino entre una religión que no se atreve a decir su nombre y que reina de hecho en todas las relaciones sociales y en las relaciones internacionales: el monoteísmo del mercado que cubre varias idolatrías.
Esta nueva religión tiene un credo: producir cada vez más cualquier cosa y siempre más de prisa. No importa que lo producido sea útil o inútil, dañino o mortal. Esta nueva religión tiene dogmas definidos por sus grandes sacerdotes, los tecnócratas "ordenántropos", cuya técnica puede supuestamente dar respuesta a todas las preguntas y satisfacer todos los deseos. Todo lo que es técnicamente posible sería entonces necesario y deseable. Tiene su liturgia, la publicidad y el márketing, condicionando a los pueblos a encontrar su felicidad y su salvación en esta acumulación... Esta nueva religión –el monoteísmo del mercado- domina hoy el mundo y tiene un dios cruel que exige sacrificios humanos.
Nuestra época no es una época atea, es politeísta.
El monoteísmo del mercado engendra el culto a varias ídolos: al dinero, al poder, al nacionalismo, al integrismo.
Contra este monoteísmo hoy en día todopoderoso, la tarea más urgente es reagrupar a todos aquellos para los cuales la vida tiene un sentido y que tienen conciencia de ser personalmente responsables en descubrirlo y cumplirlo.
Un sentido diferente de aquel destinado únicamente a producir y consumir.
Vivimos lo que los teólogos llaman un ‘kairos’, es decir, un momento histórico de crisis, de
cuestionamiento y de decisiones impostergables.
Tenemos que terminar con esta unidad hegemónica, imperial de dominación. Se trata de construir una unidad sinfónica a la cual cada pueblo debe aportar su contribución, con su trabajo, cultura y fe, de modo que cada niño en el mundo disponga de todas las posibilidades económicas, políticas y espirituales para desarrollar plenamente todas las posibilidades que lleva en sí.
El principal obstáculo para alcanzar este objetivo lo constituye la impostura del "liberalismo económico", pretendiendo establecer una identidad entre libertad humana y democracia.
En nombre del liberalismo, identificándolo con la libertad, se cometen cada día las peores atrocidades.
En la época del auge del capitalismo industrial, el Padre Lacordaire ya lo señalaba: " Entre el fuerte y el débil, es la libertad la que oprime".
Es este tipo de libertad que los dirigentes de Estados Unidos quieren extender por todo el planeta. Así lo expresaba el padre del Bush actual:"Hay que crear un mercado único de Alaska a Tierra del Fuego". Y su secretario de estado agregaba: "Un mercado único entre Vancouver y Vladivostock".

Se trata de un problema económico, político y religioso.
¿Dejaremos crucificar a la humanidad en esta cruz de oro?
Tal es el debate del siglo.

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Los provisorios amos del mundo, mediante una formidable campaña de propagandística han querido imponer como una evidencia, la idea que la implosión de la URSS significa el fracaso del "marxismo", con el fin de hacer creer que la única salida para escapar al gulag, es retornar a la jungla.
Por el contrario, lo que aparece como evidente es que la restauración del capitalismo en Rusia, comenzada desde algunos años, transformó a la ex URSS en un país del Tercer Mundo, es decir, sometida a las órdenes del FMI.
La intervención extranjera en todos los campos, -economía y cultura- ha tenido como resultado el nacimiento de una mafia de especuladores cuyas fortunas crecen como hongos venenosos. Grandes sectores del pueblo ruso se encuentran postrados en la miseria, con su corolario de mendicidad, hambre y prostitución. En el ámbito de la cultura -o de la anticultura podríamos decir- Rusia ha llegado a ser una simple imitación de Estados Unidos, un país donde impera la droga y la corrupción.
Este inmenso despilfarro, ocurrido en el país que fue la segunda potencia del mundo -cuyos ex
apparatchiks son ahora los ejecutantes de la voluntad de Estados Unidos y del FMI- no es otra cosa que la restauración del capitalismo.
Igual ocurrió durante la « restauración de la monarquía » en Francia en 1815.
La Revolución francesa cometió crímenes: el terror jacobino, la corrupción thermidoriana, la dictadura de Napoleón. Pero la monarquía restaurada no se contentó con derribar las estatuas de Napoleón y de Robespierre, sino también aquellas de Rousseau, Voltaire y Diderot. Quiso borrar de la memoria de los franceses del Siglo de las Luces, todos los aspectos positivos de la Revolución , como en Rusia, donde no sólo se ha querido derribar las estatuas representativas del estalinismo, sino también las de Marx y de los fundadores del socialismo.
Tratan de hacer olvidar las viejas orgías del capitalismo, la tiranía zarista -la prisión de pueblos-, que perseguía a las numerosas minorías étnicas.

Tratar de borrar de la conciencia de un pueblo su memoria, es la condición necesaria de toda regresión histórica.
De esta manera se manipulan los manuales escolares y las enciclopedias, para crear una generación de jóvenes educados en el tráfico de drogas, los negocios mafiosos o el fanatismo nacionalista y las aventuras místico-religiosas. Tratan que olviden a la Rusia de san Sergio y de Rublev, de Dostoiesvski y de Tolstoi, teniendo como modelos a Rastiñac y Rasputín.
Quieren que se olviden incluso del origen del socialismo.
Sin embargo, no fue Marx el primero en denunciar al Capital.
Ya desde junio de 1791, Graccus Babeuf atacaba la ley de La Chapelier que durante 75 años prohibiría la formación de sindicatos obreros en Francia, calificándola de «ley bárbara del Capital».
No fue Marx quien inventó «la lucha de clases». Pierre Leroux escribía en 1833: «La lucha de los
proletarios contra la burguesía es la lucha de aquellos que no disponen de medios de producción contra aquellos que son sus propietarios».
No fue Marx el primero en desmitificar las mentiras sobre la libertad.
El Padre Lacordaire escribía en 1838: «Entre el fuerte y el débil, es la libertad la que oprime y la ley la que libera».
Históricamente el socialismo nació en el siglo XIX en sociedades feudales basadas en una rígida
jerarquía establecida por el nacimiento, la cual fue reemplazada con la victoria de la burguesía por la jerarquía del dinero. Nació entonces la idea de otro regulador económico y social -el plan- destinado según Marx « a dar a cada uno todos los medios económicos, políticos y culturales capaces de desarrollar plenamente todas sus posibilidades ». Se trataba de una definición del socialismo de acuerdo a sus fines, a sus objetivos. La socialización de los medios de producción no era más que un medio.
En realidad, el pensamiento de Marx se parece muy poco a lo que en general se llama «marxismo».
No buscaba construir un sistema a la manera de los utopistas, «No fabrico recetas para el futuro», decía. Marx analizó la estructura y las leyes del crecimiento de la sociedad capitalista más desarrollada de su época, Inglaterra.
Señalando sus características esenciales: en una economía de mercado, es decir, en una sociedad en la que todo es mercancía -incluso el trabajo humano-, se instaura una jungla sin una finalidad específicamente humana.
A través del estudio de las leyes del desarrollo de la economía inglesa del siglo XIX, concibió el socialismo como la superación de las contradicciones de un capitalismo que ya hubiera alcanzado su plena madurez.
Para Marx, la clase obrera en pleno ascenso debido a la industrialización de Europa, -sobre todo en Inglaterra y Francia- era la clase que tenía la misión de armonizar las estructuras políticas y sociales con la realidad económica.
Pero la primera revolución no se desarrolló en las condiciones previstas por Marx. A diferencia de Inglaterra, en 1917, Rusia era un país tan poco industrializado que la clase obrera representaba sólo el 4 % de la población activa. No podía tomar el relevo de la burguesía -igualmente débil- que no había podido hacer una revolución contra las supervivencias feudales del régimen zarista.
Una revolución en esas condiciones no podía ser engendrada por la simple maduración de lascontradicciones del capitalismo. Debía ser necesariamente coyuntural.
Coyuntural y al mismo tiempo puntual, es decir, realizándose no como lo había sugerido Marx y Engels, gracias a un largo proceso de maduración sino mediante un acto fulgurante, puesto que se trataba de aprovechar el momento donde se conjugaban diversas contradicciones heterogéneas.
El esquema revolucionario concebido por Marx, fue invertido por Lenin. En lugar que la clase económicamente dominante armonizara las instituciones políticas y sociales de acuerdo a su hegemonía económica real, trató por el contrario, partiendo de una coyuntura histórica favorable, apoderarse del poder político para enseguida, gracias a este poder, crear las condiciones económicas de desarrollo del socialismo.
La paradoja fue de querer hacer una revolución « proletaria » sin proletariado, o al menos con un proletariado embrionario.
Las consecuencias serán terribles. Como lo señaló Troski: el partido comenzó a hablar en nombre de la clase, el aparato en nombre del partido, los dirigentes en nombre del aparato y finalmente uno solo hablará y pensará en nombre de todos.
Muy pronto Lenin comprendió que su obra estaba condenada al fracaso: « Nuestros soviets -escribió en 1920- en las condiciones en las cuales funcionan actualmente, es decir sin una participación real en la toma de decisiones por parte de las masas, sino que bajo la dirección de algunos de nuestros mejores cuadros, pueden construir el socialismo por el pueblo, en nombre del pueblo, pero no lo construirán para el pueblo ».
Luego la necesidad de resistir a la presión externa y crear una fuerza capaz de hacer frente a los enemigos de la URSS , condujo a dar una prioridad absoluta a la industrialización, en un país en el que ésta aún no se había desarrollado. La socialización de los medios de producción no fue concebida bajo la forma de una red de cooperativas de autogestión, sino que simplemente se procedió a una simple estatización.
Por otra parte, todas las expresiones humanas de la vida social fueron aplastadas o desfiguradas. La fe fue considerada como una « ideología » de resignación y el ateísmo como religión de estado, en circunstancias que Marx en la Introducción a la crítica a la filosofía del derecho de Hegel, cuando atacaba calificando de « opio del pueblo » el espíritu de la Santa Alianza dirigida contra los pueblos, veía en la religión, en la misma página y en el mismo movimiento del pensamiento, « una expresión del desamparo humano y también una protesta contra este desamparo ».
La exportación de esta teología sin Dios, que consideraba al sistema soviético como el modelo único e inmutable del socialismo, condujo a los partidos comunistas de Europa y del Tercer Mundo a un rotundo fracaso.
Lo peor que había en el desarrollo de este « socialismo », fue hacer suyos los postulados de base del capitalismo, la creencia occidental en un modelo único de desarrollo, asimilado al crecimiento cuantitativo asegurado por la ciencia y la técnica occidentales.
Tres perversiones fundamentales se desarrollaron rápidamente en la URSS.
Marx había enunciado las leyes de crecimiento óptimo del capitalismo inglés, estableciendo una relación algebraica entre las inversiones destinadas a la producción de los instrumentos de producción y aquellas destinados a la producción de bienes de consumo.
Sus discípulos dogmáticos hicieron de esta ley descriptiva del desarrollo del capitalismo inglés del siglo XIX, una ley normativa del socialismo ruso del siglo XX. Error fatal que impidió desde entonces pensar el socialismo en función de sus fines, estableciendo como dogma, la prioridad absoluta acordada a la industria pesada.
La segunda perversión consistió en confundir socialización y estatización.
El propio Marx se burlaba de aquellos que definían el socialismo de acuerdo a las nacionalizaciones.
En la URSS , la concepción del papel del Estado estaba en contradicción abierta con aquella de Marx.
Éste consideraba a la Comuna de París como ejemplo de la « forma finalmente encontrada » de un Estado socialista, lo contrario del Estado soviético.
La Comuna fue en efecto un tipo de organización embrionario, autogestionado, federativo y no
centralizado, sin partido único, donde los proudhonianos disponían de la mayoría absoluta frente a los blanquistas. Había un sólo marxista.
La tercera perversión mayor fue confundir la planificación -que debe tener un papel de orientación- con un método de gestión « por arriba », determinado los precios, las normas de producción y la distribución comercial mediante una burocracia estatal centralizada.
Uno de los más grandes errores de los partidos comunistas es el haber tomado como modelo de organización, bajo el nombre de « centralismo democrático », la obra de Lenin ¿Qué hacer? , donde éste preconizaba una organización de partido de tipo militar. Sus discípulos olvidaron que la había concebido para la lucha clandestina contra la feroz represión zarista. Mantener ese « comunismo de guerra » en tiempos de paz no podía conducir nada más que al fracaso.
Lo que murió con la URSS no fue el marxismo sino su trágica caricatura.
Por el contrario, jamás la prospectiva formulada por Marx se ha verificado con más evidencia que hoy en día.
Dos grandes teóricos del capitalismo pronosticaron el futuro del sistema: Adam Smith y Carlos Marx.
La tesis principal del primero es que si cada uno está guiado por un interés o beneficio personal, el interés general se verá de este modo realizado. La mano « invisible » del mercado aseguraría la armonía.
Marx, partiendo de un análisis profundo de la obra de Adam Smith, reconoce que el capitalismo creará grandes riquezas y estimulará el desarrollo tecnológico (en El Capital no escatima su admiración por dicho dinamismo del sistema), pero creará al mismo tiempo una gran miseria y desigualdad.
En nuestros días se verifica la polarización creciente de la riqueza en manos de una minoría, mientras que el desamparo y la angustia aumentan a escala nacional y mundial.
Hoy, cuando el « liberalismo » reina sin contrapeso en el mundo podemos preguntarnos, ¿quién dió la previsión más acertada sobre el porvenir del capitalismo, Adam Smith que afirmaba que si cada uno seguía su interés personal el interés general sería alcanzado o Marx, quien analizando sus mecanismos previó la acumulación de la riqueza en un polo y el aumento de la pobreza en el otro?
Nunca como hoy hemos estado ante la disyuntiva entre « el socialismo y barbarie ». Barbarie que engendra la exclusión, o el socialismo que no es otra cosa que la búsqueda de los medios para impedir dicha polarización, dando la prioridad a la unidad humana y al florecimiento en cada hombre de una humanidad plena.

Pero el advenimiento del socialismo no es ineluctable. El determinismo existe solamente para los hombres alienados por el capitalismo.
Marx pensaba que al contrario, el aumento de la alienación no era nunca tal que excluía la posibilidad de luchar contra ella. Lo que no es otra cosa que el afloramiento de la trascendencia del hombre en relación al determinismo sectorial de la naturaleza.
El futuro no es lo que será, sino lo que nosotros mismos forjemos.

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¿Guerra entre el monoteísmo del mercado y el sentido?
Jesús por su parte nunca definió un programa político ni doctrina social que se impondría a todos los pueblos en todos los tiempos.
No se trata de sacralizar en nombre de la fe la obligación de ser de derecha o de izquierda. Pero debemos clamar con todas nuestras fuerzas que es en nombre de la fe, que no se puede tolerar la división actual del mundo entre el Norte y el Sur, la acumulación de la riqueza por un lado y la miseria del otro.
Nuestra tarea es reagrupar a todos los hombres de fe -sea cual sea esta fe- contra el mundo actual donde impera la ausencia de sentido de la vida. Hay que crear núcleos de resistencia denunciando y combatiendo todo lo que esté en contra la unidad sinfónica del mundo, en la cual cada pueblo, cada cultura, cada fe, pueda aportar su contribución a esta recíproca y fecundadora unidad.
Una tarea de tal envergadura supone en primer lugar, eliminar las instituciones que han fundado el monoteísmo del mercado y que actualmente constituyen el brazo secular de los amos del mundo: Estados Unidos, sus vasallos y cómplices del G7, la OMC , el FMI y el Banco Mundial, todos, instrumentos que en nombre de una supuesta libertad imponen la idolatría del dinero.
Para justificar esta integración al sistema del mercado mundial bajo dominación norteamericana, se inculca por vía de los medios de comunicación la idea de « necesidad », como si la economía fuera una ciencia de las cosas y no una organización voluntaria decidida por hombres. Se trata por ejemplo de hacernos creer que la única alternativa frente la OMC es el repliegue nacionalista y proteccionista.
Sin embargo, un cambio radical de las relaciones con el Tercer Mundo, abriría un « mercado » infinitamente más vasto que el de la « tríade » (Estados Unidos, Europa y Japón).
Los Estados Unidos exigen que los otros países apliquen una desrreglamentación total de sus economías con el fin de que no puedan oponer ningún obstáculo a su expansión, mientras ellos continúan aplicando el proteccionismo.
El artículo 301 de una ley norteamericana permite sancionar a cualquier país que pretendiera limitar las importaciones y exportaciones de EEUU. De esta manera han sido colonizadas, nuestra agricultura obligando a dejar una gran cantidad de tierras en barbecho; pero también el cine, el acero, la informática, la industria aeronáutica, etc.
Es en la conciencia de los hombres donde comienzan todas las grandes transformaciones de la humanidad. Así lo demuestran las grandes aventuras espirituales, como el budismo, el cristianismo, el Islam y la Reforma. También las grandes revoluciones: la Revolución francesa preparada por el siglo de las Luces y los Enciclopedistas. Más cerca nuestro, la liberación de India con Gandhi y las fuentes del Vedanta, o la revolución iraní que surgió como reacción contra una « modernidad »importada.
Para preparar la resistencia a la manipulación y a la uniformización de las conciencias, hay quecombatir en primer lugar a la TV.
Tres sectores constituyen los principales puntos de sustentación de ésta: la información, el entretenimiento y la educación.
La ley del mercado que rige la TV está en función del rating, que a su vez determina la publicidad. Los televidentes no son más que clientes.
La información, las imágenes como los « hechos » se venden como una vulgar mercancía y son difundidas y seleccionadas sólo por unas cuantas agencias de prensa.
El entretenimiento es la segunda función de la TV. Las emisiones difundidas obedecen a las mismas leyes del mercado y en este campo, se explotan los más bajos instintos, con una profusión de sangre y sexo.
Ya en la Antigüedad , Sócrates se había percatado que ante las golosinas y dulces de un pastelero, como frente a las drogas de un médico, la elección de un niño era evidente.
Es así como pululan en las pantallas de la TV del mundo, estrellas de lo que podríamos llamar «telebasura», compuestas por las peores producciones norteamericanas. Pasando desde Madonna a los héroes exterminadores, para quienes las relaciones humanas se realizan mediante las armas o como en la serie Dallas, mediante el dólar.
Quedan los juegos, tara que consiste en dar una idea perversa de la cultura, identificando a ésta con la memoria de cualquier cosa, desde el primer campeonato de palitroque a la longitud del Orinoco.
Además están los juegos de azar, loterías y otros como « el millonario » y « el gran hermano ». Para ellos se inventó un eslogan inolvidable: « Es muy fácil y usted pude ganar mucho! », resumiendo así la moral de un sistema que representa una ilusoria esperanza para aquellos que no tienen nada.
Contra esta « ocupación cultural », la resistencia debe comenzar por una clarificación tendiente a desenmascarar los pretextos ideológicos detrás los cuales está el imperio estadounidense, vanguardia de la decadencia occidental. Enseguida, hay que desarrollar el boicot a las exportaciones más simbólicas de la llamada « cultura » norteamericana.
El boicot cambia radicalmente el estilo de la acción política. En primer lugar no implica estar sometido a una dirección política que decide por uno. No hay delegación de poder, sino que por el contrario, responsabilidad y compromiso personal que implican sacrificios -aquellos de nuestras preferencias y gustos cotidianos- cambiando nuestro modo de vida, ya bastante norteamericanizado.
Pero también, para trabajar en función de la unidad del mundo contra el monoteísmo del mercado imperante, una de las primeras medidas tiene que ser la abolición de la deuda externa del Tercer Mundo, puesto que no tiene fundamento histórico ni justificación.
Por otra parte, los préstamos e inversiones a los países pobres deberían:

1º. No pasar por las manos de los gobiernos, sino que directamente a las asociaciones de productores, cooperativas, sindicatos y comunidades de base.
2º. Deben ser acordados para la realización de proyectos precisos de utilidad pública: irrigación, transporte, infraestructura, agricultura. El pago de estos préstamos debería hacerse en moneda local con el fin de ayudar a la reinversión en los países del Sur. De este modo sería posible multiplicar el intercambio Sur-Sur, en lugar que los pobres del Sur paguen como ocurre hoy, el lujo y bienestar de los privilegiados del Norte.
3º. Debería introducirse el trueque para no depender exclusivamente del dólar y de las especulaciones monetarias.
4º. Se debe revalorizar el precio de las exportaciones de los países del Sur, poniendo fin al intercambio desigual.


Todas estas medidas apuntan a un cambio fundamental en las relaciones de las naciones ricas con los países pobres del Sur, medidas tendientes a liberarlos de la servidumbre del mercado mundial integrado, del cual son sus principales víctimas.
Por otra parte, « el crecimiento » en su acepción occidental, es la creación de nuevas necesidades, aun si éstas son artificiales o degradantes.
Un ejemplo típico de este despilfarro es la profusión de artículos de entretenimientos electrónicos. ¿Qué tiene que ver el progreso humano con la existencia de más de 400 canales internacionales de TV? ¿O ofrecer a nuestros niños juguetes electrónicos « interactivos », aún más sofisticados que Nintendo, donde pueden tranquilamente participar en una guerra o en una violación colectiva?
Poner al mundo con la cabeza arriba, de pie, significa en primer lugar entregarle al mercado su verdadera función: es decir, el lugar donde surgen y se satisfacen las necesidades materiales y espirituales auténticamente humanas.
De esta forma, la economía de mercado ha creado un nuevo poder « mediacrático ». Se trata de la « trinidad » compuesta por los propietarios de los medios de comunicación, los deciders de la TV y los políticos.
Esta trinidad constituye la máscara y seudónimo político del monoteísmo del mercado.
El triunfo del ateísmo radical, aquel del monoteísmo del mercado y de los ídolos que éste engendra (dinero, nación y mundialización de la carencia de sentido de la vida), ilustran la intuición de André Malraux cuando dijo: « El siglo XXI será espiritual o no será ».
Pero la religión que podrá salvarlo de la muerte no es el cristianismo ni el Islam. Ni la religión dominante de los dominantes, ni la religión dominante de los dominados.
En Occidente fue donde nacieron las creencias en Dioses todopoderosos y parciales, exteriores al hombre, dirigiendo desde los cielos su destino. Dioses que engendraron las teologías de la dominación.
Y Occidente se ha lanzado en una carrera alucinante por el poder, blandiendo la promesa mítica de su progreso de pueblo predestinado.
En el Oriente milenario los hombres han proclamado que la inmortalidad no es la negación de la muerte, sino la afirmación de la vida eterna y creadora.
La chispa divina de la unidad viviente de dos mundos, -Oriente y Occidente-, el sol se levanta, el sol se pone y renacerá mañana en el horizonte del otro si el hombre quiere ayudarlo, para ser como decía Zaratustra, el primer profeta de la unidad dual, « aquellos que desde el amanecer trabajan por el ensanchamiento del día ».
Luego nació el Dios sin nombre de Heráclito de Efeso, también anunciador de la unidad dual, para quien el mundo era "un fuego eternamente vivo que se enciende y se apaga según leyes determinadas".
Sobre esa tierra de mensajes divinos, de fecundación de lejanas espiritualidades, Oriente y Occidente se unieron encarnándose en un hombre: Jesús. Jesús enseñó que los mismos Dioses mueren y que su muerte no está separada de la vida en sus incesantes resurrecciones.
En esa bisagra constituida por el Cercano Oriente, los Padres de la Iglesia nos dieron el verdadero sentido de la « buena nueva » de esta encarnación: Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera
llegar a ser Dios.
La epopeya humana pudo comenzar y el hombre avanzó duramente, golpe a golpe.
Hubo Dioses celosos y crueles, aquellos de las leyendas antiguas, que con san Pablo instalaron rápidamente a Jesús en el derecho común, con sus « guerras santas », sus Cruzadas, inquisiciones y « santas alianzas ».
Otros , como Mahoma y los sufíes del Islam, recordaron la unidad de la fe, la de Abraham y Jesús, la de los Uspanishad y del Zend Avesta.
San Francisco de Asís, luchó contra el poderío y la riqueza, combatiendo porque viviera la llama encendida por Jesús.
Raimón Llul e Ibn Tofayl, mantuvieron la fe primera y fraternal en plena Cruzada.
Y el Cardenal de Cues, soñaba en su libro Paz de la fe, con un concilio mundial de religiones en el momento (1453) en que los turcos entraban en Constantinopla.
Como el Concilio Vaticano II, bajo el Papa Juan XXIII y tantos teólogos de la liberación de la India musulmana hasta el Occidente cristiano. Como el padre Montchanin y Pannikar. El padre Gutiérrez e Ignacio Ellacuría, que hicieron frente con entereza a los escuadrones de la muerte. Como Leonardo Boff, frente a los inquisidores.
La fe -en medio del provisorio reino del monoteísmo del mercado- tiene necesidad de un « río de fuego » (Feurbach), para prevenirnos contra la tentación de proyectar en un Dios o en varios Dioses, la voluntad de poderío del hombre ; ese « río de fuego », que Marx y Nietzsche nos llamaron a atravesar para alcanzar la fe más allá de las alienaciones religiosas.
Ojalá Occidente pueda recordar que con él no termina la historia.

Vinciguerra: Reflexiones sobre el 11-S (y III)

Vinciguerra: Reflexiones sobre el 11-S (y III)

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Vincenzo Vinciguerra

(30 de octubre de 2001)


Desde el 11 de setiembre, sin cesar, sobre diarios, periódicos, televisiones públicas y privadas arrecia una propaganda de guerra que, obediente a las órdenes impartidas desde los Estados Unidos, debe convencer a la gente de que existen las fuerzas del Bien, representadas por América y sus aliados, y las del Mal, identificadas con el "terrorismo internacional" del cual el máximo exponente es hoy Osama Bin Laden, el jeque saudí que ha osado desafiar a la Casa Blanca. Obsesiva, martilleante, reiterada hasta la nausea, la campaña sobre el "terrorismo internacional" de marca árabe es una fábula, la enésima, producida por los departamentos de guerra psicológica de los servicios secretos americanos e israelíes que ven la ocasión de destrozar definitivamente toda resistencia árabe a las pretensiones de sus gobiernos de imponer la supremacía israelí en Oriente Medio como garantía de los intereses militares, políticos y económicos de los USA.

Las medidas antiterroristas dispuestas por el gobierno italiano, con el apoyo de la oposición, mediante nuevas leyes y la "defensa" de los objetivos "sensibles" confiada a los militares, destinados a dar protección a la Sábana Santa de Turín, monumentos, iglesias, sacristías, pretende reforzar el convencimiento general de que el país está en peligro, amenazado por los "terroristas" del pérfido Osama Bin Laden. Y sin embargo, no es verdad. Italia no ha sido considerada hasta ahora un enemigo por los árabes combatientes por la simple razón de que siendo un enano político y militar, nada grave ha podido cometer contra el Islam. Al contrario, lo cierto es que la historia de la política exterior italiana durante el último siglo ha sido la del apoyo a los árabes en su lucha contra el imperialismo británico e israelita, amparada en la aquiescencia de la Iglesia católica al menos hasta la muerte de Pablo VI. Puede convertirse en un enemigo, y por tanto en un objetivo, desde el momento en el cual el gobierno actual y la oposición (por así decirlo) han emprendido la aberración política de implicar a las fuerzas armadas en la guerra americana contra el Islam, en beneficio también de ese Vaticano que se siente amenazado por la religión islámica. Mientras el itálico enano distribuye a sus soldados en defensa de la estatua de santa Genoveva, se aplica en el mejor modo de lustrarle las botas a Bush e inunda las telepantallas con teleseries y películas de carácter religioso, nosotros asistimos a un capítulo de una guerra iniciada muchos años antes.

A finales del siglo XIX, abatidos por los continuos ataques de los que eran objeto, los judíos rusos comenzaron a buscar una vía de salvación que les llevara a tierras más hospitalarias, lejos de las persecuciones que la Iglesia ortodoxa y el tradicional antisemitismo ruso desencadenaban periódicamente contra ellos. Por centenares de miles, por millones, los judíos rusos abandonaron una tierra hostil para refugiarse en los Estados Unidos (en 1914 se habían establecido allí más de dos millones y medio) y en los dominios británicos. Pero una minoría de judíos decidió que debía volver a la Tierra Prometida, a aquella Palestina que representaba históricamente su tierra de origen. Entre 1883 y 1889, el movimiento Chibbat Zion (Amor por Sión) recaudó fondos para posibilitar el éxodo de los judíos hacia Palestina en una medida muy modesta, hasta el punto de abocar al fracaso al movimiento sionista si en su favor no hubieran intervenido personajes de la alta finanza europea, como el barón Edmond James de Rothschild que, en el mismo período, donó una cantidad equivalente a 1,6 millones de libras esterlinas.

El credo sionista afirmaba que "cualquier hijo de Israel que reconozca que no hay salvación para Israel, a menos que se cree un gobierno en la Tierra de Israel, puede ser admitido" en las asociaciones que poco a poco van proliferando sin obtener, sin embargo, el apoyo más que de una ínfima minoría de judíos. Por lo tanto, la aventura del retorno a Palestina para fundar allí el Estado de Israel, no brotó del sentimiento de un pueblo sino que fue fruto de una fanática visión mesiánica de escasísimos intelectuales israelitas que, fortalecidos por el apoyo de la gran banca judía europea, pusieron en marcha el fatal engranaje de la reconquista, tras dos milenios, de una tierra que ahora pertenecía a los árabes.

En un principio mediante el dinero, adquiriendo un terreno tras otro, una casa tras otra, los judíos comenzaron a crear sus asentamientos estables en Palestina, sin provocar fricciones con la población local. Entre tanto, el 29 de agosto de 1897, en Basilea, fue fundada la organización sionista dirigida por Theodor Herzl, en el transcurso de un congreso en el que participaron cerca de 250 delegados de 24 países. Es el inicio de la tragedia que todavía hoy vivimos. No es el retorno de los judíos a Palestina lo que los sionistas sueñan, es la refundación del Estado de Israel, con la expulsión de los árabes palestinos de sus casas, de sus tierras, expropiación de sus bienes y, si es necesario, la privación de sus vidas para hacer sitio a los judíos que regresen.

La llegada de los judíos a Palestina, su penetración sutil cada vez más y más amplia mediante la adquisición de terrenos siempre más numerosos, comenzó a provocar la reacción de todos los que empezaron a comprender que muy pronto los judíos habrían de sustituir la fuerza del dinero por la fuerza de las armas para obligar a los árabes-palestinos a abandonar su tierra. En marzo de 1911, 150 palestinos remitieron al Parlamento turco un telegrama de protesta por la continua adquisición de terrenos por parte de los judíos. El gobernador turco de Jerusalén, Azmi Bey, admitió que, aun no siendo antisemita e incluso apreciando "la habilidad económica de los judíos", "ninguna nación, ningún gobierno podría abrir los brazos a grupos…que tienen la intención de apoderarse de Palestina, la cual nos pertenece".

La primera guerra mundial modificó los equilibrios de fuerzas en la zona. Siguiendo intereses ajenos al pueblo palestino, Francia e Inglaterra se dieron cuenta ya en 1916 que el lobby judío en los Estados Unidos era tan fuerte como para conseguir que estos últimos entraran en guerra a su lado contra Alemania, de este modo se consideró oportuno apoyar al movimiento sionista y la fundación de un Estado judío en Palestina. El 2 de noviembre de 1917, vio la luz la llamada "declaración Balfour" que sancionó el reconocimiento oficial de Gran Bretaña de la "creación en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío". Nadie consultó a los árabes, nadie se ocupó de su suerte. La alta finanza judía y el imperialismo británico acordaron simplemente que Palestina debería convertirse en un Estado judío "cuya importancia es mucho más profunda que los deseos y prejuicios de los setecientos mil árabes que viven ahora en ese antiguo país". Fue una sentencia de muerte para el pueblo palestino, de la cual entonces pocos se dieron plenamente cuenta. El 28 de abril de 1930, Menahem Ussishkin, presidente del Fondo nacional judío declaró a la prensa que los demás "habitantes…deben ser evacuados. La región debe ser nuestra. Nuestra meta es más grande y más noble que el simple respeto de algunos centenares de miles de fellahim [campesinos] árabes". Palabras de desprecio que anuncian lo que sucederá después.

Los acontecimientos políticos europeos, la simpatía de los árabes hacia los regímenes italiano y alemán que veían oponerse al imperialismo británico y de los que esperaban recibir ayuda para su liberación, volvieron a Gran Bretaña menos predispuesta hacia el movimiento sionista y a su pretensión de eliminar a los árabes-palestinos a fin de hacer sitio a un Estado judío. La respuesta fue sangrienta: el 6 de noviembre de 1944, militantes hebreos de la banda Stern asesinaron a lord Moyne, ministro británico residente en Oriente Medio, como consecuencia de la reanudación de las hostilidades contra Inglaterra que el jefe del Irgun Zevai Le´umi, Menahem Begin, había anunciado el 1 de febrero del mismo año. No había concluido aún la segunda guerra mundial, cuando los judíos desencadenaban en Palestina una sangrienta guerra de guerrillas que se proponía como doble objetivo el de obligar a Gran Bretaña a respaldar el nacimiento del Estado judío y a los árabes-palestinos a marcharse por la fuerza, so pena de muerte. Son páginas olvidadas en las que se ha escrito con la sangre de los pobladores árabes la política de terror aplicada por Ben Gurion, Menahem Begin y por los demás dirigentes judíos hasta alcanzar la meta de la fundación del Estado de Israel.

El 22 de julio de 1946, los hombres del Irgun, dirigidos por el futuro premio Nobel de la paz Menahem Begin, hacen saltar por los aires un ala entera del hotel King David de Jerusalén, sede del Mando militar británico, matando a 91 personas, mayoritariamente civiles. El 1 de marzo de 1947, en Tel Aviv, los militantes del Irgun matan a más de 20 soldados británicos, hiriendo a otros 30, en ataques por sorpresa. El 29 de julio de 1947, Menahem Begin manda ahorcar a dos sargentos británicos, que habían sido secuestrados el 12 de julio anterior, y hace colocar explosivos en sus cuerpos, de modo que un oficial inglés cae herido al intentar moverlos. El "Times" de Londres comentará: "La brutalidad nazi no lo hubiera sabido hacer mejor".

La política del terror, ejecutada con feroz determinación por los dirigentes judíos obtiene resultados concretos. Es opinión común de los historiadores que "los métodos draconianos del Irgun, aunque moralmente discutibles, fueron decisivos" para obligar a Inglaterra a abandonar a su suerte Palestina. A Inglaterra la sustituyeron los Estados Unidos. No vinculados por pactos, tratados, promesas, lazos históricos con los árabes, los Estados Unidos asumieron en la zona el papel de tutores, financiadores, protectores de los judíos a los cuales garantizó la formación de un Estado a costa de los árabes, lo que se convierte en objetivo primordial de la política de la Casa Blanca. Sin el freno de la presencia británica, antes bien, animados por el apoyo americano, los activistas judíos del Irgun y de otras organizaciones desencadenaron una campaña de atentados contra la población árabe.

En solo dos atentados, el 13 y el 29 de diciembre de 1947, los hombres de Begin mataron a 80 árabes e hirieron a 37. El 30 de diciembre de 1947, lanzaron granadas de mano contra un pequeño grupo de árabes que esperaba el autobús en Haifa, matando a 6 personas e hiriendo a una docena. La reacción árabe, esta vez, provocó la muerte de 39 judíos y las heridas de otros 50, linchados por la masa enfurecida. Fue el pretexto para una masacre, la enésima, contra una aldea árabe. El 31 de diciembre de 1947, las escuadras armadas de las formaciones judías penetraron en Bala al-Shaykh y mataron a 60 personas, en su mayoría mujeres y niños. El 4 de enero de 1948, nuevamente militantes judíos hacen estallar un camión lleno de explosivos ante el ayuntamiento de Giaffa, donde tenía su sede el Comité nacional árabe, provocando su derrumbe y la muerte de 26 personas. El 5 de enero de 1948, una incursión contra el hotel Semiramis de Jerusalén, considerado erróneamente sede de los irregulares árabes, acaba con la muerte de 26 civiles inocentes. El 28 de febrero de 1948, un coche-bomba colocado por militantes judíos provoca la muerte de 30 árabes y heridas a otros 70, todos civiles.

También los métodos nos traen a la actualidad. Coches-bomba, camiones repletos de explosivo, casas y hoteles hechos saltar con la gente dentro. Sólo que no fueron los árabes quienes los emplearon los primeros, sino los fundadores del Estado de Israel. Verdad incómoda, pero que no hay que callar. El 9 de abril de 1948, las formaciones judías del Irgun de Begin y del Lhi atacan la aldea árabe de Deir Yassin. "La conquista de la aldea ha sido ejecutada – escribirá en su informe un oficial hebreo – con extrema crueldad. Familias enteras – mujeres, viejos, niños – aniquiladas, y cadáveres apilados…. Algunos prisioneros, incluidos mujeres y niños, transferidos a lugares de detención y allí brutalmente eliminados por sus captores". No se hablaba de todo esto en los motivos por los cuales Menahem Begin, entonces jefe del gobierno israelí, fue distinguido con el premio Nobel de la paz. Occidente ha borrado incluso la memoria de las atrocidades cometidas en nombre de Israel. Los árabes no, no pueden olvidar por la sencilla razón de que siguen muriendo, como entonces, a menudo a manos de los mismos hombres, ayer oficiales del ejército israelí, hoy ministros y jefes de gobierno.

Es el caso de Ariel Sharon, "el oficial israelí que se había convertido en símbolo de la política de la represalia", como escribe un historiador hebreo. ¿Desde hace cuántos años es este hombre símbolo de la represión y del terror para los árabes-palestinos? Al menos desde 1953, cuando fue creada, en el mes de agosto, la Unidad 101, confiada precisamente al mando de Sharon, con una única misión: efectuar incursiones, infiltraciones y represalias. Ariel Sharon ejecutó la primera de ellas contra la aldea de Qibya, en la noche del 14 de octubre, masacrando a 60 habitantes, mujeres y niños incluidos. El 24 de noviembre de 1953, la ONU condenó al gobierno israelí por esta matanza, pero todo siguió como antes y cada uno en su puesto, como Ariel Sharon.

Lo vuelven a encontrar los palestinos en 1982, esta vez como ministro del gobierno Begin. El 16-17 de setiembre, los falangistas cristianos con la complicidad del ejército israelí, entran en los campos de refugiados de Sabra y Shatila, en Líbano: "…la matanza continuó ininterrumpidamente durante más de 30 horas. Los falangistas asesinaron a civiles –individuos y familias enteras- de forma metódica y deliberada. Un niño fue pateado hasta la muerte por un miliciano provisto de botas claveteadas, otros fueron asesinados colgándoles al cuello bombas de mano, otros fueron también violados y descuartizados". Ariel Sharon, ministro de Defensa, podía evitar la masacre. Los servicios secretos israelíes le habían informado con anticipación de todo cuanto los falangistas cristianos estaban preparando. No hizo nada. Peor aún: los militares israelíes lanzaron bengalas luminosas para facilitar la marcha de aproximación de los falangistas cristianos hacia los campos de Sabra y Shatila. Los muertos fueron 900, según estimaciones aproximadas de los propios servicios secretos israelíes, probablemente muchos más. La resonancia de la masacre obligó al gobierno presidido por Menahem Begin a nombrar una comisión de investigación para depurar eventuales responsabilidades israelíes. El 8 de febrero de 1983, la comisión criticó al propio Begin y fue muy dura con Sharon acusándole de no haber "asumido sus deberes". Pero ni siquiera esto bastó para detener su ascensión en el firmamento político israelí. Los muertos de Sabra y Shatila no pesaban sobre la conciencia de Menahem Begin, Simón Peres y de los dirigentes israelíes: ni sobre las de sus aliados americanos y europeos.

El 28 de setiembre del 2000, otra vez Ariel Sharon, de acuerdo con el gobierno israelí, actúa en primera persona paseándose de forma provocadora por la Explanada de las Mezquitas, en Jerusalén. La reacción de los árabes, legítimamente resentidos, dará paso a la segunda Intifada que ha costado en un año la vida a más de 800 palestinos, muchos, demasiados, de ellos niños y adolescentes. Pero para el actual primer ministro israelí esto no cuenta.

El conflicto árabe-israelí está todavía en curso, si bien es el primer y principal motivo de enfrentamiento con el mundo islámico, no es el único. Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos tienen concretas y comprobadas responsabilidades en la explotación de los recursos petrolíferos de la región, cuyo control han adquirido por la fuerza, con golpes de Estado, con gobiernos corruptos. Fueron los Estados Unidos, junto a sus fieles aliados británicos, quienes derrocaron en 1953 al gobierno nacionalista de Mossadeq, culpable de querer nacionalizar la industria petrolífera, para imponer en su lugar un régimen corrupto que tendrá, posteriormente, en el shá Reza Pahlevi su dictador implacable. El proceso de occidentalización impuesto por la política del Shá conlleva una durísima y despiadada represión contra los opositores internos. Pero no existe un gobierno americano o europeo que advierta de la necesidad de intervenir para frenar las constantes violaciones de los derechos humanos perpetradas por Reza Pahlevi y sus hombres. Se lamentarán las democracias occidentales, cuando expulsado por el furor popular el tiránico Shá, ocupe su lugar Jomeini que propiciará el proceso inverso, el de volverse a apropiar de los valores del Islam contra la imposición forzada de la cultura americana.

No será a causa de una fatídica coincidencia que Saddam Hussein, el dictador iraquí alumno por su laicismo de los Estados Unidos, desencadene una guerra de agresión contra Irán, en el curso de la cual utilizará incluso armas químicas. Al final, el balance será de al menos un millón de muertos, que no pesan tanto en la conciencia de Saddam Hussein como sobre la de los regímenes occidentales que fomentaron la guerra para reafirmar sus intereses y detener el proceso de islamización de la región.

La misma lógica perversa se vuelve a encontrar en Argelia. Cuando el Frente de Salvación Islámico venza en las elecciones y adquiera el derecho a gobernar el país, Francia y los países occidentales inducirán a los militares a dar un golpe de Estado, instaurando un régimen militar y reprimiendo ferozmente a los opositores islámicos. Al día de hoy, el precio por mantener a Argelia en la lista de países musulmanes "moderados" y occidentalizados, ronda los 100.000 muertos, cifra por defecto.

Silencio total, también, sobre Egipto y la represión dirigida por el régimen de Mubarak contra los "Hermanos musulmanes". ¿Cuántos muertos? ¿Cuántos encarcelados, cuántos torturados? Nada se sabe. Occidente no critica a sus aliados corruptos, con tal que sean sumisos hacia su política. Prueba de ello es el ocaso de Saddam Hussein que, culpable de haber puesto en entredicho, con la invasión de Kuwait, los equilibrios pro-americanos en la región y los intereses de las sociedades petrolíferas, ha sufrido el ataque de América, la invasión de su territorio y la aplicación de un embargo, para obligar a los iraquíes a derrocarlo. Un embargo total, feroz y despiadado que, en diez años, ha costado la vida al menos a un millón de iraquíes, en su mayoría niños, ancianos, mujeres, muertos por desnutrición y enfermedad. Un millón de muertos para los que nadie pide justicia.

Ahora toca a Afganistán. Han sido los americanos, los saudíes y los pakistaníes los que organizaron el movimiento talibán y les permitieron conquistar casi enteramente Afganistán. La causa del apoyo a los estudiantes coránicos residía en el hecho de que, siendo éstos de filiación sunnita, representaban un obstáculo a la expansión de Irán chiíta en el área. Cálculo no equivocado, porque la represión talibán contra los chiítas afganos ha sido durísima y ha provocado un verdadero éxodo, del que nadie ha hablado nunca prefiriendo poner el acento en la aplicación delirante de las normas coránicas relativas a la mujer.

Hoy, los talibanes son el nuevo enemigo de los Estados Unidos. El "monstruo" al que aniquilar por ser culpable de haber hospedado a Osama Bin Laden, el multimillonario saudí transformado en un enemigo implacable de la alianza israelo-americana. No miente Osama Bin Laden, cuando afirma que la responsabilidad de los ataques a los Estados Unidos el 11 de setiembre recae sobre la "política de América" frente al mundo islámico. ¿Cuántos años hace que Occidente ha dado a los árabes la prueba de que sólo la fuerza cuenta, la del dinero y las armas? ¿Desde cuántos decenios América apoya la política de genocidio dirigida por Israel para afirmar su supremacía en la región? ¿Cuántos golpes de Estado, insurrecciones armadas, represiones despiadadas, guerras ha fomentado la política americana, israelí y occidental en el área medioriental? Tantos son que es imposible enumerarlos todos. Como total ha sido el "olvido" de los medios de comunicación occidentales frente a las tragedias de los pueblos musulmanes. Ningún eco ha llegado jamás de los gritos de los condenados y de los torturados por parte de los regímenes que desempeñaban una política pro-occidental, mucho menos se ha levantado alguna voz contra Israel, único Estado en el mundo en permitir el uso legal, codificado por ley, de la tortura. Ni siquiera esto ha provocado escándalo y removido las conciencias.

De esta amalgama secular de guerras, exterminios de masa, asesinatos, torturas, represión, hambre, explotación, petróleo y cárceles, éxodos bíblicos y desesperación surgen, destacándose sobre los cielos de los Estados Unidos, los aviones que se estrellaron contra el Pentágono y las Torres gemelas de Nueva York. Dentro de estos aviones secuestrados, no volaban solamente 19 combatientes islámicos lanzados al martirio, con su carga de inconscientes pasajeros americanos, porque con ellos estaban los millones de muertos que el Occidente opulento, poderoso y despiadado ha provocado en nombre de sus intereses, de sus religiones, de la afirmación de su poder. Es de un genocidio negado del que surge el ataque del 11 de setiembre de 2001, casi en coincidencia del aniversario de las matanzas de Sabra y Shatila, olvidado igual que sus numerosas víctimas mientras uno de sus responsables es primer ministro del Estado de Israel.

Incluso aquellos que, por su parte, no se sienten capaces de justificar los ataques del 11 de setiembre contra los Estados Unidos, deben comprender por honestidad intelectual que no han sido motivados por una perversa sed de sangre de los "terroristas internacionales"; que la propaganda de guerra, dirigida a hacer olvidar lo que hemos recordado siempre, no debe ofuscar las mentes y torcer el juicio; que el problema no es condenar los bombardeos americanos en Afganistán y a los "terroristas" mediante una elección aparentemente salomónica, sino intervenir sobre las causas que han determinado tales ataques. Y las causas pueden resumirse en una sola: falta de justicia hacia los oprimidos que han visto a sus masacradores elevados, en Occidente, sobre los altares de la política y de la historia mientras que un velo de complicidad se extendía sobre sus delitos. Con las Torres gemelas han caído la certidumbre de la impunidad occidental y americana. Y esto produce miedo, no el inexistente "terrorismo internacional", fórmula utilizada para no reconocer las culpas propias pasadas y presentes.

Los enanos políticos italianos no saben qué idear para apoyar a los Estados Unidos. Ahora se han inventado incluso una delirante manifestación pro-americana, una demostración pública en la cual desfilar por millares tremolando las banderas de los Estados Unidos. Han olvidado que la tragedia italiana de los años setenta lleva el sello de los servicios secretos americanos e israelíes. Una verdad nunca proclamada oficialmente porque la entera clase política italiana, sin excepciones de ningún género, desde los missinos a los comunistas han levantado un valladar para que ésta no emergiera en toda su claridad. La tragedia de Oriente medio ha tocado de lleno a Italia a partir del 10 de junio de 1967, fecha en la que la Unión Soviética rompió sus relaciones diplomáticas con Israel, seguida de todos los países de la Europa del Este, excepto Rumania. El 1 de noviembre de 1967 es nombrado jefe de Estado mayor del Arma de carabineros el coronel Arnaldo Ferrara, hermano de un diputado del Partido Republicano, israelita. Permanecerá en el cargo diez años, los años de las masacres de plaza Fontana, Brescia, Italicus, de la frustrada masacre de Verona, Génova y muchas otras. ¿Coincidencia? Difícil creerlo. Y nadie, político, magistrado, historiador se ha atrevido nunca a responder la pregunta referente a la necesidad de mantener durante diez años en el mando virtual de los carabineros a un simple coronel, convertido sin moverse de la poltrona, en general de división. Cuando los enanos desfilen por Roma, agitando las banderas de los Estados Unidos, que alguno recuerde a los muertos sin justicia de plaza Fontana y de las masacres italianas, por los cuales un día alguien pedirá cuentas, porque la sangre derramada no se olvida, pesa en el recuerdo de los hombres y de los pueblos, en la conciencia de cuantos hoy asisten impotentes a la definitiva prostitución del país ante el rico amo americano.

Deseo de justicia que hoy se defiende, quiérase o no, sobre las montañas de Afganistán. Y mientras el enano feroz alinea a sus soldados en defensa de la estatua de santa Cunegunda y nos bombardea con películas tipo "Marcelino pan y vino", esperando que las futuras generaciones se asemejen a Fini y a Gasparri, yo miro a esas montañas afganas en las cuales, una vez más, hombres armados con solo su valor afrontan al imperio americano en nombre de principios eternos que se llaman libertad, dignidad e independencia.