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EL PODER OCULTO: DE DÓNDE NACE LA IMPUNIDAD DE ISRAEL

EL PODER OCULTO: DE DÓNDE NACE LA IMPUNIDAD DE ISRAEL

AUTOR: Manuel Freytas

FUENTE:  IAR 

"Israel, básicamente, es la representación nacional de un poder mundial sionista que es el dueño del Estado de Israel tanto como del Estado norteamericano""

La gran complicidad internacional con las masacres periódicas israelíes no se gestan por miedo a Israel, sino por miedo a lo que representa el Estado judío. Israel es el símbolo más emblemático, la patria territorial del sionismo capitalista que controla el mundo sin fronteras desde los directorios de los bancos y corporaciones trasnacionales.

Israel, básicamente, es la representación nacional de un poder mundial sionista que es el dueño del Estado de Israel tanto como del Estado norteamericano, y del resto de los Estados con sus recursos naturales y sistemas económico-productivos. Y que controla el planeta desde los bancos centrales, las grandes cadenas mediáticas y los arsenales nucleares militares.

A) El poder oculto

Israel, es la más clara referencia geográfica del sistema capitalista trasnacionalizado que controla desde gobiernos hasta sistemas económico productivos y grandes medios de comunicación, tanto en los países centrales como en el mundo subdesarrollado y periférico.

El Estado judío, más allá de su incidencia como Nación, es el símbolo más representativo de un poder mundial controlado en sus resortes decisivos por grupos minoritarios de origen judío, y conformado por una estructura de estrategas y tecnócratas que operan las redes industriales, tecnológicas, militares, financieras y mediáticas del capitalismo trasnacional extendido por los cuatro puntos cardinales del planeta.

Con una población de alrededor de 7,35 millones de habitantes, Israel es el único Estado judío del mundo. Pero cuando hablamos de Israel, hablamos (por extensión) de la referencia más significante de un sistema capitalista globalizado que controla gobiernos, países, sistemas económicos productivos, bancos centrales, centros financieros, arsenales nucleares y complejos militares industriales.

Cuando hablamos de Israel, hablamos antes que nada de un diseño estratégico de poder mundial que lo protege, interactivo y totalizado, que se concreta mediante una red infinita de asociaciones y vasos comunicantes entre el capital financiero, industrial y de servicios que convierte a los países y gobiernos en gerencias de enclave.

El lobby sionista que sostiene y legitima la existencia de Israel, no es un Estado en el lejano Medio Oriente, sino un sistema de poder económico planetario (el sistema capitalista) de bancos y corporaciones trasnacionales con judíos dominando la mayoría de los paquetes accionarios o hegemonizando las decisiones gerenciales desde puestos directrices y ejecutivos.

Quien se tome el trabajo de investigar el nombre de los integrantes de los directorios o de los accionistas de la grandes corporaciones y bancos transnacionales estadounidenses y europeos que controlan desde el comercio exterior e interior hasta los sistemas económico productivos de los países, tanto centrales como "subdesarrollados" o "emergentes", podrá fácilmente comprobar que (en una abrumante mayoría) son de origen judío.

Los directivos y accionistas de las primeras treinta megaempresas trasnacionales y bancos (las más grandes del mundo) que cotizan en el indice Dow Jones de Wall Street, son mayoritariamente de origen judío.

Megacorporaciones del capitalismo sin fronteras como Wal-Mart Stores, Walt Disney, Microsoft, Pfizer Inc, General Motors, Hewlett Packard, Home Depot, Honeywell, IBM, Intel Corporation, Johnson & Johnson, JP Morgan Chase, American International Group, American Express, AT & T, Boeing Co (armamentista), Caterpillar, Citigroup, Coca Cola, Dupont, Exxon Mobil (petrolera), General Electric, McDonalds, Merck & Co, Procter & Gamble, United Technologies, Verizon, son controladas y/o gerenciados por capitales y personas de origen judío.

Estas corporaciones representan la crema de la crema de los grandes consorcios trasnacionales judeo sionistas que, a través del lobby ejercido por las embajadas estadounidenses y europeas, dictan y condicionan la política mundial y el comportamiento de gobiernos, ejércitos, o instituciones mundiales oficiales o privadas.

Son los amos invisibles del planeta: los que manejan a los países y a presidentes por control remoto, como si fueran títeres de última generación.

Quien investigue con este mismo criterio, además, los medios de comunicación, la industria cultural o artística, cámaras empresariales, organizaciones sociales, fundaciones, organizaciones profesionales, ONGs, tanto en los países centrales como periféricos, se va a sorprender de la notable incidencia de personas de origen judío en sus más altos niveles de decisión.

Las tres principales cadenas televisivas de EEUU (CNN, ABC, NBC y Fox) , los tres principales diarios (The Wall Street Journal, The New York Times y The Washington Post) están controlados y gerenciados (a través de paquetes accionarios o de familias) por grupos del lobby judío, principalmente neoyorquino.

Asimismo como las tres más influyentes revistas (Newsweek, Time y The New Yorker), y consorcios hegemónicos de Internet como Time-Warner (fusionado con América on Line) o Yahoo, están controlados por gerenciamiento y capital judío que opera a nivel de redes y conglomerados entrelazados con otras empresas.

Colosos del cine de Hollywood y del espectáculo como The Walt Disney Company, Warner Brothers, Columbia Pictures, Paramount, 20th Century Fox, entre otros, forman parte de esta red interactiva del capital sionista imperialista.

La concentración del capital mundial en mega-grupos o mega-compañías controladas por el capital sionista, en una proporción aplastante, posibilita decisiones planetarias de todo tipo, en la economía, en la sociedad, en la vida política, en la cultura, etc., y representa el aspecto más definitorio de la globalización impuesta por el poder mundial del sistema capitalista imperial.

El objetivo central expansivo de este capitalismo sionista trasnacionalizado es el control y el dominio (por medio de las guerras de conquista o de "sistemas democráticos) de recursos naturales y sistemas económico - productivos, en un accionar que sus defensores y teóricos llaman "políticas de mercado".

El capitalismo transnacional, a escala global, es el dueño de los estados y sus recursos y sistemas económico- productivos, no solamente del mundo dependiente, sino también de los países capitalistas centrales.

Por lo tanto los gobiernos dependientes y centrales son gerencias de enclave ( por izquierda o derecha) que con variantes discursivas ejecutan el mismo programa económico y las mismas líneas estratégicas de control político y social.

Este capitalismo transnacional "sin fronteras" del lobby sionista que sostiene al Estado de Israel se asienta en dos pilares fundamentales: la especulación financiera informatizada (con asiento territorial en Wall Street ) y la tecnología militar-industrial de última generación (cuya expresión máxima de desarrollo se concentra en el Complejo Militar Industrial de EEUU).

El lobby sionista internacional, sobre el cual se asientan los pilares existenciales del Estado de Israel, controla desde gobiernos, ejércitos, policías, estructuras económicos productivas, sistemas financieros, sistemas políticos, estructuras tecnológicas y científicas, estructuras socio-culturales, estructuras mediáticas internacionales, hasta el poder de policía mundial asentado sobre los arsenales nucleares, los complejos militares industriales y los aparatos de despliegue militar de EEUU y de las potencias centrales.

A ese poder, y no al Estado de Israel, es al que temen los presidentes, políticos, periodistas e intelectuales que callan o deforman a diario los genocidios de Israel en Medio Oriente temerosos de quedar sepultados de por vida bajo la lápida del "antisemitismo".

B) El lobby imperial

El lobby sionista pro-israelí, la red del poder oculto que controla Casa Blanca, el Pentágono y la Reserva Federal no reza en las sinagogas sino en la Catedral de Wall Street. Un detalle a tener en cuenta, para no confundir la religión con el mito y el negocio.

Cuando se refieren al lobby sionista (al que llaman lobby pro-israelí) la mayoría de los expertos y analistas hablan de un grupo de funcionarios y tecnócratas, en cuyas manos está el diseño y la ejecución de la política militar norteamericana.

A este lobby de presión se le atribuye el objetivo estratégico permanente de imponer la agenda militar y los intereses políticos y geopolíticos del gobierno y el Estado de Israel en la política exterior de EEUU.

Como definición, el lobby pro-israelí es una gigantesca maquinaria de presión económica y política que opera simultáneamente en todos los estamentos del poder institucional estadounidense: Casa Blanca, Congreso, Pentágono, Departamento de Estado, CIA y agencias de la comunidad de inteligencia, entre los mas importantes.

Por medio de la utilización política de su poder financiero, de su estratégica posición en los centros de decisión, los grupos financieros del lobby ejercen influencia decisiva en la política interna y externa de EEUU, la primera potencia imperial, además de su papel dominante en la financiación de los partidos políticos, de los candidatos presidenciales y de los congresistas.

A nivel imperial, el poder financiero del lobby se expresa principalmente por medio de la Reserva Federal de EEUU, un organismo clave para la concentración y reproducción del capital especulativo a nivel planetario.

El corazón del lobby sionista estadounidense es el poderoso sector financiero de Wall Street que tiene directa implicancia y participación en el nombramiento de funcionarios claves del gobierno de EEUU y de los órganos de control de política monetaria e instituciones crediticias (nacional e internacional) con sede en Washington y Nueva York.

Los organismos económicos financieros internacionales como la OCDE, el Banco Mundial, el FMI, están bajo directo control de los bancos centrales y de los gobiernos de EEUU y de las potencias controladas por el lobby sionista internacional (Gran Bretaña, Alemania, Francia, Japón, entre las más relevantes).

Organizaciones y alianzas internacionales como la ONU, el Consejo de Seguridad y la OTAN están controlados por el eje sionista USA-Unión Europea cuyas potencias centrales son las que garantizan la impunidad de los exterminios militares de Israel en Medio Oriente, como sucedió con la última masacre de activistas solidarios con el pueblo de Gaza.

Las principales instituciones financieras del lobby (Goldman Sachs, Morgan Stanley, Lehman Brothers, etc) y los principales bancos (Citigroup, JP Morgan y Merrill Lynch, etc), influyen decisivamente para el nombramiento de los titulares de la Reserva Federal, el Tesoro, y la secretaría de Comercio, además de los directores del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

C) El mito del "antisemitismo"

A este fenómeno de "poder capitalista mundial" judío, y no a Israel, es lo que temen los presidentes, políticos, periodistas, e intelectuales que evitan puntillosamente condenar o nombrar los periódicos genocidios militares de Israel en Gaza, repitiendo lo que ya hicieron durante la masacre israelí en Libano en el 2006.

La gran complicidad internacional con las masacres periódicas israelíes no se gestan por miedo al Estado de Israel sino por miedo a lo que representa el Estado de Israel.

No se trata de Israel, un Estado sionista más, sino del "Gran Israel", la patria del judaísmo mundial (con territorio robado a los palestinos), de la cual todos los judíos del mundo se sienten sus hijos pródigos desperdigados por el mundo.

No se trata de Israel, sino de las poderosas organizaciones y comunidades judías mundiales que apoyaron en bloque el genocidio militar de Israel en Gaza, que utilizan su poder y "escala de prestigio" (construida mediante su victimización histórica con el Holocausto) para convertir en un leproso social al que se atreva criticar o a levantar la voz contra el exterminio militar israelí en Gaza.

Los gobiernos del mundo capitalista, los periodistas, intelectuales, organizaciones sindicales y sociales no le temen a Israel, sino a su lapidación social como "antisemita" (mote que se le otorga al que enfrenta y/o denuncia al sionismo judío).

No le temen al Estado de Israel, sino a los hijos de Israel camuflados en los grandes centros de decisión del poder mundial, sobre todo económicos-financieros y mediático-culturales.

Los políticos, intelectuales y periodistas del sistema no temen a Israel, sino que temen a los medios, organizaciones y empresas judías, y a su influencia sobre los gobiernos y procesos económicos-culturales del sistema sionista capitalista extendido por todos los países a escala planetaria.

En definitiva temen que las empresas, las universidades, las organizaciones y las fundaciones internacionales sionistas que financian y o promocionan sus ascensos y puestos en la maquinaria del sistema los declaren "antisemitas" y los dejen sin trabajo, sin vacaciones y sin jubilación.

Esa es la causa principal que explica porque los intelectuales, académicos y periodistas del sistema viven elucubrando sesudos análisis de la "realidad" política, económica y social sin la presencia de la palabra judío o del sistema capitalista que paga por sus servicios.

Si bien hay un grupo de intelectuales y de militantes judíos de izquierda (entre ellos Chomsky y Gelman, entre otros) que condenaron y protestaron contra el genocidio israelí en Gaza, la mayoría abrumante de las comunidades y organizaciones judías a escala planetaria apoyaron explícitamente la masacre de civiles en Gaza argumentando que se trataba de una "guerra contra el terrorismo".

A pesar de que Israel no invadió ni perpetró un genocidio militar en Gaza con la religión judía, sino con aviones F-16, misiles, bombas de racimo, helicópteros Apache, tanques, artillería pesada, barcos, sistemas informatizados, y una estrategia y un plan de exterminio militar en gran escala, quien cuestione esa masacre es condenado por "antisemita" por el poder judío mundial distribuido por el mundo.

A pesar de que el lobby judío sionista que controla Israel, tanto como la Casa Blanca, el Tesoro y la Reserva Federal de EEUU no reza en las sinagogas sino en la Catedral de Wall Street, el que lo critique es tildado de inmediato como "antisemita" o "nazi" por las estructuras mediáticas y culturales controlados por el poder judío mundial.

Las campañas de denuncia de antisemitismo con las que Israel y las organizaciones judías buscan neutralizar a las criticas contra la masacre, abordan la cuestión como si el sionismo judío (sostén del estado de Israel) fuera una cuestión "racial" o religiosa, y no un sistema de dominio imperial que abarca interactivamente el plano económico, político, social y cultural, superando la cuestión de la raza o de las creencias religiosas.

El lobby sionista no controla el mundo con la religión: lo maneja con bancos, trasnacionales, hegemonía sobre los sistemas económicos-productivos, control sobre los recursos naturales, control de la red informativa y de manipulación mundial, y manejo de los valores sociales a través de la publicidad, la cultura y el consumo estandarizado y globalizado por los medios de comunicación.

En definitiva, el lobby judío no representa a ninguna sinagoga ni expresión racial, sino que es la estructura que maneja el poder mundial a través del control sobre los centros económicos-financieros y de decisión estratégica del sistema capitalista expandido como civilización "única".

Antes que por la religión y la raza, el lobby sionista y sus redes se mueven por una ideología política funcional: el sionismo capitalista-imperial que antepone el mercado, la concentración de riqueza, la "política de negocios", a cualquier filosofía que roce las nociones del "bien" o del "mal" entendidos dentro de parámetros sociales.

Entonces: ¿De qué hablan cuando hablan de "antisemitismo" o de "anti-judaismo religioso? ¿En que parámetros referenciales se basa la condición de "antisemita"? ¿Quién es antisemita? ¿Quién critica a los judíos por su religión o por su raza en las sociedades del mundo?

A lo sumo, a los judíos, como está probado en la realidad social de cualquier país, no se los critica por su religión o condición racial sino por su apego excesivo al status del dinero (también cultivado por otras colectividades) y a integrar estructuras o jerarquías de poder dentro de un sistema injusto de opresión y de explotación del hombre por el hombre, como es el sistema capitalista.

Salvo los grupos minoritarios de fanáticos y racistas que sólo se representan a sí mismos, en las sociedades (salvo el nazismo alemán y algunas excepciones) casi nunca hubo "persecución religiosa o racial" del judío, si no que hubo una asociación del judío con la "peor cara del capitalismo", representada en el sistema económico-financiero especulativo.

En resumen:

El lobby sionista que protege al Estado de Israel (por "derecha" y por "izquierda) esta conformado por una estructura de estrategas y tecnócratas que operan las redes industriales, tecnológicas, militares, financieras y mediáticas del capitalismo trasnacional extendido por los cuatro puntos cardinales del planeta.

Sus redes se expresan a través de una multiplicidad de organizaciones dedicadas a promover el actual modelo global, entre las que se cuentan principalmente: The Hudson Institute, The RAND Corporation, The Brookings Institution, The Trilateral Commission, The World Economic Forum, Aspen Institute, American Enterprise Institute, Deutsche Gesellschaft für Auswärtigen Politik, Bilderberg Group, Cato Institute, Tavestock institute, y el Carnegie Endowment for International Peace, entre otros.

Todos estos think tanks o "bancos de cerebros", reúnen a los mejores tecnócratas, científicos y estudiosos en sus respectivos campos, egresados de los las universidades de EEUU, Europa y de todo el resto del mundo.

El lobby no responde solamente al Estado de Israel (como afirman los analistas de la "cara derechista" de los neocons) sino a un poder mundial sionista que es el dueño del Estado de Israel tanto como del Estado norteamericano, y del resto de los Estados con sus recursos naturales y sistemas económico-productivos.

El lobby no solamente está en la Casa Blanca sino que abarca todos los niveles de las operaciones del capitalismo a escala trasnacional, cuyo diseño estratégico está en la cabeza de los grandes charmans y ejecutivos de bancos y consorcios multinacionales que se sientan en el Consenso de Washington y se reparten el planeta como si fuera un pastel.

Ni la izquierda ni la derecha partidaria hablan de este poder "totalizado" por la sencilla razón de que ambas están fusionadas (a modo de alternativas falsamente enfrentadas) a los programas y estrategias del capitalismo trasnacional que controla el planeta.

Por lo tanto, y mientras no se articule un nuevo sistema de comprensión estratégica (una "tercera posición" revolucionaria del saber y el conocimiento) el poder mundial que controla el planeta seguirá perpetuándose en las falsas opciones de "izquierda" y "derecha".

Y el lobby judío de "derecha" de los republicanos conservadores seguirá sucediendo al lobby judío "de izquierda" de los demócratas liberales en una continuidad estratégica de las mismas líneas rectoras del Imperio sionista mundial.

Y las masacres del Estado de Israel seguirán, como hasta ahora, impunes y protegidas por las estructuras del sistema de poder mundial sionista capitalista que lo considera como su "patria territorial".

La próxima Flotilla de la Libertad II partirá desde el Líbano y se unirán otros 50 barcos

La próxima Flotilla de la Libertad II partirá desde el Líbano y se unirán otros 50 barcos

Yasser Qashlaq, el director del Movimiento Palestina Libre, dijo el jueves que hasta 50 barcos podían unirse a la flotilla de la Libertad II, el Organismo Internacional de Oriente Medio Media Center informó.

El Movimiento Palestina Libre, en colaboración con Reporteros Sin Fronteras, está organizando la nueva misión para enviar material escolar a los niños del territorio palestino asediado.

Qashlaq dijo que el primer barco saldrá del Líbano en una semana.

La Flotilla de la Libertad II fue propuesta por el líder de Hezbollah Hassan Nasrallah para romper el asedio a Gaza.

El ejército israelí atacó la Flotilla de la Libertad en aguas internacionales en el mar Mediterráneo el 31 de mayo, matando a nueve ciudadanos turcos a bordo del MV Mavi Mármara y resultaron heridas otras 50 personas que formaban parte del equipo contra el convoy de seis barcos.

Israel también arrestó y posteriormente puso en libertad cerca de 700 activistas de 42 países que estaban a bordo de los buques de la Flotilla de la Libertad, que estaba tratando de romper el asedio de Gaza con el fin de entregar 10.000 toneladas de ayuda humanitaria a la sufrida población del territorio.

Los habitantes de Gaza han sufrido casi tres años de un asedio total, lo que les ha privado de comida, combustible y otras necesidades.

PRESS TV / GS NEWS

“Irán está estableciendo un ejemplo único”

“Irán está estableciendo un ejemplo único”

Kaveh L Afrasiabi

Asia Times Online

 

La crisis nuclear contra Irán corre el riesgo de profundizarse y agravarse a causa de las nuevas sanciones de las Naciones Unidas contra la República Islámica, mentras EEUU se mantiene en sus trece contra un plan diplomático alternativo que se diseñó para suavizar tensiones.

La resolución de las Naciones Unidas postulando una cuarta ronda de sanciones, votada en el Consejo de Seguridad el pasado miércoles, exige la inspección de los navíos sospechosos de transportar materiales, preparando un escenario favorable a los incidentes militares en el mar entre Irán y la marina estadounidense. Con los votos en contra de Brasil y Turquía, los arquitectos de un acuerdo de intercambio nuclear con Irán, la resolución elimina también cualquier pretensión de apoyo global unificado para una diplomacia coercitiva contra Irán.

“Las sanciones aprobadas irán al cubo de la basura como si fueran un pañuelo usado”, dijo el Presidente iraní Mahmud Ahmadineyad inmediatamente después de la votación, según la Agencia de Noticias de los Estudiantes Iraníes, de control estatal. “El reino de la política se ha convertido en el reino del engaño”.

La resolución del Consejo de Seguridad, apoyada por los cinco miembros que disponen de derecho de veto permanente (EEUU, Reino Unido, Francia, Rusia y China), se aprobó por doce votos contra dos, mientras el Líbano se abstenía, a pesar de todas las presiones estadounidenses. Austria, Bosnia y Herzegovina, Gabón, Japón, Méjico, Nigeria y Uganda, todos ellos apoyaron las sanciones. Pero los países miembros no le dieron a EEUU lo que más necesitaba en términos diplomáticos: un voto unánime.

El Presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva acusó al Consejo de Seguridad de actuar con “obstinación” al aceptar las sanciones redactadas por EEUU “en lugar de llevar a Irán a la mesa de negociaciones”, declaró Lula, según la agencia oficial de noticias Agencia Brasil. El Consejo de Seguridad “ha tirado por la borda una oportunidad histórica de negociar sosegadamente el programa nuclear iraní”.

La representante de Brasil ante el Consejo, que lanzó una advertencia en recuerdo de la espiral no deseada a causa del fiasco que llevó a la invasión de Iraq en 2003 en base a las supuestas armas de destrucción masiva, se mostró deliberadamente crítica con el desprecio de Occidente ante la oportunidad de dar un gran paso adelante que el pasado mes proporcionó la declaración de Teherán firmada entre Irán, Turquía y Brasil acerca de un intercambio de fuel para el reactor médico de Irán en la capital iraní. EEUU se negó a aceptar el acuerdo para transferir parte del combustible nuclear de Irán a Ankara, a pesar de su parecido con el plan para transferir combustible a Rusia y Francia que Washington había aprobado anteriormente y que Irán rechazó.

Turquía se mantuvo firme también acerca de la conveniencia de dar una oportunidad a la diplomacia a través del acuerdo para intercambio de fuel. EEUU y sus aliados dicen que Irán está intentando producir armas nucleares, mientras Teherán dice que su tecnología nuclear sólo tiene objetivos pacíficos.

Articulando la postura estadounidense, Susan Rice, la representante permanente de EEUU ante las Naciones Unidas, desestimó la pertinencia del acuerdo de intercambio con las “cuestiones fundamentales” del programa nuclear iraní, mientras las cartas de EEUU, Francia y Rusia en respuesta a la aceptación de Irán del acuerdo para intercambio de fuel nuclear reflejaban un cambio serio del enfoque comparado con el que tenían el pasado octubre, cuando esas potencias aceptaron sin condiciones previas un proyecto de propuesta de la Agencia Internacional para la Energía Atómica. Su nueva postura se centra ahora en detener cualquier actividad de enriquecimiento de Irán antes de que pueda tener lugar cualquier intercambio de fuel nuclear.

El Ministro iraní de Asuntos Exteriores Manouchehr Mottaki denunció la decisión de las Naciones Unidas como “un salto hacia atrás” y explicó que “en la partida diplomática de ajedrez, habíamos coordinado nuestros movimientos buscando crear confianza y esto fue lo que se reflejó en la declaración de Teherán”.

China dijo el jueves que el castigo no significaba que se hubiera cerrado la puerta a una solución diplomática y pidió que se redoblasen los esfuerzos negociadores.

“China ha mantenido siempre que la vía correcta para abordar la cuestión nuclear iraní es a través del diálogo, la negociación y otros medios diplomáticos con objeto de buscar una solución que satisfaga las preocupaciones de todas las partes” dijo en un comunicado el portavoz del Ministerio chino de Exteriores Qin Gang. “El hecho de que el Consejo de Seguridad haya aprobado la resolución no significa que se hayan agotado los esfuerzos diplomáticos”.

Ahmadineyad tenía previsto llegar a China el miércoles para visitar la Exposición Mundial de Shanghai. No se esperaba que mantuviera conversaciones con los dirigentes chinos.

En un duro reproche a China, uno de los socios más importantes de la República Islámica, Teherán arremetió contra Pekín por apoyar finalmente las sanciones:

“China está perdiendo gradualmente su respetable posición en el mundo islámico y cuando quiera darse cuenta, va a ser demasiado tarde” declaró Ali Akbar Salehi, el encargado de la energía atómica nuclear iraní, a la agencia de noticias ISNA: “Hubo una época en que China llamó tigre de papel a Estados Unidos. Me pregunto qué podemos llamar a China por respaldar esta resolución”.

Pekín y Moscú, ambos con derecho de veto permanente en el Consejo de Seguridad, sólo acabaron entrando por el aro tras meses de regateo tratando de suavizar la resolución a fin de proteger sus intereses económicos y energéticos en Irán.

En comentarios desde la Casa Blanca, el Presidente Barack Obama describió la resolución del Consejo de Seguridad como “las sanciones más duras a que se ha enfrentado el gobierno iraní”.

“Envía un inequívoco mensaje acerca del compromiso de la comunidad internacional para detener la propagación de las armas nucleares” dijo Obama. “Por eso aquí no hay ningún doble rasero” añadió, intentando responder implícitamente a las acusaciones que plantean que no se le exige a Israel lo mismo que a Irán.

“Hemos dejado claro una y otra vez” dijo Obama “que respetamos el derecho de Irán, como todos los demás países, a acceder a la energía nuclear para usos pacíficos”.

“Ese es un derecho contemplado en el Tratado de No Proliferación nuclear (TNP)” declaró. Sin embargo, los iraníes han señalado que Israel no ha firmado el Tratado e Irán sí. Y que Irán ha insistido siempre en que está desarrollando energía nuclear, no armas nucleares.

Norman Solomon, director ejecutivo del Instituto para la Responsabilidad Pública, con sede en Washington, criticó el continuado doble rasero expuesto en relación al desarme nuclear.

“No resulta demasiado convincente afirmar que se apoya el objetivo de un Oriente Medio libre de armas nucleares mientras se guiña el ojo y se asiente ante el inmenso arsenal nuclear de Israel” declaró a Inter Press Service. “Debería desnuclearizarse toda la región. Esa es nuestra mejor esperanza para detener la proliferación y estabilizar la espiral de amenazas existenciales, reales o imaginarias”.

“Las invocaciones selectivas al TNP” señaló “sólo han servido hasta ahora para que mucha gente sea consciente de toda la hipocresía que conllevan. ’Haz lo que te decimos y no lo que nosotros hacemos’ no ha sido nunca una postura muy convincente.”

Alaedin Boroujerdi, jefe de la comisión parlamentaria en política exterior y seguridad nacional, describió como “ilógica e inaceptable” la deriva estadounidense hacia nuevas sanciones y el desprecio mostrado ante la aceptación por Teherán del acuerdo de intercambio de fuel, y advirtió de la posibilidad de severas reacciones por parte de Irán.

“Irán está, por supuesto, muy preocupado por estas nuevas sanciones y si se rechaza además la declaración de Teherán, el gobierno iraní puede también poner fin a cualquier cooperación con la AIEA” dijo un analista político de Teherán a un think tank, añadiendo que el fracaso del observatorio nuclear de Naciones Unidas a la hora de cumplir con su responsabilidad técnica y ayudar a Irán con el reactor médico de Teherán podía muy probablemente valorarse como “la gota que colmó el vaso”. “La gente preguntará por qué preocuparse de la AIEA cuando la AIEA es rehén de los caprichos políticos de las capitales occidentales…”

La AIEA continúa insistiendo en que se le permita acceder para verificar “la ausencia de cualquier material o actividad nuclear no declarada”, por parafrasear al jefe de la Agencia Yukiya Amano. Esto equivale a someter al país a niveles únicos e incrementados de inspección, que Amano racionalizó explícitamente tildando a Irán de “caso especial”.

La verificación de la AIEA es una “exigencia onerosa”, según el enviado de Irán en la Agencia Ali Asghar Soltanieh, quien en la reciente conferencia de revisión del TNP celebrada en Nueva York señaló que alrededor de 4.000 días de inspección de las instalaciones iraníes no consiguieron prueba alguna de desviación de material nuclear para objetivos militares.

Profecía autocumplida

La nueva ronda de sanciones pone el énfasis en la prohibición de transferir armamento convencional a Irán, aunque es dudoso que toda la comunidad internacional la cumpla, dada la abundancia de lagunas jurídicas y la disponibilidad de armas a partir del lucrativo mercado negro. También exacerbaría la seguridad nacional de Irán, especialmente en la región del Golfo Pérsico, donde los vecinos árabes de Irán como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos van con ventaja gracias a las ventas de Occidente de tecnología punta militar, incluyendo sofisticados aviones de combate.

A largo plazo, el desequilibrio que Irán percibe actualmente en la carrera de armas regional puede estimular más que retardar cualquier tendencia de proliferación nuclear, sirviendo así por tanto como otro ejemplo de profecía autocumplida por la que en aras a contrarrestar la proliferación de Irán, las naciones occidentales la alimentan de forma indirecta a través de políticas coercitivas y punitivas.

Sin embargo, a corto plazo, dada la ausencia de “sanciones agobiantes”, el calentón que representa la resolución del Consejo de Seguridad será soportable para Irán, gracias a su capacidad para resistir sanciones desde hace más de treinta años y a una inteligente diplomacia regional que ha producido estrechos amigos y aliados en la región y más allá.

En realidad, dado que el secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-moon recibió la declaración de Teherán como un “paso adelante”, la respuesta negativa de EEUU sobre el intercambio de fuel es probable que exacerbe las tensiones Norte-Sur dentro de la comunidad de las Naciones Unidas.

Muchos diplomáticos del Tercer Mundo están convencidos de que se está castigando a Irán por atreverse a hacer frente al Tío Sam, y un diplomático africano le dijo a este autor en la reciente conferencia del TNP que, en su opinión y en la de muchos de sus colegas africanos, Irán estaba “estableciendo un ejemplo único” de cómo actuar con independencia en la arena internacional. La pregunta que el diplomático se hacía era si Irán iba a tener que pagar o no un “precio demasiado alto” por ello.

Enrique GIL CALVO: "LA REVANCHA DE LOS MERCADOS"

Enrique GIL CALVO: "LA REVANCHA DE LOS MERCADOS"

08/06/2010

Bien a nuestro pesar, la economía española está protagonizando, como víctima propiciatoria, lo que cabe llamar la segunda ronda de la crisis del crédito por la que atraviesa el capitalismo occidental.

Según se dice, somos el nuevo enfermo de Europa, en la medida en que nuestra solvencia crediticia amenazaría ruina y nuestro gran tamaño determina que una posible quiebra española arrastraría al euro consigo. Todo lo cual ha desatado una epidemia de histeria colectiva tanto mediática (los blogs de la prensa color salmón rivalizan en escándalos con los de la prensa rosa) como financiera (las demás Bolsas se estremecen de volatilidad mientras la española se hunde en caída libre) como política (presas del pánico, los gobernantes conspiran en el Ecofin cayendo en la más estéril cacofonía). De modo que parece a punto de cumplirse la profecía de Niño Becerra, el economista que auguró el crash de 2010.

 

¿Qué está pasando?

Una explicación plausible es entenderlo como una nueva fase en la guerra abierta entre los Estados y los mercados por el control del capitalismo crediticio actual. Como se sabe, la energía que mueve a la economía post-industrial es el flujo crediticio: un caudal que, cuando se embalsa formando burbujas especulativas, tiende a desbordarse anegando con sus deudas insolventes la economía real.

Y así ha vuelto a ocurrir esta vez con la crisis del crédito a la que me referí antes, que ha cursado como un proceso en dos fases. En su primera ronda, iniciada en 2008 con la burbuja de las hipotecas subprime, la causante de la crisis fue la ingente deuda privada imposible de refinanciar. Y para remediarlo, los Tesoros públicos acudieron al rescate de los mercados privados: se proclamó el estado de excepción, se decretó la guerra contra la crisis, se "nacionalizó" la economía, se suspendieron las leyes de la oferta y la demanda, se avaló la deuda privada con la garantía pública del Estado, y se inyectó liquidez ilimitada a tipo cero.
 
Así fue como se sentaron las bases de una burbuja de deuda pública que ahora acaba de estallarnos entre las manos. Es lo que está ocurriendo durante esta segunda ronda, en la que todo sucede, exactamente, a la inversa que hace dos años. Ahora la deuda insolvente imposible de devolver o refinanciar ya no es la deuda privada sino la pública acumulada por los Tesoros estatales. Y quienes acuden a su rescate para refinanciarla son ahora los propios mercados privados, que suscriben los bonos de deuda pública emitidos por los Estados en crisis.

Pero con una gran diferencia entre ambas rondas: y es que, en la de hace dos años, se avalaron las deudas privadas a interés cero para facilitar su más pronto rescate, mientras que en esta segunda ronda las deudas públicas se suscriben a precios de mercado.

Es decir, a un tipo de interés tan elevado, que en el caso español cabe calificar de usurario, lo que prolongará la duración de esta crisis de deuda hasta las calendas griegas. Todo ello de acuerdo a las leyes de la oferta y la demanda, que en esta segunda ronda, a diferencia de la anterior, no han sido suspendidas, sino confirmadas por el nuevo consenso de Washington, impuesto por los mercados.


 
¿Cómo explicar este giro estratégico?

Muy sencillo: la balanza de poder entre mercados y Estados ha vuelto a invertir su signo, recuperando los primeros su predominio hegemónico sobre los segundos.

Como dije, esta crisis crediticia es una batalla de poder entre Estados y mercados cuya primera ronda supuso la momentánea victoria de aquellos en el curso 2008-2009, mientras que esta segunda ronda está suponiendo la derrota de los Estados deudores a manos de sus mercados acreedores.

Se recordará que hace solo dos años se decía que el neoliberalismo había muerto y que el Estado interventor keynesiano regresaba por sus fueros para controlar a los mercados y someterlos a su poder. Era la época en que los culpables de la crisis nos parecían los inversores privados (los bancos, los hedge funds, etcétera), mientras que los salvadores eran los poderes públicos: reguladores estatales, rescates keynesianos, etcétera.
 
Bien, pues solo fue un sueño que apenas duró un curso académico. Hoy se impone de nuevo el realismo crediticio y quien vuelve por sus fueros es el victorioso mercado acreedor, exigiendo leoninas condiciones al Estado deudor.

Por eso, quienes hoy parecen ser los villanos de esta historia ya no son los mercados, sino los Gobiernos insolventes y deficitarios, especialmente si son PIGS. Y con ello retorna la ideología del ajuste presupuestario y la consolidación fiscal: el nuevo consenso de Washington que impone un voluble FMI, ayer generoso keynesiano, hoy estricto neoliberal.

Pero las víctimas reales de ambas crisis crediticias son las mismas: los ciudadanos de a pie, que pagaron ayer con su desempleo masivo y hoy con el recorte de sueldos y la congelación de pensiones.

sus beneficiarios reales también son los mismos: los inversores crediticios, que siempre salen ganando, pues se les rescata a interés cero cuando son deudores, mientras se les enriquece con interés usurario cuando son acreedores. Un qui prodest? inequívoco.

 
Pero si todo esto es tan evidente...

¿Cómo es que nadie cuestiona semejante estado de cosas, aceptándolo con fatalismo?

Hay dos factores extraeconómicos, a su vez conectados entre sí, que lo explican bien:

El primero es el tratamiento mediático de la crisis, que ha naturalizado un proceso tan desequilibrado e injusto haciéndolo parecer lógico y necesario. Y esto se ha hecho metiendo el miedo mediático en el cuerpo de la gente, a fin de paralizarla por el pánico dejándola inerme y dispuesta a dejar hacer y dejarse hacer. Es la histeria mediática a la que aludí al principio, inducida por la reiterada publicación de revelaciones financieras escandalosas (al estilo de "La quiebra de Caja Sur amenaza al euro") y generadora de un clima artificial de catástrofe imposible de controlar que contagia con su gregario efecto-rebaño (herd effect) a todos por igual: tanto a los que toman decisiones incoherentes a tontas y a locas (caso de nuestros gobernantes, de Merkel a Zapatero, que ayer corrían a rescatar las deudas privadas y hoy corren a recortar gastos para saldar sus deudas públicas) como a los desarticulados ciudadanos que las sufren con estupor e impotencia, sin más signos de resistencia que la contraproducente crispación política y la estéril bronca sindical.
 
Y el otro factor es la discriminación crediticia pura y dura. La primera oración cristiana es el perdón de las deudas, pero solo se aplica de forma perversa, tal como reza la parábola de San Mateo: "A quien tiene más, se le dará. Y a quien no tiene, todo le será quitado". Pues bien, con la crisis de la deuda sucede igual: a ciertos deudores privilegiados (los protestantes anglo-germanos) se les rescatan sus deudas a muy bajo tipo de interés, mientras que a los estigmatizados (por católicos y latinomediterráneos) se les exige refinanciarlas a tipo de interés usurario. Es lo que ocurre con los títulos de deuda pública, a los que se discrimina no por sus indicadores cuantitativos, sino por prejuicios descalificadores tan falaces como injustos, castigando al bono español en comparación al holandés o británico (según denunció en estas páginas Xavier Vidal-Folch): todo por ser un PIG en lugar de un WASP. Lo cual determina que en la zona euro estén resucitando las viejas monedas nacionales, ahora travestidas como títulos de cada tesoro estatal.

Ahora bien, esta discriminación crediticia también está operada por la definición mediática de la realidad, pues son los medios informativos anglosajones, y no las agencias de calificación de riesgo, los que fabrican, con sus performativos estas percepciones estigmatizadoras del riesgo-país. Es de nuevo el efecto manada-mediática, pues si lo afirma el Financial Times, todos los demás medios lo reproducirán y amplificarán, incluidos los PIGS.

  

 


Vincenzo Vinciguerra: "LA KARNEVAL NATION"

Vincenzo Vinciguerra: "LA KARNEVAL NATION"

Fuente: http://www.marilenagrill.org/

Trad: A. Beltrán

El 2 de junio se ha celebrado su aniversario, la fecha en la cual mediante una votación, no exenta de acusaciones de fraude, la mayoría de los italianos sancionó el final de la monarquía Saboya y optó por la república.
Pasados 64 años, los únicos políticos que permanecen coherentemente en sus posiciones son los democristianos que, aún hoy, forman buena parte de eso que Giuseppe Prezzolini, ya en abril de 1948, definiera con feliz intuición como una “clase dirigente”.

A los democristianos, que constituyen la osamenta del partido único que gobierna Italia, aglutinados en todas las corrientes que lo componen, de la Ds [izquierda democrática] a la “Italia de los valores”, de los Comunistas italianos a la “Destra”, se les han agregado en el transcurso de más de medio siglo todos los demás.

El antifascismo ha creado la Italia que conocemos y en la que vivimos, con un presidente de la República que hasta 1989 era comunista y que, inmediatamente después, se ha descubierto como anticomunista; con los políticos del MSI que eran los “fascistas del 2000” y que, ante un suculento plato de lentejas, se han acordado repentinamente de haber sido siempre, de modo inconsciente, abanderados del antifascismo, así que hoy no existen ya antagonismos: los renegados de todos los ideales se sientan fraternalmente juntos en torno a una suntuosa mesa.

Resulta normal, pues, que no se hable más de ideas y de ideales sino solamente de cohechos y sobornos.
No pasa un día en que no haya detenciones y procesamientos contra funcionarios públicos y políticos de todas las tendencias por corrupción, malversación, estafas, robo de fondos públicos.

Todo esto no es ya noticia. Peor aún, aburre. La vulgaridad que transforma el poder político italiano en algo fétido no consigue, ni siquiera ella, suscitar curiosidad ya en el hombre de la calle, harto y asqueado de la oleada de fulanas más o menos oficiales, de transexuales y travestidos que rellenan los días vacuos de tantos representantes políticos, que se transforman luego en lideres de opinión de los debates televisivos que los acogen como huéspedes.

Tales y tantos son estos varones que se creen mujeres que la canción partisana que es considerada, ahora, el himno bipartidista, o sea de todos, “Bella ciao”, debería cambiar su título por “Bello, ciao” para que lo cante el democrático Marrazo(1), en vez del “Fratelli d’Italia”(2).

Además, dado que el antifascismo nos ha traído también a los “secesionistas” que desearían proclamar la independencia de la “Padania” utilizando todos los medios que el Estado unitario pone a su disposición, resulta que “Fratelli d´Italia desentona.

Mientras, “Bello, ciao”, podría inducir a los “leghistas” a unirse al coro y a participar el año próximo en la fiesta del 2 de junio. Sí, porque tampoco este año los ministros de la Liga Norte se han presentado a la “fiesta de la República” como para resaltar que el federalismo es el medio para alcanzar la independencia de la “Padania”.

El ministro del Interior, Roberto Maroni [Liga Norte, ndr], ha colocado en Varese una corona de laurel sobre el monumento a los caídos, pero sin el himno nacional, precisamente para dar a entender a todos que se considera un italiano de circunstancias pero un padano a todos los efectos.

Por lo demás, de un gobierno en el que destaca la figura de un ministro que ha sido condenado, en sentencia firme, a una pena de multa, anulada oportunamente gracias a un indulto por “insulto a la bandera”, como Umberto Bossi, que explicó de modo culto y conspicuo lo que hace con la bandera tricolor (“me limpio el culo con ella”) no se puede esperar que despierten los sentimientos unitarios italianos.

Entre los Polichinelas del Sur y los Arlequines del Norte, Italia es exactamente lo que los alemanes definieron como la “Karneval Nation”, donde todo cambia para seguir como antes, incluso peor que antes.

La lucha contra la mafia ha llevado al gobierno a los amigos y protegidos (bajo pago) de la mafia; la lucha contra la corrupción ha hecho a ésta propagarse de tal modo que competimos con Haití y Jamaica; la lucha contra el terrorismo ha permitido el acceso al Parlamento y al gobierno de todos lo que al “terrorismo” han alimentado y utilizado, y que han sido cómplices de él, no sólo política sino organizativamente también.

Sería cosa de risa, pero dan ganas de llorar. Por otra parte, con la Democracia cristiana en el poder, mandaba el Papa, ahora se le ha añadido también el Rabino.

Todos sabemos de dónde se nutre el poder de los Papas, pero nadie nos ha explicado todavía de dónde lo extrae el Rabino que, cifras oficiales en la mano, representa a unos pocos miles de personas sobre un total de 60 millones de habitantes.

¿Y entonces? ¿Por qué ocultas razones tenemos una clase “dirigente” que se arrodilla, una vez ante San Pedro y otra vez ante la sinagoga?

No es temerario afirmar que hoy Italia tiene dos amos, pues también el reciente suceso provocado por los judíos al abordar en aguas internacionales a los barcos que transportaban víveres para Gaza , matando a sangre fría a nueve pacifistas e hiriendo a cuarenta más, jactándose públicamente de ello, ha confirmado la sumisión de esta clase política ante la élite judía italiana e internacional.

Solamente en un país sometido e incapaz de reaccionar, el ministro de Exteriores Franco Frattini puede ordenar al representante italiano ante la ONU votar contra la creación de una “comisión internacional de investigación” sobre este bárbaro episodio, explicando que Israel es una democracia y, en cuanto tal, está capacitada para hacer una investigación interna para dirimir presuntas responsabilidades.

En efecto, la democracia israelí siempre ha asesinado palestinos, preferentemente mujeres y niños, ¿qué representan para Frattini, Napolitano y demás compinches 9 muertos más?

Una minucia. También la democracia italiana ha desencadenado una guerra civil en este País que ha costado más de mil muertos, y después ha declarado haber derrotado al “terrorismo” como demuestra la presencia de Cristiano De Eccher (3) en el Senado, de Ignacio La Russa en el ministerio de Defensa y de Gianfranco Fini en la presidencia del Congreso de Diputados. (4)
Democracias como éstas se entienden entre ellas necesariamente, creándose vínculos de fraternal amistad, porque mientras controlen la gusanera mediática, interna e internacional, nadie les emplazará a responder por sus crímenes.

No ahora, ciertamente. Durante años todavía, la “Karneval Nation” podrá arrastrar su precaria existencia, bajo la guía de una clase dirigente orgullosa de representar lo que en un tiempo fue y, desde el 8 de septiembre de 1943, ha vuelto a ser: una simple “expresión geográfica”

No queda más que aguardar, sin resignación y no en silencio, porque en la “tierra de los muertos” todavía existe alguien vivo.

Aún no han vencido.

Vincenzo Vinciguerra, Opera 3 junio 2010



NOTAS DEL TRADUCTOR


(1) Piero Marazzo, presidente de la Región del Lazio por el centro-izquierda, se vio obligado a dimitir el pasado año en medio de un gran escándalo al descubrirse que mantenía  relaciones habituales con dos transexuales, uno de los cuales apareció asesinado algún tiempo después;

(2) “Fratelli d´Italia” es el himno nacional de la República italiana. “Bella, ciao” (“Adiós, guapa” en español) es una famosa canción popular partisana de la Segunda guerra mundial. Sarcásticamente, Vinciguerra lo convierte en “Adiós, guapo” (Bello, ciao”);

(3) Senador por el Partido democrático de la libertad (Pdl) de Fini-Berlusconi. Neofascista de servicio e implicado en la masacre de plaza Fontana (1969, 15 muertos y numerosos heridos);

(4) Sobre La Russa y Fini, Cf. http://antagonistas.blogia.com/2010/053001-vincenzo-vinciguerra-el-pasado-que-no-pasa-.php









EN DEFENSA DEL ESTADO SOCIAL: ¡TODOS A LA HUELGA!

EN DEFENSA DEL ESTADO SOCIAL: ¡TODOS A LA HUELGA!

COMUNICADO CONJUNTO Nª3

 

Este martes 8 de junio, Centrales sindicales, Partidos políticos, Movimientos sociales, Asociaciones ciudadanas, Organizaciones estudiantiles, Colectivos profesiones y diversas Entidades de todo género han convocado una jornada de Huelga General en las administraciones públicas y en el mundo de la enseñanza.

 

Es esta la primera respuesta general de masas frente al tristemente célebre “recortazo” del gobierno de Rodríguez Zapatero, y que ha sido calificado con toda razón como el mayor recorte social y económico perpetrado durante los últimos treinta años: aproximadamente los mismos años de existencia del actual Régimen político juancarlista.

 

La primera respuesta. No la última: porque precisamente el mismo gobierno, que se ha llenado la boca durante la presente legislatura jurando y perjurando que los derechos sociales de los trabajadores y de las capas más desfavorecidas de la sociedad no se tocarían jamás, prepara otra “vuelta de tuerca” en su inopinado ajuste económico: la Reforma del Mercado Laboral.

 

En efecto, el presidente de turno de la Unión Europea ya ha advertido que su” Gobierno aprobará la reforma laboral el 16 de junio”, firmen o no los agentes sociales los contenidos de esta reforma.

 

"Puedo anunciar que el Gobierno aprobará la reforma laboral el próximo día 16 miércoles en Consejo de Ministros, se produzca un acuerdo o no se produzca un acuerdo", dijo José Luis Rodríguez Zapatero hace pocos días en rueda de prensa.

 

No hace falta ser un lince, ni aguardar a las consabidas filtraciones de prensa, para adivinar los contenidos esenciales del Decreto para la reforma laboral; a saber, mayor “flexibilidad” laboral, más precariedad, menos derechos sociales, liberalización económica ilimitada,, contratos basura, privatización de lo público, etc. Y finalmente, parafraseando a las abortistas, el viejo sueño neoliberal: despido “libre y gratuito”.

 

Un horizonte nada lejano, especialmente cuando se cuenta ya con un millonario “ejército” de reemplazo compuesto por mano de obra desempleada y no cualificada: histórica herramienta de combate del capitalismo salvaje. Un “ejército” que en España rebasa ya el 20 % de la población activa. El mayor de Europa.

 

Nada nuevo. Las habituales recetas de los Organismos crediticios internacionales y sus Fondos monetarios, de los Centros privados de poder económico, de los mercados financieros y de sus gurús neoliberales en nómina.

 

Las mismas recetas de la Derecha económica y de sus sucursales políticas. “Derechas” que para estos casos empiezan muy a la “izquierda”.

 

En efecto. Ha bastado una llamada del Faraón estadounidense Barack Obama a Zapatero por delegación de Merkel y Sarkozy, es decir de la Unión capitalista europea y su BundesBank, para que el hombre que no se levantó al paso de la bandera de las Barras y Estrellas de Bush, se haya cuadrado a la voz de mando del Imperio colocándonos en lo económico a los pies de los mismos caballos que en lo militar nos puso su antecesor Aznar.

 

Zapatero y con él su partido ha perdido a golpe de teléfono no la credibilidad, que nunca tuvo en realidad, sino a la vez la poca vergüenza y la escasa memoria (por muy histórica que les parezca) que aún le quedaba.

 

Sí; resulta un hiriente sarcasmo que sea el Partido de la oposición el que afirme que “somos ya un protectorado” cuando lleva meses exigiendo que se apliquen aquí a todos los niveles las políticas precisamente de “la Merkel” y “el Sarkozy”.

Irónico resulta también que el propio Partido Popular haya levantado ahora la bandera de la defensa de los más desfavorecidos, de los pensionistas y jubilados,  nuestros mayores”, de los funcionarios públicos y de las rentas más bajas, llegando incluso al demagógico llamamiento de la número 2 del PP de hoy mismo presentado a su partido –que es, históricamente, junto a CiU el Partido de la Patronal- casi como una especie de “vanguardia obrera” afirmando que ’Si los sindicatos no defienden a los trabajadores, aquí está el PP’ (¡sic!)

 

Con declaraciones como ésta se confirma que el esperpento existe y está ahí. Y que cuenta además con el acompañamiento musical de un potentísimo aparato de propaganda neoliberal y ultraconservador -cínico e implacable- que no busca otra cosa que volver a apoderarse de la manija política de la Nación poniéndola  al servicio de la especulación financiera, el tráfico de influencias, la corrupción urbanística, el blanqueo de capitales, la mafia del ladrillo, la estafa empresarial, la explotación impune, el capital extranjero y el imperialismo de guerra, tal y como hicieron durante la “década prodigiosa” del “milagro económico español” en cuyos lodos chapoteamos hoy gracias tanto a la errática política económica del PSOE como a la labor de zapa del capital monopolista tanto propio como foráneo.

 

Pero si los eufemismos “buenrollistas” de ZP ya no engañan a nadie, la retórica alucinada y alucinante de la señora Cospedal menos aún:  pues en el fondo despotricar contra los sindicatos, coincidiendo así con lo que desea el núcleo duro del Sistema, y hacerlo  no por corruptos o ineficaces, sino por el mero hecho de existir es la tarea que la derecha política siempre al leal servicio de la oligarquía dominante y del statu quo estatal ha mantenido siempre agenda.

 

Y aún concediendo que los sindicatos mayoritarios -“generosamente subvencionados” como no para rebuznar la derecha mediática- no hayan estado nunca a la altura de las circunstancias podría decirse lo mismo de las Organizaciones empresariales, las Fundaciones políticas, las Oenegés,  y más que nadie de los Partidos y de las Instituciones –muy especialmente la Corona- del Régimen estatal cuya espléndida  financiación hemos pagado y seguimos pagando todos los españoles, y que ha sido mucho más que generosa sobrepasando la legalidad vigente e instalándose en el fraude y el latrocinio permanentes.

 

Eso sin olvidar que éste fue el precio pagado por el Régimen juancarlista por mantener todo conflicto social controlado y enmascarado en la periferia del sistema desde los célebres “Pactos de La Moncloa”  hasta el día de hoy; y que lo han pagado todos empezando por los que ahora critican las dimensiones del “descubierto” del cual ellos han sido en calidad y en cantidad los primeros y principales responsables.

 

Sin embargo, no es tiempo de reproches sino de acción.

En consecuencia, los abajo firmantes, conscientes de la amplitud social e histórica del envite que se disputa actualmente, y –más aun-  responsables moral y políticamente ante la Comunidad nacional de todo el Pueblo de aportar a la realidad militante de este País un esfuerzo consciente y revolucionario, nos solidarizamos con esta convocatoria de paro general, con sus justas reivindicaciones y apoyamos decididamente la movilización total frente al Régimen estatal y al Sistema liberal-capitalista.

No en defensa de los intereses particulares, sectoriales, corporativos o de clase sino por los intereses generales de la Nación, por el bien común y posible, por la defensa del Estado Social que es nuestro futuro y que es nuestro Pueblo.

 

EN DEFENSA DEL ESTADO SOCIAL: ¡TODOS A LA HUELGA!

¡NO A LOS RECORTES SOCIALES!

 

¡TODOS CONTRA EL RÉGIMEN: NADA CON EL RÉGIMEN!

 

SUSCRIBEN:

RED "TERCERA VÍA"- LÍNEA ANTAGONISTA- CÍRCULO "ORIENTACIONES"- "PÁGINA TRANSVERSAL"

 

 

 

 

 

"Y LA AMENAZANTE REFORMA LABORAL"

"Y LA AMENAZANTE REFORMA LABORAL"

Albert Recio Andreu

Las exigencias de la fronda neoliberal no se detienen. La nueva amenaza es la reforma laboral. El foco del debate mediático está en la cuestión de los costes del despido, en una dudosa elaboración intelectual según la cual tenemos un mercado laboral dual, con unos trabajadores superprotegidos gracias al elevado coste del despido, y otros marginales condenados entre el empleo pre­cario y el desempleo. Según este discurso bastaría con abaratar el despido y establecer un contrato único para eliminar la duali­dad. Se trata de un discurso potente por su simplicidad pero dudosamente realista. Como es un tema del que me he ocu­pado muchas veces y no es cuestión de aburrir, solamente les señalo tres cuestiones clave:

En primer lugar, que los costes del despido de los empleados fijos son muy diferentes según la vía que se utilice —despido colec­tivo (ERE), despido procedente atendiendo a alguna de las numerosas posibilidades que incluye el Estatuto de los Trabaja­dores y despido improcedente— y según el tipo de empresa —parte del coste del despido procedente en las Pimes es asumido por el Fondo de Garantía Salarial—. Si las empresas utilizan el despido improcedente es porque les sale a cuenta, aunque, claro está, que les será más ventajoso cuanto más barato.

En segundo lugar, la creación de un contrato único no elimina la diferenciación de condiciones laborales. Éstas existen en todas las economías capitalistas y son fundamentalmente el resultado de las estrategias empresariales de gestión de personal en aras a reducir los costes laborales, obtener el control sobre el proceso productivo, y externalizar la inseguridad económica generada por los avatares del mercado. Con contrato único seguirán existiendo millones de empleados afectados por contratos de poca duración. Más bien, la precariedad puede extenderse a nuevos colectivos.

Y en tercer lugar, es falso que estemos ante un mercado dual. Si analizamos el conjunto de condiciones de trabajo, lo que encon­tramos es una diferenciación de segmentos laborales y el predominio en nuestro país de empleos de baja calidad, como ha puesto de manifiesto un reciente estudio dirigido por el sociólogo Carlos Prieto (coord.), María Arnal, María Caprile y Jordi Potrony, La calidad del empleo en España. Una aproximación teórica y empírica (Ministerio de Trabajo e Inmigración, Madrid, 2009).

Abaratar el despido, simplemente, hará mas fácil destruir empleo. Reducir la contratación a una sola figura no servirá para mejorar la calidad de muchos empleos, pero servirá para camuflar la precariedad: posiblemente uno de los objetivos pretendidos por el grupo de econo­mistas que, tras años de argumentar que el mercado laboral español era hiperrígido, chocó con la evi­dencia del elevado nivel de contratación temporal que ponía en cuestión sus argumentos neoliberales.

Hay sin embargo una cuestión más preocupante aún que la de la regulación del despido: la propuesta de limitar la contratación colectiva al nivel de empresa. En una estructura económica dominada por la microempresa, la reducción del nivel de negociación dejará a millones de empleados sin negociación colectiva, en manos de la negociación individual en la que la empresa tiene un poder desproporcionado (algo que ya advirtió el liberal Adam Smith), especialmente en un país con un salario mínimo paupérrimo.

Esto sí es empoderamiento, pero de un tipo diferente del que piensan muchos seguidores de Amartya Sen. Y existe la evidencia de que allí donde la negociación tiene esta estructura, como es el caso de EE.UU., las desigualdades salariales son mayores (incluso dentro de una misma categoría laboral), y las condiciones laborales peores y más diversificadas (no en vano el análisis de la segmentación y la dualidad en los mercados laborales nació allí, no en la regulada Europa). No hace falta ser muy perspicaz para apreciar qué ocurrirá en nuestro país si se debilita el alcance y la incidencia de los convenios sectoriales. Aunque su cobertura es reducida y posiblemente en muchas empresas su aplicación deja que desear, constituyen cuanto menos marcos de referencia de derechos ahora en peligro.

No deja de ser curioso el argumento de sus defensores que hay que permitir a las empresas adecuar sus costes salariales a su situación. Uno no entiende que, si el mecanismo de los precios debe adecuarse a la carta de cada situación concreta, ello no sea aplicable a todos los costes (no sólo a los salariales): por ejemplo que los intereses bancarios, la factura de la luz o el coste de las materias primeras también se fije en función de la situación de cada empresa. O, puestos a generalizar, que los precios que pagan los consumidores se adecuen a la situación de cada cual. Los economistas neoclásicos llevan años explicando que un solo precio para cada producto o suministro es un poderoso mecanismo que impulsa a las empresas a ser eficientes. Hace pocas semanas, Paul Krugman explicaba el funcionamiento de este mecanismo para justificar la fijación de tasas sobre las emisiones de CO2 como un medio para mejorar la eficiencia ecológica de la economía (Paul Krugman, “Cómo construir una economia ‘verde’”, El País Negocios, 25 Abril 2010).

No se entiende la razón por la que lo que vale para las emisiones de carbono, y cualquier otro «input», no sirva para el caso laboral. Y es que los economistas neoclásicos nos tienen acostumbrados a la doble moral de aplicar los principios del mercado competitivo para todo menos para aquello que afecta a las personas y al mundo laboral. Predican la libertad de movimientos económicos pero sostienen, en su inmensa mayoría, la imposición de barreras a las migraciones de personas (especialmente las de pocos recursos y poca educación, excepto si son atletas de élite). Predican la eficacia del mecanismo de los precios como impulsor de la eficiencia menos en el caso de los costes labores, que en cambio deben adecuarse a la rentabilidad de cualquier empresa, eficiente o no. Tenemos por tanto un poderoso argumento de debate de estas exigencias no sólo en términos de justicia sino también en los aspectos de eficiencia en los que habitualmente se refugian los neoliberales para legitimar sus barrabasadas.

No soy optimista sobre la posibilidad de pararles los pies. Aunque se desarrolle con éxito una exitosa huelga general. Los líderes empresariales más clarividentes tienen ya asumido que una huelga es posible y forma parte del “coste” de aplicar la reforma. Además piensan que servirá para acercar aún mas a la derecha al poder.

Peor aún si las movilizaciones fracasan, puesto que, a la insensatez de las reformas deberemos sumar la sensación de fracaso, de desmovilización, de resignación con la que una gran parte de la población esta asumiendo que le toca pagar un duro coste por un festín en el que como mucho ha sido paciente espectadora. Pero en lo que hay que pensar es que estamos ante un largo período de padecimientos colectivos del que sólo podrá salirse si se aúna un esfuerzo de organización y movilización social, una capacidad de elaborar propuestas y demandas colectivas y una elaboración intelectual, que no academicista, capaz de ofrecer respuestas a la amenaza a la dictadura incon­testable de las estructuras sociales que sostienen el neoliberalismo.

 

LA HUELGA GENERAL

LA HUELGA GENERAL

Fuente: El Emboscado

Las huelgas generales, originalmente, han formado parte de las concepciones catastróficas del pensamiento obrero, no habiendo sido su objetivo principal la consecución de determinadas concesiones, reformas parciales y ventajas materiales inmediatas fruto del paro en la producción, sino la entera y radical transformación del conjunto del sistema, iniciando así un proceso revolucionario que supusiese, en definitiva, la emancipación de los trabajadores y la instauración de una nueva humanidad.

La huelga constituye una acción de resistencia organizada con la que se consolida la escisión de la sociedad en clases, a la vez que se manifiesta el carácter antagónico de sus luchas. La huelga, por así decirlo, pone de relieve y agudiza las oposiciones en la sociedad favoreciendo la agrupación de las partes contendientes, marcando una clara línea divisoria en torno a la que se alinean los bandos enfrentados.

Como forma de lucha económica, se ha enmarcado en una perspectiva global por la que su sentido y razón de ser ha sido la creación de una alternativa al capitalismo que, dentro del movimiento obrero, se ha identificado con el mito de la sociedad socialista. De esta manera, las conquistas parciales siempre reciben un sentido revolucionario al inscribirse en un proyecto mayor y de carácter general para la sustitución del sistema.

Por todo esto, la huelga general ha tenido dentro del pensamiento revolucionario un carácter eminentemente político, pues su fin último es propiciar el cambio del régimen y la transformación del poder. Así, tal y como lo expresaron pensadores de la talla de Georges Sorel o Hubert Lagardelle y Eduard Berth, la huelga constituye un instrumento de la clase obrera por el que son los propios trabajadores, sin intermediarios de ningún tipo, quienes, a través de su esfuerzo, logran instaurar su propio modelo de sociedad emancipándose de las viejas estructuras económicas.

La huelga constituye la máxima expresión de la lucha de clases en la sociedad, pues es donde la clase obrera afirma su existencia y toma conciencia de sí misma y de sus propios intereses. Se ahonda la división interna de la sociedad al mismo tiempo que se agudiza su naturaleza antagónica. Se desenvuelve en el ámbito económico, pero con vistas a que sus consecuencias lejanas se manifiesten en relación con la revolución social futura.

Frente a aquellas posiciones reformistas que pretenden asegurar la paz social apaciguando los conflictos, la huelga marca la escisión de las clases, ya que hace uso de la violencia como instrumento para la destrucción del orden social vigente, y de esta manera posibilitar la conquista de derechos y la eclosión de un nuevo orden.

Se diferencian dos términos que, a modo de cómo lo clarificó Georges Sorel, se identifican respectivamente con la violencia y la fuerza. Mientras la fuerza es empleada por el Estado y su clase dominante, teniendo por finalidad imponer la organización de un determinado orden social en el que una minoría gobierna por y para sí misma, la violencia tiende a la destrucción de ese orden y se identifica como forma de lucha para la instauración de un nuevo sistema.

El peligro de las huelgas estriba en la ausencia de una visión global, lo cual conduce al reformismo y al tradeunionismo, deteniéndose la clase trabajadora a recoger los frutos inmediatos de sus luchas, evitando de este modo que se produzca un movimiento revolucionario que conlleve la transformación irreversible de la sociedad. La huelga deviene en un instrumento de presión para obtener mejoras materiales y soluciones parciales. Por esta razón cobra una importancia capital el mito, en la medida en que desarrolla una aplicación escatológica en las luchas obreras, confiriéndoles así su sentido revolucionario.

El mito, entendido como ricorso o, más bien, como mito social por cuanto es capaz de orientar y poner en movimiento determinadas fuerzas sociales, provee de la adecuada y precisa dimensión con la que la lucha de clases adopta una carga escatológica. Esto se expresa en el destino catastrófico que se le atribuye al capitalismo, quedando representada la acción de las masas bajo la forma de imágenes de batallas que garanticen el triunfo final de su causa. El mito no sólo induce a la acción, sino que vuelca sobre esta las esperanzas de la clase obrera, al mismo tiempo que desarrolla sus tendencias más fuertes.

El valor del mito reside en su operatividad, y esta viene determinada por las convicciones del grupo, de las cuales debe ser su expresión para ponerlas al servicio de la acción, despertando en el hombre los sentimientos que lleva dentro y orientarlos en un claro sentido. Así, los mitos resultan ser ideas motrices, expresiones de voluntades, más que descripciones de cosas.

El mito tiene un carácter absoluto y prepara al hombre para la lucha, además de sintetizar y simbolizar el conjunto de sus aspiraciones, poniendo a su disposición los medios precisos para actuar sobre el presente con vistas a realizar la revolución. Constituye el marco general en el que se inscriben las luchas obreras, dotándolas de un sentido revolucionario con el que sus resultados inmediatos quedan subordinados al proyecto transformador global hacia el que se orienta la acción. Lo que verdaderamente importa de estas luchas son sus consecuencias lejanas, pues son las que, situándose en un futuro indeterminado, cambiarán completamente la sociedad.

Cada huelga es una manifestación parcial de la idea revolucionaria que encarna la huelga general. A través de las huelgas la clase obrera toma conciencia de sí misma, pero al mismo tiempo, y a través del uso de la violencia, contribuye a generar los lazos de unión, a reforzar el sentimiento de pertenencia en la lucha común, imponiendo su personalidad sobre el medio económico.

El esfuerzo colectivo produce nuevas conquistas con la obtención de nuevos derechos alterando, así, el medio económico en el que se desenvuelve la clase obrera, creando las condiciones materiales y morales para llevar a cabo una transformación irreformable de la organización social. El trabajador deja de ser objeto de la historia para hacerse sujeto, creador y artífice de la misma.

Sin una perspectiva global las huelgas derivarían necesariamente en el reformismo, en el tradeunionismo por el cual cada sindicato únicamente se preocuparía por conseguir mejoras en el trabajo para los obreros de un determinado sector, cayendo de esta forma en un mezquino corporativismo. Se desarrollaría, entonces, una particular forma de capitalismo sindical en el que los trabajadores entrarían en un proceso negociador con sus patronos para obtener concesiones de estos. La huelga sería en este caso un elemento de presión frente a la patronal, teniendo por único objetivo mejoras salariales y un mayor bienestar sin por ello alterar las estructuras socioeconómicas de explotación.

El primigenio sindicalismo revolucionario rechazó categóricamente las revoluciones propiamente políticas, debido a que estas se encontraban mediatizadas por políticos cuyo ámbito de acción es el parlamentarismo, medio en el que se desarrollan las negociaciones que hacen posible las conciliaciones entre las clases y la paz social. La tendencia reformista y pactista de los políticos hace de ellos una clase parasitaria en el seno del movimiento obrero, utilizando su base social para alcanzar una mejor posición dentro del sistema pero sin alterar lo más mínimo sus estructuras y fundamentos. Esta actitud aborta, de entrada, cualquier posibilidad revolucionaria gracias a una política entreguista y embaucadora de determinadas elites políticas e intelectuales.

Esta circunstancia llevó a los principales ideólogos del sindicalismo revolucionario a plantear una nueva estrategia, en la que los sindicatos dejaran de ser la correa de transmisión de los partidos socialistas para convertirse en la vanguardia del movimiento obrero y sus luchas. Los propios trabajadores a través de sus organizaciones y de forma directa, sin intermediarios, emprenderían su propia lucha en el ámbito económico y social a través de las huelgas, las cuales les proveerían del conocimiento necesario para llevar a cabo un proceso revolucionario a través de la huelga general que, como culminación de las huelgas precedentes y máxima expresión de la lucha de clases, conduciría a la ocupación y apropiación de los medios de producción, es decir, a la entera socialización de la economía.

Sin embargo, actualmente, y tras el fin de la era industrial en la que se manifestaron históricamente estas formas de lucha obrera que marcaron la estrategia general del movimiento, los sindicatos no son ni pueden ser la base y el fundamento de una transformación irreformable de la sociedad y la economía, y ello por diferentes razones que expondremos a continuación.

Los sindicatos, a día de hoy, son mutuas laborales que únicamente se ocupan de proteger los empleos de los trabajadores con contratos indefinidos. Asimismo, y juntamente con esto, se tratan de organizaciones obreras que se han institucionalizado en el marco político y económico del capitalismo, habiendo sido totalmente integradas en el seno del sistema hasta el punto de recibir subvenciones de las propias instancias públicas.

Por otra parte, los sindicatos constituyen una elite económica y laboral dentro del movimiento obrero que se ha distanciado de sus propias bases, perdiendo totalmente el carácter representativo de las mismas siendo diferentes los intereses de ambas partes. Esta circunstancia lleva a que, finalmente, los resultados de las negociaciones mantenidas por las cúpulas directivas de los sindicatos no sean satisfactorias para los intereses de los trabajadores, y que la propia patronal salga reforzada después de las mismas.

También es necesario destacar que, tras el establecimiento del denominado Estado de Bienestar, los sindicatos mayoritarios fueron integrados en una dinámica negociadora que era la principal exigencia de dicho modelo sociopolítico de Estado, en la que se desarrollaban negociaciones por intermediación del gobierno entre sindicatos y patronal con el objetivo de alcanzar acuerdos que garantizasen la estabilidad en el plano social.

Además, cobra especial importancia el hecho de que se ha dado una progresiva desideologización de los sindicatos, perdiendo cualquier referente o marco general sobre el que basar su actividad, planteando sus reivindicaciones dentro del sistema como mejora material de las condiciones de los trabajadores, pero no como búsqueda en la sustitución del sistema capitalista por una alternativa mejor. Esto ha hecho que las huelgas sean, generalmente, un esporádico acto de protesta para hacer creer a parte de los trabajadores de que realmente tienen poder para algo, más que una medida de presión sobre agentes económicos y políticos.

Las protestas huelguistas tienen un carácter reformista y reivindicativo, se ha desechado todo el sentido revolucionario que las ha orientado históricamente en beneficio de cambios parciales que no alteran una situación de explotación, ni tampoco el rumbo general de los acontecimientos que marcan las propias estructuras del sistema. También se ha dado simultáneamente un aburguesamiento del conjunto de los trabajadores, quienes han asumido los valores y la cultura consumista impuesta por sus explotadores, adoptando la misma mentalidad que les inspira a aquellos y renunciando con ello a todo espíritu de lucha, conquista y sacrificio a favor de la colectividad.

De la era industrial hemos pasado a la era comercial del tercer sector, las condiciones materiales y económicas son totalmente diferentes a las fases precedentes del capitalismo. El sistema ha logrado readaptarse ante las circunstancias adversas logrando, de esta manera, sobrevivir bajo formas distintas pero conservando su misma naturaleza explotadora. Asimismo, el contexto sociolaboral y la situación de los trabajadores hoy en día es mucho más precaria que hace 40 años, pues además de los retrocesos que se han producido en materia social, las organizaciones obreras ya no son un medio efectivo, válido y fiable para la defensa de sus intereses, sino más bien un instrumento de control por parte de las oligarquías económicas sobre la masa de los trabajadores.

Esta situación ha creado la necesidad de generar diferentes plataformas organizadas por los trabajadores para reivindicar, al margen de los sindicatos del régimen, sus propios intereses y derechos. Sin embargo, esta estrategia, cuyo aspecto positivo reside en la autoorganización de los trabajadores sin intermediarios parásitos, sigue inscribiéndose en un contexto en el que las reivindicaciones tienen un carácter reformista y puntual, siempre determinadas por las circunstancias coyunturales de la economía y no por la existencia de un proyecto general hacia el que las protestas obreras tiendan a converger.

Como consecuencia de lo anterior las huelgas adoptan un carácter sectorial, en el que determinadas ramas del trabajo afectadas por coyunturas poco favorables, emprenden huelgas y protestas cuyo objetivo es impedir un empeoramiento de sus condiciones de vida en el terreno laboral, y en última instancia obtener concesiones por parte de los agentes económicos y del propio gobierno de turno. Así es como se dan huelgas de pescadores, transportistas, taxistas, agricultores, etc., cuyas protestas tienen un carácter particular pese a que las causas que las originan pueden llegar a ser las mismas.

Las huelgas, si son desarrolladas de forma particular e independiente por diferentes sectores laborales, centrándose únicamente en lo que de particular tienen estas protestas y reivindicaciones, únicamente pueden servir para generar entre los trabajadores cierta conciencia de pertenencia a un determinado grupo, y con ello que con su propio esfuerzo pueden lograr determinadas conquistas sociales. Pero dichas protestas no deben encerrarse en el terreno de lo particular, necesitan ser dotadas de su correspondiente dimensión universal, conectándolas con la problemática que ofrece una realidad económica injusta que afecta a todos por igual aunque bajo formas diferentes. Sólo así la huelga crea los lazos de solidaridad y unión a través de la lucha común que se establece entre todos los sectores laborales de la sociedad, creando la correspondiente conciencia de clase y plasmando la división existente entre clases a través del conflicto.

Sin un universal que conduzca hacia la destrucción del orden económico vigente y que, a su vez, sea el fermento para su sustitución por un nuevo orden, toda huelga queda encerrada en el particularismo corporativo de un sector laboral, agotándose en sí misma al tener como único objetivo mejoras inmediatas.

El futuro no está escrito, y si la situación económica mundial empeora considerablemente tal vez se creen las condiciones propicias para que, dado el caso, se reoriente al movimiento obrero en un claro sentido favorable a sus intereses por medio de plataformas propias, al margen de los sindicatos oficiales. Es la única forma de proyectar socialmente a las masas trabajadoras más allá de los resultados inmediatos de sus luchas, es dotarles de un sentido revolucionario que dé origen a un nuevo orden fundado sobre la justicia y no sobre la explotación.

Pero el contexto poco halagüeño que existe en todos los sentidos, hace presagiar que el movimiento obrero no será ya el protagonista de las luchas futuros en el terreno económico, y que cada vez se manifiesta con mayor claridad la emergencia de nuevos actores, pero en esta ocasión en la esfera del consumo. El tiempo nos dirá si, finalmente, las viejas huelgas de la producción se transmutan en el futuro en huelgas del consumo. Quizá sea esta, al fin y a la postre, una forma más efectiva de generar perjuicios al sistema y, más concretamente, sobre los beneficios de las plutocracias. Se trata aún de un camino inexplorado que, tarde o temprano, puede que se termine andando.