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INÉDITO: LA ULTIMA BANDERA por Vincenzo Vinciguerra

INÉDITO: LA ULTIMA BANDERA por Vincenzo Vinciguerra

Cárcel de Opera, 4 de mayo de 2007

Fueron necesarios siete años de guerra, una coalición de 52 Estados, 56 millones de muertos, para que el mundo capitalista pudiese derrotar militarmente a la Alemania nacionalsocialista y a la Italia fascista que habían alzado la enseña del anticapitalismo tanto privado como de Estado.

Han empleado 44 años, las potencias capitalistas, para doblegar a la Unión Soviética mediante una guerra planetaria que ha provocado millones de muertos aunque aún se obstinen irónicamente en calificarla como “fría”, poniendo fin a la trayectoria del comunismo, eliminando para siempre un segundo enemigo igualmente  temible e implacable como el primero.

Fascismo, nacionalsocialismo, comunismo, doblegados y derrotados por el poder de las armas, del dinero, de la cínica ausencia de principios de un capitalismo que ha cimentado sus victorias mediante guerras convencionales, guerras no ortodoxas, guerras de baja intensidad, terrorismo, represiones, masacres, bloques económicos e infamias de todo tipo.

Finalmente ¿ha vencido el capitalismo?No, todavía no.

Existe aún un enemigo al que abatir, también él a precio de guerra, muertos e infamia. Un enemigo más peligroso todavía que los primeros dos porque no es portador de una ideología política sino de una fe religiosa que regula la vida de mil doscientos millones de personas: el Islam.

Subyugado el sueño fascista de la igualdad y de la idéntica dignidad entre capital y trabajo, pulverizado el de la “dictadura del proletariado”, permanece íntegra la concepción islámica que prohíbe la usura, los intereses, la posibilidad de hacer dinero solo con otro dinero, contraponiéndose globalmente al capitalismo que precisamente de la especulación, de la usura, de los intereses, extrae su fuerza y su vitalidad.

Existe hoy un mundo poblado por un mil doscientos millones de personas que vive o, potencialmente, puede vivir al margen de las reglas del capitalismo y contra él.Un mundo en expansión que emerge de sus confines invadiendo pacíficamente el mundo occidental con sus emigrantes, que en número cada vez mayor, se asientan en nuestras tierras, portando consigo una fe religiosa que lleva inscrito en su libro sagrado el germen de la futura revuelta contra el mundo capitalista.

La ley islámica tiene un nombre que la propaganda capitalista trata de hacer parecer siniestro, porque evoca la represión de las mujeres, mutilaciones, flagelaciones, decapitaciones, pero que en realidad pretende sólo el respeto de las normas dictadas por Dios al profeta Mahoma y, sobre todo, afirma el principio de la justicia social y prohíbe la explotación del hombre sobre el hombre. Es decir, afirma exactamente lo contrario que el capitalismo que se funda sobre la injusticia social, la prevaricación y la explotación del hombre sobre el hombre.

La usura es pecado contra Dios y no solo delito contra los hombres.“Aquellos que viven de la usura resucitarán como si hubiesen sido tocados por Satán. Y esto porque ellos dicen: “El comercio es igual que la usura" Pero Allah permite el comercio y condena la usura.”

Así reza el Corán, así ordena la Sharia “Oh vosotros que creéis, temed a Allah y renunciad a los beneficios de la usura si sois creyentes”.

Es una concepción ética que se levanta como una barrera insuperable para los usureros de cualquier calaña, sean éstos hombres o Estados, que se inspiran en el principio opuesto, el que ve en la usura, el lucro, el interés, el motor de su propio poder.

No solo los hombres, sino también los Estados sucumben bajo el peso de los intereses que los préstamos internacionales imponen, ahogando la economía o manteniéndola sometida a las grandes potencias y a los organismos mundiales que ellas controlan.

La lucha contra la usura, la batalla  contra el capitalismo tiene hoy su bandera, la bandera verde del Islam que se destaca sobre el cielo de la historia para representar y defender a los hombres y a los pueblos que sucumben bajo el peso del capitalismo triunfante.Para participar en esta batalla no es necesario ser musulmán o convertirse al Islam, porque el principio de la negación de la usura es universal y debería ser universalmente afirmado, prescindiendo de la religión, de la raza y de la nacionalidad.

Para aquellos que temen la afirmación de la supremacía moral y ética de la religión islámica, del Corán sobre el Evangelio, es obligado que se vuelvan hacia las jerarquías eclesiásticas para reclamar que sean ellas las que se unan al rechazo y a la condena de la usura, considerándola ellos también, por vez primera en su bimilenaria historia, como un pecado contra Dios, reconociendo el error de no haberlo hecho nunca antes.

Un reconocimiento práctico, concreto, como el de comenzar a realizar préstamos sin interés a quien tenga necesidad de ellos, permitiendo su devolución aplazada, mediante el propio trabajo. No es un principio de caridad cristiana, es la afirmación de un principio de justicia social que podría poner fin al sufrimiento de millones de hombres que no tiene la ventura de vivir bajo el Islam, sino la desventura de vivir en un mundo que predica el Evangelio pero olvida aplicarlo.

Sean, pues, los bancos bajo el control del Vaticano, en los que él es accionista, los que renuncien a los intereses sobre préstamos hechos a ciudadanos, y sea el gobierno italiano, que tanta inspiración extrae del Vaticano, el que realice préstamos a países pobres sin imponer ningún interés.

En caso contrario, es necesario admitir que existe un choque de civilizaciones que enfrenta a la cristiana, fundada sobre el interés, la usura y el dinero contra la islámica que afirma la superioridad de una fe que quiere asegurar a los creyentes la justicia social de la cual todos, hombres y pueblos, tienen necesidad.

Para aquellos que tienen sed de justicia, para aquellos que no tienen intención de someterse a la tiranía del capitalismo, del dinero, de la explotación del hombre sobre el hombre, si la Iglesia católica y los políticos que están guiados e inspirados por ella no proscriben los intereses confirmando la abyección de la usura, el camino se retomará al lado de la bandera del Islam, la única capaz de reintegrarles la esperanza en un mundo mejor y más justo devolviéndoles íntegramente aquel sueño que la fuerza de las armas y del dinero ha roto en el pasado pero nunca borrado.

www.marilenagrill.org   

11-S: LOS MOTIVOS DE UNA GUERRA por Vincenzo Vinciguerra

11-S: LOS MOTIVOS DE UNA GUERRA  por Vincenzo Vinciguerra

Publicamos a continuación la tercera parte del Documento "Reflexiones ante el 11-S" escrito por el camarada-preso político revolucionario Vincenzo Vinciguerra durante aquellos dias, y traducido y editado por nosotros para la Web de Resistencia.

A punto de cumplirse el sexto aniversario de aquellos hechos, bien vale recordar las auténticas motivaciones históricas del Imperialismo para desencadenar su "cruzada" y el inalienable derecho de los pueblos oprimidos a defender su libertad, su dignidad y su independencia frente a los Devoradores del Mundo: los Estados Unidos de Israel.

Y que mejor que reproduciendo las palabras de un soldado-político cuya misma existencia es un desafío permanente a la arrogancia de los represores democráticos.

Confiando en la Victoria final de los oprimidos sobre los opresores (Línea Antagonista)

(30 de octubre de 2001)

 

Desde el 11 de setiembre, sin cesar, sobre diarios, periódicos, televisiones públicas y privadas arrecia una propaganda de guerra que, obediente a las órdenes impartidas desde los Estados Unidos, debe convencer a la gente de que existen las fuerzas del Bien, representadas por América y sus aliados, y las del Mal, identificadas con el "terrorismo internacional" del cual el máximo exponente es hoy Osama Bin Laden, el jeque saudí que ha osado desafiar a la Casa Blanca. Obsesiva, martilleante, reiterada hasta la nausea, la campaña sobre el "terrorismo internacional" de marca árabe es una fábula, la enésima, producida por los departamentos de guerra psicológica de los servicios secretos americanos e israelíes que ven la ocasión de destrozar definitivamente toda resistencia árabe a las pretensiones de sus gobiernos de imponer la supremacía israelí en Oriente Medio como garantía de los intereses militares, políticos y económicos de los USA.

Las medidas antiterroristas dispuestas por el gobierno italiano, con el apoyo de la oposición, mediante nuevas leyes y la "defensa" de los objetivos "sensibles" confiada a los militares, destinados a dar protección a la Sábana Santa de Turín, monumentos, iglesias, sacristías, pretende reforzar el convencimiento general de que el país está en peligro, amenazado por los "terroristas" del pérfido Osama Bin Laden. Y sin embargo, no es verdad. Italia no ha sido considerada hasta ahora un enemigo por los árabes combatientes por la simple razón de que siendo un enano político y militar, nada grave ha podido cometer contra el Islam. Al contrario, lo cierto es que la historia de la política exterior italiana durante el último siglo ha sido la del apoyo a los árabes en su lucha contra el imperialismo británico e israelita, amparada en la aquiescencia de la Iglesia católica al menos hasta la muerte de Pablo VI. Puede convertirse en un enemigo, y por tanto en un objetivo, desde el momento en el cual el gobierno actual y la oposición (por así decirlo) han emprendido la aberración política de implicar a las fuerzas armadas en la guerra americana contra el Islam, en beneficio también de ese Vaticano que se siente amenazado por la religión islámica. Mientras el itálico enano distribuye a sus soldados en defensa de la estatua de santa Genoveva, se aplica en el mejor modo de lustrarle las botas a Bush e inunda las telepantallas con teleseries y películas de carácter religioso, nosotros asistimos a un capítulo de una guerra iniciada muchos años antes.

A finales del siglo XIX, abatidos por los continuos ataques de los que eran objeto, los judíos rusos comenzaron a buscar una vía de salvación que les llevara a tierras más hospitalarias, lejos de las persecuciones que la Iglesia ortodoxa y el tradicional antisemitismo ruso desencadenaban periódicamente contra ellos. Por centenares de miles, por millones, los judíos rusos abandonaron una tierra hostil para refugiarse en los Estados Unidos (en 1914 se habían establecido allí más de dos millones y medio) y en los dominios británicos. Pero una minoría de judíos decidió que debía volver a la Tierra Prometida, a aquella Palestina que representaba históricamente su tierra de origen. Entre 1883 y 1889, el movimiento Chibbat Zion (Amor por Sión) recaudó fondos para posibilitar el éxodo de los judíos hacia Palestina en una medida muy modesta, hasta el punto de abocar al fracaso al movimiento sionista si en su favor no hubieran intervenido personajes de la alta finanza europea, como el barón Edmond James de Rothschild que, en el mismo período, donó una cantidad equivalente a 1,6 millones de libras esterlinas.

El credo sionista afirmaba que "cualquier hijo de Israel que reconozca que no hay salvación para Israel, a menos que se cree un gobierno en la Tierra de Israel, puede ser admitido" en las asociaciones que poco a poco van proliferando sin obtener, sin embargo, el apoyo más que de una ínfima minoría de judíos. Por lo tanto, la aventura del retorno a Palestina para fundar allí el Estado de Israel, no brotó del sentimiento de un pueblo sino que fue fruto de una fanática visión mesiánica de escasísimos intelectuales israelitas que, fortalecidos por el apoyo de la gran banca judía europea, pusieron en marcha el fatal engranaje de la reconquista, tras dos milenios, de una tierra que ahora pertenecía a los árabes.

En un principio mediante el dinero, adquiriendo un terreno tras otro, una casa tras otra, los judíos comenzaron a crear sus asentamientos estables en Palestina, sin provocar fricciones con la población local. Entre tanto, el 29 de agosto de 1897, en Basilea, fue fundada la organización sionista dirigida por Theodor Herzl, en el transcurso de un congreso en el que participaron cerca de 250 delegados de 24 países. Es el inicio de la tragedia que todavía hoy vivimos. No es el retorno de los judíos a Palestina lo que los sionistas sueñan, es la refundación del Estado de Israel, con la expulsión de los árabes palestinos de sus casas, de sus tierras, expropiación de sus bienes y, si es necesario, la privación de sus vidas para hacer sitio a los judíos que regresen.

La llegada de los judíos a Palestina, su penetración sutil cada vez más y más amplia mediante la adquisición de terrenos siempre más numerosos, comenzó a provocar la reacción de todos los que empezaron a comprender que muy pronto los judíos habrían de sustituir la fuerza del dinero por la fuerza de las armas para obligar a los árabes-palestinos a abandonar su tierra. En marzo de 1911, 150 palestinos remitieron al Parlamento turco un telegrama de protesta por la continua adquisición de terrenos por parte de los judíos. El gobernador turco de Jerusalén, Azmi Bey, admitió que, aun no siendo antisemita e incluso apreciando "la habilidad económica de los judíos", "ninguna nación, ningún gobierno podría abrir los brazos a grupos…que tienen la intención de apoderarse de Palestina, la cual nos pertenece".

La primera guerra mundial modificó los equilibrios de fuerzas en la zona. Siguiendo intereses ajenos al pueblo palestino, Francia e Inglaterra se dieron cuenta ya en 1916 que el lobby judío en los Estados Unidos era tan fuerte como para conseguir que estos últimos entraran en guerra a su lado contra Alemania, de este modo se consideró oportuno apoyar al movimiento sionista y la fundación de un Estado judío en Palestina. El 2 de noviembre de 1917, vio la luz la llamada "declaración Balfour" que sancionó el reconocimiento oficial de Gran Bretaña de la "creación en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío". Nadie consultó a los árabes, nadie se ocupó de su suerte. La alta finanza judía y el imperialismo británico acordaron simplemente que Palestina debería convertirse en un Estado judío "cuya importancia es mucho más profunda que los deseos y prejuicios de los setecientos mil árabes que viven ahora en ese antiguo país". Fue una sentencia de muerte para el pueblo palestino, de la cual entonces pocos se dieron plenamente cuenta. El 28 de abril de 1930, Menahem Ussishkin, presidente del Fondo nacional judío declaró a la prensa que los demás "habitantes…deben ser evacuados. La región debe ser nuestra. Nuestra meta es más grande y más noble que el simple respeto de algunos centenares de miles de fellahim [campesinos] árabes". Palabras de desprecio que anuncian lo que sucederá después.

Los acontecimientos políticos europeos, la simpatía de los árabes hacia los regímenes italiano y alemán que veían oponerse al imperialismo británico y de los que esperaban recibir ayuda para su liberación, volvieron a Gran Bretaña menos predispuesta hacia el movimiento sionista y a su pretensión de eliminar a los árabes-palestinos a fin de hacer sitio a un Estado judío. La respuesta fue sangrienta: el 6 de noviembre de 1944, militantes hebreos de la banda Stern asesinaron a lord Moyne, ministro británico residente en Oriente Medio, como consecuencia de la reanudación de las hostilidades contra Inglaterra que el jefe del Irgun Zevai Le´umi, Menahem Begin, había anunciado el 1 de febrero del mismo año. No había concluido aún la segunda guerra mundial, cuando los judíos desencadenaban en Palestina una sangrienta guerra de guerrillas que se proponía como doble objetivo el de obligar a Gran Bretaña a respaldar el nacimiento del Estado judío y a los árabes-palestinos a marcharse por la fuerza, so pena de muerte. Son páginas olvidadas en las que se ha escrito con la sangre de los pobladores árabes la política de terror aplicada por Ben Gurion, Menahem Begin y por los demás dirigentes judíos hasta alcanzar la meta de la fundación del Estado de Israel.

El 22 de julio de 1946, los hombres del Irgun, dirigidos por el futuro premio Nobel de la paz Menahem Begin, hacen saltar por los aires un ala entera del hotel King David de Jerusalén, sede del Mando militar británico, matando a 91 personas, mayoritariamente civiles. El 1 de marzo de 1947, en Tel Aviv, los militantes del Irgun matan a más de 20 soldados británicos, hiriendo a otros 30, en ataques por sorpresa. El 29 de julio de 1947, Menahem Begin manda ahorcar a dos sargentos británicos, que habían sido secuestrados el 12 de julio anterior, y hace colocar explosivos en sus cuerpos, de modo que un oficial inglés cae herido al intentar moverlos. El "Times" de Londres comentará: "La brutalidad nazi no lo hubiera sabido hacer mejor".

La política del terror, ejecutada con feroz determinación por los dirigentes judíos obtiene resultados concretos. Es opinión común de los historiadores que "los métodos draconianos del Irgun, aunque moralmente discutibles, fueron decisivos" para obligar a Inglaterra a abandonar a su suerte Palestina. A Inglaterra la sustituyeron los Estados Unidos. No vinculados por pactos, tratados, promesas, lazos históricos con los árabes, los Estados Unidos asumieron en la zona el papel de tutores, financiadores, protectores de los judíos a los cuales garantizó la formación de un Estado a costa de los árabes, lo que se convierte en objetivo primordial de la política de la Casa Blanca. Sin el freno de la presencia británica, antes bien, animados por el apoyo americano, los activistas judíos del Irgun y de otras organizaciones desencadenaron una campaña de atentados contra la población árabe.

En solo dos atentados, el 13 y el 29 de diciembre de 1947, los hombres de Begin mataron a 80 árabes e hirieron a 37. El 30 de diciembre de 1947, lanzaron granadas de mano contra un pequeño grupo de árabes que esperaba el autobús en Haifa, matando a 6 personas e hiriendo a una docena. La reacción árabe, esta vez, provocó la muerte de 39 judíos y las heridas de otros 50, linchados por la masa enfurecida. Fue el pretexto para una masacre, la enésima, contra una aldea árabe. El 31 de diciembre de 1947, las escuadras armadas de las formaciones judías penetraron en Bala al-Shaykh y mataron a 60 personas, en su mayoría mujeres y niños. El 4 de enero de 1948, nuevamente militantes judíos hacen estallar un camión lleno de explosivos ante el ayuntamiento de Giaffa, donde tenía su sede el Comité nacional árabe, provocando su derrumbe y la muerte de 26 personas. El 5 de enero de 1948, una incursión contra el hotel Semiramis de Jerusalén, considerado erróneamente sede de los irregulares árabes, acaba con la muerte de 26 civiles inocentes. El 28 de febrero de 1948, un coche-bomba colocado por militantes judíos provoca la muerte de 30 árabes y heridas a otros 70, todos civiles.

También los métodos nos traen a la actualidad. Coches-bomba, camiones repletos de explosivo, casas y hoteles hechos saltar con la gente dentro. Sólo que no fueron los árabes quienes los emplearon los primeros, sino los fundadores del Estado de Israel. Verdad incómoda, pero que no hay que callar. El 9 de abril de 1948, las formaciones judías del Irgun de Begin y del Lhi atacan la aldea árabe de Deir Yassin. "La conquista de la aldea ha sido ejecutada – escribirá en su informe un oficial hebreo – con extrema crueldad. Familias enteras – mujeres, viejos, niños – aniquiladas, y cadáveres apilados…. Algunos prisioneros, incluidos mujeres y niños, transferidos a lugares de detención y allí brutalmente eliminados por sus captores". No se hablaba de todo esto en los motivos por los cuales Menahem Begin, entonces jefe del gobierno israelí, fue distinguido con el premio Nobel de la paz. Occidente ha borrado incluso la memoria de las atrocidades cometidas en nombre de Israel. Los árabes no, no pueden olvidar por la sencilla razón de que siguen muriendo, como entonces, a menudo a manos de los mismos hombres, ayer oficiales del ejército israelí, hoy ministros y jefes de gobierno.

Es el caso de Ariel Sharon, "el oficial israelí que se había convertido en símbolo de la política de la represalia", como escribe un historiador hebreo. ¿Desde hace cuántos años es este hombre símbolo de la represión y del terror para los árabes-palestinos? Al menos desde 1953, cuando fue creada, en el mes de agosto, la Unidad 101, confiada precisamente al mando de Sharon, con una única misión: efectuar incursiones, infiltraciones y represalias. Ariel Sharon ejecutó la primera de ellas contra la aldea de Qibya, en la noche del 14 de octubre, masacrando a 60 habitantes, mujeres y niños incluidos. El 24 de noviembre de 1953, la ONU condenó al gobierno israelí por esta matanza, pero todo siguió como antes y cada uno en su puesto, como Ariel Sharon.

Lo vuelven a encontrar los palestinos en 1982, esta vez como ministro del gobierno Begin. El 16-17 de setiembre, los falangistas cristianos con la complicidad del ejército israelí, entran en los campos de refugiados de Sabra y Shatila, en Líbano: "…la matanza continuó ininterrumpidamente durante más de 30 horas. Los falangistas asesinaron a civiles –individuos y familias enteras- de forma metódica y deliberada. Un niño fue pateado hasta la muerte por un miliciano provisto de botas claveteadas, otros fueron asesinados colgándoles al cuello bombas de mano, otros fueron también violados y descuartizados". Ariel Sharon, ministro de Defensa, podía evitar la masacre. Los servicios secretos israelíes le habían informado con anticipación de todo cuanto los falangistas cristianos estaban preparando. No hizo nada. Peor aún: los militares israelíes lanzaron bengalas luminosas para facilitar la marcha de aproximación de los falangistas cristianos hacia los campos de Sabra y Shatila. Los muertos fueron 900, según estimaciones aproximadas de los propios servicios secretos israelíes, probablemente muchos más. La resonancia de la masacre obligó al gobierno presidido por Menahem Begin a nombrar una comisión de investigación para depurar eventuales responsabilidades israelíes. El 8 de febrero de 1983, la comisión criticó al propio Begin y fue muy dura con Sharon acusándole de no haber "asumido sus deberes". Pero ni siquiera esto bastó para detener su ascensión en el firmamento político israelí. Los muertos de Sabra y Shatila no pesaban sobre la conciencia de Menahem Begin, Simón Peres y de los dirigentes israelíes: ni sobre las de sus aliados americanos y europeos.

El 28 de setiembre del 2000, otra vez Ariel Sharon, de acuerdo con el gobierno israelí, actúa en primera persona paseándose de forma provocadora por la Explanada de las Mezquitas, en Jerusalén. La reacción de los árabes, legítimamente resentidos, dará paso a la segunda Intifada que ha costado en un año la vida a más de 800 palestinos, muchos, demasiados, de ellos niños y adolescentes. Pero para el actual primer ministro israelí esto no cuenta.

El conflicto árabe-israelí está todavía en curso, si bien es el primer y principal motivo de enfrentamiento con el mundo islámico, no es el único. Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos tienen concretas y comprobadas responsabilidades en la explotación de los recursos petrolíferos de la región, cuyo control han adquirido por la fuerza, con golpes de Estado, con gobiernos corruptos. Fueron los Estados Unidos, junto a sus fieles aliados británicos, quienes derrocaron en 1953 al gobierno nacionalista de Mossadeq, culpable de querer nacionalizar la industria petrolífera, para imponer en su lugar un régimen corrupto que tendrá, posteriormente, en el shá Reza Pahlevi su dictador implacable. El proceso de occidentalización impuesto por la política del Shá conlleva una durísima y despiadada represión contra los opositores internos. Pero no existe un gobierno americano o europeo que advierta de la necesidad de intervenir para frenar las constantes violaciones de los derechos humanos perpetradas por Reza Pahlevi y sus hombres. Se lamentarán las democracias occidentales, cuando expulsado por el furor popular el tiránico Shá, ocupe su lugar Jomeini que propiciará el proceso inverso, el de volverse a apropiar de los valores del Islam contra la imposición forzada de la cultura americana.

No será a causa de una fatídica coincidencia que Saddam Hussein, el dictador iraquí alumno por su laicismo de los Estados Unidos, desencadene una guerra de agresión contra Irán, en el curso de la cual utilizará incluso armas químicas. Al final, el balance será de al menos un millón de muertos, que no pesan tanto en la conciencia de Saddam Hussein como sobre la de los regímenes occidentales que fomentaron la guerra para reafirmar sus intereses y detener el proceso de islamización de la región.

La misma lógica perversa se vuelve a encontrar en Argelia. Cuando el Frente de Salvación Islámico venza en las elecciones y adquiera el derecho a gobernar el país, Francia y los países occidentales inducirán a los militares a dar un golpe de Estado, instaurando un régimen militar y reprimiendo ferozmente a los opositores islámicos. Al día de hoy, el precio por mantener a Argelia en la lista de países musulmanes "moderados" y occidentalizados, ronda los 100.000 muertos, cifra por defecto.

Silencio total, también, sobre Egipto y la represión dirigida por el régimen de Mubarak contra los "Hermanos musulmanes". ¿Cuántos muertos? ¿Cuántos encarcelados, cuántos torturados? Nada se sabe. Occidente no critica a sus aliados corruptos, con tal que sean sumisos hacia su política. Prueba de ello es el ocaso de Saddam Hussein que, culpable de haber puesto en entredicho, con la invasión de Kuwait, los equilibrios pro-americanos en la región y los intereses de las sociedades petrolíferas, ha sufrido el ataque de América, la invasión de su territorio y la aplicación de un embargo, para obligar a los iraquíes a derrocarlo. Un embargo total, feroz y despiadado que, en diez años, ha costado la vida al menos a un millón de iraquíes, en su mayoría niños, ancianos, mujeres, muertos por desnutrición y enfermedad. Un millón de muertos para los que nadie pide justicia.

Ahora toca a Afganistán. Han sido los americanos, los saudíes y los pakistaníes los que organizaron el movimiento talibán y les permitieron conquistar casi enteramente Afganistán. La causa del apoyo a los estudiantes coránicos residía en el hecho de que, siendo éstos de filiación sunnita, representaban un obstáculo a la expansión de Irán chiíta en el área. Cálculo no equivocado, porque la represión talibán contra los chiítas afganos ha sido durísima y ha provocado un verdadero éxodo, del que nadie ha hablado nunca prefiriendo poner el acento en la aplicación delirante de las normas coránicas relativas a la mujer.

Hoy, los talibanes son el nuevo enemigo de los Estados Unidos. El "monstruo" al que aniquilar por ser culpable de haber hospedado a Osama Bin Laden, el multimillonario saudí transformado en un enemigo implacable de la alianza israelo-americana. No miente Osama Bin Laden, cuando afirma que la responsabilidad de los ataques a los Estados Unidos el 11 de setiembre recae sobre la "política de América" frente al mundo islámico. ¿Cuántos años hace que Occidente ha dado a los árabes la prueba de que sólo la fuerza cuenta, la del dinero y las armas? ¿Desde cuántos decenios América apoya la política de genocidio dirigida por Israel para afirmar su supremacía en la región? ¿Cuántos golpes de Estado, insurrecciones armadas, represiones despiadadas, guerras ha fomentado la política americana, israelí y occidental en el área medioriental? Tantos son que es imposible enumerarlos todos. Como total ha sido el "olvido" de los medios de comunicación occidentales frente a las tragedias de los pueblos musulmanes. Ningún eco ha llegado jamás de los gritos de los condenados y de los torturados por parte de los regímenes que desempeñaban una política pro-occidental, mucho menos se ha levantado alguna voz contra Israel, único Estado en el mundo en permitir el uso legal, codificado por ley, de la tortura. Ni siquiera esto ha provocado escándalo y removido las conciencias.

De esta amalgama secular de guerras, exterminios de masa, asesinatos, torturas, represión, hambre, explotación, petróleo y cárceles, éxodos bíblicos y desesperación surgen, destacándose sobre los cielos de los Estados Unidos, los aviones que se estrellaron contra el Pentágono y las Torres gemelas de Nueva York. Dentro de estos aviones secuestrados, no volaban solamente 19 combatientes islámicos lanzados al martirio, con su carga de inconscientes pasajeros americanos, porque con ellos estaban los millones de muertos que el Occidente opulento, poderoso y despiadado ha provocado en nombre de sus intereses, de sus religiones, de la afirmación de su poder. Es de un genocidio negado del que surge el ataque del 11 de setiembre de 2001, casi en coincidencia del aniversario de las matanzas de Sabra y Shatila, olvidado igual que sus numerosas víctimas mientras uno de sus responsables es primer ministro del Estado de Israel.

Incluso aquellos que, por su parte, no se sienten capaces de justificar los ataques del 11 de setiembre contra los Estados Unidos, deben comprender por honestidad intelectual que no han sido motivados por una perversa sed de sangre de los "terroristas internacionales"; que la propaganda de guerra, dirigida a hacer olvidar lo que hemos recordado siempre, no debe ofuscar las mentes y torcer el juicio; que el problema no es condenar los bombardeos americanos en Afganistán y a los "terroristas" mediante una elección aparentemente salomónica, sino intervenir sobre las causas que han determinado tales ataques. Y las causas pueden resumirse en una sola: falta de justicia hacia los oprimidos que han visto a sus masacradores elevados, en Occidente, sobre los altares de la política y de la historia mientras que un velo de complicidad se extendía sobre sus delitos. Con las Torres gemelas han caído la certidumbre de la impunidad occidental y americana. Y esto produce miedo, no el inexistente "terrorismo internacional", fórmula utilizada para no reconocer las culpas propias pasadas y presentes.

Los enanos políticos italianos no saben qué idear para apoyar a los Estados Unidos. Ahora se han inventado incluso una delirante manifestación pro-americana, una demostración pública en la cual desfilar por millares tremolando las banderas de los Estados Unidos. Han olvidado que la tragedia italiana de los años setenta lleva el sello de los servicios secretos americanos e israelíes. Una verdad nunca proclamada oficialmente porque la entera clase política italiana, sin excepciones de ningún género, desde los missinos a los comunistas han levantado un valladar para que ésta no emergiera en toda su claridad. La tragedia de Oriente medio ha tocado de lleno a Italia a partir del 10 de junio de 1967, fecha en la que la Unión Soviética rompió sus relaciones diplomáticas con Israel, seguida de todos los países de la Europa del Este, excepto Rumania. El 1 de noviembre de 1967 es nombrado jefe de Estado mayor del Arma de carabineros el coronel Arnaldo Ferrara, hermano de un diputado del Partido Republicano, israelita. Permanecerá en el cargo diez años, los años de las masacres de plaza Fontana, Brescia, Italicus, de la frustrada masacre de Verona, Génova y muchas otras. ¿Coincidencia? Difícil creerlo. Y nadie, político, magistrado, historiador se ha atrevido nunca a responder la pregunta referente a la necesidad de mantener durante diez años en el mando virtual de los carabineros a un simple coronel, convertido sin moverse de la poltrona, en general de división. Cuando los enanos desfilen por Roma, agitando las banderas de los Estados Unidos, que alguno recuerde a los muertos sin justicia de plaza Fontana y de las masacres italianas, por los cuales un día alguien pedirá cuentas, porque la sangre derramada no se olvida, pesa en el recuerdo de los hombres y de los pueblos, en la conciencia de cuantos hoy asisten impotentes a la definitiva prostitución del país ante el rico amo americano.

Deseo de justicia que hoy se defiende, quiérase o no, sobre las montañas de Afganistán. Y mientras el enano feroz alinea a sus soldados en defensa de la estatua de santa Cunegunda y nos bombardea con películas tipo "Marcelino pan y vino", esperando que las futuras generaciones se asemejen a Fini y a Gasparri, yo miro a esas montañas afganas en las cuales, una vez más, hombres armados con solo su valor afrontan al imperio americano en nombre de principios eternos que se llaman libertad, dignidad e independencia.

 

 

Del "Rusia es Culpable" al "Turquía No es Europa" (y III)

Del "Rusia es Culpable" al "Turquía No es Europa" (y III)

LA HISTORIA DE ESPAÑA ES UNA ESFINGE SIN SECRETO. 

Puede estudiarse con un método histórico, aplicando la misma rutina científica que la investigación social nos ofrece, en sus documentos, fuentes, archivos, tradiciones, etc. independientemente de la filosofía de la historia o ideología social que profese el interesado.

No es “materia sacra”. No es coto cerrado de oficiantes de una misteriosofía de la historia, de sectarios de leyendas negras, rosas, rojas, azules o multicolores. Arma de políticos retirados e historietadores en activo.

Especialmente, debería ser materia básica para aquellos que de algún modo se identifican con un Pensamiento nacional, más allá de banderías y fetichismos.

No es el caso, nos tememos, de aquellos que, en nombre de una concepción maniquea, oportunista, indigente e irresponsable de la política y de la cultura política nacional-popular han pasado, sin solución de continuidad, de la arenga anticomunista del “Rusia es culpable” de aquel longevo cuñado de Franco, ambicioso representante del Eje en Madrid, al actual y patético slogan de “Turquía no es Europa” con el que los “indigentes políticos” (Milá dixit) de la menguada derecha extraparlamentaria española, representantes indígenas del neofascismo francés pretenden subirse al carro del nuevo y brutal antiislamismo etno-democrático, eurosionista y neocatólico, en nombre de una pretendida “Identidad” imaginada, inventada, inverosímil, inicua, intermitente, intercambiable y, sobre todo, inútil para su objetivo básico: la integración política en el sistema eurocrático, el reconocimiento público, subsidiario de una tendencia residual del neofascismo español.

Y sin embargo no se puede ocultar que con Josemaría Aznar –especialmente durante su segundo mandato- la extrema derecha ha estado en el poder, tanto en cuerpo como en el alma; y casi al completo con sus viejos programas y con sus nuevas generaciones, con un discurso escueto bien articulado, férreo, inflexible, sin complejos ni traumas, con legislación adecuada y toda una mayoría social bebiendo los vientos y comiendo de la mano de un liderazgo indiscutible.

Invocando el santo nombre de España en la boca el gobierno Aznar puso a la izquierda al borde del abismo. Erigió al vecino marroquí en irreconciliable “Enemigo del Sur” sin autoeditarse ni ocultar su identidad. Siguió machacando a ETA. Ilegalizó Batasuna y, Garzón mediante, puso al independentismo político fuera de la ley. Arrinconó el secesionismo centrífugo, el federalismo mezquino, el soberanismo traidor, a mayor gloria de la unidad nacional. Cerró Egin y logró la prejubilación del odiado obispo etarra Setién. Denunció la conspiración terrorista mahometana y derroto a los sarracenos en Perejil, descendientes cómo AbenLaden, de Muza y Tarik, de los Almorávides y de Miramolín.

Reformó la enseñanza en el sentido unitario e integral, el suyo, el de siempre, de sesgo democristiano, etno-democrático, cripto-confesional y  providencialista; el que se espera de una Derecha con certificado de garantía liberal y vocación redentora. Sin traumas ni complejos.

Embarcó en la nave corsaria de la economía global, a sus nuevos conquistadores en busca de El Dorado del Capital. Las macrocorporaciones públicas privatizadas, los Bancos y las Empresas neotecnológicas, previa cabeza de puente de un lobby económico-político con sólidas relaciones con las élites dirigentes, asaltaron el Nuevo Mundo y saquearon a placer. Hasta se atrevió tímidamente a practicar el viejo deporte de la derecha española, el golpismo, con algún gobierno díscolo y poco colaborador.

Pero faltaban las Águilas de Imperio. El sueño eterno del esencialismo hispánico. La vocación universal de la estirpe. La metafísica joseantoniana y la mística nacional-católica colgada de los tiempos imperiales y se dotara de la teológica de la decadencia nacional.

A imagen y semejanza de Serrano Suñer, realista como él, comprendió que el viceimperio no podría ser ya ejecutado como una primacía de orden universal, sino proyectarse en forma de copartipación subalterna en la gestión de las nuevas hegemonías mundiales occidentales.

La derecha regeneracionista española, de la que figuras como Serrano Suñer, José Antonio Primo de Rivera o José María Aznar formarían parte, no era extraña a la obsesión “decadentista” de la historia y a la consabida nostalgia de la monarquía universal hispánica y de su voluntad imperial trascendente.

La breve biografía política de José Antonio impide valorar plenamente aspectos de su pensamiento y columbrar hipótesis de actuación pública, dado que en vida solo su jefatura sobre la Falange fundacional –absoluta solamente en el marco de sus dos últimos años de vida casi uno sin libertad- ofrece pistas.

Es, sin embargo, incontestable que en el pensamiento doctrinario y en la formación mental del hijo del general Primo de Rivera (tan distintos y hasta distantes en lo ideológico) la tarea de nacionalización de masas y de emancipación nacional-popular ocupan un escalón inferior a la tarea ineludible de formación de un espíritu de metafísica de España entre las élites dirigentes del Estado y de la sociedad civil.

José Antonio no era nacionalista español. La desconfianza ante el proceso nacionalización social y ante un patriotismo nacional-popular de masas era general entre la Derecha, vieja o nueva, restauracionista o regeneracionista.

De procedencia política social-católica, Ramón Serrano Suñer, amigo fraterno del “Fundador” y cuñado del Jefe del “Nuevo Estado español” - Jefe absoluto además de la Nueva Falange unificada- proyectó esa doble circunstancia personal en términos de  influencia política duplicada como ejecutor de la acción exterior de España y de la gestión interna de la organización política del Estado.

El programa “Imperial” estaba ahora en las manos al fin de un regeneracionista con fuerte instinto político, innegable carisma personal y dotes intelectuales aceptables.

Designar al enemigo era la schmittiana tarea ontológica que se esperaba de él.

Internamente, la duda ofendía. Era premisa fundacional del nuevo régimen. Para la tarea de “nacionalización social” la suerte estaba echada desde antes incluso de la llegada de la República.

Para imprimir una cierta “Idea de España”, tras el infructuoso batallar ideológico decimonónico, en la Tabula rasa del nacionalismo moderno español “sobraba” ya la mitad del país, que de forma irresponsable y antinacional, había sido procesada, juzgada y condenada sin haber sido oído y sin posibilidad de defensa ni de apelación.

Era la “Anti España”. El “Enemigo” interno.

La “Heterodoxia” secular española, según el nacional-catolicismo, ideología del odio que tenía ilustres antecedentes en pensadores situados más allá de la reacción pura del carlismo, del ultramontanismo y del integrismo, propio del bajo clero provinciano y montaraz.

Los neocatólicos estaban plenamente integrados en el régimen liberal, aunque lo criticaran. La querella dinastiíta, el legitimismo y el tradicionalismo ´”integro” o de partido no les importaba ya.

La Tradición española, su filosofía política y su teología de la Historia, no se agotaban en el tradicionalismo carlista y sus respetables ideales plenos de piadosa beligerancia guerrillera, de fidelidad dinástica, de intransigencia dogmática y defensa encarnizada de privilegios feudales y ordenamientos forales.

Había que empezar –y acabar- por el primer grito de guerra de la Carlistada: Dios.

Dios es el que Es, que dijo Yahvé en el Sinaí. Pero, en espera de aclarar el ontológico enigma, para la cristiandad católica Dios es Cristo- más o menos- y Cristo volverá para el Día del Juicio Final.

Esperando los novísimos, la Iglesia Católica, Apostólica y Romana sustituye místicamente a Su Señor, garantizando la sucesión del Simón-Cefas-Pedro, primer Obispo de la Urbe, mediante un Vicario o Lugarteniente en la Tierra, elegido por Príncipes del Cardenalicio Colegio por divina inspiración del Espíritu Santo.

En espera de mayores precisiones la Iglesia, Santa Madre y Esposa del Ungido,  jerarquía apostólica mediante, asume por delegación divinal una Autoridad Plenipotenciaria que a su vez coloca en manos del Máximo Pontífice, Cabeza Visible, Gran Sacerdote en hábito ceremonial de acusado simbolismo faraónico, de Infabilidad Dogmática y Santidad indiscutible.

El Papa de Roma es el Dios de los Católicos. La Santa Sede  de Roma es la Patria de los Católicos. La Iglesia de España es el Gobierno nacional de los Católicos españoles.

El énfasis de estos nuevos doctrinarios se ponía en el carácter exclusiva y excluyentemente católico, dogmático, ortodoxo, de la nación española desde sus nebulosos orígenes hasta el día de la fecha en que autores como Balmes, Pidal, Menéndez Pelayo.

Los privilegios y sinecuras financieras y las regalías y derechos en materia de Educación constituían no solo un deber exigible por los Católicos al Estado –por muy confesional que fuera- sino su obligación política, moral e histórica inexcusable dado el carácter intrínseco de la catolicidad del pueblo español.

Los derechos de la Iglesia Universal tenían un Divino origen. Los de la Iglesia española eran además cuestión de reconocimiento del hecho nacional y de la interpretación católica de la identidad española per saecula saeculorum.

No en vano, España había sido frente a toda herejía el brazo armado del Dios de Roma. Incluso contra él. Más papistas que el Papa, los españoles reinventados históricamente por los neocatólicos y  adoctrinados políticamente por los nacional-católicos debían apropiarse del concepto mismo de Estado Nacional, tan extraño a la propia tradición católica y tan familiar para los impíos partidarios de la Revolución de 1789: apóstoles del anticlericalismo, francmasones, liberales, jacobinos y demás herejes de la Volontè Generale.

 No había materia de debate, ni posibilidad de duda en esta cuestión.

La naturaleza católica del país exigía de las autoridades seculares del Estado proveer a la Santa Madre Iglesia de los medios necesarias para mantener en manos del regular y secular los ancestrales privilegios en materia de enseñanza y de educación nacional.

No se negaba al Estado su jurisdicción sobre la Instrucción Pública y otras instancias administrativas y políticas, máxime su confesionalidad católica y su generosidad fiscal.

La educación nacional seguía fielmente las orientaciones doctrinales de la Iglesia. Y esta bendecía el régimen político mientras no quisiera monopolizar el terreno educativo.

De estricta observancia vaticana, disciplinados en punto de magisterio eclesial, dotados de vastos saberes, en algún caso enciclopédicos, capacidad polémica y argumental no desdeñables, los ideólogos neocatólicos compitieron desde una concepción de España estrictamente católica-tridentina, teopolítica, ultradefensiva, providencialista de la historia nacional con los doctrinarios liberales del pensamiento nacional

Bien lo sabía Ledesma Ramos que pagó con creces el precio del aislamiento político primero y de la propia existencia finalmente, su intentona –condenada al fracaso desde el principio como barruntara su amigo de juventud, Olagüe- de doble emancipación, nacional y social, del patriotismo popular, del nacionalismo revolucionario, de la nacionalización de las masas y de la incorporación proletaria al Estado Nacional de todo el pueblo y para todo el pueblo.

A esta noble misión llegó –por causas ajenas a su voluntad- tarde, y con él el Nacional-Sindicalismo, llegó mal –sin medios ni efectivos- y nunca llegó, pues ya la absorción del Jonsismo en la Falange de José Antonio y la derrota de la alternativa fascista-radical dentro del liderazgo político de la falange jonsista sellaron este camino.

No habría ya competencia revolucionaria con el marxismo ni comunidad nacional de todo el pueblo. El Fascismo español, trufado de catolicismo político y patriotismo burgués, echaría sus cimientos –mejor o peor - sobre la mitad del terreno del pueblo español y los escombros sobre la otra mitad.

La construcción nacional del Estado, el Estado mismo, volvería a las andadas del estéril siglo de la decadencia. La Historia de España volvería a ser enseñada para adormecer las conciencia y alucinar de ensueños “imperiales”; pesadillas de “decadencias” fatales y fatalistas: la Historia de España volvería a ser el “opio del pueblo” español...

Aún así, un cierto regeneracionismo “imperial” pragmático, aprovechando la lucha entre las culturas, las reivindicaciones de las naciones jóvenes, las contradicciones  ideológicas, el ocaso del prestigio europeo en el mundo, la presencia amenazante de los peligros “alógenos”, las “revoluciones mundiales”  presagio de la nueva invasión de los bárbaros” buscaba encontrar una posición entre los vagones de primera clase del tren del porvenir del nuevo parto de los tiempos cesáreos doloroso pero pleno de oportunidades para las “naciones jóvenes” (de espíritu, en el caso español) alumbradas de fe, orgullo y valor, de vocación universal y redentora.

La España eterna, metafísica, sin pecado de materialismo concebidas, opuestas a las plutocracias demoliberales de occidente y a los “nuevos bárbaros” de Oriente, los Hunos bolcheviques y los Otros del Internacionalismo masónico-marxista, podría ser una de estas naciones.

Una nueva generación de juventudes españolas, de sólida formación y curiosidad universal se asomaba al supuesto páramo de “pan y toros” y con un fatum negro como la pena negra echando por tierra a los augures del decadentismo genético, crónico y terminal de España y de los españoles. La sorpresa fue mayúscula.

Entre los facultativos del morbo nacional, homeópatas de la “decadencia española”, galenos de ojo clínico y diagnóstico inapelable, el estupor era considerable y el pánico cundía entre aquellos doctores sin ciencia y anestesistas de la conciencia nacional.

Aquello echaba por tierra de un plumazo todo su discurso decadentista y descalificaba su categórico dictamen.

Los hijos de estos presuntos  sifilíticos de Europa, de estos desahuciados de la Historia, a los que nada debía la Europa, la nueva generación española no nació lisiada y contrahecha, débil y enfermiza. Nació, antes al contrario, sana y robusta, lozana y despierta: llena de inquietudes espirituales, éticas, estéticas, intelectuales y científicas. Sin complejos, traumas, defectos congénitos y otras zarandajas endémicas de la supersticiosa imaginación de aquellos pediatras del aborto histórico nacional, el neófito del moribundo cogió su propio toro por los cuernos y rompió las filas de los augures del triste y negro destino español escrito en una estrella de papel-carbón.

No debe extrañar que aquella generación, al margen de las innovaciones propias y las influencias externas de nuevo cuño, a pesar de todo reprodujera y tradujera el sistema social, las estructuras generales y las evoluciones generales de la generación anterior, incluyendo el historicismo anecdótico, el esencialismo estrambótico y el criticismo pedantesco de sus escépticos predecesores. La historia no opera a saltos. En España tampoco.

El pensamiento rutinario, los hábitos adquiridos, las fórmulas reiteradas,  los automatismos y convenciones, las tradiciones y prejuicios, pesan mucho y aun renqueantes suponen lo malo conocido difícil de abandonar sin la seguridad de que lo por conocer no sea peor aún.

Mas incluso reproduciendo y hasta ampliando en parte esquemas del pasado, las filias y fobias, las banderías y delirios pretéritos, es el carácter, espíritu, el modo, la manera, lo absolutamente novedoso: no tanto el qué sino el cómo, lo que representa el “salto de cualidad” y lo que hace distinta a estos nueva remesa de españoles que viene pidiendo guerra y que, al final la tendrá por partida doble.

 Si se quiere entrar en la Historia hay que aceptarla con todas las consecuencias.

 

A.Beltrán, Madrid otoño-invierno 2004

Del "Rusia es Culpable al Turquía no es Europa" (II)

Del "Rusia es Culpable al Turquía no es Europa" (II)

LA “CIVILIZACIÓN” EUROPEA

Por partes.

En primer lugar debemos partir de premisas claras y conceptos bien definidos.

No existe una “civilización europea”

Sentimos dañar oídos sensibles; pero Europa como espacio geográfico o geopolítico es un mero apéndice de Eurasia.

Es así que esta pequeña parte del mundo ha visto nacer, crecer, madurar y finalmente perecer a una constelación de pueblos y a unas formas de organización social, de comunidades de consciencia, de macrounidades dinámicas, de organismos contraposición cultural y de fuerzas biológicas interactuantes fuertemente caracterizadas que se ha dado en denominar “Civilizaciones”.

Pero este hecho –con ser importante en sí- no autoriza a suponer que haya existido en algún momento de la historia  un sentimiento de pertenencia a una comunidad de pueblos con un marco geográfico espefícico y una conciencia de identidad común.

Y que dicha conciencia haya llevado, a pesar de los conflictos, los desencuentros y las rivalidades, a un ideal de unidad anhelado por una hipotética “familia europea”.

Historiar un “ideal europeo” resulta una tarea de académicos ociosos y otros amanuenses de la euroburocracia intelectual. No vamos a perder tiempo en ello.

El problema verdadero radica en otro asunto.

Si el concepto “Europa”, con un sentido significativo propio, puede ser históricamente inteligible es precisamente por lo contrario a lo que sus modernos cantautores predican.

Aquello genuinamente “europeo”, aquello que lo distingue de otros conjuntos culturales e históricos no es precisamente su homogeneidad y su continuidad histórica.Antes al contrario, es su extrema heterogeneidad, su dispersión, su falta de identidad común, sus referentes históricos,  sus costumbres, sus valores y su evolución paradójica lo que distingue el fenómeno europeo.

Es el “principio de las nacionalidades”, considerado en sí mismo, en su origen, evolución, y transformaciones, lo que caracteriza el  hecho diferencial europeo.

Observado con detenimiento, este pequeño apéndice de Eurasia es un intrincado mosaico de etnias, naciones, lenguas, culturas, religiones, instituciones, costumbres, tradiciones, etc. sin parangón ni precedentes. Desproporcionado para sus dimensiones y para su presunto origen común.

No queremos decir con esto que sea imprescindible para una praxis unitaria un grado determinado de “homogeneidad” previa, radical e irreversible, impuesta por cualquier medio o libremente conseguida por una paciente sinergia espiritual desde arriba o por un lento proceso histórico de socialización comunitaria por abajo.

No es algo que pueda elegirse.

Solo afirmamos la existencia de una realidad histórica que los “criterios de convergencia” y los “repartos de poder” pueden solapar, soslayar y ocultar tras los fuegos de artificio monetarios, cantos de sirena para inversores, becas y premios para científicos y poetas, legislación social progresista, juegos florales de humanismo y democracia, pacifismo armado, créditos blandos y ayudas seudofilantrópicas de solidaridad e injerencia humanitarias que ocultan intereses bastardos del neocolonialismo ligth made in Europe.

Estados Unidos podrá ser una “nación infantil” sin pasado glorioso ni orgullo milenario. Pero, mal que bien, es una Nación con más de dos siglos en su haber.

Europa tiene mucha, demasiada historia, en efecto. Y muchas naciones también, demasiadas, de toda edad y condición.

Pero del mismo modo que la  unión de muchos enanos no forma un gigante, la suma de Estados nacionales nunca dará como resultado una nueva comunidad nacional.

Ni el acervo histórico milenario, ni la riqueza cultural, ni el testimonio perenne de los logros de la civilización en general, sirven de mucho cuando lo que se trata es de establecer un nuevo paradigma histórico y articular un proyecto de construcción nacional, capaces de generar valores propios de dimensión universal.

Un proceso unitario, por más “imaginativo” que sea, debe tener en cuenta esta dura realidad, en sí misma más cercana al caos que al orden; es decir, más que alejada de lo deseable que se entiende comúnmente por “civilización”.

Cuando los nuevos ideólogos de Eurolandia  buscan referentes históricos, filosóficos o políticos en el pasado para legitimar un proyecto de “unidad” (en realidad, su propio proyecto ideológico de unidad), acuden retóricamente, entre otros, a los topoi habituales: Grecia, supuesta cuna de la “democracia” y de la “razón”. Roma, mito y modelo de  organización políticos por excelencia.

El cristianismo, fe religiosa segregada del judaísmo que ha llegado a nuestros días en diferentes formas y manifestaciones.

El Renacimiento, amplio movimiento cultural de recuperación de los “valores clásicos” greco-romanos, contrapuesto a la civilización medieval gótico-católica la cual por su parte pretendía ser “restauratio et continuatio” del Imperio romano, bajo la autoridad del vicario de Cristo y cabeza visible de su Iglesia.

También el Medioevo, desde un punto de vista más restringido, sirve para algunos como paradigma de unidad e identidad de lo “europeo”.

Como en el caso de la Civilización Occidental, sensu lato, históricamente no es un modelo válido para toda la cultura europea, pues se limita al área del Imperio romano de Occidente en lo político, y está en lo religioso y en lo cultural dominado por la presencia de la Iglesia Católica.

Excluye, pues, en este sentido, a las otras Iglesias cristianas –griega y reformadas- presentes en el suelo europeo, que además coinciden a grandes rasgos –y no por casualidad- con las áreas lingüísticas predominantes.

Así, católicos, protestantes y ortodoxos, tienen su correlato idiomático, y en parte también étnico y cultural en  las familias de lenguas indoeuropeas latina, germánica y eslava.

En este punto, las excepciones confirman la regla y las desconfianzas interreligiosas prevalecen sobre un teórico “ecumenismo”, máxime si tenemos en cuenta la estrategia “reevangelizadora” del Vaticano.

Por lo demás tengamos en cuenta, que la dimensión universal del mensaje cristiano, impide adscribirla a un particularismo nacional, racial, geográfico o político que sería obstáculo importante y hasta insalvable para su misión profética.

Lo Occidental, por otro lado, se ha convertido en universal también –al menos secularmente- por el proceso de expansión mundial de su civilización. Limitarlo a lo “europeo” sería absurdo. Por lo demás no todos los países de Europa han tenido responsabilidad en el alumbramiento de la modernidad y de la expansión occidental.

 

Antitético –en todos los sentidos- a la ideología de la Modernidad, vilipendiado –no muy justamente- por la cultura renacentista, escarnecido por el pensamiento racionalista y la ilustración, es el mundo medieval un referente parcial, a menudo vergonzante, pero que quizá sea el único momento de la Historia en que el ideal de Unidad estuvo más próximo a su consumación, si quiera en las tierras del Occidente europeo y bajo la férula de un Imperio sacro y  romano, latino y germánico, católico y feudal

La Ilustración es otro mitema que no falta en el libro gordo de Petete de los más lenguaraces intelectuales, políticos y buhoneros de la Euroidea, que naturalmente consideran que las Luces son una de las más elevadas aportaciones realizadas por el Viejo Continente al género humano y que es lógico considerar este movimiento ideológico y sus consecuencias como parte fundamental del acerbo europeo y hasta cobrar royalties de paso.

El progreso científico, técnico y tecnológico. Los avances de la industria y el comercio. El espíritu de investigación, con los avances en el terreno de la sanidad y la lucha contra las enfermedades. La previsión social. La mejora de las comunicaciones y el conocimiento en general, etc. Son elementos colocados en el haber de la Europa de la Razón y del Iluminismo. Otra Europa, ésta, que se superpone a su exacta contraria: la del “oscurantismo” medieval. Pero que, cuando se trata de denunciar el islam como mentalidad “integrista”, “fundamentalista” y “medieval” (términos todos ellos  acuñados en occidente, por occidentales y contra tendencias propias de la religiosidad occidental) se yuxtaponen y se asumen como propios y positivos tanto por los críticos de uno u otro signo.

Y si el principio de las nacionalidades de origen dinástico o étnico, político o confesional, irá forjando una conciencia diferencial entre los pueblos europeos de pertenencia nacional, de soberanía, de Estado, de Nación, en definitiva, una de las consecuencias más significativas será el nacionalismo que es un fenómeno puramente europeo, quizá el que más.

IDENTIDAD E HISTORIA. CULTURA Y DECADENCIA

 

Europa, o más precisamente una parte de ella, ha sido al fin y al cabo la plataforma inicial de una dialéctica histórica de particularismos y universalidad, de expansión e individualismo feroz, de alta cultura y baja humanidad, de arrogancia y mortificación, de arte y standardización, vivero demográfico y campo experimental de una civilización, la “occidental” o moderna, que solo ella entre todas las conocidas, puede ya en su fase final recibir el apelativo de “mundial", tan poco grato para los neonacionalistas del Eurosionismo identitario, del diferencialismo cultural, de la democracia étnica, del nacional-capitalismo y del arqueofuturismo antiislámico.

Resulta paradójico que referentes tan encontrados, tan dispares y contradictorios, resultantes a veces de dialécticas culturales generadas en el seno de civilizaciones distintas, se invoquen como precedentes de “europeidad” por el simple hecho de que aunque fruto de épocas y condiciones irrepetibles, se han generado y desarrollado en suelo de la actual Eurolandia.

Pretender fundar una “patriotismo” de nuevo estilo en un difuso “patriotismo de civilización”, más aún de una civilización, la “Europea” –a la que además hay que distinguir de “lo occidental”, lo “la americanoesfera”- que no existió y no existe como tal, es una tarea condenada al fracaso: y peor aún, una tarea destinada necesariamente –lo vemos, oímos y leemos a diario- a volver a sacar del guardarropa del viejo nacionalismo de campanario y de cementerio, de trono y altar, los más apolillados atavíos de una Europa fratricida que se pretendía superar. No podía ser de otro modo.

Es indiferente al  respecto que la enemistad política y la polemíca cultural se proyecten hacia fuera, hacia espacios geopolíticos distintos y tradiciones religiosas “alógenas”.

La “Civilización” – que para sus epígonos y precursores es no sólo la mejor sino la “única”- Occidental, fáustica, moderna, oceánica, mundial, etc. no existe ya.

No es cuestión de datar su muerte, aunque fenómenos formidables como las Guerras mundiales (ejemplo claro de cuanto decimos: contiendas “civiles” intereuropeas que devienen de inmediato en mundiales por el carácter mismo del Occidente moderno) podrían servir como símbolos

 

nacida en algún lugar indeterminado del occidente europeo entre el Atlántico y el Mediterráneo en tiempos difíciles azotados por la peste, la guerra, la miseria, sobre las ruinas teocráticas y feudales de la cristiandad medieval y engullendo todo el caudal de conocimientos que la cultura andaluza había puesto a disposición en la madurez de la civilización mágica y en el especial clima creado por el Islam de España, ya en retirada, pero presente en la espiritualidad hispánica y en buena parte de la cultura del Medioevo

Más aun cuando estos espacios y tradiciones sean los unos limítrofes y –guste o no- las otras, como el Islam, estén presentes -siglos ha- en el interior del continente y sean inmediata vecindad y, a día de hoy, dimensión espiritual y comunitaria negada, vejada y perseguida tanto en su aportación histórica, en la dignidad y trascendencia de su mensaje, y en los derechos y libertades básicas de sus creyentes.

 

La historicidad lineal, propia de la historiografía casi sagrada, más cercana al mito y a la literatura que a la ciencia social, de cuño providencialista, romántico o racionalista según los casos, elaborada por los diversos Estados-Nación europeos, sigue siendo coartada de “identidades” mistificadas y ridículos delirios interpretativos que seleccionan aquellos aspectos más apropiados para la gestión tecnoburocrática de la memoria colectiva.

La Unión Europea que no es –y no puede ser- otra cosa  que una Unión de Estados Nacionales no podía por menos que multiplicar exponencialmente el delirio histórico-identitario de cada país en función de sus “ideales” fundacionales, que no son otros que los del bando vencedor de la Guerra civil europea (1914-1945) la Democracia de los Aliados Occidentales: Los Estados Unidos de Norteamérica.

Máxime si tenemos presente que lo que en esta conflagración se dirimía era el liderazgo mundial que la expansión de la civilización occidental, moderna o “fáustica” había llevado a su grado extremo, es decir a su “decadencia” final.

Sorprenderá a alguno que hayamos negado la existencia de una “civilización europea” mientras que ahora afirmemos la de una “civilización occidental”, además de haberla añadido como sinónimo el adjetivo “fáustico”.

No debería sorprender, sin embargo, a los pretendidos “euroidentitarios” de hoy el uso de un concepto, bien conocido por ellos, extraído del protagonista de la obra de Goethe, utilizado por el celebre y polémico historiador alemán Oswald Spengler en su monumental “La Decadencia de Occidente”.

Ciertamente, Occidente es un término geográfico, como pudiera serlo Europa.

 Empero, aplicado a una morfología de civilizaciones tiene un sentido histórico “dinámico” que identifica una cierta época de la cultura humana que nacida en el occidente europeo alcanzó una dimensión universal sin precedentes en la historia mundial.

El mito de Fausto sirve a Spengler como arquetipo literario del carácter ilimitado y activo de los paradigmas fundamentales del “Occidente”, sintetizado en la afirmación cosmogónica del Fausto goethiano: En el Principio fue la Acción.

No es nuestra misión aquí esbozar –siquiera lejanamente- los puntos centrales de la historiografía spengleriana, su vasta influencia ideológica, su teoría de la ciencia, del arte, su metodología analógica, sus atrevidas síntesis, sus temerarias sinopsis.

Su devastadora crítica del esquema lineal de la historia sigue siendo, en nuestra opinión, válida; como válidas nos parecen - en parte al menos-  también sus geniales intuiciones sobre tipología y morfología de las distintas culturas y civilizaciones.

Su relativismo cultural, su forzado“milenarismo”, su tono visionario, su abusivo historicismo, su mismo nacionalismo etnocéntrico, etc. pertenecen al aspecto negativo, ampliamente superado por los acontecimientos inmediatamente posteriores, por las nuevas aportaciones de las ciencias sociales y de la historiografía e incluso por sus mismos epígonos.

Uno de estos –hoy proscrito y desconocido por demás en su patria- el español Ignacio Olagüe publicó en 1939 –tiempos de guerra- el primer tomo de su obra “La Decadencia Española” que dedicó a su amigo Ramiro Ledesma Ramos, asesinado tres años atrás.

El título del ensayo de indudable sabor spengleriano era algo equívoco; pues el historiador donostiarra negaba uno de los mitos más persistentes, deprimentes y morbosos del pensamiento nacional y del historicismo  decimonónico: el mito de la “decadencia nacional”.

EL PATRIOTISMO CRÍTICO Y LA DIALÉCTICA HISTÓRICA

 

Pero aparte de demostrar con datos masivos y sorprendente erudición, la debilidad científica de la historia anecdótica tal como entonces -¡y aún hoy!- los falseadores profesionales y los mistificadores sin escrúpulos la fabricaban según los intereses creados del mandante de turno y reproducida por funcionarios de cronicón ad usum delphini; Olagüe colocaba el proceso histórico de la civilización en la península ibérica en un contexto geopolítico específico que implicaba una cantidad de factores interactuantes de todo tipo - biológicos, sociales, climáticos, religiosos, ideológicos, demográficos, raciales, etc.- que no podían soslayarse si se quería abarcar una visión de conjunto del fenómeno nacional español convertido en misterio insondable por los apóstoles del decadentismo.

Uno de los aciertos más plausibles de Spengler fue el de clasificar entre su elenco de Altas Culturas a un complejo conjunto histórico bien determinado que él mismo denominó con el ambiguo término de ”Árabe” o “Civilización mágica-arábiga”,  de extrema importancia para entender el tan discutido fenómeno de la expansión de la religión islámica y el papel representado España y por la cultura hispana como paciente crisol, a veces o furioso vórtice otras, centro creativo siempre en el original, conflictivo, fecundo intercambio de culturas y civilizaciones.

Para entendernos, dejando aparte la conocida contraposición entre Kutur y Zivilisation, Spengler incluye –entre otros-  dentro de las épocas del “Espíritu Árabe” los siguientes fenómenos que corresponden a las cuatro estaciones del ciclo anual de esta “Kultur” que principia cronológicamente con la edad vulgar, a saber: cristianismo, gnosis, mitraismo; talmudismo, Avesta, Patrística; nestorianos, monofisistas; literatura, siria, bizantina, judía, persa, copta (siglos VI-VII); Iconoclastas, Islam, Sufismo, etc., etc., hasta llegar así al “Invierno” de todo “Alta Cultura”; la extinción de la fuerza creadora con el inicio de la civilización urbana cosmopolita, la “Zivilisation”.

A través del hilo conductor de lo “Árabe”, o mejor de lo “Mágico” se engarzan figuras en apariencia opuestas, pero que, situadas en su contexto histórico, en la naturaleza de su pensamiento y en la forma mentis de la civilización “mágica” encuentran sin dificultad su sentido y acomodo.

Así,  Juan el Evangelista y Agustín de Hipona, los Padres de la Iglesia de Oriente y los Místicos cristianos de Renania o de Castilla: Plotino y Porfirio, los Neoplatónicos y Arrio; los Teólogos de Bizancio y Mani; Mahoma y Maimónides; los Cabalistas y los Sufies de Andalucia o de Persia; Aben Arabí y Sorahwardí; Aberroes y Avicena; etc forman parte del espíritu de una civilización histórica, la “árabe-mágica”, más allá y a pesar de pertenecer a distintas realidades religiosas y políticas a menudo enfrentadas.

Lo mismo puede decirse de las “formas” del mundo de las artes, de las ciencias y de la técnica, donde el espíritu de una cultura dada se “incorpora”, se “materializa” y se reconoce en su identidad.

Baste pensar en las basílicas romanas y cristianas; en los templos bizantinos y en las mezquitas; en el arte paleocristiano y prerrománico; en la Iconografía y en el Arabesco, etc. que, a pesar de sus diferencias –obvias, en todo caso, por simbolizar formas religiosas diferentes- mantienen un “estilo” y expresan un “alma” –la mágica- manifiestamente comunes.

Los avances históricos de las diversas ciencias, en la matemática, química, medicina; de la arquitectura, de las obras públicas, de la agricultura, etc. Los logros técnicos, científicos, filosóficos, etc. que alcanzaron en la Cultura andaluza –quizá la floración más importante de la Civilización mágica- un grado tan elevado; encontraron aquí su principal puerta de entrada hacia Europa gracias a un crisol cultural asentado en una herencia clásica, helenística y romana; mantenido por la prolongación política del imperio por el reino visigodo, de las grandes síntesis del saber (Etimologías) y en el carácter sincrético del cristianismo en Hispania; caldeado por el carácter peculiar del Islam de Al-Andalus y manejado con sabiduría por generaciones de espíritus humanos selectos.

En este marco de doble continuidad intelectual, la espacial de la Cultura Hispana y la temporal de la Civilización mágica, se produce el famoso, real y polémico, tan negado  como afirmado, tan sublimado como vilipendiado, proceso de trasferencia cultural entre el mundo “islámico” y el occidente “cristiano”, a través de este, por extensión, el “mundo moderno”; es decir, la “civilización occidental en su conjunto.

En otros términos, se establece de algún modo, la “deuda histórica” de Europa  con el Islam, especialmente con el Islam de España y nace el mito histórico de “Al-andalus”.

Ahora bien, para el autor teutón ya hemos visto que lo que define al espíritu de la Civilización mágica y a la cultura “árabe” no es la Religión, como no lo es en general para las otras altas culturas cuya morfología escudriña.

El Islam aparece así como culminación del ciclo cultural del “alma mágica”  o fase de maduración dentro del contexto histórico donde se origina y crece, donde florece y fructifica; es decir, sustancial y orgánicamente vinculado a la sucesión epocal de la “cultura árabe” cuyos primeros episodios espirituales tiene en el cristianismo primitivo y en el neoplatonismo, en el mitraismo y en el judaísmo helenizado, por ejemplo, ilustres precedentes de distinto signo religioso.

No queremos decir con esto que las formas religiosas o las vías espirituales de la humanidad sean productos del ambiente social e histórico de una cultura o civilización determinada.

Antes al contrario: no lo son. Y no lo son por la misma razón que no es la religión el hecho central de las civilizaciones históricas presentes.

Si las religiones fueran consecuencia o producto ya  hubieran desaparecido con las culturas donde se originaron. Si fueran causa y razón deberían  seguir existiendo las civilizaciones que de ellas surgieron.

La endeblez de la tesis del choque de civilizaciones del pensamiento neoconservador no se basa propiamente en el énfasis puesto en la ineluctable lucha entre ellas, sino en erigir al aspecto religioso en el principio generador y reconfigurador del mundo surgido tras la guerra fría.

Por otra parte, los propios musulmanes han afirmado siempre su Tradición religiosa con criterios de síntesis profética. La dialéctica sagrada del Islam se despliega ( el proodos plotiniano) como momento final o recapitulación espiritual del monoteísmo de tradición abrahámica: síntesis de la tesis judía y de la antítesis cristiana.

Eso sin olvidar el carácter profético que reconocen –y asumen- a los monoteísmos “arios”: el Zoroastrismo iranio, a Oriente; y lo que denominan “nicho de luces de los profetas griegos”, el neoplatonismo en sentido amplio, a Occidente. Marginal uno y desparecido otro, ciertamente, periféricos con relación a las raíces abrahámicas, también, pero límite espiritual, marco intelectual y medio providencial para su expansión.

Para los hombres de la cultura “árabe-mágica”, cristianos o griegos, judíos o gentiles, arrianos o bizantinos, iranios o semíticos, de extremo occidente o de Asia central, este nuevo sincretismo  podría no ser de su agrado por su origen, determinados aspectos y exigencias formales, pero en ningún caso era extraño a su cultura, mentalidad y tradición.

Excepcional floración religiosa del medio semítico, el Islam encuentra campo abonado en una civilización impregnada de Helenismo, Gnosis, Neoplatonismo, Mística, Misteriosofía, Cristianismo Mágico, Henoteísmo, Monoteísmo solar, etc. que llegada a su madurez precisa unificarse y superar las vías sin salida de las Teologías dogmáticas, de los sincretismos seudoesotéricos, de los cesarismos ilegítimos, de las satrapías políticas y religiosas, en una palabra.

Si se nos permite hacerlo, diríamos que las “condiciones subjetivas” estaban dadas. Solo falta el Mensaje y el Mensajero. Lo demás vendría por añadidura.

Explica esto –en parte- también la asombrosa expansión de la fe islámica, que no podría ser obra de una descomunal algarada de beduinos enloquecidos y camelleros belicosos. Menos aún de una presión demográfica de los “hombres del desierto” arábigo. Pues es de cajón que desierto es sinónimo de despoblación, de escasez humana y biológica.

Basándose en esta genial intuición spengleriana, con una visión más dinámica, flexible, biológica casi, del desarrollo de las ideas como ideas-fuerza, de la lucha de las culturas,  de la sustancial continuidad de un cierto “plasma intelectual” entre las civilizaciones, en oposición al cerrado sistema de relativismo irracional y autosuficiente de la génesis de las culturas propio del autor teutón, el estudioso español lanza por tierra las alucinaciones seudohistóricas del anecdotario decadentista, que habían obligado a cerebros privilegiados –como el propio Ramiro Ledesma- de sincero patriotismo y pensamiento revolucionario genial a  renunciar a la incorporación de la experiencia y de la ciencia históricas de la propia nación para fortalecer el pensamiento teórico nacional.

La historia de España, insondable galimatías, esfinge sin respuesta, nudo gordiano indestructible, laberinto de oprobios, glorias y decadencias obligaba a darle la espalda y recomenzar de cero cualquier proyecto histórico de cambio, la misma Revolución española que siendo un proceso social y político de un tiempo y sociedad determinados difícilmente podía soslayar un estudio de su evolución histórica y de las causas reales si las hubiere de su hipotética decadencia.

Del “Rusia Es Culpable” al “Turquía No Es Europa” (I)

Del “Rusia Es Culpable” al “Turquía No Es Europa” (I)

(Para una crítica del neo-nacionalismo europeo)

 Europa es una vieja puta prostituida en todos los burdeles ideológicos”(F.G. Freda) 

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NdR.- Este documento fue elaborado para la web de RESISTENCIA por Alfonso Beltrán a finales de 2004. Problemas técnicos impidieron en su momento la publicación del mismo, e incluso el propio escrito se dio por desaparecido por el autor. Tres años después, gracias a la labor de algunos camaradas antagonistas ha podido ser recuperado. Lo editaremos –con el permiso del autor- en tres partes. Léase –pues- en el contexto histórico de la fracasada “Euroconstitución” y de la crítica política a un problemático neo-nacionalismo “social-europeísta” que en aquel momento repuntaba.

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LA EUROPA IMAGINARIA

 

El proceso constituyente de la Unión Europea llegó a su término.

Con toda la pompa y circunstancia requerida por el ceremonial civil, burocrático y televisivo, los jefes gubernamentales de turno de los países miembros firmaron y rubricaron el texto definitivo de su “Carta Magna” en el mismo escenario donde se firmara y rubricara también el Tratado de Roma: punto de partida del proyecto político europeo.

Falta ahora el formal trámite plebiscitario con el cual quedará aprobada (sí o sí) la flamante “Constitución” de Eurolandia. Un referéndum que consagre jurídicamente, según los acostumbrados usos y abusos del “Estado de Derecho”, el reparto fáctico de poder entre élites políticas nacionales, intereses corporativos y mundo de los negocios.

De este modo, la “ciudadanía europea”, es decir, la exigua minoría votante y obediente, (objeto social cuantificable, masa/clase/media aritmética, escrutinio bioestadístico contabilidad semoviente y euro-humanidad estándar extrapolable ) aclamará –voto mediante- la hiperbólica “Ley de leyes” de ese régimen oligárquico, tecnocrático y taumatúrgico que ha ido creando ex nihilo durante casi medio siglo una ficción política sin precedentes: la de una “Europa” imaginaria.

Como los niños chicos que inventan en su fantasía infantil un “amigo imaginario”, así los ideólogos de la Euroficción han creado una “Eurolandia feliz” como espacio imaginario libre de conflictos, abierto, tolerante, democrático y pluscuamperfecto.

Cierto es que, como cantan Los Ilegales, “es bueno tener siempre un amigo, aunque sea un amigo imaginario, y no exista...”  Cada uno puede, de tal manera, formar su propia euroutopía pues el “amigo imaginario” jugará siempre con nosotros y a lo que queramos; estará siempre a nuestro lado sin aburrirse ni cansarse y hasta le podremos ganar al parchís.

Pudiera pensarse que, a efectos prácticos, mejor eso que nada. Quizás sea así; y haya que darse con un canto en los dientes. El que no se consuela es porque no quiere...

Concedido. Aceptemos a “Europa” como animal de compañía...

Admitamos entonces la única “Europa” posible: Una ficción político-jurídica dotada de amplia base técno-industrial, total centralización y autonomía financieras, implacable planificación y concentración de capitales, descarado proteccionismo comercial, economía subsidiada y una descomunal burocracia.

Una “Europa del Bienestar” (y de un Tercer y Cuarto Mundos marginados), de la “Calidad de vida” (y de las tasas de suicidios censurados por los mass media), de los “grandes índices macroeconómicos” (y los del paro y precariedad laboral), la “Europa de las Instituciones” (y la de la corrupción, la represión y la de los USA); una “Europa “que no es un “gigante con pies de barro”-pues ya hemos visto que no le faltan “buenas botas”- sino más bien una especie de “diplodocus”: mucho cuerpo, escaso cerebro.

Una Euroficción que sus creadores, planificadores, estrategas y gobernantes proyectan social e ideológicamente como ese “amigo imaginario” que juega o compite –económicamente- con su “otro yo”: el demasiado real “amigo americano”; que éste si que existe y bien que se le nota. Y del que trata a veces (estos niños...) de  “diferenciarse”... imaginariamente, por supuesto.

Los euro-amigos del “amigo americano”, los menos fantasiosos, los más ladinos, consumados aguafiestas, cuando la ocasión lo precisa y el interés propio lo demanda, recuerdan las “deudas” contraídas por la “Vieja Europa” con su Gran Amigo, Socio Mayor, Aliado, Liberador y Cruzado plenipotenciario de todas las Europas posibles y probables, reales o imaginarias.

EL OTOMANO NO ES HERMANO...

 

A las puertas de esta casa común de la fantasía, a este mágico mundo de colores, han llamado y siguen llamando muchos países del entorno inmediato al de los “países-miembros-fundadores”: el núcleo occidental primigenio, el más identificado con los “valores” del sedicente “mundo libre”, verbigracia, el atlantismo militante, la democracia liberal, el mercantilismo y el librecambismo, que no en vano fueron criterios básicos para los primeros acuerdos y tratados “euro-comunitarios”.

Las posteriores integraciones de mercados nacionales y de nuevos países miembros fueron ampliando la base económica y política del primitivo “Mercado Común”, revisando políticas económicas e imponiendo cambios estructurales en el sistema social de los nuevos socios comunitarios hasta conseguir una “homogeneidad” acorde con las necesidades de los Capitales-Estados respectivos en proceso de confluencia y concentración monopolistas.

El Régimen Político Español, tanto en su forma de “Democracia Orgánica” como en su actual de “Democracia parlamentaria”( continuum estatal incuestionable como precisamente el “modélico proceso de transición” demuestra) picó también al postigo comunitario tanto en la etapa desarrollista del franquismo como en los primeros gobiernos juancarlistas, con escaso éxito hasta el año de gracia de 1986, durante la prolongada etapa gubernamental del PSOE.

Pero el caso de Turquía, que solicitó antes incluso que el Estado español su adhesión al “Club Europeo” (son ridículos hasta para definirse) supera con creces otros casos análogos y es hoy el motivo de una desaforada polémica y encendidos debates donde se invocan multitud de razones, argumentos, considerandos y retruécanos de diverso tipo y condición en pro y en contra de la entrada de este país.

Cortinas de humo que a duras penas pueden ocultar –algunos ni se molestan en hacerlo ya- el fondo del problema. A pesar de las fachadas de colorines de la modernidad, hay una realidad oculta llena de cadáveres putrefactos, muertos familiares, fantasmas atávicos, terrores apocalípticos tras las paredes de cartón-piedra de la “Gran Casa Común de la Felicidad” de ese Súper Parque temático internacional llamado Eurolandia.

En efecto: Turquía puede alegar sus razones –mejores o peores-  para la adhesión y la Unión Europea poner los obstáculos –justificados o no- habituales (¿nos hemos olvidado del irritante, inenarrable, interminable, proceso negociador de nuestro país con la Comunidad económica europea?) Pero la realidad aunque negada con diplomacia aflora apenas escarbemos.

 

...Y EUROPA ES UN “CLUB CRISTIANO”

 

El flamante Club europeo quintaesencia de la modernidad, paradigma de los ideales de la Ilustración, de la tolerancia religiosa y de la libertad de conciencia resulta ser –en cuanto se le coloca ante el espejo de sus contradicciones- un puro y duro “club cristiano”.

Pudiera parecer paradójico entonces que la “Convención europea” haya rechazado una mención genérica a las “raíces cristianas” de Europa –tal como pedía la Iglesia romana y otras confesiones- en el texto definitivo de la Euroconstitución, mientras que su “laico” presidente, el inefable Giscard D ´Estaing, negaba la condición “europea” de Turquía desde una  óptica geográfica y cultural. Eufemismo para no alegar una infamante exclusión por razones religiosas.

La negativa a la inclusión del  ex presidente galo e íntimo compadre del “emperateur Bokassa, era pretexto y coartada

El Estado turco es, desde su fundación por Ataturk, un estado militantemente laico, nacionalista y pro-occidental con un poderoso ejército encargado, no solo de velar por la defensa y seguridad nacionales, sino constitucionalmente comisionado para la salvaguarda de ese carácter laico que Kemal imprimió a su movimiento revolucionario y al régimen nacional por él instaurado.

Ciertamente, el gobierno actual está en manos de un partido “islamista” que no ha llevado a cabo -que sepamos-  ninguna reforma política susceptible de transformar sustancialmente el régimen político y las instituciones básicas del Estado. Más que nada porque no podría hacerlo sin ver las calles de Estambul tomadas por los carros de combate de una de las más potentes fuerzas armadas de la OTAN.

Ahora bien. Si Turquía no es “Europa” o no lo es lo bastante para monsieur Giscard y muchos otros doctores de su Euroiglesia: ¿Es al menos “democrático” el sistema político turco?

O mejor aún: ¿Quién, cómo, cuándo y dónde decide qué es “Europa”, abarcando con solo golpe de ojo tantos ángulos y perspectivas como intereses particulares o de grupo, nacionales y transnacionales, ideológicos o religiosos, incluso tuertas miradas llenas de delirios históricos o enfoques sicopatológicos, pueblan el imaginario colectivo occidental? O también ¿cuándo un Estado es democrático, formando parte por ello del selecto “gang”  internacional de los Intocables, de los países de la Champions League mundial, la de aquellos Estados –autoelegidos como portavoces de otra ficción: la “comunidad internacional”- con patente de corso para juzgar y sojuzgar a los demás? 

¿Qué es Europa? ¿Qué es Democracia? ¿Existen realmente? ¿Dónde reside la hipotética “Identidad europea”? ¿Cuál es el sentido del fenómeno europeo?

¿Quo vadis colegas que os arrogáis el derecho a decir y decidir, así porque sí y así porque está de moda, que “Turquía no es Europa”, porque el “mahometano no es tu hermano” y la “Media Luna” no cabe en esa Europa que antaño –casi ayer mismo- era la de los “mercaderes?”

No queréis que “vuestra Europa” sea una “Colonia Yanqui”, pero tampoco un “emirato(sic) islámico”. Realidad actual contra hipótesis medieval. Política contrafáctica. Historia ficción. EuroNeverland.

De la misma manera que tampoco deseabais que fuera una constelación de nuevos satélites de la URRS, con un “Muro de Berlín” dividiéndola. Parecía una opción justa. Parecía...

Hoy no hay muro. Pero sigue habiendo norteamericanos. Con sus bases, su Alianza Atlántica y sus aviones atravesando vuestras tierras, surcando vuestros mares, sobrevolando vuestros cielos, que son nuestros y de todos también, para atacar pueblos y naciones fuera –eso sí- de vuestra “Eurolandia indioeuropea”, esa que no quiere turcos ni moros ni mahometanos, pero que lleva más de medio siglo celebrando la presencia salvadora de los Estados Unidos a los que tanto tiempo lleváis “combatiendo”...

Ya lo dijo el ex presidente Aznar en la presentación de sus memorias políticas: “Los americanos están aquí porque nosotros los llamamos”

Saber –más allá de la historia oficial- quien es esa primera personal del plural que nos metió al enemigo en casa y en que fuerzas se apoyó para hacerlo, y quienes siguen siendo hoy todavía –aparte de los gobiernos europeos en pleno- sus más fieles servidores, incluso cuando invocan un antiamericanismo ramplón, sería el mayor servicio a la verdad y a la causa de una Europa real no imaginaria.

UN PATRIOTISMO APÓCRIFO

 

Obviamente, a una Euroficción, a una Europa imaginaria, le corresponde por tradición, costumbre y entropía un patriotismo del mismo género: ficticio, ilusorio, ridículo y acrítico.

Pocas dudas existen de quien va a representar el papel de “tonto útil” en esta tragicomedia de alucinación colectiva centrada en la, o las “Identidades imaginarias” de una Unión de Estados-Nacionales y de Capitales-Transnacionales que se mantiene viva y pujante merced a un complejo sistema de equilibrios oligárquicos.

Equilibrios de toda clase y condición que reproducen a escala continental los propios de cada país, amén de los nuevos cabildeos made in Bruselas, a la vez que generan constantes desequilibrios sociales que solo un statu quo semisecreto, presupuestívoro e indecente –del que la “Euroconstitución” es una expresión más- en revisión permanente consigue a duras penas reequilibrar a cargo del contribuyente, de los países nuevos miembros o mediante esotéricos artificios financieros.

Pero hay evidencias fácilmente percibidas por el común de los mortales, incluso para los  “ciudadanos europeos”.

Ser europeo “mola mazo”, nadie lo duda. Pero si es solo esto –y no parece que sea mucho más- tampoco es como para tirar tracas y marear la perdiz de la “Europa Unida”, nueva potencia mundial y espejo de virtudes morales, cívicas, humanas y conyugales.

Nadie va a luchar, vencer o morir por el festival de Eurovisión. Ni contar de memoria las estrellitas amarillas de la bandera azul-unicef mientras canta con traducción múltiple el Himno de Eurolandia versión Beethoven-Miguel Ríos.

Resulta para todo quisque meridiana la naturaleza esencial del régimen europeo y su carácter típicamente burgués. La Democracia de Mercado, el Capitalismo sistemático, en régimen encubierto de monopolios y concentración de capitales, de Polo geoeconómico  hegemonista, de naturaleza imperialista y fuerte instinto neocolonial.

La Unión Europea de Multinacionales es una Usurocracia demo-liberal con una soberanía única, totalitaria, despótica y monetaria  con sede central en Frankfurt.

Con un liderazgo mundial basado en la explotación de empresas delocalizadas e inversiones internacionales de bajo coste y alta rentabilidad. Ingente aparato administrativo tecnoburocrático con sede en Bruselas

Lugar común sigue siendo aquello de que “el dinero no tiene patria”. O que “pecunia non olet”.

Pero es un hecho también de que algunas “patrias”– si no todas-  no carecen del poderoso caballero. Y que –en periodos críticos- el capitalismo deja de ser “cosmopolita” para muchos de sus críticos hasta adquirir una coloración que coincide vagamente con la de la “Nación”, el “Pueblo” y su “Identidad”.

Entonces, el Dinero, el Capital, las Empresas, la Banca, la Bolsa, el Mercado, dejan de ser materias económicas, de privilegio, sin patria ni fronteras, en sí mismas semejantes al líquido elemento: incoloro, inodoro e insípido.

El Nacional-Capitalismo empieza a sufrir una extraña transformación químico-identitaria..

 Se viste con los colores de la Bandera de elección. Adquiere el gusto, el “sabor” de nuestra Tierra y nuestro Pueblo. Y empieza a oler. Mejor, apesta, atufa, hiede a Patria europea reinventada llena de identidad, de cultura, de civilización.

Es el tiempo de los “patriotas”. De los falsos patriotas, entiéndase bien.

Al menos eso piensan los profesionales del nacionalismo genérico. Los madrugadores de la Gran Europa que quieren hacer realidad avant-la-letre su sempiterna arrogancia retórica: es decir, no seguir siendo “los últimos de ayer, sino los primeros de mañana”.

Pero nos barruntamos que los nuevos ganapanes de la “euroidentidad” seguirán siendo los últimos mañana y de pasado mañana. Al tiempo...

Persuadidos de que quizás la “Euroficción” les ofrezca más rentabilidad política, valoración personal y fuentes de ingresos que el viejo nacionalismo de los “Estados Nacionales” donde prácticamente “todo el pescado está ya vendido” apuestan por hacer el “trabajo de calle” que se espera de ellos; defendiendo, en esta ocasión, a la preNación Europea amenazada en su protoIdentidad y en su misma preExistencia por el enemigo interior, y eterno, el Islam, introducido a través de la Inmigración alógena y selvática.

“¡Turquía No es Europa””

Ya tardaban...

Sí, en efecto, son ellos: los de siempre. Los patriotas de lo que sea. Los mercenarios de las “identidades” tutifruti. Los viejos gladiadores del neofascismo atlántico. Los nuevos divisionarios de la guerra étnica: los Eurosionistas extraparlamentarios, los “Identitarios” pret-a-porter sin otra Identidad que la que el Poder les permite.

Ese Poder, a cuya sombra se agitan, hozan y babean, que de vez en cuando condescendiente, con desprecio e indiferencia, con la rutinaria certeza de tener que soportarlos de nuevo hasta el momento en que, el club de amigos de las Fuerzas de seguridad, los “Arios de la Benemérita” y los Identitarios de  la Europol vuelvan a ser prescindibles. “Cabeza de Turco” –nunca peor dicho- sacrificable del sistema.......

Lo suyo es ahora, dicen, otro “patriotismo” un “patriotismo de civilización”.

De una supuesta “civilización europea”, visible –para sus gafas de madera- a poco que te fijes, en la cultura neolítica o por allá cerca más o menos.

Tan evidente como para los cronistas de la Derecha constitucional del Nacional-Aznarismo lo es la “proto-españolidad” de los cavernícolas de Atapuerca.

 (continuará)

John Bolton, la estrella del último curso de la FAES, da un plazo de seis meses a la guerra con Irán

John Bolton, la estrella del último curso de la FAES, da un plazo de seis meses a la guerra con Irán

 por Yusuf Fernández

John Bolton y José María Aznar
John Bolton y José María Aznar
Recientemente, el extremista neocon John Bolton, antiguo embajador norteamericano en las Naciones Unidas y estrella invitada en el último curso de verano de la FAES, ha provocado un escándalo al afirmar que “espera” que “en el plazo de seis meses” estalle una guerra entre EEUU e Irán. En las últimas semanas, Washington ha estado incrementando sus ataques contra Irán, debido sobre todo a la frustración causada por la negativa de la mayor parte de la comunidad internacional a secundar las sanciones unilaterales estadounidenses contra Irán. EEUU quiere que Irán detenga su proceso de enriquecimiento de uranio, que, según Irán, resulta necesario para la producción de energía eléctrica en sus instalaciones nucleares, pero que, según el gobierno norteamericano, podría ser utilizado para la fabricación de armas nucleares. Por supuesto, Washington no aporta ninguna prueba que apoye tales alegaciones. 

Los neocon estadounidenses han comenzado a buscar pretextos, al igual que sucedió con las inexistentes armas de destrucción masiva en el caso de Iraq, para provocar otra guerra con Irán, que posee las segundas reservas de petróleo del mundo y es también uno de los principales productores mundiales de gas natural. El control de estas reservas daría a EEUU una considerable ventaja frente a sus rivales y competidores europeos y también frente a China, que ve a Irán como una fuente segura e independiente de suministro energético. De este modo, Washington ha comenzado ahora a acusar a Irán de suministrar un apoyo a la insurgencia de Iraq que lucha contra la presencia de las tropas estadounidenses. Sin embargo, otras fuentes, como el general norteamericano Peter Pace o un reciente Informe Nacional de Inteligencia, han señalado que no existen evidencias de que Irán esté suministrando ayuda militar o explosivos a la insurgencia iraquí.

Según el sitio web thinkprogress.org, Bolton manifestó a la cadena derechista Fox News que “esperaba” que las informaciones proporcionadas por un antiguo operario de la CIA, Bob Baer, a la misma cadena, según las cuales EEUU podría atacar Irán “dentro de un plazo de seis meses” sean verdad. Él añadió que “Irán se está interfiriendo en Iraq y supone una amenaza directa para nuestras tropas.” Bolton se unió así a los llamamientos en favor de una guerra contra Irán realizados por otros destacados neocon como Bill Kristol y Michael Rubin. Estos círculos están hallando, sin embargo, fuertes resistencias en EEUU y Europa, donde muchos expertos señalan que las negociaciones son el único camino para hallar una solución al tema del programa nuclear iraní, ya que un ataque contra Irán, un país que posee 70 millones de habitantes -en comparación con los 22 de Iraq- y es cinco veces más grande que su vecino árabe, sería una locura, especialmente en un momento en el que el ejército norteamericano está sobreextendido hasta el límite y empantanado en Iraq y Afganistán. Las consecuencias para el diálogo de civilizaciones y la economía mundial, especialmente en lo que se refiere a los precios del petróleo y el gas, serían también devastadoras.

Gran acusador 

En realidad, las afirmaciones de Bolton casan bien con su personalidad. Durante el tiempo en que ocupó el cargo de subsecretario de Estado para el Control de Armas, se dedicó a acusar a varios estados, incluyendo Iraq, Irán, Cuba y Siria, de querer producir armas de destrucción masiva – una acusación además extraña viniendo del país que posee los mayores stocks de este tipo de armas en el mundo. Cuando él acusó públicamente a Cuba de estar desarrollando un programa de armas biológicas, el propio Jimmy Carter salió públicamente a la palestra para desmentir, en su calidad de antiguo presidente del país, la veracidad de tales acusaciones. Este extremismo de Bolton llevó a que el Congreso de EEUU se negara a ratificar su nombramiento como embajador en la ONU. Cuando los demócratas ganaron las elecciones parciales del pasado año, Bolton optó por dimitir.

Estrella de la FAES 

Resulta, pues, significativo que la FAES de Aznar haya invitado este año a Bolton a participar en su curso de verano, al igual que ha hecho en los años pasados con otros conocidos defensores y promotores de la guerra de Iraq, como es el caso de Richard Perle, un neocon conocido con el apodo de “el príncipe de las tinieblas” en EEUU por su defensa de la guerra de Iraq y su oposición a las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos. Estas amistades peligrosas revelan que la FAES constituye hoy por hoy un foco de difusión del pensamiento neocon en España. La presencia de altos cargos del PP en sus cursos y foros plantea también la incógnita de si estos dirigentes estarían dispuestos, al igual que sucedió en el caso de Iraq, a empujar a España a nuevas aventuras militares que supondrían una gravísima amenaza para la paz y la seguridad en todo el mundo.

(Yusuf Fernandez es director de Webislam)

"¿Por qué los Estados Unidos no pueden atacar a Irán?"

"¿Por qué los Estados Unidos no pueden atacar a Irán?"

 Maximiliano Sbarbi Osuna. Fuente: Rebelión

La estrecha relación que Irán tejió con potencias regionales, como Rusia, China y Turquía, sumada al papel importante que va a desempeñar para los intereses europeos, aleja cada vez más la posibilidad de que Occidente considere a Teherán como un objetivo bélico.

El resurgimiento de las milicias talibanes en Afganistán y en Pakistán sumado a los problemas crecientes de seguridad en Irak, son dos factores claves que alejan la posibilidad de un ataque norteamericano a Irán. A este escenario hay que agregarle que la República Islámica cada vez está menos aislada del contexto político y económico regional e internacional.

Mucho se ha escrito en los últimos cuatro años sobre la inminencia de una invasión o de un ataque aéreo a Teherán, apoyado por Washington y Londres, debido a las enormes diferencias que mantienen desde la Revolución de 1979. Sin embargo, muchos analistas atribuyeron la dilación del plan bélico a que Irán, país rico en petróleo, podría dejar de bombear crudo hacia occidente y bloquear la salida de buques de otros estados del Golfo Pérsico que exportan hidrocarburos, lo que provocaría una grave crisis económica mundial.

Esta observación no es del todo completa, ya que la economía de Teherán depende en gran parte de las compras de combustible por parte de las potencias. El principal factor que impide un ataque a Irán es que el régimen de Irán no está tan solo como se piensa.

Relación con Rusia

Moscú es uno de los principales aliados de Teherán sin importarle cuál sea la línea ideológica del gobierno. Lo era con el moderado Mohamed Jatami y lo es con el conservador Mahmud Ahmadinejad.

Rusia no sólo veta todas las resoluciones contrarias a Irán en el Consejo de Seguridad de la ONU, sino que es un inversor directo del programa nuclear iraní. Además, saca provecho de la cuantiosa venta de armas, entre las que se destacan los misiles S-300 para defender las instalaciones nucleares.

Además, Rusia utiliza en su provecho la situación de enfrentamiento de Estados Unidos con Teherán, ya que la influencia regional iraní es un freno a la temida expansión de la OTAN en Eurasia.

Relación con China

La rápida expansión industrial de Pekín demanda cada vez más cantidad de hidrocarburos, que China no posee y que debe importar en su mayoría de Irán. A su vez, Teherán junto con Pakistán son los dos principales compradores de armas chinas.

Tal como sucede con Rusia, China es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y ha frustrado toda resolución contraria a Irán propuesta por Occidente.

Relación con el espacio postsoviético

Sin duda, los dos ex países soviéticos más cercanos a Irán son Armenia y Turkmenistán. Con el primero mantiene una fluida relación energética, ya que este año se inauguró un gasoducto que reduce la dependencia armenia del gas ruso. Con respecto a su vecino del norte, Turkmenistán, Irán se beneficia de lo depreciado que se encuentra el gas turkmeno.

Sin embargo, Teherán mantiene excelentes relaciones diplomáticas con ex estados soviéticos muy cercanos a Estados Unidos: Georgia, Kazajstán y Azerbaiyán.

El gobierno de Georgia anunció en diciembre de 2006 que va a importar gas iraní si continúan los constantes sabotajes rusos al sistema de gas georgiano. A su vez, Kazajstán tiene planeado tender un oleoducto para suministrar combustible a las industrias iraníes. Y por último Azerbaiyán tiene importantes acuerdos comerciales con su vecino del sur y ha propuesto que el problema nuclear de Irán sea tratado exclusivamente dentro del marco legal de la ONU, rechazando la posibilidad de una invasión unilateral norteamericana.

Además, Irán participa cada vez más activamente como miembro – por ahora observador – del Grupo de Shanghai, asociación política-económica-militar entre Rusia, China y los países de Asia Central, la cuál contrapone la influencia de la OTAN en el Mar Caspio.

Relación con Europa

La oposición europea al programa nuclear iraní no tiene tanta relación con la posibilidad de que éste sea utilizado para agredir a Israel o a aliados norteamericanos en Europa del Este, sino que constituye un modo de coerción para que los mismos estados europeos puedan formar parte del lucrativo desarrollo nuclear de Irán, con la excusa de que controlan que no se desvíe material para la construcción de armas.

Europa considera de alta importancia la relación energética con Irán. En primer lugar cada vez está más cerca de la construcción del gasoducto Nabucco Este proyecto crea una fisura entre los intereses norteamericanos de aislar a Irán con los deseos europeos de reducir su dependencia del gas ruso. El proyecto Nabucco busca extraer el gas de Azerbaiyán para ser transportado a través de Georgia, Turquía, Bulgaria, Rumania, Hungría y Austria. Existen avanzadas negociaciones para sumar a Irán a este proyecto, precisamente este es el punto álgido entre Europa y Washington. Su extensión sería de 3000 kilómetros y estaría finalizado en 2011.

Además, en julio de 2007 el presidente Ahmadinejad firmó con Turquía la construcción de un gasoducto que va a transportar el gas turkmeno hacia Europa. Así, Bruselas reduce la dependencia gasífera de Rusia y apuesta a un tendido de redes de hidrocarburos menos costoso que si atravesara el Mar Caspio desde Turkmenistán.

Relación con Turquía

Más allá de los negocios de transporte de gas y petróleo compartidos, Irán participa con Turquía de una política común de contención de kurdos independentistas. El Kurdistán es la nación más numerosa del mundo que no cuenta con un estado propio.

El gobierno de Turquía planea periódicamente junto con Irán bombardeos a aldeas kurdas, donde supuestamente se refugian soldados de milicias independentistas de esta nación.

Relación con Afganistán

El presidente afgano Hamid Karzai, es un cercano aliado de EE.UU. en la lucha contra el terrorismo. Pero, la semana pasada en su visita a Washington, Karzai dijo que Irán ayudaba y no entorpecía la reconstrucción de Afganistán.

Las raíces históricas entre estos dos pueblos se hallan por encima de cualquier desacuerdo político entre los gobiernos. Existen alrededor de un millón de obreros afganos trabajando en Irán y más de 300 empresas iraníes operan en Afganistán.

Influencia en Irak

A pesar de que Irán niegue su participación en la insurgencia iraquí, Teherán ejerce una enorme influencia en la población chiíta iraquí. Algunos líderes religiosos chiítas iraquíes se han formado en Irán.

Además, Irán presiona a Estados Unidos a través de la comunidad chiíta iraquí a la cuál influencia.

Ahmadinejad comparte con Bush el mismo objetivo de un Irak pacífico, pero las influencias iraníes actúan a favor de que la comunidad chiíta domine por completo el panorama político por sobre los sunnitas y los kurdos. En cambio, Washington busca que la participación multisectorial iraquí devuelva la calma que permita seguir invirtiendo en el sector petrolero y de servicios públicos del país árabe.

Otro objetivo común que mantiene EE.UU. con Irán es la erradicación de la presencia de Al Qaeda en Irak, ya que esta agrupación extremista lucha por establecer el islamismo sunnita.

El tema más candente entre Teherán y Washington gira en torno a la supuesta provisión de armas por parte de Irán a las milicias insurgentes iraquíes. No existen pruebas concretas de que esto suceda a pesar de que se hayan encontrado armas iraníes entre las milicias anti norteamericanas.

Conclusión

Estados Unidos va a seguir apostando al descrédito internacional de Irán y a una implosión política basada en la falta de libertades y el descontento social, que provoque la caída del régimen religioso y que lo sustituya por uno pro occidental.

Actualmente, los vetos rusos y chinos a las resoluciones del Consejo de Seguridad han frenado todas las iniciativas anti iraníes. También, hay que agregar que EE.UU. cuenta con el apoyo de pocos países para un ataque, pero cabe recordar que en marzo de 2003 muy pocos estados apoyaron la invasión a Irak y sin embargo ésta se produjo y la fuerza ocupante contaba con soldados de decenas de países.

A pesar de este dato, Irán no es un país débil, no sufrió el desgaste que sobrellevó Irak entre 1991 y 2003 por las sanciones económicas, y ha estrechado lazos muy fuertes con potencias regionales que siguen apoyando al país, con una visión estratégica, sin importar quién lo gobierne.

   

LA ESCUELA DE MISTICA FASCISTA por Antonello Patrizi*

LA ESCUELA DE MISTICA FASCISTA por Antonello Patrizi*

 

* (del Instituto Siciliano de Estudios Políticos de Palermo, ISSPE)

 En los primeros días de abril de 1930 Niccolò Giani funda en Milán, junto a un grupo de jóvenes mayoritariamente universitarios, la Escuela de Mística Fascista:  “Para la gran mayoría de nuestros compañeros –escribía Giani- nuestra revolución era contemplada con relación a sus logros concretos, el aspecto profundamente espiritual del fascismo se les escapaba en todo o casi. Frente a tal petrificación de nuestra revolución nos levantamos” (1)

La Escuela (que se autotituló Sandro Itálico Mussolini hijo de Arnaldo Mussolini prematuramente desaparecido) se proponía “difundir mediante conferencias y publicaciones, los principios conformadores de la Mística Fascista y su realización especifica” (2).“No busquéis más allá –escribía Giani director de la Escuela hasta 1941- mirad el fascismo, preparaos para conocerlo y lo amareis, estudiadlo y se convertirá en vuestra idea. No será para vosotros una cadena sino un vínculo de amor que enlace con un estadio más grande para la humanidad. Será para vosotros y para todos la aurora de un nuevo día”.(3)

La actividad de los jóvenes místicos se centraba en reuniones públicas, abiertas a todos “puesto que –afirmaban- el Fascismo es apostolado al que todos pueden acercarse con corazón sincero para sentir la belleza y tomar conciencia de la altura de la misión que la providencia  ha confiado al Duce”(4). Inspirador del grupo de jóvenes de la Mística fue Arnaldo Mussolini (5) que con el discurso Conciencia y deber, pronunciado durante la inauguración del tercer año de la escuela, suministró a los jóvenes místicos lo que consideraron su manifiesto ético-político, “el espíritu que os anima –había afirmado Arnaldo Mussolini- está en perfecta sintonía con el transcurrir del tiempo que no conoce barreras ni límites críticos; Mística constituye una llamada a una tradición ideal que revive transformada  y recreada dentro de vuestro programa de jóvenes fascistas renovadores. [...] Para nosotros el problema de los jóvenes es una cuestión de formación sólida del carácter y para vosotros los jóvenes se resume en la indisoluble unidad de este binomio: conciencia y deber. [...] El mañana debe ser mejor que el hoy. En una palabra, vosotros debéis ser mejores que nosotros. No me disgusta ver en vosotros a jueces severos e intransigentes con cosas y personas. [...] Las cuestiones de estilo incluso en asuntos menores deben tener para vosotros una importancia singular, esencial. Todo joven fascista debe sentir el orgullo de su juventud unida al sentido de sus propios límites [...] cualquier mácula en el estilo, estará siempre fuera del espíritu y fuera de los hábitos fascistas. Las miserias no son dignas del siglo veinte. No son dignas del Fascismo. Nos son dignas de vosotros”.(6)

El culto al Duce, como fundador y máximo intérprete del fascismo y de su misión histórica, se colocó en el centro de la actividad de las Escuela de Mística Fascista. “Toda auténtica revolución mundial –escribía Giani- tiene su mística, que es su arca santa, es decir el conjunto de ideas-fuerza que están destina a desplegarse y actuar sobre el subconsciente de los hombres. La Escuela ha surgido precisamente para extraer del núcleo del pensamiento y de la acción del Duce estas ideas-fuerza. La fuente, la única, exclusiva fuente de la mística es de hecho Mussolini, solamente Mussolini. ¿Es que acaso ignorando o no conociendo a fondo el pensamiento del Duce se puede afirmar que se es fascista? Nosotros decimos que no. Que  el fascismo no es instinto sino educación y por ello es conocimiento de su mística, que es conocimiento de Mussolini”(7) En el estudio de Mussolini, único y auténtico “evangelio del fascismo”, los jóvenes de la mística encontraban todas las respuestas, “solo Su palabra puede dar respuesta exacta y perfecta a nuestras dudas, puede aplacar nuestras ansias, puede disipar nuestras dudas. He aquí por qué razón Sus actos y Sus discursos deben ser nuestro viático cotidiano, nuestro breviario de cada día, la respuesta rápida a todas nuestras angustias secretas. He aquí por qué los jóvenes debemos tenerlo siempre cerca y estudiarlo con amor, conocerlo sin lagunas, profundizando en él sin descanso. [...] Dudas y pesimismo, miedos e incertidumbres desaparecen cuando se abre la página correcta y se lee el pensamiento preciso del jefe. Esta alegría y esta riqueza deben ser generales: es lo que queremos; y para ello debemos lograr la exposición orgánica de todo Su Pensamiento y de toda Su Acción”(8).

La fe se consideraba por los “místicos” como uno de los principales valores de la militancia política, Giani “fue sobre todo un creyente y un intransigente.. Algunos podrían denominarlo un fanático [...]. Su espíritu se rebelaba contra cualquier forma de compromiso; en el terreno de la fe no admitía componendas; lo bello, lo bueno, lo verdadero están a un lado de la trinchera; en el otro lado lo feo, el mal, la mezquindad”.(9) Los jóvenes de la mística se sentían parte de una orden religiosa, de hecho en la consigna dada a la Escuela por Mussolini había dicho de ellos: “La mística es más que partido orden. Quien forma parte de ella debe estar dotado de un gran fe. El fascismo debe tener sus misioneros, es decir que sepan persuadir de la intransigencia de la fe. Es la fe la que mueve –literalmente- las montañas. Esta podría ser vuestra consigna.”(10).

Fueron frecuentes los llamamientos desde la Escuela para combatir el espíritu burgués en todas sus formas: “rechazamos –escribía Giani- con todas nuestras fuerzas a aquellos que querrían sofrenar la Revolución  reduciéndola a diligente y disciplinado guardián de sus pequeñas o grandes, pero siempre miserables, fortunas, olvidando que al Fascismo hay que servirle y no servirse de él [...] Señalemos a los temerosos, a los remolones, a todos los que en la revolución han visto y continúan viendo solamente al carabinero que debe garantizar su respetuosa tranquilidad doméstica”.(11)

Tenía –según Daniele Marchesini- “una actitud intolerante ante todo cuanto no fuese fanáticamente ortodoxo y se opusiera a la realización de un fascismo revolucionario. Mantenía [...] una polémica llevada con sinceridad, honestidad y buena fe contra el “arribismo”  y el “conformismo”, contra una jerarquía esclerotizada por la burocrática mentalidad de las media tintas” (12). Los jóvenes de la mística  debían formar a los hombres, a los hombres nuevos, a los italianos de Mussolini, “solo cuando un valor –escribía Giani- o un principio se hace connatural hasta el punto de convertirse exigencia irrevocable, o sea estilo, es históricamente operativo. Y el estilo, solamente el estilo es revelador de la capacidad de los hombres nuevos y el estilo distingue realmente al fascista”(13).  La mística debía representar no una “concepción cultural”, sino de un modo de vivir fascista, “no quiere suministrar cultura, ni doctrinarismo, sino que ellas es y quiere ser maestra de vida: que todo vuelve a los hombres, ha dicho Mussolini” (14).

“Somos de los místicos –afirmaba Giani en el Encuentro nacional organizado por la Escuela en 1940 sobre el tema “Por qué somos de los místicos”-  porque somos de los intransigentes, de los sectarios, si tal cosa puede decirse, del Fascismo, partisanos

por antonomasia y por ello mismo, para el burgués clásico, también absurdos [...] por lo demás en lo imposible y en lo absurdo solamente no creen los espíritus mediocres. Pero cuando existe la fe y la voluntad, nada es absurdo [...] La historia es y será siempre un absurdo: el absurdo del espíritu y de la voluntad que somete y vence a la materia: es decir la mística. Fascismo igual a Espíritu, igual a Mística, igual a Combate, igual a Victoria, porque creer no se puede si no se es místico, combatir no se puede si no se cree, avanzar y vencer no se puede si no se combate”(15)

El estallido de la guerra representó para los jóvenes de la Escuela el banco de pruebas de su capacitación, “una revolución –había escrito F. Mezzasoma vicedirector de la Escuela- que quiera mantenerse y perpetuarse en el tiempo tiene necesidad de poner a prueba  bajo el fuego de la guerra la idea de la cual ha surgido y por la cual combate” (16). En la primavera de 1943 serán 16 los caídos (cinco las Medallas de oro) de la Escuela.Niccolò Giani cayó en Albania el 14 de marzo de 1941. Se le confirió la Medalla de Oro al Valor Militar a título póstumo por los siguientes motivos: “Voluntariamente, como ya había hecho otras veces, asumió el mando de una dura patrulla de asalto, a la cual se le había confiado una misión arriesgada. Combatiendo contra fuerzas superiores en numero, con gran coraje las atacó usando bombas de mano, haciendo prisionero a un oficial. Rodeado, dispuso con soberbia calma y decisión a sus hombres para resistir. Falto ya de municiones, se lanzó contra el enemigo a la cabeza de los escasos supervivientes, a bayoneta calada, para no ser capturados. Mientras que en pie lanzaba su última granada y arengaba a los arditi con su heroico ejemplo, al grito ¡Adelante Bolzano, Viva Italia! , cayó herido de muerte. Magnifico ejemplo de sentido del deber, de excelso valor y amor patrio.”(17) Su muerte fue coherente con el ideal de una vida entendida como sacrificio y heroísmo, era el retorno de la enseñanza de Arnaldo: “ Ser siempre entusiastas, jóvenes, lleno el espíritu de alegría, alegres de combatir y alegres  de morir, para dar a este mundo que nos rodea la forma de nuestros sueños y de nuestros ideales”(18).  

NOTAS:

(1) Libro e moschetto, 20 marzo 1930.

(2) D. Marchesini, La Scuola dei gerarchi, Feltrinelli, Milano 1976.

(3) N. Giani, Aver coraggio, Dottrina fascista, settembre 1937.

(4) ACS, Segr. part. Duce, carteggio ord. N. Giani, 509017, fasc. SMF, programma della Scuola per l’ anno XI.

(5) Cfr. M.Ingrassia, L’idea di Fascismo in Arnaldo Mussolini, ISSPE, Palermo 1998.

(6) A. Mussolini, Coscienza e dovere, in Il Popolo d’ Italia, 1 dicembre 1931.

(7) Generazioni di Mussolini sul piano dell’ impero, estratto dalla rivista Tempo di Mussolini, n. 2 1937.

(8) idem.

(9) F. Mezzasoma, Niccolò Giani discepolo di Arnaldo, in Dottrina fascista, luglio 1941.

(10) D. Marchesini, La Scuola dei gerarchi, cit.

(11) N. Giani, Aver coraggio, cit.

(12) D. Marchesini, Un episodio della politica culturale del regime: la Scuola di Mistica Fascista, in Rivista di Storia Contemporanea, n. 1 1974.

(13) N. Giani, La mística come dottrina del fascismo, in Dottrina fascista, aprile 1938.

(14) Idem.

(15) N. Giani, Perché siamo dei mistici, in Dottrina fascista, gennaio-marzo 1940.

(16) F. Mezzasoma, Il cittadino della nuova Italia, in Dottrina fascista, febbraio-marzo 1942.

(17) ACS, Segr. part. Duce, carteggio ord., N. Giani, busta 985, fasc. 509017/2, segreteria politica del PNF.

(18) A. Mussolini - F. Belfiori - L. Gagliardi, Arnaldo: la rivoluzione restauratrice, Settimo Sigillo, Roma 1985.

(Trad. A. Beltrán)