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"EL CINISMO SIONISTA Y LA HIPOCRESÍA OCCIDENTAL AL DESCUBIERTO"

"EL CINISMO SIONISTA Y LA HIPOCRESÍA OCCIDENTAL AL DESCUBIERTO"

Israel ofreció cabezas nucleares a la Suráfrica del apartheid

Minutas de las reuniones celebradas por altos dirigentes de ambos países en 1975 indican, según informa hoy el diario británico The Guardian, que el ministro surafricano de defensa, Pieter Willem Botha, solicitó las bombas y su homólogo israelí Simon Peres, hoy presidente de Israel, se las ofreció "en tres tamaños".

Ambos políticos firmaron asimismo un amplio acuerdo que incluía una cláusula por el que se declaraba secreta la propia existencia de ese comprometedor documento.

El documento, descubierto por el académico estadounidense Sasha Polakow-Suransky mientras preparaba un libro en torno a la estrecha relación entre los dos países, prueba que Israel dispone del arma atómica pese a su política de "ambigüedad" por la que ni lo niega ni lo confirma.

Según The Guardian, las autoridades israelíes trataron de impedir que el Gobierno surafricano post-apartheid desclasificara el documento a solicitud de Polakow-Suransky.

Esa revelación cobra especial importancia esta semana en la que las conversaciones sobre no proliferación nuclear que se celebran en Nueva York se centran en la situación en Oriente Medio.

También echa por tierra la pretensión israelí de presentarse como un país "responsable" que en ningún caso abusaría de sus bombas nucleares, a diferencia de otros como el actual Irán.

Polakow-Suranksy ha dedicado al tema un libro titulado "The Unspoken Alliance: Israel’s secrety alliance with apartheid South Africa", que se publica esta semana en Estados Unidos.

Según el autor, entre las personas que asistieron a aquella reunión el 31 de marzo de 1975 estaba el jefe del Estado mayor surafricano, el teniente general RF Armstrong.

Éste elaboró inmediatamente un memorándum que señalaba los beneficios que supondría para el país la obtención de los misiles Jericó armados con cabezas nucleares.

Poco más de dos semanas más tarde, el 4 de junio, Peres y Botha mantuvieron una reunión en Zúrich en la que se trató del proyecto Jericó, rebautizado Chalet.

Las minutas secretas de esa segunda reunión señalan que "el ministro Botha expresó su interés en un número limitado de unidades de Chalet siempre y cuando estuviese disponible la carga correcta".

Y sigue el documento: "El ministro Perez explicó que la carga correcta estaba disponible en tres tamaños. El ministro Botha expresó su gratitud y dijo que pediría consejo".

Según el periódico, la expresión "tres tamaños" se refiere supuestamente a los tres tipos de armas: convencionales, químicas y nucleares.

Israel no había recurrido al eufemismo, "carga correcta" para referirse a armas convencionales y refleja la sensitividad israelí en todo lo relativo a sus armas nucleares.

Eso sólo puede referirse a armas nucleares ya que el memorándum del teniente general surafricano Armstrong deja perfectamente claro que Suráfrica estaba interesada en los misiles Jericó sólo para transportar armas nucleares.

El acuerdo no llegó a firmarse finalmente en parte por el costo que suponía. Además, habría necesitado la aprobación final del primer ministro israelí, lo que no era del todo seguro, escribe The Guardian.

Suáfrica llegó a fabricar sus propias armas atómicas, posiblemente con ayuda israelí, pero la colaboración entre ambos países en materia de tecnología militar se intensificó a lo largo de los años.

Suráfrica suministro a Israel buena parte del uranio que este país necesitaba para desarrollar sus armas nucleares.

Los documentos confirman la versión del ex jefe naval surafricano Dieter Gerhard, encarcelado en 1983 por espiar a favor de la Unión Soviética.

Tras su liberación, Gerhard dijo que existía un acuerdo entre Israel y Suráfrica bautizado Chalet consistente en una oferta por el Estado judío de armar ocho misiles tipo Jericó con "ojivas especiales", término que, según aquél, se refería a las nucleares.

ASI ESTA EL PATIO

ASI ESTA EL PATIO

Veo en las noticias que Zapatero ha recibido una llamada de Obama exigiéndole recortes en todos los sectores públicos de nuestro país.Parece ser que muchos fondos de pensiones privados de Estados Unidos,tienen inversiones en nuestra economía,y tal y como va la cosa temen perder sus ahorros.

Zapatero toma nota y anuncia tijeretazos a funcionarios y pensionistas para intentar sanear el déficit público.Rajoy desde la oposición pide más.

Me interrogo que hubiera pasado si hubiéramos conservado nuestra siderurgia,nuestros astilleros o nuestra pesca,y una digna soberanía monetaria,frente a los que nos metieron en la Unión Europea por la puerta de atrás,y engañaron al pueblo español con el Euro,hundiendo un sano y posible nivel de vida. 

Según informa la prensa estos dias,Garzón va a ser nombrado asesor jurídico de Evo Morales.Independientemente de la opinión que nos merezca este señor y sus actuaciones en España y fuera de ella,espero y deseo que le vaya bien por ahí,y,si se dice tan socialista,ayuda a la nación hermana en su lucha para escapar del yugo del Nuevo Orden Mundial.Veremos su actuación allí.

Leo en los periódicos que Marruecos vuelve a reclamarnos Ceuta y Melilla.Reflexiono desde un patriotismo revolucionario y antiimperialista,y me pregunto si no sería justo devolver estos enclaves al vecino alauíta repatriando a todos los españoles que quieran seguir siéndolo a nuestro país.

Si legítima es la exigencia de que nos devuelvan Gibraltar a nuestra Patria,deberíamos pensar en qué pensará un patriota marroquí sobre nuestras plazas africanas. Creo que en su tiempo ya lo pensó así el General Primo de Rivera durante su dictadura.

El partido Jobbik húngaro,tercera fuerza política en las últimas elecciones generales celebradas allí,se declara "no antisionista,de centro,nacionalista,conservador y cristiano",y llama imbéciles a los que llevan esvásticas o símbolos nazis tatuados...¿para cuándo la visita de su presidente a Israel?,me pregunto.

En Bucarest se realiza esta semana una manifestación espontánea de varios miles de ancianos contra los recortes auspiciados por el FMI para su economía:recortes del 15% en pensiones y prestaciones por desempleo,del 25% en nóminas,etc.Espero que pronto en España nuestros abuelos salgan del casino y tomen las calles.Contamos con ellos tambien. 

Un cineasta iraní encarcelado en su país,Jahar Panahi,se pone en huelga de hambre y protesta internacionalmente porque sufre "malos tratos sicológicos" en prisión,además de "filmar videos en su celda"(¿Y tiene cámara y todo en prisión?).Spielberg,Scorsese y De Niro ya han firmado un manifiesto reclamando su liberación.Seguro que estos directores de cine especialistas en ciencia-ficción y mafias varias,no hacen ascos a un ataque de su amado presidente a Irán por "la libertad y los derechos humanos"...

Un escritor argentino,Abel Basti,acaba de editar un libro,"El exilio de Hitler en Argentina",donde se afirma que el Fuhrer huyó del Búnker berlinés y se refugió en el país andino protegido por la CIA a cambio de oro y secretos nucleares nazis. No entiendo muy bien como puede ser eso cierto estando el ubicuo Mossad tras su pista y siendo visto por tanta gente en la Patagonia.¿Seguirá vivo con 121 años?

Vivir para ver. 

FRENTE AL CAPITALISMO: ¡UNIDAD Y RESISTENCIA!

FRENTE AL CAPITALISMO: ¡UNIDAD Y RESISTENCIA!

COMUNICADO CONJUNTO

20 DE MAYO DE 2010

La humanidad sufre una "nueva crisis" capitalista pero, a diferencia de las anteriores, no parece tener armas para combatirla. En realidad, el sistema capitalista no está ni en crisis ni en quiebra, ya que se trata de un modelo de explotación que se reestructura en ciclos recesivos y depresivos, afectando principalmente a los trabajadores de todo el mundo mientras las grandes fortunas continúan obteniendo grandes beneficios.

 

La banca, las altas finanzas y las grandes corporaciones han provocado esta situación crítica con alevosía y precisión. Los movimientos especulativos de los últimos años tenían como objetivo desestabilizar las economías nacionales con el fin de endeudar a los estados y reducir, aún más, su soberanía económica. Señalamos al Fondo Monetario Internacional, al Banco Central Europeo y al resto de instituciones económicas internacionales como instrumentos al servicio del capital privado, principal enemigo de los pueblos soberanos.

 

Paralelamente a esta guerra especulativo-financiera, la casta política nacional e internacional, subvencionada y financiada por los capitalistas, ha anunciado recortes en los, ya de por sí, penosos derechos laborales actuales. La crisis es la coartada perfecta para la imposición de un modelo laboral que perpetúa la explotación y miseria de los trabajadores y pensionistas, agravando su paupérrima situación. Denunciamos a las élites políticas por emprender una nueva guerra social en connivencia con el capitalismo.

 

Los medios de comunicación de masas, empresas de difusión al servicio de los poderes político-financieros, controlan el debate sobre la crisis con el único fin de atacar las pocas organizaciones comunitarias existentes, justificando la paulatina disolución de los estados y criminalizando la verdadera labor sindical y de oposición política, ya desactivada. Advertimos que las críticas de los grandes canales mediáticos al gasto social, a las instituciones públicas y a la soberanía económica nacional forman parte de la estrategia global de disolución y aislamiento de los individuos, etapa imprescindible para la dictadura global del capital y los mercados.

 

Manifestamos nuestro compromiso con los pueblos y sus trabajadores, únicos bastiones de resistencia frente al nuevo orden mundial basado en el expolio, la invasión, la explotación y el engaño.

  

LIBERTAD - DIGNIDAD – INDEPENDENCIA

SUSCRIBEN:

 

"Red Tercera Vía", "Línea Antagonista", Círculo "Orientaciones", "Página Transversal"

 

 

Atilio A. Boron: "SEPA LO QUE ES EL CAPITALISMO"

Atilio A. Boron: "SEPA LO QUE ES EL CAPITALISMO"

«Ninguna sociedad sobrevive cuando su impulso vital reside en la búsqueda incesante del lucro, y su motor es la ganancia»

 

 

El capitalismo tiene legiones de apologistas. Muchos lo hacen de buena fe, producto de su ignorancia y por el hecho de que, como decía Marx, el sistema es opaco y su naturaleza explotadora y predatoria no es evidente ante los ojos de mujeres y hombres. Otros lo defienden porque son sus grandes beneficiarios y amasan enormes fortunas gracias a sus injusticias e inequidades. Hay además otros ("gurúes" financieros, "opinólogos", "periodistas especializados", académicos "bienpensantes" y los diversos exponentes del "pensamiento único") que conocen perfectamente bien los costos sociales que en términos de degradación humana y medioambiental impone el sistema. Pero están muy bien pagados para engañar a la gente y prosiguen incansablemente con su labor. Ellos saben muy bien, aprendieron muy bien, que la "batalla de ideas" a la cual nos ha convocado Fidel es absolutamente estratégica para la preservación del sistema, y no cejan en su empeño.


Para contrarrestar la proliferación de versiones idílicas acerca del capitalismo y de su capacidad para promover el bienestar general examinemos algunos datos obtenidos de documentos oficiales del sistema de Naciones Unidas. Esto es sumamente didáctico cuando se escucha, máxime en el contexto de la crisis actual, que la solución a los problemas del capitalismo se logra con más capitalismo; o que el G-20, el FMI, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial, arrepentidos de sus errores pasados, van a poder resolver los problemas que agobian a la humanidad. Todas estas instituciones son incorregibles e irreformables, y cualquier esperanza de cambio no es nada más que una ilusión. Siguen proponiendo lo mismo, sólo que con un discurso diferente y una estrategia de "relaciones públicas" diseñada para ocultar sus verdaderas intenciones. Quien tenga dudas mire lo que están proponiendo para "solucionar" la crisis en Grecia: ¡las mismas recetas que aplicaron y siguen aplicando en América Latina y África desde los años ochenta!


A continuación, algunos datos (con sus respectivas fuentes) recientemente sistematizados por CROP, el Programa Internacional de Estudios Comparativos sobre la Pobreza radicado en la Universidad de Bergen, Noruega. CROP está haciendo un gran esfuerzo para, desde una perspectiva crítica, combatir el discurso oficial sobre la pobreza elaborado desde hace más de treinta años por el Banco Mundial y reproducido incansablemente por los grandes medios de comunicación, autoridades gubernamentales, académicos y "expertos" varios.


Población mundial: 6.800 millones, de los cuales

  • 1.020 millones son desnutridos crónicos (FAO, 2009)
  • 2.000 millones no tienen acceso a medicamentos (www.fic.nih.gov)
  • 884 millones no tienen acceso a agua potable (OMS/UNICEF 2008)
  • 924 millones “sin techo” o en viviendas precarias (UN Habitat 2003)
  • 1.600 millones no tienen electricidad (UN Habitat, “Urban Energy”)
  • 2.500 millones sin sistemas de dreanajes o cloacas (OMS/UNICEF 2008)
  • 774 millones de adultos son analfabetos (www.uis.unesco.org)
  • 18 millones de muertes por año debido a la pobreza, la mayoría de niños menores de 5 años. (OMS)
  • 218 millones de niños, entre 5 y 17 años, trabajan a menudo en condiciones de esclavitud y en tareas peligrosas o humillantes como soldados, prostitutas, sirvientes, en la agricultura, la construcción o en la industria textil (OIT: La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance, 2006)
  • Entre 1988 y 2002, el 25% más pobre de la población mundial redujo su participación en el ingreso mundial desde el 1,16% al 0,92%, mientras que el opulento 10% más rico acrecentó sus fortunas pasando de disponer del 64,7 al 71,1% de la riqueza mundial . El enriquecimiento de unos pocos tiene como su reverso el empobrecimiento de muchos.
  • Sólo ese 6,4 % de aumento de la riqueza de los más ricos sería suficiente para duplicar los ingresos del 70% de la población mundial, salvando innumerables vidas y reduciendo las penurias y sufrimientos de los más pobres. Entiéndase bien: tal cosa se lograría si tan sólo se pudiera redistribuir el enriquecimiento adicional producido entre 1988 y 2002 del 10% más rico de la población mundial, dejando intactas sus exorbitantes fortunas. Pero ni siquiera algo tan elemental como esto es aceptable para las clases dominantes del capitalismo mundial.

Conclusión: si no se combate la pobreza (¡ni se hable de erradicarla bajo el capitalismo!) es porque el sistema obedece a una lógica implacable centrada en la obtención del lucro, lo que concentra la riqueza y aumenta incesantemente la pobreza y la desigualdad económico-social.


Después de cinco siglos de existencia esto es lo que el capitalismo tiene para ofrecer. ¿Qué esperamos para cambiar al sistema? Si la humanidad tiene futuro, será claramente socialista. Con el capitalismo, en cambio, no habrá futuro para nadie. Ni para los ricos ni para los pobres. La sentencia de Friedrich Engels, y también de Rosa Luxemburgo: "socialismo o barbarie", es hoy más actual y vigente que nunca. Ninguna sociedad sobrevive cuando su impulso vital reside en la búsqueda incesante del lucro, y su motor es la ganancia. Más temprano que tarde provoca la desintegración de la vida social, la destrucción del medio ambiente, la decadencia política y una crisis moral. Todavía estamos a tiempo, pero ya no queda demasiado.



fuente: http://www.atilioboron.com

 

Ramiro Ledesma Ramos: "La violencia política y las insurrecciones"

Ramiro Ledesma Ramos: "La violencia política y las insurrecciones"

 

 

Desde hace diez años ha cambiado radicalmente la órbita moral en que se debaten las decisiones políticas últimas. A no ser en aquellos países idílicos que precisamente ahora han conseguido el hallazgo de las libertades, las transigencias y las tolerancias y viven así fuera de todo peligro de choques violentos, de peleas facciosas y de sangre en la calle -¿lo decimos de este modo, españoles?-, en los demás, en todos los demás, se entra en el período de las jornadas duras o se sale de ellas, quizá con la cabeza rota, pero con los problemas resueltos y la vida de la Patria conquistada y ganada a pulso en las refriegas.

Vivimos hoy bajo la franca aceptación y justificación de la violencia política. Así, pues, en nuestra época, en estos años mismos, la violencia ha adoptado formas en absoluto diferentes de las que regían, por ejemplo, en Europa hace cuarenta años. Eran entonces focos de terrorismo, partidas poco numerosas de actuación secreta y turbia que escandalizaban la circulación pacífica de las gentes con sus intervenciones y no contaban con la adhesión, ni menos con la colaboración activa, de los sectores sociales afines, como los nihilistas rusos, que durante diez años, de 1875 a 1885, consiguieron la intranquilidad permanente del imperio zarista; y de otro lado, los grupos de acción de los Sindicatos libres frente al anarco-sindicalismo revolucionario, muy pocas docenas, que durante los años 1920-1923 fueron en España la única violencia directa, extraoficial, que existió frente a la violencia de los grupos rojos.

La pugna fascismo-comunismo, que es hoy la única realidad mundial, ha desplazado ese tipo de violencia terrorista, de caza callejera a cargo de grupos reducidos heroicos, para presentar ese otro estilo que hoy predomina: el choque de masas, por lo menos de grupos numerosos que interpretan y consiguen la intervención activa, militante y pública de las gentes, extrayéndolas de su vivir pacífico y lanzándolas a una vida noble de riesgo, de sacrificio y de violencia.

El fenómeno es notorio y claro: a los grupos secretos, reducidos y anormales, los sustituyen ahora las milicias, que ostentan pública y orgullosamente ese carácter, que visten uniforme, adquieren capacidad militar propia de ejércitos regulares y, lo que es fundamental, son, viven y respiran en un partido, encuentran justificación en una doctrina política, se sienten ligadas a la emoción pura y gigantesca de los jefes.

De ese modo, lo primero de que tienen conciencia quienes forman en esas milicias, es que su esfuerzo es un esfuerzo moral, encaminado a triunfos y victorias de índole superior, sin cuyo logro su vida misma carece de plenitud y de centro. Es ahí donde radica el origen moral de la violencia, su carácter liberador, creador y lo que le presta ese ímpetu con que aparece en los recodos más fecundos de la Historia.

La violencia política se nutre de las reacciones más sinceras y puras de las masas. No caben en ella frivolidades ni artificios. Su carácter mismo extraindividual, trascendente, en pos de mitos y metas en absoluto ajenos en el fondo a las apetencias peculiares del combatiente, la eximen de sedimentos bárbaros de que, por otra parte, está siempre influida la violencia no política o ésta misma, cuando se recluye en la acción individual, enfermiza y salvaje.

Por los años mismos en que actuaban aquí contra la acción terrorista del anarco-sindicalismo los grupos igualmente terroristas de los libres, se creó, desarrolló y triunfó en Italia el movimiento fascista, primera aparición magna y formidable de la violencia con un sentido moral, nacional y creador. Aquí, entonces la cobardía del ambiente, la incapacidad para la acción directa de los núcleos jóvenes y la ausencia de una profunda adhesión a los valores superiores, a la Patria, impidieron que brotase a la luz del día un movimiento político violento que tomase sobre sí la tarea de combatir con las armas los gérmenes anárquicos, aplastando a la vez la arquitectura de aquel Estado tembloroso e inservible. En vez de eso, surgieron los grupos contrarrevolucionarios, profesionales, con idéntica táctica terrorista que la del enemigo, y que constituyen uno de los más tristes e infecundos episodios de la historia social reciente. Se inhabilitaron en unas jornadas sin gloria y sin brío hombres que con otra orientación hubieran estado a la altura de los mejores, y que así, hundidos en el drama diario de la lucha en las esquinas, están clasificados con injusticia. Si insistimos en la crítica de estos hechos es porque debido a que surgieron en la época misma que el fascismo italiano, que derivo con fecundidad a la lucha de masas y el triunfo político, se advierta la diferencia y el inmenso error que todo aquello supuso para España. ¿Podrá repetirse la absurda experiencia?

La violencia política nutre la atmósfera de las revoluciones, y desde luego, es la garantía del cumplimiento cabal de éstas. Así el fascismo, en su entraña más profunda y verdadera, se forjó a base de arrebatar a las fuerzas revolucionarias típicas el coraje y la bandera de la revolución. Las escuadras fascistas desarrollaban más violencia y más ímpetu revolucionario en su actividad que las formaciones marxistas de combate. Esa fue su victoria, el dominio moral sobre las masas enemigas, que después de un choque se pasaban con frecuencia, en grupo numeroso, a los camisas negras, como gentes de más densidad, más razón y más valentía que ellos.

Hoy sólo tienen capacidad de violencia o, lo que es lo mismo, capacidad revolucionaria, afán de coacciones máximas sobre las ideas y los grupos enemigos, las tendencias fascistas -nacionales- o las bolcheviques -antinacionales y bárbaras-. A todas las demás les falta seguridad en sí mismas, ímpetu vital, pulso firme y temple.

Es evidente que la violencia política va ligada al concepto de acción directa. Unas organizaciones, unas gentes, sustituyen por sí la intervención del Estado y realizan la protección y defensa armada de valores superiores que la cobardía, debilidad o traición de aquél deja a la intemperie. Ello ha de acontecer siempre en períodos de crisis, en que se gastan, enmohecen y debilitan las instituciones, a la vez que aparecen en circulación fuerzas e ideas ante las cuales aquéllas se sienten desorientadas e inermes. Es el caso del Estado liberal, asistiendo a la pelea entre fascistas y comunistas en los países donde esta pugna alcance cierta dosis.

España ha penetrado ya en el área de la violencia política. Situación semejante podía ser o no grata, y, desde luego, no desprovista de minutos angustiosos; pero está ahí, independiente de nuestra voluntad, y por lo menos ofreciéndonos la coyuntura propicia para resolver de una vez el problema de España, el problema de la Patria. De aquí, de la situación presente, sólo hay salida a dos realidades, sólo son posibles dos rutas: la ciénaga o la cima, la anarquía o el imperio, según escribía en el anterior numero un camarada «jonsista».

Bien está, pues, enarbolar ante la juventud nacional el grito de la ocasión que se acerca. Elevar su temperatura y llevarla al sacrificio por España. Pero no sin resolver las cuestiones previas, no sin dotarla de una doctrina segura y de una técnica insurreccional, moderna e implacable. Es nuestra tarea, la tarea de las JONS, que evitará las jornadas de fracaso, arrebatando a la gente vieja el derecho a señalar los objetivos políticos y a precisar la intensidad, el empuje y la estrategia de la insurrección.

No utiliza la violencia quien quiere, sino quien puede. Desde hace diez años asistimos a experiencias mundiales que ofrecen ya como un cuerpo de verdades probadas sobre algunos puntos muy directamente relacionados con el éxito o el fracaso de las insurrecciones, cualesquiera que ellas sean.

La insurrección o el golpe de Estado -les diferencia y distingue la táctica, pero se proponen la misma cosa y por muy similares medios- son el final de un proceso de violencias, de hostilidades, en que un partido político ha probado sus efectivos, su capacidad revolucionaria, disponiéndolos entonces hacia el objetivo máximo: la conquista del Estado, la lucha por el Poder. Día a día ese partido ha educado a sus grupos en una atmósfera de combate, valorando ante ellos sólo lo que estuviese en relación con los propósitos insurreccionales del partido.

Para ser breves indicaremos de un modo escueto algunas observaciones que deben tenerse en cuenta en todo plan de insurrección o golpe de Estado que hoy se organice en cualquier lugar del globo.

1. La insurrección ha de ser dirigida y realizada por un partido. En torno a sus cuadros dirigentes y a sus consignas han de congregarse los elementos afines que ayuden de una manera transitoria la insurrección. El partido que aspire a la conquista del Poder por vía insurreccional tiene que disponer de equipos armados en número suficiente para garantizar en todo minuto el control de las jornadas violentas en que intervengan fuerzas afines, que deben ser incorporadas, siempre que sea posible, a los propios mandos del partido. Y esto, no se olvide, incluso tratándose de fuerzas militares, en el caso de que se consiga la colaboración de parte del ejército regular.

2. Es imprescindible una educación insurreccional, una formación política. Carecen por lo común de toda eficacia las agrupaciones improvisadas que surgen a la sombra de ciertos poderes tradicionales, en horas de peligro, sin cuidarse de controlar y vigilar su capacidad real para la violencia. Aludimos a los grupos sin disciplina política, que se forman un poco coaccionados por sentimientos y compromisos ajenos a la tarea insurreccional, en la que toman parte sin conciencia exacta de lo que ello supone. Ahí está reciente el ejemplo de aquella famosa «Unión de los verdaderos rusos», por otro nombre las «Centenas negras», que formó en Rusia el arzobispo de Volhinia, Antonio, con todo aparato de liga numerosa, dispuesta para la lucha contra la ola bolchevique, pero de la que a la hora de la verdad no se conoció ni un solo paso firme. Sólo la acción en una disciplina de partido con objetivos concretos y desenvoltura política alcanza y consigue formar grupos eficaces para la insurrección.

3. Los equipos insurreccionales necesitan una movilización frecuente. Es funesta la colaboración de gentes incapaces de participar en las pruebas o ensayos previos, en la auténtica educación insurreccional que se necesita. Todos esos individuos que suelen ofrecerse «para el día y el momento decisivo» carecen con frecuencia de valor insurreccional y deben desecharse. Asimismo, las organizaciones no probadas, hechas y constituidas por ficheros, sin que sus miembros tengan una demostración activa de su existencia en ellas, sirven también de muy poco. Está comprobado que es fiel a los compromisos que emanan de estar en un fichero un cinco por ciento, cuando más, del total de esas organizaciones. Además el rendimiento suele ser casi nulo. El peso y el éxito de la insurrección dependen de los equipos activos que proceden de las formaciones militarizadas del partido. Con su práctica, su disciplina y la cohesión de sus unidades, estos grupos o escuadras logran a veces, con buena dirección y gran audacia, formidables éxitos. Deben formarse de muy pocos elementos -diez hombres, veinte cuando más-, enlazados, naturalmente, entre sí; pero con los objetivos distintos que sea razonable encomendar a cada uno de ellos. Estas pequeñas unidades son además militarmente las más oportunas para la acción de calles, teatro corriente del tipo de luchas a que nos referimos, y son preferibles por mil razones técnicas, fáciles de comprender, a las grandes unidades, que se desorientan fácilmente en la ciudad, perdiendo eficacia, y por ello mismo en riesgo permanente de derrota.

4. El golpe de mano y la sorpresa, elementos primeros de la insurrección. No hay que olvidar que la insurrección o el golpe de Estado supone romper con la legalidad vigente, que suele disponer de un aparato armado poderoso. Es decir, ello equivale a la conquista del Estado, a su previa derrota. El propósito es por completo diferente a la hostilidad o violencia que pueda desplegarse contra otros partidos u organizaciones al margen del Estado. Todo Estado, aun en su fase de máxima descomposición, dispone de fuerzas armadas muy potentes que, desde luego, en caso de triunfo de la insurrección, conservan su puesto en el nuevo régimen. Estas fuerzas ante un golpe de Estado de carácter «nacional», es decir, no marxista, pueden muy fácilmente aceptar una intervención tímida, algo que equivalga a la neutralidad, y para ello los dirigentes de la insurrección han de cuidar como fundamental el logro de los primeros éxitos, aun cuando sean pequeños, que favorezcan aquella actitud expectante. En la lucha contra el Estado es vital paralizar su aparato coactivo, conseguir su neutralidad. Esto puede lograrse conquistando la insurrección éxitos inmediatos, y siendo de algún modo ella misma garantía y colaboradora del orden publico. Sin la sorpresa, el Estado, a muy poca fortaleza de ánimo que conserven sus dirigentes, logra utilizar en la medida necesaria su aparato represivo, y la insurrección corre grave riesgo.

5. Los objetivos de la insurrección deben ser populares, conocidos por la masa nacional. Las circunstancias que favorecen y hacen incluso posible una insurrección obedecen siempre a causas políticas, que tienen su origen en el juicio desfavorable del pueblo sobre la actuación del régimen. La agitación política -que, insistimos, sólo un partido, las consignas de un partido, puede llevar a cabo- es un antecedente imprescindible. Las jornadas insurreccionales requieren una temperatura alta en el ánimo público, una atmósfera de gran excitación en torno a la suerte nacional, para que nadie se extrañe de que un partido se decida a dirimirla por la violencia. A los diez minutos de producirse y conocerse la insurrección, el pueblo debe tener una idea clara y concreta de su carácter.

6. El partido insurreccional ha de ser totalitario. Naturalmente, al referirnos y hablar en estas notas de «partido» dirigente y organizador de la insurrección, no aludimos siquiera a la posibilidad de que se trate de un partido democrático-parlamentario, fracción angosta de la vida nacional, sin capacidad de amplitud ni de representar él solo durante dos minutos el existir de la Patria. El partido insurreccional será, sí, un partido; es decir, una disciplina política, pero contra los partidos. Requiere y necesita un carácter totalitario para que su actitud de violencia aparezca lícita y moral. Es exactamente, repetimos, un partido contra los partidos, contra los grupos que deshacen, desconocen o niegan la unanimidad de los valores nacionales supremos. Ese aspecto del partido insurreccional de fundirse con el Estado y representar él solo la voluntad de la Patria, incluso creando esa voluntad misma, es lo que proporciona a sus escuadras éxitos insurreccionales, y a su régimen de gobierno, duración, permanencia y gloria.

Estas notas analizan la insurrección política como si fuera y constituyese una ciencia. Nos hemos referido a la insurrección en general, sin alusión ni referencia cercana a país alguno; son verdades y certidumbres que pueden y deben ya presentarse con objetividad, como verdades y certidumbres científicas. Es decir, su desconocimiento supone sin más el fracaso de la insurrección, a no ser que se trate de situaciones efímeras, sin trascendencia histórica, y se realicen en países sin responsabilidad ni significación en la marcha del mundo.

* Ramiro escribió este artículo bajo el pseudónimo de «Roberto Lanzas», que utiliza para analizar fenómenos políticos y sociales de índole mundial.

(«JONS», n. 3, Agosto 1933)

 
 

Claudio Mutti: "IMPERIUM"

Claudio Mutti: "IMPERIUM"

Claudio Mutti

Imperium. Epifanie dell’idea di impero

Prefacio de Tiberio Graziani

Effepi, Génova 2005

Prefacio

El imperio es, según la generalidad de los estudiosos de ciencias políticas, y, en particular, de los estudiosos de geopolítica, una construcción política de difícil y compleja definición. Los rasgos del “mayor cuerpo político conocido por el hombre” [1] que en mayor medida impactan al observador son, sin duda, los referentes a las características físicas; en primer lugar, la gran extensión territorial (el gigantismo imperial), la variedad de los climas y la heterogeneidad del paisaje geográfico. Ulteriores signos distintivos que contribuyen a definir la fisonomía del imperio, como unidad geopolítica, son la plurietnicidad, la autosuficiencia económica y un poder político y militar cohesionado.

Los caracteres anteriormente citados, sin embargo, no logran describir plenamente el imperio. De hecho, existen naciones, estados federados o confederaciones de estados que pese a presentar estos mismos elementos, no son un imperio. A tal respecto, Philippe Richardot, en su Les grands Empires. Histoire et géopolitique [2], indica el caso de Brasil, Canadá y de la Unión India, a los que podríamos añadir el de los Estados Unidos de América, de Rusia y, en cierta medida, también el de la Confederación de Estados Independientes. Estos modernos sistemas políticos se extienden sobre amplias superficies, son pluriétnicos, poseen las condiciones para ser económicamente autosuficientes, pero ciertamente no son clasificables en la actualidad como imperios. Sin embargo, comparten con el imperio semejantes problemas estratégicos, en particular, los conectados con la defensa de las fronteras y la disolución de la potencia militar.

Si del plano meramente descriptivo pasamos al más especulativo, analítico, tratando de identificar la dinámica que anima y sostiene esta particular unidad geopolítica, también el modelo hoy académicamente más acreditado, el expresado por las parejas “centro-periferia” y “dominadores-dominados” [3], que Richardot juzga determinista, pero seductor por su fuerza simplificadora, no parece ser apropiado para dar una definición o explicación del imperio. Los casos indicados del ya citado Richardot que hacen ineficaz la aplicación de este modelo, con referencia a la comprensión del imperio, son los clásicos del Imperio de Alejandro Magno, del Imperio romano y del ruso. El Imperio de Alejandro sobrevive a la muerte de su fundador, desplazando su centro al Egipto de los Tolomeos, por tanto, a una región periférica del edificio realizado por el Macedonio; Roma, a partir del siglo III, ya no tiene una sede cierta, sino itinerante. De hecho, como observa Richardot, del año 284 al 305 ya no hay ni centro ni periferia, al ser el imperio descentralizado en cuatro regiones militares. Después, Bizancio, rebautizada en el año 330 Constantinopla, se convierte en la segunda capital del Imperio, hasta transmutarse en 1453, de ciudad periférica del antiguo imperio romano a centro de irradiación del sistema imperial otomano. Otro caso en el que el modelo “centro-periferia” no nos ayuda en la comprensión de la construcción y en el mantenimiento de la ecúmene imperial lo proporciona el imperio ruso, ya se haga remontar su origen a la Rus de Kiev, la capital de la actual Ucrania, que propiamente significa Marca, es decir…periferia, o ya se presente como un resto del antiguo imperio “nómada” de Gengis Khan [4].

El imperio no es, por tanto, definible por su gigantismo territorial, ni por su heterogeneidad étnica y cultural, ni por un centro geográfico definido y su correlativa periferia. La definición de tal entidad geopolítica ha de encontrarse, por tanto, en otro lugar. El término latino imperium expresa el ejercicio de la autoridad de un jefe militar, pero el imperio, como entidad geopolítica concreta, aunque funde, en la generalidad de los casos, su propio poder en la clase militar, no siempre sigue lógicas militares o exclusivamente de fuerza, como sostenía en la primera mitad del siglo XIX Leopold von Ranke (Die Grossen Machte).

Lo que distingue y cualifica al imperio respecto a las otras construcciones políticas, o más precisamente geopolíticas, parece ser, en cambio, la función equilibradora que este tiende a ejercer en el espacio que lo delimita. Toda construcción imperial, de hecho, persigue el objetivo de regular las relaciones entre las naciones, los pueblos y las etnias que la constituyen concretamente, de modo tal que las particularidades y especificidades concretas no se vean comprometidas unas en perjuicio de otras, sino que al contrario sean salvaguardadas y “protegidas”, en particular allí donde las modestas dimensiones o la escasa fuerza militar o económica de una especificidad dada sitúen a la misma en condiciones tales que pueda ser fagocitada y destruida por sus enemigos. El imperio asume tal función en un espacio circunscrito y continuo, y la continuidad espacial es ciertamente uno de sus rasgos distintivos.

La función reguladora asumida por el imperio encuentra su propia razón de ser, además de en la conciencia del común espacio habitado, sobre todo, en la común visión espiritual, aunque distintamente entendida y expresada en las culturas de las diferentes poblaciones del imperio. Todo edificio imperial, de hecho, expresa una unidad espiritual que, aunque transmitida según formas particulares, siempre hace referencia a un único sistema de valores. Por ejemplo, el macedonio Alejandro que se proclama Rey de Reyes y heredero del imperio persa de los Aqueménidas o el Sultán Mehmet II que, recién conquistada Constantinopla, se hace con el título de Qaysar-i-Rum, César romano, dan testimonio de este único sistema de valores del que ahora ellos son los protectores, los garantes y, sobre todo, los continuadores.

Precisamente a tal unidad espiritual, expresada históricamente en la realización de unidades geopolíticas imperiales o en la tendencia a constituirlas, dirigen la atención los ensayos de Claudio Mutti recogidos en Imperium, epifanie dell’idea di impero. Una unidad que las distintas escuelas historiográficas racionalistas han contribuido a ocultar y fragmentar según el reduccionismo, generalmente de raíz iluminista, que las han distinguido. En particular, tal y como es evidenciado en los diferentes ensayos de Mutti, es afirmada la continuidad del mito (o idea) del Imperio en las vicisitudes del espacio eurasiático, continuidad asegurada en la realidad histórica por protagonistas de diversa cultura o etnia y por su explícita voluntad de unificar Oriente y Occidente, es decir, Asia y Europa, casi como si quisieran, con tal afirmación heroica, reivindicar una unidad que el devenir histórico (la entropía o el desorden de la manifestación histórica) había lacerado. Paralelamente a la función reguladora y en conformidad con esta, el Imperio desempeña también otra, que podríamos definir “religiosa” en su significado etimológico y más profundo: la que precisamente consiste en “reunir” dentro del limes de un mismo espacio los componentes, materiales y espirituales, que contribuyen a calificarlo como una unidad geopolítica coherente, armónica y orgánica. Desde esta perspectiva la fase “expansiva” del Imperio, lejos de reducirse a un mero expansionismo territorial, motivado sólo por las preocupaciones materiales ligadas a todo política de poder, reproduce en el plano histórico una necesidad de orden metafísico, doctrinal, es decir, la reabsorción en un orden superior, en este caso generalmente supranacional, de realidades geopolíticas incompletas, separadas y antagonistas. La realización histórica del edificio imperial es, por tanto, la reproducción, en el dominio político-social, del kosmos por oposición al caos del devenir histórico.

El imperio, por tanto, además de ser “el mayor cuerpo político conocido por el hombre” es, esencialmente, la más alta síntesis geopolítica conocida por toda la humanidad.

La continuidad de la idea del Imperio y la subyacente unidad espiritual, que Mutti subraya con escrupulosidad científica, bien sea tratando la función histórica y metahistórica de figuras imperiales como las del Emperador Juliano, Federico “el Sultán Bautizado” o Atila “el Siervo de Dios”, o bien evidenciando el significado político y cultural del Imperio “romano-turco-musulmán”, o bien poniendo de relieve en el lenguaje de Antelami temas y argumentos que, en ámbitos culturales lejanos, reproponen el mismo sistema de valores, refuerzan –en el plano de la historia interpretada como tentativa de realizar unidades imperiales –la hipótesis ya enunciada en el siglo pasado por el tibetólogo Giuseppe Tucci con respecto al descubrimiento de la “unidad espiritual eurasiática”: sintagma que expresa, en parte, lo que en términos tradicionales se puede traducir mejor como “unidad esencial de las tradiciones”.

También un etnólogo y antropólogo de escuela sociológica como Marcel Mauss reconocía, por otra parte, y es significativo que quien nos lo recuerde sea un estudioso de geopolítica, el francés François Thual, que “de Corea a Bretaña existe una única historia, la del continente eurasiático” [5]. Esta única historia que se despliega en el paisaje eurasiático es la historia antigua y actual de los esfuerzos imperiales por unificar el continente. Como cierre de un texto [6] que no aparece en esta compilación, que sería su precioso y útil corolario, nuestro autor, a propósito de Alejandro el Bicorne, unificador de Europa y Asia, campeón de la idea imperial y, por tanto, podríamos decir, eurasiatista ante litteram, escribe: “su figura se coloca en el trasfondo del espacio eurasiático, que constituye no sólo el escenario histórico, sino la proyección espacial misma correspondiente a la idea de Imperio”.

Unidad espiritual eurasiática e idea del Imperio están por tanto indisolublemente ligadas, un vínculo que Imperium de Mutti tiene el loable mérito de volver a proponer a nuestra atención, en un momento histórico particular que ve a nuestra patria mayor, Eurasia, agredida por las potencias talasocráticas del otro lado del Océano. Ciertamente este libro no pasará inadvertido.

Tiberio Graziani Director de la revista “Eurasia”. direzione@eurasia-rivista.org www.eurasia-rivista.org

(Traducido del italiano al español por Javier Estrada)

Notas 1. Philippe Richardot, Les grandes empires. Histoire et géopolitique, Ellipses. Edition marketing, París 2003, p.5.

2. Philippe Richardot, op.cit., p. 5 y siguientes.

3. Samir Amin, Lo sviluppo ineguale. Saggio sulle formazioni sociali del capitalismo periferico, Einaudi, Turín 1973.

4. N. S. Trubeckoj, L’eredità di Gengis Khan, SEB 2005, Milano. Véase también del mismo autor, Il problema ucraino, in “Eurasia. Rivista di Studi Geopolitica”, a. II, n. 2, abril-junio de 2005.

5. François Thual, Une entreprise de résistance, prefacio a Pierre Biarnés, Pour l’Empire du monde, Ellipses. Edition marketing, París 2003, p. 7.

6. Claudio Mutti, Ulisse, Alessandro e l’Eurasia, www.eurasia-rivista.org

Cambio climático o la «disidencia inventada»

Cambio climático o la «disidencia inventada»

por Julien Lévesque

 

«Sin embargo, el país de origen de Al Gore, EEUU, no sólo es el mayor contaminador, sino también el más armado y belicoso del planeta. Las bombas de uranio empobrecido que el ejército estadounidense ha hechoexplotar por todas partes son un verdadero desastre ecológico y humanitario. De esto no ha dicho nada Al Gore

Desde hace mucho tiempo, los poderes establecidos utilizan el método de inventar la disidencia para seguir ganando a cualquier precio. La conferencia que se ha celebrado a finales de abril en Montreal, la «Cumbre del Milenio», es un buen ejemplo de ello. La obsesión climática basada en un llamado consenso se manipula a alto nivel, y lo que se nos presenta como disidencia no lo es verdaderamente.

 

EL CAMBIO CLIMÁTICO SE APROPIA DE LA «CUMBRE DEL MILENIO»

 

La jornada de clausura de la Cumbre del Milenio de Montreal que se celebró del 20 al 22 de abril acabó con una conferencia pública en la que se sucedieron unas elites de los medios político, económico, social y artístico, entre ellos el «Honorable» Al Gore. A pesar de la calidad de algunas presentaciones (las ha habido) y que el principal objetivo anunciado de la Cumbre era reducir a la mitad la pobreza extrema entre 2000 y 2015, este objetivo apenas se sometió a discusión y, prácticamente, todas las soluciones propuestas competen a lo que llaman la «acción ciudadana». En este Día de la Tierra se ha preferido insistir en el calentamiento global y/o en los cambios climáticos que según Al Gore están inextricablemente unidos a la pobreza extrema. Una táctica velada para desviar el debate hacia unos fines económicos.

 

AL GORE BARRE PARA CASA

Al Gore en su lucha activa contra el “calentamiento global”…

 

«El calentamiento global es de entrada y ante todo una cuestión moral» afirma alto y fuerte Al Gore. Además «para combatir la pobreza extrema hay que atacar necesariamente al calentamiento global». Y, ¿cuál es la primera etapa de este combate «moral», según el célebre defensor del clima?: La «estabilización de la población».

En primer lugar, el hecho de asociar la moralidad a los cambios climáticos se parece extrañamente a la poco sutil técnica retórica que, con frecuencia, emplearon los defensores de las «Leyes Patrióticas»: cualquiera que ponga en duda el «consenso» sobre el clima será acusado de ser inmoral, del mismo modo que las críticas a las «Leyes Patrióticas» eran acusadas de antipatriotas.

A continuación, la estabilización de la población que predica Al Gore, supuestamente para erradicar la pobreza, no es otra cosa que una nueva formulación del plan de control de la población de Henry Kissinger [1], un plan eugenésico cuyo objetivo es reducir el crecimiento de la población mundial, específicamente en los países más pobres, y ello por razones económicas y de seguridad nacional. Por supuesto, para revestir su dudoso plan con un aura de moralidad, Al Gore lo engalana con unos ideales inatacables: «educar a las jóvenes», «darles acceso a los métodos anticonceptivos», etc.

Ahora bien, la pobreza extrema existía mucho antes de que se hablara de cambio climático, y es la causa de la «superpoblación» en los países subdesarrollados, y no a la inversa, como trata de hacernos creer Al Gore. Atacar la superpoblación para contrarrestar la pobreza es atacar el resultado en vez de a la causa.

Sin gran sorpresa, el eminente laureado con el premio Nobel de la Paz NUNCA PONE EN TELA DE JUICIO los sistemas económicos y políticos, ni tampoco las prácticas económicas injustas que están en la base de las desigualdades Norte-Sur. Sin embargo, si se frenaron los progresos de los países subdesarrollados realizados desde la década de 1990, es más debido a políticas económicas provenientes de las instituciones internacionales, principalmente los tristemente célebres planes de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional [2], que sirven ante todo a los intereses económicos de las grandes potencias: abajo la nacionalización, que llegue pronto la privatización y un mercado de libre competencia, es decir, un mercado donde los más desfavorecidos permanecen en lo más bajo de la escala porque no pueden competir con los poderosos, un mercado donde estos últimos son libres de hacer «dumping» social en casa, y «dumping» económico sobre los salarios en sus países de acogida.

Al Gore nunca habla de guerras, a excepción, evidentemente, de las guerras que están vinculadas a la superpoblación: el conferenciante estrella apenas mencionó las guerras para apropiarse de los recursos naturales. Sin embargo, su país de origen, EEUU, no sólo es el mayor contaminador, sino también el más armado y belicoso del planeta. Las bombas de uranio empobrecido que el ejército estadounidense ha hecho explotar por todas partes son un verdadero desastre ecológico y humanitario. De esto no ha dicho nada Al Gore.

Pues bien, pedir a los ciudadanos que compren productos ecológicos y reduzcan su consumo de energía, y solicitar a los gobiernos que participen en el mercado de carbono, es la solución de Gore para salvar el medio ambiente, mientras que en Iraq esas sucias bombas estadounidenses tienen unos efectos catastróficos sobre el medio ambiente y sobre la población, particularmente sobre los nacimientos, es decir, producen incontables malformaciones hasta el punto de que las mujeres iraquíes ya no desean ser madres. ¿Ignora Gore este fenómeno porque contribuye a su plan de despoblación mundial? Vamos a verlo.

Gore tampoco ataca nunca a los grandes contaminadores: las empresas privadas. ¿Acaso no es indecente pedir a los ciudadanos que adopten un nuevo estilo de vida y hagan sacrificios, mientras que a los grandes contaminadores no se les pide que hagan lo mismo? La principal demanda hecha a las grandes empresas responsables, a la vez, de la contaminación y de la pobreza extrema, contaminación y pobreza extrema de las que esas grandes empresas se aprovechan ampliamente, es que participen en el mercado del carbono, el nuevo maná financiero que permitirá a los más ricos contaminar más a costa de los países en desarrollo. Y a Gore, que invierte masivamente en la economía «verde», le permitirá enriquecerse una vez más bajo la cobertura del activismo ecológico [3].

En resumen, la «solución» de Gore, «en vías de convertirse en el primer millonario del carbono» [4], se resume en empujar a los ciudadanos y a las empresas hacia un nuevo mercado «verde» con el fin último de llenarse los bolsillos, y no contribuye en nada a reducir la contaminación ni a erradicar la pobreza. A pesar de todo, las masas reciben con un entusiasmo ciego el discurso de gurú del medio ambiente.

 

 

Notas:

 

[1] http://www.scribd.com/doc/6474391/Henry-Kissinger-Population-Control-Document

[2] http://www.monde-diplomatique.fr/cartes/pauvreteindimdv51

[3] http://www.telegraph.co.uk/earth/environment/climatechange/6496196/Al-Gore-profiting-from-climate-change-agenda.html

[4] http://www.telegraph.co.uk/earth/environment/climatechange/6496196/Al-Gore-profiting-from-climate-change-agenda.html

 

Fuente: Mondialisation y Rebelión

 

"LAICISMO Y MERCADO"

"LAICISMO Y MERCADO"

Santiago Alba Rico

7/5/2010

 

El caso de Najwa Malha, una joven española expulsada de un instituto de Pozuelo (Madrid) por cubrirse la cabeza con un velo, ha reavivado de nuevo una polémica destinada -aquí como en el resto de Europa- a colorear y ocultar una cuestión mucho más seria: la dificultad que encuentra el laicismo para imponerse, no en una sociedad religiosa, no, sino en una sociedad capitalista.

 


Así las cosas, la discusión sobre símbolos religiosos sirve en España sobre todo para que gobierno y oposición escenifiquen una pugna fundamentalmente hipócrita. El alcalde de Pozuelo y Esperanza Aguirre disfrazan la islamofobia del PP bajo ropajes inflexiblemente laicos, mientras que los ministros socialistas, incapaces de enfrentarse a la iglesia católica para abordar una verdadera laicización de la enseñanza, cacarean por su parte su laica tolerancia.

En todo caso, la cuestión del laicismo está mal planteada. Prohibir el uso individual de símbolos religiosos en nombre del laicismo significa en realidad -al revés- prohibir el uso laico de los símbolos y, en consecuencia, reconocer legalmente su monopolio por parte de doctrinas o instituciones religiosas. Las paredes de una escuela, materialización de la res publica, no pueden admitir identificaciones parciales o sectarias; pero el pecho y la cabeza de un niño tienen muy poca autoridad social. Una cosa es oponerse a la islamización del espacio público -o a utilizarlo, como de hecho hace el catolicismo, para difundir cosmovisiones religiosas contradictorias con el contenido mismo del curriculum escolar- y otra muy distinta impedir que los individuos decidan sobre el valor simbólico de un signo indumentario. Al expulsar la medallita o el velo de las escuelas, lo que hace el Estado es entregar en propiedad esos objetos al cristianismo o al islam e impedir su desacralización individual; está reconociendo a la Iglesia y a la Mezquita, por así decirlo, el derecho de propiedad o copyriht sobre esos símbolos y protegiéndolos de toda intervención profana. Está vedando el uso ornamental, lúdico, estético o -por qué no- blasfemo de los signos indumentarios.

Nada menos laico. Podemos decir que una escuela que impide el uso arbitrario e idiosincrásico de los símbolos representa paradójicamente a un Estado totalitario y teocrático: totalitario porque impone el valor unívoco de esos símbolos contra la libertad semiótica individual; teocrático porque de esa manera delimita y protege precisamente su exclusiva condición religiosa. No permitir el uso de cruces y velos a los alumnos es, bien mirado, un privilegio concedido al cristianismo y al islam. En estas condiciones, a los comunistas nos gustaría que se expulsara a los chavales que visten camisetas con la imagen del Che porque de esa manera se estaría devolviendo esa imagen a la ideología por la que luchó. Si no se hace, si la escuela admite camisetas con imágenes del Che, de la hoz y el martillo y hasta con las siglas de la fenecida URRS, huelga decirlo, no es por tolerancia hacia los comunistas sino porque, completamente profanadas, esas imágenes no representan ningún peligro.

Pero ésta es la lógica del mercado y no del laicismo. La ley reconoce que la cruz pertenece al cristianismo y el velo al islam como reconoce que la imagen de Cristiano Ronaldo pertenece al Real Madrid, la botella de Fanta a la casa Coca-Cola y el Pato Donald a Walt Disney -y el Che a una marca de camisetas. Pero si es la lógica del mercado, ¿por qué no respetarla de veras? Si el velo es el logotipo de la marca islam y la cruz el logotipo de la marca cristianismo, ¿por qué no permitir también estas marcas junto a todas las otras? Y si, como yo creo, todas las marcas son perturbadoras y peligrosas en el ámbito de la enseñanza, donde los niños se miden unos a otros a través de signos indumentarios, ¿por qué no prohibir también, junto a la cruz y el velo, los logos de Nike, de Levis, de Nestle, de Dolce & Gabbana?

 

No hay más que dos soluciones coherentes al dilema planteado por Najwa Malha. Una admitir todas las marcas -incluidas las religiosas- en nombre de la libertad semiótica, que es verdaderamente laica, aunque capitalista. El otro asimilar los pechos y las cabezas de los niños, mientras estén en la escuela, a las paredes públicas, materialización de la res publica, e imponerles un cómodo, barato y elegante uniforme que deje fuera todas las diferencias de religión, de clase y de marca. Lo que -para dar la razón a Libertad Digital- es, además de laico, socialista.

Fuente: Diagonal