Blogia
ANTAGONISTAS

VISIONES Y REVISIONES: EL SENTIDO DE LA HISTORIA por Giorgio Locchi

VISIONES Y REVISIONES: EL SENTIDO DE LA HISTORIA por Giorgio Locchi

Muchos se preguntan hoy por el “sentido de la historia”, es decir, por el fin y por el significado de los fenómenos históricos. El objeto de este artículo es el examen de las respuestas que nuestra época da a esta doble cuestión, tratando de reconducirlas, pese a su aparente multitud, a dos tipos fundamentales, rigurosamente antagónicos y contradictorios.
 
Pero, ante todo, es necesario arrojar luz sobre el significado que damos al término “historia”. Esta puntualización de vocabulario tiene su importancia. Hablamos a veces de “historia natural”, de “historia del cosmos”, de “historia de la vida”. Se trata, ciertamente, de imágenes analógicas. Pero toda analogía, en el momento en que subraya poéticamente una semejanza, implica también lógicamente una diversidad fundamental. El universo macrofísico, en realidad, no tiene historia: como nosotros lo percibimos, como podemos representárnoslo, no hace más que cambiar de configuración a través del tiempo. Tampoco la vida tiene historia: su devenir consiste en una evolución: evoluciona. Se comprende, por tanto, que la historia es el modo de devenir del hombre (y sólo del hombre) en cuanto tal: sólo el hombre deviene históricamente. Por consiguiente, plantearse la cuestión de si la historia tiene un sentido, es decir un significado y un fin, equivale en el fondo a preguntarse si el hombre, que es en la historia y que ( voluntariamente o no) hace la historia, tiene él mismo un sentido, si su participación en la historia es o no una actitud racional.
 
Tres periodos sucesivos
 
Por todas partes, hoy, la historia está bajo acusación. Se trata, como veremos, de un fenómeno antiguo. Pero hoy la acusación se hace más vehemente, más explícita que nunca. Es una condena total y sin apelación la que se nos pide que pronunciemos. La historia, se nos dice, es la consecuencia de la alienación de la humanidad. Se invoca, se propone, se proyecta el fin de la historia. Se predica el retorno a una especie de estado de naturaleza enriquecido, la interrupción del crecimiento, el fin de las tensiones, el retorno al equilibrio tranquilo y sereno, a la felicidad modesta, pero asegurada, que sería la de toda especie viviente. Nos vienen inmediatamente a la memoria los nombres de algunos de estos teóricos, como los de Herbert Marcuse y Claude Lèvi-Strauss, cuyas doctrinas son bien conocidas.
 
La idea de un fin de la historia puede parecer una de las más modernas. En realidad, no lo es en absoluto. En efecto, basta con examinar las cosas con mayor atención para darse cuenta  de que esta idea no es más que el punto en que lógicamente desemboca una corriente de pensamiento que tiene una antigüedad de, al menos, dos mil años y que, desde hace dos mil años, domina y conforma lo que llamamos “civilización occidental”. Esta corriente de pensamiento es la del pensamiento igualitario. Expresa una voluntad igualitaria, que fue instintiva y casi ciega en sus inicios, pero que, en nuestra época, se ha convertido en algo perfectamente consciente de sus aspiraciones y de su objetivo final. Ahora, este objetivo final del proyecto igualitario es precisamente el fin de la historia, la salida de la historia.
 
El pensamiento igualitario ha atravesado en el curso de los siglos tres periodos sucesivos. En el primero, que corresponde al nacimiento y al desarrollo del cristianismo, se ha constituido en forma de mito. Este término no sobrentiende nada negativo. Llamamos “mito” a todo discurso que, desarrollándose a partir de sí mismo, crea, al mismo tiempo, su lenguaje, dando así a las palabras un sentido nuevo, y apela, recurriendo a  símbolos, a la imaginación de aquellos a quienes se dirige. Los elementos estructurales de un mito se llaman mitemas. Constituyen una unidad de contrarios, pero estos contrarios, no habiéndose separado todavía, permanecen ocultos, por así decirlo, invisibles. En el proceso de desarrollo histórico, la unidad de estos mitemas explota, dando, por tanto, nacimiento a ideologías enfrentadas. Ha sucedido así con el cristianismo, cuyos mitemas han acabado generando las iglesias, luego las teologías y, finalmente, las ideologías enfrentadas (como la de la revolución americana y la de la revolución francesa).
 
El abrirse y la difusión de estas ideologías corresponde al segundo periodo del igualitarismo. En relación con el mito, las ideologías proclaman ya unos principios de acción, pero todavía no extraen de ellos  las consecuencias, lo que hace que así su práctica sea hipócrita, escéptica e ingenuamente optimista.
 
Se llega, de esta forma, al tercer periodo, en el cual las ideas contradictorias generadas por los mitemas originales se resuelven en una unidad, que es la del concepto sintético. El pensamiento igualitario, animado ya por una voluntad que ha llegado a ser plenamente consciente, se expresa en una forma que se decreta “científica”. Pretende ser una ciencia. En el desarrollo que nos interesa, este estadio corresponde a la aparición del marxismo y de sus derivados (Cf. en particular, la doctrina de los Derechos del Hombre)
 
El mito, las ideologías, la pretendida ciencia igualitaria expresan, por así decirlo, los niveles sucesivos de conciencia de una misma voluntad; fruto de una misma mentalidad, presentan siempre la misma estructura fundamental. Lo mismo sucede, naturalmente, con las concepciones de la historia que derivan de ella, y que no difieren entre sí más que por la forma y por el lenguaje utilizado en el discurso. Sea cual sea su forma histórica, la visión igualitaria de la historia es una visión escatológica, que atribuye a la historia un valor negativo y no le reconoce ningún sentido más que en la medida en que el movimiento histórico tiende , con su propio movimiento, a su negación y a su fin.
 
Restitución de un momento dado
           
Si se examina la Antigüedad pagana, se observa cómo esta ha oscilado entre dos visiones de la historia, de la que una no era más que la antítesis con respecto a la otra: ambas concebían el devenir histórico como una sucesión de instantes en la cual todo instante presente delimita siempre, por un lado el pasado, por el otro el porvenir. La primera de estas versiones propone una imagen cíclica del devenir histórico. Implica la repetición eterna de instantes, de hechos y de periodos dados. Es lo que expresa la fórmula nihil sub sole novi. La segunda, que, por lo demás, acabará resolviéndose en la primera, propone la imagen de una línea recta que tiene un inicio, pero no un fin, no por lo menos un fin imaginable y previsible.
 
El cristianismo, en cierta medida, ha llevado a cabo una síntesis de estas dos visiones antiguas de la historia, sustituyéndolas con una concepción que se ha definido como lineal, y que es, en realidad, segmentaria. En esta visión la historia tiene un inicio, pero también tiene que tener un fin. No es más que un episodio, un accidente en el ser de la humanidad. El verdadero ser del hombre es exterior a la historia. Y el fin de la historia se considera que nos devuelve, sublimándolo, lo que se encontraba en el principio. Como en la visión cíclica, hay, por tanto, en la visión fragmentaria una conclusión por la restitución de un momento dado, pero al contrario de lo que sucede en el ciclo, este momento se sitúa ya fuera de la historia, fuera del devenir histórico; apenas  restituido se congelará en una inmutable eternidad; el momento histórico, al haberse cumplido, ya no se reproducirá más. Asimismo, como en la visión segmentaria, hay  un inicio de la historia pero a este inicio se añade un fin, de modo que la verdadera eternidad humana no es la del devenir sino la del ser.
 
Este episodio que es la historia se percibe, desde la perspectiva cristiana, como una verdadera maldición. La historia deriva de una condena del hombre por parte de Dios, condena a la infelicidad, al trabajo, al sudor y a la sangre, que sanciona una culpa cometida por el hombre. La humanidad que vivía en la feliz inocencia del jardín del Edén, ha sido condenada a la historia porque Adán, su antepasado, ha transgredido el mandamiento divino, ha probado el fruto del Árbol de la ciencia, y ha querido ser similar a Dios. Esta culpa de Adán, en cuanto pecado original, pesa sobre todo individuo que viene al mundo. Es inexplicable por definición, ya que el ofendido es Dios mismo. Pero Dios, en su infinita bondad, acepta hacerse cargo él mismo de la expiación: se hace hombre encarnándose en la persona de Jesús. El sacrificio del Hijo de Dios introduce en el devenir histórico el advenimiento esencial de la Redención. Sin duda, esta sólo concierne a los individuos tocados por la Gracia. Pero hace ya posible el lento camino hacia el fin de la historia, para el cual la “comunidad de los santos” deberá preparar a la humanidad. Al final, llegará un día en que las fuerzas del Bien y del Mal se enfrentarán en una última batalla, que desembocará en un Juicio final y, por tanto, en la instauración de un Reino de los cielos que tiene su correspondencia dialéctica en el abismo del Infierno.
 
El Edén antes del inicio de la historia, el pecado original; la expulsión del jardín del Edén; la travesía por este valle de lágrimas que es el mundo, lugar del devenir histórico; la Redención; la comunidad de los santos, la batalla apocalíptica y el Juicio final; el fin de la historia y la instauración de un Reino de los cielos: tales son los mitemas que estructuran la visión mítica de la historia propuesta por el cristianismo, visión en la que el devenir histórico del hombre tiene un valor puramente negativo y el sentido de una expiación.
 
La visión marxista
 
Los mismos mitemas se encuentran idénticamente  pero con una forma laicizada y pretendidamente científica en la visión marxista de la historia. Empleando el término “marxista” no tenemos la intención de participar en el debate, muy de moda hoy, sobre lo que sería el “verdadero pensamiento” de Marx. En el curso de su existencia Karl Marx ha pensado cosas muy diferentes y se podría discutir largo y tendido para saber cuál es el “verdadero” Marx. Nos referimos, por tanto, al marxismo recibido que ha sido durante mucho tiempo, y que, en resumidas cuentas, sigue siendo hasta ahora, la doctrina de los partidos comunistas y de los Estados que se reconocen en la interpretación leninista.
 
En esta doctrina la historia es presentada como el resultado de una lucha de clases, es decir, de una lucha entre grupos humanos que se definen por sus respectivas condiciones económicas; el jardín del Edén de la prehistoria se encuentra en esta versión en el “comunismo primitivo” practicado por una humanidad todavía inmersa en el estado de naturaleza y puramente predadora. Mientras en el Edén el hombre padecía las constricciones resultantes de los mandamientos de Dios, las sociedades comunistas prehistóricas vivían bajo la presión de la miseria. Esta presión ha llevado a la invención de los medios de producción agrícola, pero esta invención se ha revelado también como una maldición. Implica, en efecto, no sólo la explotación de la naturaleza por parte del hombre, sino también la división del trabajo, la explotación del hombre por el hombre y, por consiguiente, la alienación de todo hombre respecto a sí mismo. La lucha de clases es la consecuencia implícita de esta explotación del hombre por el hombre. Su resultado es la historia.
 
Como se ve, son las condiciones económicas las que determinan para los marxistas los comportamientos humanos. Por concatenación lógica, estos últimos conducen a la creación de sistemas de producción siempre nuevos, que causan a su vez condiciones económicas nuevas, y, sobre todo, una miseria cada vez mayor de los explotados. Sin embargo, también ahí, interviene una Redención. Con el advenimiento del sistema capitalista, la miseria de los explotados alcanza, en efecto, su culminación: llega a ser insoportable. Los proletarios toman entonces conciencia de su condición, y esta toma de conciencia redentora tiene por efecto la organización de los partidos comunistas, exactamente como la redención de Jesús había llevado a la fundación de una comunidad de santos.
 
Los partidos comunistas emprenderán una lucha apocalíptica contra los explotadores. Esta podrá ser difícil, pero será necesariamente victoriosa (es el “sentido de la historia”). Llevará a la abolición de las clases, pondrá fin a la alienación del hombre, permitirá la instauración de una sociedad comunista inmutable y sin clases. Y así como la historia es el resultado de la lucha de clases, evidentemente, ya no habrá historia. El comunismo prehistórico será restituido, como el jardín del Edén del Reino de los cielos, pero de modo sublimado: mientras la sociedad comunista primitiva estaba afligida por la miseria material, la sociedad comunista post-histórica se beneficiará de una satisfacción perfectamente equilibrada de sus necesidades.
 
Así, en la visión marxista, la historia asumirá igualmente un valor: negativo. Nacida de la alienación original del hombre, no tiene sentido más que en  la medida en que, aumentando incesantemente la miseria de los explotados, contribuye, por fin, a crear las condiciones en las cuales esta miseria desaparecerá, y “trabaja” de algún modo para su propio fin.
 
Una determinación de la historia
 
Estas dos visiones igualitarias de la historia, la visión religiosa cristiana y la visión laica marxista, ambas segmentarias, ambas escatológicas, implican lógicamente, la una y la otra, una determinación de la historia que no es obra del hombre, sino de algo que lo transciende. El  cristianismo y el marxismo no se esfuerzan ni siquiera en negarlo. El cristianismo atribuye al hombre un libre albedrío  que le permite afirmar que Adán, al haber “elegido” libremente pecar, es el único responsable de su culpa, es decir, de su imperfección. Es, por tanto, Dios el que ha hecho (y, así, el que ha querido) que Adán sea imperfecto. Por su parte, los marxistas afirman a veces que es el hombre el que hace la historia, o, más exactamente, los hombres en tanto que pertenecientes a una clase social. De lo que resulta, sin embargo, que las clases sociales están determinadas y definidas por las condiciones económicas. Resulta, también, que es la miseria original la que ha obligado a los hombres a entrar en la sanguinaria concatenación de la lucha de clases. El hombre no es, por tanto, activado más que por su condición económica. Es el hazmerreír de una situación que tiene su origen en la naturaleza misma en tanto que juego de fuerzas materiales.
 
De esto resulta que cuando el hombre juega un papel en las visiones igualitarias de la historia, es un papel de una obra que no ha escrito, que no podrá haber escrito; y esta obra es una farsa trágica, vergonzosa y dolorosa. La dignidad, como la verdad auténtica del hombre, se sitúan fuera de la historia, antes y después de la historia.
 
Por otra parte, toda cosa posee en sí su propia antítesis relativa. La visión escatológica de la historia posee también su antítesis relativa, igualitaria también esta, que es la teoría del progreso indefinido. En esta teoría el movimiento histórico es representado como tendente de forma constante hacia un punto cero que no se alcanza nunca. Este “progreso” puede ir en el sentido de un “cada vez mejor”, excluyendo, no obstante, la idea de un bien perfecto y absoluto: es un poco la visión ingenua de la ideología americana, ligada al american way of life, es también la de cierto “marxismo desengañado”. Puede ir también en el sentido de un “cada vez peor”, sin que la medida del mal alcance nunca su culminación: es un poco la visión pesimista de Freud, que no veía cómo esta “infelicidad” que es la civilización podría cesar de reproducirse algún día (hay que observar, por otra parte, que esta visión pesimista del freudismo está actualmente en fase de ser reabsorbida, sobre todo, por parte de Marcuse y de los freudomarxistas, en la tesis escatológica del marxismo, después de haber desempeñado la función que siempre ha desempeñado toda antítesis desde la invención del Diablo, es decir: una función instrumental)
 
Animar otra voluntad
 
Como todo el mundo sabe, es a Friedrich Nietzsche a quien se remonta la reducción del cristianismo, de la ideología democrática y del consumismo al común denominador del igualitarismo. Pero es también a Nietzsche a quien se remonta el segundo tipo de visión de la historia, que, en la época actual, se opone (subterráneamente a veces, pero con mucha más tenacidad) a la visión escatológica y segmentaria del igualitarismo. Nietzsche, en efecto, no sólo ha querido analizar, sino también combatir el igualitarismo. Ha querido inspirar, suscitar un proyecto opuesto al proyecto igualitario, animar otra voluntad, alentar un juicio de valor diametralmente distinto. Por este motivo su obra presenta dos aspectos, ambos complementarios. El primer aspecto es propiamente crítico; se podría decir incluso científico. Su objetivo es arrojar luz sobre la relatividad de todo juicio de valor, de toda moral e, incluso, de toda verdad pretendidamente absoluta. De tal manera evidencia la relatividad de los principios absolutos proclamados por el igualitarismo. Pero junto a este aspecto crítico, existe otro, que podríamos definir poético, ya que esta palabra deriva del griego poiein, que significa “hacer, crear”. Con este trabajo poético, Nietzsche se esfuerza por dar vida a un nuevo tipo de hombre, ligado a nuevos valores y que extrae sus principios de acción de una ética que no es la del Bien y del Mal, sino una ética que es legítimo definir como sobrehumanista.
Para dar una imagen de lo que podría ser una sociedad humana fundada sobre los valores que propone, Nietzsche ha recurrido casi siempre al ejemplo de la sociedad griega arcaica, a la más antigua sociedad romana, y también a las sociedades ancestrales de la antigüedad indoeuropea, aristocrática y conquistadora. Eso lo sabe casi todo el mundo. Por contra, no se presta la suficiente atención al hecho de que Nietzsche, al mismo tiempo, advierte contra la ilusión que consiste en creer que sería posible “hacer volver a los Griegos”, es decir, resucitar el mundo antiguo precristiano. Ahora, este detalle es de una importancia extrema, porque nos ofrece una clave necesaria para comprender mejor la visión nietzscheana de la historia. Nietzsche ha ocultado voluntariamente, “codificado”, se podría decir, el sistema organizador de su pensamiento. Lo ha hecho, como dice expresamente, en conformidad con cierto sentimiento aristocrático: tiene la intención de vetar a los inoportunos el acceso a su casa. Es la razón por la que se contenta con entregarnos todos los elementos de su concepción de la historia, sin revelarnos nunca cómo hay que combinarlos.
 
Además, el lenguaje adoptado por Friedrich Nietzsche es el lenguaje del mito, lo que no hace más que añadir dificultades de interpretación. La tesis aquí expuesta no es, por tanto, nada más que una posible interpretación del mito nietzscheano de la historia; pero se trata de una interpretación que tiene su peso histórico, ya que ha inspirado todo un movimiento metapolítico de poderosas prolongaciones, a veces, definido como revolución conservadora, y que es también la interpretación de aquellos que, reconociéndose en Nietzsche, se adhieren más íntimamente a sus declaradas intenciones antiigualitarias.
 
Los elementos, los mitemas que se vinculan a la visión nietzscheana de la historia son principalmente tres: el mitema del último hombre, el del advenimiento del superhombre y, finalmente, el del Eterno retorno de lo Idéntico.
 
El Eterno retorno
 
A los ojos de Nietzsche, el último hombre representa el mayor peligro para la humanidad. Este último hombre pertenece a la inextinguible raza de los piojos. Aspira a una pequeña felicidad que sería igual para todos. Quiere el fin de la historia porque la historia es generadora de acontecimientos, es decir, de conflictos y de tensiones que amenazan esta “pequeña felicidad”. Se burla de Zarathustra que predica el advenimiento del superhombre. Para Nietzsche, en efecto, el hombre no es más que un “puente entre el mono y el superhombre”, lo que significa que el hombre y la historia no tienen sentido más que en la medida en que tienden a una superación y, para hacer esto, no dudan en aceptar su desaparición. El superhombre corresponde a un fin, a un fin dado en cada momento y que quizás es imposible alcanzar; mejor, un fin que, en el instante mismo en que se alcanza, se vuelve a proponer un nuevo horizonte. En tal perspectiva, la historia se presenta, por tanto, como una perpetua superación del hombre por parte del hombre.
 
Sin embargo, en la visión de Nietzsche, hay un último elemento que parece, a primera vista, contradictorio con respecto al mitema del superhombre, el del Eterno retorno. Nietzsche afirma, en efecto, que el Eterno retorno de lo Idéntico domina el devenir histórico, lo que, a primera vista, parece indicar que nada nuevo puede producirse, y que toda superación queda excluida. El hecho es, por lo demás, que este tema del Eterno retorno ha sido a menudo interpretado en el sentido de una concepción cíclica de la historia, concepción que recuerda mucho la de la antigüedad pagana. Se trata, desde nuestro punto de vista, de un serio error contra el que el propio Nietzsche nos puso en guardia. Cuando, bajo el Pórtico que lleva el nombre de Instante, Zarathustra interroga al Espíritu de la Pesadez sobre el significado de dos caminos eternos que, viniendo de direcciones opuestas, se reúnen en aquel punto preciso, el Espíritu de la Pesadez responde: “Todo lo recto miente, la verdad es curva, también el tiempo es un círculo”. Entonces, Zarathustra replica con violencia: “Espíritu de la Pesadez, no tomes tan a la ligera la cosa”.
 
En la visión nietzscheana de la historia, contrariamente al caso de la antigüedad pagana, los instantes no son vistos, por tanto, como puntos que se suceden sobre una línea, sea esta recta o circular. Para comprender sobre qué se apoya la concepción nietzscheana del tiempo histórico, más bien, hay que poner esta en paralelo con la concepción relativista del universo físico tetradimensional. Como se sabe, el universo einsteniano no puede ser representado “sensiblemente”, ya que nuestra sensibilidad, siendo de orden biológico, no puede tener más que representaciones tridimensionales. Al mismo tiempo, en el universo histórico nietzscheano el devenir del hombre se concibe como un conjunto de momentos de los que cada uno forma una esfera en el interior de una “hiperesfera” tetradimensional, en que cada momento puede, por consiguiente, ocupar el centro con respecto a los otros. Desde esta perspectiva, la actualidad de todo  momento no se llama ya “presente”. Al contrario, presente, pasado y porvenir coexisten en todo momento: son las tres dimensiones de todo momento histórico. ¿Acaso no cantan los animales de Zarathustra a su Maestro: “En cada instante comienza el ser; en torno a todo ‘aquí’ gira la esfera ‘allá’. El centro está en todas partes. Curvo es el sendero de la eternidad”?
 
La elección que se ofrece a nuestra época
 
Todo esto puede parecer complicado, del mismo modo que la teoría de la relatividad es también complicada. Para ayudarnos, acudamos a algunas imágenes. El pasado, para Nietzsche, no corresponde en absoluto a lo que ha sido “de una vez por todas”, elemento congelado para siempre que el presente dejaría detrás de sí. Del mismo modo, el porvenir ya no es el efecto obligatorio de todas las causas que le han precedido en el tiempo y que le determinan, como en las visiones lineales de la historia. En todo momento de la historia, en toda “actualidad”, pasado y porvenir son, por así decirlo, nuevamente cuestionados, se configuran según una nueva perspectiva, conforman otra verdad. Se podría decir, para usar otra imagen, que el pasado no es otra cosa que el proyecto al cual el hombre conforma su acción histórica, proyecto que trata de realizar en función de la imagen que se forma de sí mismo y que se esfuerza por encarnar. El pasado aparece, entonces, como una prefiguración del porvenir. Es, en sentido propio, la “imaginación” del porvenir: que viene a ser uno de los significados canalizados por el mitema del Eterno retorno.
 
Por consiguiente, está claro que, en la visión que nos propone Nietzsche, el hombre asume la total responsabilidad del devenir histórico. La historia es su obra. Lo que viene a significar que asume también la total responsabilidad de sí mismo, que es verdadera y totalmente libre: faber suae fortunae. Esta libertad es una libertad auténtica, no una “libertad”condicionada por la Gracia divina o por las constricciones de una situación material económica. Es también una libertad real, es decir, una libertad que consiste en la posibilidad de elegir entre dos opciones opuestas, opciones existentes en todo momento de la historia y, que, siempre, cuestionan nuevamente la totalidad del Ser y del devenir del hombre (si estas opciones no fuesen siempre realizables, la elección no sería más que una falsa elección, la libertad, una falsa libertad, la autonomía del hombre, una apariencia).
 
Ahora, ¿cuál es la elección que se ofrece a los hombres de nuestra época? Nietzsche nos dice que esta elección debe hacerse entre el “último hombre”, es decir, el hombre del fin de la historia, y el impulso hacia el superhombre, es decir, la regeneración de la historia. Nietzsche considera que estas dos opciones son tan reales como fundamentales. Afirma que el fin de la historia es posible, que debe ser examinado seriamente, del mismo modo que es posible su contrario: la regeneración de la historia. En última instancia, el resultado dependerá de los hombres, de la elección que lleven a cabo entre ambos campos, el del movimiento igualitario que Nietzsche llama el movimiento del último hombre, y el otro movimiento, que Nietzsche se ha esforzado por suscitar, que ya ha suscitado, y que él llama “su” movimiento.
 
Dos sensibilidades
 
Visión lineal y visión esférica de la historia: nos encontramos aquí enfrentados a dos sensibilidades diferentes que no han dejado de oponerse, que se oponen y que seguirán oponiéndose. Estas dos sensibilidades coexisten en la época actual. Ante un espectáculo como el de las Pirámides, por ejemplo, la sensibilidad igualitaria verá, desde el punto de vista moral, un símbolo execrable, ya que sólo la esclavitud, la explotación del hombre por el hombre, han permitido la concepción y la realización de estos monumentos. La otra sensibilidad, al contrario, se sentirá impresionada, ante todo, por la unicidad de esta expresión artística y arquitectónica, por todo lo que supone de grande y espantoso en el hombre que se atreve a  hacer la historia y que desea dar forma a su destino…

Tomemos otro ejemplo. Oswald Spengler, en una página famosa, ha recordado a aquel centinela  romano que, en Pompeya,  se dejó sepultar por la lava porque ningún superior le había dado el relevo. Para una sensibilidad igualitaria, ligada a una visión segmentaria de la historia, tal gesto está totalmente desprovisto de sentido. En última instancia, no puede más que condenarlo, al mismo tiempo que condena la historia, porque, a sus ojos, este soldado ha sido víctima de una ilusión o de un error “inútil”. Al contrario, el mismo gesto resultará inmediatamente ejemplar desde el punto de vista de la sensibilidad trágica y sobrehumanista, que comprende, intuitivamente se podría decir, que este soldado romano no  había llegado a ser verdaderamente un hombre más que conformándose a la imagen que se forjó de sí, es decir, la imagen de un centinela de la ciudad imperial.
 
Hemos citado a Spengler. Esto nos lleva a plantear, después de él, el problema del destino de Occidente. Spengler, como se sabe, era pesimista. Según él, el fin de Occidente está próximo, y el hombre europeo, como el soldado de Pompeya, no  puede más que mantener su propia función hasta el final, antes de perecer como un héroe trágico abrazando su mundo y su civilización. Pero en 1980 (época de la primera publicación del presente artículo) es al fin de toda la historia a lo que tiende Occidente.
 
Es al retorno a la “felicidad inmóvil de la especie” a lo que apelan sus deseos, sin ver en tal perspectiva nada trágico, más bien, al contrario. El Occidente igualitario y universalista tiene vergüenza de su pasado. Siente horror por su especificidad que ha creado su superioridad durante siglos, mientras en su subconsciente se abría camino la moral que se ha dado. Porque este Occidente bimilenario es también un Occidente judeocristiano que ha acabado descubriéndose como tal, y que hoy saca las consecuencias correspondientes. Ciertamente, este Occidente también ha transmitido durante mucho tiempo una herencia griega, latina, germánica, romana, y de ello ha hecho su fuerza. Pero las masas occidentales, privadas de verdaderos maestros, reniegan de esta herencia indoeuropea. Sólo pequeñas minorías, esparcidas por acá y por allá, miran con nostalgia las realizaciones de sus más lejanos antepasados, se inspiran en valores que fueron suyos, y sueñan con resucitarlos. Tales minorías pueden parecer risibles y, quizás, lo sean efectivamente. Y, sin embargo, una minoría, tal vez incluso ínfima, puede siempre llegar a guiar a una masa.
 
Esta es la razón por la cual el Occidente moderno, este Occidente nacido del compromiso constantiniano y del in hoc signo vinces, ha caído en la esquizofrenia. En su inmensa mayoría, quiere el fin de la historia y aspira a la felicidad en la regresión. Y al mismo tiempo, estas pequeñas minorías tratan de fundar una nueva aristocracia y tienen la esperanza de un nuevo Retorno que, en cuanto tal, no podrá  producirse nunca (“los Griegos no vuelven”), pero que puede mutarse en una regeneración de la historia.
 
Hacia una regeneración de la historia
 
Aquellos que han adoptado una visión lineal o segmentaria de la historia tienen la certeza de “estar del lado de Dios”, como dicen los unos, de “ir en el sentido de la historia”, como dicen los otros. Sus adversarios no pueden tener ninguna certeza. Si se cree que la historia la hace el hombre y sólo el hombre, si se cree que el hombre es libre y que libremente forja su destino, hay que admitir que esta libertad puede, en último término, volver a cuestionar, e incluso abolir, la historicidad misma del hombre. Les es preciso, repitámoslo, considerar que el fin de la historia es posible, aunque es una eventualidad que rechazan y contra la que se baten. Pero si el fin de la historia es posible, también la regeneración de la historia lo es, en todo momento. Porque la historia no es ni el reflejo de una voluntad divina, ni el resultado de una lucha de clases predeterminada por la lógica de la economía, sino el resultado de una lucha que emprenden los hombres entre sí en nombre de las imágenes que se forman respectivamente de ellos mismos y a las cuales, realizándolas, tratan de adecuarse.

En la época en que vivimos, algunos no encuentran otro sentido en la historia más que en la medida en que esta tiende a la negación de la condición histórica del hombre. Para otros, al contrario, el sentido de la historia no es otro que el sentido de una imagen del hombre, una imagen usada y consumida por la marca del tiempo histórico. Una imagen dada en el pasado, pero que conforma siempre su actualidad. Una imagen que no pueden realizar más que con una regeneración del tiempo histórico. Estos saben que Europa no es ya más que un cúmulo de ruinas. Pero, con Nietzsche, saben también que una estrella, si ha de nacer, nunca puede empezar a brillar más que en un caos de polvo oscuro.
 
Giorgio Locchi    

 


30 comentarios

Dick Raspe -

Perdón por la tardanza, me encontraba fuera de España. Poner fecha se puede poner, pero lo interesante es saber si se cuenta con aforo suficiente y si están interesados quienes interesan. El camarada ps y yo hablamos en este sentido de algunos nombres. Pero mejor, todo esto en privado...
Salud.

Antagonistas -

"se acerca el momento de materializar un encuentro entre los disidentes antagonistas".......................¿Ponemos fecha?

Avizor para Cordura -

Pues no sé como se puede sacar eso de lo que decía yo:
«Lo que "esta gente" odia profundamente es la utilización del cristianismo para apuntalar el conformismo e hipocresía social burguesa (como hace Braunau, es decir, como odia Braunau) O para justificar las salvajadas de los yanquis, los sionistas o las demás potencias occidentales (como hace Cordura: es decir como odia Cordura).
Una tercera parte de las intervenciones de Cordura son para condenar la instrumentalización del cristianismo que hacen los Estados Asesinos de América y la derecha "cruzada" latina, como cobertura de sus intereses y dominio mundial en expansión.
Soy un poco torpe, pero no tanto.

Dick Raspe -

...Y por cierto, se me olvidaba, felicidades a A.B.A por estos seis meses de combate virtual. Es un placer compartir trinchera con los mejores (aunque de momento toque aguantar agazapado el bombardeo).
Salud.

Dick Raspe -

...se acerca el momento de materializar un encuentro entre los disidentes antagonistas...
Salud.

Antagonistas -

Todos nos hemos perdido en las noches y en los dias (que te voy a contar). saludos a los amigos y camaradas de antaño. Ojalá nos enconremos odosjuntos al final del Camino...

Braunau -

Antagonistas... soy Raúl (Brau Nau)..., todo un placer haber encontrado este blog, (de la mano de un camarada mutuo) y reencontrar autentica disidencia cultural y politica, por lo menos para mí, que me perdí en los días y la noches... y el maldito desencanto... y esperemos que esto siga y vaya a más.

Cordura -

Braunau, choca esa mano: contra el (pseudo)cristianismo institucionalizado yo estoy tanto o más que nadie. Ésa es precisamente buena parte de mi lucha principal (como sabe Antagonistas). Otra cosa es que exija un mínimo de rigor al hablar de estos (y otros) asuntos.

Avizor, supongo que no quieres decir eso, pero tal como te explicas pareciera que yo uso el cristianismo para justificar los crímenes del Imperio. Todo lo contrario: condeno una y otra vez la INSTRUMENTALIZACIÓN de la religión cristiana que hacen Puslandia y el Vaticano en beneficio de sus planes de dominación. (Supongo que era eso lo que querías decir, porque si no... :-)

¡Feliz Navidad, Antagonistas!

Antagonistas -

...Y dicho lo cual no podemos por menos de FELICITAR a los intervinientes de los últimos post por el MUY ALTO nivel de sus comentarios.
Sois todos vosotros realmente la sal y la levadura de este modesto Blog; y sois vosotros todos -a pesar de los pesares- los que durante estos seis meses de existencia de Antagonistas lo habeis mantenido vivito y coleando.
MUCHAS GRACIAS!!

Avizor -

Es otra generalización injusta, una acusación gratuita, que "esta gente" odie el cristianismo.
Lo que "esta gente" odia profundamente es la utilización del cristianismo para fomentar un modelo social hipócrita (como acaba de decir Braunnau) o para justificar las salvajadas de los yanquis, los sionistas o las demás potencias occidentales (como hace Cordura).
Lo que "esta gente" recuerda asimismo es que son muy pocos (pero que muy pocos)los cristianos confesos que se destaquen despotricando la utilización del cristianimo para sostener el conformismo burgués o para apoyar las "guerras por la civilización".
Lo que "esta gente" no percibe por ninguna parte es que la mayoría de los cristianos confesos empleen una parte de sus esfuerzos, ni tan siquiera una centésima parte del dedicado a combatir la asignatura progresista de "ciudadanía", a rebatir las falacias criminales de la derecha.
No es extraño que muchos deduzcan que los cristianos, o los que se presentan en sociedad como tales, están conformes con la hipocresía institucional o con el sionismo.

Antagonistas -

Suscribimos lo dicho por Braunau (por cierto ¿eres Raul o Mao?)frente a la grosera afirmación del tal Lábaro...
"Labaro" recuerda "In Hoc Signo NON Vinces"...

Braunau -

Creo que poca gente aqui odie el cristianismo... otra cosa es que se "combata" al cristianismo institucionalizado como filosofía-religión y todo lo que conlleva de decaimiento de una sociedad hipócrita, de valores judeocristianos que al final hacen justo lo contrario de lo que a mi entender hacía el gran Galileo... Supongo que todo viene a raiz de la tergiversación de San Pablo, y su legitimación del jadaísmo en la sociedad romana... y patatín patatán... obviamente no me gusta... pero tampoco quiero meterme en camisas de once baras, dado mi desconmiento teológico, porque sinceramente me aburre, al contrario que el loco de Basilea, todo un placer leerle...

Cordura -

Gracias, amigo Labaro, pero ya sé con quién me juego las pelas :-)

En todo caso, sólo pido un poco de rigor y un mínimo de lógica para ser realmente eficaces.

Saludos.

Labaro -

Que no, que no te canses, Cordura. Que esta gente odia al cristianismo (en cualquiera de sus versiones) y a partir de ahi elaboran todo su discurso.

Puertas -

People stranger
when you are stranger

Braunau -

Avido el cuervo graznaba... / soñandome carroña muerta...

Cordura -

Belicoso, Venator:

Una de las cosas que más me han irritado siempre ha sido ver la lectura que hacían los progres del genial Friedrich Nietzsche (en clave "anarco-libertaria"). Una lectura basada en el ateísmo que ambas partes compartían, pero que de paso hacía de Federico poco más que un humanista.

La realidad es otra: la voz del filósofo martillo es un canto al yo, pero siempre desde la Moral de los Señores contra la Moral de los Siervos.

Algunos pretender reducir esto a símbolos sugerentes, pero en su 'Genealogía de la moral' Freddy no deja lugar a dudas: contrapone el espíritu señorial de quienes son "generosos cuando quieren y porque quieren", con la exigencia de justicia social del judeocristianismo. Y tanto ahí como en el Zaratustra y el (inacabado) 'Voluntad de poder', explica además que los débiles deben quedar en manos de los fuertes.

[Si me gusta Nietzsche es, entre otras cosas, porque HABLA CLARO. La lectura progre, que sorprendentemente parece compartir Venator en algún grado, lo único que consigue es oscurecerlo.]

¿Que hay nietzscheanos partidarios de la justicia social? No digo que no, pero entonces o no son intelectualmente coherentes o no han comprendido al filósofo.

En todo caso, como dice Belicoso, lo importante es luchar contra las injusticias. (Eso sí, mientras no se capte el mensaje radical del evangelio a este respecto, seguiremos privándonos de un valioso arsenal de combate).

Saludos.

Venator -

No puedo evitar intervenir al leer lo que, a mi juicio, constituye una forma de vilipendiar el pensamiento de Nietzsche presentándolo como antítesis a la Justicia Social.

Es tanto como obviar que toda la obra de Nietzsche estuvo orientada a dilapidar las bases culturales y morales de las elites dominantes (la burguesía), así como del fundamento de la civilización moderna-capitalista.

“Un día los obreros vivirán como los burgueses pero, por encima de ellos, más pobre y más simple, estará la casta superior. Ella será quien posea el poder”. F. Nietzsche

La alternativa es: Nietzsche y Justicia Social.

Salud.

Belicoso -

Hay que dejarse de "piques" y discutir sobre lo que se expone e importa.
De la misma manera que Nietzsche ha sido susceptible de varias interpretaciones opuestas entre sí (liberales >< anarcas, po ej.) tanto las concepciones de la historia lineales como las cíclicas (o como las esféricas) pueden servir (y han servido) de base para combatir la injusticia o para todo lo contrario, para consolidar un poder basado (y necesitado) de tremendas injusticias.
En España hemos tenido "vivos ejemplos" (o muertos si quieren) de como han sido utilizadas las mismas figuras, palabras y "tradiciones": para reforzar el poder de la clase dominante o para combatirlo. El "Cristianismo", el "Socialismo", la "Revolución", el "Patriotismo", la "Democracia"... significan al mismo tiempo cosas completamente contrarias e irreconciliables dependiendo del fulano o sector que los presenta.

Cordura -

???

No hay tal, Dick: es un llamado sincero.

Dick Raspe -

...la provocación por la provocación...

Cordura -

¡¡¡Liberales del mundo, UNÍOS!!!

¡¡¡Contra el IV Reich Vaticano-Puslandés!!!!!!!

Cordura -

Tengo poco tiempo, así que me limitaré a hacer algunas observaciones al texto de cabecera, ya que veo que echáis mano del tito Locchi para combatir el igualitarismo. Serán observaciones-apuntes (más sugerencias que argumentos propiamente dichos).

–Aunque los contenidos bíblicos son 'mitificables' (en el sentido positivo del que habla Locchi), vano es tratar de entenderlos mientras no se comprenda su dimensión profundamente antimítica (ya presente en los tres primeros capítulos del Génesis).

–Giorgio acierta al subrayar el énfasis del cristianismo en el fin de la historia. Pero a la vez, y aunque lo menciona, no hace hincapié suficiente en la Caída como configuradora de ESTA historia.

–Es cierto que según el cristianismo ESTA historia está contaminada de perversidads (pero, ¿acaso no es de lo más reaccionario negarlo? ¿No existe este mismo blog para combatir esa contaminación, o sus efectos?).

–No es menos cierto, sin embargo, que la perversidad no es según la Biblia la única sustancia de la historia, sino que ésta se halla iluminada, para quien quiera oírlo (“el que tenga oídos, que oiga”), por la Esperanza.

–Locchi da a entender, a la manera (hiper)calvinista, que la gracia de Dios es selectiva, pero eso se da de tortas con muchos pasajes clave del NT (ver, p.ej., Juan 3: 16).

–Carece de consistencia teológica hablar de "una condena del hombre por parte de Dios, condena a la infelicidad". Desde luego, no tiene base bíblica, y denota más bien no haber entendido nada. Según el Génesis, Dios hace al hombre a su imagen, y por tanto libre. Y es en uso de esa libertad, no de condena alguna por parte de Dios, que el hombre elige la infelicidad (por supuesto, de manera atolondrada).

–A tal punto es falsa esa "condena" que, como al propio Giorgio no le queda más remedio que decir después (¡vaya exposición más caótica del cristianismo la suya!), Dios mismo se hace hombre para MORIR por sus hijos, con el fin evidente de que sean FELICES (ver Apocalipsis 21).

–En su caos "teológico", Locchi añade: "Esta culpa de Adán, en cuanto pecado original, pesa sobre todo individuo que viene al mundo. Es inexplicable por definición, ya que el ofendido es Dios mismo." Pero dice esto porque toma el pecado transmitido a toda la humanidad, o los efectos del mismo, como un castigo divino, cuando jamás en la Escritura se lee ni se puede deducir eso (el pecado como condición humana y los efectos del mismo son CONSECUENCIA de la libertad humana, no castigo divino por haberla ejercido).

–Dice el autor que la historia está "determinada" y que por tanto "no es obra del hombre", pero ignora cómo, a pesar de que la Biblia afirma la intervención de Dios en la historia, tampoco deja de recordar una y otra vez que ésta es el despliegue de la libertad humana (desde el principio, de hecho, como acabamos de ver al abordar el tema de la Caída). De ahí los continuos llamados al arrepentimiento...

–Con una lógica entre hipercalvinista y coránica, pero desde luego no bíblica, osa afirmar nuestro amigo Giorgito que es Dios "el que ha hecho al hombre imperfecto" (señal de que no puede entender la libertad... ¿como buen fascista, tal vez? :-)))

–Me encanta Nietzsche y me ha gustado recordarlo en las líneas de Locchi (hacía tiempo que no leía de él o sobre él). Pero hay que situarlo en su contexto psicológico: el de un hombre obsesionado por salirse de la lógica cristiana (en la que había estado tan inmerso desde niño) aunque a la vez sin caer en trivialidades estético-paganas.

–Me gusta el símil locchiano entre eterno retorno y teoría de la relatividad... (el problema, el gran problema, es dónde queda realmente la dignidad humana con Nietzsche, y me refiero a la dignidad de TODOS los seres humanos; es decir, qué pasa si bajamos al terreno de lo concreto, de los débiles, de los oprimidos... en vez de levitar entre nubes hiperbóreas; la filosofía de Nietzsche es groseramente elitista, difícilmente puede conciliarse con gritos como "Con los oprimidos, contra los opresores", salvo que forcemos mucho el sentido de las palabras).

–Pero es que además al propio Nietzsche, lejos de hacerle feliz, su filosofía lo condujo a la locura (la última década de su vida la pasó en las más densas tinieblas). No sale gratis luchar contra Dios (i.e., contra la conciencia) con el fin de aniquilarlo. [Distinta fue la lucha del truhán pero a la vez humilde Jacob, que no buscaba vencer al Invencible, sino obtener su bendición (ver Génesis 32: 22ss.).]

–Pero es que, en realidad, el obseso "anticristiano" Nietzsche, el que firmaba "Dionisos contra el Crucificado", también se llamaba así mismo 'Ecce Homo' y describía al futuro Superhombre con "el cuerpo de Julio César y el alma de Cristo" (ay, la fascinación insuperable por Jesús...).

–En todo caso, a efectos prácticos, y dejándonos de vuelos y revuelos esotérico-caóticos como los de Locchi, la alternativa es: O Nietzsche o la Justicia Social.

Y en ésas estamos.

Antichaparron -

Solo falta que algún miserable patriopatético español de los que tanto pululan por la red acusen a los tres colombianos caidos en el sur del Líbano de haber venido a España a quitarles la tumba y las medallas póstumas a los de aquí.

Dick Raspe y se me olvidaba... -

Tres soldaditos de origen colombiano mueren en Líbano con el ejército español.
Ya sabemos para lo que sirven los inmigrantes...para morir en la obra, para morir en un ejército que aspira a ser una ONG.
Esto es digno de reflexión. A medida que se vayan confirmando las estadísticas en las que se confirman el alto porcentaje de fracaso escolar entre la población inmigrante (por diversos motivos, pérdida de valores,desarraigo, marginalidad...etc) y el alto porcentaje de jóvenes españoles que cursan estudios univesitarios (aunque sea para trabajar en el McDo) se irá formando una sociedad muy a la americana, donde los chicanos en la construcción, los negros en el ejército (y allí sí van a la guerra) dejan los puestos cualificados para los jóvenes WASP.
Ahora ya sabemos que éstos mueren mejor que nosotros, ya tienen utilidad social.
Salud.

Dick Raspe -

Este es un texto para los Corduras del mundo y aunque no es nuevo siempre es altamente recomendable su lectura detenida y reflexivamente.
Por el aprecio personal que tengo por el administrador de este blog, me voy a permitir una pequeña crítica.
Pienso que éste es el camino correcto y no las historietas de bobobo y demás pérdidas de tiempo,recuperando lo mejor de Resistencia para todo aquel que quiera abrir su mirada al nuevo mundo sobrehumanista que ha de motivar al nuevo hombre (aunque sólo sea uno).
Salud

Prometeos -

Muy interesante el texto de Locchi,que demuestra que es necesario siempre leer a este interesante autor que siempre es fuente de vida y esperanza.
Un cordial saludo siempre.

Soldadito Español -

Soldadito tu eres grande.../ que derramas tu sangre por Sión.../
Soldadito la cagaste/ te has quedado en tierra santa/ por luchar con los cobardes/ que masacran a los pueblos/ que valientes dan su vida/ por su liberación... /Soldadito rojigualdo... ya lo sabes.../ no es tu sangre la que importa/ a la escoria de Israel.../

strasserista -

Volvera la regeneración del hombre,indoeuropeo;por que las minorias hacen la historia,ya que esas minorias son voluntad y entereza.

¡sieg heil!

Morir por Israel -

Líbano.- Defensa confirma que una explosión causa la muerte de dos soldados españoles y varios heridos
Europa Press - hace 13 minutosBEIRUT, 24 (EUROPA PRESSS) - El Ministerio de Defensa confirmó hoy que una explosión registrada en la zona de responsabilidad de las tropas españolas en Líbano ha causado la muerte de dos soldados españoles y un número de heridos todavía por determinar que podría llegar hasta cinco, informó a Europa Press un portavoz del departamento que dirige José Antonio Alonso.

(Publicidad)
Por su parte, fuentes militares libanesas informaron hoy de que cuatro efectivos españoles pertenecientes a la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (FINUL) han muerto, y que otros cuatro resultaron heridos tras la posible explosión de una mina en el sur de Líbano.

Fuentes de seguridad de la FINUL, que tiene su base en el sur del país, afirman que el vehículo en el que viajaban los militares españoles activó una mina colocada en la carretera que une las localidades de Marjayun y Jiam, a seis kilómetros al norte de la ciudad fronteriza israelí de Metulla.

Según los testigos, minutos después se pudo escuchar una segunda detonación que se cree podría deberse a la explosión del depósito de gasolina del vehículo o a la munición que transportaba