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"MALCOM X" por Dagoberto Husayn BELUCCI

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La figura de Malcom X (Omaha, 19 de mayo de 1925- Nueva York, 21 de febrero de 1965) merece, más allá de las convencionales posturas defensivas burguesas-blancocéntricas, el máximo respeto entre los soldados-políticos “racialmente” en “orden” que sepan “captar” el valor revolucionario del “vector” representado por la comunidad afro-americana estadounidense en relación a las dinámicas de reducción y control de la sociedad WASP. (White Anglo-Saxon Protestant) dentro de la cloaca de las barras y estrellas, es decir en el corazón mismo del Imperialismo y del Capitalismo  mundiales.

Malcom X, nacido Malcom Little, es reconocido universalmente como el apóstol de la “rebelión negra” y el principal defensor del despertar de la conciencia de los afro-americanos. Conocido también como Detroit Red durante la primera parte de su vida, posteriormente, tras su conversión al Islam y militancia dentro de la organización política de la “Nación del Islam”, adoptará el nombre musulmán de El-Hajj Malik el-Shabazz aunque cuando –para todos- seguirá siendo siempre Malcom X nombre de “batalla” con el que rechazará la sumisión al sistema de poder de los “blancos”.

De hecho, históricamente a los esclavos negros americanos les era asignado el apellido de sus padres. Pero el hecho de llevar un apellido derivado del de sus amos llevará a Malcom al rechazo de esta “marca” de infamia y a la adopción de una X como signo distintivo de rebelión. Nacido en Nebraska, Malcom era hijo de Earl y Louise Little: Su padre era un predicador baptistas asesinado en 1931 –cuando Malcom contaba sólo 6 años- por unos militantes de la “Legión Negra”, organización racista por la supremacía de la raza blanca. La madre de Malcom era mulata por la abuela materna había sido violada por un blanco.

Tras haber acabado con las máximas calificaciones la Junior High School, Malcom abandonará los estudios cuando su proferir preferido afirme que su aspiración de convertirse en abogado no era “un objetivo realista para un negro”. Tras dejar la escuela Malcom comenzó una vida de marginado: trabajos esporádicos y algún problema con la ley.

Después de mudarse a Boston, Malcom  se trasladará posteriormente a un barrio-ghetto para negros en Nueva York donde emprenderá una serie de actividades delictivas como el tráfico de drogas, las apuestas, robos, extorsiones y el negocio de la prostitución o lo que es igual: la vida “social” reservada a las castas inferiores del sistema capitalista estadounidense.

En Harlem, en el Harlem de los años cuarenta (también el de los decenios posteriores) la vida para un muchacho negro queda “dictada” por la hostilidad y la degradación de un sistema de explotación que ha separado siempre blancos de negros, ricos de pobres, explotadores de explotados y, entre estos último últimos, los que sobreviven de los que sucumben.

En enero de 1946, con veinte años, Malcom fue arrestado y condenado a diez años bajo los cargos de asalto domiciliario, hurto y posesión ilegal de armas de fuego. Ingresado  en la Prisión Estatal de Charlestown se ganará el apodo de “Satanás” por su continuo blasfemar contra Dios y especialmente contra la Biblia.  Dos años más tarde, mientras descontaba aún su condenaba, recibe una carta de su hermano Reginald que le invitaba a unirse a una organización denominada “La Nación del Islam”. He aquí como el propio Malcom X evocará el momento destacado de su aproximación a la religión musulmana:

“En 1948, un día después de haber sido trasladado a la prisión de Concord, mi hermano Philbert, siempre a la busca de algo a lo que sumarse, me escribió que al fin había encontrado la “religión natural de los negros”. Me contaba que pertenecía a la sazón a una organización llamada la Nación del Islam y que había “rogado a Allah por mi liberación”. (...) Mis hermanas y hermanos de Detroit y de Chicago se habían convertido todos a esa religión que les enseñaba a contemplarla como “natural” para los negros y de la cual me había hablado Philbert. (...) Decidieron que Reginald, que había sido el último en convertirse y por el cual nutría yo más afecto, fuera el elegido para aproximárseme, dado que también  había estado junto a mí en la vida callejera. (...) Reginald conocía como funcionaba mi cerebro de pequeño traficante y esto explica la eficiencia de su misión. (...)...al fin me dijo como si le hubiese venido a la mente de sopetón: “Malcom, si un hombre supiera todo lo que hay que saber ¿qué sería?” (...) “Bien” –le dije mirándole a la cara- “debería ser una especie de Dios”. “Hay un hombre que lo sabe todo” –me contestó Reginald-. “¿Y quién es?” –le pregunté- “Dios es ese hombre”, me dijo Reginald. “Su verdadero nombre es Allah”.  Esto me recordó aquella palabra de la carta de Philbert. Era el primer pista para establecer una conexión. Pero Reginald continuó y me dijo que Dios tenía trescientos sesenta grados de conocimiento y que esto representaba “la suma total del conocimiento”.

Decir que estaba confuso es poco.

Conocéis muy bien mis antecedentes y comprendéis en que situación me colocaba lo que mi hermano Reginald me decía. (....) “El diablo tiene solamente treinta y tres grados de conocimiento, igual que la masonería”, dijo Reginald. Recuerdo claramente las frases exactas porque, más adelante, se les tendría que enseñar a muchos más. “El diablo se sirve de la masonería para dominar a los demás”. Me contó que este Dios había venido a América y que se había revelado a un hombre llamado Elijah, y proseguía Reginald, que “el tiempo concedido al diablo había acabado”. (...) “El hombre blanco es el diablo”. Me dijo que todos los blancos sabían ser diablos, “especialmente los masones”. (...). Todos los blancos que había conocido desde el comienzo de vida comenzaron a desfilar ante mis ojos. Eran los funcionarios de las administraciones públicas de beneficencia que venían siempre a nuestra casa después de que otros blancos desconocidos para mí hubieran asesinado a mi padre... aquellos que llamaban continuamente a mi madre “loca” delante de mí de  mis hermanos y hermanas, hasta que, finalmente, otros blancos la  ingresaron en un hospital psiquiátrico de Kalamazoo... el juez y los demás que nos habían separado siendo niños... los Swerlin y los habitantes de Mason. (....) Los rostros de todos estos blancos se agolpaban en mi mente” (1)

Malcom comenzará de aquel momento en adelante a sentir el inicio de una nueva vida, una perspectiva completamente nueva de vida se le abría ante sus ojos: Era la oportunidad de renacer en el seno de la Nación del Islam, un movimiento que predicaba  la redención negras mediante la conversión a la religión musulmana unido a un activismo radical  en pro de los derechos civiles de los afro-americanos de Estados Unidos.

La tesis central del movimiento liderado por Elijah Muhammad era que la mayoría de los esclavos negros trasladados a América desde África eran musulmanes antes de su captura y era inevitable una conversión de “retorno” a la religión ancestral, a la fe originaria de la tierra de los padres. La Nación del Islam predicaba además la constitución de un “enclave negro” para los afro-americanos separado del resto de los Estados Unidos y como tal el movimiento se presentaba como una organización nacionalista negra que consideraba, sobre bases raciales antes que religiosas, a los no negros (especialmente a los judíos y a los blancos anglo-sajones) como “sub-humanos”, despreciando sus costumbres, sus vicios y resaltando la hegemonía ejercida dentro de los mecanismos sistémicos estadounidenses.

En el sistema de explotación capitalista americano, los blancos anglo-sajones y los judíos detentaban el monopolio bancario, el financiero, el comercial. Malcom empezará a preguntarse quiénes eran estos “masones” de los que le había hablado su hermano Reginald y pronto comenzará a devorar todos los volúmenes de historia, religión y filosofía de la prisión de Norfolk, un establecimiento penal donde regía una mayor libertad, al cual se hizo trasladar con la ayuda de su hermana, y donde existía una extensa biblioteca.

“Entre los internos del centro penitenciario de Norfolk gozaba de gran prestigio un adinerado paralítico, bastante mayor, llamado John (...) Era el típico pez gordo, arrogante, que solía siempre recordar que era grado treinta y tres  de la masonería, describiendo el poder de los masones: Solamente ellos habían  sido  presidente de los Estados Unidos y cuando se hallaban en problemas podían advertir secretamente  a jueces y demás masones, que se encontraban en posición relevante (...) “John” –le dije- “¿cuantos grados tiene la circunferencia?”. “Trescientos sesenta”, respondió. Entonces le dibujé un cuadrado. “¿Cuántos grados tiene?”. Él respondió que trescientos sesenta. Yo le pregunté entonces si ese número fuera el grado máximo de cualquier cosa.. Me respondió que sí. “Ahora bien ¿por qué los masones alcanzan solamente el grado treinta y tres?”- le espeté. No me dio una respuesta satisfactoria, pero para mí la respuesta era que la masonería sólo cubría treinta y tres grados de la religión del Islam, que constituye la completa proyección, eternamente negada por los masones, aun sabiendo ellos mismos que existe.” (2)

[...]

 El Islam enseñaba al nuevo Malcom a reconocer al Único verdaderamente  digno de alabanza y la sumisión a Allah.

Enseñaba al futuro líder del movimiento afro-americano la libertad de elección: “El hombre –escribe el Prof. Abu-L’ ala Maududi (3)- posee una doble naturaleza, su vida se desarrolla sobre diferentes planos. Por una parte, como todas las criaturas, se encuentra en condiciones de total dependencia ante las leyes naturales, de las cuales no puede escapar; por otra, sin embargo, él está dotado de razón y de inteligencia. Tiene el poder de pensar y de juzgar, de escoger y de rechazar, de aprobar y de rechazar. Es libre de elegir su religión, su modo de vida, así como de orientar su existencia según la ideología electa. Puede proyectar su código de conducta, o en cambio aceptar el dictamen de otros. Está dotado de libre albedrío y puede decidir, por tanto, como comportarse. Sobre este plano, contrariamente a las demás criaturas, él ha recibido la libertad de pensamiento,  d opinión y de acción. (...)....posee la libertad de ser o no ser musulmán y el modo en que se ejerce esa libertad divide la humanidad en dos grupos: los creyentes y los no-creyentes. “

Como reconocerá posteriormente Malcom X – cuando tome distancias frente a la “Nación del Islam y Malcom reemprenda un camino diferente de la organización liderada por Elijah Muhammad, especialmente tras haber completado los primeros viajes a La Meca y haber captado el valor de la doctrina universal de la religión musulmana- contrariamente a lo que había aprendido en la cárcel, el Islam no es sólo “la religión natural de los negros”, sino que representa una doctrina de salvación, de lucha y de liberación para los oprimidos y los desheredados de toda la tierra y a la vez encarna el Sello de la Profecía en la persona de su Profeta (la Paz sea con El y su Familia = la Ahl ul Bayth) y la recapitulación de las revelaciones anteriores monoteístas judaico-cristianas dentro del Libro Sagrado del Al-Corán, libro increado y divinamente inspirado por el Omnipotente.

El Islam, que predica la sumisión a las leyes divinas, suministrará también a Malcom X los medios, las herramientas y los designios para una conducta de vida marcada por la simplicidad y a la vez por la responsabilidad, de nuevas normas formativas para una existencia presidida por la piedad, la devoción y la rectitud moral, pero también para combatir en defensa de estos valores de libertad y de justicia mediante un “Jihad” = esfuerzo en el camino cotidiano de Dios omnicomprensivo. El primer “frente” de combate para un musulmán, el primer Jihad, o para decirlo como el añorado Imam Jomeini (Allah lo tenga en su Gloria) “el Jihad supremo”, es aquel interior que el ser humano debe afrontar  contra los pensamientos negativos, la lujuria, la ambición o cualquier otra tentación terrenal.

Malcom empezará a reconocer que el mensaje del Islam está “escrito para el hombre de la calle, para el ciudadano anónimo, para el oscuro engranaje de la cadena industrial, para los marginados de todo género y condición, para los oprimidos en cuerpo y alma, para los rebeldes contra el sistema desorientados, `para todos cuantos sufren las aberrantes consecuencias de la filosofía del “después de mí el diluvio”, que ha narcotizado a los dirigentes de la política mundial, para todos cuantos deseen conocer el Islam” (4) verbigracia: para el que dentro la sociedad contemporánea no se reconoce en las injusticias y en la ausencia de valores, en la autoridad falsa y embustera, en el desorden colectivo que ha quebrantado y destruido a pueblos enteros y naciones de todos los continentes.

El Islam, religión revelada pero también ideología revolucionaria para los “rebeldes contra el mundo moderno”, para quien reconozca y sepa reconocer los valores de libertad y justicia, se erige como baluarte de la Verdad y de la Libertad de los pueblos y de los individuos para crear hombres y sociedades más justas y más elevadas.

Mensaje de esperanza y de insurgencia, difundido hace más de catorce siglos desde las arenas del desierto de Arabia por el Mensajero de Allah (la Paz descienda sobre Él) y a la vez un llamamiento para recorrer el camino recto haciendo el bien y rechazando las lisonjas del poder y las efímeras modas y costumbres de un mundo en marcha  hacia la auto-destrucción.

Una llamamiento que deberá ser asumido por todos los hombres libres: desde el anónimo ciudadano que será capaz de conocerse a sí mismo y a su Señor, al sujeto de la cadena de montaje capitalista que podrá –dentro de la visión islámica del mundo y de la sociedad-  identificar una herramienta de lucha, un medio operativo de sabotaje de los mecanismos de explotación creados por el sistema capitalista. Un llamamiento a cualquier individuo que se sienta marginado dentro de la sociedad igualitarista de la Aldea Global mundialista y a quien desorientado busque puntos firmes y bases sólidas para combatir el sistema de opresión impuesto desde el Poder.

Será esto lo que le ocurre a Malcom X, una vez que abandone la prisión en 1952 y se aproxime a la “Nación del Islam” y a su líder, Elijah Muhammad, con el que se encontrará en Chicago donde se quedará residiendo.

Un año después, la CIA comenzará a vigilar sus actividades, propaganda, ideas y escritos revolucionarios llegando a la conclusión de que se trataba de un “agitador comunista”. En los archivos de la CIA aparecerán también dos cartas suyas firmadas con el seudónimo de “Malachi Shabazz”. Para los controladores “sistémicos” del poder WASP estadounidense del Servicio de Inteligencia, Malcom X tenía una “personalidad asocial con tendencias paranoicas (esquizofrenia paranoide pre-sicótica)”...el “poder en todas sus manifestaciones tiende siempre a “identificar”, “marcar” y “despachar” como “enfermos mentales” o “excéntricos” a todos sus opositores (se efectuaran análisis siquiátricos similares sobre el Fhürer, sobre el Duce, sobre Stalin y sobre los principales Jefes de los regímenes totalitarios anti-democráticos del siglo XX o sobre lideres políticos revolucionarios de cualquier raza, religión o nación).

Contrariamente a lo que “sustenta” la propaganda sistémica el revolucionario es aquel que une pensamiento y acción, racionalidad y lúcido fanatismo, decisión y cojones [libérrima ý españolísima traducción del término italiano “coraggio”, NdT] en sus propias elecciones. En este sentido la militante del Black Power Party (el partido de las Panteras Negras de los afro-americanos estadounidenses) Assata Shakur escribirá: “una de las lecciones que habríamos de aprender es que una lucha revolucionaria es científica tanto como emocional” (5)

En 1954 Malcom X regresará a Boston como Ministro del Templo de la Nación del Islam que incorporará a la organización numerosos partidarios y nuevos fieles. Su predicación será incansable y dará sus frutos: entre los nuevos creyentes  musulmanes se encontrará también –durante ese período-  un cierto Cassius Clay, alias Muhammad Alí, el más grande púgil que recuerde la historia del boxeo mundial. Entre 1952 y 1963 la organización de los musulmanes afro-americanos de la Nación del Islam pasará de 500 a 30.000 afiliados.

Cuatro años más tarde Malcom se casará con Betty X en Lansing, Michigan, con la que tendrá seis hijas.

La ruptura con la Nación del Islam vendría algunos años después cuando se dé cuenta de que su carisma y su popularidad se estaban convirtiendo en un incordio para Elijah Muhammad y los demás líderes. Durante aquel período de grandes manifestaciones, lucha por los derechos civiles de la comunidad negra americana y convulsiones populares, Malcom X criticó duramente la “Marcha sobre Washington” y las posturas no-violentas de Martín Luther King manifestando que no había nada de apasionante ni de positivo en una demostración de masas “hecha por blancos ante la estatua de un presidente muerto hace cien años al que, cuando estaba vivo, nosotros no amábamos “.

A la muerte de John F. Kennedy, Malcomo X  retomará el estilo polémico y fríamente comentará que la violencia que los Kennedy no había logrado detener se había “vuelto en su  contra”, lo cual provocará la posterior prohibición, impuesta por la dirección de la Nación del Islam, de hablar en público durante tres meses. En marzo de 1964 Malcom X  abandonará la Nación del Islam para fundar un nuevo movimiento denominado Muslim Mosque y un mes más tarde abandonará Estados Unidos para viajar por Egipto y Arabia Saudita donde –gracias también a la ayuda de la familia real saudita- consigue completar su primera peregrinación a La Meca. Será durante esta experiencia cuando Malcom descubra la potencialidad del Islam como doctrina religiosa capaz de derribar  cualquier barrera racial y garantizar una auténtica fraternidad bajo los principios de la Tradición.

Así, en mayo de 1964 retornará a los Estados Unidos bajo el nuevo nombre de El Hajj Malik el- Shabazz y pronunciará un discurso dirigido a toda la nación americana, en el que manifestará que “los derechos humanos son algo que tenemos desde el nacimiento. Los derechos humanos nos fueron dados por  Dios. Los derechos humanos son aquellos que reconocen todas las naciones de la Tierra. En el pasado, es verdad, yo he condenado genéricamente a todos los blancos. No seré nunca más culpable de semejante error: porque ahora sé que algunos blancos son verdaderamente sinceros, que algunos son verdaderamente capaces de ser fraternales con un negro. El verdadero Islam me ha demostrado que condenar a todos los blancos es tan equivocado como la condena de todos los negros por parte de los blancos”.

En la misma época Malcom, junto a A. Peter Bailey, fundará la sección americana de la Organización para la Unidad Afro-Americana decidiendo adoptar una actitud no sectaria en la lucha por los derechos civiles. Es durante ese período cuando se inicien las primeras amenazas de muerte y los primeros atentados contra Malcom y su familia. El primer ataque –ordenado directamente por los dirigentes de la Nación del Islam que había ya declarado la guerra a su ex ministro de culto- se producirá el 14 de febrero del 65: Malcom y los suyos sobrevivieron a un atentado con dinamita contra su vivienda. Una semana más tarde, el 21, Malcom caerá víctima, con 39 años de edad, de tres sicarios durante el último de sus discursos en Manhattan.

Por el asesinato de Malcom serán arrestados tres militantes de la Nación del Islam. Durante su último discurso público Malcom había declarado: “El poder nos observa constantemente. Casi como un científico de laboratorio, tiene al conjunto de la comunidad negra de los Estados Unidos bajo el microscopio, para descubrir como pensamos, para informarse sobre nuestro modo de ver las cosas, para darse cuenta de la velocidad a la que late nuestro pulso: ¿late demasiado veloz? ¿La temperatura sube o baja? Les resulta indispensable saber qué pensamos, qué sentimos. Si la temperatura sube cuando él lo quiere, en general todo marcha bien, pero si descubre que ésta sube a un grado que no puede controlar ya, se siente angustiado. Si nota en nosotros alguna reacción causada por diferentes motivaciones a las que nos ofrece, descubriendo que alguna otra cosa, fuera de su control y de su influencia, ejerce un control y una influencia sobre nosotros, comienza a inquietarse, y cuando este modo de comportarnos continua, su inquietud aumenta proporcionalmente. (...) Vivimos tiempos de inquietud, vivimos en una época en que puede suceder casi cualquier cosa. (...) No está ya en el poder de una sola raza el decir cuando puede suceder esto o aquello, ahora los acontecimientos muy bien pueden ser puestos en marcha por los pueblos de color. Y esto porque el mundo está en ebullición.” (6)

Los funerales de Malcom X, celebrados el 27 de febrero de 1965 en Harlem, dieron cita a poco más de un millar de personas, pero su mensaje de lucha revolucionaria en pos de la libertad y la afirmación de la identidad negra en los Estados Unidos permanecerá intacto como demostrarían los acontecimientos posteriores incluso en el interior de la organización revolucionaria de la que había formado parte durante once años, la Nación del Islam, a cuyo frente estará –en los años noventa- Louis Farrakhan, líder musulmán y defensor de un orden político fundado en los valores de la raza que, en octubre de 1995, conducirá a un millón de militantes negros a marchar sobre las calles de Washington.

Sobre aquella ha escrito el sociólogo Francesco Alberoni: “Debemos prestar atención a los fenómenos imprevistos, inesperados. En estos días ha habido uno: la marcha de un millón de hombres negros sobre Washington. No es el millón de personas lo que debe impactarnos, sino el hecho de que fueran sólo negros y sólo varones. Los varones negros constituyen la población más pobre y más desestructurada de América. En los ghetos negros no existe una familia (...)... el ochenta por ciento de los niños crece sin un padre, en las calles. Y un tercio de los jóvenes varones, crecidos en este ambiente, acaba en prisión o bajo libertad vigilada. En Washington, ciudad mayoritariamente negra, la tasa de criminalidad es tan alta como para obligar a las autoridades a imponer el toque de queda (... ). Ahora bien, el millón de hombres que se han concentrado en Washington proceden precisamente de este mundo de anomia, de desorden y de promiscuidad. Y sin embargo, han marchado ordenadamente, como un ejército. (...) El millón de manifestantes de Washington, son los guerreros de una nueva Jihad” (7)

La “cuestión negra” en los Estados Unidos sigue estando pues de extrema actualidad más allá, y de modo bien distinto, a las promesas de cambio de fachada y a las declaraciones conciliadoras del nuevo presidente Barak Obama, un “negro” del Establishment, procedente de las esferas del poder, creado por las centrales del poder WASP ante las cuales –quiéralo o no- habrá de responder del mismo modo que ante las instancias del Sionismo a las que ha dado estrictas garantías, en plena campaña electoral, en lo relativo a la “defensa” y a la “salvaguarda” de la alianza estratégica con la entidad criminal sionista, alias “estado de Israel”.

Obama es la marioneta de los potentados económico-financieros estadounidenses, el nuevo rostro que “presentar” a la opinión pública internacional tras ocho años de criminal mandato republicano guiado por los neo-cons y después de los fracasos en política exterior y económica de la administración Bush. Su “margen de maniobra” es restringido, como falsas son sus “aperturas” instrumentales hacia los países islámicos. Ni Irán ni sus aliados se fían de Obama... y hacen “bien”. Más que nada porque el “joven bronceado” de berlusconiana memoria está “dirigido” y estrechamente marcado por la AIPAC y el B ´nai B´rith y demás camarillas sionistas que han “delegado” en la ex first lady, Hillary Clinton, el “marcaje al hombre” del neo-presidente “colored” de los Estados Unidos.

Una cambio de fachada que ni mucho menos resuelve nada desde la perspectiva de la solución del problema de los afro-americanos dentro de la sociedad estadounidense, pues si por una parte el One World mundialista –la unidimensional visión homologante de la Aldea Global- uniforma y estandariza modas y costumbres, “imponiendo” incluso un presidente negro al frente de la principal potencia capitalista mundial,  por otra “... los negros estadounidenses representan el único factor social-racial capaz de activarse y hostigar las líneas de defensa del orden blanco WASP (...), concentradas alrededor de la oligarquía plutocrática-mundialista “acantonada” en los USA.” (8)

En Italia, lucidamente, el Prof. Giovanni Senzani, ex teórico del Partido Comunista Combatiente, escribirá que “la lucha de liberación negra, junto a la puertorriqueña, es históricamente el punto central, la espina dorsal de cualquier proceso revolucionario en el interior de los USA... Puede entenderse así la razón verdadera del ataque concéntrico y despiadado del conjunto del aparato represivo estadounidense contra la organización del BPP (Black Panther Party y sus militantes (...). El BPP (...) es identificado como el “enemigo interno” contra el que el gobierno, la policía, el FBI y la CIA dirigen una guerra sin cuartel, para detener el crecimiento de un movimiento de liberación afro-americano. “ (9)

Nosotros, que sostenemos una identidad basada en el reconocimiento de la raza ario-mediterránea y en el reconocimiento del Islam como religión revelada e idea-fuerza revolucionaria para el renacimiento moral y político de los individuos y de las naciones en este Tercer Milenio, reconocemos en el “vector” político afro-americano y en la figura del soldado-político Antimundialista Malcom X (10) a los principales fautores de una deseable “descomposición” interna frente a los componentes del poder, establecidos y cooptados por la oligarquía judeo-mundialista y “controlados” por el sistema  “xenófobo” blancocéntrico anglosajón, en el contexto de la superpotencia de las barras y estrellas, que sigue siendo –por decirlo como el Imam Jomeini- el Gran Satán que envenena la vida de los pueblos, destruye culturas e identidades, asesina inocentes y es enemigo de la soberanía económica y nacional de Estados enteros.

“El “racismo cromático” ha constituido históricamente –en palabras de Maurizio Lattanzio (11)-  la legitimación “ideológica” de la criminal praxis de agresión y humillación, de explotación y de genocidio, que ha distinguido los procesos históricos de expansión imperialista del colonialismo inglés”.

Del racismo blancocéntrico anglosajón británico al racismo blancocéntrico anglosajón sionista estadounidense nada ha “cambiado”... continuaremos...–siempre y “a pesar de todo”- “apoyando” al Tigre de Malasia, Sandokan, contra cualquier James Brook y cualquier émulo del “raja blanco de Sarawak”...Salgari...un “maestro”

 

 

DAGOBERTO HUSAYN BELLUCCI

Director Responsable de la Agencia de Prensa"Islam Italia"

 30/04/2009
Fuente: Arianna Editrice


Notas del autor

1 - "Autobiografia di Malcom X" (con la collaboración di Alex Haley) - ediz. Rizzoli - Milano;

2 - ibidem;

3 - Abu-L’Ala Maududi - "Conoscere l’Islam" - ediz. "Mediterranee" - Roma  1977;

4 - Abu-L’Ala Maududi - ibidem;

5 - Assata Shakur - "Assata Shakur - Un’autobiografia" - Cooperativa Erre Emme Editrice - Roma 1992;

6 - Malcom X - "Sulla storia degli afro-americani" - ediz. "Savelli" - Roma 1975;

7 - Francesco Alberoni - articolo "Una società senza disciplina genera l’intolleranza" - da "Il Corriere della Sera" del 23 ottobre 1995;

8 - Maurizio Lattanzio - articolo "Assata Shakur - Un’autobiografia" - dal mensile "Avanguardia" - nr 93 - Settembre 1993;

9 - Giovanni Senzani - introduzione a Assata Shakur -  Assata Shakur - Un’autobiografia" - ibidem;

10 - para una breve bibliografia sobre Malcom X consultesé:


- Autobiografia di Malcolm X (The Autobiography of Malcolm X) , scritto da Alex Haley fra il 1964 e il 1965 e pubblicato nel 1965.
- Malcolm X Speaks: Selected Speeches and Statements , a cura George Breitman.
Discorsi durante gli ultimi otto mesi della vita di Malcolm X.
 - Malcolm X: The Man and His Times  a cura di John Henrik Clarke. Un’antologia di scritti, discorsi e messaggi propagandistici di Malcolm X.
- Malcolm X : Rifiuto, sfida, messaggio , a cura di  Roberto Giammanco, Edizioni Dedalo, 1994.
- Il film Malcolm X di Spike Lee (1992) è basato sulla sua autobiografia, e vede Denzel Washington nei panni di Malcolm.


11 - Maurizio Lattanzio - articolo/recensione "Gli squadristi del 2000" - dal mensile "Avanguardia" - nr. 95 - Novembre 1993;

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Martes, 19 de Mayo de 2009 21:28. antagonistas #. Textos y Documentos

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