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Vincenzo Vinciguerra: "FIN DE UNA ILUSIÓN"

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La disolución de Alianza nacional y su integración en el Partido de la libertad de Silvio Berlusconi, decidida en el Congreso del 21-22 de marzo de 2009, ha llevado a muchos políticos y periodistas a proclamar la victoria definitiva del antifascismo sobre el fascismo.
Con exultancia judaica, en el "Corriere della sera", Paolo Mieli ha hecho publicar una viñeta que representa un fascio litorio enmarcando el rostro funebre de Fini y la leyenda: "Primavera 2009- Finì"
En "Liberazione" otro desconocido historiador se pregunta si ahora debe finiquitar también el antifascismo, para concluir, ni que decir tiene, que no, nunca, porque éste debe vivir por siempre.
Resulta de por sí grotesco atribuir a figuras de medio pelo como Gianffranco Fini, Ignazio La Russa, Maurizio Gasparri, Italo Bocchino, etc. el "mérito" de haber enterrado el fascismo, alcanzando un objetivo no logrado siquiera por la más potente coalición militar de la historia durante el segundo conflicto mundial.
En realidad, ha concluido en la forma más lógica y coherente la historia de un partido que había nacido en diciembre de 1946 en la antecámara de la Confindustria [la Patronal italiana, ndt] , con la protección de los servicios secretos americanos y la bendición de la Democracia cristiana; y que ha terminando con sus dirigentes a los pies del capitalista Silvio Berluconi, arrrodillados ante el Vaticano, humillados ante los deseos americanos e israelíes.
Como se ve, su fin es idéntico a su principio. El Movimiento social italiano, luego Alianza nacional, ha contado entre sus filas (en su cúpula) con el monárquico Alfredo Covelli, el almirante Gino Biridelli, el general Giovanni De Loreenzo, el general Vito Miceli, Biagio Pace (que estuvo entre los fundadores del partido), todos antifascistas, todos alineados contra la República social italiana, incluso condecorados por haber luchado contra los soldados del honor italiano.
No se quiera defender que el Movimiento social haya sido un partido facista, y de fascistas, porque ha tenido además como presidentes del partido a antifascistas; como secretarios nacionales a un Arturo Michelini, que no estaba encuadrado en la RSI; a un Augusto De Marsanich, que representaba los intereses de la Patronal; un Giorgio Almirante que nunca fue procesado por colaboracionismo, aun habiendo sido Jefe del Gabinete de prensa del Ministerio de Cultura popular, alimentando la duda de que en realidad hubiera trabajado para el enemigo antifascista fingiendo su adhesión a la RSI; sólo por citar algunos ejemplares de la fauna misina
No por casualidad, su ciclo ha concluido precisamente con la presidencia honoraria del partido a manos de Franco Maria Servello que, en 1945, escribía en los periódicos aliados contra los fascistas, que en 1951 fue expulsado por "indignidad moral" del partido siendo repescado y reintegrado gracias a su capacidad de conseguir fondos mediante sus contactos con el mundo industrial lombardo.
Nacido por las exigencias del antifascismo más decidido a explotar para sus fines defensivos el anticomunismo de los jóvenes, que efectivamente eran fascistas, el MSI-AN muere oficialmente antifascista en boca de sus dirigentes.
El MSI, en 1948, había hecho la campaña electoral para la Democracia cristiana. En los primeros años sesenta había tomado en consideración la hipótesis de disolverse para integrarse siempre en la Democracia cristiana; para ello había tratado de transformarse en un partido de "derecha nacional" situándose en la antítesis del fascismo, aùn manteniendo en sus sedes las fotos de Benito Mussolini, los lábaros y los rituales del fascismo.
Todavía en 1987, Gianfranco Fini expresaba conmovido que había donado al partido la bandera del regimiento "Guardia del Duce" que, confiamos, alguien haya ahora desinfectado y guardado para la historia arrancándola de las manos de los Fini y de los La Russa
Porque el Movimiento social y Alianza nacional, de forma no oficial, han representado la explotación del fascismo, la instrumentalización de todos cuantos han vivido en la ilusión de que el partido representara, realmente, la herencia ideal de la República social italiana, de que éste pudiera convertirse en el vehiculo de un revancha y de un retorno a la escena política italiana, en posición eminente, como herederos y continuadores del fascismo.
Los dirigentes del Movimiento social-Alianza nacional han alimentado constantemente esta ilusión enviando al desastre a miles de jóvenes, que han ido utilizados por el régimen democristiano para contraponerlos al extremismo de izquierda, en total complicidad con los Almirante, los Michelini y los Servello, los Fini y los La Russa.
La historia del MSI-AN no es solo la de la"cínica y cobarde explotación de los sentimientos y de los ideales de tantos italianos", sino también la de la sangre que sus dirigentes han hecho verter para alimentar aquel "conflicto de baja intensidad" que los servicios de seguridad atlánticos, americanos e israelíes han conducido en Italia durante los años sesenta y setenta para impedir al Partido comunista convertirse en partido mayoritario y, por tanto, de gobierno.
"Nuestros caídos" dice Maurizio Gasparri, que se ha declarado antifascista desde siempre, no son los suyos, son los de un País que ellos han ensangrentado por intereses extraños y contrarios a los nacionales.
Los chavales, asesinados a causa del odio alimentado por los Adriano Sofri y por sus cómplices de "Lotta Continua", en los que se entreven relaciones ambiguas con la División de Asuntos reservados del ministerio del Interior, creían en ideales contrapuestos a los de los Gasparri y los de los Fini, en el fascismo, no en el antifascismo.
Ellos, los Almirante, los Servello, los La Russa, los Fini, ostentan la responsabilidad política y moral de haberlos hecho matar, pero no son sus caídos como, con carroñera vesania, se aprestan a afirmar para probar que la "derecha" ha derramado su sangre por Italia.
La derecha ha hecho derramar la sangre de los demás para mantener en pié un régimen que es el que tenemos hoy: un conjunto de multimillonarios y ladrones que patronean el país gracias al control absoluto que han adquirido sobre los medios de comunicación de masas.
Así pues ¿qué es lo que ha terminado el 21-22 de marzo de 2009 en el Congreso de Alianza nacional en Roma?
Ha terminado la explotación del fascismo, han terminado sus usufructuarios, los que entraron en el Parlamento italiano proclamádose portaestandartes del "fascismo del 2000", que han permanecido y han llegado a ser ministros declarándose  orgullosamente antifascistas.
Con satisfacción del judío Paolo Mieli y los antifascistas itálicos, la primavera del 2009 señala el final de un equívoco y permite a los italianos descubrir lo que ha sido el fascismo y todo lo que de actual existe aún en esta ideología.
Mientras el antifascismo se hunde en el fango y en la ignonimia, bien representada por un multimillonario procesado al frente del gobierno, el fascismo se presenta con su ansia de justicia social, hoy más que nunca necesaria, con el deseo de reconquista de la independencia y de la dignidad nacional, de la soberanía y del honor que el antifascismo, extraño al pueblo italiano, ha conseguido quitarnos sólo porque ha llegado al poder sobre las bayonetas de los ejércitos anglo-americanos.
Es un fascismo que, en la primavera del 2009, el que renace, aun inadvertido y con otras denominaciones, en los corazones y en las mentes de muchos italianos que captan el peso de esta dictadura de prensa y televisiones, de  cháchara y rapiña, de infamia y sacristias.
Es una primavera de renacimiento, nuestra primavera.

Vincenzo Vinciguerra
Opera, 25 marzo 2009

(Trad. María Rubio)

 

  

Sábado, 11 de Abril de 2009 12:54. antagonistas #. Vinciguerra

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