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ANTAGONISTAS

El Antifascismo como nueva forma de racismo. Crisis del modelo social democrático.

El Antifascismo como nueva forma de racismo. Crisis del modelo social democrático.

Los barrios sufren: Urge la alternativa.

Publicado por Diego M. Urioste on 22/01/07

 Ayer fue Vallecas, Villaverde, Aluche o Tetuán. Hoy es Alcorcón.

Grupos y bandas sud y centroamericanas y skinheads antifascistas se enfrentan entre sí en los barrios obreros. No  es un hecho puntual, es la espiral en la que se ve inmersa una gran parte de nuestra juventud en los barrios de obreros y trabajadores.

Los partidos del sistema tratan de desviar la atención para no crear alarma social ni evidenciar su paupérrima gestión en los barrios. Los grupos de extremaizquierda hacen llamadas al combate contra este tipo de bandas, no por xenofobia ni racismo, sino porque los nuevos pandilleros golpean más fuerte y les están desplazando en el monopolio pandillero. La extremaderecha, alegre, utiliza el alarmismo y el miedo de los vecinos del barrio para sacar réditos políticos, tratando de avivar la llama del conflicto.

Urge la reflexión. Lo que estamos viviendo no es sino un síntoma de la sociedad en la que vivimos, una enfermedad social que se manifiesta a través de la juventud. Una juventud sin objetivos vitales, cuyas esperanzas laborales y sociales no encuentran apoyo en un sistema que les empobrece espiritual y económicamente, creando marginalidad.

En un sistema educativo como el nuestro, que más que incentivar el aprendizaje y la ilusión, crea analfabetos, desesperación y pobre formación para un mundo laboral en decadencia. Los jóvenes de hoy ven como a duras penas podrán encontrar un trabajo que les dignifique, con sueldos que jamás podrán costear la compra de viviendas cuyos precios son prohibitivos. Los estudios universitarios suponen un gasto que duramente se verá reinvertido en un salidas laborales dignificantes, y los trabajos ofrecen sueldos que no cumplen con las espectativas económicas simples para formar familias o tener un futuro sin excesos pero sin precariedad.

Así, una parte de la juventud de los barrios obreros se ve abocada a la marginalidad, encontrando en los parques, bandas, drogas y conductas delictivas el escape a la miseria moral y social de sus vidas.  Y en esa espiral de marginalidad, se encuentran y enfrentan a otros grupos que sufren su misma condición: los inmigrantes. Ellos, en tierra ajena y venidos por condiciones aun peores en sus países, se constituyen al igual que los jóvenes de los barrios en bandas de desesperación y violencia. Es un choque previsible.

La alternativa a todo esto no es crear otro tipo de grupos que añadan marginalidad y violencia en los barrios, sino la creación de una alternativa social que abogue por un cambio radical, una revolución, en las políticas sociales, económicas y culturales de los distritos, municipios y ciudades. Una alternativa que sepa crear un proyecto ilusionante a los españoles, una vía real para mejorar en todos los sentidos en la vida. Se trata, pues, de renovar completamente el sistema y los valores sobre los que se asienta.

Urgen la alternativa. Una alternativa sana, eficaz, ilusionante y realista.

 ¡Por una juventud sana y combativa

CRIMINAL HASTA EL FINAL

CRIMINAL HASTA EL FINAL

Por si alguien albergara dudas todavía sobre quién es -aquí y ahora- el principal hombre de los Estados Unidos de Israel en nuestro país, reproducimos el "pensamiento geopolítico" del Jefe nacional del Movimiento eurosionista español, Jose María Judas Aznar....

Aznar: "Hay que defender a Israel o empezarán a atacarnos"

El ex presidente aboga por ayudar a ese país para no perder "nuestra posición en este área del mundo"

ELPAIS.com - Madrid - 23/01/2007

El ex presidente del Gobierno José María Aznar, en un artículo que publica el diario italiano Il Messaggero titulado "Por qué hay que defender Israel", escribe que ese país está sometido hoy "a demasiadas amenazas", desde “los palestinos” a “los terroristas suicidas”, desde “Hezbolá” hasta “Al Qaeda”, pasando por el "fundamentalismo iraní", y señala que “invocar" su destrucción, como ha hecho el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, "no debe quedar impune".
Para Aznar es importante defender a Israel porque es "una nación plenamente occidental” y su desaparición significaría "la pérdida de nuestra posición en este área del mundo y, con toda probabilidad, el inicio de un ataque contra nosotros".

El ex presidente respalda la propuesta de su “buen amigo Bibi [Benjamin] Netanyahu” de “acusar al presidente iraní de incitación al genocidio”. “No es una broma. Es imprescindible que los líderes y los ayatolás iraníes sepan que tienen que respetar las reglas”, subraya el presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES). En opinión de Aznar, “debemos darnos cuenta de que invocar la destrucción de Israel", tal y como ha hecho el presidente iraní, "no debe quedar impune”.

Aznar insinúa también que Ahmadineyad, cuando amenaza a Israel, "no piensa en el destino del pueblo palestino", sino en "el islam y en América, el Gran Satanás. Piensa en Israel como el enemigo occidental a sus puertas". Así, se pregunta: "¿qué podrán pensar de nuestro silencio los enemigos de Israel?", y se responde: "sólo una cosa, es decir, que Israel está hoy más solo que nunca y como consecuencia más débil". Y advierte: “cada vez que damos muestras de debilidad, nuestros enemigos se hacen más fuertes”. Por estas razones, concluye Aznar, "es tan importante defender a Israel".

Además, el presidente de FAES abunda en que "abandonar a Israel a su suerte equivaldría a cerrar los ojos ante los vínculos morales, políticos, económicos, culturales, históricos y estratégicos que nos unen". Según Aznar, son "muchos" los que prefieren no hacer caso a las amenazas de Ahmadineyad y "no se dan cuenta del gravísimo error que están cometiendo".

ENTREVISTA MÚQTADA AL SÁDER

ENTREVISTA MÚQTADA AL SÁDER

"La única solución a la violencia es que EE UU se retire"

Se siente acosado y se esconde. No duerme nunca más de una noche en la misma cama. Alguno de sus hombres de más confianza ya le ha dado la espalda. Hasta ha enviado a su familia a lugar seguro. Múqtada al Sáder siente que el fin está cerca. Demasiados enemigos, demasiados infiltrados entre los suyos. Sin embargo, no está enfadado tanto con Nuri al Maliki, el primer ministro iraquí, a quien considera poco menos que un títere, como con Ayad Alaui, el ex primer ministro por el que los norteamericanos nunca han dejado de apostar. Él sería el verdadero artífice de la operación para eliminar a Sáder y su ejército del Mahdi.

"He enviado a mi familia a un lugar seguro. He hecho incluso testamento y me muevo continuamente para que no se sepa dónde estoy""Es una tontería lo de que presencié la ejecución de Sadam Husein. Si hubiera estado allí, me habrían matado también""Hay un ejército en la sombra, del que nunca se habla, que está siendo adiestrado en secreto en el desierto jordano por los norteamericanos" Pregunta. ¿Cómo es que Maliki, en cuyo Gobierno usted tenía hasta hace poco seis ministros, ha llegado de repente a la conclusión de que son las milicias religiosas, y sobre todo la suya, el verdadero problema que hay que resolver?Respuesta. Nunca he confiado en él. Nos encontramos en un par de ocasiones solamente. En la última me dijo: "Sois la espina dorsal del país", y luego me confesó que estaba "obligado" a combatirnos.P. El hecho es que se plantean utilizar la mano dura contra su gente.R. Ya se está utilizando. Ayer por la noche [por el jueves] arrestaron a 400 de los míos. No sólo quieren destruirnos a nosotros, sino también al islam. De momento, no opondremos resistencia.P. ¿Quiere decir que entregarán las armas?R. Durante el muharram [el mes sagrado en el que se rememora el martirio de Husein, nieto de Mahoma y tercer califa de los chiíes], el Corán nos prohíbe matar. ¡Que nos maten! Para un verdadero creyente no hay momento mejor para morir: el Paraíso está asegurado. Pero Dios es generoso: no moriremos todos. Volveremos a hablar de esto después del muharram.P. Hay quien afirma que el ejército y la policía están infiltrados por sus hombres y que los marines solos nunca lograrán desarmarlos.R. Todo lo contrario. Nuestra milicia está plagada de espías, y esto no es raro porque en un ejército popular no es difícil infiltrarse. Esta gente actúa como milicianos nuestros y lo que hace es desacreditar al ejército del Mahdi. Al menos hay cuatro ejércitos preparados para lanzarse contra nosotros. Uno en la sombra, del que nunca se habla, que está siendo adiestrado en secreto en el desierto jordano por los norteamericanos. Luego está el ejército privado de Alaui, el infiel que pronto sucederá a Maliki, que se está preparando en el antiguo aeropuerto militar de Al Muthanna. Además, están los peshmerga kurdos y, finalmente, las tropas del Ejército de EE UU.P. Si es cierto lo que dice, no tiene esperanza alguna de resistir.R. Nosotros también somos muchos. Representamos la mayoría del país. La que no quiere que Irak se convierta, como soñaba Alaui, en un Estado laico, esclavo de las potencias occidentales.P. Desde hace una semana está oficialmente en el punto de mira. El Gobierno afirma que las milicias religiosas serían más débiles sin sus líderes.R. Me doy cuenta de ello. Por esta razón he enviado a mi familia a un lugar seguro. He hecho incluso testamento y me muevo continuamente intentando que pocos sepan exactamente dónde me encuentro. De todas formas, si tuviera que morir, el ejército del Mahdi seguiría existiendo. Se puede matar a los hombres, pero no la fe y las ideas.P. Se ha dicho que presenció la ejecución de Sadam. ¿Es cierto?R. Es una tontería. Si hubiera estado allí me habrían matado también. En cuanto a Sadam, puedo asegurar que no he llorado por un hombre que masacró a mi familia y a decenas de miles de los míos. Yo lo habría ajusticiado en una plaza pública, para que todo el mundo viera.P. Si usted no estuvo allí, ¿niega que en aquella sala de ejecución estuviera alguno de los suyos?R. No eran mis hombres. Era gente pagada para desacreditarme. Para hacerme aparecer como el verdadero responsable de aquella ejecución. La prueba es que si se escucha la grabación, cuando recitan mi plegaria omiten pasajes fundamentales. Una cosa que ni un niño de Ciudad Sáder habría hecho. El objetivo era hacer pasar a Múqtada por el verdadero enemigo de los suníes. Y lo han logrado. Hace tiempo me recibieron en Arabia Saudí con todos los honores. Pero justo después de aquella farsa al pie del patíbulo, mi portavoz, Al Zarqaui, que estaba de peregrinación en La Meca, fue detenido. Una forma demasiado explícita de hacerme entender que ya no estaba en la lista de los amigos.P. De todas formas, la guerra entre chiíes y suníes continúa.R. Es verdad que somos todos musulmanes e hijos del mismo país, pero los suníes deben alejarse de los seguidores de Sadam, de los grupos radicales, de los hombres de Bin Laden, además de reiterar su oposición a los estadounidenses.P. ¿Es posible que sólo se vea sangre en el futuro de Irak?R. Si el futuro es un país dividido en tres, no me parece que haya más alternativas. Es lo que quiere Bush para controlarnos mejor. Seguramente no es lo que desean los iraquíes. En mi opinión, sólo hay una posibilidad de que se llegue a una solución: la retirada inmediata de EE UU de Irak. 

(Entrevista de R.Caprile para La Republica; 20-01-2007)

EL APPÓSTOL DEL ODIO. Texto íntegro del discurso de Aznar en Milán

EL APPÓSTOL DEL ODIO. Texto íntegro del discurso de Aznar en Milán

<< Excelentísimo Señor Rector de la Universidad Católica del Sacro Cuore; Excelentísimo Señor Presidente del Consejo de Ministros de la República de Italia, querido amigo Romano Prodi; Excelentísimas Autoridades Académicas, Civiles, Militares y Eclesiásticas; Excelentísimos Señores Doctores y Profesores; Señoras y Señores; Es para mí un gran honor recibir este doctorado que de forma tan generosa me ha concedido la Universidad Católica del Sacro Cuore. Por ello, quiero que mis primeras palabras sean para expresar mi agradecimiento más vivo y sincero a esta institución.   A esta gratísima distinción, que me llena de alegría y orgullo, se uneel hecho de que la ocasión para recibirlo sea en una ceremonia conjunta con el Presidente del Consejo de Ministros de la República de Italia, el Doctor Romano Prodi, también premiado con este alto honor.  Romano Prodi es un amigo,  con el que compartí la pasión de la política y con quien tuve el privilegio de colaborar cuando los dos teníamos la responsabilidad de gobernar nuestros países y, más tarde, cuando él fue Presidente de la Comisión Europea.  Y es un honor especial recibirlo de la Universidad Católica del Sacro Cuore, una institución con prestigio y solera indudables y que realiza una encomiable tarea por difundir unos valores y principios, los del humanismo cristiano, que comparto plenamente.  Al tiempo que agradezco este honor me gustaría compartir con todos ustedes algunas consideraciones sobre el momento actual de Europa. Unas reflexiones hechas por alguien que tiene una cierta experiencia de la vida política pero que ahora está voluntariamente alejado de la primera línea de acción política y que dedica gran parte del tiempo a reflexionar sobre las cuestiones públicas. Y Europa, ayer y hoy, ha ocupado y ocupa un lugar central en mi trabajo. Permítanme que me pregunte en voz alta, ¿cómo está hoy Europa?  Yo creo que Europa es algo más que una expresión geográfica. Europa es sobre todo una cultura y un proyecto que encarna una serie de valores y principios. Valores y principios que nacen en un determinado espacio geográfico pero que tienen, sin embargo, una vigencia universal.  Esos valores y principios que están en la base de lo que entendemos por Europa derivan de una determinada concepción de la persona como ser ante todo libre y responsable, titular de derechos fundamentales y de una dignidad previos a lo político. De ahí se infieren una serie de principios esenciales, como el principio de la igualdad entre hombres y mujeres o el de la responsabilidad individual. Otra consecuencia de esta concepción de la persona es que el poder político debe tener precisamente como tarea principal garantizar a todas las personas esos derechos fundamentales y como límite infranqueable de su actuación el respeto a la dignidad de cada ser humano.   Todo esto es conocido. Pero hoy conviene recordarlo. Porque sabemos también por nuestra experiencia histórica que si bien Europa ha hecho una aportación fundamental para lograr estos grandes avances de la civilización en ocasiones trágicas ha dado la espalda a su propia tradición e identidad.  Y hoy en día, dentro y fuera de Europa, esos valores y principios están cuestionados y, no es exagerado decirlo, amenazados por fuerzas poderosas. En puridad, esa idea de la persona a la que me refiero, que nace de la tradición religiosa, filosófica y cultural judeocristiana, es lo que permite la democracia.  No puede haber democracia si no está basada en esa idea de la persona. Por fortuna, esa idea es hoy un acervo universal y no se circunscribe sólo a las naciones europeas o a aquellas que comparten tradición histórica con el viejo continente.  Por eso precisamente me parece tan importante recordar y reafirmar las raíces cristianas de Europa, algo que defendí con ahínco cuando tuve la responsabilidad de gobernar y que sigo haciendo ahora.  Europa es sencillamente inexplicable sin sus raíces cristianas. Creo que negar esa herencia cristiana de Europa es uno de los elementos que más contribuye a alimentar la confusión intelectual y moral de nuestro tiempo y que, en consecuencia, más nos debilita.  Esa herencia cultural cristiana de Europa no sólo ha contribuido a perfilar la idea de persona, sino que al cabo de una larga y sinuosa tradición histórica también ha colaborado a crear sistemas políticos y de organización social dignos de ella. Y como constatación fáctica hay que decir que ese tipo de sociedad es también la que permitió en mayor y mejor grado el pensamiento crítico, científico y filosófico, transmitido entre otras instituciones en las universidades a lo largo de siglos. Esta sociedad tiene como una de sus señas de identidad la búsqueda de la verdad y la tolerancia hacia el otro sin negar la propia identidad. Y también la innovación, el ánimo emprendedor y el espíritu de iniciativa que han permitido un progreso económico sólido que hizo posible para mucha gente salir de la pobreza.  Estos son algunos de los rasgos que definen a Europa. O, si queremos ser más precisos, al mundo occidental. Porque Europa no puede entenderse sin la expansión que históricamente tuvo lugar al comienzo del Renacimiento y que dio lugar a lo que conocemos como Occidente. Por eso no puedo concebir otra Europa más que aquella que está ligada por lazos fuertes y profundos con el mundo atlántico.  Soy de los que cree que ese conjunto de valores han supuesto una aportación muy positiva para toda la humanidad. Por eso creo en Occidente y por eso también creo que merece la pena defender los valores que lo sustentan y luchar por ellos.  Europa tiene también una parte sombría. No hay que negar que la semilla de la autodestrucción ha germinado históricamente en Occidente, en esta Europa de la que nos sentimos legítimamente orgullosos. No tenemos que remontarnos muy atrás en la historia.  Pensemos en la oscura primera mitad del siglo XX europeo, que vio el nacimiento de los totalitarismos comunista y nacionalsocialista que negaban la idea de persona y que condujeron al horror del Holocausto y del GULAG. O, mucho más cercano en el tiempo, en los genocidios de los Balcanes de hace apenas unos años y tan sólo a  dos horas de vuelo de donde nos encontramos, que usaron la excusa de un nacionalismo excluyente y atroz para cometer sus crímenes. Pero con todas sus luces y sus sombras, Europa ha hecho una gran contribución a la civilización. Ha sido un gran acontecimiento no sólo para los europeos, sino para toda la humanidad. Y el proceso de integración que  se inició tras la Segunda Guerra Mundial es, sin duda, un gran éxito histórico. Hoy hay muchas voces que advierten que Europa está en crisis. Soy de los que cree que no les falta razón. La crisis de Europa no es algo reciente. Los males que nos aquejan y sus síntomas no son  nuevos. Pero se han recrudecido en los últimos años. Y parece también que diferimos el momento de hacerlos frente con decisión, temerosos de tomar decisiones y de llevarlas a cabo con determinación.  Hay desánimo. Hay temor. Muchas veces adoptamos el diagnóstico equivocado y ensayamos recetas que no curarán nuestros males. Mi diagnóstico es que Europa tiene miedo. Y ese miedo nace de una falta confianza en sí misma. Y creo también que nada de ello es casual. Se ha sembrado durante mucho tiempo la semilla de la desconfianza, del odio a uno mismo, en un descabellado afán de poner en cuestión los principios que conforman nuestra identidad  y, en última instancia, de destruirlos.   Esa falta de confianza en sí misma de Europa le impide tomar las decisiones, difíciles pero ineludibles, para afrontar los retos del futuro. Y esa abulia lleva a negar la realidad, a verla a través de unas lentes de irrealidad. No queremos afrontar las decisiones que la realidad demanda y por eso negamos esa realidad incómoda. Las circunstancias en las que nos movemos son las de la globalización y el cambio tecnológico continuo. En los últimos años millones de personas han accedido a los mercados mundiales, lo que les ha dado una oportunidad de progreso y bienestar. La competencia mundial se ha abierto, creando crecimiento económico y prosperidad. La libertad en el mundo nunca ha estado tan extendida como está hoy. Este panorama debería llevar a los europeos al optimismo y a las ganas de hacer cosas, y sin embargo no es así. En Europa la sensación dominante es de crisis, pesimismo y falta de confianza. También es preciso reconocer que en el mundo en el que vivimos no todo es prometedor. Crece el desafío de los enemigos de la libertad, la amenaza del terrorismo global y de los que odian la libertad. No es algo que nos deba sorprender. Resulta que la libertad y el progreso fueron una conquista lenta, de siglos, una conquista que avanzó poco a poco. La libertad siempre ha tenido enemigos. Si hoy existe es porque en el pasado hubo quien la defendió con determinación, brío y constancia.  Ante los retos de hoy, algunos en Europa o, para ser más justos, en todo Occidente, tienen una reacción de apatía, resignación y derrotismo. Parece que algunas elites occidentales quieren echar la culpa de los desafíos a la libertad al modo de ser y al sistema de valores occidentales. Hay una parte de Occidente empeñada en culpar a Occidente de los males del mundo, y muy especialmente de la virulencia del terrorismo. A pesar de esta situación de Europa, creo que hay razones para el optimismo. Pero para ganar la esperanza es preciso ser valientes, mirar la realidad frente a frente y no negar nuestra propia identidad.  ¿Qué tenemos que hacer para recuperar la esperanza y la ilusión?  En primer lugar, estar orgullosos de nuestros valores y de nuestros principios, los que conforman nuestra identidad. Los que compartimos con otros en lo que llamamos Occidente y que tienen una validez universal. Los que nos distinguen de quienes los odian y por ello odian lo que somos y quieren destruirnos.    Si decidimos que no queremos ser lo que somos, si caemos en la dictadura del relativismo moral, alimentaremos la desconfianza, el miedo al futuro y al cambio. Promoveremos el apaciguamiento con quienes quieren destruirnos, un error fatal que ya cometió Europa hace años.  Es sobre la base de nuestra identidad como hay que hacer frente a la amenaza de los enemigos de la libertad y los retos del futuro. Pero una parte de Europa, o si se quiere de todo Occidente, parece fascinada con la tentación de la autodestrucción. Es la única razón que se me ocurre para explicar ese afán de algunos de achacar todos los males del mundo, desde los más brutales y execrables atentados terroristas a la persistencia de la pobreza en grandes zonas del mundo, a la arrogancia occidental.  Es un afán recurrente en muchas de las autoproclamadas elites intelectuales y académicas de Occidente. Parecen fascinadas por todo lo que sea antioccidental, aunque eso suponga ser condescendiente con terroristas o con dictadores execrables. Y es que el mayor peligro que acecha a Europa es la tentación del nihilismo. La de creer que no hay auténticos valores que merezca la pena defender, como la vida, la igualdad o la libertad. Que cualquier otro sistema axiológico, sea el que sea, es intercambiable con el nuestro. Esta tentación del relativismo radical me parece estéril y peligrosa.  Un relativismo moral radical que lleva a redefinir instituciones básicas en nuestra cultura, como la de la familia o la del matrimonio.  La familia y el matrimonio son un elemento esencial y básico para la sociedad. Las naciones y las sociedades fuertes son las que se basan en instituciones sólidas y respetadas, entre ellas, sin duda, la familia. Y de acuerdo con nuestra tradición occidental, matrimonio es la unión de un hombre y una mujer.  Otras realidades, como las uniones entre personas del mismo sexo o las llamadas “modalidades alternativas de familia”, pueden ser muy respetables, pero no deben ser equiparadas ni al matrimonio ni a la familia.  La familia es también una institución necesaria para la transmisión a las nuevas generaciones de los valores y principios que sustentan nuestra sociedad. Si debilitamos la familia, debilitaremos el nervio moral de nuestra sociedad y el mejor canal para la transmisión de los valores que han sutentado la civilización.  Un camino que algunos, por un prurito progresista que no llego a comprender, parecen decididos a emprender irresponsablemente.   Ese relativismo moral lleva también a socavar  el concepto de los derechos individuales y universales, para sustituirlo por supuestos nuevos derechos en función de determinadas circunstancias de las personas. Vemos una proliferación absurda de derechos de diseño que le lleva a uno a preguntarse dónde queda la universalidad de los derechos de la persona. En definitiva, si realmente seguimos creyendo en la unicidad y universalidad de la idea de persona.  Creo que ese relativismo moral es una de las causas de la profunda crisis demográfica de Europa. Parece que los europeos hemos decidido no tener hijos. Si no creemos en casi nada y la satisfacción inmediata y sin complicaciones es el tema central de nuestras vidas, ¿para qué tener hijos? Muchos parecen satisfechos  con la perspectiva de un Europa envejecida y minoritaria, sin voluntad de pervivir. Una Europa que no crece económicamente, que no quiere tener hijos y que no está dispuesta a defender sus valores, ¿dónde va?  El gran reto al que se enfrenta Europa y en gran medida todo Occidente es creer en los propios valores y en su predicamento universal.  Y hay que decir que no es imperialismo desear que la igualdad entre hombres y mujeres sea válida en Milán, Londres o Nueva York pero también en Kabul, Bagdad o Teherán.  Que la libertad de conciencia es un bien y que debemos trabajar para que nadie pueda ser condenado a muerte o a penas de cárcel por sus creencias religiosas, como por desgracia ocurre en países no lejanos. Fuera de nuestras fronteras el gran reto es la extensión de la libertad y de la democracia. Este es no sólo un deber ético, sino un desafío existencial. Procurar la libertad y la democracia para el mayor número de naciones y personas no es sólo un imperativo moral, también es un interés de primer orden para Europa.  No llego a entender a quienes sostienen, con sus ideas o con sus acciones y omisiones, que la libertad y la democracia y el reconocimiento y garantía de los derechos fundamentales no son para todos. Porque si no son para todos, al final acabarán no siendo para nosotros. El segundo gran reto al que nos debemos enfrentar es poner límites a Europa. Soy de los que pienso que el proceso europeo ha sido un éxito en términos históricos y que la ampliación ha sido uno de los grandes logros de nuestro tiempo. Me felicito sinceramente de que Rumania y Bulgaria hayan entrado a formar parte hace unos días del proyecto europeo. Pero Europa tiene que basarse en valores y tiene  que ser viable.    Por eso hay que trazar un límite geográfico, porque el proyecto no puede consistir en la expansión perpetua. Europa debe ser viable y gobernable. Y convertir el eje de Europa en su ampliación sin límites es una forma de hacerlo inviable y de intentar esconder la falta de proyecto sugestivo. Por otra parte pienso que los límites no deben ser sólo geográficos. Hay que poner también límites a lo que Europa puede y debe hacer. El origen de este proceso se basó en la idea de ampliar la libertad de los ciudadanos, de las personas. Europa no puede ser un proyecto de ingeniería social. Hay que recuperar la idea primigenia de los padres de Europa y avanzar por la Europa de las libertades. La condición de la libertad es la limitación del poder.  Europa debe estar centrada en la libertad. En este sentido hay que tener en cuenta que el marco histórico en el que la libertad ha crecido en Europa ha sido y es las naciones que la conforman.  Europa no sobreviviría al intento de liquidar esas naciones, porque hemos de ser conscientes de que los valores europeos necesitan ser encarnados en realidades políticas más cercanas y decantadas por la historia.  El tercer gran reto de Europa es el de la economía abierta. El futuro de Europa sólo se puede basar en la economía de la libertad y de las oportunidades. Mientras debatimos sobre un supuesto modelo social europeo que ha creado millones de parados, el mundo sigue girando. Si queremos generar confianza para crecer, la solución no es el intervencionismo ni el proteccionismo, sea a escala nacional o europea. Europa necesita crecer y crear más empleo. Y el camino para hacerlo de forma sostenida es el de la apertura y la liberalización, en un marco de estabilidad. El Mercado Único, la creación del euro, el Pacto de Estabilidad y crecimiento han sido grandes logros y convendría avanzar por ese camino. También creo que Europa debe abrirse más al mundo. La creación de una gran zona económica de integración con los Estados Unidos, abierta al resto de países que quieran participar en ella, puede ser un gran motor de crecimiento económico en Europa y en todo el mundo. La experiencia histórica de Europa ha sido que cuanta más apertura e integración ha habido mejor han ido las cosas desde el punto de vista económico.   El cuarto reto al que Europa debe hacer frente es el de la inmigración. Y creo que el modelo para tener éxito no puede ser otro que el de la integración, basada en los valores y principios de la sociedad abierta. Esos valores que son europeos pero que se encarnan en las naciones que forman Europa. Es urgente que resolvamos esta cuestión y que cada nuevo inmigrante  que llegue a Europa sea para compartir nuestros valores y principios, de raigambre judeocristiana, pero abiertos a todos. Y la única forma de hacerlo es integrarse en las naciones que integran Europa, en la sociedad italiana, francesa o española, cada una con su historia y su rica pluralidad.   Por último, creo que Europa no debe renegar del concepto de Occidente ni de su proyección atlántica.  El vínculo atlántico preservó la libertad en Europa en el siglo XX. El futuro de la libertad y de la democracia en Europa y en todo el mundo depende de que seamos capaces de renovar es lazo vital para nosotros. Pretender crear una Europa de espaldas a la realidad atlántica sería un empeño suicida.   Este año se cumplirán cincuenta años de la declaración de Roma. Es una ocasión para conmemorar un éxito histórico sin precedentes. Pero también es una ocasión para alimentar la esperanza de una Europa que necesita afrontar el futuro con optimismo.  Confío en que los líderes europeos sepan lanzar el mensaje de la Europa fiel a sí misma, fiel a la idea de la libertad y la dignidad de la persona. La Europa de las de las naciones viejas que ponen de lado sus querellas históricas a favor de un proyecto de libertad, apertura, fortaleza y confianza para ganar el futuro. Es la oportunidad para lanzar una gran ofensiva a favor del rearme moral de Europa.  Muchas gracias.>>

  

Texto para el Debate: LA ÚLTIMA CRUZADA

Texto para el Debate: LA ÚLTIMA CRUZADA

 El presente documento histórico se remonta a finales del año 2001. Se trata de un bosquejo interpretativo de las estrategias imperialistas neoconservadoras tras el 11-S. Se muestran aquí ante nuestros ojos, los primeros pasos de la agresión mundial del Eurosionismo, del eje Washington-Vaticano, del totalitarismo globalitario  y del aparato industrial-militar norteamericano en un momento en el que muchos "revolucionarios" antimundialistas decidieron arrimarse a la protectora sombra de Judás del antiislamismo militante, reaccionario e identitario.

Buena re-lectura.

LA ÚLTIMA CRUZADA



Colectivo "Resistencia
"

 

"Debemos protestar, atraer la atención de todos,para hacer comprender finalmente al mundo que estos judíos y sus sostenedores tienen como objetivo la destrucción del Islam y la instauración de un gobierno universal judaico; y puesto que se trata de un pueblo astuto y activo me temo que antes o después consigan alcanzar este objetivo y que, gracias a la debilidad de algunos de nosotros, nos encontremos bajo un gobernante judío ­ ¡que Dios nos ampare!" (Imam Jomeini)

 

Como era de esperar, tras el ataque al corazón del imperio, la maquinaria de guerra de los Estados Unidos de Israel se ha puesto en marcha.

“Guerra contra el terrorismo”. “Justicia Infinita”. “Libertad Duradera”. “Civilización”. “Cultura Occidental”. ”Democracia", etc. etc. Los “valores” de Occidente, como valores universales, movilizados unidireccionalmente al compás de la habitual campaña de propaganda orquestada desde los medios de deformación de masas al servicio del capitalismo de guerra.

TERRORISTAS SOMOS TODOS

Un liberalismo fuerte, musculoso, bien pertrechado, consciente de sí mismo, al que (véase el “Informe Lugano”) le sobra buena parte ya de la humanidad para alcanzar sus objetivos. Los excluidos del sistema representan desde hace tiempo lo Prescindible. No habitan en un lejano “Tercer Mundo”, sino que están entre nosotros. Es decir, tarde o temprano seremos nosotros. Los tiempos posthistóricos en los que vivimos no admiten discrepancias internas ni disidencias organizadas. Pasar del estado de outsider global al de terrorista potencial no es especialmente difícil. Desde el 11 de setiembre este paso es muy corto. Terroristas somos todos.

La “guerra” en acto, ya lo anuncian, la van a ganar, y por goleada. El “enemigo” (sea el que sea, supone siempre lo Imprescindible) si bien maligno por naturaleza, probará de grado o por la fuerza la amarga copa de la venganza del imperio, apurándola hasta las heces. Comprobará, como dijera el presidente Taft en 1912 al iniciar la enésima intervención norteamericana en México, que “existe un Dios en Israel y está en guardia”. México, Centroamérica y América del Sur han degustado durante dos siglos la venganza de ese Dios de Israel –siempre en guardia- que habita al otro lado de Río Grande. Otras partes del globo tienen una experiencia más corta en el tiempo, pero igualmente intensa de la ira yahvítica de los Estados Unidos.

Y sin embargo, los imperialistas nunca estuvieron menos seguros que ahora. Desde hace unos pocos años un fuerte movimiento, heterogéneo y persistente, de contestación al nuevo orden mundialista había empezado a tomar las calles, más allá de los puntuales y espectacularizados episodios violentos, para protestar masivamente contra la “globalización” y contra los “globalizadores”.

No eran masas de desheredados y sobreexplotados los que obligaban a los poderosos de la tierra a encerrarse en auténticos búnkers, bloqueando ciudades y sacando a la tropa mercenaria a la calle para proteger sus preciosas vidas, sus vastas posesiones y sus pretenciosas reuniones. Los militantes antiglobalización, al margen de su particular orientación sociopolítica, pertenecían al hemisferio “globalizante”, son hijos de la democracia de mercado y de esa clase mediaconvertida en clase única ya del occidente plutocrático.

Enfrentados a tamaña contradicción social, los mundialistas, empresarios, banqueros, militares, economistas, burócratas, gobernantes y demás parásitos sistémicos, que precisamente habían jugado duro durante los últimos cincuenta años para asegurarse la estabilidad social y la seguridad política en su territorio “metropolitano” (la ciudad del mundo), indispensable para lanzar el asalto final contra el “campo del mundo” (la periferia), asistieron estupefactos a la formación de una nueva e inclasificable Oposición Global.

El principio de la Resistencia se estaba instalando, pues, en el corazón mismo del novus ordo saeculorum, ante las puertas mismas de la pirámide masónica-imperial, esa que aparece en los billetes de dólar, golpeándolas con violencia. Las últimas protestas ante la reunión del G-8 en Génova: una ciudad convertida en un virtual campo de batalla y tomada policialmente por los pretorianos de la Opresión mundial era una imagen que, por más que repetida, resultaba ya insoportable.

Los “señores de la Tierra y de la Guerra” no dudaron en enviar a sus esbirros para sofocar el conato de rebelión, detener a los militantes antagonistas, maltratarlos y torturarlos en comisaria y en algún caso, matarlos a sangre fría. Si hacen esto con los propios “hijos mimados del sistema”, barruntemos lo que harán con los “bastardos de la periferia global”: feos, pobres, desarrapados y “genéticamente” terroristas.

Se había abierto un nuevo frente en la retaguardia de los Devoradores del Mundo en sincronía con los preparativos de la ofensiva final que debía conducirles a la implantación de un Gobierno mundial, tras años de dudas, renuncias y vacilaciones.

El ataque del 11 de setiembre y la inmediata llamada a la Unidad Imperialista desde el “partido de la guerra” ha tenido la virtud de exponer crudamente ante la opinión pública europea, el carácter puramente colonial y americanodependiente de sus fatuas democracias capitalistas, productos no de la cacareada “victoria de la libertad contra el fascismo”, sino de la derrota absoluta de Europa frente al poder de los Estados Unidos en 1945. Regímenes made in Usa mantenidos por estructuras secretas de carácter político-militar y alimentados por una verdadera Cultura de la derrota.

La criminalización de los “antiglobalización” era sólo cuestión de tiempo. Tras el 11 de setiembre el Movimiento antagonista europeo debe efectuar una autocrítica sobre sus referentes históricos, su efecto social, su metodología operativa y su capacidad real de desembarazarse de la asfixiante influencia de esa Cultura de la derrota en todos los niveles del sistema social dominante.

AMÉRICA, “PATRIA NOSTRA”

No nos engañemos. La verdad es dura, pero es la verdad. Cincuenta años de “lavado general democrático de cerebros” dan para mucho.

Mirémonos a nosotros mismos. Miremos a nuestro alrededor. Somos norteamericanos. Norteamericanos sin derecho a voto en las presidenciales USA: pero norteamericanos a fin de cuentas.

Y el ataque a la común patria imperial ha reforzado nuestros lazos sicológicos con los vencedores. También en el caso de aquellos que, por lo bajinis, se han alegrado, no por las víctimas civiles inocentes, claro está, sino del golpe inferido al amo. Típico comportamiento del subalterno, del perdedor, moralmente carcomido por años de cultura de la derrota.

Norteamericano es todo lo que hacemos y producimos. Nuestra producción “nacional” televisiva, por ejemplo, es toda ella un facsímil del original yanqui. Series de policías, médicos, periodistas, abogados, etc. ridículamente plagiados (“intertextualizados”, se dice ahora) del modelo transoceánico, sin que nadie ose denunciar que la copia nunca superará al original, ni en la dramatización televisiva ni en la pura realidad. Sin que nadie se atreva a denunciar, así mismo, que el original es una falsificación patética de la realidad represiva que preside la existencia social del pueblo norteamericano.

En Estados Unidos no hay policías conmovedores tipo “Hill Street”. Ni médicos maravillosos a lo “Urgencias”. Existe sencillamente un Estado policial donde la información es tratada militarmente, y filtrada a través de poderosas agencias federales (United States Information Agency, USIA). Donde no hay acceso a la asistencia sanitaria gratuita, y en el que pertenecer a una minoría excluida – o en fase de exclusión- es un calvario al que solo una muerte violenta y silenciosa pone fin. Donde la Justicia es un negocio fraudulento que sólo actúa “por un puñado –bien gordo- de dólares”. Es un Estado democrático donde votar es un privilegio y cuyo presidente actual ha sido elegido (¿y cuántos antes de él?) mediante un sonoro pucherazo. Dónde ser pobre es pecado y delito a la vez. Delito que acaba a veces en la silla eléctrica; pecado que es un estigma viviente de ignominia social. El “perdedor” es un muerto civil.

Alumnos aventajados, el maestro nos permite reproducir su modelo de existencia (“way of life”), a sabiendas que ni el discípulo será nunca más que el maestro, ni que el mono por más que imite al hombre conseguirá ser como él. Así funciona la cultura de la derrota.

Pero no sólo en el ámbito televisivo, o en la adaptación de ritmos musicales y modas sociales de todo tipo provenientes del Gran Hermano americano, o en el modelo político-económico, etc. se hace patente nuestra condición de sometidos/satisfechos.

Durante el pasado día 12 de octubre, fiesta “nacional” de España, la realidad quedó evidenciada muy gráficamente. Por primera vez, durante una parada militar, la bandera de las barras y estrellas desfiló ante el populacho y las autoridades coloniales en lugar destacado, portada por personal militar norteamericano y reverentemente acatada por todos y cada uno de los presentes que reconocían en la enseña de los Estados Unidos la suya propia, y mostraban sin vergüenza y hasta con cierto “orgullo” cual era y cual es nuestra “nacionalidad” genuina.

Pero España no es un Estado que, como otros de Europa, haya luchado y perdido una guerra mundial, aunque en cierto momento pareciera que había elegido el campo de los futuros perdedores. Aquí, la guerra doméstica, que fue más que guerra una cruzada, se ganó. Por lo tanto el Estado Español ha elegido su “nueva nacionalidad” voluntariamente. Se ha puesto al servicio del imperio ejerciendo su libertad, al menos lo que le quedaba de ella. No hay por tanto ninguna circunstancia “atenuante” en su elección.

La patética imagen del presidente Aznar y de su ministro-lacayo (el de los cabezazos a Bush), Josep Piqué, compitiendo con otros “dignatarios” europeos en genuflexiones ante el dolor norteamericano y en ofrecimientos belicistas hacia quien no necesita más poder de destrucción del que ya tiene, pasará a la crónica nacional (o ex nacional) de la infamia. Pero en realidad no es más que una “legítima” expresión del patriotismo atlántico, del nuevo nacionalismo yanqui, que todo buen conciudadano debe ofrecer a su nuevo país.

Aprovecharán, por supuesto, los administradores coloniales europeos la “santa ira” del amo para arrimar el ascua a su sardina. No por nada, hemos visto hasta la saciedad cómo Aznar y su Brunete mediático piden a las estructuras norteamericanas en Europa (Unión Europea, Alianza Atlántica, etc.) que ETA y Batasuna sean incluidas entre los “objetivos” antiterroristas de la operación “Libertad duradera”.

¿Sueña tal vez la clase política “española” con ver caer de los cielos a la 101ª División aerotransportada sobre los Pirineos o jalear el desembarco de los marines en la playa de la Concha? Cuando se ha perdido definitivamente la dignidad: ¿ que nos queda? La democracia, of course.

HACIA LA CUARTA GUERRA MUNDIAL

La guerra actual no es una nueva guerra. Es la guerra de siempre. La última cruzada.

Jean Braudillard, en el contexto precisamente de la guerra-cruzada de los Balcanes nos recordaba lo esencial de los acontecimientos, cuya manifestación es ahora pura actualidad:

“El enemigo público número uno mundial es, evidentemente el Islam y el frente islámico, porque es el único profundamente refractario a la mundialización que se está llevando a cabo. Ahí reside la cuarta guerra mundial.”

Crearon en los Balcanes un protectorado militar gestionado por el “partido de la estrella polar” (la OTAN). Retiraron de la circulación a Milosevic, su “cruzado” cristiano-estalinista en la zona, después de haberlos servido bien limpiando étnicamente el país. Lo han acusado - ¡ellos!- de “crímenes contra la humanidad”. Deben capturar ahora a Bin Laden (en plan Far-west, vivo o muerto), e incluso defenestrar –de paso- a Saddam Hussein tras haberlo dejado al frente de un Iraq, destruido, hundido y hambreado por un embargo criminal que –este sí- es un verdadero “crimen contra la humanidad”. Es preciso borrar siempre las huellas. Saddam fue útil para frenar la revolución islámica en los años 80, de la misma forma que los talibanes y Bin Laden lo fueron en los noventa. Arabia Saudí y las petromonarquías del Golfo pagaban los gastos: ¿qué más podían pedir los Estados Unidos? Ahora se encuentran en Asia Central dispuestos a controlar un espacio geoestratégico y geoeconómico de la máxima importancia. Un espacio, no por casualidad, de masiva presencia musulmana.

En efecto. El Islam, en sí mismo, es el enemigo. Y por mucho que se esfuercen en negarlo los dirigentes norteamericanos tanto de aquí como de allá, asistimos a una nueva cruzada contra el Islam. Tan cierto es que muchos periodistas en nómina (los perros de la prensa: los mejores amigos del poder) no se han recatado en afirmarlo sin tantos miramientos. No porque se decida ahora efectuar una represalia de guerra a un país devastado por más de veinte años de conflicto provocado por los imperialistas mismos, y de confesión musulmana. Sino porque – como ya denunciamos en su momento- los Conceptos Estratégicos de la Alianza Atlántica así lo exigían.

RESISTENCIA, es un hecho, ha afirmado siempre, desde su nacimiento, que el Islam revolucionario constituye el “aliado principal” para todos los verdaderos revolucionarios europeos. Que el eje Eurasia-Islam es la única barrera al proyecto expansionista del occidente judeomundialista. Así, lo declaró ya en el año 1994 nuestra colaborador Maurizio Lattanzio en su documento “Eurasia-Islam. Alternativa revolucionaria al sistema”:

ElIslam cumple actualmente la función de imprescindible "polo" de referencia estratégica internacional en el ámbito de toda propuesta táctica realista de lucha nacional y popular antimundialista. No puede prescindir de él. El Islam es la guía revolucionaria de los pueblos desheredados y oprimidos del planeta frente al eje occidentalista en torno al cual se articula el proyecto hegemónico mundialista elaborado por la plutocracia judaico-masónica cosmopolita en vista a lograr la instauración de un gobierno mundial judío.

Aclaremos. No el llamado “fundamentalismo islamista”, sino el Islam como concepción del mundo y de la sociedad. No el ex agente de la CIA, Bin-Laden y su grupo Al-Qaeda. No esa ridícula creación política de los servicios secretos (ISI) pakistaníes, el llamado “Emirato islámico de Afganistán”. No la multitud de pequeñas sectas de opiómanos wahabbitas financiadas por el principal aliado musulmán de los USA. Sino el Islam revolucionario ejemplarmente encarnado en la República islámica de Irán. El Islam de los oprimidos y de los humillados que combate por la verdad y la justicia. No contra los pueblos y las civilizaciones, sino a favor de su conocimiento y cooperación.

La cruzada imperialista terminará conviertiéndose en guerra revolucionaria. Y si no al tiempo. Tal es nuestra predicción y nuestra esperanza. Lo hemos previsto durante años y nos hemos preparado mentalmente para tal eventualidad. La cuestión principal – la gran cuestión- es saber si vamos a estar –todos- a la altura de estos años decisivos. Si seremos capaces de pensar y actuar como revolucionarios.

SIONISMO CRISTIANO Y JUDAÍSMO “CRUZADO”

Resulta paradójico que en el origen de esta idea de cruzada sea imposible hallar teólogos cristianos u obispos católicos. Al contrario, abundan oficiales de inteligencia y rabinos sionistas.

El proceso de criminalización del mundo árabe-islámico que alimenta la nueva cruzada tiene su inicio en los años sesenta en el contexto de las guerras que el Estado de Israel dirige contra sus vecinos árabes, mientras continua inalterablemente el genocidio del pueblo palestino. Y tras la caída del bloque soviético, sustituye al comunismo en el imaginario colectivo occidental. La presencia de musulmanes entre las masas de inmigrantes a Europa refuerza el papel de “quinta-columna islámica”.

El “terrorista” (el que luchaba contra la ocupación sionista de Palestina) era siempre árabe. El árabe es, para la ignorante opinión pública occidental, el “sarraceno”, el “moro”, el “turco”, el fanático islamista. El Corán, finalmente, no es más que un manual de guerrilla urbana en manos del fanatismo terrorista.

La contraparte es, por oposición, naturalmente “buena”. El judío ya no es el “pueblo deicida”, sino el pobre pueblo de Dios perseguido por su fidelidad a la alianza con Yahvé. Nuestros “Hermanos mayores”. Dos mil años de antijudaísmo cristiano son “milagrosamente” borrados de la conciencia moral de Occidente. El Papa polaco de Roma, el Gran Brujo de Europa, ejecuta mágicamente el más gigantesco “transfert” de culpabilidad de todos los tiempos. Más o menos, viene a decir: “Pedimos perdón a los judíos: Hitler era el Anticristo. Nosotros, cristianos, somos todos semitas”. Amén.

Nada hay como buscar la sombra de los poderosos. Siempre en el momento justo, claro.

Lo demás es una secuela, mera agit-prop, al servicio de los intereses más inconfesables de la burguesía de masas occidental. Así, Umberto Bossi, zafio representante de una de las burguesías europeas más repugnantes, y superministro de “reformas” del nuevo gobierno italiano, señala ya la imposibilidad práctica de distinguir entre “inmigrantes musulmanes y terroristas”.

Un año antes otro paisano suyo, eminente factótum del poder eclesiástico, señaló al “enemigo” –según la nueva “doctrina Wojtylla”- de forma más diplomática:

<< Giacomo Biffi, cardenal arzobispo de Bolonia, ha desatado una áspera polémica al reclamar al Gobierno italiano una política que favorezca la entrada de inmigrantes católicos, para preservar la "identidad del país". Fuera de las fronteras italianas deberían quedarse, a juicio del purpurado, los inmigrantes musulmanes, que en estos momentos representan un tercio del total de 1,25 millones de inmigrantes que viven legalmente en Italia. (…) "Los criterios para la admisión de inmigrantes no pueden ser sólo económicos o de carácter fiscal", explica Biffi en el documento. "Es necesario que exista una preocupación seria por salvar la identidad de la nación. Italia no es un territorio deshabitado, sin historia y sin tradiciones, que se pueda poblar indiscriminadamente". >> (El País, 15 de setiembre de 2000).

Para la Curia, la identidad nacional italiana nunca fue una preocupación cuando las tropas estadounidenses invadieron su península. Antes al contrario, el Pontífice de turno bendecía sin descanso a las fuerzas de ocupación aliadas en Europa. Ningún obispo de Roma ha dejado de ejercer nunca su ministerio vocacional de “Capellán Mayor de la OTAN” hasta la fecha.

Pero en realidad, Juan Pablo II y sus cardenales, Berlusconi y sus ministros, son sólo epígonos de una estrategia de guerra sicológica activada muchos años atrás mientras las divisiones blindadas israelíes “hacían añicos a las hordas harapientas del Islam anticristiano”.

La entidad sionista comprendió entonces que no se trataba simplemente de derrotar militarmente a los árabes, lo cual no era un problema insalvable cuando se contaba con el apoyo incondicional del Pentágono y del Departamento de Estado. Era preciso dotar a los episodios bélicos de algún tipo de “metafísica”, ya sea mitológica o teológica.

Para Theodor Herzl, padre fundador del sionismo, el futuro Estado judío debería ser “un puesto avanzado de la civilización occidental contra la barbarie oriental”. Pero, más de medio siglo después de pronunciadas estas palabras, Israel, que había surgido con el apoyo incondicional soviético –entre otros- se encontraba luchando por hacerse un hueco como “principal aliado estratégico” del “mundo libre” en “Oriente próximo” en competencia con otros estados laicos y con monarquías feudales que reivindicaban para sí el “honor” de ser consideradas por Estados Unidos como “socios exclusivos y aliados fieles” frente al comunismo internacional.

La comunidad de los servicios de inteligencia sionistas puso a trabajar a sus agentes y antenas dispersos por todo el mundo. Apenas tuvieron problemas en encontrar “colaboradores internos,” dentro de la diáspora judía. Contando con el apoyo además del todopoderoso lobby judío norteamericano, el Mossad se lanzó a una campaña internacional de crímenes, sabotajes y atentados orientados a reforzar la presencia de Israel en el “mundo libre”, y allí donde los intereses geopolíticos y estratégicos del imperialismo lo demandasen. Dotarse del arma nuclear fue una operación delicada. No había más remedio que sustraer los secretos de la industria atómica a los “aliados” norteamericanos. Llegado el caso no hubo dudas incluso en hundir un buque de guerra norteamericano (el Liberty en 1967). Asesorar a dictadores bananeros africanos o americanos fue otra de esas “tareas sucias” demandadas por la intelligence yanqui. No hacía falta que la CIA se manchara las manos con más covert operations. Ellos, los judíos, se ocuparían de casi toda la mierda, a cambio de impunidad para sus crímenes de Estado.

Ciertamente, Estados Unidos ha retribuido con creces a su “aliado” (6.000 millones de dólares al año, es decir, casi 1300 dólares por habitante/año). Así, entre 1949 y 1966, la Entidad sionista recibió la bonita cifra de 7.000 millones de dólares. Como evoca Garaudy: “Para evaluar el significado de esta cifra, basta recordar que la ayuda del Plan Marshall desde 1948 a 1954, fue de trece mil millones de dólares, es decir, que el Estado de Israel recibió (sobre un período más largo), para menos de dos millones de habitantes por aquel entonces, más de la mitad de lo recibido por doscientos millones de europeos. Es decir, cien veces más por cabeza que los europeos”.

Y si trasladamos esta comparación a la media de la ayuda anual recibida por los países “subdesarrollados” (esos que se han atrevido a condenar al sionismo públicamente como racismo en la Conferencia de Durban), la proporción resulta aún más escandalosa: “Dos millones de israelíes han recibido, por cabeza, cien veces más que dos mil millones de habitantes del Tercer Mundo”.

Son datos, estos últimos, anteriores a la década de los sesenta. La década en que la maquinaria de guerra sionista estaba lo suficientemente engrasada para dirigir su poderío militar contra todo lo que considerara una potencial amenaza.

Sin embargo, la agresividad judía en Palestina y en otras partes del mundo enajenaba las difusas simpatías de la opinión pública europea por la causa de Israel. Hacía falta algo más que una Teología legitimista y un Terrorismo de Estado judío para apoderarse de la voluntad y mantener férreamente sometida a esa opinión pública a los dictados de la causa sionista. Una nueva religión, una nueva fe irrumpía en el descreído y escéptico Occidente: el Holocausto. La creación del Estado de Israel es la respuesta de Dios al Holocausto. Tal será la doctrina oficial del estado de Israel, del lobby judeo-norteamericano y de todos aquellos que en el futuro no quieran ser tildados – y acusados – de promover la causa del antisemitismo y del genocidio.

Ciertamente, el mito existía. Había servido para sustentar parcialmente los “derechos seudohistóricos” de Israel en los primeros años de la Entidad sionista. No se quería más antisemitismo en Occidente y el Estado de Israel asumía la tarea de reprimir cualquier manifestación “antisemita”, aunque fueran “semitas” (árabes) los culpables de cometerla por el simple hecho de oponerse a la expansión territorial de Eretz Yisrael.

Pero es sólo a partir de las poco justificables guerras preventivas contra los árabes y la brutal expulsión de los Palestinos de su territorio, que el mito holocaústico empieza a transformarse en una verdadera industria y en una verdadero religión. Fe y dinero nunca estuvieron demasiado reñidos en la historia religiosa de los israelitas, pero ahora había llegado el momento, dos mil años después de la invención de la religión cristiana por el rabí Saulo de Tarso, de ofrecer a los gentiles un nuevo dogma de fe que justificara no sólo la compasión sin fin hacia los pobres judíos de la Diáspora y de Palestina, sino un compromiso activo en la defensa de la causa de Israel frente a la barbarie sarracena. Los nuevos cruzados ya no se volverían a reconocer por el signo de Cristo, sino por la Estrella de David.

EL MITO DEL SIGLO XXI

Nada de esto podía desagradar a los norteamericanos que de cruzadas sabían bastante. No en vano estaban inmersos en plena tercera guerra mundial contra el “imperio del Mal” soviético, frente a un bloque compacto de fuerzas que del ateísmo hacían bandera. Igualmente, acababan de ganar una guerra que no por nada habían calificado también como “santa”. La cruzada en Europa, como la llamó el propio Eisenhower contra el fascismo, contra Hitler cuyo proyecto político continental no era más que la aplicación de la “doctrina Monroe” a este lado del atlántico: “Europa para los europeos”. Pero, para los norteamericanos, tal “doctrina” no era materia de exportación. Menos aún a Europa de cuya eliminación como potencialidad política dependía la afirmación del leadership mundial yanqui.

Volviendo a la mitologización holocaústica, hay que señalar que hasta entonces la “Shoah” era un dato más de una conflagración que había dejado millones de víctimas en los campos de batalla de Europa, Africa y Asia. No era prudente atormentar más todavía al pueblo alemán con la “doctrina judía del recuerdo” en pleno desarrollo del “plan Marshall”.

Solamente después de aquellos años el recuerdo del Holocausto fue una presencia perenne en los medios educativos, informativos y de distracción del sistema occidental. La responsabilidad del exterminio fue socializada progresivamente a toda Europa, magnificada sin medida y reproducida simultáneamente como verdad de fe y de razón. Ante semejante sufrimiento, los padecimientos palestinos eran un simple detalle. El crimen era excepcional porque excepcional era el pueblo hebreo. Israel era más que una nación porque los judíos son más que un pueblo. El pueblo elegido tenía al fin un Estado que era más que un Estado, porque era la expresión de la alianza concertada entre un dios y un pueblo. La “Shoah” fue la señal. El Estado de Israel se había transformado en el Dios de Israel.

El rabino Haim Druckman definió la nueva mística en términos inequívocos: “La tierra de Israel es santa, el pueblo de Israel es santo, el ejército de Israel es santo, los carros de combate del ejército de Israel deben ser objetos de culto”. Los “objetos de culto” han entrado –escasos días hace- en Gaza y Cisjordania, en la misma Belén, en el umbral mismo del lugar que la tradición cristiana asigna al nacimiento del Salvador.

Ni una sola palabra de condena o de reproche ha salido de boca de esos obispos, cardenales y capellanes que han bendecido a los aviones y a los buques de guerra de los ejércitos norteamericanos y aliados.

Hoy Ariel Sharon, que ya llevara hace dos décadas el terror y el crimen al Líbano, puede volver a masacrar impunemente tras un momento de confusión posterior a la creación de un supuesta Coalición internacional contra el Terrorismo. El Papa de Roma calla, la Unión Europea disimula y sólo el Departamento de Estado yanqui presiona a su hombre en Tel-Aviv por razones de marketing diplomático.

Efectivamente, tras la muerte de un ministro israelí de amplio historial genocida, el premier sionista ha dado rienda suelta a los chacales de su ejército. Arafat, ese que hace apenas unos días reclamaba material antidisturbios para reprimir a su propia población, vuelve a ser su Bin Laden. Y sus “afganos” siguen siendo los mismos. Matar niños palestinos es en el fondo salvarnos de un futuro talibán y de un más que presunto kamikaze. Si además se lo elimina en el seno materno junto a su propia progenitora, se consigue el “dos por el precio de uno”. Economía de balas. Economía de guerra. Negocio redondo.

Pero ni Bin Laden ni Arafat son los verdaderos enemigos de Israel y de los Estados Unidos. La propia existencia física de Arafat es una prueba palmaria de esta realidad. No se monta una cruzada ni se sigue perpetrando un genocidio para acabar con semejantes figuras.

Lo que se solventa en esta cruzada es quién va a gestionar finalmente el Imperio norteamericano y, a través de él, quién va a determinar la nueva Weltpolitik que el propio proceso de expansión capitalista (globalización) está reconfigurando.

 

* * *

 

 

Fukuyama afirmó, tras la guerra del golfo, que fuera de la democracia liberal y de la economía de mercado, no hay realidad, y por lo tanto no hay “historia”. Otro intelectual orgánico del departamento de Estado, Hungtington, agregó a esta tesis un nuevo coeficiente “conflictual”: el choque de civilizaciones. Aún no sabemos que nuevo elemento será aportado por los “thinks tanks” de las corporaciones multinacionales de capital estadounidense, tras el fin oficial de las operaciones militares en Asia Central y eventualmente en otros puntos calientes geoestratégicos. No diferirá mucho de los anteriores.

Para el Monoteísmo de mercado fuera de su Realidad no hay realidad. Y esta profesión de fe dogmática debe ser común a todo el género humano, sin excepciones. Por ello y para ello, se montan cruzadas, guerras “justas” y coaliciones antiterroristas. Lo que se juega aquí, en última instancia, no es simplemente a quien corresponde la gestión monopolista del sistema imperial de democracia liberal y de economía de mercado, es decir, del capitalismo actual en su fase global de desarrollo (globalización, mundialismo, etc.); sino algo mucho más decisivo: La supervivencia misma de ese sistema sometido como está a un conjunto de desafíos y contradicciones creados por él mismo y que ha decidido de una vez por todas resolver. El capitalismo vuelve por tanto a sus orígenes depredadores. La ley de supervivencia. La “life strugle”. La hobbesiana “guerra de todos contra todos”. La Mano de Dios como prefiguración de la Mano Invisible del mercado. Los super-ricos como Elegidos de esta nueva guerra de religión. Todos nosotros como sus esclavos. Aquí paz y después gloria.

“Dios lo quiere”, decía San Bernardo para arengar a las masas cristianas y liberar los Santos lugares de la perfidia de los infieles. Los Estados Unidos de Israel, brazo ejecutor de ese dios, y en última instancia Dios mismo en la tierra, lo quieren, lo precisan y lo demandan.

Y quién, pobres mortales como somos, ¿podría oponerse a la voluntad manifiesta de Dios?

Ahmadineyad: 'Ni Israel ni sus amos tendrán nunca la osadía de atacarnos'

Ahmadineyad: 'Ni Israel ni sus amos tendrán nunca la osadía de atacarnos'

'EL PROBLEMA DE IRAK SON LAS TROPAS EXTRANJERAS'

'Tenemos relaciones excelentes con Venezuela', ha asegurado tras visitar a Chávez

Provocativo, el presidente iraní comenta: 'Si ha existido el Holocausto, ¿dónde ocurrió?'

Actualizado miércoles 17/01/2007 11:57 (CET)
EL MUNDO

MANAGUA.- El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, ha concedido una entrevista a EL MUNDO durante su reciente visita a Latinoamérica. En ella, se muestra cordial y sonriente, pero duro al reconocer quye "Israel conoce bien la potencia del pueblo iraní. Creo que nunca tendrán la osadía de atacarnos, ni ellos ni sus amos". A continuación, un extracto de sus declaraciones:

  • Creo que ha llegado el momento de que las grandes potencias cambien sus percepciones sobre los asuntos internacionales y sobre esta región [Oriente Próximo]. (...) ¿Por qué siguen británicos y estadounidenses en Irak? (...) El problema de Irak es la presencia de tropas extranjeras.
  • Sólo después de la intervención británica y estadounidense aparece en Irak un problema denominado chiísmo y sunismo. (...) Sadam era un dictador manejado por británicos y estadounidenses. (...) Cuando atacaba al pueblo iraquí y al iraní, aplaudían a Sadam.
  • Todos los pueblos de Oriente Próximo odian al régimen sionista. Es un régimen impuesto, dictatorial, totalitario, en la región. (...) Conocen bien la potencia del pueblo iraní. Creo que nunca tendrán la osadía de atacarnos, ni ellos ni sus amos. No harán tal tontería.
  • Si efectivamente ha existido el Holocausto, ¿dónde ocurrió? ¿Qué culpa tiene el pueblo palestino? Bajo el pretexto del Holocausto han impuesto durante seis décadas un régimen al pueblo palestino.
  • Nosotros no queremos guerra, no queremos conflicto, no queremos odio. Lo que pretendemos es resolver el problema del régimen sionista, que es el origen del odio.
  • Todo el mundo sabe que el régimen sionista posee armas atómicas y EEUU y Reino Unido sienten satisfacción a ese respecto. Irán ha colaborado generosamente con la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Hemos respetado las normas vigentes.
  • Tenemos relaciones excelentes con Venezuela. Con Nicaragua tuvimos relaciones muy amplias.

"LIBERTAD DE EXPRE-SIÓN": SEGÚN LA UNIÓN EUROPEA

"LIBERTAD DE EXPRE-SIÓN": SEGÚN LA UNIÓN EUROPEA

Alemania pide que la negación del Holocausto sea castigada en toda la UE

Berlín asegura que cuenta con el apoyo de Italia, el principal obstáculo para un acuerdo

EL PAÍS. ANA CARBAJOSA (ENVIADA ESPECIAL) - Dresde - 15/01/2007  Alemania, el país que preside este semestre la Unión Europea, quiere que negar el Holocausto se convierta en delito en los 27 países que desde enero forman la Unión. Así lo hicieron saber ayer miembros de la delegación alemana que asistieron en Dresde al Consejo de Ministros de Justicia e Interior de la UE, donde buscarán soluciones a las crisis migratorias y tratarán de mejorar la cooperación policial. Italia, hasta ahora reticente a consentir la iniciativa sobre la negación, habría cambiado de posición, según indicaron ayer fuentes diplomáticas alemanas.En total, nueve países de la UE contemplan sanciones penales para los negacionistas, algunos de los cuales han pasado largas temporadas en prisión.Castigar el negacionismo forma parte de una amplia iniciativa para condenar el racismo y la xenofobia que la presidencia alemana piensa impulsar durante su mandato y que podría presentarse el próximo abril. La propuesta tomará como punto de partida un texto elaborado por la presidencia luxemburguesa hace dos años y que establece penas de entre uno y tres años para aquellos individuos que inciten al odio y la xenofobia, según confirmó ayer en Dresde la ministra de Justicia alemana, Brigitte Zypries. Fuentes de la Comisión Europea precisan sin embargo que podrán abstenerse de aplicar la norma europea aquellos países en los que entre en conflicto con su Constitución. Suecia, que cuenta con una amplia defensa de la libertad de expresión en su Carta Magna, es el único país que por el momento ha hecho pública esta contradicción.Los límites a la libertad de expresión han suscitado un intenso debate en los foros europeos durante los últimos meses. La publicación de las caricaturas de Mahoma en Dinamarca el año pasado supuso el pistoletazo de salida. Luego le siguió la ley que prohíbe la negación del genocidio armenio en Francia y próximamente en Holanda. Y la puntilla la puso el reciente cónclave negacionista organizado a finales del año pasado por el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, y al que fueron invitados numerosos europeos, algunos de ellos procesados en sus países.La iniciativa luxemburguesa sobre la que ahora trabaja Alemania también habla de signos -como la esvástica- que inciten al odio. Berlín pretende sin embargo dar con un texto lo suficientemente ambiguo como para evitar una mención expresa a determinados símbolos, cuestión que terminó por dar al traste con la iniciativa, después de que eurodiputados de países ex comunistas exigieran que se incluyera la hoz y el martillo.Cárcel para los culpablesLa idea de castigar con la cárcel la negación del Holocausto en la UE no es nueva. Fue en 2001 cuando la Comisión Europea puso la primera propuesta sobre la mesa. Desde entonces, los socios europeos se han topado con la negativa de Italia. Fuentes diplomáticas alemanas aseguraron ayer que por primera vez Roma estaría dispuesta a dar el visto bueno a la iniciativa. Otros países como Suecia, Reino Unido, Holanda y Dinamarca han puesto también reparos a la iniciativa, pero Berlín se decantaría por una versión revisada que salvara los peros de estos países que no se oponen frontalmente. Junto a esta iniciativa para combatir el racismo y la xenofobia, los ministros de Interior y Justicia alemanes se concentrarán durante los próximos seis meses en reforzar la cooperación policial entre los Veintisiete, en tratar de armonizar ciertos aspectos del derecho de familia -divorcios y herencias- y en luchar contra la inmigración ilegal, según explicaron los ministros ayer en Dresde.En el capítulo de cooperación policial, Berlín pretende convencer a sus socios para que se adhieran al Tratado Prüm, firmado el año pasado por siete países (incluida España) para que sus fuerzas de seguridad intercambien datos de ADN y de matrículas de coches. Al menos otros cuatro países de la UE ya han anunciado su intención de sumarse al tratado. De lograrse el acuerdo de los Veintisiete, constituiría toda una novedad desde el punto de vista de la toma de decisiones en las instituciones europeas. Para los asuntos de Interior, es necesaria la unanimidad, es decir, que ningún país presente su veto, lo que rara vez ocurre en una Europa a Veintisiete. La Constitución europea resolvía este problema al establecer la mayoría cualificada en la toma de decisiones. 

GEOPOLÍTICA DE LA LIBERACIÓN: EL EJE DE LOS PUEBLOS

GEOPOLÍTICA DE LA LIBERACIÓN: EL EJE DE LOS PUEBLOS

La gira de Ahmadineyad por América Latina ayuda a la formación de un eje independiente

Mahmud Ahmadineyad presidente de Irán, inicia una gira por 3 países latinoamericanos y está previsto que el presidente iraní visite Venezuela, Nicaragua y Ecuador.

La participación en la ceremonia de investidura de Rafael Correa nuevo presidente ecuatoriano y el encuentro con Evo Morales, mandatario de Bolivia, forma parte del programa del presidente Ahmadineyad en su gira latinoamericana.

Nicaragua, Ecuador y Venezuela en los últimos meses han presenciado cambios políticos en el marco de la adopción de políticas independientes ante EE.UU.

En Nicaragua, Daniel Ortega, líder sandinista, ganó las elecciones presidenciales, y en Ecuador el izquierdista Rafael Correa llegó al poder, mientras que en Venezuela también Hugo Chávez fue reelegido como presidente.

Estos tres sucesos reforzará más que nunca la postura del movimiento de la nueva izquierda en Latinoamérica.

La justicia, la política independiente, la lucha contra la corrupción, la distribución justa de la riqueza y la participación del pueblo en su propio destino son de los ejes del movimiento de la nueva izquierda iniciada a finales de los 90 en Venezuela y que en la actualidad abarca una gran parte de Latinoamérica.

En estas condiciones la gira del presidente de Irán a Latinoamérica es importante desde varios aspectos. En primer lugar pone de relieve la importancia que conceden las autoridades iraníes a la región latinoamericana, y en segundo lugar, este tipo de acontecimientos ayuda a la formación de un eje independista en diferentes regiones del mundo.

Irán, como país que posee recursos energéticos además de productos industriales y agrícolas, puede ayudar al desarrollo económico de países latinoamericanos, tales como Nicaragua y Ecuador.

Por otra parte, la unión de estos países palian las presiones de las grandes potencias. Tanto Oriente Medio como Latinoamérica, en las ultimas décadas han sido el escenario de conflictos provocados por EE.UU. y las naciones de estas zonas han pagado un alto coste por las intervenciones extranjeras.

La dependencia de los países de la región de los poderes europeos y EE.UU. siempre ha impedido la cooperación entre los países de esta zona con el resto del mundo.

Mientras que Irán, tras la victoria de la revolución islámica, en los últimos 27 años, y también Venezuela, desde el año 1998, han seguido un camino diferente.

Actualmente con la vuelta al poder del líder sandinista en Nicaragua y la victoria de los opositores a las políticas de EE.UU. en Ecuador y Bolivia, se ha propiciado el terreno para una mayor colaboración entre estos países.

IRNA