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EL PUDOR DEL SILENCIO Y EL CORAJE DE LA VERDAD

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Vincenzo Vinciguerra 

Aldo Moro fue un pésimo profeta cuando dejó escrito que su sangre caería sobre sus compañeros de la Democracia Cristiana. Antes al contrario, estos últimos  han levantado sobre su muerte sus propias fortunas personales y políticas y, más aun, han decidido elegir la fecha de su asesinato precisamente como “Día de la Memoria” dedicado  al recuerdo de las víctimas del “terrorismo”.

El ex dirigente del Partido comunista italiano, Giorgio Napolitano, actual presidente de la República por méritos desconocidos para el pueblo italiano, ha escogido concretamente el “Día de la memoria”, el 9 de mayo de 2009, para realizar dos gestos de importancia histórica, o lo que él considera tal.

Uno, invitar a la viuda del anarquista Giuseppe Pinelli, arrojado desde una ventana de la Comisaría de Milán el 15 de diciembre de 1969, cuando estaba siendo interrogado por la masacre de Plaza Fontana, y, naturalmente, a la viuda del Comisario de policía Luigi Calabresi que fue asesinado el 17 de mayo de 1973 tras ser acusado por Adriano Sofri y por sus compañeros de “Lucha continua” de haberlo matado.

En realidad, el papel de Giuseppe Pinelli sigue siendo controvertido a causa de su vinculación con Pietro Valpedra cuya inocencia respecto a la masacre de Plaza Fontana está todavía por demostrar, en el plano histórico, no habiendo comparecido tampoco la verdad política defendida en sede judicial con relación a una masacre que no fue fascista sino de Estado.

El mismo  comisario Luigi Calabresi, dijo a su mujer: “Cerebros de derecha, mano de obra de izquierda”. A saber,  los anarquistas, auténticos o fingidos, como instrumento de un diseño reaccionario.

Y, quizás, Calabresi fuera asesinado precisamente porque había comprendido demasiado y no estaba dispuesto a callar.

Gesto incauto, pues, el de Giorgio Napolitano que pretende desde la altura del cargo que ostenta poder cerrar una página histórica mediante una división maniquea de malos y buenos: de un lado el Estado democrático y antifascista, y de otro el “terrorismo” rojo y negro. El agredido que ha triunfado finalmente y los agresores que han debido capitular y pagar el precio de sus delitos.

En consecuencia, Giorgio Napolitano no ha dudado en definir como “fantasmagórico” a ese “doble Estado” cuya existencia ha sido intuida y acreditada por muchos historiadores y periodistas que han desarrollado agudas investigaciones sobre la historia de la guerra civil de los años Setenta.

Giorgio Napolitano debería haberse callado. Nadie espera de él el valor de afirmar la verdad, pero todos pueden esperar que tenga el pudor del silencio.

Porque Giorgio Napolitano es el representante de aquel Partido comunista [PCI]que en 1973 y, desde entonces hasta hoy, se hizo cómplice del Estado masacrador y encubridor.

Los dirigentes del Partido comunista, de hecho, tuvieron la posibilidad de evitar la masacre del 17 de mayo de 1973, cometida por el confidente de SID [NdT-  la Inteligencia militar] Gianfranco Bertoli, enviado con esta misión desde Israel, a las puertas de la Jefatura de policía de Milán con el objetivo de matar a Mariano Rumor.

Es obligado recordarle  a Napolitano que el 15 de mayo de 1973, Ivo Dalla Costa, funcionario del PCI de Treviso, fue informado por Pietro Loredan que “en Milán dentro de 48 horas se cometerá una atentado contra una alto personaje del gobierno del que se hablará en toda Italia”.

Dalla Costa informa de inmediato al parlamentario comunista Domenico Ceravolo que, a su vez, toma contacto con la dirección de su partido y acuerda una reunión de urgencia en Milán con Giancarlo Pajetta y Malgugini.

Los dos son elegidos, no por casualidad, por el secretario nacional del PCI, Enrico Berlinguer, pues son ellos los que mantienen, en nombre del partido, contactos reservados con el ministerio del Interior y la magistratura.

Lo que hicieron, con quién hablaron, qué informaron sobre la advertencia de atentado contra una “personalidad del gobierno”, previsto en Milán para el 17 de mayo, no se sabe.

Ciertamente, el objetivo era fácil de identificar porque en Milán, aquel día, como “alta personalidad del gobierno” estaba solamente Mariano Rumor que debía presidir en la Jefatura de policía una ceremonia en recuerdo del comisario Luigi Calabresi.

La historia nos cuenta lo que ocurrió: el confidente de SID, Gianfranco Bertoli, logró cometer el atentado contra Rumor de todas formas, arrojando una granada contra el automóvil del político a la salida del patio de la Comisaría que, sin embargo, no alcanzando su objetivo sembró la muerte entre los que se encontraban en la calle con un balance de 4 muertos y 46 heridos.

Quien fuera informado, representantes de altísimo nivel de las instituciones, no consideró oportuno acordonar la zona y adoptar las contramedidas necesarias, porque –esto es verdad- Berlinguer, Pajetta y Malagugini dieron sus pasos para alertar a los dirigentes políticos o cuando menos a los aparatos de seguridad.

¿No fueron creídos? ¿La información se consideró irrelevante? Puede ser. Pero lo que inculpa a la dirección del Partido comunista no es su intento fallido de impedir la masacre, sino el silencio que ha mantenido siempre sobre el episodio.

Jamás, ni una vez siquiera, ni aún utilizando indirectamente a los jueces que tantas veces han usado sin escrúpulo alguno para sus propios fines políticos, los dirigentes del Partido comunista han pretendido hacer triunfar la verdad sobre esa masacre.

Con su silencio, han permitido que se afirmara la mentira del atentado cometido por un “anarquista”, Gianfranco Bertoli, contra Mariano Rumor para vengar la muerte de Giuseppe Pinelli.

Un silencio que es complicidad para masacres posteriores, pues habría sido suficiente dar el nombre de Pietro Loredan como el informador que conocía, con dos días de anticipación, de lo que iba a suceder en Milán el 17 de mayo de 1973, para haber neutralizado la célula de confidentes y terrorista véneta.[NdT. Grupo criminal de agentes-dobles encabezado por  célebres “neofascistas atlánticos de servicio” como Zorzi, Digilio, Freda, Ventura, Maggi, etc.]

Al contrario, la dirección del PCI escogió el camino del silencio y de la complicidad con las instituciones, allanando el camino para otras masacres y para más lutos.

GianCarlo Pajetta, en Brescia, el 28 de mayo de 1974, lloraba ante los muertos de la Plaza de la Logia [NdT- Atentado contra una manifestación izquierdista, 8 muertos y multitud de heridos], pero quizá no fuera solo conmoción y dolor sino también remordimiento.

Él, Malagugini, Berlinguer y otros, conociendo la verdad sobre la masacre del 17 de mayo de 1973, habrían podido evitar también ésta del 28 de mayo de 1974, pero habían optado por callar y mentir.

Giorgio Napolitano, figura entonces de primer plano del Partido comunista, de este episodio no ha sabido nunca nada, ciertamente, pero, como todos, ha tenido conocimiento de él cuando Ivo Dalla Costa, el ex funcionario del PCI de Treviso que fue informado por Pietro Loredan y había dado la voz de alarma el 15 de mayo de 1973, se decidió a contar lo que sabía. 

Esta es la prueba de que el Estado lo conocía de antemano, que no había hecho nada para evitar una masacre, que no ha querido hacer nada para detener a los responsables y restaurar la verdad.

Hizo algo más el ministerio del Interior: no se  personó como parte civil contra Gianfranco Bertoli, lanzando una señal de inequívoco significado hacia el sector de confidentes y masacradores en el que estaba integrado Gianfranco Bertoli. Señal perfectamente captada como las masacres sucesivas demostrarían.  Será “fantasmagórico” el “doble Estado”, pero no lo es el Estado que ha creado estructuras secretas para dirigir la “guerra sucia” que debía impedir al Partido comunista, herramienta de la política soviética, alcanzar el poder en Italia, sembrando muerte y dolor en nombre y por cuenta del “mundo libre”, o sea de los intereses de los Estados Unidos de América.

Hoy, quien está al frente de este Estado, cuyas estructuras continúan sembrado confusión y mintiendo para impedir que la verdad se imponga, no es otro que el ex comunista Giorgio Napolitano.

Nadie espera de él un acto de coraje, sino el pudor del silencio: es esto lo que queremos.

 

 

 



Vincenzo Vinciguerra

 Opera, 17 mayo 2009

 

Miércoles, 27 de Mayo de 2009 19:52. antagonistas #. Vinciguerra

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