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Cambio climático o la «disidencia inventada»

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por Julien Lévesque

 

«Sin embargo, el país de origen de Al Gore, EEUU, no sólo es el mayor contaminador, sino también el más armado y belicoso del planeta. Las bombas de uranio empobrecido que el ejército estadounidense ha hechoexplotar por todas partes son un verdadero desastre ecológico y humanitario. De esto no ha dicho nada Al Gore

Desde hace mucho tiempo, los poderes establecidos utilizan el método de inventar la disidencia para seguir ganando a cualquier precio. La conferencia que se ha celebrado a finales de abril en Montreal, la «Cumbre del Milenio», es un buen ejemplo de ello. La obsesión climática basada en un llamado consenso se manipula a alto nivel, y lo que se nos presenta como disidencia no lo es verdaderamente.

 

EL CAMBIO CLIMÁTICO SE APROPIA DE LA «CUMBRE DEL MILENIO»

 

La jornada de clausura de la Cumbre del Milenio de Montreal que se celebró del 20 al 22 de abril acabó con una conferencia pública en la que se sucedieron unas elites de los medios político, económico, social y artístico, entre ellos el «Honorable» Al Gore. A pesar de la calidad de algunas presentaciones (las ha habido) y que el principal objetivo anunciado de la Cumbre era reducir a la mitad la pobreza extrema entre 2000 y 2015, este objetivo apenas se sometió a discusión y, prácticamente, todas las soluciones propuestas competen a lo que llaman la «acción ciudadana». En este Día de la Tierra se ha preferido insistir en el calentamiento global y/o en los cambios climáticos que según Al Gore están inextricablemente unidos a la pobreza extrema. Una táctica velada para desviar el debate hacia unos fines económicos.

 

AL GORE BARRE PARA CASA

Al Gore en su lucha activa contra el “calentamiento global”…

 

«El calentamiento global es de entrada y ante todo una cuestión moral» afirma alto y fuerte Al Gore. Además «para combatir la pobreza extrema hay que atacar necesariamente al calentamiento global». Y, ¿cuál es la primera etapa de este combate «moral», según el célebre defensor del clima?: La «estabilización de la población».

En primer lugar, el hecho de asociar la moralidad a los cambios climáticos se parece extrañamente a la poco sutil técnica retórica que, con frecuencia, emplearon los defensores de las «Leyes Patrióticas»: cualquiera que ponga en duda el «consenso» sobre el clima será acusado de ser inmoral, del mismo modo que las críticas a las «Leyes Patrióticas» eran acusadas de antipatriotas.

A continuación, la estabilización de la población que predica Al Gore, supuestamente para erradicar la pobreza, no es otra cosa que una nueva formulación del plan de control de la población de Henry Kissinger [1], un plan eugenésico cuyo objetivo es reducir el crecimiento de la población mundial, específicamente en los países más pobres, y ello por razones económicas y de seguridad nacional. Por supuesto, para revestir su dudoso plan con un aura de moralidad, Al Gore lo engalana con unos ideales inatacables: «educar a las jóvenes», «darles acceso a los métodos anticonceptivos», etc.

Ahora bien, la pobreza extrema existía mucho antes de que se hablara de cambio climático, y es la causa de la «superpoblación» en los países subdesarrollados, y no a la inversa, como trata de hacernos creer Al Gore. Atacar la superpoblación para contrarrestar la pobreza es atacar el resultado en vez de a la causa.

Sin gran sorpresa, el eminente laureado con el premio Nobel de la Paz NUNCA PONE EN TELA DE JUICIO los sistemas económicos y políticos, ni tampoco las prácticas económicas injustas que están en la base de las desigualdades Norte-Sur. Sin embargo, si se frenaron los progresos de los países subdesarrollados realizados desde la década de 1990, es más debido a políticas económicas provenientes de las instituciones internacionales, principalmente los tristemente célebres planes de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional [2], que sirven ante todo a los intereses económicos de las grandes potencias: abajo la nacionalización, que llegue pronto la privatización y un mercado de libre competencia, es decir, un mercado donde los más desfavorecidos permanecen en lo más bajo de la escala porque no pueden competir con los poderosos, un mercado donde estos últimos son libres de hacer «dumping» social en casa, y «dumping» económico sobre los salarios en sus países de acogida.

Al Gore nunca habla de guerras, a excepción, evidentemente, de las guerras que están vinculadas a la superpoblación: el conferenciante estrella apenas mencionó las guerras para apropiarse de los recursos naturales. Sin embargo, su país de origen, EEUU, no sólo es el mayor contaminador, sino también el más armado y belicoso del planeta. Las bombas de uranio empobrecido que el ejército estadounidense ha hecho explotar por todas partes son un verdadero desastre ecológico y humanitario. De esto no ha dicho nada Al Gore.

Pues bien, pedir a los ciudadanos que compren productos ecológicos y reduzcan su consumo de energía, y solicitar a los gobiernos que participen en el mercado de carbono, es la solución de Gore para salvar el medio ambiente, mientras que en Iraq esas sucias bombas estadounidenses tienen unos efectos catastróficos sobre el medio ambiente y sobre la población, particularmente sobre los nacimientos, es decir, producen incontables malformaciones hasta el punto de que las mujeres iraquíes ya no desean ser madres. ¿Ignora Gore este fenómeno porque contribuye a su plan de despoblación mundial? Vamos a verlo.

Gore tampoco ataca nunca a los grandes contaminadores: las empresas privadas. ¿Acaso no es indecente pedir a los ciudadanos que adopten un nuevo estilo de vida y hagan sacrificios, mientras que a los grandes contaminadores no se les pide que hagan lo mismo? La principal demanda hecha a las grandes empresas responsables, a la vez, de la contaminación y de la pobreza extrema, contaminación y pobreza extrema de las que esas grandes empresas se aprovechan ampliamente, es que participen en el mercado del carbono, el nuevo maná financiero que permitirá a los más ricos contaminar más a costa de los países en desarrollo. Y a Gore, que invierte masivamente en la economía «verde», le permitirá enriquecerse una vez más bajo la cobertura del activismo ecológico [3].

En resumen, la «solución» de Gore, «en vías de convertirse en el primer millonario del carbono» [4], se resume en empujar a los ciudadanos y a las empresas hacia un nuevo mercado «verde» con el fin último de llenarse los bolsillos, y no contribuye en nada a reducir la contaminación ni a erradicar la pobreza. A pesar de todo, las masas reciben con un entusiasmo ciego el discurso de gurú del medio ambiente.

 

 

Notas:

 

[1] http://www.scribd.com/doc/6474391/Henry-Kissinger-Population-Control-Document

[2] http://www.monde-diplomatique.fr/cartes/pauvreteindimdv51

[3] http://www.telegraph.co.uk/earth/environment/climatechange/6496196/Al-Gore-profiting-from-climate-change-agenda.html

[4] http://www.telegraph.co.uk/earth/environment/climatechange/6496196/Al-Gore-profiting-from-climate-change-agenda.html

 

Fuente: Mondialisation y Rebelión

 

Martes, 11 de Mayo de 2010 08:10. Pepe López #. EcoAntagonismo

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