TEXTO PARA EL DEBATE: NACIONAL-JUDAISMO EN ESPAÑA

Recuperamos un polémico artículo publicado en Resistencia en el cual se ponen de manifiesto las auténticas querencias de la extrema derecha española. Sin estas premisas resulta poco probable entender las bases teóricas e históricas de las que mana la denominada "desviación identitaria" , que más allá de modos y modas de allende Los Pirineos descansa en una sólida tradición política autóctona.....
¿Guardia mora o somatén sionista?
Reflexiones sobre una "Desviación estratégica"
A. Beltrán
Bajo el título de Talibanes, chiítas y musulmanes en el área social-patriótica el Movimiento Social Republicano de Sobrarbe (Aragón) ha publicado un breve pero interesante documento sobre una hipotética "crisis" en las "originales posiciones pro-árabes" de la extrema derecha española.
Ignoro si MSR-Sobrarbe es una realidad militante o una iniciativa virtual de las muchas que pululan por ahí. Para mí, tal cosa carece de importancia. Me hago responsable de lo que escribo y por eso lo firmo personalmente. Veamos:
Si bien se trata de un texto correcto tanto en el fondo como en la forma, no es menos cierto que en él se deslizan afirmaciones que no siendo diametralmente falsas esconden semiverdades incompatibles con la realidad histórica y teniendo en cuenta que la lucha por la verdad es siempre inseparable de cualquier proyecto revolucionario como militante del MSR-Madrid puedo ejercer mi libertad y la ejerzo. Callar supone otorgar y esta vez no callaremos.
En realidad, fuera de ciertas excepciones la extrema derecha española no ha sido nunca pro-islámica. Tampoco la europea.
Se afirma en el texto que "... la cuestión afgana llevó a una nueva reflexión, el evidente apoyo que los yanquis daban a la guerrilla empezaba a debilitar la tercera posición".
La verdad es precisamente la contraria. Si la extrema derecha, "tercerista" o no, se ha identificado en algún momento con los movimientos árabes e islámicos ha sido en lo que tenían de anticomunista o en la medida que oponían una resistencia al imperialismo soviético. Nunca al contrario.
Para el neofascismo atlántico, férreamente anticomunista, el muyyihaddin afgano era un aliado exótico - otro más - en un combate más amplio en favor del "mundo libre" y de la Europa occidental amenazada por las "hordas asiático-soviéticas" y esos "quinta columnistas" del Kremlin que eran los partidos comunistas locales.
Exactamente igual que el Reino Saudí y el Sha del Irán. Igual que Nasser en un primer tiempo. Del mismo modo que los contras nicaragüenses, el Chile de Pinochet o la Argentina de Videla. Como la Indonesia de Suharto, las Filipinas de Marcos y el Taiwán de Chang-kai-Chek. Como las "presencias blancas" de Rhodesia o Sudáfrica, la Katanga de Tsombè o el Marruecos de Hassan II. Todos ellos constituían, a pesar de sus notables diferencias objetivas, fuerzas periféricas de un mismo frente de guerra.
Resulta sorprendente que ciertos ideólogos y geopolíticos de derechas descubran el mediterráneo ahora al "denunciar" que el fundamentalismo saudita o la guerrilla afgana han contado con el apoyo incondicional del imperialismo norteamericano en su lucha contra el imperio del mal soviético constituyendo un "cinturón verde" para laminar la expansión del comunismo soviético ¿Qué demuestra eso?
Los Jemeres Rojos de Pol Pot, contaron con el apoyo tácito de la administración Nixon, a pesar de haber luchado en su contra. Pero constituían, por su orientación pro-china, un importante aliado para contrapesar la influencia en el sudeste asiático del Viet-Cong y del Estado vietnamita, anti-chino y vinculado por tanto a la Unión soviética. No pueden reconocer, evidentemente, los norteamericanos su grado de compromiso en esta guerra interna entre marxistas, porque los métodos de Pol Pot no eran precisamente "caballerescos"...
No es de extrañar que muchos de aquellos terceristas radicales europeos se acostaran de la OAS y se levantaran maoístas, que agitaran el libro rojo y atacaran el revisionismo soviético y formaran parte a su vez de estructuras clandestinas atlánticas tipo Gladio...
Son los herederos de aquella "derecha radical" los que hoy agitan el peligro del fundamentalismo islámico al que acusan de aliado "objetivo" de los USA contra "Europa". Siguen haciendo el trabajo sucio para quien todos imaginamos.
Afirman también nuestros camaradas oscenses que a pesar de todo: "La simpatía hacia la causa palestina ha estado siempre en este debate". Entre otras cosas porque, tal vez, después de todo el no-reconocimiento del estado sionista por parte de España fuera expresión de este complejo de "guardia mora" entre las fuerzas nacionales.
Pero esto es una nueva mixtificación que nace de un mito sólidamente establecido durante años: el mito de la "Tradicional amistad con el Mundo Árabe".
Expresión depuradísima del cinismo político y diplomático del régimen de Franco, este mito ha alimentado la idea de una independencia internacional y de una simpatía por las causas justas de parte del régimen español.
Idea falsa donde las haya porque el franquismo sólo fue neutral, en realidad no-beligerante, durante la Segunda guerra mundial. Luego, durante los duros años del aislamiento y la presión diplomática, puso a toda la nación bajo el yugo norteamericano. Le iba en ello la supervivencia. ¿Y qué mejor credencial para la "normalización" internacional que el establecer lazos formales con el estado judío?
Fue el Estado español el que buscó desesperadamente el reconocimiento por parte de la entidad sionista ilegal como forma de salir del aislamiento. Y fue el estado judío el que se lo denegó desabridamente sacando a colación la simpatía y la colaboración de Franco con los países del Eje.
Además de esta razón - ya de por sí suficiente para un régimen como el sionista que pretendía y pretende representar a la totalidad del pueblo judío, monopolizando los sufrimientos históricos de los israelitas - existían otras causas más complejas: como la presencia de gabinetes izquierdistas en los primeros gobiernos israelíes, la participación de miles de voluntarios de origen judío durante la guerra civil española en el bando republicano, el apoyo de la URSS a la constitución de un estado hebreo en Palestina, etc.
No paró ahí la cosa. En 1949, en un memorable discurso ante la asamblea de las Naciones Unidas, el representante israelí Abba Evan, expuso las razones de su gobierno para votar en contra de la entrada de España en la ONU: el régimen español era un régimen "fascista", cómplice de otros regímenes fascistas y, por tanto, culpable, moralmente al menos, del sufrimiento de los hebreos bajo el nazifascismo europeo.
De nada les valió a los representantes españoles ensalzar el papel de Franco y su diplomacia durante los años del conflicto bélico con relación a la ayuda humanitaria prestada a los judíos por el gobierno franquista.
Despechado por semejante desprecio y necesitado de urgente reconocimiento internacional, el gobierno español se acercó políticamente a los despotismos árabes (fieles aliados de los USA ya entonces) y a ciertos gobiernos hispanoamericanos de corte autoritario. Data de aquí la "profunda amistad" del régimen español hacia el mundo árabe y su proyección "espiritual" iberoamericana.
Ningún idealismo, ninguna "amistad tradicional" está en la base de esta política. Solo un frío cálculo diplomático y una realpolitik de supervivencia.
Cuando en 1950, con el conflicto de Corea, la Guerra fría eclosionó con toda su virulencia contraponiendo dos bloques irreconciliables, el franquismo vio el cielo abierto.
En 1953 se firmaron los pactos bilaterales con los USA y el Concordato con la Santa Sede, la práctica totalidad de las legaciones diplomáticas volvieron a estar operativas y los lazos políticos, militares y económicos con el bloque occidental -"el mundo libre" - se estrecharon al máximo. En 1956 se aprobó nuestra entrada en la ONU.
Para entonces ya no hacía falta el reconocimiento por parte de Israel. Antes al contrario, establecer vínculos formales con la Entidad sionista sólo podría generar problemas en un momento en el que el conflicto árabe-israelí se enconaba.
Fue entonces cuando Israel intentó denodadamente establecer relaciones con el régimen franquista, encontrado la oposición de los sucesivos gobiernos españoles que ahora devolvían la moneda a los sionistas. Así, hasta que la situación internacional permitió con el gobierno socialista el reconocimiento formal de Israel.
De cualquier modo el gobierno de Franco no dejó de colaborar con la Entidad Sionista a pesar de la falta de canales de comunicación oficiales, intermediando en aquellas situaciones que precisaban una especial relación con los gobiernos árabes. Como en la evacuación de ciudadanos judíos de Marruecos, de Egipto, de Irak o de Libia. Operaciones en que las correspondientes legaciones diplomáticas colaboraron estrechamente con el Mossad otorgando pasaportes españoles a estos judíos, pretextando su - en muchas ocasiones, improbable - origen sefardí.
Perdónesenos esta larga digresión histórica necesaria para acabar con un mito que todavía cuenta con una amplia difusión en medios nacionales pero que es en realidad una de las muchas falsedades emitidas desde el régimen (el anterior y el actual).
En segundo lugar, la afirmación sobre la supuesta simpatía hacia la causa palestina me parece que se acerca más al tópico que a la realidad.
No descubrimos nada si declaramos que - salvo aisladas excepciones - el antisionismo nacional-revolucionario no ha sido más que otra variante del antisemitismo de derechas, de marchamo católico y de larga trayectoria en el Occidente judeocristiano. Tan larga como la del cristianismo y las distintas iglesias, máximas generadoras de antisemitismo en la historia.
Especialmente activo tras la derrota del nacionalsocialismo y del fascismo, que mantenían un antijudaísmo basado en principios ideológicos y raciales incompatible con las nuevas realidades mundiales, el antisemitismo católico ha servido como punto de referencia para reintegrar a buena parte de los "vencidos" en un nuevo frente de combate anticomunista, convenientemente depurado de ideologías y doctrinas "incorrectas".
No conviene olvidar que respecto a la causa palestina la mayor parte de los grupos de extrema derecha europea han sido más críticos de lo que se desprende de ese lugar común antisionista.
De hecho, ya que parece que los actuales n-r son tan enemigos de la dinastía Saud, no estará de más recordar que el "ídolo" de los sedicentes antisionistas de extrema derecha ha sido el rey Faisal de Arabia Saudí (de cuyo régimen recibían entonces abundantes subsidios) no Arafat o Nasser y menos aún Jomeini o Gaddafi.
Fieles a sus perpetuas obsesiones y a las "superiores exigencias" del mundo libre, los nacional revolucionarios no cesaron en su momento de criticar la "infiltración izquierdista" (comunista) en la OLP y en los movimientos socialnacionalistas árabes (que, dicho sea de paso, eran mayoritariamente de filiación cristiana, en sus variantes extremas), con la misma persistencia y con similares objetivos confusionistas con los que hoy critican el "fundamentalismo" y el "integrismo" tanto de la resistencia palestina como de otros movimientos árabe-musulmanes.
Hoy los grupos neofascistas siguen manifestándose (cada vez menos) contra la ocupación sionista y el régimen terrorista impuesto en Palestina por los judíos. Pero se trata de pura inercia, cuando no del habitual oportunismo.
La actual confrontación norte-sur va cambiando paulatinamente el carácter del discurso pro-palestino que empieza a hacer aguas.
Después de todo, ya Teodor Herzl, el padre-fundador del Sionismo, definió a su hipotético Estado Judío como un baluarte avanzado de la civilización de Occidente frente a la barbarie oriental. Y es innegable que una secreta corriente de simpatía ha unido a los "defensores del Occidente judeocristiano" con estos modernos israelitas que, como los bíblicos guerreros de Josué, hacían trizas a las hordas harapientas del Islam anticristiano, reverdeciendo el espíritu de las cruzadas, gracias - sobre todo - al sofisticado material de guerra suministrado por el amigo americano.
De hecho, el autor del documento que estamos analizando plantea implícitamente la cuestión al insinuar la presencia de sectores integristas en el seno de los distintos contingentes de inmigrantes procedentes del área de confesión musulmana instalados en Europa desde hace algunos años. Y este es un punto clave pues manifiesta que la penetración de escoria ideológica en el mundillo social-patriótico es mucho mayor de lo que se pensaba.
La verdad es que grupos políticos islamistas se mueven entre ambientes de población inmigrante. ¿Qué tiene de extraño? No solo ellos; también representantes de otras opciones políticas, especialmente laicas, lo hacen.
Captar descontentos con el régimen que facilita y estimula la inmigración socioeconómica no es tampoco ninguna novedad.
El régimen de Franco facilitaba y estimulaba a su modo (en nombre de un indecente patriotismo de divisas) la salida de España de masas de desheredados rumbo a la Europa del plan Marshall, y el exilio político, concretamente su ala militante, el PCE, trataba de captar a estos trabajadores-inmigrantes para reforzar una propaganda y una agitación en el exterior que en nuestro país era entonces imposible.
Los resultados en uno y otro caso no fueron muy halagüeños. Y en uno y otro caso las respectivas policías secretas de los regímenes pro-inmigracionistas se infiltraban y se infiltran en los colectivos de explotados para bloquear la potencial acción hostil de esos grupos.
Los inmigrantes viene aquí a trabajar no a hacer la revolución que en su país no han hecho.
Proyectar el fantasma de una islamización de Europa de la mano de masas de trabajadores inmigrantes ¿qué sentido tiene? ¿a quien beneficia? ¿es políticamente juicioso "acumular" más enemigos priorizando la lucha contra los "recién llegados" en nombre de los prejuicios más delirantes?
No sólo en Francia, también en España el "peligro de islamización" (sic) a través de las masas de inmigrantes, empieza a ser objeto de "análisis objetivos".
Y ha sido recientemente el diario "La Razón", dirigido por ese ultramonárquico, trilateralista y acérrimo adalid de la causa sionista, llamado Luis María Anson el primero en romper hostilidades, preguntándose de forma malignamente retórica sobre una posibilidad inquietante: "¿Y si España fuera, algún día, de mayoría musulmana?" (La Razón, 7 de febrero de 2001).
El actual antiislamismo, que rezuma por todas partes espíritu de cruzada y de reconquista, mezclado con la critica a la inmigración "ilegal" (solo a la musulmana, obviamente) tiene todos los visos de ser una nueva "desviación estratégica" análoga a aquella otra que el anticomunismo atlántico desarrolló durante la guerra fría y de la que hemos hablado al principio.
La historia vuelve a repetirse, primero como tragedia luego como farsa, que diría Marx.
Y en esa farsa estamos, como se desprende de la cita que hace el MSR-Sobrarbe de la obra de Alexandre del Valle y, sobre todo, de la de Guillaume Faye, que en ninguna caso deben ser analizadas fuera de un contexto muy concreto de alianzas entre ciertos estados de la Unión europea, la OTAN, el Vaticano y el ... Estado de Israel, y de una intoxicación ideológica proveniente de ciertos "brain trust" megaindustriales, como la Rand Corporation y de ciertos intelectuales orgánicos del Departamento de Estado norteamericano como Samuel Hungtingtton...
Fuera de ese contexto, por ejemplo, la obra de Faye no pasaría de ser una frivolidad "epatante", una bufonada muy francesa, la imbecilidad de un imbécil, en definitiva. Pero en conexión con otros factores de producción ideológica, que agrupan a elementos de muy variado signo, los últimos escritos del "enfant terrible" de la Nouvelle Droite gala encuentran lógicamente su lugar subordinado dentro de una estrategia confusionista que coloca directamente al "área social-patriótica" como último eslabón de una cadena represiva de limpieza étnica al servicio de un nuevo Frente Judeocristiano.
Que este tipo de discurso conduzca implícitamente a simpatizar con la causa de Israel no es algo que deba maravillarnos. En este sentido muchos pasos se han dado ya y, según nuestras informaciones, se siguen dando. La reciente elección del "halcón" Ariel Sharon al frente del gobierno israelí empieza a ser saludada con cierto alivio por parte de algunos social-patriotas europeos y españoles. Veremos quién arroja la careta antes de tiempo.
Mención aparte merece ese "factor añadido" que representarían musulmanes y filo-musulmanes en el "área".
Aquí de nuevo la verdad se sitúa en el lado contrario al que se deduce del análisis de MSR-Sobrarbe.
Independientemente de aquellos que siguiendo un preciso, y a veces caótico, itinerario espiritual necesario para resolver la propia ecuación personal o aquellos que se han aproximado al fenómeno revolucionario islámico para contrastar la propia identidad política-ideológica como revolucionarios europeos, los años setenta y sobre todo ochenta fueron testigos de un fenómeno que aun no ha sido suficientemente investigado pero que veinte años después muestra perfiles inquietantes.
La proximidad, la solidaridad, el apoyo y la relación directa de muchos militantes nacionales pivotando alrededor de embajadas, asociaciones de amistad, comités, servicios jurídicos, editoriales, revistas, etc. lejos de representar un fenómeno positivo, no parece haber sido otra cosa que un gigantesca "infiltración de masas" al servicio de las necesidades defensivas de unos estados que por aquel entonces consideraban ya que el Islam y el frente islámico revolucionario constituían un enemigo en ciernes al que vigilar, controlar y manipular convenientemente.
No todos los "radicales" de uno u otro signo que se han acercado al Islam político lo han hecho por verdadera curiosidad revolucionaria. Muchos - demasiados - se han movido por motivaciones espurias. Por un lado el oportunismo habitual que guía a los que nunca han tenido las ideas claras. Por otro, su presencia en la galaxia pro-islámica se reducía a la practica también habitual de ver, oír e ...informar.
Dejamos a los lectores que imaginen de qué y a quién habría que informar.
Efectivamente, existen - suponemos - musulmanes, o presuntamente tales en sectores de la extrema derecha. Pero negamos que un verdadero musulmán español, en cuanto tal, se preste a participar en una mojiganga clerical-militarista como la celebración de la "Toma" de Granada, por poner un ejemplo conocido.
A no ser que su presencia tanto en la comunidad islámica local, como en la extrema derecha, o su paso por movimientos andalucistas radicales, responda a otro tipo de "comisión de servicios"...
Al margen de ciertos episodios truculentos, sería cuestión para un debate más amplio examinar precisamente la realidad contraria; es decir, la simpatía, la adhesión y la defensa de la Causa de Israel por parte de elementos cualificados de la extrema derecha española.
Empezando, obviamente, por el principal heraldo de la entidad sionista y del nacional-sefardismo entre las fuerzas nacionales, el único diputado que ha tenido la extrema derecha, y su verdadero líder histórico, Blas Piñar. Y terminando por ciertos periodistas radiofónicos de tendencia falangista que - considerándose a sí mismos como descendientes de judíos "chuetas"- realizan impunemente su particular apología del Estado de Israel y su crítica infame a los moritos que mandan a sus hijos a tirar piedras a los soldados sionistas.
Pasando - también - por los varios Cesarsky Goldstein que se dedican a "marcar" a la juventud nacional y acercarla a la causa del sionismo internacional.
O esos otros líderes "alternativos", tipo Mario Conde o Garcia-Trevijano, cuyas relaciones con la comunidad de los servicios de seguridad israelíes era un secreto a voces incluso para los más incautos social patriotas.
Históricamente ha sido una equívoca corriente de solidaridad hacia los judíos de origen sefardí que tiene su arranque en la obra del doctor Pulido y en la política diplomática-comercial de la monarquía de Alfonso XIII, la que ha llevado a muchos patriotas a acercarse al fenómeno hebreo desde un nacionalismo cultural hispánico, contraponiendo el "espiritualismo" sefardí al "materialismo" askenazi.
Ni que decir tiene que ha sido ésta la principal vía de penetración de la "intelligence" sionista dentro de la extrema derecha española.
Los franquistas podían presumir de Franco ante los judíos de ascendencia ibérica y éstos sentirse moralmente predispuestos a entablar amistosas relaciones con los adalides de un Caudillo que, a pesar de su proximidad a la causa del Tercer Reich, era presentado como salvador de millares de judíos durante la segunda guerra mundial y como beneficiario de la ayuda económica de los ricos banqueros y comerciantes sefarditas del protectorado español en Marruecos, los Salama, los Toledano, los Benarroch, los Hachuel, los Hassan, etc. determinante para hacer triunfar el alzamiento en el norte de África.
Piñar, miembro fundador de la Amistad Judeo-cristiana, asiduo visitante del estado de Israel desde los años sesenta, pidió varias veces al gobierno de turno el reconocimiento del estado judío.
El Sefardismo, como doctrina "imperial", halló también en el pasado a valiosos valedores como el diplomático falangista Agustín de Foxá y el atrabiliario escritor madrileño Giménez-Caballero.
Hubo ciertamente en el campo falangista antisemitas y antisefarditas furibundos como Onésimo Redondo. No es de extrañar que el líder jonsista, cuyo antijudaísmo provenía de su catolicismo militante y de su simpatía por el partido de Hitler, no pasara de caudillo provincial y provinciano, devoto cristiano y precursor sindicalista, dentro de la iconografía oficial franquista-falangista y que sea visto con horror por sus propios correligionarios que, según nos cuentan, invitan a jóvenes kibbutznik israelíes a confraternizar con ellos para borrar toda huella de antisemitismo falangista y limpiar las paredes de alguna ciudad del sur de pintadas neonazis. Pero la Historia no es un graffiti...
Hay otro hecho que no carece de importancia para la paulatina constitución de un "somatén sionista" entre las fuerzas nacionales y es la alianza circunstancial establecida entre el ejercito sionista y las fuerzas militares del partido falangista libanés (Kathaeb) durante la guerra civil libanesa.
Fundada a finales de los años treinta por Pierre Gemayel, y lejanamente inspirada en el Movimiento nacional español, la falange libanesa fue armada y financiada por Israel durante la guerra civil de El Líbano con el objeto de destruir a la guerrilla palestina y a cualquiera de sus aliados.
Además, en los campamentos libaneses militantes de la extrema derecha europea recibieron instrucción militar como voluntarios pro-cristianos y algunos fueron captados por los diversos servicios secretos occidentales operativos en la zona, especialmente el Mi6 británico, el Sdce francés, la Cia norteamericana y el Mossad israelí.
Curiosamente, o no tanto, muchos de estos militantes, a pesar de sus inequívocas simpatías por los cristianos libaneses y de haber sido entrenados en sus campos, al regresar a Europa se "descubrieron" profundamente pro-islámicos, frecuentando diversos centros culturales musulmanes y embajadas "integristas" en los países occidentales.
Esa afinidad con el Kathaeb y el recuerdo de su asesinado jefe militar, Bashir Gemayel, ha impedido, por ejemplo, a muchos falangistas y nacional revolucionarios españoles captar el tremendo significado que para el proceso revolucionario en Oriente Próximo va a tener y está teniendo, de hecho, la vergonzosa derrota del ejercito israelí a manos de la milicia chiíta de Hizbulá. Acontecimiento que, junto a la revolución islámica de Irán también de filiación chiíta, representa un punto de inflexión fundamental en una espiral revolucionaria que no dejará de afectar también a esta Decadencia Triunfal llamada Europa que como siempre no sacará ninguna conclusión válida de estos hechos.
Lamentablemente, la autocalificada como "área social-patriótica" tampoco. Y esto tiene una explicación algo más sencilla pero mucho más perturbadora.
El "área socialpatriótica" puede ser cualquier cosa que crea que es, y no nos corresponde entonces a nosotros juzgarla, pero hay una cosa que no es en absoluto: no es un "área revolucionaria". Y eso sí que no tiene remedio.
Bibliografía recomendada:
- Raanan REIN, "Franco, Israel y los Judíos", CSIC, Madrid, 1996;
- Haim AVNI, "España, Franco y los Judíos", Altalena, Madrid, 1982;
- José Antonio LISBONA, "Retorno a Sefarad", Riopiedras, Barcelona, 1993;
- Angel VIÑAS, "Los Pactos Secretos de Franco con Estados Unidos", Grijalbo, Barcelona, 1981;
- AA. VV., "La Paz Simulada. Una Historia de la Guerra Fría", Alianza, Madrid, 1998;
- Norberto CERESOLE, "El Nacional-Judaísmo", Libertarias, Madrid, 1997;
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