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"EL PROBLEMA JUDÍO", Vincenzo Vinciguerra

20100220115634-judenrabi.jpgFuente: Marielenagrill.org
Trad: M. Rubio

Digámoslo rápido: durante muchos años, tras el final de la segunda guerra mundial, el problema judío no ha existido.
En pro o contra de la existencia del Estado de Israel, nadie se ha planteado más la cuestión relativa a la presencia de los judíos en el mundo y del poder que eran capaces de ejercer a través del control de bancos, industrias, periódicos.
Hoy, al contrario, los judíos, sus aliados y sus humildes servidores han vuelto a evidenciar el problema de su existencia y de su presencia en el mundo y en Italia.
Resulta evidente que el poder adquirido en los años de posguerra, largo tiempo disimulado, ejercitado de modo discreto e inadvertidamente para las grandes masas, es ahora exhibido con cada vez más creciente arrogancia, en la certidumbre de nadie podrá ya destruirlo.
El compromiso pro-judío de Juan Pablo I, antes, de Juan Pablo II, después, y de Benedicto XVI, hoy, ha favorecido y estimulado ciertamente el exhibicionismo de los judíos a los cuales parecerá increíble poder mandar sobre pueblos siempre tan despreciados y tan distintos del “pueblo elegido”.
Decisiva, para favorecer la incontrolada explosión del supremacismo judío, ha sido la unificación de Alemania a la que indudablemente Israel y las comunidades judías mundiales han exigido, a cambio de su apoyo, durísimas contrapartidas y garantías absolutas temiendo el resurgimiento del antisemitismo alemán.
Ningún pueblo, en la historia de la humanidad, jamás ha explotado de modo tan cínico a sus propios muertos para lograr cada vez más ventajas políticas, financieras y, por lo que respecta a Israel, territoriales.
De esta forma, a fuer de mandar, imponer, exhibirse, los judíos están recreando las condiciones de intolerancia contra ellos en personas perspicaces que, poco a poco, se preguntan razonablemente, por ejemplo, por qué oscuros y recónditos motivos hay que recordar y honrar a sus muertos y escupir sobre los nuestros o, en el mejor de los casos, olvidarlos.
Por qué razones, los judíos italianos que, respecto a la población general, son apenas cuatro gatos se arrogan el incontestable derecho de decidir a quién debe dedicársele una calle o una plaza, poniendo vetos y obstáculos cuando los personajes que pertenecen a nuestra historia, y no a la suya, no son de su agrado.
Por qué motivos, el estado italiano y los gobiernos locales deben gastar millones de euros al año para enviar niños en edad escolar a Auschwitz, que no forma parte de la historia de Italia, cuando para ver los horrores del presente, y no del pasado, bastaría llevarles hasta Gaza y dejarles hablar con las madres de los niños asesinados por los israelíes.
La reciente visita del procesado Silvio Berlusconi a Israel ha puesto de manifiesto el estado de absoluta sumisión de toda una clase política frente a un estaducho cuyos dirigentes deberían, según la lógica, suplicar nuestra amistad y que, al contrario, pretenden un homenaje forzoso y un sometimiento total por parte de quien representa una Nación de 60 millones de personas con una historia y una fuerza bien distintas de las de Israel.
La Segunda guerra mundial ha sido el acontecimiento bélico más sangriento de la historia de la humanidad. Más de cincuenta millones de hombres, mujeres, niños fueron muertos en un conflicto apocalíptico desencadenado entre el imperialismo germánico, el americano y el ruso.
La grotesca afirmación del procesado Silvio Berlusconi, según la cual la persecución nazi de los judíos representa el más grave suceso de la historia de la humanidad, se comenta por sí sola.
La realidad es que se impone desde arriba, mediante una propaganda obsesiva y cotidiana, el recordar sólo a los muertos de los judíos que, en teoría, suman 6 millones y olvidar los otros cincuenta millones de muertos.
Solamente los pueblos de la Unión soviética habrían sufrido pérdidas estimadas entre los 20 y los 27 millones de muertos; Alemania tuvo más de 7 millones de caídos, haciendo una cálculo a la baja y muy aproximativo.
La historia de la humanidad ha conocido tragedias mucho más graves que las de los judíos: desde el exterminio sistemático de los indios que ha borrado de la faz de la tierra poblaciones enteras, a la trata de esclavos, a la colonización del Congo con la eliminación física de al menos 10 millones de sus habitantes a manos de los belgas.
Y entonces ¿qué representa esta mentira histórica sobre la más grande tragedia de la humanidad sufrida sólo por los judíos, si no la explotación de un hecho doloroso, ciertamente, pero usado como medio para objetivos innobles e inasumibles?
El Estado de Israel es el único en el mundo que no concede ciudadanía ni residencia a los que no pertenecen a la raza judía; los judíos, que han estado siempre a la cabeza de los movimientos antirracistas, son los únicos que imponen a sus hombres la prohibición de casarse con mujeres no judías porque, según su ley, la sangre del hijo pertenece a la madre y, en consecuencia, sólo las mujeres pueden contraer matrimonio con hombres no judíos.
Con este interdicto racista, los judíos perpetúan su raza, pero acusan a los demás de ser racistas, así como el ladrón acusa a la víctima que pide la devolución de su dinero de quererlo a su vez robar.
En nombre del derecho a la existencia que nunca nadie ha estado en condición de amenazar, Israel es una potencia militar y nuclear que, en numerosas ocasiones, ha amenazado a sus vecinos con utilizar armas atómicas, cuyo número y capacidad se desconocen porque no ha firmado nunca el tratado de no-proliferación nuclear y no ha aceptado jamás inspecciones internacionales en sus instalaciones nucleares.
En nombre del derecho a la existencia, Israel es el único Estado moderno que ha legalizado oficialmente la tortura como modo de interrogatorio sistemático.
En nombre del derecho a la existencia, ha lanzado despiadadas y sangrientas represalias contra los pueblos vecinos, totalmente desproporcionadas respecto a los daños sufridos.
Si los alemanes, todavía hoy sometidos a juicio, aplicaban las convenciones internacionales fusilando diez rehenes por dada soldado, vilmente asesinado, Israel por dos soldados apresados ha destruido Líbano, asesinado a más de mil civiles, sembrando el terreno con bombas de racimo prohibidas en los acuerdos internacionales.
¡Mil civiles asesinados por dos soldados secuestrados!
Los cohetes artesanales que los palestinos de Gaza lanzaban contra los israelíes hacían “boom” y sólo muy raramente provocaban heridos y algún muerto.
El ejército israelí, uno de los más poderosos del mundo, ha mostrado su potencia de fuego sobre Gaza, es decir sobre una población desarmada provocando más de 1.400 muertos, mujeres y niños incluidos, contra los cuales ha utilizado, como es habitual, armas prohibidas por las convenciones internacionales como el fósforo blanco.
El procesado Silvio Berlusconi ha declarado que la reacción israelí contra los palestinos de Gaza fue “justa”, sin que ningún político italiano ni siquiera de “oposición” haya protestado por este insulto a los muertos de Gaza, a la inteligencia de los vivos y a la verdad que todos conocemos.
No es un tópico hablar del poder financiero judaico, basta en realidad con ojear la lista de los bancos que controlan la Reserva Federal americana para descubrir que están todos controlados por los judíos.
El dinero permite el control de los medios de comunicación de masas, de la industria cinematográfica y televisiva, de sectores vitales como la industria química, el control del mercado del oro y de los diamantes por los que, durante esta segunda posguerra, millones de negros han muerto, sin que la prensa diera cuenta de ello, señalando realmente como responsables de las guerras y de las matanzas a las multinacionales que monopolizan el sector, los nombres de sus dirigentes que son, simple coincidencia, todos judíos.
Verdad incómoda que es preciso callar para no empañar la imagen del judío victima de la crueldad nazi y aria.
Perolas víctimas de ayer son los verdugos de hoy. Auschwitz está lejos, Gaza próxima.
No será el oro quien nos haga olvidar esta realidad y nos incite a ponernos al lado de quien mata, roba, asesina en nombre de un derecho a la existencia de Israel que nadie amenaza, y pretende obligarnos a sentarnos eternamente en el banquillo de los acusados en nombre y en recuerdo de Auschwitz.
Otras veces ya en la historia los judíos han cometido el error de creer que el oro es el medio para comprar mentes y voluntades, verdad a menudo válida para muchos pero no para todos.
Ellos mismos, los judíos, han provocado frecuentemente su propia ruina pecando de soberbia y de arrogancia.
Pudiera pasar que, hoy, cuando saborean su triunfo y examinan satisfechos su poder, estén sembrando la semilla de sus futuras calamidades.
Pudiera pasar que, en Nuremberg, en un tiempo próximo o lejano los acusados de ayer sean los jueces de mañana.




Vincenzo Vinciguerra, Opera 8 febrero 2010

Sábado, 20 de Febrero de 2010 11:56. antagonistas #. Vinciguerra

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