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Texto para el Debate: Jonsismo y Antagonismo

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MANIFIESTO JONSISTA

Por la reconstrucción del movimiento revolucionario


 

El siglo XX apenas acabado ha sido crucial en el nacimiento, auge y caída de los movimientos revolucionarios del más variado signo.

Todo país, no importa su latitud, composición, historia o condiciones, ha visto surgir en su interior procesos revolucionarios contrapuestos a la depredación capitalista. No ha habido nación, joven o vieja, grande o pequeña en la que no haya latido ese impulso subversivo y catilinario propio de las juventudes heroicas: el impulso revolucionario.

Paralelamente, ningún país ha escapado a la antítesis de ese impulso: la Antirevolución

Las fuerzas antirrevolucionarias bien implantadas políticamente, económicamente privilegiadas, apoyándose en los grupos sociales más mostrencos e insolidarios, así como en la desidia y en el conformismo de las mayorías conservadoras, se han opuesto al Movimiento revolucionario - allí donde este se ha dado - de las más diversas formas.

Así, la Antirevolución, ocasionalmente, no ha dudado en suplantar de forma innoble a las fuerzas revolucionarias, desplazando a las minorías propiamente subversivas de la dirección del Movimiento casi desde el mismo momento de su nacimiento como entidad política autónoma.

Tal es el caso de la Revolución española, uno de cuyos componentes fundamentales fue el Movimiento revolucionario nacional-sindicalista, políticamente encarnado en las JONS.

Convencida de la virtualidad revolucionaria del Jonsismo, la Antirevolución de derechas fue asfixiando económica y socialmente al nuevo movimiento hasta rodearlo de un muro político compacto edificado por la interesada mistificación antimarxista y la perversión doctrinaria conservadora en proceso de reorganización táctica y teórica durante el primer tercio del siglo XX.

Surgió de esta manera la Falange Española, plataforma contrarevolucionaria cuya efectividad quedó de manifiesto al fagocitar al neonato Movimiento jonsista, apoderándose de sus más fecundos lemas y laminando sus más radicales hallazgos hasta conseguir equiparar nacional-sindicalismo y falangismo, lo que – como el tiempo se encargaría de demostrar- es algo ideológica y políticamente insostenible.

La Antirevolución de izquierdas cumplió también su misión en lo que respecta a la destrucción de los auténticos sectores revolucionarios de españoles proletarios, aliándose con la contrarrevolución radical-burguesa encarnada por el insignificante Partido comunista de España, hasta conseguir erradicar a las fracciones social-revolucionarias y a los sindicalistas libertarios del consenso político republicano.

El Jonsismo representa la verdadera Línea fundadora del patriotismo revolucionario español.

Sin embargo, su historia y su pensamiento no pueden quedar estereotipados en lemas y consignas, en escritos políticos o en figuras legendarias, sin ser por ello mismo traicionado como Movimiento revolucionario genuino.

La verdadera traición al Jonsismo la cometen aquellos que considerándose tales, se niegan obcecadamente a asumir los desarrollos históricos posibles del mismo enclaustrándolo en un arco de tiempo limitado y considerándolo como doctrina cerrada, cuando no como simple fenómeno precursor.

Pero un Movimiento que nació como Vanguardia, y reclamando un puesto de vanguardia en la Revolución española, no puede morir en las retaguardias escapistas de aquellos que precisamente han utilizado a varias generaciones de jóvenes revolucionarios españoles como coreografía de su pasacalles triunfal y reaccionario.

Resulta paradójico observar de qué forma grupos y tendencias puramente neofranquistas siguen utilizando términos, símbolos, imágenes, referencias y títulos de supuesta "legitimidad" revolucionaria extrapolados del nacional-sindicalismo histórico para tapar sus vergüenzas ideológicas.

No se conforman con haber puesto la bandera rojinegra y el yugo y las flechas al servicio de un sangriento despotismo clerical/reaccionario. Pretenden desgajar todos y cada uno de los elementos históricos que dieron vida en su momento al Jonsismo revolucionario, poniéndolos al servicio de sus más ridículas ambiciones.

Por ello, cuando hoy hablamos de Jonsismo y de Movimiento jonsista no nos referimos al partido histórico Jons que ni existe ni pretendemos que exista, no hablamos de la "forma" histórica sino de la esencia radical, de la comunidad de ideas y de la sustancial capacidad de transgresión que todo pensamiento revolucionario tiene como característica principal. Atreverse a pensar, atreverse a decir NO y ser capaz de hacerlo y decirlo coherentemente con lo que se es y con lo que se quiere y actuar en consecuencia.

El Jonsismo contenía las primicias de un pensamiento revolucionario que por fuerza de la urgencia histórica en la que nació apenas sí pudo balbucear sus primeros desarrollos, aplicándose más en la crítica implacable de la poquedad nacional de aquel entonces que en el despliegue de sus mitemas fundamentales.

El nacional-sindicalismo, pues, no fue directa emanación de una teoría del mundo, sino una aplicación doctrinaria hija de una coyuntura política que exigía hechos más que palabras, fuerza antes que reflexión.

Aún así, la esencia radical, la transgresión permanente dentro de una visión del mundo, sigue siendo la característica básica del pensamiento de Ramiro Ledesma Ramos y sus Jons hasta el día de hoy.

Ahora bien, tampoco es un secreto para nadie que la comunidad de ideas con las que el Jonsismo se identificaba fueron sucesivamente derrotadas en las dos guerras civiles que más han determinado la realidad española del siglo XX; a saber: la Guerra civil española 1931-1939 y la Guerra civil europea: 1914-1945.

Bien señaló nuestro fundador que "solo se alcanza la categoría de derrotado después de haber luchado, y eso diferencia al derrotado del desertor y del cobarde".

La Guerra civil española nació de la necesidad imperiosa de la Antirevolución de aniquilar a las fuerzas de la Revolución española independientemente del bando u orientación política que éstas tuvieran circunstancialmente adscritas. No por casualidad durante la primavera de 1937, es decir, en plena contienda civil, las disidencias internas de cada bando fueron reducidas ("unificadas") en nombre de una misma concepción burguesa de la "unidad de mando".

La proclamación de la República burguesa en 1931 es la fecha de inicio de dicha estrategia de guerra.

La Antirevolución ha sido y es la AntiEspaña. Hasta el punto de haber conducido al país a su más grave conflagración fratricida y haber utilizado su doloroso recuerdo, y el amenazante recuerdo de la represión subsiguiente, para asentar el actual régimen monárquico-capitalista, poniendo a todo al pueblo al servicio de los intereses monopolistas del imperialismo norteamericano.

Para mayor escarnio, el régimen de los vencedores, constituido desde el principio como régimen Antirevolucionario, utilizó los símbolos, lemas y parte de la doctrina nacional-sindicalista, prestados ilícitamente por los usurpadores falangistas, como medio de legitimación revolucionaria durante la fase bélica convencional de la guerra mundial europea, después de haberlos agitado conveniente para atraerse la ayuda de las fuerzas del Eje en su "cruzada" de liberación (sic) nacional.

Franco - y con él la mayoría de los sectores sobre lao que sustentó – prestaba su rostro a esa AntiEspaña que durante cuatro siglos aplastó los legítimos deseos de emancipación social y nacional de las clases populares españolas, desde las guerras de las Comunidades y las Germanías, hasta las sangrientas trincheras de Brunete o de Belchite.

Independientemente del bando al que pertenecieran, y más allá de cualquier bandería, por encima de las supuestas "dos Españas", la Tercera España, que no es la España-ficción de la supuesta reconciliación y del juancarlismo, sino la Tercera España Revolucionaria, en la que el Movimiento jonsista se ha reconocido siempre, rendimos tributo a los caídos por la Revolución española durante ese infausto período de la historia nacional.

Tributo que hacemos extensivo a todos aquellos verdaderos revolucionarios caídos durante la Guerra de la Sangre contra el Oro, del Trabajo contra la Usura. Caídos en un conflicto de alcance universal donde se jugaba la suerte de Europa, de una Europa europea, reorganizada según la comunidad de ideas de la sangre y el espacio, del derecho natural de los pueblos heroicos, un haz de naciones reconstituidas en una Unión de Repúblicas Socialistas; no una Europa norteamericana, como la que hoy, derrotada y humillada en 1945, se arrastra sumisa ante el dolor de su vencedor, golpeado recientemente en los símbolos de su Arrogancia y de su perfidia.

Y no nos equivoquemos. Los gobiernos y las clases dirigentes de las actuales sociedades europeas son herederos de esa Antirevolución travestida de "fascismo" entonces o de "democristianismo" después, de "socialdemocracias" o de "liberalismo", ad usum delphini siempre, de esa Antirevolución a menudo agazapada en cuarteles y sacristías, en grupos empresariales o dirigencias sindicales, en movimientos populistas e incluso en fracciones ultrarevolucionarias.

Sin lugar a dudas, ha sido la traición integral de los antirrevolucionarios lo que ha permitido a las hordas norteamericanas poner su pie en nuestro continente y convertirnos en ellos mismos, o sea: en lo peor de ellos mismos, en norteamericanos sin derecho de voto, idiotas complacientes de su propia derrota a la que llaman, para más inri, "Liberación".

Que una "liberación" es necesaria, nadie lo duda. Pero de ellos, los yanquis, y de la Antirevolución que incapaz ya de sentirse como propia, realiza tranquilamente la tarea sucia de control interno que el imperialismo deja en sus manos.

España caso avanzado de este fenómeno de decadencia "triunfal" es la prueba evidente de que la Antirevolución no es una palabra sino una fuerza, no un concepto sino una traición; porque colocar a toda una serie de naciones bajo la bota dorado de una potencia extranjera hostil a toda forma de civilización auténtica aprovechando una coyuntura bélica donde se juega el ser o no ser de todo un continente, es delito de lesa traición. Y si existe la traición, también la lista de traidores.

No por casualidad, Santiago Montero Díaz, advertía ya ante una audiencia de viejos nacional-sindicalistas en julio de 1943 tras la caída de Stalingrado que la Antirevolución afilaba las armas de la traición:

"Pero si el Partido –y sigo moviéndome en el terreno instrumental e inofensivo de las hipótesis- abandonase ahora su solidaria adhesión de camarada hacia Alemania e Italia ¿cómo entenderíamos que pueda responsabilizarse de veinte siglos de historia patria, un Partido que no se responsabilizaba ni siquiera de diez años de su propia historia?"

Pero que no eran hipótesis quedó demostrado por el golpe de Estado con el que la infame dinastía Saboya derribó al régimen de Mussolini en Italia o con el intento de golpe frustrado justo un año después contra Hitler por parte de la Antirevolución militar alemana.

La derrota de Europa, el sacrificio inaudito de la nueva aristocracia política que la propia guerra popular anticapitalista estaba configurando, fue el punto de partida del liderazgo norteamericano sobre el mundo, y el comienzo también de un nuevo conflicto de "baja intensidad", la "guerra fría", que posibilitó que los sectores más reaccionarios de la Antirevolución (como el régimen franquista) occidental se asentaran firmemente en el contexto internacional, realizando sin traumas aparentes, la transición hacia sistemas de democracia liberal-capitalista, los mejor adaptados para el mantenimiento discreto de los equilibrios oligárquicos estructurales del sistema.

Tras más de cincuenta años de "felicidad" democrática y privilegio capitalista el Imperialismo y las fuerzas de la Antirevolución por él sostenidas se enfrentan a graves crisis y profundas contradicciones que por su propia naturaleza no podrán ser resueltas por los mecanismos convencionales hasta ahora en uso.

Frente a la brutal ofensiva final de los imperialistas y de sus asociados que ya se presiente, el Movimiento jonsista llama a toda la juventud nacional a cerrar filas alrededor de un programa y de un movimiento revolucionario, organizando la resistencia según el modelo histórico jonsista: promoviendo grupos de base y juntas de acción.

* * *

El Movimiento jonsista, dividido, negado, falsificado y despreciado por setenta años de Antirevolución en España, consciente de la necesidad de reorganizar el Movimiento revolucionario sobre bases sólidas y eficaces, hace un llamamiento para rescatar la Línea fundadora de la Revolución nacional española de las manos de los sectores más retrógrados de la contrarrevolución derechista, proyectándola a la luz de la teoría revolucionaria hacia la realidad del mundo actual, como vanguardia popular, libre de prejuicios y de dogmas estériles.

El movimiento jonsista de hoy, de ayer y de siempre, lucha por la libertad y la dignidad de la comunidad nacional de todo el pueblo que solo pueden ser defendidas coherentemente dentro de un Estado republicano de trabajadores, fuera del cual todo es mentira, podredumbre y miseria.

Por la Patria, el Pan y la Justicia

¡No parar hasta conquistar!

Miércoles, 03 de Enero de 2007 12:57. antagonistas #. sin tema

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