Vincenzo VINCIGUERRA: "2 de Agosto de 1980 - 2 de Agosto de 2010"

La masacre de Bolonia del 2 de agosto de 1980 no representa sólo la matanza más atroz e indiscriminada cometida en nuestro país, sino también la única masacre en la que la magistratura, tras un largo y tortuoso proceso, ha logrado elucidar a los responsables materiales, condenando a cadena perpetua a Valerio Fioravanti y Francesca Mambro, y a 30 años de reclusión a Luigi Ciavardini, menor de edad todavía en el momento de los hechos.
Ninguno de los condenados se encuentra en prisión: Valerio Fioravanti ha descontado, asimismo, la pena y ha quedado libre; Francesca Mambro está en libertad condicional: Luigi Ciavardini, en tercer grado en espera que se complete el período necesario para alcanzar la condicional.
Para la política italiana, para la prensa que la sirve y para el Tribunal de vigilancia penitenciaria de Roma, 85 muertos y 200 heridos, amén de los demás homicidios cometidos por los tres (9 Valerio Fioravanti, 10 Francesca Mambro) son un detalle sin importancia, hasta el punto de que transcurridos tan solo tres años de la ejecución de la sentencia condenatoria por la masacre de Bolonia, la pareja ya disfrutaba de los permisos reglamentarios, a los que luego siguieron prontamente todos los demás beneficios.
Una demostración de fuerza por parte de la clase política, de la prensa y de una parte de la magistratura sensible a los mandatos de la política, para probar, ante la opinión pública que las sentencias de los jueces, relativas a la guerra política italiana, son aceptadas y compartidas sólo si son absolutorias. De este modo, los tres sujetos se han convertido en inocentes, perseguidos por la justicia “roja” y por lo tanto no merecedores de castigo, no sólo por los 85 muertos de Bolonia sino también por los otros 10 asesinados que, evidentemente, para la política y la prensa, son muertos a los que olvidar.
Sobre la masacre de Bolonia existen hoy dos verdades incompatibles entre sí: una verdad política y mediática y otra judicial. Desde hace años se haya en curso el intento de “probar”, incluso sobre el plano judicial, que la masacre del 2 de agosto de 1980 fue perpetrada por los palestinos o por personas vinculadas a alguna facción de la guerrilla palestina, o por los libios, o por terroristas “rojos” alemanes, etc.
Aun siendo sostenidos por la política, por la prensa, por una parte de la judicatura, por los servicios secretos militares, y en la práctica por el Estado y por el régimen político, los elementos para la revisión del proceso contra la pareja [el matrimonio Fioravanti-Mambro, NdT] y su colega Ciavardini, no han aparecido todavía.
Por lo demás, la tentativa de “probar” la inocencia de los tres condenados por la masacre sigue activa y, aún más, en el aniversario de la masacre diríase que goza de buena salud. En realidad, el 2 de agosto de 1980 se ha convertido desde hace mucho tiempo en el día de la proclamación de la inocencia de los Fioravanti-Ciavardini con la puntual entrevista a Emma Bonino que es una de las más encarnizadas defensoras de los tres [masacradores].
La atención proyectada sobre grupos de Oriente medio ha servido para desviar la mirada de la necesidad de ahondar en los vínculos entre la banda de sicópatas, de la cual formaban parte los Fioravanti y Ciavardini, y el grupo véneto de Ordine Nuovo dirigido por Carlo Maria Maggi. Judicialmente, se ha revelado sólo la relación entre Gilberto Cavallini y Carlo Digilio, afirmada por Valerio Fioravanti y Francesca Mambro, que ha sido rápida y desesperadamente negada por sus compañeros de correrías.
El de Carlo Digilio no es nombre de poca monta: no sólo ha sido un confidente de los servicios secretos, como lo había sido su padre de los británicos antes y de los italianos después, sino que fue el técnico de las masacres.
Es natural que Cavallini niegue la verosimilitud de las afirmaciones de sus compinches sobre el encuentro acaecido, precisamente ese 2 de agosto de 1980, en Padua, entre él y Digilio.
El nombre de Carlo Digilio, al igual que su activismo de espía y asesino, remite a otros nombres como por ejemplo Marcello Soffiati, otro confidente de los servicios secretos americanos e italianos. Y la figura de Marcello Soffiati evoca dos episodios concretos: la frustrada matanza de la estación de ferrocarril de Verona, el 28 de agosto de 1970, concebida con metodología prácticamente idéntica a la de la masacre de Bolonia; y la llamada telefónica realizada en nombre de los Nar [Núcleos armados revolucionarios, NdT] el 28 de junio de 1980, al Corriere della Sera, para declarar que el DC-9 de Itavia derribado en Ustica la tarde anterior había explotado a causa de una bomba transportada por Marco Affatigato, cuya identificación fue posible porque portaba en la muñeca un reloj marca Baume & Mercier.
Los autores de la frustrada matanza del 28 de agosto de 1970 siguen siendo desconocidos, el nombre de Marcello Soffiati viene a colación por haberse intentado en Verona, ciudad en que vivía y actuaba.
No es una acusación, sino un elemento de reflexión, considerando concretamente lo que ha sido el núcleo de Ordine Nuovo del Véneto, realidad acreditada y confirmada incluso en sede judicial.
La campaña de prensa orquestada para presentar a la banda de sicópatas sanguinarios de los Fioravanti como compuesta por “espontaneístas” que pretendían romper con el pasado “golpista” y “masacrador” de sus colegas del neofascismo de Estado y de régimen, ha servido para impedir que se emprendieran investigaciones serias y en profundidad sobre los vínculos que establecidos entre ellos y, por ejemplo, Paolo Signorelli, Carlo Maria Maggi, Maximiliano Fachini, etc.
Porque, bien mirado, de “espontaneísta” en la actividad de la banda existe bien poco: desde la participación en los atentados de Roma, en nombre del MRP, hasta la atribución a la extrema izquierda del ataque al distrito militar de Padua, reivindicado en nombre de las brigadas Rojas; la adhesión a una estrategia de la tensión renovada durante el final de los años 70 es evidente.
Vale: se puede incluso creer que Valerio Fioravanti trabajase junto a Sergio Calore, que era el “brazo derecho” de Paolo Signorelli, sin haber llegado a conocer nunca a este último, pero la duda es legítima. Los presuntos “espontaneístas” de Roma poseían referentes de una cierta edad y de mucha experiencia, porque es falso que el nombre de los NAR, Núcleos armados revolucionarios, haya sido inventado por ellos, como pretende hacer creer “Morticia” Mambro, pues en realidad este remitía a una estructura de los Fascios de acción revolucionaria (FAR) creados y dirigidos por Pino Romualdi, como dejó escrito el agente norteamericano Victor Barret en un informe del 10 de junio de 1947.
Si los dos masacradores mienten también sobre el nombre del grupo, reivindicando su paternidad, es porque no desean que se descubran sus vínculos con los hombres del MSI y de Ordine nuovo, siguiendo una táctica defensiva que hasta el día de hoy se ha revelado fructífera.
A treinta años de distancia de la masacre, que se investigue también la pista de Oriente medio es plausible, pero se debería retomar también todos los elementos relegados en este larguísimo lapso de tiempo, para verificar si, en efecto, la de Fioravanti, Cavallini y demás era una banda de sicópatas “espontaneístas” o era otra cosa muy distinta que de espontáneo no tenía nada.
La constante y reiterada proclamación de la inocencia de los dos condenados realizada por Gianfranco Fini por una cuestión de principio, que resulta incomprensible a la luz de su propia admisión de desconocer las actas del proceso, es decir de carecer de elemento alguno de juicio para considerarlos inocentes, puede hallar su respuesta lógica en el hecho de que en la época en la cual la banda actuaba en Roma, el secretario nacional juvenil del MSI era precisamente él, Gianfranco Fini.
También este elemento debería ser valorado e añadido al puzzle a fin de recomponer una verdad sin sombras. Y una contribución a la verdad podría provenir también de los familiares de las víctimas de ésta y de otras masacres, cuando definitivamente se decidan a denunciar ellos los primeros a los representantes de los partidos políticos que se presentan en las conmemoraciones con aspecto conmovido y pesaroso para afirmar que el régimen de Gianfranco Fini y de sus colegas no renuncia a buscar la verdad.
Y ese día, por fin, los muertos podrán descansar en paz
Vincenzo Vinciguerra, Opera 3 agosto 2010
Comentarios > Ir a formulario





