Vincenzo VINCIGUERRA: "EL PASADO QUE NO PASA"

Fuente: Marielenagrill.org
Trad: A. Beltrán
Durante la entrevista concedida a los periodistas Andrea Scerensi, Nicola Palma y Maria Elena Scandaliato, publicada y comentada en el libro "Piazza Fontana. Noi sapevamo" (editado por Aliberti), el general Gianadelio Maletti augura que la verdad sobre todo lo sucedido en la Italia de posguerra, particularmente en los años sesenta y setenta, “saldrá a la luz algún día. cuando alguien muera” (pg. 226-27), y un poco antes, entre los protagonistas de aquellos años todavía vivos, que conocen la verdad, había hecho referencia a un ministro del gobierno de Silvio Berlusconi en ejercicio entre 2001 a 2006.
Triste suerte ésta, la de un País que necesita esperar la muerte de los últimos delincuentes que permanecen con vida para conocer las fechorías de las que han sido co-protagonistas en el pasado.
Pero, sin necesidad de esperar la muerte de Giulio Andreotti, Arnaldo Forlani, del general Arnaldo Ferrara, Giorgio Napolitano y de otros octogenarios y nonagenarios agarrados desesperadamente a la vida, y a menudo también a la poltrona, podemos afirmar que la verdad se conoce ya pero que nadie quiere extraer las debidas consecuencias.
Si queremos que el pasado deje de ser nuestro presente y que no condicione nuestro futuro, exigir que las personas que han desempeñado cargos políticos y públicos durante aquellos sean alejadas de la política y de las instituciones, tal es el primer paso que dar.
En efecto, no se entiende que la verdad pueda llegar a afirmarse nunca mientras se permita a Ignacio La Russa actuar políticamente. (1)
No hacen falta pruebas judiciales para saber que Ignacio La Russa se encuentra entre los protagonistas, como dirigente del MSI de Milán, de aquellos años sangrientos vividos en la capital lombarda.
Aquel al que un delincuente habitual, Mauro Addis, llamaba confidencialmente “Ignacio”, ha conocido todo y a todos, pero naturalmente no ha dicho jamás nada porque no puede denunciar a los demás sin incriminarse a sí mismo.
El ex director honorario de la cárcel de Opera, Renato Vallazasca, en un libro escrito para él por un periodista, habló de un dirigente missino de Milán que pagaba a la delincuencia común para que pusiera bombas y, sin nombrarlo, aclaró que en aquel momento desempeñaba un alto cargo institucional: Ignacio La Russa, cuando fue publicado el libro de Vallanscanza, era vicepresidente del Congreso de diputados.
Baste recordar las palabras del ex presidente de la República, Francesco Cossiga, que de La Russa llegó a decir que chapoteaba en la charca de la subversión negra o, al menos era contiguo a ella.
Cuando cuatro granujas missinos lanzaron granadas de mano contra un cordón de policías, el 12 de abril de 1973, matando al agente de seguridad Antonio Marino, La Russa estaba, según él mismo y los jueces milaneses, dormitando como su colega Franco Maria Servello. (2)
Sin embargo, La Russa estaba bien despierto cuando se acercó a rendir homenaje al cadáver de Nico Azzi, el frustrado autor de la masacre contra el tren Turín-Roma de 7 de abril de 1973.
Un gesto significativo, puesto que Nico Azzi y sus colegas eran parte integrante de esa “subversión de Estado” que debía reforzar al MSI de los La Russa y los Servello hasta convertirlo en partido de gobierno. (3)
Las Fuerzas armadas italianas perdieron su honor el 8 de septiembre de 1943. El hecho de tener hoy a Ignacio La Russa como ministro de Defensa es la prueba de que jamás lo han recuperado.
Gianfranco Fini ha alcanzado el cargo de presidente de la Cámara de diputados. Cierto que ha olvidado cuando, en 1979, sin otro motivo que la provocación y la búsqueda de desordenes públicos decidió, bajo su autoridad de secretario juvenil del MSI, que se montara una manifestación en el barrio “rojo” de Centocelle, en Roma. Perdió allí la vida un muchacho, asesinado por una agente de policía, pero no es una muerte que le haya pesado nunca en la conciencia.
Astuto pero no inteligente, Gianfranco Fini ha defendido siempre la inocencia de Valerio Fioravanti y Francesco Mambo de la acusación de haber cometido la matanza de Bolonia del 2 de agosto de 1980. Pero, ha tenido que precisar que no ha leído jamás las actas del proceso confirmando que no ha adquirido jamás los elementos de juicio necesarios para formarse una idea seria, fundada, sobre la inocencia o culpabilidad de los dos terroristas.
Y, entonces, ¿por qué proclama su inocencia? Tal vez, la respuesta se encuentra en la frase explícitamente chantajista de la Mambro: “Nosotros en prisión y ellos en el gobierno”, donde “ellos” incluye también a Gianfranco Fini.
Frase que subraya cómo los dos miembros de la itálica “familia Adams” han vivido cual profunda injusticia su condición de presidiarios mientras sus colegas de partido se encontraban a la sazón en el gobierno, no como fascistas sino so capa de antifascistas.
Cierto, Gianfranco Fini ha vivido desde la cúspide de su cargo de secretario juvenil del MSI los terribles años de Roma, pero como Ignacio La Russa, estaba pero dormía excepto para despertarse y pedir y obtener la excarcelación de los cónyuges Fioravanti.
Con un ministro de Defensa como La Russa y un presidente del Congreso de diputados como Gianfranco Fini, resulta inútil esperar que en este País se esclarezca la verdad acerca del papel que el MSI ha desempeñado en la estrategia del terror y del desorden.
Y si, luego, como presidente de la República está Giorgio Napolitano que, como dirigente nacional del PCI, tendría tanto que contar, en el plano histórico y judicial, sobre lo que los lideres del PCI sabían acerca de la “guerra de baja intensidad”, incluso con los aportes informativos a ellos suministrados por el KGB soviético, pero que al contrario habla de “ventolera demencial”, de “fantasmagóricos dobles Estados” y ocurrencias semejantes, resulta evidente que el País está condenado a no conocer nunca la verdad.
En un País en el que desde hace tiempo no existe más una oposición política sino sólo un partido único, oficialmente dividido en numerosas corrientes internas, no queda otra cosa que dar la razón al general Maletti y esperar la defunción de los Cossiga, de los Andreotti y de sus colegas para restablecer y afirmar la verdad, pero la resignación no forma parte de nuestro estilo de vida y de nuestra personalidad.
Continuaremos luchando, a la espera del deceso de todos ellos, para que la verdad triunfe de todas formas y nos libere de los Fini, de los La Russa, de los muchos que como ellos infestan todavía la política italiana, para saborear por vez primera en nuestra vida, el placer de la libertad.
Vincenzo Vinciguerra, Opera (Publicado) 25 de mayo 2009
NOTAS DEL TRAD.
(1) Ignacio La Russa, actual ministro de Defensa del gabinete Berlusconi desde 2008, es un atrabiliario personaje incubado en las más apestosas cloacas del neofascismo atlántico de servicio. Dirigente juvenil y líder de la sección milanesa del MSI durante los “años de plomo”, impulsor de la post-fascista “Alleanza nazionale” y miembro de peso en el nuevo Partido de la “libertad”, famoso por sus salidas de tono y su carácter pendenciero ha estado, desde los años 70 hasta fecha de hoy, implicado en los más turbios affaires político-mafiosos y criminales de la “estrategia de la tensión” italiana. Incluso ha sido accidental protagonista “cinematográfico” de ésta: “Noticia de violación en primera página”, protagonizada por Gianmaria Volontè (http://www.youtube.com/watch?v=0BpW_XRhbJ8) Además, gracias a su voz cazallera, ha ejercido de ocasional doblador de Marge Simpson en la versión italiana de esta serie;
(2) Entre estos “granujas” missinos se encontraba Maurizio Murelli, director de la revista seudocultural “Orión”, condenado por la muerte “accidental” del agente de policía Marino a poco más de diez años de prisión. Murelli es uno de los más ruines, mezquinos y repelentes críticos de las tesis del camarada Vinciguerra. Existe un video de los hechos del 12 de abril del 72 en Milán que incluye entrevistas con Murelli y su jefe milanés La Russa: (http://www.youtube.com/watch?v=Qle27hP5txU);
(3) Nico Azzi era militante del grupo milanés “La Fenice”, vinculado –según sentencia judicial firme- por igual a “Ordine Nuovo” y a los mandos de la División de Carabineros “Pastrengo”. En 1973 intentó volar un tren lleno pasajeros por orden directa de su jefe político GianCarlo Rognoni (“amiguito del alma” –por cierto- de “Anacleto” Milá). Civiles inocentes, obviamente: no militares, no policías, no -¡vágame Dios!- carabineros. Afortunadamente, fracasó en el intento. Sus “honras” fúnebres congregaron a lo más vomitivo del “neonazismo” de servicio (secreto) italiano: ( http://www.youtube.com/watch?v=Cq2uB3MS1sw&feature=related)
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