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Sobre las «Carnes Locas» y la Perrera Loca

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por Pepe López

 

La denuncia del presidente boliviano, en la I Conferencia de los Pueblos sobre cambio climático, de los efectos que, en las últimas décadas, pueden estar provocando en los varones la ingesta elevada de carne intoxicada con hormonas artificiales femeninas, ha servido para que la perrera mediática de la derecha española haya fustigado al presidente Evo Morales -fustigamiento dialéctico, aunque sabemos que estos ataques son dialécticos al principio, pero preparan el terreno para una posterior ofensiva más «efectiva»-. Las descalificaciones han venido acompañadas por las burlas de los bufones de la progresía, revelando, como no, otra de las muchas coincidencias entre las jaurías hispánicas de galgos del progresismo y de podencos de la derecha.

Observaba Alfonso Beltrán que «entre ellos se ladran, pero no se muerden. Ni siquiera se degüellan, lástima». Vemos que no sólo «se ladran» entre ellos sino que, en las ocasiones importantes, ladran juntos contra el mismo objetivo.

 

Ante las descalificaciones contra el presidente de Bolivia, observamos tres paradojas reveladoras:

 

A) La primera es que puede resultar chocante observar que la derecha española, otrora «reserva espiritual de Occidente», que hasta ayer mismo se movilizaba en procesión junto a la Iglesia Católica contra la ley de matrimonio homosexual del PSOE de Zapatero, y que mantiene en nómina predicadores contra el «lobby rosa» y amonestadores de la «pérdida de valores impulsada por los progres», a esa derecha le parezca, en esta ocasión, una afrenta intolerable y una tontería despreciable la grave advertencia del presidente Morales. Es cierto que los vocingleros profesionales de la derecha se detienen en señalarlo como la ocurrencia de un «pobre ignorante sin estudios», como una difamación contra las empresas ganaderas y una mancha irresponsable sobre la reputación de «los honrados empresarios y trabajadores» del sector». Y que no entran, apenas, en tratar si es cierto que se producen tales efectos, y hasta que punto suponen o no una desviación del comportamiento sexual masculino. Pero que se hayan negado a documentarse en este asunto (que es lo más importante, no el buen nombre de la industria ganadera y sus beneficios) ya es bastante revelador del radical desprecio que sienten por la salud pública, así como el cinismo, el doble rasero, las enormes incongruencias y el doble lenguaje -o doble ladrido- de la perrera mediática de la derecha española.

La derecha que tanta verborrea gasta en preservar la familia, defender las «raices cristianas» y restaurar los «valores morales», desprecia completamente el hecho mismo que la naturaleza sexual masculina esté siendo plausiblemente afectada a través de la alimentación, y ataca con saña a quien advierte de ello. Y esto lo hacen incluso los medios de la derecha más declaradamente católica.

Pero así es esta chusma, así es la «derecha de España».

 

B) La segunda es comprobar como la progresía española, que tanto ha presumido y sigue presumiendo de sensibilidad ante las causas ecológicas, hace causa común con la derecha en este asunto también. ¿Como le puede mover a risa a «estos progres», tan ecológicos y atentos a la salud pública -según ellos mismos-, la posibilidad de intoxicar los cuerpos y desnaturalizar las orientaciones sexuales originales de las personas sin que éstas lo sepan, y por tanto, sin que los afectados tengan opción? Así se explica que el progresismo español, actualmente en el «gobierno central» y en el de varias «autonomías» -y con sus baterías mediáticas acompañándolos-, haya permitido que España se convierta en la primera base de cultivos transgénicos de Eurolandia -cultivos contra los cuales ha arremetido también el presidente Morales, provocando el enfado del buque insignia del grupo PRISA-.

Ya vemos, entonces, que el ecologismo del progresismo paisano consiste en lograr la proeza maravillosa que en los paneles solares de España -como en los dominios de Felipe II- «no se ponga el sol» -pues producen energía solar de noche y con nubarrones (ninguna potencia tecnológica lo ha logrado ni lo logrará, en cambio, los españoles «Podemos» eso y más)-. Y, asimismo, en asegurar que gran parte de la energía eléctrica española no sea suministrada por centrales nucleares instaladas en España sino en Francia. Otro gran logro, pardiez. Es decir, la «ecología» de los progres «de este país» sólo atiende (aunque haciendo trampas, como es uso y costumbre en ellos) a las «energías limpias», y pasa olímpicamente de lo que la gente cultiva, cría y consume.

Pero así es esta chusma, así es el «progresismo de Este país».

 

C) Y la tercera es ver como los «Colegas Gueis», que tan irritados, indignados y escandalizados se muestran cuando alguien propone la recomendación de terapias para corregir las tendencias homosexuales, se muestren asimismo tremendamente ofendidos por la denuncia de Evo Morales. De modo que, para los «colectivos de colegas», representa una afrenta intolerable que se divulgue la existencia de esa opción y tal posibilidad, y un insulto defender la financiación de tratamientos para disminuir los impulsos homosexuales entre los que quieran someterse a tales tratamientos, pero les parece estupendamente correcto que, incluso en el periodo de gestación, se puedan desnaturalizar químicamente los impulsos sexuales de los varones sin darles opción ninguna. Así pues, según esta otra secta hispánica de impresentables, no sólo es una afrenta permitirle, a cualquier varón homosexual, la opción de poder abandonar su condición de tal, sino que, encima, aquí es legítimo -y nadie tiene derecho a denunciarlo- que se pueda alterar la naturaleza de los varones heterosexuales al margen del conocimiento y la voluntad de éstos. Nos parece una muestra evidente de lo que quieren estos pájaros: que todos vayámonos convirtiendo por las buenas, o por la malas, al «Estado del Arcoiris». Exigen respeto por sus tendencias y por su opción, pero ni respetan ni quieren dar opción a los demás.

Pero así es esta otra chusma sectaria de «nuestra» España Democrática, así son los «Gays of Spain».

Así son estas «tres Españas».

 

Reproduzco a continuación unos párrafos del libro «La Tierra Intoxicada», de Maurice Pasquelot, publicado en Francia hace casi cuarenta años (1971) ante este asunto sobre el cual la «Derecha de España» y el «Progresismo de Este país» mantenían silencio hasta ayer, y a partir de hoy empiezan a condenar que se hable, siquiera, de esto. No vamos nosotros a evaluar hasta que punto son ciertas o no las siguientes aseveraciones, pero desde luego el asunto nos parece demasiado grave como para no prestarle la atención que merece. Recuerden que esto está escrito en 1971.

 

«Hormonas responsables de trastornos sexuales

 

Si, como hemos visto, el ochenta por ciento de las vacas de «establo» francesas son tratadas, la proporción es casi igual en los Estados Unidos (el ochenta y cinco por ciento), pero en aquel país la técnica es más antigua que en Francia. En Dinamarca, en Suecia y en la Alemania Federal, el porcentaje de utilización de estrógenos artificiales en el ganado se aproxima al ochenta y cinco por ciento.

Pues bien, y esto es lo más importante, estos estrógenos, estas hormonas, no desaparecen, sino que permanecen en la carne, en las carnes que constituyen nuestra comida. Estas sustancias serían responsables de numerosos trastornos entre los que la acción depresiva sobre la líbido está puesto en evidencia más recientemente. Una extraña relación de causa y efecto acaba de ser descubierta por médicos y veterinarios especializados en la alimentación del ganado. Los residuos hormonales cada vez más numerosos que ingerimos en los alimentos de origen animal, serían la causa principal de un trastorno sexual en el hombre.

Así, la ola de erotismo que se desencadena en Dinamarca, en Suecia, en la Alemania Occidental, en Inglaterra y en los Estados Unidos, el matrimonio de los sacerdotes, el eclosión de millares de «sex-shops» en casi todo el mundo; los impulsos de liberación y la moda de los cabellos largos y las joyas adoptada por los hombres no serían explosiones en cadena debidas a las condiciones cambiantes de la sociedad, sino simplemente causadas por los residuos de hormonas que se hallan en la carne de los animales.

Esta tesis tiene sus defensores y, naturalmente, sus detractores. Desde 1965 existe en Francia una asociación conocida por sus miembros «L’aide aux Malades Hormonaux» («Ayuda a los Enfermos Hormonales»), cuyo presidente es el doctor Guillemain y el vicepresidente Robert Gendreau, abogado en el Tribunal de París. Marie-Andrée Schwindenhammer, secretario general, nos precisa sus objetivos:

- La ayuda a los enfermos hormonales fue creada a petición de un cierto número de atacados por esta dolencia, víctimas de un mal ignorado por los médicos y los especialistas, cuyos dolorosos efectos psíquicos y físicos sufren. Estos efectos se manifiestan por la imposibilidad de sentirse en armonía y en concordancia con su sexo (…)

Pues bien, actualmente tenemos el derecho a pensar que esta transformación tuvo lugar a causa de una dosis excesiva de hormonas femeninas que el feto habría recibido a partir del tercer mes.

Añade Marie-Andrée Schwindenhammer:

- En efecto, cuando el feto tiene dos meses, la piel y los órganos sexuales están ya constituídos y su forma indica que se trata de un ser humano del sexo femenino. No obstante, sólo gracias al cálculo del número de cromosomas podrá saberse que en efecto es un niño.

La dotación cromosómica se compone de autosomas y alosomas (o cromosomas sexuales, o también heterocromosomas). Ahora bien, el alosoma, cromosoma especial, en uno de los sexos, existe en forma de dos ejemplares idénticos, y en el otro sexo, en forma de dos ejemplares diferentes o de un solo ejemplar. Los gametos de ese último sexo son de dos tipos, y, en el momento de la fecundación, el embrión es macho o hembra según el gameto utilizado.

Se sabrá, pues, científicamente, en el caso que mencionamos, que se trata de un niño varón.

Ahora bien, cuando la madre recibe hacia el segundo mes una dosis de foliculina, es decir, de hormonas femeninas superior a la normal, se produce un fenómeno, no explicado todavía, que ocasiona desórdenes importantes en la constitución del feto. Estos trastornos dan lugar a una modificación que, curiosamente, se agrava y conduce a un cambio radical e irreversible del medio ambiente de los gametos. El niño que nazca estará perturbado de tal modo que será, sin que se pueda conocer exactamente sus signos, un enfermo hormonal. Las características de esta enfermedad no aparecerán hasta más tarde. Y cuando el niño pasa al estadio de adolescente los síntomas se abren paso para no desaparecer jamás.

Es importante señalar que esta enfermedad hormonal sólo se conoce desde hace treinta años, es decir, aproximadamente desde la época (1.944) en que empezaron a utilizarse en la alimentación animal, los estrógenos artificiales.

Mientras solamente se contabilizaron veinte trastornos hormonales en 1963 en Francia, las estadísticas (oficiosas) muestran que existían ya 2.500 en 1.971 (fichero de «L’aide aux Malades Hormonaux»). A semejante ritmo de progresión...»

 

Domingo, 25 de Abril de 2010 17:50. P. López #. Anticapitalistas

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