Vincenzo VINCIGUERRA: "AJUSTE DE CUENTAS"

Fuente: MarielenaGrill
Trad: A.B.A.
No es difícil aventurar la hipótesis de que son los poderosos amos del poder mediático americano y europeo los que están empeñados desde hace tiempo en poner bajo sospecha a Benedicto XVI por el encubrimiento, cierto o presunto, de los curas pedófilos.
Nadie duda del hecho de que la pedofilia dentro de la Iglesia católica se ha convertido en el pretexto para un ataque personal contra el papa alemán que, acercándose a la sinagoga de Roma, se había hecho la ilusión de haber aplacado la ira judaica contra él, culpable de querer seguir adelante con el proceso de beatificación de Pío XII.
La felonía no se paga.
La permanente cesión de la jerarquía eclesiástica católica frente a las cada vez mayores exigencias de la comunidad judía y del Estado de Israel, nunca satisfechas ni pos los éxitos conseguidos a golpe de dólares y de chantajes, a causa de las persecuciones sufridas por los judíos durante la Segunda guerra mundial a manos de los dirigentes del III Reich, no ha valido más que para volver cada vez más arrogantes a los que se consideran ya más como “hermanastros mayores” de los católicos del tercer milenio que no como “hermanos mayores”.
Ahora, los judíos, pretenden ser ellos los que decidan quién debe ser santo o beato para la Iglesia católica, quien merece ser Papa o no serlo, qué oraciones deben rezar los católicos y cuales suprimir, mientras que pronto exigirán que el Papa vaya a lavarle los pies al Gran Rabino de Roma en señal de sumisión, y que naturalmente destine el óbolo de San Pedro para las necesidades defensivas del Estado de Israel que no tiene ya bastantes fondos para adquirir caza-bombarderos, carros de combate y piezas de artillería con los que masacrar a la indefensa población de Gaza.
Benedicto XVI ha visitado sinagogas, ha elevado plegarias de perdón a todas las comunidades judías, ha peregrinado a Israel, ha declarado, por voz de su secretario de Estado cardenal Bertone, que la Iglesia se cuida muy mucho de intentar convertir a los hijos del “pueblo elegido”.
Pero no es suficiente.
Los sedicentes “hijos” desean la condena explícita de Pío XII, y el pretexto de la pedofilia les parece un arma adecuada para obligar al papa alemán a una rendición sin condiciones.
Los protagonistas de esta batalla andan, todos, escasos de memoria.
Insólitamente, olvidan todos ellos, judíos y católicos, lo que ocurrió en Jerusalén el 5 de enero de 1964.
Ese día, Pablo VI, penetró en la zona de Jerusalén ocupada por los israelíes, acompañado por el presidente del Estado de Israel, Zalman Shazar y por el Gran Rabino Nissim, que le dieron la bienvenida.
Pablo VI les dio las gracias y en su discurso de salutación, durante el cual no hizo mención alguna a un Estado de Israel, se refirió explícitamente a Pío XII, ya entonces sometido a los embates de la obra teatral “El Vicario” que lo acusaba de haber guardado silencio ante la persecución nazi de los judíos.
Giovanni Battista Montini había sido sustituto secretario de Estado bajo Pío XII, durante los trágicos años de la Segunda guerra mundial. Era pues testigo directo de esos sucesos y del comportamiento de Pío XII.
El, a la sazón, jefe de la Iglesia católica, apostólica, romana, no dudó en afirmar solemnemente, ante los dirigentes políticos y religiosos del Estado de Israel, lo siguiente:
“Mantenemos ante todos los hombres y todos los pueblos, únicamente pensamientos de buena voluntad. De hecho, la Iglesia les ama a todos por igual. Nuestro gran predecesor Pío XII lo afirmó de modo enérgico y con la mayor insistencia durante el último conflicto mundial, y todos conocen lo que hizo para defender y salvar a cuantos sufrían sin hacer distinción alguna.
Sin embargo, lo sabéis bien, contra la memoria de este gran Pontífice se han lanzado sospechas e incluso acusaciones.
Somos felices de tener la ocasión de afirmarlo en este día y en este lugar: nada hay más injusto que este ataque a una memoria tan venerable.
Quien como nosotros ha conocido este alma tan digna de admiración, sabe hasta donde podía llegar su sensibilidad, su compasión por el sufrimiento humano, su valor, la delicadeza de su corazón.
Lo saben bien también aquellos que, al final de la guerra, acudieron a él con lágrimas en los ojos para agradecerle que les hubiera salvado la vida”.
No había podido, Pablo VI, pronunciar palabras tan duras y rotundas en defensa de la memoria de Pío XII delante de aquellos que, bien lo sabía, eran los inspiradores ocultos de la campaña contra el difunto pontífice.
Los representantes políticos y religiosos del Estado de Israel (que Pablo VI no reconocía como tal) callaron.
Entre las muchas palabras pronunciadas y recordadas en los últimos tiempos sobre la figura de Pío XII, éstas de Pablo VI, del 5 de enero de 1964, en Jerusalén, nadie las ha rememorado.
Lo hacemos nosotros, para que todos sepan, para que todos recuerden, para que todos se pregunten por qué razón quienes han callado ayer delante de un Pontífice romano que había sido testigo directo de la conducta de Pío XII, hoy hablen, difamen y desvaríen.
Vincenzo Vinciguerra, Opera 10 Abril 2010
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