Vincenzo VINCIGUERRA: "LA POLÍTICA DE LOS SIERVOS"
Nadie pone en duda el nivel cultural de Julius Evola, el valor de algunas de sus obras, pero precisamente su amplísima erudición lo arroja al banquillo de los acusados en el proceso que la historia interpondrá contra todos los que, aun proclamándose herederos del fascismo, incluso con las reservas expresadas por el mismo Evola, en vez de liderar un combate político orientado a restituir a Italia la libertad y la soberanía que se perdieron con la derrota militar y el armisticio del 8 de septiembre de 1943, han hecho un combate de signo contrario, que ha terminado sometiendo cada vez más a Italia a la potencia hegemónica y a sus aliados.No se puede separar la responsabilidad de Evola de la de los Almirante, de los Michelini, de los Borghese, de los Marsanich, por la sola razón de que estos estaban comprometidos en la vida política activa y él era el intelectual del grupo.
Evola asume las características de un ideólogo, por lo tanto tiene idéntica si no mayor responsabilidad en lo que ha sido la lenta, sistemática, mistificación de la historia y de las ideas del fascismo para uso y consumo del régimen y del Estado antifascistas.
Evola tiene también la culpa de haber creado la ilusión de que el Estado fuera algo distinto y separado del régimen político, hasta el punto de anhelar, incluso, la creación de “fuerzas a disposición” que integrar en las estructuras secretas del Estado con objeto de hacer frente a un peligro del que el tratado de Yalta ha excluido siempre a Italia.
Para el agente del Sifar [Inteligencia militar], después Sid, después Sismi [Inteligencia civil], etc. Giuseppe Rauti, alias “Pino”, para todos los que como él han pensado “combatir” al comunismo ingresando en las estructuras secretas del Estado no EN uniforme de oficiales sino en calidad de confidentes e informantes y de mano de obra para las operaciones sucias, la coartada la ha suministrado también Julius Evola.
El infecto y vulgar ataque de Julius Evola contra Giorgio Pini en la primavera de 1971 está originado y motivado en el hecho de que la Federación nacional de combatientes de la RSI, de la cual Pini era presidente, había sido la única organización en denunciar, antes de que esta se activase la operación de diciembre de 1969 [plaza Fontana] y, posteriormente, la intentona golpista de diciembre de 1970 [“golpe Borghese”].
Evola expresa el odio y el rencor de un ambiente que fingía creer que la instauración de un “Estado fuerte” contra el comunismo podría representar la solución para todos los males de Italia.
En la denuncia de la Federación nacional de combatientes de la RSI, en noviembre de 1969, sobre la preparación de un “golpe de Estado reaccionario” y su llamamiento a no apoyarlo, y en la reiterada petición de Julius Evola de ponerse a disposición del Estado mayor de la Defensa y de las Fuerzas armadas del Estado antifascista, se encuentra la contraposición neta entre dos mundos y dos elecciones que los escritos de Evola no pueden ni deben borrar.
Si Italia ha sufrido episodios sangrientos como la masacre de plaza Fontana se lo debe la antifascismo en el poder y a los “evolianos” como Rauti que, con la bendición del “maestro”, se habían encuadrado en los organismos secretos del Estado.
Hoy que, finalmente, un personaje como el general Gianadelio Maletti, ex responsable del Departamento “D” (seguridad interna) del Sid reconoce que Ordine Nuovo era una estructura dependiente del servicio secreto militar, las exhortaciones de Julius Evola se convierten en pruebas de cargo contra él que sus libros no podrán borrar jamás.
Italia deberá reconocer, algún día, que si en el verano de 1969, quien lanzó la alarma sobre un hipotético golpe de Estado conservador fue el editor Giangiacomo Feltrinelli, pocos meses más tarde lo hicieron los veteranos de la República social italiana, fascistas sin adjetivos o entre comillas.
La culpa es de quien hizo caer en el vacío aquella advertencia, primero, y lo ha ignorado siempre por no querer admitir que contra la estrategia de las masacres se oponían los fascistas, mientras que los otros, los cómplices de los “coroneles” eran solo los siervos del antifascismo, instrumentalmente disfrazados de “nazis” y cosas parecidas.
Y será nuevamente la Federación nacional de combatientes de la RSI quien destape el venidero “golpe”[en español, en el original] del 7/8 de diciembre de 1970, dirigido por Junio Valerio Borghese con la anuencia y la bendición de los Estados Unidos y de Israel.
Sí, precisamente Israel había garantizado el inmediato reconocimiento diplomático del gobierno que habría surgido del “golpe” [sic] de la “noche de la Inmaculada”, confirmando que de fascista aquella intentona no tenia absolutamente nada.
La solicitud hacia el ámbito militar mostrada por Julius Evola es simplemente grotesca. Si fuerza nacional alguna ha traicionado todo deber y a la Patria, éstas han sido precisamente las Fuerzas armadas italianas cuyos mandos, el 8 de septiembre de 1943, tuvieron como única preocupación escapar como conejos y, finalizada la guerra, evitar a toda costa ser extraditados a países como Yugoslavia, Grecia, Albania, Unión soviética, donde les esperaba la corbata de cuerda y, con suerte, un pelotón de ejecución.
No sabemos aún cuál fue el precio que las jerarquías militares pagaron por salvar su vida, pero sabemos que, en esta País, si existe una fuerza descartable para retornar a la soberanía nacional y la libertad estas son precisamente las Fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad del Estado que sobre la “doble lealtad” a Italia y a la OTAN ponen el énfasis sobre ésta que, solo ella, garantiza sueldos y carrera.
Cuando Julius Evola desvariaba sobre los “paracas”, la Brigada “Folgore” estaba comandada por Alberto Li Gobbi, medalla al valor militar de la Resistencia, miembro de la red de espionaje “Franchi” dirigida por Edgardo Sogno, cuyo hermano Aldo será ejecutado por los alemanes.
¿Debería ser el general Li Gobbi, en nombre y en memoria de su hermano, el que pusiera en el gobierno a los “fascistas” tipo Borghese y tipo Rauti?
Italia es tierra de cultura. Mucho son los italianos que, durante siglos, han brillado por su ingenio pero ¿cuánto de ellos han puesto su inteligencia al servicio de una causa justa y cuántos, al contrario, se han servido de ella para lograr metas personales, adulando al poderoso de turno, por razones en ningún caso nobles?
En efecto, Julius Evola ha sido un hombre un hombre de ingenio que hubiera sido respetable si se hubiese dedicado tan solo a sus estudios.
No lo ha hecho. Ha descendido al terreno político con la misión de convencer a los jóvenes que, acabada la experiencia del fascismo, la estrella polar era el Estado que, sin embargo, es una máquina burocrática que adopta el color de quien la dirige. Y desde el 25 de abril de 1945 en Italia manda el antifascismo en todas sus formas, por consiguiente ha hecho mucho por poner a los jóvenes a disposición del Estado al que no han servido como antifascistas, sino como “fascistas” porque al régimen, del cual el Estado es servidor, le era útil para crear la leyenda de los “extremismos opuestos”: el “nazi” Rauti, por un lado, el “compañero” Sofri [lider de la extrema izquierda], por el otro.
Hoy sabemos que Rauti era un soplón y que el comisario Umberto Federico D´Amato, director del servicio secreto civil, le proponía a Sofri (¿quién sabe por qué precisamente a él?) asesinar a los compañeros de los Nap [Núcleos armados proletarios]
La distinción entre el Estado y el régimen, contrapuesto el primero al segundo, es falsa. ¿Podía ignorarlo un hombre de tan elevada cultura como Julius Evola?
Lo sabía, y ha mentido y engañado conscientemente a cuántos, jóvenes, creían en él, que por lo demás, quede claro, tanto bueno han aprendido de las enseñanzas del “maestro” que el único evoliano que permanecerá en las crónicas italianas es Angelo Izzo (*), ante el cual se han inclinado tantos admiradores del “maestro” reconociendo en él al “espíritu libre” de evoliana inspiración.
Hermann Goering tenía razón.
Vincenzo Vinciguerra, Opera 17 diciembre 2009
(*) Cf. Vinciguerra,“Los fascistas del antifascismo”: http://antagonistas.blogia.com/2008/121101-vincenzo-vinciguerra.php
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