HIZB`ALLAH GEOPOLÍTICA Y ESTRATEGIA DE UN MOVIMIENTO ISLÁMICO REVOLUCIONARIO ANTISIONISTA (y II)

por Dagoberto Husayn Bellucci*
[Haret Hreik, Beirut sur (Líbano)]
Los chiítas que formaban la clase social más baja de la sociedad libanesa en los años 70, con cotas de analfabetismo entorno al 70/80% y privados de cualquier poder real en la sociedad neofeudal del país de los cedros, han comenzado a despertarse: del llamamiento a la reconquista lanzado por el Imam Moussa Sadr a la constitución de ‘Amal hacia la mitad de los años setenta, hasta el nacimiento de Hizb’Allah y la lucha de liberación sostenida por los combatientes de la Resistencia para retomar el sur del país abandonado de prisa y corriendo por las tropas sionistas en la primavera del 2000, hasta los más recientes acontecimientos internos que catalizarán en torno al Partido de Dios un amplio número de partidos políticos (laicos, religiosos, ateos y nacionalistas) creando la Oposición nacional al ejecutivo Siniora.
Si ‘Amal (literalmente Batallón de la Resistencia Libanesa ) será la casa-madre de la cual nace Hizb’Allah, la influencia iraní y el envío de un contingente de basij-pasdaran al valle de la Beka ’a en los primeros años ochenta crearán las premisas para el nacimiento y la evolución de un sujeto político y militar destinado a influir en la escena política nacional libanesa y en todo el Oriente Próximo para los veinticinco años sucesivos.
La República Islámica de Irán no ha ocultado nunca su relación privilegiada con los hombres de Hzb ni su interés por el perímetro geopolítico y estratégico palestino-libanés (como prueban hoy los estrechos vínculos con Hamás, esencialmente abandonado por la petromonarquía del Golfo y por los países árabes llamados ‘moderados’ que han elegido la ‘carta’ laica de la OLP del presidente de la ANP Abu Mazen) donde la evolución en sentido ‘nacional’ del Partido de Dios iba progresivamente desarrollándose modificando la dimensión estrictamente chiíta y la connotación exclusivamente religiosa-militar dada inicialmente por Teherán a la organización de la cual fue secretario general el Ayatollah Sayyed Abbas Musavi (masacrado en febrero de 1992 junto a su mujer, al hijo y a los hombres de la escolta por una incursión terrorista de los helicópteros israelíes).
Hay que considerar dos datos cuando se analiza la evolución política de Hizb’Allah: por un lado, una sustancial normalización de la situación de eterno caos confesional y étnico de la sociedad libanesa que – tras el fin del conflicto civil y los acuerdo de Taif- se ha desembarazado de las milicias religiosas reconstituyendo el ejercito nacional a la deriva y la autoridad del gobierno central de Beirut con mismo rumbo, tras la agresión de 2006 (incluso en los territorios del Líbano meridional); por otro lado, la imposibilidad de constituir una forma cualquiera de “república islámica” y la toma de conciencia en sentido nacional del movimiento dirigido por Nasrallah que dejará de ser simplemente el brazo armado “iraní” en Líbano, para representar un verdadero y propio partido político de masas, con un consenso amplísimo que llevará en diciembre de 2006 a más de dos millones de libaneses (más de la mitad de la población) a invadir pacíficamente el centro de la capital Beirut.
Hizb’Allah actualmente, tras haber regulado las cuentas internas manu militari de Beirut y los encuentros de los sostenedores de los partidos filo-occidentales del 14 de marzo en la primavera de 2008, ha creado las condiciones para presentarse a la cita electoral del próximo 7 de junio suficientemente seguro de obtener – cualquiera que sea el resultado de las urnas- un éxito para sus hombres y la coalición formada por la Oposición Nacional , es decir, el conjunto de movimientos y partidos que van desde los comunistas (con tres formaciones aliadas de Hzb) a los socialnacionales sirios pasando por los sunitas de los Murabitun (divididos en dos partidos), los nasserianos, los drusos de Wiam Wahab y los del príncipe Talal Irslan y terminando con los dos movimientos laicos cristiano-maronitas de Tayyar (Gen. Michel Aoun) y Marada (Souleiman Franje).
Comprender la realidad multiforme, multiétnica y multiconfesional libanesa, parece frecuentemente como una difícil empresa para quien no haya seguido directamente las fases históricas del desarrollo de la política en evolución en el país de los cedros donde, recordémoslo como ejemplo, durante el conflicto civil (1975-1990) Hzb se ve obligada a hacer frente a los ‘primos’ chiítas de ‘Amal o donde los mismos milicianos de ‘Amal se enfrentan militarmente con los comunistas y con las facciones palestinas. Desgarros, cicatrices, laceraciones y divisiones que pese a su profundidad, que han sido restablecidas y definitivamente dejadas a un pasado que todos los libaneses querrían olvidar y que representan un estadio de odio y violencia que el Líbano no quiere repetir (y este es el sentido último de la posición asumida por Hizb’Allah en los últimos cuatro años durante los cuales el partido siempre ha rechazado alimentar la violencia interconfesional e interétnica que habría sumergido al país en un caos general sobre el modelo de cuanto estaba sucediendo en el vecino Irak y en Afganistán o bien evitando caer en las trampas diseminadas por los autores del Nuevo Orden Mundial y de la política de sedición y división exportada – en nombre de la democracia y de la libertad- en el cercano Irak por la administración neoconservadora de Bush y de sus halcones).
Analizando la situación libanesa el ex primer ministro Rafiq Hariri -muerto en un atentado el día de S. Valentín hace cinco años y por el cual fue acusada de inmediato Siria, los ejecutores continúan en la sombra - respondiendo a un periodista declaró: “Más allá de nuestras diferencias debemos encontrar convergencias y puntos en común a través de nuestra historia, de nuestra lengua e incluso de nuestra religión. Sin imponer o intentar imponer nuestros puntos de vista a los otros. Cristianos y musulmanes deben cohabitar en este país en plena igualdad, esto es lo que deseo ardientemente. Antes de la guerra (civil) conocíamos una situación diferente…He nacido en 1944 y jamás he aceptado el sistema político que prevalecía en aquella época de sangre que destinaba mayores derechos a los cristianos respecto a los musulmanes. No es un rechazo de los cristianos sino un rechazo de un sistema injusto. En diecisiete años de enfrentamientos y batallas nunca he aprobado el resentimiento y el rencor contra los vencidos de la guerra civil. Y jamás deberemos razonar como si los errores cometidos por uno y otro individuo debieran servir para prejuzgar a toda una comunidad. Ha llegado el momento de cambiar de mentalidad. ¿Al final de mi mandato cómo no he desarmado a Hizb’Allah? Quiero ser claro: el sur del país se está enfrentando a una ocupación israelí que provoca una resistencia. Comprenderéis perfectamente que sea imposible desarmar a Hizb’Allah – uno de los componentes principales de esta resistencia- en tanto que dure la ocupación.”
Análogamente Hizb’Allah siempre ha defendido que mientras que la ocupación israelí continúe aunque sea solo en mínimo pedazo de tierra libanesa (hoy siguen bajo ocupación sionista las granjas de She’eba y Kfashouba) el derecho a la Resistencia es más que legítimo, sin olvidar que las promesas sionistas han sido siempre regularmente desatendidas y violadas por los dirigentes de Tel Aviv a la primera ocasión que les era propicia.
Las elecciones políticas internas de Hizb’Allah y los reflejos que estas han tenido bajo el escenario político del Oriente Próximo están luego por considerarse también a la luz de la crónica reciente que ha caracterizado al Líbano en los últimos cinco años: desde septiembre de 2004 con la decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de votar una resolución (la 1559) que solicitaba el retiro del contingente militar sirio del país y el desarme de las milicias se llegaría a un progresivo deterioro de la política libanesa como programado por las estrategias de la estrategia de la tensión multiconfesional que habría debido precipitar el Líbano en una nueva época de sangre y violencia.
A partir de aquella resolución se asistirá a la planificación de un programa de desestabilización del país que en orden provocará el atentado mortal del ex primer ministro Hariri, la formación de una agrupación de fuerzas filo-americanas y pro-occidentales opuestas a Damasco, el nacimiento ( y la rápida muerte) de la llamada primavera (sionista) de Beirut y finalmente, las elecciones de junio de 2005 en las cuales Hiz’Allah –sujeto a presiones internas e internacionales- aceptará participar aliándose con los partidos filo-atlánticos a fin de evitar el desencadenamiento de un conflicto civil (confesional y étnico) que en aquel momento habría representado una tragedia para todo el país y un riesgo altísimo para los dirigentes del partido chiíta.
Nasrallah y sus colaboradores, confirmado que en Líbano se estaba intentando reproducir los esquemas de las “revoluciones naranjas” filo-americanas y filo-occidentales fomentando el enfrentamiento confesional entre libaneses (un programa que habría vuelto al país de los cedros víctima predestinada de las tramas y de los complots americano-sionistas y laboratorio político de las diversas agencias de inteligencia de los países árabes “moderados”, de Europa y de los mismos Estados Unidos), aceptará la participación en un ejecutivo de unidad nacional junto a aquellos sujetos políticos ( la Corriente Futura de Hariri, el Partido Socialprogresista del druso Jumblat, la Falange de Gemayel y las Fuerzas Libanesas de gragea) que, al día siguiente de la agresión israelí del verano siguiente, serán los primeros en señalar con el índice contra Hizb’Allah llamando a los dirigentes a responder ante la sociedad libanesa de presunta responsabilidad por el desencadenamiento de las hostilidades (lanzadas unilateralmente por “Israel” la mañana del 12 de julio de 2006).
La política, luego ha demostrado que Hizb’Allah ha sabido esperar los momentos oportunos, analizando y evaluando las dinámicas socio-políticas del momento, jugando las propias cartas de modo responsable y, con solvencia, escogiendo la ocasión de mostrar la ‘musculatura’ a los adversarios internos y externos cuando ha sido necesario.
Hizb’Allah ha llevado a cabo desde otoño de 2004 hasta hoy, una serie de estrategias fundamentales mirando esencialmente a evitar verse implicado en un conflicto civil: tras haber estrechado una sólida alianza con ‘Amal creando un frente único chiíta como sostén de la Resistencia , Sayyed Hassan Nasrallah ha llamado a sus partidarios a la plaza, en el corazón de la capital Beirut, el 8 de marzo de 2005 para reafirmar su apoyo al aliado sirio. La posición de solidaridad hacia Damasco, que sin embargo, costará en principio demasiado caro a Hizb’Allah ( el riesgo político del cual resultará la participación en la siguiente campaña electoral en alianza con sus adversarios), servirá al partido chiíta para confirmar viejas y nuevas alianzas internacionales en un momento histórico en el cual Siria se hallaba diplomáticamente en la incómoda posición de acusada número uno del atentado contra Hariri y su escolta, e Irán haciendo frente a las presiones occidentales hechas insistentes tras el nombramiento (en junio siguiente) de Ahmadineyad como presidente de la República Islámica.
Con Hzb en el interior del ejecutivo Siniora, caían las esperanzas de los partidos filo-occidentales libaneses de llevar a término victoriosamente la “revolución (sionista) de los cedros”. Este fracaso de la política de ingerencia estadounidense y occidental impulsará al fin a Tel Aviv a lanzar –a la primera oportunidad- la agresión del verano de 2006 que se revelará catastrófica para la entidad sionista creando entorno a la Resistencia y el Partido de Dios la solidaridad popular de todo el mundo árabe y la creación en Líbano de una amplia declaración filo-siria.
Los encuentros con los sionistas serán regulados militarmente en el sur del país durante los 34 días de la agresión, aquellos con los enemigos internos serán saldados cuatro meses más tarde con la salida del ejecutivo Siniora (noviembre 2006) y la ‘bajada a la plaza’ del bloque de la Oposición Nacional (1 de diciembre 2006). La situación de crisis que se prolongará hasta mayo del 2008 dejando al Líbano en una especie de “tierra de nadie diplomática” (entre intervenciones extranjeras e inútiles vértices internacionales y peligrosos vacíos de poder tras la salida del presidente filo-sirio Emile Lahoud) servirá a Hizb’Allah para mantener alta la presión política evitando hacerse implicar en un conflicto civil y manteniendo un bajo perfil militante. Ni la revuelta yihadista de Fatah al Islam en Nahr el Bared ni la enésima provocación de las provocaciones de las facciones filo-occidentales conseguirán convertir al Líbano en un nuevo polvorín medioriental: el 8 de mayo de 2008 los encuentros internos serán regulados con la toma de Beirut que demostrará al mundo una vez más lo inoportuno de jugar al azar con hábiles ‘pokeristas’ como los dirigentes del partido chiíta.
Los sucesos de la primavera del 2008 determinarían claramente una nueva relación de fuerzas en el interior del país, dando como resultado inmediato la participación de Hizb’Allah en la constitución de un nuevo ejecutivo de unidad nacional, apoyando la elección del neo-presidente de la República designado en la figura del General Michel Souleiman y en la liberación de algunos cautivos libaneses y palestinos encarcelados en el estado judío a través de mediación alemana.
La “política de la inclusión” y de la “normalización política” de Hizb’Allah –así como la de su eventual desintegración intentado manu militari por el gobierno de ocupación sionista en el verano del 2006- había fracasado miserablemente. Una política de inclusión que no podía tener éxito en absoluto por las características propias de la sociedad libanesa y del sistema político del país de los cedros: históricamente una democracia confesional, políticamente un puzle de siglas y partidos correspondientes a los respectivos clanes familiares que influencian la historia libanesa hasta su constitución.
Para comprender plenamente cómo y por qué ha sido lanzada esta estrategia de la tensión por las centrales de desestabilización atlántica, mirante primero a la inclusión política y posteriormente a la desintegración militar de Hizb’Allah, creemos oportuno traer a colación aquí lo escrito por dos analistas occidentales respecto al rol político de los movimientos islámicos:
“No es fácil decir como afrontar las tendencias potencialmente negativas y antioccidentales del extremismo islámico, pero seguramente existen dos objetivos que alcanzar. Antes de nada intentar cambiar –en la medida de lo posible- la postura y las elecciones políticas intransigentes de los movimientos islámicos. Se trata de movimientos que están sufriendo una transformación y que representan una gran variedad de ideas, tácticas, direcciones y objetivos. Es importante, tanto para Occidente como para los gobiernos musulmanes, saber distinguir unos de otros para poder hacerlos frente. El segundo objetivo es el de marginar los elementos más extremistas con tácticas que no lleven a una escalada de la violencia por ambas partes, ya que esto, por lo demás, produce un refuerzo de los extremismos en lugar de su debilitamiento. Pero no es una empresa fácil. Al final, como quiera que sea, ambos problemas podrán ser afrontados con éxito solo incluyendo al Islam en el sistema político, ciertamente no excluyéndolo. Las políticas de exclusión, simplemente no han funcionado. La represión ha terminado por acrecentar la popularidad de los movimientos islámicos y por hacer sus direcciones todavía más violentas precisamente por la represión sufrida; Egipto y Argelia son la demostración.” (5)
Un análisis que seguramente puede servir en los mencionados casos del Egipto de los Hermanos Musulmanes (excluidos de hecho del panorama político nacional) o la Argelia del FIS (Frente Islámico de Salvación ‘democráticamente’ bloqueado por un golpe de Estado militar y reducido a una mancha con una acción digna de los mejores regímenes golpistas sudamericanos con tal de evitar el triunfo electoral efectivo en diciembre de 1992) , aunque no ha funcionado ni podrá funcionar jamás en una democracia sobre bases confesionales como la libanesa y frente a un sujeto político como Hizb’Allah que ha sabido cosechar los ‘signos de los tiempos’ previendo rápidamente las dinámicas políticas de la sociedad en la cual opera ahora y ininterrumpidamente desde hace casi treinta años.
Y mientras que sean estas las ‘soluciones’ estimadas oportunas por el establishment de los países occidentales será absolutamente imposible cualquier forma de colaboración o de diálogo con los movimientos de resistencia como Hizb’Allah o Hamás que se caracterizan tanto por su dimensión religiosa como por la nacional. Ni, lo hemos visto con anterioridad, podría existir un movimiento como Hizb’Allah privado de una de sus dos dimensiones. La peculiaridad chiíta originaria ha ido integrándose de hecho con la particularidad del nacionalismo libanés: la Resistencia nacida bajo el ala protectora de Teherán y bajo el signo “islamista” de la Revolución de Jomeini se ha ido transformando en Resistencia Nacional legítimamente reconocida por la sociedad, por las Instituciones políticas y por todos los libaneses.
Recordando los primeros años ochenta y el nacimiento de Hizb’Allah escribe Yann Richard: “Existe otra etiqueta desconocida que sugestiona a los occidentales, la de Hezbollah (o Hizbullah), nacida tras la invasión del Líbano por los israelíes en 1982. Literalmente significa ‘Partido de Dios’ (y no como se ha escrito y leído en los medios de comunicación de los ‘locos de Dios’). En realidad, ni en Líbano ni en Irán hay un ‘partido’ con su doctrina y sus miembros debidamente inscritos, aunque sí existe un consejo consultivo de doce miembros, religiosos y con turbante. La mayoría de estos provienen de la Beka ’a y algunos ulemas que estudiaron en Nayaf y Qom, como Ibrahim el Amin o Sobhi al Toffeyli. Existe también un consejo superior chiíta que se encarga de la coordinación internacional de Hizb’Allah cuya sede está en Teherán. Su presidente es un iraquí disidente, Mohammad Taqì Modarresi, y el responsable un joven religioso iraní conocido al inicio de la revolución islámica por ser el líder de grupos de estudiantes encargados de golpear intelectualmente a liberales y a izquierdistas, se trata del hojiatolislam Hadi Safari. ¿Es Hizb’Allah una milicia mercenaria directamente financiada por Irán o una formación más o menos informal de militantes en busca de un partido revolucionario? El programa del Hizb’Allah libanés, publicado como ‘carta abierta’ en febrero de 1985, hace referencia a una Comunidad Islámica Universal (Ummah) a las órdenes de un guía experto en derecho, el Imam Jomeini. Hace referencia a la lucha contra América, sus aliados del Pacto Atlántico y la entidad sionista usurpadora de la tierra santa de la Palestina ‘islámica’. Critica a Amal, reprochando la moderación, y denuncia la participación de Nabih Berry en el gobierno de Amin Gemayel. Para Hizb’Allah, cualquier compromiso con los dirigentes maronitas es ilícito, porque los musulmanes deben vivir en un estado islámico gobernado por musulmanes. Su objetivo por tanto es la creación de un Estado islámico en Líbano, replica de la República Islámica iraní, basado sobre la tutela del jurista-teólogo (Velayat et Faqì), un estado en el cual los cristianos gozarán de determinada libertad, a diferencia de las innumerables limitaciones que sufren los musulmanes bajo un estado dirigido por cristianos.” (6)
Inútil subrayar que, precisamente partiendo de este género de análisis sobre la compleja realidad del chiísmo, los intelectuales – los llamados “orientalistas” especialmente, estos agentes del pensamiento que representarían la vanguardia más o menos intelectual de Occidente para el conocimiento y profundización de la realidad no occidental (idéntico discurso también al mundo islámico podríamos hacerlo por cuanto concierne a la realidad centro-sudamericana, China y extremo Oriente o Rusia, sobre las cuales el ojo vigilante del Establishment mundialista desde hace tiempo ha referido cada vez más viejos clichés, juntando algunos de la “Guerra Fría” o adaptando algunos nuevos bajo el modelo propuesto por Samuel Huntington en su “El choque de civilizaciones”) - han fracasado en cualquier análisis relativo a una realidad articulada, polifuncional, dinámica y en transformación como es Hizb’Allah, para el cual no ha sido posible aplicar las sobreindicadas líneas guía de “moderación” y normalización.
Líneas guía, las de Occidente, que continuarán fracasando mientras que Europa antes –desenganchándose de la tutela estadounidense y tomando direcciones de política exterior y económica independientes de Washington y de los diktat sionistas- no sepa comprender completamente cuales son sus intereses reales en el Mediterráneo oriental y cuales sus interlocutores preferentes. Y fracasará cualquier enésima proposición de contenciosos diplomático-políticos que la neoconstituida administración estadounidense del democrático Barak Obama intente lanzar en los encuentros con Teherán, Damasco o los movimientos islámicos de Líbano y Palestina.
La realidad histórica, la estrategia política, la fuerza militar, el peso político y la base popular ya conquistada y adoptada por Hizb’Allah, son datos relevantes y absolutamente incuestionables que tendrán que tener en cuenta todos: desde la comunidad internacional hasta países árabes más o menos moderados, desde la entidad sionista a Europa, incluyendo Rusia (aliada de Teherán y sostenedora del programa de investigación civil nuclear iraní) y los Estados Unidos.
(*) Director Responsable de la Agencia de Prensa “Islam Italia” de Haret Hreik, Beirut sur (Líbano).
Notas
5) Graham E. Fuller/ Ian O. Lesser - "Geopolitica dell’Islam - I paesi musulmani, il fondamentalismo, l’Occidente" - ed. Donzelli , Roma 1996;
6) Yann Richard - "L’Islam chi’ite" – ed. "Librairie Arthème Fayard" - Paris (Francia) 1991.
http://www.eurasia-rivista.org/cogit_content/articoli/EkFZVuVZkVGPQCOxbq.shtml
Trad. A.M. para ANTAGONISTAS
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